Tratamiento de belleza bibliotecario

 

Mian Xiang es el milenario arte chino de leer el rostro para conocer la personalidad. Aventurarse a indagar un poco sobre el Mian Xiang por la Red te aboca sin remedio a un periplo por webs repletas de signos del zodiaco, expertos que parecen extraídos de programas noctámbulos de tarot televisivo, y diseños webs estilo Geocities que amenazan seriamente con dañarte la retina.

Dado que este blog se desenvuelve en el mundo bibliotecario deberíamos demostrar algo más de rigor y no dar cancha a enseñanzas, que por muy milenarias que sean, puede que nos terminen convirtiendo en objetivo de blogs como No sin evidencia: el azote de las pseudociencias en internet. Pero después de haber lanzado desde este mismo blog un reto como el #bibliobizarro: ¿estamos en disposición de ponernos en plan erudito?

 

 

En esto de descifrar la personalidad a través de los rasgos del rostro nuestra pericia no alcanza siquiera a la morfopsicología; más bien se queda al nivel de lo de  “con un seis y un cuatro hago la cara de tu retrato”. Y es la osadía del que no tiene criterio la que nos empuja pese a todo a seguir las pautas del Mian Xiang. Pero eso sí, dotándolo de un cariz bibliotecario que nos redima un poco; una reformulación que conseguimos adaptándolo a la interpretación de nuestros rostros según lo que hayamos leído a lo largo de nuestra vida.

Si tenemos que creernos lo de que a partir de cierta edad cada uno tiene la cara que se merece: nuestro Mian Xiang bibliotecario será el test de belleza definitivo que ninguna crema por mucho ácido hialurónico, retinol, resveratrol o profetirol que incluya entre sus ingredientes va a poder superar.

 

Jean Cocteau dibujando el rostro de la actriz Ricki Soma con el bailarín Leo Coleman haciendo de portarretrato en una fotografía de Philippe Halsman

 

Lola Dupré artista escocesa cuyos collages escudriñan los rostros desde todos los ángulos posibles.

Haber leído mucho a Oscar Wilde puede provocar que nuestro labio superior manifieste una tendencia a elevarse al sonreír en una señal inequívoca de practicar la ironía. Cualquier peligro de incurrir en lo esnob, quedará atenuada si también se ha disfrutado del humor tal vez menos elegante, pero igualmente inteligente, de Tom Sharpe o Gerald Durrell.

Siguiendo estos razonamientos una mirada extraviada interrogando al horizonte puede deberse a muchas lecturas de Stendhal, Joseph Conrad o Jack London (o si es hacia el cielo nocturno, de Philip K. Dick, Ray Bradbury o Ursula K. Le Guin); un mentón decidido y un gesto airado sería por haber leído a Nietzsche a edades tempranas; o un casi imperceptible tic que nos haga guiñar un ojo, pese a que no haga sol, puede deberse a un exceso de suspicacia asimilado en tantos relatos de Raymond Carver, James Ellroy o Patricia Highsmith.

Para cada arruga, gesto o línea de expresión existirá una equivalencia literaria con algún autor u obra de cuyo análisis surgirá este Mian Xiang de baratillo que estamos practicando en este post.

 

 

Pero llegados a este punto, cabe preguntarse si las huellas literario-faciales serán iguales para los lectores entregados a la lectura digital (a los no lectores, por ser mayoría según las estadísticas, ni los contemplamos). Hasta ahora los libros envejecían con las personas existía una cierta sintonía oxidativa entre las arrugas de sus cubiertas, el amarillear de sus páginas, los desgastes de sus esquinas, y los rostros de sus lectores. Pero ahora: ¿qué signos aflorarán al resplandor de las pantallas?  

Tal vez sean los rostros intervenidos, alisados y planchados de las celebridades. Prometemos por Orlan (la artista adicta al bisturí) que no criticamos el que uno quiera parecerse a la imagen que de sí mismo se ha forjado recurriendo a la ciencia. Pero lo cierto es que para lecturas digitales no puede haber mejores caras (según nuestro Mian Xiang literario) que las paralizadas a base de botox.

 

Orlan la célebre artista que lleva años interviniendo su físico como una manera de indagar sobre los cánones de belleza.

 

Tal y como es posible borrar un archivo de un ebook se intenta borrar el paso del tiempo en un rostro. ¿Daría este Mian Xiang o este tratamiento de belleza bibliotecario para idear alguna actividad en la biblioteca? Probablemente sea la pregunta más seria de todo el post. Es cuestión de reflexionar sobre ello y seguro que alguien da con la forma de sacarle provecho. “Lecturas que te ponen guapo/a“: ¿a qué esperan Lancôme, Biotherm, Clinique o Estée Lauder para aliarse con las bibliotecas en alguna campaña?

 

Pero volviendo a los rostros que copan portadas y pantallas: uno de ellos (que si tenemos que creer sus declaraciones no ha recurrido a la cirugía) es el que actúa como tótem en el denso vídeo que Massive Attack rodaron para su tema The Spoils;  y que tan oportuno resulta en este caso. El rostro de Cate Blanchett convertido en una esfinge, en una dúctil máscara que se transmuta hasta quedar reducida a la inexpresividad más inquietante. Y a partir de ahí: todas las lecturas son posibles.