Piedra, papel, diamantes

Entre los muchos momentos cumbre de la historia de la música pop que el músico (forma parte del grupo Saint Etienne) y crítico musical Bob Stanley recoge en su divertido ensayo Yeah!, Yeah!, Yeah!: uno de los más llamativos fue la destrucción masiva de vinilos que se celebró en un estadio de béisbol en julio de 1979.

La Disco Demolition Night fue instigada por el locutor de radio Steve Dahl, y venía a sumarse a un movimiento en contra de la música disco que venía fraguándose con lemas como “Muerte a la música disco” o “Mata a los Bee Gees” que lucían en camisetas que anunciaba la revista Rolling Stone (guardiana de las esencias más puras del rock). La música disco que saturaba las listas de éxitos del momento era considerada una aberración para los supuestos puristas del rock. Pero en esa defensa de la “música de verdad” asomaban la patita cierto desprecio racial (la mayoría de la música disco provenía de músicos negros) y una nada disimulada homofobia: por haber sido la banda sonora de una liberación sexual a través de las pistas de baile.

 

Steve Dahl mostrando orgulloso su odio por la música disco. No nos extraña su aversión, con esa pinta no triunfaría ni en una disco de extrarradio de la época.

 

Como relata Stanley esa tarde de julio de 1979 un total de 50.000 personas corearon a pleno pulmón: “DISCO SUCKS” (El disco apesta) mientras un Steve Dahl disfrazado de militar hacía explotar un contenedor con diez mil vinilos de este género musical en mitad del estadio.

En los Estados Unidos siempre han sido proclives a esto de quemar manifestaciones de la cultura popular en público. En los 50, a raíz de las teorías del psiquiatra Fredric Wertham en contra de los cómics por, según él, incitar a los jóvenes a la delincuencia: también se organizaron quemas públicas de cómics. Tal vez vista la tradición que existe en el país, al igual que nosotros hemos importado la celebración de Halloween que no nos tocaba nada: los estadounidenses deberían importar nuestras hogueras de la Noche de San Juan. Pero en vista de los tiempos que corren en el país de Donald Trump mejor no damos ideas peligrosas, que las cazas de brujas ya vienen solas sin necesidad de inspirarlas.

 

Las quemas públicas de cómics en las calles estadounidenses de los cincuenta a consecuencia de las teorías del psiquiatra Fredric Wertham

 

Pero volviendo a los discos, ¿quién sabe si en breve la proliferación de vinilos entre los que aún consumen música de manera tangible llegará a provocar una campaña tipo “Compact Disc sucks“? Lo dudamos aunque para los más puristas sea una idea recurrente, pero en todo caso a la vista de los CD volatineros con que engalanan sus balcones muchos vecinos: parece que el soporte CD tiene asegurada una segunda vida como espantapájaros.

En el etéreo mundo digital no procede encariñarse con nada físico, porque siempre hay algo nuevo más volátil aún que lo hará desaparecer: lo fungible llevado al extremo (lo malo es que también se está aplicando a las personas). Por eso no es de extrañar que el viejo sueño medieval de transformar el plomo en oro ahora sea traduzca en la búsqueda, también de tintes alquimistas, de alcanzar un soporte duradero.

Marilyn Monroe lo decía en Los caballeros las prefieren rubias: “los diamantes son los mejores amigos de las chicas“; y Shirley Bassey lo refrendaba para James Bond: “Diamonds are forever” (“Diamantes para la eternidad” que se tradujo aquí la cinta de la saga James Bond en la que dicho tema sonaba en sus títulos de crédito). Y si Marilyn y Shirley lo decían de manera tan tajante habría que haberles hecho caso antes.

 

Liz Taylor tenía almacenada toda la información que necesitaba en el mítico diamante Taj Mahal que Richard Burton le regaló como muestra de su amor. Su relación terminó, pero el diamante permaneció.

 

Nunca es tarde han pensado en el City College de Nueva York, donde han patentando un nuevo método de almacenamiento de información en diamantes industriales. Cualidades como su dureza, su capacidad para ser regrabables, y su longevidad: lo convierten en el material idóneo. Toda vedette o estrella de la antigua escuela sabía de la importancia de las joyas de cara al futuro; y ahora esa sabiduría estelar refulge como nunca en la era de la información.

Este almacenamiento en diamantes viene a sumarse al también célebre últimamente: papel de piedra. La compañía australiana Hustle está detrás de la comercialización de la primera libreta fabricada enteramente con papel de piedra. Un papel elaborado partir del carbonato cálcico presente en rocas calizas, y que una vez convertido en polvo se mezcla con polietileno para dar como resultado un papel más ecológico, impermeable, y que repele también a los insectos librófagos.

 

Las ventajas del papel piedra según Hustle: ecológico, no usa agua, no es ácido, totalmente reciclable e impermeable.

 

En una reciente visita escolar a una biblioteca (llamémosla Y): un escolar ante el alarde de conocimientos, diversión y aventuras que el bibliotecario les prometía mientras les mostraba las estanterías repletas de libros, levantó el dedo para formular una pregunta: ¿Y cuántos bosques han tenido que destruir para que la biblioteca tenga tantos libros? Esos locos bajitos que diría Serrat, o esos energúmenos toca…. que pensó el bibliotecario. El caso es que no deja de resultar curioso este resurgir de materiales antediluvianos para atrapar lo evanescente de lo digital. Todo vuelve que diría un experto en moda: la piedra Rosetta  más tendencia que nunca en este juego de Piedra, papel, tijera en el siglo del Big Data.

Lo que difícilmente resurgirá de sus cenizas serán los pergaminos o los códices; mientras los libros impresos tal y como los conocemos revalidan su formato, sea en papel reciclado, de pulpa o de piedra. Muchas reconversiones artísticas se llevan practicando en los últimos años con los libros desahuciados (y de algunas dimos cuenta en Las tripas de la lectura); pero la que no había detectado nunca nuestro radar de curiosidades es la de su transformación en instrumentos musicales.

 

Stewart en pleno concierto en la biblioteca

 

La adaptación gráfica de Intemperie de Jesús Carrasco: ¿qué música se podría tocar con este libro, acaso algo del Ennio Morricone de los spaghetti western?

El bibliófono es el invento del profesor de la Universidad de Carleton en Otawa, Jesse Stewart, que no es otra cosa que un xilófono construido con libros viejos. Su presentación en sociedad fue en mitad de la biblioteca universitaria en la que dio hace unos días un concierto.

Stewart va rastreando la sonoridad en todo tipo de objetos desde hace tiempo, pero encontrarla en enciclopedias, diccionarios o manuales caducos requiere valorar elementos tan bibliotecarios como: la encuadernación, el grosor, el tipo de papel utilizado, los materiales, etc… Así por ejemplo la combinación tocho+papel fino que proporcionan los diccionarios son especialmente apreciados por el profesor-inventor para conseguir mejores efectos sonoros.

El invento del profesor canadiense nos lleva a fantasear. Puede que las características físicas de los libros sean las que determinen los sonidos: ¿pero y los contenidos? ¿Qué género musical se ajustaría mejor si nos dedicamos a aporrear obras de Kazuo Ishiguro, Philip Roth, Lucía Berlín, Paul Auster, E.L. James, Wallace David Foster o Jesús Carrasco? Ahí lo dejamos, estas combinaciones percusión-estilos literarios igual nos dan para otro post más adelante. De momento se admiten sugerencias.  Pero para cerrar el post lo tenemos claro, aunque sólo sea por reventar a Steve Dahl (no podía ser de otro modo siendo como somos instigadores de lo #bibliobizarro): ¡¡Viva por siempre la música disco!!!

 

 

Little Big Data en bibliotecas

 

Tras cada congreso, curso, jornadas o simposio queda la satisfacción de haber descubierto (con suerte) cosas nuevas, avances, horizontes de futuro para las bibliotecas y la profesión. Los profesionales realmente inquietos vuelven a su día a día con la cabeza repleta de posibles adaptaciones de lo que han oído a sus centros. Y al regresar a sus bibliotecas, les aguarda la realidad.

 

Little Nemo despertando de uno de sus maravillosos sueños.

Little Nemo despertando de uno de sus sueños: ¿una metáfora para muchos bibliotecarios después del congreso?

 

En breve se celebrará otra de esas ocasiones para llenarse la cabeza de ideas (o de pájaros según cada cual). Será el 14 de diciembre en la 9ª Jornada de la Red de Bibliotecas del Instituto Cervantes, en esta ocasión centradas en Bibliotecas y empoderamiento digital. Sin duda lo que plantean promete:

“filosofía del empoderamiento digital en campos como la comunicación, la educación y las mujeres”

 

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Dustin Hoffman protagonista del extraño western de los 70: Pequeño gran hombre.

Confiemos en que lo que allí se hable termine fructificando en mejoras en alguna biblioteca. Pero no es de eso de lo que habla este post, más bien parte de hace dos años, concretamente de la 7ª Jornada de la RBIC que en 2014 versó sobre la relación entre el Big Data y las bibliotecas.

Quedará poca gente que no haya al menos oído mentar eso del Big Data, pero por si acaso, vaya aquí la definición que más nos ha gustado:

“Big Data es como el sexo en la adolescencia: todo el mundo habla de él, nadie sabe cómo hacerlo, todos creen que los demás lo están haciendo y, claro, todos dicen que lo hacen”

En fin, puede que esta definición del catedrático neoyorquino de psicología y economía conductual Dan Ariely, sirva para cualquier asunto candente de esta hoguera de las vanidades digital en la que estamos inmersos: pero en el caso de las bibliotecas aún más. La recopilación masiva de datos, su almacenamiento y posterior tratamiento para sacar conclusiones que nos permitan diseñar estrategias y planificar nuestras campañas, que sería una definición algo más canónica: no es desde luego nada extraño al mundo bibliotecario.

 

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Ilustración de Nieves González de la Universidad de Sevilla que habló en el último Congreso de su tesis: La rentabilidad de la Biblioteca en la Web Social

 

En la 7ª Jornada RBIC, entre otros asuntos, se habló de la perspectiva de futuro que se abría para el profesional de la información gracias al Big Data, y su posible especialización como científico de datos. Y rápidamente dicha figura se ha customizado en lo que se ha dado en llamar Bibliotecario de Datos: otra función más que añadir al largo rosario cuyas cuentas repasábamos en Una verdad (bibliotecaria) incómoda: community manager, social media manager, animadores socioculturales, dinamizadores de clubes de lectura, especialistas en marketing de contenidos, creadores de narrativas transmedias……………………………………….

 

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Definición de lo que sería un Bibliotecario de Datos presentada por Fernando Ariel López, director de la Biblioteca de la Universidad Metropolitana (Argentina) en el Congreso Internacional sobre Metadatos celebrado el pasado junio en la Universidad Nacional Autónoma de México

 

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El profesional de bibliotecas pequeñas ante los retos que les exige el siglo XXI.

Celebremos que surjan nuevos perfiles profesionales para el gremio, pero con cuidado de no pedir peras al olmo. Que lo de bibliotecarios multi-orquesta está muy bien, que vale que los bibliotecarios sean los superhéroes de la cultura y los acróbatas del tejuelo. Pero media un abismo entre estos cuasi cíborgs bibliotecarios de los que se habla y los bibliotecarios de barrio o municipales que han tenido que cogerse días libres para asistir al congreso, ante la incomprensión del concejal o responsable de turno que no alcanza a comprender ¿para qué?: si lo suyo es hacer que guarden silencio los niños, y mantener el orden de los libros en los estantes.

Por eso, aunque lo del Big Data suene muy potente, de momento aquí vamos a centrarnos en el Little Data que viene a ser lo mismo pero en zapatillas de andar por casa.

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Novela romántica post 50 sombras de Grey

Little Data es Loli la hija del Anselmo, a la que le volvían loca las novelas de Johanna Lindsey hasta que descubrió a Amanda Quick y las pide a la bibliotecaria de su barrio; o Rojina que nació en Calcuta, y antes de venirse a España con su nueva familia, sólo había visto la película de Superman de los 70, y ahora devora cómics de superhéroes en la biblioteca del pueblo manchego que ya es el suyo; o Alberto, que después de un año de erasmus en Londres, recurre a los patrones de los viejos Burda que conservan en la biblioteca de su barrio para su proyecto sobre moda y geolocalización con el que piensa presentarse en la escuela de Saint Martins; o Fina, cocinera en la guardería municipal, que se presta las revistas de cocina enganchada como está a la moda Master Chef.

 

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Y aquí ponemos esta imagen vintage de una biblioteca que resulta adorablemente costumbrista, y predispone a lo sentimental.

 

¿Qué?, ¿suena lo suficientemente entrañable? Si es que nos ponemos y nos montamos en dos párrafos un anuncio navideño que no lo superan ni los de Campofrío y la Lotería Nacional juntos. No hay nada como un poco de sentimentalismo bibliotecario barato; ensalzar la figura del sufrido profesional que lleva adelante cada día la biblioteca en un barrio o en un pueblo para obtener más retuiteos y Me gusta que un tuit de El Rubius. Pero no va por ahí la cosa, que el Big Data o el little data no da para tanto almíbar.

Si las grandes empresas (Facebook, Google, Twitter, Amazon, etc…) comercian con nuestros datos para hacernos previsibles y vendernos mejor, sin entrar en otro tipo de espionajes: ¿por qué las bibliotecas no podrían hacer lo mismo para dar servicios personalizados a sus usuarios? Ya lo hacen esos bibliotecarios de barrio o pueblo en analógico, simplemente charlando con ellos a pie de mostrador.

 

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Mr. Robot, la fascinante serie sobre hackers y democracia a la que inevitablemente tendremos que volver más de una vez.

 

Pero en las ciudades, en dónde se pierde lo de Y tú ¿de quién eres?: bien se podrían explotar los historiales de préstamos para ofrecer sugerencias a los usuarios. La labor prescriptora bibliotecaria de la que tanto se habla sustentada en la explotación de la base de datos del centro. Y que cada vez que se compre un documento o se programase una actividad que entrara dentro del ámbito de intereses de un usuario: se les enviase una sugerencia. ¿Podría considerarse intromisión en la intimidad de las personas?

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El caso Snowden en un magnífico documental.

Cierto, hay que ser cuidadosos con estas cosas, sobre todo ahora que quien más, quien menos, enseña su vida en las redes y deja que los bibliotecarios vengativos de la CIA (vengeful librarians, así se denomina al personal de la agencia de inteligencia norteamericana que se ocupa de rastrear internet) o cosas peores: les puedan seguir la pista en cualquier momento.

Seguro que a más de uno le molestaría mucho que su bibliotecario supiera de sus gustos, pero ni se inmuta ante lo que cuenta Snowden en el imprescindible documental Citizenfour (2014).

En fin, que de plantearse algo así, habría que tener siempre en mente lo que dijo Judith González de la Agencia Española de Protección de Datos en las Jornadas sobre Big Data y bibliotecas del Instituto Cervantes: “que los usos de los datos de los usuarios sean para la finalidad por la que cedieron dichos datos.”

Por ejemplo, desarrollar una app tipo Tinder o Grindr desde la biblioteca que permita conectar (ligar) a nuestros usuarios en base a sus intereses culturales. ¿Tal vez Biblior? Rima con amor ¿No sería bonito? Bien, esto se está saliendo de madre.

 

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“Algo pequeñito, algo chiquitito” Pero, WTF? y perdón por la ordinariez aunque sea en inglés, pero parece mentira que una vez elevado el tono del post con esas referencias tan cool a Mr. Robot y Citizenfour nos salga una canción de Eurovisión. Pero es lo que tiene vivir tanto en digital, que las conexiones neuronales empiezan a deteriorarse de manera irreversible.

En fin, volviendo a coger las riendas de este texto para dirigirlo hacia su final, nos quedaremos con lo que defiende Martin Lindstrom que trabaja como consultor para varias multinacionales, es autor del libro Small Data, y ha recorrido medio mundo entrevistando a la gente para conocer cómo son. En una reciente entrevistaque debería ser lectura obligada en toda biblioteca y por supuesto en toda facultad,(no tiene desperdicio lo que cuenta sobre la Asociación de Libreros Americanos o la anécdota sobre el dueño de IKEA, entre otras) soltaba auténticos titulares tan aplicables al mundo bibliotecario como que:

 

“estamos tan obsesionados con el Big Data que se nos olvida la creatividad. El Small Data, que defino como observaciones aparentemente insignificantes que se identifican en la casa de los consumidores, se refiere a todo […]

 

Amazon acaba de abrir su primera tienda física en Seattle […] ¿Por qué cree que lo hicieron? Por lo que sé, las ventas de libros se están desacelerando en Amazon, e incluso las ventas del Kindle no están creciendo mucho. El Big Data les está diciendo que la interacción personal es necesaria […]

 

el Small Data está impulsado por las experiencias en las compras, el sentido de comunidad, de los sentidos, todo lo que no se puede replicar en línea […]”

 

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Martin Lindstrom dibujando el flujo de la Buyology: o la ciencia de porqué consumimos lo que consumimos

 

Miles de entrevistas, de estudios, de análisis de datos, de elaboradísimos informes para llegar a la conclusión de que las emociones humanas siguen marcando la pauta en este mundo hipertecnificado. ¿Conclusión?: que las bibliotecas de barrio, las pequeñas bibliotecas, que el little data bibliotecario a pie de mostrador va por buen camino. Que la estrategia es la adecuada, que toda innovación suma siempre que se aplique sin perder el norte bibliotecario; y que por muchas pesadillas digitales que puedan inquietarnos hasta hacernos caer de la cama, lo mejor está por llegar.

¿Qué? ¿hemos tocado ya fibra sensible o añadimos música de violines? Esto de enternecer a bibliotecarios bregados en mil batallas es muy difícil, así que dudamos mucho que lo consiga tampoco el cantautor neoyorquino Jascha Hoffman. Pero como su vídeo para el tema Some hungry guy resulta tan apropiado para cerrar el post, nos da igual lo empalagoso que pueda quedar. Nos encanta el Little Nemo de Winsor McCay, no hace falta decir más. Si acaso, dulces sueños.

 

 

Cuando despertó, la biblioteca todavía estaba allí

 

Cuando Augusto Monterroso escribió su microrrelato El dinosaurio en 1959, internet no se vislumbraba ni en las películas de ciencia ficción. Y en cambio, Monterroso estaba adelantando lo que iba a ser el futuro sin ni siquiera pretenderlo.

 

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Liniers dibujando la precuela del microrrelato de Monterroso

 

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Perfecto y rotundo en su brevedad. Un agujero negro a la imaginación más desatada condensado en 7 palabras. ¿Sabría de la existencia de El dinosaurio, Jack Dorsey cuando inventó Twitter? Con los 50 caracteres que sobran para los 140, la historia habría podido dar para una secuela.

Y es que si ‘lo bueno si breve, dos veces bueno’: se ha convertido en axioma digital al que nadie parece poder toserle. Según Jakob Nielsen reconocido especialista en usabilidad web, estas son algunas de las directrices que todo el que escriba en internet debe seguir:

  • Hacer enumeraciones
  • Resaltar palabras claves (bien con negrita o hipervínculos)
  • Expresar una idea por párrafo
  • Utilizar frases cortas
  • Emplear subtítulos claros y explicativos

Algunas de estas recomendaciones, si bien no en todas las entradas, es posible observarlas más o menos en muchos de los artículos de este blog. Jakob Nielsen lleva años dedicado a impartir doctrina en torno a estos asuntos, y las propias plataformas digitales en las que se escribe están moldeando según esos criterios el estilo de todo el que se aventura a darle al teclado.

 

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El vergonzoso semáforo rojo de la Legibilidad señalando al post previo

 

Hace pocas semanas con la última actualización de WordPress, el sistema que soporta (en todos los sentidos de la palabra) a este blog, se añadió una nueva prestación. Legibilidad, bajo este nombre se ha incorporado una nueva pestaña dentro del protocolo SEO que aparece bajo cada post juzgando inmisericorde lo que has escrito para ver hasta dónde te ajustas a las normas.

SEO, por si alguien le sigue sonando a chino, son las siglas de search engine optimizers. Es decir, recursos para hacer que lo que publicas llegue a más gente al ser fácilmente localizable por los buscadores.

 

 

El SEO  sanciona cualquier desviación de su ideario marcando a tus posts con un punto rojo, y en caso de ajustarte a sus prescripciones, adornándolos con un punto verde. Desde que el SEO llegó a la vida de los escribas digitales, todos somos como Penny la novia de Leonard Hofstadter en la serie The big bang theory. En un episodio, el compañero de piso de Leonard, Sheldon Cooper, intentaba modificar el comportamiento de Penny mediante refuerzo positivo gracias a los bombones. Y es intuir el semáforo verde, y todos salivamos cual perros de Pávlov.

 

 

Contravenir los mandamientos SEO puede acarrear, no ya la falta de bombones, sino el golpe más doloroso en el frágil ego de cualquier juntapalabras digital: ni un triste Me gusta, ni un Compartir, ni siquiera un porcentaje de visitas respetable en las estadísticas. Pero sin ánimo alguno de rebeldía, en este blog hace unos meses contravenimos a conciencia al protocolo SEO y sobrevivimos para contarlo.

 

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El #postenobras marcado en rojo en un mar de verdes

 

En nuestro #postenobras se buscaba con premeditación y alevosía (e incluso algo de nocturnidad por el horario en que fue escrito) incumplir una a una las dosis de sensatez digital a las que nos induce el tan celebrado SEO. Y es hasta posible que el post incurriera en otros atroces delitos de posicionamiento digital de los que ni siquiera éramos conscientes. Pasado un tiempo prudencial, es momento de confesarnos y mostrar el resultado de este brindis al sol, de este suicidio estadístico. Para ello, nada mejor que comulgar con el tono exhibicionista que exigen estos tiempos digitales, y sacar a la luz las intimidades de este blog.

 

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Ranking de las entradas más vistas del último año en este blog

 

En los cuatro meses desde que fue publicado el #postenobras, huérfano de cualquier refuerzo para posicionarse, aparece como el quinto más visitado según las estadísticas de WordPress, el más comentado, y el segundo más compartido en Facebook. ¿Es esto un gesto desafiante a las recomendaciones de gurús y plataformas digitales?

NO  (y quien quiera saber del porqué de esta negación rotunda que le dé al enlace)

Es momento de una tregua para analizar lo sucedido.

 

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Ilustración de Shintaro Kago

 

Según un artículo publicado en la edición mexicana de la revista Forbes el futuro de la publicidad pasa por el neuromarketing. El escritor e investigador estadounidense Jürgen Klaric sostiene que el neuromarketing (la aplicación de técnicas propias de la neurociencia para indagar en las reacciones del consumidores) es el futuro de la publicidad. Escudriñar nuestros cerebros mediante electroencefalogramas, resonancias magnéticas o eye-tracking (seguimiento del ojo) para así manipularnos mejor. El consumo luego existo elevado a su máxima potencia.

Como reza otro artículo a cuenta del neuromarketing en la misma publicación:

¡No le tengas miedo al neuromarketing! Esta herramienta te ayuda a entender a tu cliente desde un ángulo que ni él mismo te podría explicar.

La lógica comercial nos necesita predecibles y para ello nada mejor que fomentar el miedo a quedarse fuera del baile bien sea por viejo, desfasado tecnológico o pobre. Así una vez descapotados los cerebros gracias al neuromarketing todos seremos más previsibles y por tanto más felices consumiendo.

Al igual que con el SEO, tampoco se trata de despotricar contra el neuromarketing. Todo lo contrario, si alguien se decidiera a aplicarlo para hacer que la gente leyera más, entonces tanto escrúpulo tonto se nos esfuma en un clic: ¡qué viva el neuromarketing aplicado a bibliotecas! (una vez dicho lo cual nos queda una reflexión pendiente: ¿y cómo sería el neuromarketing aplicado a bibliotecas?)

 

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App de lectura rápida desarrollada por la empresa Spritz. Permite doblar o triplicar la velocidad de lectura, hasta pasar de las 250 palabras a las 1000 palabras por minuto.

 

No, no va de resistirse a los beneficios que puedan reportar estas técnicas o herramientas en un pueril acto de autoafirmación. Va de resistirse a que nos pongan uniformes, a que nos estandaricen (ni escribiendo, ni consumiendo), a que nos encorseten, a que nos estereotipen.

Cuando Monterroso escribió El dinosaurio no dio un ejemplo de concisión, de síntesis, de economía, de claridad. No, otra vez, no. Lo que impartió, sin ánimo pedagógico alguno, fue una lección de imaginación, de experimentación, de sugerencia, de libertad. ¿Qué habría sido de los estilos de un Borges, un Proust o un Joyce de haber escrito bajo los designios del protocolo SEO? ¿una sucesión de semáforos rojos junto a sus posts? De haberse dado la ucronía, lo más seguro es hubieran elegido gustosamente ser atropellados.

Y aunque el SEO no está pensado para textos literarios, puede que la suerte de este futuro que se prevé tan reglamentado, sea que nos proporcionará innumerables ocasiones para poder saltarnos las normas, de romperles los esquemas a los algoritmos y descubrir cosas nuevas. Eso sí, para infringir a conciencia las normas antes siempre ha sido necesario conocerlas.

Nota: Por cierto, una última intimidad. A este post el semáforo SEO resultante le sale en ámbar. Ahora tendremos que decidir si nos arriesgarnos a dejarlo así, y que nos atropellen, o hacer algo para que se ponga verde.

 

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Lectora asidua de la aplicación de lectura rápida

Exorcismos de biblioteca (#bibliotecavstrolls)

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La familia Bergen al completo en los años 40.

 

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Una Candice ya adulta, dejando al aire el subconsciente con la forma en que “sujeta” a su hermano de madera.

La actriz Candice Bergen se congratulaba en sus memorias de ser una adulta razonablemente sana, mentalmente hablando. Su padre, Edgar Bergen, fue el ventrílocuo más célebre de los Estados Unidos durante décadas; y junto a su inseparable muñeco Charlie McCarthy, fustigó sin compasión a todo, y a todos. Al hacerse mayor, Candice fue consciente de que no era su hermano de madera, el que la odiaba; sino que era su progenitor, el que se burlaba de ella y la humillaba sin motivo. Tal era el poder que el muñeco ejercía sobre la personalidad del padre, que lo utilizaba como portavoz de su lado más oscuro, para regocijo de las masas, y martirio de su pequeña.

En los últimos años la ventriloquia no es que cotice muy al alza en la industria del espectáculo (tal vez una pena en casos como Doña Rogelia, pero nada que lamentar en el caso del “Toma Moreno” de Rockefeller), pero en cambio ese desdoblamiento de personalidad (objeto inanimado mediante), está más presente que nunca gracias a internet.

 

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¿Por qué estamos perdiendo internet por la cultura del odio?

 

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La bruja (2016) un excelente acercamiento, con tintes antropológicos, al tema de las posesiones diabólicas.

La última semana de agosto, la revista Time llevaba a su portada la cuestión del momento: ¿Por qué estamos perdiendo internet por la cultura del odio? El Doctor Jekyll y Mr. Hyde de las sociedades ha tenido diversas manifestaciones a lo largo de los siglos. Desde la Fiesta de los locos medieval, a los carnavales, las ejecuciones públicas o los campos de fútbol; pero la intimidad y la sensación de impunidad que proporciona una conexión wifi, no tiene parangón. Será por eso que proliferan últimamente ficciones sobre posesiones diabólicas. El género fantástico y de terror siempre ha sido el mejor para tomarle el pulso a cada época a través de sus fantasmas. En el remake de 2013 de la película de culto Posesión infernal, deberían haber sustituido la cabaña en el bosque, por un dispositivo con conexión a internet. Como toma de contacto con el Maligno, habría quedado mucho más actual.

 

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Posesión infernal (1981) de Sam Raimi

 

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Bibliotecario del siglo XXI llegando a su biblioteca

¿Será que las nuevas tecnologías nos están haciendo vudú? No es necesario recurrir a la Summa Daemoniaca del Padre Fortea (exorcista titulado) para ejercitarse en el manejo de estrategias para vencer al diablo versión 2.0. Si hay profesionales en la actualidad capaces de exorcizar a los demonios que se agazapan detrás de las pantallas, esos son los bibliotecarios. O al menos, eso es lo que espera su público de ellos.

Según el último informe sobre las expectativas que los norteamericanos tienen sobre las bibliotecas públicas, presentado por Lee Rainie, director del Pew Research Center (el oráculo en esto de investigar las últimas tendencias, problemáticas y actitudes que caracterizan a nuestro tiempo): un rotundo 78%, seguido de un 18%: consideran que uno de los papeles primordiales de las bibliotecas, es enseñar a los usuarios a proteger tanto su privacidad como su seguridad online.

 

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¿Deberían las bibliotecas ofrecer programas para aprender patrones sobre protección de la privacidad y seguridad online? 76% definitivamente deberían hacerlo – 18% quizás deberían de hacerlo – 4% definitivamente no deberían de hacerlo

 

También son mayoría los usuarios que creen que las bibliotecas deben impartir cursos sobre nuevas tecnologías; y al mismo tiempo, un alto porcentaje insiste en que deben preservar su identidad como lugares físicos seguros y tranquilos. A veces da la sensación de que a las bibliotecas se les exige que sean como el gato de Schrödinger: y estén y no estén al mismo tiempo en el siglo XXI. A la vanguardia, y en la tradición; en el ruido y en el silencio. Y así lo más probable, es que terminen siendo más como el gato de Cheshire de Lewis Carroll.

 

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“Estamos todos locos aquí”, un buen eslogan para las bibliotecas del XXI. El gato de Cheshire de la versión de Tim Burton de Alicia en el país de las maravillas

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El libro troll del youtuber más célebre, El Rubius, fue desaconsejado por las autoridades colombianas, por ser pernicioso para los menores. Mientras Google, recurre a los youtubers para impartir pautas de seguridad entre los jóvenes latinoamericanos.

 

Volviendo al aprendizaje para proteger la privacidad y defenderse de los trolls; nuestra compañera Carmen Rodríguez ya dedicó un interesante post en este mismo blog al Uso seguro de internet. En esa ocasión, más orientado a las buenas prácticas que, según la IFLA, servían para proteger a los menores Pero siempre se puede dar un paso más, en esto de combatir esta plaga troll desde las bibliotecas.

Se podría tomar nota de Google, que ha recurrido a los amados/aborrecidos youtubers para que aconsejen a la hora de proteger la seguridad en internet. El pasado julio, lanzó una campaña en Latinoamérica para que los influyentes youtubers aparquen las chorradas por un momento, y adoctrinen dando consejos para lograr un internet más seguro. Algo a tener en cuenta desde las bibliotecas, aunque también se podría añadir un algoritmo de amor en las redes wifi de las bibliotecas.

 

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Así vendía la idea Coca Cola durante la Super Bowl 2015: “En Twitter. Encuentra cualquier tuits que debería ser más feliz y replícale con #MakeItHappy. Nosotros responderemos convirtiéndolo en una pieza de arte”

 

Es lo que hizo la multinacional Coca Cola durante la Super Bowl del 2015, creando un algoritmo que se activaba al utilizar el hashtag #MakeItHappy (Hazlo feliz). Dicho algoritmo transformaba cualquier mensaje desagradable en las redes en dibujitos de color rosa. La idea era buena (si obviamos la edulcorada censura que podría incentivar), pero no tanto el resultado. Los trolls se saltaron el algoritmo, y fueron publicando un capítulo entero de Mein Kampf (Mi lucha) el ideario de Hitler, que hizo que la empresa terminara por clausurar la campaña.

Nuestra propuesta pasaría por un hashtag más propio, como #HazloLiteratura (o mejor aún #Bibliotecavstrolls), que transformara la bilis digital en citas literarias, que renovaran la esperanza en que internet no tiene porque ser otro gran invento desaprovechado por la estupidez humana. Como sostenía un tuit bibliotecario que seguía el Congreso Internacional de la IFLA celebrado este agosto: “las bibliotecas son la respuesta a los trolls de internet“:

 

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El bloguero iraní Hossein Derakhshan que estuvo seis años encarcelado por escribir en diversos blogs (uno de ellos bajo el título de Ketabkhan que significa el lector de libros) ; una vez liberado, y viendo la deriva que está tomando internet, declaraba en una reciente entrevista: “preferimos ver a leer, y es muchísimo más fácil manipular a la que gente que no lee“. Derakhshan defensor a ultranza de los blogs, del valor de la palabra escrita en digital frente a la dictadura de la imagen; mantiene que hemos pasado del Internet-Libros al Internet-Televisión:

“Vemos como los ‘emojis’, emoticonos, son la nueva forma de comunicarse. La gente se inclina más por ver que por leer y ¿no es esto una regresión a los tiempos anteriores a la invención del alfabeto, una regresión a cuando vivíamos en cuevas? ¿Cuáles serán las consecuencias de esto? Lo terminaremos viendo en las democracias, sobre todo en occidente. Es muchísimo más fácil manipular a la gente que no puede, que no sabe o no quiere leer. Donald Trump es un producto de la tele”

 

Una cuerda floja sobre la que tienen que hacer equilibrios de nuevo los bibliotecarios: entre asegurar el anonimato de los internautas (con la adscripción a la red Tor, por ejemplo); y ejercer como exorcistas de esas posesiones demoníacas digitales, que llenan la red de espumarajos y vómitos de odio.

 

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¿Está el líder de Massive Attack detrás de la identidad secreta de Banksy?

 

possession-663883271-largeY como la actualidad siempre viene al socorro de cuestiones tan cadentes como estas, nada mejor que cerrar con el fascinante Voodoo in my blood (Vudú en mi sangre) del grupo Massive Attack. Por una parte, porque la impactante noticia de que es posible que su líder Robert del Naja, sea la identidad secreta del célebre activista/artista Banksy: es el contrapunto perfecto hablando de anonimato y posicionamiento político ante la sociedad actual.

Por otro lado, porque en este homenaje que el grupo de Bristol hace a la brutal escena del túnel del desquiciado clásico de los 80, Possession de Andrzej Zulawski; no es ningún demonio el que posee a la actriz Rosamund Pike. Más bien parece el espíritu digital de una época que nos hace danzar a su ritmo sin darnos respiro, no vaya a ser que procesemos algo de la información que engullimos cada día, y lleguemos a formular una idea propia.

 

Egobiblio: narcisismo y bibliotecas en la era selfie

Dicen los analistas y los que hablan de oídas (como es el caso), que el triunfo electoral del Brexit ha tenido más que ver con el enaltecimiento del ego británico de las clases bajas, que con un repudio consciente a la Unión Europea. Los nacionalismos siempre apelan al ego de aquellos que lo tienen más frágil, y en estos tiempos en que gracias a la tecnología el culto del ego alcanza el paroxismo; el caldo de cultivo parece más fértil que nunca.

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El Narciso de Caravaggio absorto en su móvil en el siglo XXI

Si el Narciso de la mitología griega se ahogó embelesado con su propio reflejo; desde el 2014, sólo han hecho falta un palo de selfie y un precipicio, para que 49 incautos narcisistas hayan terminado consiguiendo el protagonismo que buscaban en las redes, a título póstumo. No sabemos aún si los que han votado por el Brexit coquetean con el precipicio, pero  el selfie que se han hecho no les favorece. Pero en un país en el que la crisis se ha llevado por delante más de 350 bibliotecas públicas, la única manera de reforzarse la autoestima deben ser los discursos simplistas (tras la resaca electoral, más de uno dirá que también en nuestro país, pero como decían Tip y Coll, la próxima semana hablaremos del Gobierno, hoy no toca).

 

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Believe in your selfie: la verdad está en tu selfie.

 

En el último número de la revista Infobibliotecas, se incluye una crónica de la reunión OCLC EMEARC 2016, celebrada en Madrid a principios de marzo. En este encuentro entre profesionales de la información, bibliotecarios y emprendedores se abordó la denominada “generación selfie“: sus vidas digitales, sus espacios sociales y sus necesidades educativas. Captar la atención de los jóvenes entre 16 y 24 años es el gran reto tanto para bibliotecas, como para el resto de instituciones educativas y culturales; pero más allá de las interesantísimas reflexiones e intercambio de experiencias (para eso habrá que leer la revista), lo que destacamos aquí es una foto del reportaje; concretamente el mensaje que reza en la espalda de la camisa de uno de los participantes: Believe in your selfie (Cree en tus selfiEscanear 13es).

Es cierto que uno de los momentos más provocadores del encuentro, fue cuando el joven empresario Luis Iván Cuende, arremetió contra el sistema educativo, y hasta llegó a sostener que para él las universidades podrían desaparecer y ser sustituidas por bibliotecas, dado que todo está ya online, y lo único que necesita esta generación selfie, son espacios colectivos en los que reunirse.

Bien, suena iconoclasta y blasfemo, como debe sonar todo discurso de un joven airado; pero más allá de estas halagadoras palabras para las bibliotecas (que no para los bibliotecarios, ¿qué papel jugarían si su idea suena un poco a la de un autoservicio?), lo que verdaderamente da la pista es el eslogan en la camisa del anónimo asistente. Si algo deja claro es que si se quiere atraer el disperso interés de esta juventud, no hay otra que elevarles la autoestima, que satisfacerles el ego. Y ¿cómo se hace eso desde una biblioteca?

 

No son como nosotros

El cómic No son como nosotros: rebeldes con causa o sin causa, perdidos en los agujeros negros de la juventud del siglo XXI

 

En las actas del III Congreso de Bibliotecas Públicas se incluía la comunicación de Antonio Díaz Grau: La biblioteca pública como lugar de reforzamiento de la autoestima de los miembros de su comunidad. Entre las propuestas que Díaz Grau enumeraba, para reforzar la autoestima de colectivos e individuos especialmente vulnerables, se recogían: desde grupos raciales, a ancianos, niños y adolescentes. E incluso abordaba una interesantísima actividad desarrollada para combatir el tan, lamentablemente de actualidad, asunto del bullying o acoso escolar.

Pero esta comunicación fue en 2006, no existía aún Instagram, ni los palos para selfies, ni siquiera al autorretrato de toda la vida se le había dado ese nombre. Ahora la autoestima de casi todos, se refuerza a base de seguidores en Instagram, Likes en Facebook, o retuit en Twitter. Y sin tan duchos son en estas herramientas: ¿por qué no dejar que sean los propios jóvenes los que alimenten las redes sociales de la biblioteca?

 

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Drew y Yaiza, la pareja de chicas booktubers que recomiendan lecturas en su canal Never be hopeless

 

Muchas secciones juveniles de bibliotecas podrían contar con la colaboración de algún/os booktubers. Jóvenes con ganas de compartir sus lecturas, a los que la biblioteca les proporciona las lecturas de su interés, y que a cambio, las comparten a través del canal de Youtube de la biblioteca. Habría que contar con la autorización de los padres, claro está, pero hasta el momento el gremio bibliotecario aún conserva cierta respetabilidad de cara a los progenitores.

Hace unos días, en el blog de Infotecarios, la documentalista peruana Silvana Aquino, hablaba de los Bookstragrammers (cada vez un nuevo anglicismo a cual más retorcido), los jóvenes que fomentan el amor por la lectura a través de fotografías de sus lecturas, o de ellos mismos con libros tapándoles la cara. Hay que correr para coger algunos de estos trenes, que pasan con la misma rapidez que los hits en las listas de reproducción del Spotify.

 

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En Latinoamérica nos llevan algo de ventaja en esto de masajearles el ego a los nativos digitales; o dicho más políticamente correcto: en aprovechar las destrezas digitales de los jóvenes para los fines de la biblioteca.

¿Para cuándo un concurso de booktubers en bibliotecas públicas como el que se celebró en Chile a finales del 2015? La Coordinación del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas ha establecido una fructífera colaboración entre las comunidades de booktubers y las más de 450 bibliotecas públicas del país. Para ello, han capacitado a 20 responsables de bibliotecas municipales en edición de vídeos; y en los cursos de formación, están presentes booktubers célebres en el país. Laura Mera junto con Pía Fuentes, dos de las booktubers con más tirón en las redes, han sido las encargadas de captar a más jóvenes que quieran colaborar con las bibliotecas públicas.

 

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Clipboard01En Uruguay, el pasado 7 de junio se entregaron los premios a los ganadores del Concurso Booktubers Uruguay en la Biblioteca Nacional. Repartidos en tres categorías por edades, de 9 a 12 años, de 13 a 18, y de 18 en adelante (porque el amor por la lectura, y el narcisismo no tiene edad). Los 64 vídeos de los participantes se colgaron todos en el canal de Youtube del Ministerio de Educación y Cultura uruguayo.

En la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, las colas en las casetas con youtubers célebres como Germán Garmendía, superaban en mucho las que se formaban ante figuras consagradas como Alberto Manguel, Mario Vargas Llosa o María Kodama. Y otro tanto pasó en la reciente Feria del Libro de Madrid. No vamos a decir que las bibliotecas deban colaborar con El Rubius o AuronPlay; aunque ¿por qué no? Si los videojuegos son otro campo que hay que sumar a la oferta bibliotecaria: ¿llegará el día en que El Rubius pueda convertirse en colaborador de las bibliotecas? Todo es cuestión de masajear el ego con algo de respetabilidad a la antigua, y hasta las generaciones más descreídas se crecen ante la perspectiva de dar lecciones a sus mayores.

 

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El youtuber AuronPlay sobre fondo bibliotecario

 

Como sostiene el neuropsicólogo Álvaro Bilbao en el artículo Por qué tus hijos no son nativos digitales, publicado en El Mundo:

 

“Tus hijos no son nativos digitales, porque son nativos de un mundo natural. Un mundo en el que manos, boca, ojos, olfato e inteligencia están estrechamente unidos. Millones de años de evolución ha dotado a tus hijos de un cerebro preparado para aprender tocando, escuchando, hablando y jugando. Aunque se empeñen en vendernos lo contrario, la tecnología no es una ventaja a edades tempranas.”

 

Pero como los bibliotecarios no son educadores, pueden aprovecharse de lo mucho que las nuevas generaciones gustan de distinguirse de sus mayores a cuenta de la brecha digital.

La falta de ofertas de empleo público de los últimos años y la falta de salidas profesionales en el campo de las bibliotecas ha hecho que, sin duda; las bibliotecas sean una de las unidades administrativas que suman no pocos números en ese 62,8% de mayores de 50, que hacen que la Administración haya envejecido en estos años de crisis.

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Madonna extrayendo la energía de la joven Britney Spears en los premios MTV 2003

Unos bibliotecarios seniors cuya formación fue analógica, pero que se subieron al carro de las nuevas tecnologías allá por los 90; y cuya profesión les ha obligado a actualizarse de manera continua. Unas generaciones que pese a los estragos que las nuevas tecnologías hayan podido hacer en su capacidad de concentración: siguen siendo capaces de elaborar discursos más ambiciosos que los que las generaciones hiperestimuladas digitalmente. ¿Es el momento de hacer una loa de la colaboración intergeneracional bibliotecarios senior-generación selfies para beneficio mutuo? No, nada de eso, es hora de invocar el mito de la condesa Erzsébet Báthory, ya saben, la difamada aristócrata húngara que según la leyenda; sacrificó cientos de jovencitas para bañarse en su sangre, y mantener su juventud. Y a la que ahora la ciencia le ha dado la razón.

Ok, suena fuerte ¿no? Pero si se quiere atraer a los jóvenes, mejor que pongamos un poco de gore al cuento de la biblioteca si no queremos que tuerzan el gesto. Por eso para terminar acordes con el asunto, nada mejor que un corto que triunfó en Youtube, y que combina emociones fuertes y selfies. Y es que los narcisos de la generación selfie ya no se ahogan en su reflejo, es su sobrealimentado ego en forma de zombi el que los acecha.

 

Bibliotecas glaseadas, bibliotecas desenchufadas

Que si Marshall McLuhan, que si Walter Benjamin, que si Andy Warhol, y así un corto etcétera, han sido investidos en algún momento con el aura de profetas de nuestro presente. Y resulta que la más visionaria de todas no fue otra que Mary Poppins.

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Mary Poppins contestataria al estilo Banksy

Con un poco de azúcar esa píldora que os dan” cantaba allá por los 60 una meliflua Julie Andrews (la misma que enseñaría los pechos por obra y gracia de su marido Blake Edwards en los 80 en S.O.B. Sois honrados bandidos, pacata traducción para Sons of bitch: demostrando que detrás de tanto empalago se escondía una guasona de mucho cuidado): y dicha frase que cantaba la niñera mágica, debería ocupar el primer puesto junto a la warholiana de los 15 minutos de fama, como frases definitorias de nuestro tiempo.

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Scarlett Johansson ya tiene experiencia en esto de “usurpar” pinturas antiguas (véase La joven de la perla); y ahora vuelve a ello gracias al nuevo programa de la Tate Gallery

En un mundo digital en el que las tonterías, los chascarrillos, las ocurrencias de barra de bar, las gracietas, ….., ……, ……, (y que cada uno rellene los puntos suspensivos con lo que prefiera): absorben cual agujeros negros el mayor número de tráfico en la Red: cualquier propuesta que aspire a ampliar audiencias se ve obligada a glasearse.

En la Tate Gallery el último “glaseado” ha sido para atraer a jóvenes de entre 15 y 25 años, cuyo interés por las pinacotecas es muy escaso. Por ello, han creado el programa Tate Collectives a través del cual los jóvenes pueden jugar con las pinturas convirtiéndolas en GIFs animados, memes y montajes audiovisuales. Abundando en la idea, organizaron la 1840s GIF Party, a través de la cual artistas digitales y programadores de videojuegos, transformaron las pinturas para convertirlas en divertidos memes que se difundan por las redes.

El artículo de Mar Abad en el magazine Yorokobu da cuenta de las muchas iniciativas que la Tate está desarrollando en pos de seducir a este público joven: y como no podía ser menos, también se hace eco de los recelos que despierta entre muchos amantes del arte. ¿Realmente convertir en juguetitos digitales las pinturas del museo va a hacer que los jóvenes amen la pintura?

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Pero este glaseado hace mucho que llegó a las bibliotecas (lo tenían más fácil, mal que bien, todas cuentan con secciones infantiles y juveniles). En la biblioteca de la escuela de secundaria de O’Neill en Downers Grove, Illinois, se han sumado al Desafío Follet: un programa para premiar programas innovadores en la educación. No, que nadie se alarme, no se trata de fomentar la lectura entre los jóvenes a través de las obras de Ken Follet; pero algo del mundo creado por George R.R. Martin, sí que tiene.

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Consiste en fomentar la lectura voluntaria a través de la creación de un juego por equipos. Sobre el hilo argumental de la creación de un reino, los estudiantes van ganando puntos según obtienen victorias resolviendo puzzles o realizando piezas de escritura creativa: a través de las cuales van dando forma a ese mundo imaginario. Cada alumno pertenece a una casa (o equipo) y la casa que más puntos acumule, gana el juego. Bien interactuando a través de las redes, el correo electrónico, o en la propia biblioteca del centro; los estudiantes vivieron apasionadamente el juego, e incluso según relata la docente responsable del programa, Tasha Squires, semanas después de concluido el juego, los estudiantes seguían comentando lecturas y escribiendo comentarios.

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Fernando Trueba dejando claro cuáles son sus filias y sus fobias cinematográficas

¿Será que las instituciones culturales deben disneyzarse para sobrevivir? Hacer divertido lo serio, y serio lo divertido. Si incluso nuestros políticos se hacen los juguetones a través de los medios para caernos simpáticos (aunque la sobredosis de azúcar que necesitarían para hacernos tragar esa píldora, corre el riesgo de diabetes): ¿no deberíamos ponernos alerta ante este infantilismo desbocado?

En este sentido, recuperar un extracto de la entrada que Fernando Trueba dedicaba a Walt Disney, en su Diccionario de cine, resulta de lo más oportuno para incentivar el debate:

Disney (Walt): “No me extraña que su autor (refiriéndose a Disney) fuera un simpatizante de Hitler y Mussolini, además del responsable de lesiones cerebrales en varias generaciones. Su posterior saqueo y manipulación de algunos de los grandes clásicos de la literatura lejos de divulgar y dar a conocer los originales (Lewis Carroll, Collodi, Barrie, Kipling, Victor Hugo…) los ha sepultado para siempre bajo una losa de sentimentalismo pringoso, crueldad ilimitada y pobreza visual. El sádico que siempre fue Disney puede verse hasta en la insufrible Fantasía, un proyecto “cultural” que da más miedo que La noche de los muertos vivientes…”.

El Diccionario de Trueba se publicó allá por los noventa, mucho antes de que bebés monísimos, gatitos y demás fenómenos virales le comieran los minutos en los telediarios al espacio dedicado a noticias culturales. Habría que preguntarle ahora a Trueba, pero mucho nos tememos que su opinión lejos de suavizarse, se habrá tornado más acérrima. En cambio, es un suponer, que culturalmente francófilo como más de una vez se ha declarado el director de Belle Époque: la noticia que nos llega desde París le agradaría.

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Al encuentro de Mr. Banks, la película que narra la relación entre Walt Disney y P.L. Travers, autora de Mary Poppins. El magnate intentando persuadirla de que cediera los derechos de adaptación, Travers resistiéndose a que “glasearan” a su institutriz. No hace falta decir quién ganó, ¿no?

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¿Haría Tim Burton justicia póstuma a la autora de Mary Poppins? Pese a este cartel que circuló por la red, todo resultó ser una gran mentira digital. Una de tantas.

No parece que se trate de un acto de resistencia, pero algunos bibliotecarios parisinos lo tienen claro, y a imitación de los grandes gurús de Silicon Valley que educan a sus hijos de forma “desenchufada”: están promoviendo espacios para niños en las bibliotecas sin tecnología de por medio.

Poner a dieta digital a los niños, igual que se les controlan las chuches. Se trata del método educativo Steiner-Waldorf, en el cual los niños acceden al mundo digital en el aula (en el hogar dependerá de los padres) a partir de cuarto curso, los años previos la educación es como la de toda la vida: libros de papel, pizarra y tizas.

Inmersos en este debate, entre los bibliotecarios parisinos se está desarrollando una corriente de opinión que aboga por espacios bibliotecarios para niños sin tecnología de por medio. La biblioteca se convertiría así en el lugar idóneo para desconectar al niño (y al adulto que así lo quiera): ¿postura retrógrada o línea de futuro bibliotecaria que las transforme en alternativas al empacho tecnológico?

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Cómo desenchufar a tus hijos: 101 maneras para ayudar a que tus niños apaguen sus gadgets y disfruten de la vida real

Antes de reflexionar a fondo sobre el asunto, lo mejor será tomarnos un respiro procrastinador. Se trata del último vídeo de will.i.am que rodó en el Louvre,  y viene muy a cuento con lo del proyecto de la Tate Gallery que abría el post. La canción no es especialmente brillante, aunque resulta pegadiza, y no es la primera vez, ni la mejor en que se ha recurrido a esta idea en un vídeo musical.

Pero resulta tan mono eso de ver a la Mona Lisa animada, con cosas así uno nunca se aburre, es casi tan divertido como algunos vídeos de gatitos en Youtube; pero en cambio en este caso con coartada cultural. ¿Quién puede resistirse?

Matrix bibliotecario: entre el espacio físico y el virtual

A partir del próximo 16 de noviembre se celebrará el VIII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas en Toledo, y el tema central que se propone abordar no puede resultar más prometedor: espacios físicos, espacios virtuales.

Si hay algo que debatir y reflexionar en la biblioteca del siglo XXI: es sobre la creación de comunidades virtuales y el replanteamiento que ello supone para sus espacios físicos. Por mucho que los apocalípticos de cada momento anunciaran la muerte del papel ante la pujanza de lo digital: las noticias no hacen más que contradecirles (o al menos puntualizarles).

 

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Pero por otro lado, sólo hay que repasar las estadísticas de préstamo de bibliotecas para constatar que el préstamo de audiovisuales y grabaciones sonoras decayó desde el 2010 hasta 2014 en casi un millón y medio; y el de libros en cerca de medio millón. Sacar conclusiones apresuradas sobre el impacto de lo digital en esta merma puede ser precipitado sin tener en cuenta los graves recortes presupuestarios de estos años; pero qué duda cabe que las descargas de contenidos culturales, legales o ilegales, afectan a lo que ha sido uno de los servicios estrella en las bibliotecas.

 

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Para ir calentando motores, de cara a las futuras conclusiones de congreso: es interesante atender cómo este debate está calando en medios ajenos a la profesión. Recientemente en la veterana revista estadounidense The Atlantic, se publicó un artículo
bajo el título How Libraries Are Becoming Modern Makerspaces (Cómo las bibliotecas están llegando a ser makerspaces), que da una panorámica a tener en cuenta sobre la situación en las bibliotecas norteamericanas.

La autora del artículo, Debora Fallows, destaca las palabras que el director del Centro para el futuro de las bibliotecas de la ALA pronunció sobre los makerspaces:

“expanden la misión de las bibliotecas como lugares donde la gente no solo consume conocimiento, sino que crea nuevo conocimiento”

 

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Futuros americanos: reinvención y resiliencia a través de la nación. Pilotado por James Fallows con Deborah Fallows

 

Debora está casada con el escritor James Fallows, y ambos están inmersos en el proyecto American Futures. Con este proyecto que arranca en 2013, la pareja está viajando a bordo de una avioneta por todo el país para visitar numerosas ciudades. Su objetivo es comprobar cómo los estadounidenses están afrontando las oportunidades económicas, ambientales y tecnológicas que plantea el nuevo siglo. Debora concretamente en este artículo constata hasta qué punto la creación de makerspaces o Fab Lab ha ido extendiéndose desde el 2011.

La biblioteca pionera en crear un makerspace fue la Fayetteville Free Library en Nueva York. Todo arrancó a raíz de la sugerencia de una estudiante de Biblioteconomía de la Universidad de Siracusa, que le propuso a Sue Considine, directora de la biblioteca: la instalación de una impresora 3D. A partir de ahí el equipo del centro se implicó en la creación del primer makerspace, que cinco años después incluye: un Creation Lab para adolescentes y preadolescentes, y un Little Makers para niños.

 

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El maravilloso cartel diseñado por Saul Bass para Anatomía de un asesinato de Otto Preminger; pero también serviría para Asesinato de la Biblioteconomía

 

Laura se había inspirado en artículos como Killing Librarianship (literalmente: Asesinando la Biblioteconomía) un artículo de su profesor David Lankes de la Universidad de Siracusa. El killing (asesinando) que el profesor adopta, es la acepción propia del argot callejero, con el sentido de “pensar a lo grande” asesinando lo que nos estorba. Y en la biblioteca pública del siglo XXI lo único que estorba es el inmovilismo mental.

Aunque el proyecto American Futures para el que viaja Debora Fallows, abarca todos los estados: las experiencias que nos relata en el artículo fueron de lo más cercanas. Los Fallows viven en Washington, y fue en dos bibliotecas del sistema público de la capital estadounidense; donde Fallows comprobó en primera persona las posibilidades de la creación de makerspaces.

a7cd6b85dEn la biblioteca insignia de la red de la ciudad, la Memorial Library Martin Luther King disponen de hasta ocho impresoras 3D (bautizadas con nombres de actores como Kevin Spacey, o simplemente María, por la robot protagonista del clásico Metropolis de Fritz Lang); una máquina de fresado para hacer prototipos en madera, plástico o aluminio; un cortador láser capaz de grabar metales, y cortar cartón, madera e incluso calabazas (nos podemos imaginar lo solicitada que estará en Halloween); y un amplio conjunto de herramientas de todo tipo que transforman a la biblioteca en una auténtico taller para la comunidad.

Aunque la experiencia más interesante, por distinta, es la residencia para artistas, fabricantes o diseñadores que ofrece la biblioteca. Dotado con 25.000 dólares, este programa de residencia para creadores de la Library Foundation incluye los gastos para material, difusión y viajes. Los residentes tienen que desarrollar talleres para los usuarios de las bibliotecas de la red.

Los primeros beneficiarios de esta residencia han sido los artistas locales Billy Friebele y Mike Iacovone. El discurso creativo de este dúo de artistas se centra mucho en la reflexión desde la imagen sobre el espacio urbano. En 2010, su obra Free Space consistía en un mapa enorme de la ciudad que había sido “vaciado” dejándolo en blanco: para luego ir cubriéndolo con las fotos de zonas de la ciudad que les enviaban vecinos y residentes. Las fotografías se fueron superponiendo hasta conformar el mapa en relieve de la geografía social de Washington.

 

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Una de las obras de Mike Iacovone con Washington como protagonista

 

En la residencia que ahora desarrollan en la Memorial Library Martin Luther King (en cuyo vestíbulo se expuso su mapa en relieve), retoman en cierto modo su obra Free Space pero ahora añadiendo la impresión 3-D, y a los usuarios de la biblioteca. Los artistas quieren involucrar a las personas en sus espacios públicos a través del arte. Para ello organizan talleres en la biblioteca con nombres como Walking as drawing (Camina como dibujas, que recuerda al post sobre los walking readers de hace unas semanas), en el que los usuarios de la biblioteca participan en la creación de una obra de arte colectiva.

El proyecto consistía en que los participantes caminaran durante 45 minutos por espacios públicos, empezando y terminando su paseo en la biblioteca. Cada uno trazaría su recorrido, bien con una aplicación en el móvil, o directamente en un mapa impreso: para que posteriormente Friebele y Iacovone los trazasen sobre un plano de la ciudad, y los recreasen en 3D.

 

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Los itinerarios del taller Walking as Drawing superpuestos en 3D

 

El resultado del taller se concreta en esas recreaciones en 3D. Pero más allá de esa representación visible de la experiencia: lo que consiguen con esa propuesta es hacer que los participantes perciban los espacios urbanos de una forma diferente. Se trata de mirar tu entorno con una nueva mirada, abrir bien los ojos y oídos, reconsiderar el espacio que ocupas (tal como deben hacer los bibliotecarios), y ser más consciente de cuanto nos rodea.

 

Las experiencias que Debora Fallows relata en su artículo, sitúan perfectamente las coordenadas en las que están abocadas a moverse las bibliotecas a partir de ahora: entre lo real y lo virtual. Remodelando sus espacios y servicios presenciales, al tiempo que incrementan su oferta de contenidos digitales. En el siglo XX, si no tenías dinero para comprar todos los libros que querías leer, no por ello tenías que robarlos, bastaba con tener el carné de biblioteca. ¿Por qué ha de ser diferente ahora si la biblioteca te ofreciera lecturas, cine y música en el propio domicilio sin necesidad de descargas ilegales?

Como contrapartida, la biblioteca como continente deberá abrirse a usos insospechados hasta ahora; convertirse en la alternativa a lo virtual. En ese contexto, los bibliotecarios serán como los rebeldes que se infiltraban en el sistema Matrix, en la trilogía de los hermanos Wachowski: capitanes de naves al rescate de los que corren el riesgo de perderse en un mundo ilusorio que confunden con la realidad.

 

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Bibliotecas: territorio adolescente para la creación

A estas alturas ya conoceréis, porque se han comentado mucho, hasta el último dato de la recién publicada Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España. No vamos a hacer un resumen de ella (aunque para más adelante esperamos tener alguna colaboración que nos aporte una visión de la evolución histórica de estas encuestas), sino que vamos a aprovechar un dato particular -el hecho de que el público de las bibliotecas sea mayoritariamente joven- para hablar de servicios bibliotecarios para adolescentes. Y es que hace poco nos topamos con esta infografía que creemos que resumía muy bien las tendencias en servicios que pueden hacer de las bibliotecas centros de creación atractivos para los más jóvenes.

Adolescentes_biblios_InfografiaResumiendo, lo que proponen en ella es hacer sitio en las bibliotecas para que los jóvenes puedan “explorar, crear y compartir”, y ofrecen algunas ideas de actividades básicas pero interesantes, sobre las que nosotros intentaremos aportar más cosas:

  • Programas informáticos: cursos de software, desde los paquetes de ofimática clásicos hasta algunos más avanzados como Creative Cloud, el conjunto de herramientas de Adobe (Photohop, Illustrator y muchos más) para cualquier actividad creativa que permite trabajar de forma colaborativa desde diferentes ordenadores y almacenar los trabajos en la nube.
  • Apps: explorad con los adolescentes aplicaciones y páginas web para la creación de memes, Gifs, o para la edición de vídeos; trabajad con ellos en el buen uso de las redes sociales para sacarles todo el partido con seguridad; introducidles en plataformas de lectura social como Entrelectores.
  • Programación: podéis organizar cursos básicos, clubes de programación… En países como Australia esta materia va a estar incluida en la educación primaria, y más cerca de nosotros, la Universitat Jaume I de Castellón ofrece cursos gratuitos online sobre programación de robots para niños y jóvenes a partir de los 8 años. Como diría Bart Simpson, ¡mooola!
  • Arte y artesanía: no todo tiene por qué ser supertecnología en estos espacios de creación. Los talleres de arte y artesanía son un clásico, pero funcionan porque siguen siendo atractivos para muchos jóvenes. Además, siempre hay espacio para la innovación: talleres de origami, manualidades con goma eva, talleres de manga…
  • Adolescentes_MinecraftMinecraft: este juego de construcción con bloques es todo un fenómeno mundial y para muchos una auténtica religión. Hasta las librerías empiezan a poblarse con infinidad de manuales. Existe en la web una Minecraft wiki en la que se comparten tutoriales y noticias, hay foros de debate y hasta un museo en el que se muestran exposiciones con los mejores trabajos. Seguro que conocéis ya la versión para el aula de de Minecraft, MinecraftEdu. También puede ser un buen material para trabajar en la biblioteca.
  • Más videojuegos: no parece que sea necesario ampliar más sobre su atractivo para los adolescentes. Os remitimos a esta entrada sobre tendencias de futuro de lo más educativas.
  • Juegos de mesa: pueden organizarse sesiones de juego, veladas vintage con grandes clásicos, jornadas temáticas (misterio, rol…). Muchas veces se olvida la poderosa herramienta de aprendizaje que es el juego, pero a poco que investigues puedes encontrar un mundo infinito de posibilidades. Aquí os dejamos, por ejemplo, este artículo sobre juegos que estimulan el pensamiento crítico entre los más jóvenes.
  • Espacios de orientación laboral: podéis, entre otras cosas, organizar los típicos talleres de búsqueda de empleo y de creación de curriculos creativos, o invitar a personas que ejerzan las profesiones con más demanda para que puedan dar charlas sobre las aptitudes, la formación necesaria y las formas de acceso a cada profesión.

Lo que cuesta y lo que vale

Ahora diréis “todo esto cuesta dinero”, pero no necesariamente tiene que ser así. Para llevar a cabo muchas de estas actividades podéis buscar acuerdos de patrocinio con empresas locales que pueden estar interesadas en ofrecer talleres gratuitos a cambio de darse a conocer. También podéis trabajar conjuntamente con asociaciones, escuelas e institutos, personas voluntarias de la comunidad que quieran compartir sus conocimientos. En cuanto a tecnología, para gran parte de las actividades mencionadas solo es preciso contar con ordenador y conexión a internet, porque muchos de las aplicaciones y programas cuentan con versiones gratuitas con las que se puede empezar a trabajar.

Adolescentes_returnedcoinsLa clave aquí es pensar en cómo con este tipo de actividades estamos contribuyendo a que los jóvenes aprecien el conocimiento, desarrollen capacidades y mejoren sus oportunidades en un entorno laboral cuando menos hostil. Y pensar también en cómo eso beneficia económica y socialmente a nuestra comunidad, claro. La Encuesta de Hábitos Culturales nos cuenta que el uso mayoritario que hacen adolescentes y jóvenes de la biblioteca es estudiar y para consultar libros en ella. La asistencia a actividades es, como decía el chiste, una o ninguna (0,9% entre los chicos y chicas de 15 a 19 años, y 0,0% -sí, 0,0%, no es una errata- entre los 20 y 24 años). ¿Hay mucho desconocimiento aún de todo lo que puede ofrecer una biblioteca o es que aún hay poca oferta?

Mi opinión personal: en la mayoría de las comunidades, tanto desde las familias como desde las escuelas y las instituciones, somos poco creativos a la hora de explorar las posibilidades de formación y acceso a la cultura. Y poco festivos, algo que supone a auténtica barrera a la hora de trabajar con los más jóvenes. No es de extrañar que muchas veces se perciba cierta desidia y fatalismo cuando se les pregunta sobre la calidad de la formación que reciben y sus oportunidades de futuro.

Este tipo de acciones no solo nos pueden ayudar a mejorar en esos aspectos para los que ya visitan las bibliotecas. También nos pueden servir para atraer al 35 % de adolescentes de 15 a 19 años y al preocupante 47% de jóvenes de 20 a 24 que, según la encuesta, ni visitan las bibliotecas ni acceden a ellas via internet. Esperamos que así sea.

Robots en las bibliotecas: una historia maravillosa

Hace unos meses os hablábamos de gadgets tecnológicos que están diseñándose para mejorar algunos servicios bibliotecarios y hoy queremos ponernos aún más cibernéticos, que no futuristas porque de lo que os vamos a hablar -de robots- ya es una realidad palpable. No vamos a abordar aquí las utilidades que pueden aportar los robots en las bibliotecas y en la educación (al final del artículo os damos algunas referencias al respecto). Os queremos contar un trabajo fascinante que han realizado en las bibliotecas de Longmont, Colorado (EE.UU): su Equipo de Innovación ha desarrollado, en colaboración con la empresa de robótica Robauto, un robot low cost para trabajar con niños autistas. La historia, como decimos en el título, es maravillosa.

robot_biblioteca_AutismoWEBY, ¿por qué lo es? Entre otras cosas, por la sencilla razón de que el Equipo de Innovación de la biblioteca del que estamos hablando está formado por diez niños de entre 7 y 12 años de edad… muchos de ellos con trastornos del espectro autista (que incluye autismo clásico, síndrome de Asperger y síndrome de Rett, entre otros). ¿Cómo os quedáis? Contaremos la historia desde el principio porque nos parece un gran ejemplo de mucho de lo que aspira a ser hoy en día una biblioteca.

Todo empezó en 2014 a iniciativa de Jalali Hartman -un ingeniero y empresario, hijo de una pareja de auténticos hippies estadounidenses de los años 70- que un buen día llamó a la Autism Society del Condado de Boulder (Colorado) diciendo: “Hola, quiero construir un robot”. Hartman partía del hecho de que la tecnología puede ayudar a la comunicación con las personas que sufren autismo, que tienen especiales dificultades en el trato directo con otras personas.

Desde la asociación le pusieron en contacto con la Red de Bibliotecas Públicas de Longmont que cuenta con un programa de trabajo específico con usuarios con trastornos autistas. La bibliotecaria que lo coordina, Katherine Weadley, explica que el programa tiene mucho que ver con el propósito de la biblioteca de servir a los sectores de población a los que habitualmente no llegaban. “El autismo es la discapacidad del periodo de desarrollo de los niños que más rápidamente está creciendo, algo que de lo que estamos siendo testigos a diario en la biblioteca. Esto nos llevó a impulsar más el trabajo en autismo”. Para la biblioteca, era la primera vez que iban a trabajar con un empresario en una iniciativa de este tipo, y para el empresario (que hacía siglos que no leía un libro) era la primera vez que iba a trabajar con una biblioteca. Ninguna de las dos partes ha salido decepcionada.

Un proyecto participativo

RobotBiblioteca_autismo

Para definir las funciones y el diseño de BiblioBot -que es el nombre que ha recibido el robot- el ingeniero se entrevistó con 500 personas entre padres, profesores y estudiantes de la comunidad. A partir de la información recogida, los niños y niñas del Equipo de Innovación de la Biblioteca se pusieron manos a la obra. Uno de ellos, Deacon Kaufman, de 12 años y alumno de Séptimo curso, fue el encargado de dibujar todos los bocetos y asegurarse de que el robot se ajustaba a ellos. También le puso la voz. “Parecía que los niños no prestaban atención – cuenta Hartman-. Uno de ellos leía un libro todo el tiempo, pero un día le di el Kit de Inventor de Robots (un paquete de hardware y software creado por él mismo) y construyó un sensor”.

El prototipo del robot ha sido probado con éxito en tres bibliotecas de Longmont. Entre otras cosas puede hablar, contar chistes y utilizar información en la nube para interactuar cuando se le consulta. También usa un escaner para localizar libros mal colocados en las estanterías e incorpora un sistema para gestionar el préstamo. Y, algo muy importante: su cuerpo está forrado con textiles de colores, para resultar más cálido.

Robot_biblioteca_Autismo_BibliEl proyecto -que ha recibido multitud de premios- ha sido financiado gracias a algunas subvenciones y ayudas del Institute of Museum and Library Services y la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Longmont, entre otros, y también han echado mano del crowdfunding para llevarlo a cabo. El prototipo les ha costado 975 dólares (unos 860 euros) y esperan empezar a comercializarlo a partir de finales de este año por un precio que oscilará entre los 300 y 500 dólares (de 260 a 440 dólares)

Y, ¿por qué decimos que este proyecto nos parece que tiene muchos ingredientes de ese nuevo rol que las bibliotecas aspiran a jugar en la sociedad actual, del que muchas veces hablamos en abstracto? Bueno, si repasáis esta historia encontraréis algunas claves:

  • Proyectos que intentan llegar a toda la población para garantizar el derecho al conocimiento en igualdad de condiciones.
  • Proyectos participativos, desarrollados con la implicación del tejido empresarial y social, y de los propios usuarios.
  • Financiación alternativa a la meramente presupuestaria.
  • Integración del uso de la tecnología en el trabajo de la biblioteca, y alfabetización en ella.

El proyecto está abierto a otras bibliotecas que quieran replicar el programa (no sabemos si solo dentro de EE.UU, estaría bien que fuera sin fronteras), que pueden visitar la página web de la empresa de Hartman htttp://www.robauto.co.

Si queréis tener una visión más general de lo que pueden hacer los robots en las bibliotecas, aquí os dejo enlace a este artículo de Julián Marquina sobre la cuestión. En Biblogtecarios también encontraréis una interesante entrada de Beatriz Ovejero sobre el aprendizaje con robots. Y si lo que queréis es saber más sobre cómo trabajar la programación y la robótica en proyectos educativos, acaban de abrirse las inscripciones para este MOOC del INTEF. ¡No tenéis excusa!

Y para terminar, este homenaje a uno de nuestros robots favoritos: R2D2, bailando a lo Michael Jackson. ¡Feliz semana!

Las nuevas tendencias en videojuegos interesan a las bibliotecas

Acaba de ver la luz el Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos 2015, elaborado por la Asociación Española de Empresas Productoras y Desarrolladoras de Videojuegos y Software de Entretenimiento, y sus conclusiones respecto a las tendencias futuras en el sector no pueden ser más interesantes para las bibliotecas. Y no sólo porque aporta información para el desarrollo de las colecciones en aquellas bibliotecas que ya han incorporado los videojuegos a sus fondos -o que lo quieren hacer en los próximos años-, sino también porque apuntan a que crecerá mucho más la importancia del componente educativo de los juegos, y su potencial para ser utilizados en actividades formativas.

Videojuegos_LibroBlancoSegún la encuesta que han realizado entre desarrolladores y expertos en el sector para elaborar este Libro Blanco, los tipos de videojuegos que más crecimiento tendrán en los próximos años serán los de realidad virtual, los que incorporan como técnica la gamificación y los denominados juegos serios (serious games). Vamos a ver en esta entrada cada uno de ellos, pero antes de eso, os voy a resumir algunos datos puros y duros que aporta el informe y que justifican de sobra por qué los videojuegos son una buena herramienta de aprendizaje:

  • Los jóvenes de las nuevas generaciones habrán dedicado 10.000 horas de su tiempo libre a los videojuegos para el momento en el que cumplan los 21 años, prácti9camente las mismas que habrán pasado en clase y el doble de las que emplearan en la lectura.
  • Somos capaces de recordar un 10% de lo que leemos, un 20% de lo que oímos, un 50% de lo que otros nos demuestran, y un 90% de lo que practicamos.

Si a estas cifras añadimos las de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI) que puedes consultar aquí, y las de la Interactife Software Federation of Europe (ISFE), que dice que en España hay 14 millones de jugadores (el 40% de la población), está claro que los videojuegos deben ocupar un lugar importante en la agenda bibliotecaria.

Realidad virtual

Llevamos mucho tiempo soñando con la oportunidad de sumergirnos con los cinco sentidos en un entorno imaginario, y esa posibilidad ya está aquí. La apuesta por el desarrollo de dispositivos de realidad virtual de bajo coste orientados a videojuegos está impulsando la industria de contenidos digitales hacia este segmento. Ahí están el Oculus Rift cuyo lanzamiento definitivo se espera para el primer trimestre del próximo año, y los proyectos de Samsung Gear, el VIVE de HTC o el Morpheus para PS4. Se estima que estos dispositivos alcanzarán cuotas altas de penetración en los hogares para 2018, con 170 millones de usuarios de estas tecnologías y sus aplicaciones de realidad virtual en todo el mundo para esas fechas. Aquí os dejamos un vídeo con demostración muy Matrix de lo que se ve en estos cacharros.

El Libro Blanco viene a decir (con otras palabras, claro) que teniendo en cuenta lo que nos gusta a los españoles tener nuevos aparatitos en casa, uno de cada cinco jugadores tendrá un dispositivo de realidad virtual en su hogar para el mismo 2018. Ya hay empresas de contenidos y desarrolladores comercializando juegos de terror y aventura gráfica para la realidad virtual, como el “Dreadhalls”, pero además de puro entretenimiento, los juegos de realidad virtual también pueden ser educativos en áreas como ciencias, matemáticas, historia y lengua. Así lo cuentan en este artículo.

Gamificación

La gamificación, o uso de las mecánicas de los juegos en entornos y aplicaciones no lúdicas, lleva ya un tiempo aplicándose en áreas como el marketing, las artes y el entretenimiento, pero este informe hace especial hincapié en la previsión de desarrollo en el ámbito de la formación en los próximos años. La gamificación es una herramienta buenísima para motivar, mejorar la concentración y el rendimiento en cualquier actividad formativa dentro y fuera de los ámbitos puramente educativos. Y, como recuerda el informe, se puede aplicar a algo más amplio: las actividades cotidianas.

Son una herramienta interesante para conseguir buenos resultados si se diseñan cursos online. Según el estudio, el 89% de los encuestados aumentaría su implicación en uno de estos cursos si tuviera asociado un sistema de puntos de los que suelen utilizarse cuando se aplica la gamificación. Y no estamos hablando de niños o jóvenes, sino de adultos que, teniendo en cuenta la poca disponibilidad de tiempo para formarse, encontrarían motivación extra para hacerlo.

Pero además de un poco más de atractivo, las técnicas de gamificación incorporan un extra muy interesante cuando hablamos de actividades formativas organizadas desde la biblioteca: las herramientas sociales que conforman auténticas comunidades de práctica, y que potencian el aprendizaje informal.

Según el informe, la industria del videojuego en España ya está mirando con mucho cariño la incorporación de todas estas ideas en la producción de videojuegos, por lo que es de esperar que en los próximos años crezca la oferta y su uso.

Para entender mejor lo que es la gamificación, aquí os dejamos “Sight”, un estupendo corto sobre un futuro demasiado “gamificado”. Incluye un claro mensaje sobre cómo NO ligar.

Juegos serios

Los juegos serios son los que se utilizan con fines distintos al entretenimiento, y que se aplican a áreas como la educación, la salud, la cultura o la inclusión. Puede llegar a confundirse con la gamificación pero el informe aclara que no es lo mismo: los juegos serios se platean pensando exclusivamente en el aprendizaje en un determinado ámbito mientras que la gamificación “se entiende como algo más amplio, ya que se basa en a tarea, en las actividades cotidianas con el propósito de persuadir, motivar y, en definitiva, conseguir la participación de las personas”.

Respecto a la formación, los juegos serios mejoran el conocimiento conceptual, la confianza en uno mismo, la retención, el conocimiento práctico y el número de tareas completadas. Por todo ello, según el estudio, se prevé un crecimiento exponencial en los próximos años. En concreto, en los ámbitos de educación, turismo y terapias médicas, la producción de juegos serios crecerá de media un 16% anual de aquí a 2020. La gran mayoría de los juegos educacionales aprovecharán, además, el creciente uso de dispositivos móviles.

Para más información os recomendamos que visitéis asiduamente la web de la AEVI que publica interesantes estudios sobre tendencias y videojuegos más populares. ¡Feliz semana!