Bibliotecas wannabe

 

El lanzamiento el pasado 2 de noviembre de 2018 del segundo disco de la cantante Rosalía: ‘El mal querer’ es la culminación de una de las campañas de marketing más exitosas que se recuerdan en nuestro país y que, es más que probable, será estudiada y puesta como ejemplo (o al menos deberían) en las escuelas de negocios al igual que hace años se estudiaba la carrera de Madonna.

No sabemos si llegarán a crearse en los ambientes académicos universitarios más inquietos unos Rosalía Studies como se han desarrollado los Madonna Studies en muchas universidades internacionales (la más reciente en la de Oviedo): pero las lecturas de la nueva estrella de pop aflamencada se pueden extraer, sin duda, son de lo más jugosas. Y si las empresas y escuelas de negocios se fijan en las estrategias de las estrellas del pop: ¿cómo no lo hacen también las bibliotecas si tanto han adaptado conceptos empresariales como el marketing?

 

El fotógrafo Filip Custic, los vídeos de la productora Canadá, las coreografías de Charm La’Donna, los diseños de Palomo Spain, el cameo en la próxima de Almodóvar, las colaboraciones cool con Rossy de Palma: todo parece diseñado con tiralíneas de manera impecable para envolver el producto.

 

Ha conseguido conectar con el público ofreciendo: tradición y renovación, novedad y clasicismo, ambición y rigor. El componente escándalo tan determinante, en el caso de Madonna, no ha hecho falta forzarlo: la pudibundez y mojigatería cultural, tan de este siglo, en torno al apropiacionismo cultural: se lo ha servido sin ni siquiera tener que recurrir a religión o sexo (agotados tras tanta discípula de la ambición rubia) como en el caso de la estadounidense. Impecable.

Pero lo más sorprendente, lo más desconcertante: es que haya conseguido que los millennials alucinen con algo tan, en principio, poco comercial como es el cante jondo: y todo envolviéndolo en ropajes actuales. Hace meses alabábamos la falta de prejuicios al consumir cultura de los millennials; y lamentábamos su, en ocasiones, falta de curiosidad por el pasado. El éxito de Rosalía es el reverso positivo: mil referentes del pasado reelaborados con sonidos del presente.

¿Alguien duda de que sea pertinente fijarse en lo que hacen las estrellas del pop desde las bibliotecas ¿Qué llevan haciendo en los últimos tiempos sino intentando no perder los trenes tecnológicos, culturales o sociales que se cruzan en su camino para seguir, en realidad, vendiendo lo mismo?

Se habla mucho de las bibliotecas como instituciones culturales pero no tanto como locales de entretenimiento. Tal vez por eso el reciente vídeo realizado por el videoblogger Nas Daily para promocionar las bibliotecas de Toronto incurre de forma bienintencionada en determinados tópicos sobre las bibliotecas que pueden provocar cierto efecto rebote.

 

 

Evelio Martínez Cañadas en su post En defensa de la biblioteca “aburrida” celebra lo bien que, a tenor del vídeo, están innovando las bibliotecas de Toronto: pero matiza con una idea que se desliza de rondón demasiadas veces a la hora de intentar convencer de que las bibliotecas del siglo XXI son otra cosa:

 

“Insistir en que la biblioteca ahora ya no es aburrida porque ya es no es sólo libros es profundizar en la asociación entre la lectura y el aburrimiento, algo que francamente creo que no necesitamos”

 

Y esto, sorprendentemente (bueno no: en este blog ninguna conexión resulta ya sorprendente): entronca con las estrellas de la música.

El experimental e icónico Omega de Morente&Lagartija Nick.

Solo el tiempo dirá si la fiebre Rosalía da lugar a una artista con una trayectoria sólida, interesante y perdura en la cultura popular, española e internacional, o se diluye en el recurrente ‘tú antes molabas’ que tanto gusta en las redes. Sea como sea, una vez superado el impacto inicial, el mejor activo que posee Rosalía, aparte del talento que cada uno quiera reconocerle: es apoyarse en algo tan asentado, respetado (por sus aficionados) e incontestable como es el flamenco.

Todo su discurso renovador se  ha demostrado necesario, hábil e inteligente a la hora de proyectarlo a públicos ‘no usuarios’ de este estilo musical: los ropajes, los adornos pasarán de moda pero, mientras no se despegue de esa base de tradición, venda más o menos, tendrá más posibilidades de proseguir su carrera.

 

Martirio en los 80: dando una vuelta irónica, posmoderna y muy anclada en su momento de la copla. Décadas después su respeto a la copla y el jazz le han permitido seguir desarrollando su carrera una vez apeada de los accesorios más llamativos.

 

Y es que la obsesión por modernizarse a toda costa puede desembocar en el ridículo. El diccionario de la RAE entre las acepciones del término clásico, incluye aquello que “se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia”. Hace décadas, las creaciones aspiraban a alcanzar algún día la categoría de clásico; ahora va todo tan deprisa que no da tiempo a que nada se asiente el tiempo suficiente.

Cuando Andrés Trapiello lanzó hace unos años una edición de El Quijote modernizado que reabrió el viejo debate sobre lo idóneo, o no, de adaptar a la actualidad, obras inmortales. Desde académicas como Soledad Puértolas, o premios Nobel como Vargas Llosa, defendieron estas actualizaciones frente a voces como la de Alberto Manguel, que en un interesante artículo de ‘El País’: sostenía que estas adaptaciones no son más que muestras de pereza intelectual.

Tal vez, el mejor argumento para situarse en el punto medio en este debate, sea recurrir a las razones que Italo Calvino daba de ¿Por qué leer a los clásicos? Entre el listado de argumentos de su delicioso ensayo, quizás la razón número 13 que daba el inolvidable literato italiano nos resulte la más adecuada:

“es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo”

 

Las canciones y vídeos de Rosalía están llenas precisamente de ruidos de fondo e imaginería que resitúan una música tradicional en un entorno inequívocamente contemporáneo, pero a su vez, mantienen el respeto de base hacia la esencia de los palos del flamenco. Y en eso están también las bibliotecas.

Bibliotecas wannabe, porque con ese término se denominaba a las aspirantes al trono pop que desde los 80 ha ocupado Madonna: en el caso de las bibliotecas estas aspiraciones no son las de alcanzar ningún espacio sino de preservarlo. Como todo veterano del show business sabe: lo difícil no es tanto llegar como mantenerse.

El último ensayo del filósofo de moda (sí en todo hay modas) Byung-Chul Han aborda el asunto del entretenimiento. The show must go on que cantaba el recordado Freddie Mercury (ahora por cierto revivido en una versión algo disneyzada de su carrera): y dicho lema es igualmente aplicable a las bibliotecas. Como advierte el filósofo coreano:

“Hace ya tiempo que el entretenimiento se ha hecho también con la «realidad real» […] Para ser, para formar parte del mundo, es necesario resultar entretenido. Solo lo que resulta entretenido es real o efectivo.”

 

Seamos entretenidos, formemos parte de la industria del entretenimiento cultural, sea con maker spaces, videojuegos, robots, plataformas online o enseñando a cocinar sushi como en Toronto: pero por el camino no perdamos de vista esa bibliotecidad de la que hablaba José Pablo Gallo. De ese modo las bibliotecas conseguirán mantenerse al igual que, por ejemplo, Silvia Pérez Cruz dio otro giro al flamenco y a otros estilos, y sin tanto marketing como Rosalía, ahí sigue desarrollando su carrera.

 

Bibliotecas cazadoras de talentos

 

Kendrick Lamar se convirtió, hace unas semanas, en el primer rapero en ganar un Pulitzer. Hace 16 años la novela gráfica Maus de Art Spiegelman se convirtió en el primer cómic en ganar un Pulitzer. ¿Acudirán a partir de ahora usuarios, que en su vida han oído hip hop, a las bibliotecas solicitando discos de Lamar?

 

El disco de la década para muchos medios especializados: Damn (2017) de Kendrik Lamar.

 

Joaquín Sabina, cantautor siempre asociado a lo callejero, se ha acercado en varias ocasiones al rap. Con Manu Chao en concreto hizo un irónico tema bajo el título ‘No soporto el rap

La demanda de Maus por usuarios de bibliotecas que jamás leerían un cómic si no fuera porque lo vieron recomendado en su suplemento cultural de cabecera: es un hecho contrastado. Lo de Lamar es más difícil. No porque sea hip hop, ni porque el aura que pueda otorgar un Pulitzer haya perdido fuerza, más bien porque los préstamos de grabaciones sonoras en bibliotecas están en caída libre, y la música, se consume mayoritariamente en streaming.

Pero no estamos aquí para hablar (de nuevo) de prejuicios culturales. Que un premio prestigioso legitime formas de la cultura popular dejándoles la puerta de servicio entreabierta del canon de lo que hay que leer-escuchar-mirar-observar: es algo que la profesión bibliotecaria debería tener superado desde hace mucho. Pero no es así. Pese a ser profesionales de la cultura, los prejuicios, les afectan a los bibliotecarios como a todos. Tampoco vamos a obviar que la brecha generacional en muchos casos juegue a la contra.

 

Lola Flores, precursora del rap incluso antes de que se inventase.

 

El cómic, recién publicado en nuestro país, sobre la historia del hip hop: Hip hop family tree de Ed Piskor.

El hip hop nació callejero, ha ido mutando en garitos, salas de conciertos y periferias de las grandes ciudades. Y ahora, definitivamente, reivindica su lugar en las bibliotecas. Puede que los propios hiphoperos no sean consciente de ello: pero por eso deben serlo los bibliotecarios.

Y quien dice hip hop, dice rock, punk, electrónica, folk, clásica, jazz, pop o, ¿por qué no?, reguetón. Es lo que hace la Biblioteca del Condado de Hennepin en Minnesota a través de su plataforma MnSpin.

Minnesota cuenta con una rica escena musical, y la biblioteca, ha creado una plataforma para que los músicos locales puedan difundir su trabajo y llegue directamente al público.

En Bibliotecas indies, bibliotecas mainstream ya hablábamos de herramientas como Self-e de autoedición, que gracias a recurrir a las bibliotecas como vías de distribución, estaban consiguiendo que muchos escritores desconocidos fueran haciéndose con un público cada vez mayor. Con casos como el de Hugh Howey, autor de la serie Wood, que consiguió vender más de dos millones de libros gracias al apoyo inicial por parte de las bibliotecas.

 

 

MnSpin de la Biblioteca del Condado de Hennepin aspira a lograr algo similar con el talento local. En nuestro país tenemos antecedentes tan estupendos como la Biblioteca-Rockoteca de Peralta (Navarra) que lleva desde 2012 engrosando una de las colecciones más completas sobre rock, organizando conciertos y diversas actividades en torno a la música. El ejemplo de la biblioteca estadounidense es un paso más en este sentido que comparte con otras bibliotecas (las de Seattle, Portland y Nashville) al ofrecer la posibilidad de descargar gratuitamente, a todo el que tenga carné de biblioteca, la música de los artistas locales de cualquier estilo o tendencia.

Una vez al año, se abre el plazo para que nuevos artistas envíen su trabajo a la consideración del comité de expertos, que selecciona lo que va a subirse a MnSpin. Y no solo difunde, también se les ayuda con 200 dólares para que puedan producir sus grabaciones.

 

Shreya Preeti ha subido su álbum ‘Entrance’ a la plataforma MnSpin de la Biblioteca del Condado de Hennepin y ha conseguido difusión y financiación.

 

Bibliotecas-editoras, bibliotecas-discográficas, y ahora: Bibliotecas cazadoras de talentos. Suena demasiado ambicioso pero si el mercado barre a pequeñas editoriales y sellos de discos: ¿por qué no van a compensar las bibliotecas ayudando a proteger la libertad creativa de discursos que pueden ser inicialmente minoritarios?

El amado/odiado disco de C Tangana.

Es obvio que con Youtube y demás plataformas digitales muchos de los artistas actualmente super ventas tuvieron un estupendo trampolín (Ed Sheeran,  The Weeknd, o más cerca, Pablo Alborán).

Pero las bibliotecas pueden aportar un criterio a la hora de seleccionar y ofrecer esa confianza que tanto se alaba cuando se habla de comercios de proximidad versus grandes superficies comerciales.

 

El controvertido C Tangana, ídolo del hip hop patrio, que está empeñado en cuestionar el mundo musical a través de sus actitudes, campañas publicitarias y conciertos. ¿Verdad o timo? como suele plantear la web especializada Jenesaispop.

 

Pero si hay un género, junto al heavy, que moviliza a grandes sectores de juventud pero no recibe el apoyo de la industria: ese es el hip hop. Entre la invasión electro-latina y los clichés del indie parece como si no quedase espacio para más. Pero sí lo hay: las bibliotecas.

Los raperos son el equivalente a los cantautores de los 70 en nuestro país. Los cantautores bebían de la chanson francesa  y los raperos patrios puede que beban de los MC estadounidenses en música, actitudes y discursos: pero hablar de limusinas, pibas, dinero, pistolas y mansiones resulta un tanto impostado (por no decir ridículo). Por eso a la hora de rimar tiran más de referentes literarios y cinematográficos, que los separan de sus modelos yanquis, y los acercan a las bibliotecas.

 

En 2005 con motivo del centenario de la BNE el rapero Zenit participó en un espectáculo en las puertas de la Biblioteca con bailarines de breakdance en el que se rapeó El Quijote.

 

La aclamada trilogía de Virginie Despentes, en la que parte de la figura de un roquero en decadencia, para hacer una cruda crónica de la sociedad francesa actual, y por extensión, de la sociedad occidental.

El rock ha muerto, el punk ha muerto, el grunge ha muerto, el acid house ha muerto, el reguetón ha muerto…al igual que todo nombre de famoso si se busca en Google te sugiere que es gay: todo género musical tiene o ha tenido la coletilla “ha muerto” aplicada en numerosas ocasiones. Otro tanto dicen del hip hop (para así dejarle sitio al trap) pero no lo parece cuando figuras como C Tangana dominan las listas con su propuesta rapera cuestionando la fama mientras se va haciendo más y más famoso.

El hip hop se alimenta de rimas, y letras, letras muchas letras. “Los poetas olvidados” como denominaba a los raperos españoles un artículo de la revista cultural digital ‘Le Miau Noir’. Violadores del versoMala RodríguezSFDKZenit, la malograda Gata Cattana, Lechowski, Sharif Fernández, Los chicos del maíz, RapsuskleiPiezas, etc… son muchos los intérpretes de rap españoles cuyas letras son la poesía de más de una generación. Viene siendo un recurso habitual por parte de profesores de secundaria, explotar las concomitancias entre rap y poesía para atraer a sus alumnos hacia la lectura: ¿y las bibliotecas?

No hacía falta que le dieran un Pulitzer a Kendrick Lamar para que la conexión biblioteca-hip hop se formalizara. Tienen demasiados puntos en común como para no aprovecharlos. La biblioteca freestyle es la biblioteca del futuro, que es presente, la biblioteca que improvisa y no tiene miedo a equivocarse, a trastabillar y experimentar con las bases (de lo que es una biblioteca), ni con las rimas (porque –teca rima ya con todo: no solo con libros).

 

 

Piezas dedicó un tema a Holden Caulfield, el personaje que ha devenido en estereotipo del inconformismo juvenil, que protagoniza El guardián entre el centeno. Piezas trabaja de mozo de almacén en Barcelona entre semana, y los fines de semana, se convierte en una de las figuras mas respetadas en el circuito de hip hop junto al, productor y DJ, Jayder. Un rapero que titula un disco Melancholía (2015) por la película de Von Trier, dedica un tema al libro de Salinger, declara su amor a Nietzsche, e inspiró otro tema en la novela Tokio blues de Murakami. No le hacen falta más credenciales para cerrar este post refrendando todo lo dicho.

 

CDU 133: estanterías bajo sospecha

 

Se pueden leer en los libros muchas cosas más allá de lo que en ellos está escrito. Como si de posos de café, de líneas de la mano o de cartas del tarot se tratase. Es lo que  debió pensar Georgia Grainger, bibliotecaria de Charleston, en Dundee (Escocia), intrigada por el hecho de que en la página número siete de muchos libros de su biblioteca apareciera una señal.

Rápidamente la imaginación calenturienta de Georgia, como buena bibliotecaria, elucubró mil explicaciones para estas marcas. El reciente envenenamiento del espía ruso, en Reino Unido, le llevó a pensar en una red de espías comunicándose en clave a través de los libros de las bibliotecas; también cabía la posibilidad de tratarse del rito oculto de alguna secta; o de un asesino en serie que utilizaba esta táctica como un código secreto.

 

Una de las novelas de la biblioteca escocesa con la página siete marcada.

 

La conjura illuminati, con las bibliotecas de por medio, parecía a la vuelta de la esquina. La explicación, finalmente, resultó ser menos novelesca de lo que Georgia había imaginado.

Según le desvelaron otros colegas con más recorrido: dichas señales o símbolos las hacían los usuarios más veteranos de la biblioteca que, de este modo, sabían los libros que se habían leído y no se los volvían a llevar en un despiste. Que el sistema informático de la biblioteca guarde memoria del historial de sus préstamos les resultaba irrelevante: ellos prefieren el sistema tradicional. La arruga, una vez más, siendo subversiva.

Y a los bibliotecarios escoceses, no solo no les parece mal, sino que les resulta entrañable. Lo realmente intrigante es que cuando Georgia se decidió a compartir su hallazgo en Twitter: empezara a recibir mensajes de colegas desde los Estados Unidos, Australia, e incluso Rusia, que afirmaban que también en sus bibliotecas muchos libros estaban marcados en la página 7. La disidencia digital de la tercera edad traspasando fronteras.

 

El hashtag (#bibliotecariasintapujos) ha dado lugar a una entrada en el Bibliodiccionari que lleva años desarrollando el blog de Biblioaprenent.

 

El subrayado de libros de biblioteca es un asunto que da para mucho y no siempre en negativo. Una de las bibliotecarias enmascaradas que protagonizaban nuestro Menú del día para mujeres bibliotecarias, María, declaraba al rememorar las razones de porqué se había hecho bibliotecaria: “lo emocionante que me pareció abrir un libro que habían leído otras personas“. Una de las maneras de constatar que un libro de biblioteca ha sido leído es encontrarlo subrayado.

Descubrir los fragmentos que han emocionado, interesado, asombrado a alguien anónimo que nos antecedió leyendo ese ejemplar que tenemos entre las manos: puede resultar intrigante. El subrayado invita a fabular con la identidad de quien lo hizo, sobre todo, si lo que subrayó nos conmueve a nosotros también. Un espejismo de compañía como los ruidos tras las paredes en la habitación de un hotel. Hay algo que reconforta al saberse en conexión con las ideas de otra persona que ni siquiera conocemos. Si Nokia ‘Conecting people’, las bibliotecas conectan mentes. El reverso de tanto lirismo es el cabreo monumental que sacude a todo bibliotecario que descubre las páginas de un libro subrayadas. La hipotética empatía intelectual con el desconocido se desvanece en un segundo ante el celo profesional bibliotecario.

 

 

Los mensajes ocultos en libros dan dado para mucho, tanto en literatura, como en cine: pero también en la música. En 2014, el grupo Coldplay, lanzó su disco Ghost stories, y para la campaña de lanzamiento, recurrieron a las bibliotecas. La manera de crear expectación consistió en lanzar pistas, a través de Twitter, para que sus seguidores pudieran localizar nueve sobres que habían sido escondidos en nueve bibliotecas de todo el mundo. Dentro de esos sobres se encontraban las letras manuscritas de las canciones que componían esas historias fantasmales. Si Coldplay cotiza a la baja en el baremo crítico de los que van de cool, desde esa campaña, cotizarán siempre al alza en el mundo bibliotecario.

Pero por mucha poesía y literatura que queramos echarle a los misteriosos hallazgos que podemos encontrar en las baldas de una biblioteca, siendo sinceros, también hay que reconocer que precisamente la estantería dedicada a las ciencias ocultas (pese a que pueda ser de las más frecuentadas por ciertos usuarios) no es de las más queridas por muchos profesionales. Hay números de la CDU que están bajo sospecha, estanterías cada vez más cuestionadas, que no se libran de polémica.

 

 

Jobs trató su cáncer recurriendo a medicinas naturales. Durante toda su vida releyó un libro trascendental para él: ‘Autobiografía de un yogui’ de Yogananda Paramhansa.

El 113 de ocultismo directamente puede dar yuyu a más de un bibliotecario; así como el 615 que acoge los muy cuestionados manuales sobre homeopatía: que está provocando no pocos quebraderos de cabeza cuando los enemigos de todo tipo de medicinas alternativas: denuncian que libros sobre materias, fuertemente cuestionadas por la ciencia, estén presentes en un servicio público. De las inquisiciones religiosas a las científicas.

Un inciso a este respecto: Steve Jobs, dios laico de la revolución digital que estamos viviendo, creía en la homeopatía. Su fe podría deberse a la desesperación al serle detectado el cáncer que acabó con su vida; o en una interpretación cortesía de la casa: a un deseo por tener algún escape al mundo estrictamente racional que estaba ayudando a crear a través de la tecnología. Una necesidad de magia, de milagro, de irracionalidad.

También nos consta que en alguna biblioteca se han presentado reclamaciones por el hecho de que la homosexualidad, desde el punto de vista médico, comparta balda con la drogodependencia al ser englobadas en el número que se corresponde con Higiene general. Presuponiendo un juicio moral por parte de los catalogadores que lo único que hacen es aplicar el criterio numérico de la CDU.

Tanto en el caso del ocultismo como en el de la homeopatía el debate se plantea espinoso: ¿deben atender las bibliotecas a los gustos/demandas de los usuarios sin entrar a juzgarlos? ¿o debe primar el rigor científico y no permitir que supercherías como el tarot, la cartomancia, la numerología o la sanación espiritual hollen las colecciones? ; ¿dónde poner los límites? ; ¿acaso no es libre de creer cada uno en lo que le haga feliz, y a exigir, que la biblioteca pública le suministre lo que le gusta? Una vez más el criterio prescriptor (o más bien: los criterios de selección bibliotecarios) a examen.

 

Esto es lo que aparece si se accede a la web: cómofuncionalahomeopatía.com

 

Y en el tramo final del post vamos a darnos un capricho. Tal vez sea el influjo del bicentenario de la célebre velada en el lago Lemán: en la que nacieron obras seminales de las tensiones entre ciencia y el mundo de lo oculto como Frankenstein (muy presente, pero que muy presente, en algunas bibliotecas) o Drácula: pero el caso es que (copiando a Jobs) queremos refugiarnos en lo irracional, en lo telúrico, en lo innombrable. Será que el exceso de tecnología y ciencia nos hace necesitar que nos sigan seduciendo con lo maldito. Hay mucho donde elegir, pero en este post nos quedamos con una obra de lo más sugerente, en la que creación literaria y malditismo se dan la mano: la novela gráfica El cuarto de Lautréamont.

Todo en esta obra te lleva a la intriga, desde el mismo origen que, aseguran sus autores, tuvo el cómic en cuestión, y que no hay manera de saber si es un relato fidedigno o forma parte todo de una representación.

 

 

Situada en el París de las vanguardias de principios del XX, por sus viñetas desfila un Rimbaud dando sentido pleno a la expresión de enfant terrible o el escritor Auguste Bretagne, que descubre el libro maldito por excelencia: Los cantos de Maldoror, y otros tantos descubrimientos inquietantes en el cuarto que da título al cómic.

“Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma, igual que el agua impregna el azúcar.”

 

Los cantos de Maldoror ilustrados por Corominas.

Así comienzan los perturbadores cantos que escribió el conde de Lautréamont (seudónimo de Isidore Lucien Duchase) un año antes de morir. Con ese relato de fondo, no es de extrañar que la historia de El cuarto de Lautréamont, sea toda una promesa para los que gustan de atmósferas mistéricas.

Pero no sólo entre las líneas de los libros se vislumbran las puertas a esos infiernos de ficción en los que les gusta recrearse a los amantes del suspense y la intriga. Si hay un lugar común en lo que se refiere a mensajes ocultos, ese sería el relativo a los mensajes subliminales ocultos entre los surcos de los vinilos. El Backmasking o los mensajes descubiertos al reproducir al revés una pieza musical. ,

Aleister Crowley, ocultista superstar.

Desde The Beatles, pasando por los Rolling Stones, Led Zeppelín, AC/DC, Marilyn Mason, Coldplay, Madonna, Ricky Martin, Prince o Nirvana y un largo etcétera, han sido acusados en algún momento, de camuflar mensajes diabólicos entre las estrofas de alguno de sus temas. Y si bien es cierto que la devoción de muchos músicos por figuras como la de Aleister Crowley, ponen fácil este tipo de ideas; el listado se cubre de gloria cuando se añaden nombres como Britney Spears, Paulina Rubio, la cantante infantil Xuxa, o hasta la italiana más española, Raffaella Carrà.

En estos casos, más que invocar al demonio, los temas de algunas de las citadas, invocan al buen gusto. Afortunadamente, éste no se digna a hacer acto de presencia, y nos da la excusa perfecta para exhibir de nuevo esa vena bibliobizarra a la que tenemos tanta fe.

Rememorar nuestra Biblioteca bizarra tiene todo el sentido estos días. La editorial Jekyll & Jill acaba de publicar un libro de relatos del escritor guatemalteco Eduardo Halfon bajo el título: ¡¡¡Biblioteca bizarra!!!. Tal cual. No vamos a dárnoslas de originales, pero ¿es posible que Halfon se inspirase en nuestro blog? No podemos saberlo, pero no deja de ser como lo de los subrayados en los libros: una conexión inesperada con un desconocido.

Tampoco sabemos si las canciones de Luis Brea y el Miedo contienen mensajes ocultos si se las reproduce al revés. A tenor del vídeo que rodó para su tema ‘Dicen por ahí’ lo único que queda claro es que, de contenerlos, invocan sin duda a espíritus iniciados en el culto a lo bizarro. Nada mejor para disipar el olor azufre que rodea al 133 de Ciencias ocultas en la CDU.

 

Canción de verano bibliotecaria

 

 

En el hemisferio en el que se cuece (literalmente) este blog: es verano. Y una de las tradiciones seculares del verano hasta hace no tanto: eran las canciones del ídem. Esas tonadas facilonas, de letras sonrojantes la mayoría de las veces, con ritmos básicos y a ser posible acompañadas de coreografías propias de una fiesta de fin de curso de parvulario. Por mucho que digan que la omnipresente Despacito de Luis Fonsi es la elegida para este 2017, no es cierto: la canción se publicó el 12 de enero y lleva triunfando en las listas desde entonces.

El cambio climático lo está trastocando todo. En el tiempo de la posverdad, el calentamiento global y las redes sociales: el dejarse mecer por un ritmo tontorrón y por letras simplonas ha perdido la estacionalidad. Ahora la canción del verano es la banda sonora de todo el año como las, antaño, serpientes de verano (esos culebrones informativos con los que se entretenía al personal mientras daban cabezadas): reptan por las redacciones y, sobre todo, por Internet durante los 12 meses sin interrupción. De hecho las canciones y serpientes de verano han ido emparejadas desde sus orígenes. Por eso no es de extrañar que el inevitable Despacito posea, según los expertos, lo que se denomina: gusano de oído.

 

Tuit del músico, productor y compositor Nahúm García en la que explica el secreto del éxito del tema de Luis Fonsi y Daddy Yankee. En la web musical Jenesaispop lo explican en detalle.

 

Son las conclusiones de Jessica Grahn, neurocientífica de la Universidad de Ontario, que recientemente concedía una entrevista a la BBC para tratar de explicar, científicamente, la razón por la cual determinados temas conocen un impacto global y consiguen arrasar por encima del resto. Un intento (vano) más por conseguir la fórmula del éxito.

Nada que reprochar. Será el calor, será el goteo incesante del tema de Fonsi y Daddy Yankee, será que los gusanos se han convertido en serpientes y nos colonizan el cerebro: que en este post nos rendimos a lo facilón, a la rima fácil, a la gracieta de adolescente. Lo cual no quiere decir que en el resto de posts no lo hayamos hecho: la diferencia es que aquí es de manera consciente. Después de todo ¿no aspiran las bibliotecas también al éxito masivo? De ahí que demos a todos los palos con este texto tutti frutti: en un intento por lograr ese estribillo redondo que siempre se escabulle .

 

 

Como cada verano diferentes administraciones ponen en  marcha las campañas de verano a través de los bibliobúses. En la ciudad india de Naihati  no cuentan con bibliobúses pero cuentan con el empeño y las buenas piernas de Alamgir Hossain Shrabon. Empeñado en hacer llegar la lectura hasta la última aldea: este profesor pedalea transportando un carrito de los que se usan como puestos ambulantes de comida repleto de libros.“Quiero erradicar la pobreza a través de la educación” declara Shrabon, que además, ha creado dos centros de formación para mujeres, así como talleres gratuitos para formar en el uso de nuevas tecnologías.

Pero de la edificante historia del profesor hindú, aparte de con su arrojo, nos quedamos con el carrito. Los jóvenes ya no tienen memoria de los clásicos carritos de helados o de comida que antaño circulaban por las ciudades. Salvo los puestos ambulantes que desfilan previos a alguna cabalgata o procesión: la venta ambulante de helados y alimentos es cosa más bien del pasado. Vivimos en la eclosión de los food trucks o furgonetas de comidas. Pero aquí y ahora apostamos por lo clásico.

¿No sería una buena idea rescatar uno de esos carritos de helados para prestar libros? Prestar libros y vender/regalar helados si alguna marca tuviera la visión comercial suficiente para promocionarse en alianza con la cultura. Puede que alguno de los libros terminase como los que aparecen en una de nuestras cuentas de Instagram favoritas: Ice Cream Books: pero el impacto que se conseguiría haría que mereciera la pena.

 

La Biblioteca Newberry de Chicago está especializada en colecciones sobre religión. Entre los 80.000 documentos que conforman sus fondos se encuentran no pocos textos sobre brujería, magia o espiritismo. Pero pese a lo antiguo de los fondos que allí se conservan: sus responsables han demostrado estar firmemente asentados en nuestros días. Ahora que tanto se habla de que los usuarios intervengan en la toma de decisiones de los centros bibliotecarios: la Biblioteca Newberry ha publicado en el portal Transcribing Faith tres manuscritos sobre magia para que cualquier internauta, que se vea capacitado, les ayude a transcribirlos, corregirlos y comentarlos. Un trabajo colaborativo para acometer una de las tareas, hasta ahora, más especializadas y celosamente reservadas por el gremio bibiotecario y archivero.

La gran Lola siempre adelantada a su tiempo.

Es lo que se lleva: presupuestos participativos, toma de decisiones asamblearias, la necesaria transparencia del sistema. Todo razonable, democrático, políticamente correcto y con la bendición que se le presume siempre a lo consensuado. Pero en tiempos en que prima el descrédito de la opinión docta y la desconfianza hacia todo lo que provenga de la academia: hay que estar bien alerta ante los inventos que puedan surgir de este afán por el igualitarismo a ras de tierra.

Como ejemplo el reciente anuncio de la RAE aceptando el uso de iros por idos: un necesario triunfo del uso popular de la lengua, que en las redes, se ha traducido en un nuevo linchamiento contra la labor de la RAE por tener un pasado machista. Una manera de mezclar churras con meninas (ya puestos a amoldar el lenguaje a nuestro gusto: ancha es Castilla) y es que “si me aconvenzo, si me aconvenzo” las cosas son como yo quiero que sean y se acabó que cantaba María Jiménez.

 

 

Cuando allá por el verano del 2001, la pareja formada por las tuneadas Sonia y Selena, copó las listas de éxitos con su tema Yo quiero bailar: no faltaron los comentarios insidiosos tildando a las esforzadas cantantes de parecer salidas de una de esas películas, que en los videoclubes, solían esconderse en los rincones más discretos del local. Y si hay un gremio que puede comprender mejor que ninguno lo injusto que resulta el que te cataloguen estéticamente en un estereotipo ese es, sin duda, el bibliotecario.

Algunos de los bibliotecarios retratados por Kyle Cassidy en su libro-homenaje a las bibliotecas y los bibliotecarios.

No sabemos si el último libro de la fotógrafa Kyle Cassidy va a incidir de alguna manera en que evolucione la imagen del gremio; pero incluye algunas reflexiones que nos gustan mucho. This is what a librarian looks like: a celebration of libraries, communities, and access to information (Esto es lo que parece un bibliotecario: una celebración de las bibliotecas, las comunidades y el acceso a la información) es el resultado de los viajes por los Estados Unidos de Cassidy fotografiando bibliotecarios y recogiendo sus opiniones e ideas en torno a su trabajo. Aunque se pueden seguir estableciendo ciertos criterios estéticos comunes entre algunos de los retratados: también hay disidencias estéticas que rompen el estereotipo. ¿Quién sabe? puede que dentro de poco el canon estético de Sonia y Selena termine asomando en futuros retratos del gremio.

Pero más allá de la apariencia, que por algo estamos hablando de bibliotecas, nos quedamos con las declaraciones de una de las bibliotecarias retratadas. Jaina Lewis, bibliotecaria juvenil en la Biblioteca de Westport, describe sus tareas de una forma con la que más de uno podrá identificarse:

“Por la mañana, soy una estrella de rock en una habitación llena de niños en edad preescolar; a mediodía, soy una trabajadora social ayudando a buscar recursos para la búsqueda de empleo; por la tarde soy una educadora que lleva a los niños a un taller de ciencias. Los bibliotecarios servimos para muchos propósitos y usamos distintos sombreros, pero todos sirven para lo mismo: cambiar vidas.”

 

 

El verano también es tiempo para nostalgias: ahí estaba el Dúo Dinámico, otros clásicos del repertorio veraniego, con su tema El final del verano. Pero no parece que haya sido ese tipo de nostalgia la que haya incidido en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos para publicar un libro en el que recupera el olvidado arte de los catálogos de tarjetas.

La estupenda encuadernación de The Card Catalog.

The Card Catalog: books, cards and treasures literacy (El catálogo de fichas: libros, tarjetas y tesoros literarios): en el que se reúnen algunas de las tarjetas que, durante décadas, sirvieron para recoger los datos de las publicaciones y para dejar fe del buen pulso de los catalogadores a la hora de completar las fichas. El libro deja constancia de los esfuerzos de los bibliotecarios por intentar organizar unas colecciones que crecían sin parar; e incluso se hace eco de las rivalidades que se establecieron entre bibliotecarios a la hora de imponer sus criterios.

La glaciación digital arrasó con todo ello, pero dejó algunas situaciones curiosas que el libro recoge: sobre el modo en que algunas bibliotecas se despidieron de sus viejos ficheros. En una biblioteca de Maryland ataron las fichas a globos llenos de helio y las lanzaron al cielo; otras celebraron incluso funerales en homenaje a sus entrañables catálogos de fichas.

Hoy día lo digital deja poco margen para imprimir un toque personal en un trabajo tan reglado como es la catalogación. La personalización se margina a los tejuelos, y como mucho, a los códigos de barras. ¿Los códigos de barras? Pues sí: los códigos de barras son como las caprichosas marcas que el bañador o los anillos (en caso de practicar el nudismo) dejan en la piel bronceada: una inesperada demostración de que la diferencia está en los detalles. Es una pena que la falta de tiempo no permita “customizar” los códigos de barras de las bibliotecas. Podría dar lugar a comentarios gráficos sobre la temática de los documentos tan estimulantes como estos que provienen (cómo no) de Japón:

 

 

Y hasta aquí llegó el repaso a algunas de las posibles tonadillas de verano con aires bibliotecarios. Quedan en el tintero éxitos potenciales como MARCarena de Los del Río, Sólo se registra una vez de Azúcar Moreno o Ven, catalógame otra vez de Lalo Rodríguez. Pero toda tontería tiene un límite. Es hora de desconectar y dejar que la audiencia relaje oídos y vista.

En los programas de entretenimiento de la televisión estadounidense se ha puesto de moda improvisar canciones con las estrellas que van de invitados. Estos sketches musicales son el equivalente frívolo a los conciertos unplugged (desenchufado) que tan en boga estuvieron hace un tiempo. Así pues vamos a desenchufar durante unas semanas este blog con un tema muy apropiado: el Holiday de Madonna cantado en el show de Jimmy Fallon: ¡Holiday! ¡Celebrate!

 

 

Sexo, drogas y tejuelos. Cara A

 

Portada de la cantante y actriz francesa nacida en Alicante: Jeanne Mas. Ejemplar digno de formar parte de nuestro reto #bibliobizarro.

 

Puede que los Rolling sigan saliendo de gira, puede que Springsteen siga reventando estadios con su vozarrón, y hasta que Rosendo actúe un año más en el Viñarock. Pero hay frases a las que les queda menos fuerza que a una litrona sin tapón en un botellón del mes de agosto.

Rock is dead
(El rock está muerto)

 

Marco incomparable, los viejos roqueros nunca mueren o sexo, drogas y rocanrol: estas frases, y muchas más por supuesto, deberían aparecer tachadas, en cualquier manual de estilo que se precie. Después de décadas de pop, música electrónica, punk, grunge, hip hop, ambient, trip hop, tecno industrial, etc…: el rock, tal y como se entendía en tiempos de Woodstock, resulta de lo más conservador.

Dos de los integrantes del grupo de trap nacional: PXXR GVNG (ahora llamados Los Santos) durante el rodaje del vídeo para su tema: Tu coño es mi droga.

Ni uno solo de los movimientos juveniles que han surgido desde que en los 60, los publicistas, decidieron encumbrar lo juvenil a los altares: ha sobrevivido al margen del sistema. Ahora se habla mucho del trap y su rabiosa independencia, de su discurso fuera de los estándares del capitalismo, de su orgullosa marginalidad enraizada directamente en el lumpen. Y desde el mismo momento en que saltó su nombre a los medios ya empezó la cuenta atrás para ser asimilado por la industria.

En fin que le vaya bonito el espejismo de rebeldía a esa mezcla de reggaetón con electrónica saturada de voces distorsionadas por autotune que define al trap. Nosotros con la sabiduría que nos aporta hablar de instituciones muuucho más antiguas que el rock, e incluso que el blues, el soul y toda la música negra de la que provienen los sonidos de toda la cultura juvenil occidental: regeneramos el lugar común y reiteramos que la única rebeldía posible, hoy día, pasa por las bibliotecas.

We can be heroes, just for one day
(Podemos ser héroes, solo por un día)

Sexo, drogas y tejuelos. O lo que es lo mismo: si se trata de manifestar la disconformidad, el rechazo, o simplemente la urgencia por crear un mundo propio no hay nada más revolucionario que usar (que no ocupar como simples estudiantes) una biblioteca. Ya sosteníamos que Las bibliotecas son el nuevo rocanrol. Pero aquí vamos más allá. Los “malotes” del rap, del hip hop o del trap se han esforzado y se esfuerzan hasta la extenuación por desmarcarse, por hacerles continuas peinetas a todo y a todos: y no contemplan ni por asomo el hecho más subversivo que, tras décadas de gestos juveniles estereotipados, supone el explotar los fondos de una biblioteca.

Jesus died for somebody’s sins / But not mine
(Jesús murió por los pecados de alguien, no por los míos)

Algunos con más visión de futuro sí han sabido verlo. Y así tipos como el rapero El Piezas se volcaron a leer la obra de Nietzsche tras descubrir lo mucho que su admirado Marilyn Manson lo citaba en sus canciones; o el también rapero (antes-molaba-se-ha-vuelto-muy-comercial-se-ha-vendido) C. Tangana que empezó con lo de las rimas mientras cursaba Filosofía en la Complutense; o los que fueron los archienemigos de este último, Los Chikos del Maíz, y sus variadas referencias literarias y cinematográficas. Desde Inglaterra la rapera y escritora Kate Tempest mezcla a Virginia Woolf, Yeats, la Odisea o la figura de Tiresias que impregnan tanto sus obras literarias como sus rimas raperas.

Luego por supuesto quedan los clásicos. Keith Richards, satánica majestad reconvertido en santo patrón bibliotecario tras desvelar en sus memorias: que alguna vez hasta había pensado en retirarse  para formarse como bibliotecario.  Eso no quita para que también, según noticia publicada en el Daily Mirror hace unos años: el guitarrista de los Rolling acumulase una deuda de hasta 3.000 libras por retraso en devolución de obras en una biblioteca. En fin que nadie se ponga moralista, que si se hiciera una auditoría por retrasos en los carnés personales de los bibliotecarios y sus familias: seguro que lo de Richards se quedaba en una fruslería.

 

Knock-knock-knockin’ on heaven’s door
(Toc, toc, llamando a las puertas del cielo)

 

Morrisey junto a su madre.

Pero la nómina de músicos con afinidades bibliotecarias no acaba aquí. En un repaso con flow podríamos hablar de Bowie que se definió así mismo con la frase “nací bibliotecario con instinto sexual (sic). A Bowie le perdonamos esto y más, pero ¿en qué estaba pensando? ¿cómo creía que se reproducen los bibliotecarios? ¿por esporas? Lo bibliotecario, en el caso de Morrisey, lo llevaba en las venas. Su madre fue bibliotecaria y se ocupó muy bien de cultivar el amor por los libros en su inquieto vástago. Solo hay que repasar la discografía de The Smiths para constatarlo.

En nuestro país la que más veces, y más claro, ha declarado su amor por la profesión bibliotecaria ha sido Alaska. Su marido Mario Vaquerizo nunca ha tenido reparo en reconocer que copia todo lo que le gusta: así que no es de extrañar que hace poco se matriculase en Biblioteconomía en la Complutense. Parece que finalmente lo ha dejado, debe ser duro eso de compaginar la vida de estrella mediática con las reglas de catalogación; pero le dio tiempo incluso a formar parte de la felicitación navideña de una biblioteca.

 

Alberto García Alix fotografiando a la bibliotecaria vocacional Alaska.

 

Poor is the man whose pleasures depend
on the permission of another
(Pobre es el hombre cuyos placeres dependen
del permiso de otros) 

 

Ralf König dando de nuevo en el clavo en su última novela gráfica. La evolución del erotismo a través de los avances en soportes de la pornografía.

Pero hemos prometido rescatar del desguace la famosa tríada. Y si esta empieza con sexo. Justo es que hablemos de sexo (sin que Elena Ochoa vaya a aparecer por ningún sitio). Por seguir con frases a tachar la de vive rápido y deja un bonito cadáver: con la de terroristas suicidas que oscurecen nuestro horizonte: ha perdido cualquier atisbo de gracia que pudiera tener. Y otro tanto valdría para el sexo: se abusa y se ha abusado tanto de él como reclamo en vídeos, letras y poses: que no es de extrañar que algunos estudios sostengan que los millenials son la generación a la que menos les interesa el sexo.

Se consuma, o no, porno: la pornografía está omnipresente en nuestras vidas. Lejos ya de lo sicalíptico, de la pillería del porno setentero influido por las teorías del amor libre hippie, y del ingenuo destape de nuestra Transición: la industria pornográfica ha monopolizado las expresiones de lo erótico en nuestra sociedad.

No es de extrañar que colecciones como La sonrisa vertical echaran el cierra allá por el 2004: la eficacia industrial del porno digital ha manufacturado hasta la última de las fantasías sexuales despojándolas de cualquier misterio. Incluso desde dentro de la propia industria están surgiendo voces que defienden otras maneras de representar lo sexual de las que ya hablamos en Desnudos integrales sin exigencias del guión (Shakespeare y el porno).

I love to love you baby…
Do it to me again and again
(Adoro amarte baby
Házmelo una y otra vez)

Por eso se hace más importante que nunca reivindicar el erotismo desde la biblioteca. En Acróbatas del tejuelo: libertad de expresión en bibliotecas recogíamos casos reales de censura en bibliotecas españolas. Podríamos añadir la que aconteció en la biblioteca X,  hace unos meses, cuando al querer acoger unas jornadas sobre erotismo en las que participaban sexólogos, psicopedagogos (que no gogós) y neuropsicologos: fue vetada por los responsables políticos al no considerarlo apropiado para una biblioteca.

En fin. Tal vez si tuviéramos la tradición de bibliotecas nacionales como la de Francia (con su sección  L’Infern (El infierno) o la British Library con su Private case (Baúl privado): no habría pasado algo así. Nuestra Biblioteca Nacional no tiene una sección dedicada al erotismo, lo cual no quiere decir que no cuente con fondos sobre la materia, pero sin darles el protagonismo que por ejemplo le dieron franceses o ingleses. En su ensayo Culturas del erotismo en España 1898-1939, la profesora española de literatura de la Universidad de California, Maite Zubiaurre sostiene que en España unimos mucho el humor con el sexo por pura vergüenza, por haber sido históricamente incapaces de asumirlo con naturalidad.

Ay qué gustito pa mis orejas
Enterradito entre tus piernas

 

 

El pasado mes de abril se inauguraba en la biblioteca patrimonial de la ciudad gala de Dijon la exposición Project X. Dicha exposición se encuadra dentro de un programa cultural que está desarrollando la biblioteca orientado a público adulto, en el que además de mostrar algunos de los tesoros “ocultos” de las colecciones: se celebran encuentros literarios en torno al amor, el deseo, el placer, en definitiva, el sexo.

Desde el siglo XVIII hasta nuestros días: los libros, ilustraciones, grabados o postales recorren los vericuetos del deseo y sus representaciones. El material más “sensible” se resguarda tras una pantalla simulando un espacio que denominan como en la biblioteca madre francesa: el infierno. Tiene restringida la entrada a menores de 16 años, pero como declaraba el responsable de la exposición el día de su inauguración: “los adolescentes de hoy han visto cosas peores en la web.

 

Detalle de la revista bianual dedicada al erotismo más cool: Odiseo.

 

Las clandestinas Biblias de Tijuana que desde los años 20 a los 60 ofrecían la versión porno de las historias que Hollywood servía en la gran pantalla.

En la Biblioteca Pública de Nueva York, el año pasado, se centraron en recuperar y restaurar algunos de las obras más tórridas de sus colecciones. Esos títulos marcados con *** que venía a indicar a principios del siglo XX, tal cual como los rombos en los programas de televisión, que los contenidos eran para adultos. Aunque las colecciones que la Biblioteca conserva de índole erótica no estén en una sección, sino dispersos por sus diferentes sedes, en ningún caso alcanzan el tamaño e interés que tiene L’Infern francés (ya se sabe que nuestros vecinos del norte siempre han sido unos avanzados en estas cuestiones). No obstante localizaron algunas obras de lo más curioso.

Girl, you’ll be a woman soon
Soon, you’ll need a man
(Chica, pronto serás una mujer
Y pronto necesitarás a un hombre)

Número especial de la revista Playboy impreso en braille.

Entre literatura pulp, postales y pósteres. Se localizaron libros disfrazados de tratados de sociología con títulos tan sugerentes como: Los orgasmos de masas: un estudio de sexo en grupo o camuflados como tratado de leyes bajo títulos como La fornicación y la ley. Estas obras vienen a ser, en formato impreso, lo que muchas cintas de VHS, en la década de los 80, suponían respecto a los grandes éxitos del cine o la televisión.

Falo Crest, La guarra de las galaxias, Eduardo Manopajeras, Semental Querido Watson o Mujeres al borde un ataque de miembros. Todas ellas dignas igualmente de nuestro #bibliobizarro.

Aunque en los fondos también incluyan documentos con firmas más respetables, pero igualmente rijosas: desde dibujos animados del novelista Jack Kerouac, fotografías eróticas de Man Ray con poemas de Benjamin Péret o incluso dibujos a lápiz de William Faulkner en pleno ayuntamiento (carnal) con su amante Meta Carpenter.

Only you can cool my desire
Oh, I’m on fire
(Solo tú puedes calmar mi deseo
Oh, estoy ardiendo)

 

La sound wave (ola de sonidos) de la artista Jean Shin.

 

En definitiva, la cuestión del erotismo en las bibliotecas se resuelve sabiendo en qué espacios ubicar los materiales o las actividades que se programen; y concretando a qué público van dirigidas. La biblioteca del siglo XXI puede y debe hablar de todo, y por lo tanto debería acudir al rescate del erotismo desde la cultura. Que su única contribución fuera la de proveer de obras tipo Cincuenta sombras de Grey a los ciudadanos, francamente y sin juzgar los gustos de nadie, sería empobrecer algo tan interesante y necesario.

 

Charlotte Gainsbourg es una de las actrices fetiche del provocador cineasta Lars Von Trier. Y fue la protagonista de su díptico Nymph()maniac (2013)

 

De este post se podrían sacar varios singles. Huelga decir que pese a su publicación en digital ha nacido con alma de vinilo. Por eso la próxima semana le daremos la vuelta en el plato y dejaremos que la aguja gire en los surcos de su Cara B. De momento lo dejamos en todo lo alto (y se admiten segundas y terceras lecturas a esta frase).

Entre las abrasivas estrofas que jalonan las diferentes pistas de este texto no hemos incluido el clásico por antonomasia: el Je T’aime,…moi non plus de Jane Birkin y Serge Gainsbourg. Es mejor quedarse con una de las consecuencias de su orgasmo a 45 rpm: su hija, la actriz y cantante, Charlotte Gainsbourg.

 

Lectura por grupos musculares

 

Todo va tan rápido que ignoramos las señales hasta que el choque es inevitable. Los cierres de bibliotecas en Reino Unido de los últimos años estaban creando el caldo de cultivo perfecto para el triunfo del brexit. ¿Qué otra cosa más que la cerrazón intelectual y reflexiva (independientemente de lo que se opine sobre la UE) se podía prever del debate público en un país que ha pasado de crear  instituciones como las bibliotecas públicas a cerrarlas a mansalva?

Y las señales, bueno no, las evidencias prosiguen día a día. La última: la amenaza de cierre de bibliotecas en el distrito sur de Londres, concretamente: de la biblioteca de Carnegie en Herne Hill y la de Minet en Myatt’s Fields. Según las autoridades municipales de Lambeth para reconvertirlas en gimnasios. Buena idea, así los hooligans tendrán más sitios donde ejercitarse, y cuando viajen de nuevo a Madrid por un partido de la Liga de Campeones; en lugar de tomarse un relaxing cup of coffee in the Plaza Mayor: humillarán con más brío a indigentes y camareros.

 

 

Aunque hay que ser justo. Activistas londinenses (nos gustaría pensar que de ese 48,1% que votaron contra el brexit) se han movilizado en la campaña Defend The Ten que persigue impedir a las autoridades esta reconversión gimnástica de las emblemáticas bibliotecas del barrio. Tienen argumentos en los que apoyarse: según las estadísticas de 2015 ambas bibliotecas mejoraron en número de visitas, nuevos socios, préstamos y colecciones.

La última acción de esta plataforma Defend The Ten ha sido rodear las citadas bibliotecas con las cinematográficas cintas policiales que señalan el escenario de un crimen. La mayoría, afortunadamente, sabemos de estas cintas por las películas y confiamos en no tener que verlas en la vida real; pero la protesta no puede resultar más elocuente. ¿A cuántos lugares no nos gustaría envolver con las fotogénicas cintas? Pero las autoridades municipales del distrito londinense tienen antecedentes en convertir bibliotecas en gimnasios a pocos kilómetros.

 

La biblioteca de Carnegie en Londres escenario del crimen.

 

En el más céntrico y también cinematográfico barrio de Notting Hill (aquel en donde un modesto librero enamoraba a una estrella de Hollywood): una orgullosa placa en los números 206-208 de la calle Kensington Park Road anuncia The library. Por el aspecto externo podría serlo, y una vez dentro sus salones y espacios dejan claro que allí hubo una biblioteca de verdad: pero la maquinaria que ahora ocupa el espacio del patio central evidencia que hace tiempo se transformó en un exclusivo centro deportivo.

 

The library, el gimnasio inteligente en Notting Hill.

 

Tanto la imaginería que utiliza este exclusivo club, como la terminología que aplica a sus diferentes servicios y actividades, explota el mundo bibliotecario. La pena es que una vez entras en secciones de su web con nombres tan prometedores como The reading room lo que te encuentras es una selección de revistas, artículos y capítulos de libros en PDF sobre alimentación, moda, o por supuesto, deporte.

Nada que objetar, salvo su falta de ambición. Si has creado un gimnasio que parece una biblioteca, si se autodefinen como “el gimnasio inteligente”: ¿por qué no recuperar, aunque sea un poco, el espíritu de la Academia griega?, ¿no resultaría mucho más innovador integrar la oferta propia de una biblioteca a las rutinas para mantenerse en forma?

 

Hugh Grant, que encarnaba al tímido librero en la romántica Notting Hill (1999), también encarnó a Lord Byron en la cinta de Gonzalo Suárez: Remando al viento (1988). El poeta romántico por excelencia fue un gran nadador que, entre otras hazañas, cruzó en una hora el estrecho de Dardanelos en Grecia.

 

Con estas conexiones deportivas-literarias ¿por qué no incluir junto a la preceptiva tabla de ejercicios equivalencias literarias-musicales-cinematográficas-comiqueras….? Cultura por grupos musculares. Si el cerebro es el que hace moverse a los músculos ¿por qué se le utiliza tan poco en los entrenamientos? Promovamos un desarrollo integral. Hasta la tecnología se pone de nuestra parte: las últimas innovaciones en el campo del deporte son fácilmente explotables para nuestros propósitos:

 

Los auriculares Sony Walkman NWWS413

 

Sony acaba de lanzar un walkman resistente al agua dulce o salada, con memoria interna de 4 GB y con una autonomía de 12 horas. En pleno boom de los audiolibros ¿no resultaría estimulante escuchar el microrrelato Natación de Virgilio Piñera mientras se siente el agua discurrir por nuestro cuerpo a cada brazada? ; en un deporte al aire libre ¿no se recuperarían las fuerzas al escuchar que: “la verdadera libertad consiste en el pleno dominio de uno mismo” u otras tantas reflexiones igual de energizantes de Montaigne?

 

El Apple Watch Nike: ¿cuándo van a lanzar un reloj inteligente que, además de los pasos o las calorías, contabilice lo que lees cada día?

 

Apple ha lanzado un reloj en colaboración con Nike para cuantificar tanto el ejercicio que haces como lo que comes o duermes. Este afán obsesivo por monitorizarse, por registrar hasta las intimidades de tu organismo de manera voluntaria: va allanando el camino para que, cuando la Inteligencia Artificial nos rodee por completo, aceptemos su dictadura sin resistencia. Pero puesto que es algo que parece irremediable: ¿por qué no incluir en esas mediciones lo que leemos, vemos y escuchamos?

El casco para ciclistas Coros LINX Smart Cycling Helmet.

El Coros LINX Smart Cycling Helmet, así con bien de palabrejas que le den empaque anglófilo, es un casco para ciclistas que no sabemos muy bien si se ajustará a los preceptos de la seguridad vial. El caso es que permite escuchar música y comunicarnos con manos libres.

Sentir como nuestra cara corta el viento a cada pedalada, mientras nos recitan las deliciosas anécdotas que Miguel Delibes reunió en su librito Mi querida bicicleta: puede que no nos lleve a vestir el maillot amarillo pero el placer del paseo se incrementará a cada kilómetro.

Pero volviendo al gimnasio. Si a Woody Allen al escuchar a Wagner le entraban ganas de invadir Polonia: ¿qué energías no insuflará el agarrar las mancuernas para hacer un press militar al ritmo de la obertura de Los maestros cantores de Nüremberg? Si Blake Edwards nos enseñó en 10, la mujer perfecta que el Bolero de Ravel servía para hacer el amor ¿cuántas calorías no se quemarían a su ritmo en la elíptica?

 

Nicki Minaj, todo elegancia y distinción promoviendo la estética del gimnasio como fábrica de clones a mayor gloria de Mediaset y medios afines.

 

¿Acaso la Primavera de Vivaldi, la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart o un vals de Strauss no se avienen mejor al cuerpo y al espíritu que el Black Flame Remix del Anaconda de Nicki Minaj para los sprints, escaladas y pedaleos suaves que exige el spinning? , ¿qué imprevistas conexiones neuronales se activarán al identificar el placer de la música clásica con la rutina de los ejercicios?

 

 

¿Qué relatos serán los idóneos para ejercitar glúteos y femorales? ¿y los más indicados para acompañar el peso libre en el press banca o en las sentadillas? ¿qué autores acompañarían mejor las superseries de peck deck? Se excluyen a Chuck Palahniuk o Murakami por demasiado obvios.

 

Al final al mirarse en el espejo para comprobar los resultados de tanto esfuerzo no se quedaría en un hueco acto narcisista; porque esos bíceps desarrollados serían la consecuencia tanto de las mancuernas como de los microrrelatos de Andrés Neuman; esa espalda musculosa no sería solo por las dominadas sino también por las reflexiones de Marco Aurelio; y esos abdominales bien definidos se habrían logrado al ritmo de la prosa de Ricardo Piglia. El equilibrio entre mente y cuerpo sería una realidad y ese bienestar que pregonan las revistas de tendencias algo más que un mero eslogan.

 

 

La malcasada de Luis Alberto de Cuenca

 

Me dices que Juan Luis no te comprende,

que sólo piensa en sus computadoras

y que no te hace caso por las noches.

Me dices que tus hijos no te sirven,

que sólo dan problemas, que se aburren

de todo y que estás harta de aguantarlos.

Me dices que tus padres están viejos,

que se han vuelto tacaños y egoístas

y ya no eres su reina como antes.

Me dices que has cumplido los cuarenta

y que no es fácil empezar de nuevo,

que los únicos hombres con que tratas

son colegas de Juan en IBM

y no te gustan los ejecutivos.

Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?

¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?

¿Que dé un golpe de estado libertario?

Te quise como un loco. No lo niego.

Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo

era una reluciente madrugada

que no quisiste compartir conmigo.

La nostalgia es un burdo pasatiempo.

Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,

píntate más, alisa tus arrugas

y ponte ropa sexy, no seas tonta,

que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,

y tus hijos se van a un campamento,

y tus padres se mueren.

Del periodismo hecho literatura, y otras recomendaciones del mes

Destacados1512_SvetlanaEsta entrada de recomendaciones sobre novedades para vuestra biblioteca va a estar especialmente dedicada a libros que nos hacen entender que el (buen) periodismo también puede ser (buena) literatura. Para ello, empezamos con la Premio Nobel 2015, Svetlana Alexiévich, que hace unos días recibía el galardón en Estocolmo, y de la que, como sabéis, solo se había editado en castellano su obra “Voces de Chernóbil” antes de recibir el galardón. Pues bien, empiezan a salir a la luz otras, como “El fin del «Homo sovieticus»”, que acaba de sacar Acantilado en la que da voz a cientos de damnificados por el terrible experimento que fue la URSS; o como la que destacamos aquí, “La guerra no tiene rostro de mujer”, su opera prima considerada una obra maestra del periodismo de investigación, que se acerca a las mujeres que combatieron en las filas del Ejército rojo o de los partisanos contra Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

No escribo la historia de la guerra, sino la historia de los sentimientos”, ha dicho la autora de este libro. Hay relatos como los de una francotiradora que recuerda los escalofríos y el miedo que sacudieron su cuerpo el primer día que pasó del blanco de madera a un ser vivo, o como el de una de sus compañeras que, de los momentos de combate no recuerda pájaros ni otros colores que el negro y el rojo. Es, como ella misma denomina sus obras, una “novela colectiva”, una “novela de confesión”.

DestacadosNov15_periodismoYa en tierras nuestras, pero en la misma línea que une periodismo y literatura, hablamos de El periodismo es un cuento”, una recopilación de los mejores reportajes del escritor gallego Manuel Rivas, 59 para ser exactos, en los que habla con grandes dosis de ironía de periodismo, de idiosincrasias propias y ajenas, de la pobreza, del daño que se hace a la naturaleza y de otras tragedias.

Para Manuel Rivas -nos lo contaba hace poco en una entrevista para la revista Infobibliotecas- hay una información que está “en las calles y las plazas”, y que con los aires de cambio que han soplado últimamente en nuestro país, ha empezado a circular de otra forma. “Ahora la información y la historia emergen juntas frente a la convención estadística, ese intento de mostrar la realidad manejado por los tecnócratas (…) Solo necesitaba empezar a circular y superar a los perros guardianes que decía Paul Nizan, los intelectuales cuya misión era precisamente impedir que la información circule”.

Otras recomendaciones

Crónicas de la mafia. Íñigo Domínguez. Libros del K.O.

Seguimos con el género periodístico con este libro del corresponsal de “El Correo” en Roma, encontraréis “lo más bestia que he leído sobre Berlusconi y la mafia”, en palabras de su colega del diario El Mundo Irene Hernández Velasco, que seguro que ha leído muchas cosas sobre Berlusconi.

Contiene el relato de los principales episodios protagonizados por la Mafia tanto en Italia como en EE.UU, además de una completa filmografía sobre el tema, con más de 250 películas comentadas que supone todo un repaso a cómo ha ido evolucionando la figura del gánster en la gran pantalla, y la fascinación que nos produce. “Mediante multitud de historias y anécdotas sangrantes que van rápidamente de lo trágico a lo cómico y viceversa, el autor nos describe la exitosa inoculación de la mafia en el Estado italiano desde sus mismos inicios hasta nuestros días”, han dicho de este libro en la revista JotDown.

DestacadosNov15_CienciaFiccion“Ciencia ficción. Crónica visual del género más apasionante de la galaxia”. Guy Haley (ed.). Lunwerg Editores.

De Frankestein a Avatar, de Verne y H. G. Wells a Isaac Asimoz, George Lucas o Spielberg, esta guía recorre todos los subgéneros de la ciencia ficción, en todos sus formatos -literatura, cine, cómic, videojuegos…-, todo en 500 páginas llenas de universos lejanos, viajes en el tiempo, amenazas científicas, superheroes y futuros apocalípticos, y con mucho material gráfico añadido. Una obra esencial para los aficionados y eruditos de tu biblioteca.

¿De los Beatles o de los Rolling?

En nuestra página de destacados podréis encontrar muchas otras recomendaciones, pero desde aquí vamos a cerrar esta entrada con un par de clásicos, porque en el fondo es lo que somos. Por un lado, con la edición en vinilo y CD del único que concierto que The Beatles dieron en Madrid, en la plaza de toros de Las Ventas, el 2 de julio de 1965, hace 50 añitos de nada. Se trata de una grabación que realizó José Luís Álvarez, entonces director de la revista Fonorama, y que durante muchos años se creyó que no era más que una leyenda urbana. No se trata de una grabación pirata porque se hizo con el beneplácito, contrato mediante, del mánager de los de Liverpool, Brian Epstein, y dicen que la calidad del sonido es óptima. Desde luego, se han tomado su tiempo para editarla. No sé, igual tenían dudas: ¿funcionará? ¿Habrá mercado para un disco así?

Destacados1512_Beatles -anuncio conciertoY ya en DVD se ha editado The Rolling Stones From The Vault: The Marquee – Live In 1971, una actuación mítica de los míticos Jagger, Richard and Co, en el mítico Marquee Club de Londres, filmada por la televisión estadounidense un mes antes de que viera la luz el album “Sticky fingers”. En ella tocaban en directo por primera vez temas como “Brown Sugar”, “Dead Flowers”’, “Bitch” y uno de esos que pocas veces presentan en sus conciertos, “I Got The Blues”. Os dejamos precisamente con el vídeo de “Dead flowers”. Después de verlo estaréis de acuerdo conmigo en que en este concierto Jagger no puede estar más sexy con esa torerita de lentejuelas. Lo estaría incluso sin ella ;). ¡Feliz semana!

Iconos culturales, en nuestros destacados del mes

Este mes de febrero, en nuestras recomendaciones, nos hemos puesto fanáticos, adoradores de iconos culturales, incondicionales de los mitos (nunca diremos mitómanos, como esos que dan patadas al diccionario). Nos da igual cine, que música, que libros. Todo nos vale en este ritual de genuflexiones. Si no nos creen, pasen y vean.

La librería más famosa del mundo”, de Jeremy Mercer (Malpaso Ediciones).

Los fanáticos frecuentan siempre sus lugares de culto, y entre gente como nosotros, idólatras del libro, las librerías son templos y refugios. Shakespeare & Co es una de las más emblemáticas del mundo, y la obra de Jeremy Mercer que destacamos hoy es la reconstrucción con licencia de novelista de la crónica de ese lugar que ha sido posada de grandes y pequeños escritores de todo el mundo. Allí podían buscar un techo que les acogiera, y algunos se quedaban meses.

ShakespeareCoFundada por Sylvia Beach (que ha pasado a la historia por este hecho y por haber publicado el “Ulises” de James Joyce), y comprada a la muerte de ésta por George Whitman, por allí dejaron su huella grandes como los de la Generación Beat, Samuel Beckett y Anaïs Nin. El libro es un maravilloso compendio de anécdotas literarias, casi un repertorio de las letras europeas y norteamericanas del s. XX.

George Lucas”. Masters of Cinema Series – Cahiers du Cinema. Karina Longworth (Phaidon Press Limited).

GeorgeLucascónicas como pocas son la saga de La Guerra de las Galaxias filmada por un tal George Lucas, y también las películas de Indiana Jones producidas por él y dirigidas por Steven Spielberg. En este libro -que forma parte de la colección Masters of Cinema, escritos por algunos de los críticos, periodistas y académicos más respetados del mundo- se presentan todos los trabajos de Lucas, con textos claros y concisos. Incluye imágenes de los rodajes, fotogramas y pósteres, datos biográficos y sinopsis de las películas. Todo muy informativo.

Omega: historia oral del álbum que unió a Enrique Morente, Lagartija Nick, Leonard Cohen y Federico García Lorca”. Bruno Galindo (Lengua de Trapo).

Del cine a la música, y de un referente internacional pasamos a iconos culturales patrios, aunque de lo más selectos. En este libro el periodista y poeta Bruno Galindo recompone, a partir de más de medio centenar de voces, la intrahistoria de un disco que ha hecho historia. Un álbum que revolucionó el flamenco y el rock, una obra que, como escribe Santiago Auserón en el prólogo, “más que un disco, es un movimiento cultural y social”. Es maravilloso leer cómo el fallecido Enrique Morente y Leonard Cohen hablan de flamenco y de Lorca, y también asistir a la narración de todo el proceso de gestación del LP (detalles etílicos incluidos) por medio de los testimonios de los protagonistas directos. Aquí podéis leer algunos extractos del libro. Un lujazo.

Ennio Morricone” – The Album (Membram)

Perdonad que seamos así de sinceros y radicales, pero si en vuestra colección musical no tenéis una buena recopilación de Ennio Morricone tendréis que replantearos qué clase de biblioteca sois 😉 Este señor ha compuesto la banda sonora de más de medio millar de películas y series de televisión, incluidos grandes clásicos del spaghetty western como “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”, y otras películas cuyas bandas sonoras han hecho historia, como La misión y Cinema Paradiso. Es un compositor polifacético e innovador, y su capacidad de trabajo es legendaria. No puede faltar.

Novedades de cine

No queremos terminar hoy estas recomendaciones sin mencionar un par de novedades en DVD que son maravillas Made in Spain.

Magical Girl

Dirigida por Carlos Vermut e interpretada por Luis Bermejo, José Sacristán, Bárbara Lennie y Lucía Pollán, es una de las películas más complejas y sofisticadas que ha dado el cine español en los últimos años. Cine negro, con momentos hilarantes y también conmovedores. Brillante y perversa, no ha dejado de cosechar premios, entre ellos el reciente Goya a la mejor actriz protagonista para Bárbara Lennie.

Cinco días para danzar

Dirigida por José Andreu, esta película documental narra cómo dos bailarines, un holandés y una vasca, plantean un reto a los chavales de un instituto de San Sebastián: montar una coreografía en solo cinco días. La danza obligará a esos jóvenes a romper sus roles justo en el momento de sus vidas en el que se están forjando. Es una película independiente, financiada por medio de crowdfunding, que muestra el poder de ideas sutiles para cambiar la educación… y el mundo.

Five days to dance / teaser en español from SUICAfilms on Vimeo.

Y para acabar como empezamos, os dejamos con una canción mítica, en una versión delicada y brutal, poderosa y conmovedora: es el Stairway to heaven de Led Zeppelin interpretada por las hermanas Wilson (Heart), con los supervivientes de la banda -Robert Plant, Jimmy Page y John Paul Jones- asistiendo al espectáculo. Con actuaciones así acabas comprendiendo el poder de la música. ¡Que la fuerza os acompañe!

Recomendaciones: libros y música para el debate y el recuerdo, para la belleza y la libertad

En las recomendaciones de este mes que ya termina, vamos a hablar de política e historia muy pegadas a la actualidad, que nos ayudan a alimentar el debate, y también os ofrecemos unas dosis de libertad y belleza en la literatura y la música. Lo sabemos, es difícil hilarlo todo, pero vamos a intentarlo, aunque en realidad lo que más nos gusta es ofrecer materiales a gusto de todos. Comenzamos.

1976referendum“Más allá de la democracia”, de Gilles Dauvé y Karl Nesic. (Lengua de Trapo)

En un contexto como el actual, de descrédito de las instituciones y los partidos políticos tradicionales, de demanda de un sistema político más justo y con participación de la de verdad, se impone la necesidad de reflexionar sobre los límites de la democracia, y eso es lo que hace este libro de los franceses Gilles Dauvé, político teórico, y Karl Nesic, militante comunista. Para ellos, la igualdad dentro de esta democracia y dentro de nuestro sistema capitalista es una auténtica falacia, un concepto ideal que sirve para desactivar los conflictos sociales. El libro no plantea ideas o herramientas para arreglar los desperfectos de la democracia contemporánea, sino que habla de inventar formas radicalmente diferentes de hacer, de ser y de vivir. Desde luego, no puede ser un debate más actual.

“1714. Cataluña en la España del siglo XVIII”, Antonio Morales Moya (ed.). (Cátedra)

También es de rabiosa actualidad el tema que aborda este libro, que habla de lo que pasó hace tres siglos con la derrota en 1714 del archiduque Carlos de Austria frente a Felipe de Borbón, con la que se puso fin a la Guerra de Secesión. Se trata de una fecha clave para el nacionalismo catalán, y por eso resulta interesante ahora su lectura, en un momento en el que asistimos a toda una revisión y recuperación de la historia en medio de una situación política que unos denominan “desafío soberanista” y que para otros es un proceso hacia la independencia, como máximo, o hacia el derecho a decidir, como mínimo.

1714Del libro han dicho que “no trata de legitimar el presente sino de comprender el pasado sin prejuicios ni manipulaciones apriorísticas” y que la voluntad es “aportar la luz del tratamiento científico y objetivo a unos temas extraordinariamente contaminados de prejuicios sectarios”. Está organizado en torno a tres vectores: la España de los primeros borbones; la guerra de Sucesión y la Cataluña que fue; y la Cataluña fabulada y su influencia sobre el nacionalismo actual.

Ha sido editado por el profesor Antonio Morales Moya, catedrático emérito de la Universidad Carlos III de Madrid, pero en él participan destacados historiadores, juristas, politólogos, economistas. La conclusión última del libro es que los conflictos en las relaciones de Cataluña y el Estado no son producto de la naturaleza estructural sino el fruto de coyunturas históricas fluctuantes, no obedecen a la fatalidad, ni han sido nunca irreversibles. La historia es conflicto pero también diálogo y entendimiento.

La libertad, de otra manera

“La gallina que soñaba con volar”, de Hwang Sun Mi (Nube de tinta)

GallinasoñabaEste librito, la obra más conocida de la escritora surcoreana Hwang Sun Mi, es todo un clásico en su país, en el que se mantuvo en las listas de los más vendidos durante nada más y nada menos que diez años. Es una historia de búsqueda de la libertad… protagonizada por una gallina, que aunque dicho así no suene como muy atractivo, en realidad encierra toda una fábula llena de filosofía y ecologismo, que habla de cómo encontrar eso que los angloparlantes denominan “el sitio al que perteneces”, tu lugar en el mundo. Una historia breve, el tipo Juan Salvador Gaviota, que puede gustar a cualquier edad. El libro inspiró la película de animación más exitosa de la historia de Corea, y también se ha adaptado a cómic y se ha convertido en musical.

Live to air, The Ramones

Y hablando de volar en libertad, nada como ponerte un disco de los Ramones para hacerlo (metafóricamente hablando, nada de “balconing”). Esta recopilación contiene muchos de los himnos de la banda punk neoyorquina tocados en directo. Aquí tenéis una muestra.

Pure Callas, Maria Callas

Y no para volar, sino para elevar el alma y deleitarse con la belleza de la mejor voz de la ópera del s. XX, recomendamos este disco que recopila las grandes interpretaciones que hizo la soprano megasuperstar de obras de Bizet, Verdi, Puccini y otros grandes. Os dejamos con el amor, ese pájaro rebelde (que también vuela). ¡Feliz semana!

De Manchester a Bahía: música y libros para un viaje en el tiempo

Hoy os proponemos un viaje por dos continentes con tres paradas, desde el presente a un pasado no muy lejano, acompañados de buena música y buenos libros sobre grandes músicos. Gente poco convencional, artistazos de los que dejan huella, de los que cambian cosas.

Primera parada

TheSmithsLa Inglaterra de 1984 no era esa dictadura futurista del Gran Hermano que había imaginado George Orwell, pero Margaret Thatcher ya hacía de las suyas. Apenas un mes antes del estallido de las huelgas mineras contra las políticas neoliberales de su gobierno, veía la luz el primer disco de una de las bandas míticas de la escena británica en la época del post-punk: The Smiths. Había nacido en Manchester un par de años atrás de la simbiosis de las densas guitarras de Johnny Marr y la poesía del célibe, vegetariano, cinéfilo y devorador de libros Morrisey.

De su música, su recorrido, su mundo y su legado, entre otras cosas, habla “The Smiths. Música, política y deseo”, una compilación de artículos de escritores, músicos, periodistas y hasta antropólogos – desde Nacho Vegas a Jon Savage, pasando por Víctor Lenore- llena de rock, pop, punk, sexo, poesía, disturbios, decadencia industrial, nihilismo y mucho más.

Aquí tenéis Panic, tema mítico de la banda, una carga contra la música disco más frívola “que no dice nada de mi vida”, que surgió cuando escuchaban cómo, en una emisora de radio, después de dar la noticia sobre el desastre de Chernobil, el d.j pinchaba la ligerita I’m your man, de Wham!

Segunda parada

Nueva York, 1967. En medio del apogeo del flower power, del amor libre, la marihuana y hippies sonrientes y bronceados, en el corazón de la Gran Manzana la vanguardia neoyorquina organizó su respuesta, con Andy Warhol y la Velvet Underground de Lou Reed y John Cale a la cabeza. Con la Velvet, Lou Reed creó un género propio, que ni era el rock que se escuchaba entonces, pero tampoco era pop; construyó un universo de palabras y música en torno a yonquis, camellos, travestidos, prostitutas y demás lumpen de callejones y avenidas, tan lejos del sol californiano. En solitario, navegó entre la poesía, la experimentación, el burlesque y, de nuevo, el rock. Era el tipo que quería convertir “Crimen y castigo” en una canción de rock’n roll, y que acabó haciendo de The Raven (El cuervo) de Edgar Allan Poe uno de sus álbumes más conceptuales.

lou_reedPara acercarnos al genio huraño que nos dejó en octubre pasado, os presentamos su biografía más reciente: Lou Reed. Su vida”, de Mick Wall, veterano periodista musical británico. Aunque más que “su vida” podría titularse “su música” porque el libro pasa bastante de puntillas por el lado privado de su vida (aunque no por el lado salvaje, porque sí que da cuenta de algunos de los detalles más escabrosos, y Reed acumulaba unos cuantos). Su infancia, sin embargo, se despacha en menos de diez páginas, y eso que fue difícil porque en su familia no entendían las tendencias sexuales del chico. Sí hace un buen repaso por la fascinante época con la Velvet, y de cada uno de los álbumes a los que dio a luz.

Última parada

Brasil, 1958. Desde Río de Janeiro a Bahía un nuevo sonido empieza a cruzar Brasil de la mano de jóvenes músicos Tom Jobim y Joao Gilberto y poetas como Vinicius de Moraes. La Bossa Nova era una versión de la samba callejera suavizada y aderezada con acordes disonantes provenientes del jazz. En poco tiempo extendió su influencia a toda una generación de músicos brasileños, y años después daría el salto internacional gracias a alguna que otra película y, sobre todo, al saxofonista estadounidense Stan Getz. La luz de Brasil, la belleza, el amor y el desamor, la saudade, a todo esto y más cantó la Bossa Nova, y esta recopilación trae lo mejor de cincuenta años de esa música. “Copacabana princezinha do mar / Pelas manhãs tu és a vida a cantar / E á tardinha o sol poente / Deixa sempre uma saudade na gente”, cantaba Tom Jobim en “Copacabana”.

No nos queda más que gritar: ¡viva la música!