Homo sapiens, Homo Deus, Homo byblos

 

El otoño literario de este 2018 está coronado, en cuanto a libros de no ficción, por el último ensayo del historiador estrella del momento Yuval Noah Harari. Sus 21 lecciones para el siglo XXI llevan semanas posicionadas en el número uno de ventas y nosotros nos alegramos. Voces interesantes, en cada momento y lugar, que arrojen una mirada lúcida sobre la actualidad puede haber muchas: pero que lleguen masivamente al gran público no tantas.

 

Obviamente que Obama o Bill Gates recomendasen Sapiens: de animales a dioses, el ensayo que lo catapultó, ha ayudado mucho a que así sea. Pero lo más valioso, se esté o no de acuerdo con todas las predicciones de Harari, es su apuesta por unos valores ilustrados adaptados al movedizo tiempo que estamos viviendo.

¿Tomará alguna idea Ridley Scott a la hora de adaptar el ensayo de Harari de la película de 1981 ‘En busca del fuego’ de Jean-Jacques Annaud: en la que sapiens y neandertales se enfrentaban por el fuego?

Si en Sapiens (deseando ver estamos qué adaptación al cine hace Ridley Scott) Harari cifraba el éxito del menos dotado evolutivamente Homo sapiens para prosperar, y hacerse dueño y señor del planeta, en su capacidad para construir un relato: y después en Homo Deus nos advertía del siguiente estado evolutivo que desechará al sapiens para, inteligencia artificial mediante, alumbrar al Homo Deus. Aquí, osados, nos adelantamos y sin intención alguna de enmendarle la plana a Harari aventuramos que también cabe la posibilidad del Homo byblos.

Si Darwin cifró en la adaptación al medio la evolución de los seres vivos en El origen de las especies; Richard Dawkins lo hizo en el egoísmo de nuestros genes en El gen egoísta; y Steve Pinker denunció las manipulaciones ideológicas sobre la naturaleza defendiendo el peso de la herencia al nacer en La tabla rasa: nuestra teoría en torno al Homo byblos no suena tan marciana (aunque eso sí: mucho más pobremente argumentada).

 

Darwin nunca podría haber predicho que su teoría de la evolución ‘inspiraría’ cosas como Hace un millón de años (1966) pero qué duda cabe que Raquel Welch como cavernícola era toda una evolución.

 

El Homo Deus al que nos abocan las predicciones de Harari se sustenta en la cultura, en el conocimiento acumulado por el Homo sapiens, que una vez evolucionado y alcanzada la divinidad, gracias a la cultura y el conocimiento, posibilita el advenimiento del siguiente paso evolutivo. No es la naturaleza, como en Darwin, la que marca el ritmo, ni siquiera la cultura: sino la tecnología. Y si los vituperados sapiens que somos no queremos perder el poder tan pronto (aunque visto lo visto sería hasta deseable): más nos vale ponérselo un poco más difícil al prepotente heredero que nos pisa los talones dándole cancha al Homo byblos.

De la palabra byblos deriva biblion origen de Biblia y biblioteca. Ahora que las religiones languidecen irremediablemente como vertebradoras del orden social (solo hay que ver sus estertores en la rabia yihadista que quiere morir matando): el último refugio sigue siendo la cultura. Claro que para eso el nuevo culto a la tecnología está haciendo muy bien los deberes para conseguir que los Homo sapiens vendamos barato y fácil nuestro futuro. Antes la posteridad se alcanzaba a través de logros culturales, pero ahora que la inmortalidad está a la vuelta de la esquina gracias a la biotecnología: ¿para qué va necesitar el Homo Deus lo que entendemos todavía por cultura?

The fuzzy (el equivalente en inglés a ser ‘de letras’) and the techie (el equivalente a ser ‘de ciencias’): porqué las humanidades gobernarán el mundo digital. El ensayo del pope Silicon Valley que habla de la necesidad de las humanidades en el mundo digital.

Si en 2017 la revista especializada holandesa ‘Intelligence’ publicaba un estudio que demostraba que nuestros antepasados de la era victoriana eran más inteligentes que nosotros; en 2018 un nuevo estudio publicado en Noruega en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ vuelve a incidir en que el coeficiente intelectual humano ha caído 7 puntos en las últimas décadas.

Todo viene a refrendar la necesidad de ese Homo byblos pero, si así y todo, necesitamos todavía convencernos: la actualidad siempre viene a nuestro auxilio. Es el caso del experto e inversor en grandes compañías de Silicon Valley (el jardín del Edén tecnológico) Scott Hartley, autor del libro The fuzzy and the techie, que en una reciente entrevista en ‘Retina‘ defiende a las humanidades como tabla de salvación para no perder la partida frente a la apisonadora de la inteligencia artificial.

De forma intuitiva, como lo hacemos aquí todo, ya defendíamos hace dos años, en Léeme soy community manager, que había que promover “acciones formativas que sirvan para dar contenido cultural a tanta tecnología“. En ese mismo post recogíamos lo que el Foro Económico Mundial de Davos decía que iba a ser lo más importante en el mundo hipertecnologizado en el que estamos: el pensamiento crítico y la creatividad. Así que las palabras de Hartley solo vienen a refrendar la trascendencia de las humanidades en la actualidad.

 


Según un artículo en ‘Xataka’ la ventas de libros en papel lejos de desaparecer se mantienen. En este anuncio francés de hace 5 años ya decían claro: el papel nunca morirá.

 

Si a esto sumamos que, como nos desvelan en ‘Xataka’, que los libros en papel, lejos de perder la batalla contra los digitales, se mantienen e incluso prosperan: solo nos cabe decir que dos + dos = cuatro y que el Homo byblos que proponemos como alternativa no suena nada descabellado.

¿Estamos defendiendo una regresión? ¿vamos de luditas? Para nada. Lo que abogamos con ese Homo byblos es una aceptación de la tecnología desde un prisma humanista, desde una memoria de dónde venimos: y de donde venimos es de la cultura impresa, de la cultura escrita. Lo de que una sola imagen vale más que mil palabras es mentira: para interpretar una sola imagen correctamente antes han tenido que escribirse mucho más que mil palabras para poder nombrar y aprehender lo que en ella vemos.

 

El monolito de ‘2001 odisea en el espacio’ (1968) puede que fuera un smartphone. Fotomontaje de la revista ‘Hobby consolas’.

 

Harari en una entrevista, a raíz de su último ensayo, revelaba que los poderosos no tienen smartphones. En una sociedad en la que despreciamos nuestra privacidad en pos de visibilidad en las redes: los que de verdad mueven los hilos siguen marcando la diferencia y se protegen contra esos ladrones de tiempo que quieren captar y retener nuestra atención para que sintamos todo el tiempo y pensemos poco. Ellos serán los elegidos, los Homo Deus que agudicen esas desigualdades que ya no se sustentarán en la riqueza sino en el código genético.

Por eso si no queremos ser como los simios del principio de 2001, odisea del espacio (1968) ante el monolito reconvertido en smartphone; si no queremos que la soberanía del futuro pase de la ciudadanía ignorante a los algoritmos inteligentes como aventura Harariprogresemos sin desperdiciar lo que nos ha llevado hasta aquí. En la carrera por la evolución entre el Homo sapiens y el Homo Deus el combustible es la cultura, esa cultura que custodian las bibliotecas. La IA está dando clases de apoyo intensivas para superarnos: no cedamos tan fácilmente el testigo.

 

Una de las coreografías con robots de la española Blanca Li.

 

En la entrevista con Hartley se menciona a la bailarina Catie Cuan: que actualmente trabaja en el Laboratorio de Robótica, Automatización y Danza de la Universidad de Illinois. La bailarina está enseñando movimientos más gráciles y elegantes a los robots para (textualmente) “facilitar la interacción con los humanos y generar confianza”. Nunca mejor dicho: para que nos confiemos.

Hace unos años la bailarina y coreógrafa española afincada en París, Blanca Li, indagó en la misma línea con sus coreografías compartidas con robots. Pero como confiamos en que, sea el que sea, el Homo que prevalezca: lo #bibliobizarro no se pierda nunca. Por eso, antes que con Catie Cuan o Blanca Li, preferimos cerrar con Dee D. Jackson y su hit de 1978 ‘Automatic lover’. Dudamos mucho que ninguna inteligencia artificial, por avanzada que esté, alcance a descifrar el significado de tamaño delirio cibernético-disco. El cortocircuito está asegurado.

 

 

La cultura es nuestro Dios y Frankenstein su profeta (#Frankenbiblioteca)

 

Si nos atenemos a la manoseada frase de Picasso: “Los grandes artistas copian, los genios roban”, desde que irrumpió Internet, el mundo debería estar lleno de genios. Pese a todo de la elegancia de un carterista antiguo a lo burdo de un vulgar navajero sigue mediando un abismo que denota la auténtica habilidad, sino acaso, el talento.

Los ladrones de guante blanco son una especie ignota en el mundo digital. En la pantalla más que una hábil sustracción se tiende al saqueo burdo y directo pero, que obviamente, da beneficios. En cambio los Creative Commons del pensamiento no funcionan de forma tan eficiente. De tanto cortar y pegar las ideas propias se van adelgazando, encogiendo, jibarizando hasta terminar con la profundidad de un teletipo. Todo pensamiento o idea hay que reducirla a hashtag para que tenga más impacto. El que traduzca la almohadilla al lenguaje hablado se convertirá en el profeta de un nuevo tiempo.

 

 

Mientras tanto somos como gallinas en un corral digital, picoteando aquí y allá, haciendo remiendos de retales ajenos para intentar construir un discurso propio.

En un reciente artículo de ‘Jot Down Smart’ repasaban el movimiento plagiarista con motivo del décimo aniversario de la redacción, por parte de los escritores Leandro Romana y César Ruiz-Tagle, del Manifiesto plagiarista. Todos los escritores son plagiaristas se llama el artículo: pero su conclusión resulta mucho más certera que el título al superar el ámbito de la literatura para universalizar su mensaje: todos somos plagiaristas.

Y con Internet esto se amplía hasta el infinito. Cuando este blog ha sido fuente de inspiración para escritos ajenos que ni siquiera lo han citado, aquí, que creemos en la bondad de los desconocidos como Blanche Dubois: siempre nos lo hemos tomado como un homenaje.

 

Welles el gran ilusionista del cine en su película documental F de Fake (1973)

 

Mr. Brainwash (Señor lavado de cerebro) en plena eclosión creativa.

En el documental Fraude (1973) de Orson Welles se recoge la apasionante historia de Elmyr de Hory, uno de los más talentosos falsificadores de obras de arte que han existido. Si el plagio es una forma de homenaje, Elmyr, lo llevó a otro nivel. Y Mr. Brainwash, el artista urbano patrocinado por Banksy, que protagoniza otro documental imprescindible, Exit to the gift shop (2010), terminó de derrumbar las frágiles líneas que separan el plagio del arte en pleno siglo XXI.

En cambio, el escritor Chance Carter, aunque pudiera parecer que sigue la senda marcada por estos dos ilustres plagiaristas: nada más lejos. Su fraude a cuenta del género romántico en Amazon resulta de un burdo inequívocamente digital.

Carter cuenta con cientos de novelas publicadas que le han hecho ganar una fortuna. Un rara avis. Un hombre que escribe novelas de género romántico. ¿Se debería empezar a exigir paridad en el género? El caso es que las potenciales lectoras de sus novelas quedaban más defraudadas que en la vida real, cuando atraídas por esas portadas llenas de músculos, melenas y tatuajes: se decidían a leer uno de sus libros. Unos libros más anabolizados que los maromos que lucen en las portadas.

 

Viendo las portadas de las novelas de Carter surge la duda de si son novelas románticas o pósteres para clubes gays.

 

Todo un referente.

El ‘listo’ de Carter se ha encargado de rellenar, cual pavo en el Día de Acción de Gracias, sus libros con páginas y páginas que plagiaban lo ya plagiado hasta la náusea. El vacío más absoluto con el que conseguir ganar miles de dólares al mes gracias a que Amazon pagaba a los autores (bueno a los que suben los libros y los firman) por página leída. Carter ha sido expulsado de Amazon, y la tienda digital, ha tenido que readaptar sus métodos para intentar frenar a nuevos “rellenalibros”.

En realidad Carter lo que ha hecho ha sido señalar que el rey está desnudo. Se castiga a Carter pero se ensalza a las celebrities que hacen del vacío más absoluto un negocio de lo más rentable en Instagram.

En las bibliotecas nos podemos sentir a salvo. La plataforma de préstamo de libros electrónicos eBiblio, implantada en la mayoría de bibliotecas públicas del país, no permite el uso de los dispositivos Kindle de Amazon. Podrán decir que es por una cuestión de DRM, incompatibilidades y lo que quieran: pero la verdad de la buena es que hasta en medio de la intemperie digital, una biblioteca, siempre resulta el refugio más seguro.

 

 

Carter no viene a ser más que una pobre evolución de la piratería de contenidos culturales. Sin gracia, ni talento.Y desde luego no cabe reconocerle espíritu plagiarista alguno. Hasta el negro de Ana Rosa Quintana mostró más habilidades allá cuando empezaba el siglo y la Red estaba en pañales.

Pero ese relato fragmentado, hecho de retales, de collages narrativos que propicia el surfear por las redes (¿surfear por las redes? ¿eso se sigue diciendo?) también tiene sus ejemplos positivos. Es el caso del proyecto Frankenbook promovido por la Universidad Estatal de Arizona. Como es bien sabido se han cumplido los 200 años de la publicación de la novela que anticipó el siglo pasado, pero sobre todo, el que ahora estamos viviendo. La criatura creada por Mary Shelley a orillas del Lago Leman revalidando su vigencia en la modernidad, la posmodernidad, la pospostmodernidad y lo que quiera venir a partir de ahora.

 

 

Prueba de esa vigencia es el reto de lectura/escritura que han propuesto desde dicha Universidad. Se trata de elaborar entre miembros de la comunidad universitaria y creadores en general una edición anotada de Frankenstein (el Frankenbook). La novela original está disponible en la web para ser leída y anotada por científicos, ingenieros y creadores de todo tipo. Igualdad e inclusión, medicina, filosofía, política, ciencia, tecnología, psicología, etc. Los temas propuestos son amplios y variados asegurando así unas anotaciones de los más enriquecedoras.

Y como un ejemplo práctico de que todos somos plagiaristas en Internet: desde aquí proponemos la Frankenlibrary, o apeándonos de tanto anglicismo, la Frankenbiblioteca. Le ponemos la preceptiva almohadilla delante (#Frankenbiblioteca) y la lanzamos a las redes para quien quiera comparta sus ideas de lo que debería ser una biblioteca en el siglo XXI.

Hace unos días Evelio Martínez en un tuit a cuenta del reportaje en ‘The Guardian’ sobre bibliotecas canadienses: se preguntaba si era otro caso de biblioteca que busca sobrevivir pareciéndose cada vez menos a una biblioteca. Y aquí inspirándonos en Evelio planteamos si acaso el primer paso para la supervivencia de las bibliotecas no empieza por cambiarles el nombre. Una bonita herejía para abrir un debate  #Frankenbiblioteca.

 

 

En la poco sutil década de los 80 del siglo pasado se estrenó Reanimator (1985): una variación gore y gamberra sobre el mito de Frankenstein. El proyecto con el que cerramos este post lleno de remiendos (¿cuál no?) trata también de reanimar pero sin decapitaciones ni sangre de por medio: The Reanimation Library.

Esta biblioteca se abrió en Brooklyn a raíz de la modesta idea del bibliotecario Andrew Beccone de rescatar libros desahuciados para extraer de ellos ilustraciones curiosas que digitalizar. La cosa se fue de madre (como suele pasarle a los bibliotecarios cuando se ponen a conservar) y ha llegado a recopilar tal colección que incluso dio pie a una exposición en el MoMA y ha servido para inspirar a creadores de lo más diverso. Lo último: una línea de tatuajes inspirados en ilustraciones recopiladas en The Reanimation Library.

 

 

¿Moraleja?: que cuando se trata de “inspirarse” para crear algo propio no hay material de derribo si se habla de cultura. Un principio que no viene más que a reforzar lo que ya decíamos en el …(post en obras): La cultura es nuestro Dios y Frankenstein su profeta.

 

El ángel exterminador bibliotecario IV

[Continuación de El ángel exterminador bibliotecario III]

 

ALEVINES VERSUS SÉNIORS

 

Nos vamos acercando al final de esta adaptación del clásico buñueliano al ámbito de las bibliotecas. Sin duda podríamos seguir hurgando en más situaciones y grupos sociales que conviven en las bibliotecas públicas: pero toda serie por buena que sea, o haya sido, tiene que saber cuándo echar el cierre (¿verdad?: creadores de Los Simpsons, The Big Bang Theory, Homeland, Modern Family…). Lo cual no quiere decir para nada que esta sea buena. De hecho al plantearnos escudriñar diferentes tipologías de consumidores culturales enclaustrados en una biblioteca hemos terminado montando un culebrón de sobremesa. De esos que da igual que des una cabezada o te saltes algún episodio que rápidamente retomas el hilo.

En esta penúltima entrega nos vamos a centrar en dos grupos que nos abarcan absolutamente a todos en diferentes grados: jóvenes versus maduros, o tirando de terminología deportiva: alevines versus séniors.

 

Viñeta de la adaptación al cómic del relato de F. Scott Fitzgerald: El curioso caso de Benjamin Button.

 

Si los 50 son los nuevos 40, los 60 los nuevos 50, los 70 los nuevos 60: de tanto retrasar el reloj va a llegar un momento en que los 0 años van a ser los nuevos 122 (que es la máxima esperanza de vida del ser humano hasta ahora). En los años cincuenta norteamericanos en los que surgió el actual culto por la juventud: distinguirse de los mayores era muy sencillo. Pero ahora, empeñados en aparentar lozanía (física más que cultural, todo hay que decirlo), los que entran en la madurez se lo van a poner cada vez más difícil a los jovencitos.

Fantástica fotografía de Mary Ellen Mark en la década de los 80 en España: la nueva juventud del momento frente a frente a las viejas generaciones.

El más reciente, y sensato, ¡¡ZASCA!! en toda la boca (pero ¡qué de juveniles quedamos en Infobibliotecas usando estas expresiones!) en los medios a cuenta de los enfrentamientos generacionales: se lo ha propinado la siempre certera Elvira Lindo a un despistado Álex de la Iglesia. Todo ha venido motivado por unas declaraciones del director de cine en las que, para expresar lo poco que le importa que los jóvenes puedan usar el móvil para ver películas, declaraba que: “el talibanismo ese de que el cine es una cosa proyectada se lo dejo a señoras mayores y gente muy seria”.

Muy atinadamente, Lindo, (que solo se lleva tres años con el cineasta) en su columna de “El País” se reconoce como una señora mayor y repasa los grandes beneficios que el consumo cultural de esas “señoras mayores” está reportando a las librerías, los cines, los teatros, los museos, las cafeterías, y por supuesto, las bibliotecas (ya habló del bien que hacen las mujeres maduras a los clubes de lectura). Álex de la Iglesia, que podrá gustar de declaraciones epatantes, pero no es ningún patán: pronto ha reconocido su desliz y se ha reconocido él mismo como una señora mayor.

 

Fotograma de la película Wild in the streets (1968)

 

“Los viejos tigres tienen miedo” o “Si tienes más de 30 estás acabado” eran dos de los eslóganes con que se vendió la película Wild in the streets (1968) estrenada en nuestro país con el título de El presidente. La trama tenía miga: una estrella del rock de 24 años se convierte en presidente de los Estados Unidos, se legaliza el consumo de LSD, todo es libertad y se termina enviando a los mayores de 35 años a campos de concentración para ser reeducados. En 1968 esta distopía generacional podía tener su gracia, pero a día de hoy no tendría la menor oportunidad.

Viaje a Sils Maria (2015) es una de las reflexiones recientes más brillantes sobre la madurez, el culto desmedido a lo juvenil, y la aceptación del paso del tiempo.

Si hablamos de consumos culturales, la tecnología ha igualado, y mucho, a los que aún consumen cultura y no solo entretenimiento.

En últimos datos estadísticos publicados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte sobre el uso de eBiblio, la plataforma de préstamo de libros electrónicos en bibliotecas públicas en 2016: no se contemplaba la franja de edad de los usuarios. Y probablemente sea este dato el que más sorpresas pueda dar.

Mucho se ha hablado, y se habla, de lo “digitalizada” que está la juventud: pero lo cierto es que la mayoría de los que recurren a la lectura digital son mayores de 40. Tiene su explicación: por un lado, la presbicia, y por otro, por pertenecer a generaciones en las que el hábito de la lectura aún conserva su prestigio.

Pero que los jóvenes lectores (de literatura) opten por el papel, como sostienen varias encuestas publicadas en diversos países, se constata con echarle un vistazo al canal de cualquiera de esos booktubers que tienen miles de seguidores en Youtube. Todos suelen rodar sus vídeos con el fondo de sus bibliotecas personales, y los libros que recomiendan siempre los muestran en formato impreso, nunca en la pantalla de un eReader (en este caso las pantallas no resultan fotogénicas).

Al final va a resultar que los emigrantes digitales, como pasa con todo converso, son los más fascinados por lo digital. Tiene su lógica: aún conservan la memoria de un mundo predigital, siguen siendo capaces de experimentar, aunque sea un poco, el sentido de lo maravilloso (ese sense of wonder al que apelaba Spielberg en los 80 y que ahora se empeñan en reanimar con series como Stranger things). Algo difícil de reproducir en los que ya han nacido bajo el signo del byte cuyo sentido de lo maravilloso se les entumece cada vez a edades más tempranas.

 

 

Pese a todo aún hay espacios para el encuentro intergeneracional mientras llegan los “nuevos humanos” (cyborgs y demás). La reciente entrevista que la revista “Jot Down” le hizo al escritor Jesús Cañadas dio tan buenos titulares para nuestro gremio, que no es de extrañar, que al compartirla en Twitter fuera tan retuiteada. “El conservatorio de los escritores son las bibliotecas públicas” con declaraciones de este calibre es normal que Cañadas nos tenga en el bote. Pero más adelante termina por erigirse en santo patrón bibliotecario al sostener que “la generación literaria que va a salvar la literatura son los nuevos jóvenes lectores”. Y eso dicho por un treintañero.

Y es que por mucho que en la guerra mundial por los contenidos de la que hablaba Frédéric Martel en Cultura mainstream: la segmentación por edades asegura que las industrias culturales sigan dando beneficios: existen puntos en los que tanto jóvenes como maduros pueden conectar a través de sus gustos culturales.

 

Contarlo para no olvidar: el último libro de Maruja Torres con un título muy ad hoc para lo que hablamos en este post.

 

¿Qué podría exterminar este ángel en los jóvenes que hubiesen quedado atrapados en la biblioteca de nuestro relato?: su falta de antecedentes, la falta de curiosidad que tan bien le viene a las multinacionales para poder seguir vendiéndoles, una y otra vez, el mismo producto abocándoles a un alzheimer cultural que les haga consumidores dóciles. ¿Y a los séniors?: aprender de la falta de prejuicios con que consumen cultura las nuevas generaciones que no atienden a pedigrís engolados: tan solo a si les gusta o no.

Como decía Maruja Torres en una entrevista con Buenafuente: a su edad (74) cada día es una novedad porque nunca ha sido tan vieja y ahora lo está experimentando por sí misma. La curiosidad/intriga sin fin, que lo que más te fastidie de morirte no sea la desaparición en sí (que también) sino el no poder enterarte de qué pasa después. Lo de “un capítulo más y me acuesto” convertido en filosofía vital. Nos suscribimos desde ya a ese elixir de eterna juventud.

 

 

CONTINÚA en El ángel exterminador bibliotecario V

Bibliotecas y desarrollo sostenible: ideas para la acción (I)

IFLA_UNagendaEn agosto se cumplirá un año de la aprobación de la Declaración de Lyon sobre Acceso a la Información y Desarrollo por la que la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA) y más de medio millar de instituciones educativas y culturales de todo el mundo -desde organizaciones bibliotecarias a universidades- reivindican la necesidad de garantizar el acceso igualitario a la información y el conocimiento para favorecer el desarrollo sostenible y mejorar la vida de las personas.

La declaración es un instrumento de presión para influir en la agenda de desarrollo de Naciones Unidas, y un año después de su aprobación, la IFLA ha publicado el resultado de una consulta realizada a sus diferentes secciones sobre la relación entre bibliotecas y desarrollo sostenible. Hay ejemplos e ideas muy interesantes que constituyen un excelente argumentario para la acción en la defensa y mejora de los servicios bibliotecarios. Aquí os presentamos una primera entrega de las más destacadas.

La bibliotecas, la nueva plaza del pueblo

Son espacios públicos donde todo el mundo es bienvenido y puede participar, hacen una aportación esencial al desarrollo del capital social, educativo y recreativo de las comunidades locales, y son un pilar importante de la democracia. Son las bibliotecas públicas, las nuevas “plazas del pueblo”.

Así reivindican desde la Sección de Bibliotecas Públicas el papel de éstas en el desarrollo sostenible de las comunidades. Los servicios bibliotecarios, las herramientas tecnológicas, los formatos de las colecciones y las necesidades de la población son diversas y siguen evolucionando a un ritmo acelerado, pero desde la sección identifican algunos ejes clave en la ecuación que une bibliotecas y desarrollo sostenible, como son la contribución de éstas a la alfabetización informacional y digital, el acceso de a la tecnología y los medios de comunicación, el apoyo a los creadores y al desarrollo de nuevas formas de creatividad, y el acceso a la información y las ideas. Y aportan valiosos ejemplos de buenas prácticas:

  • Las bibliotecas del Logan City Coucil (Australia) han desarrollado talleres de búsqueda de empleo para desempleados mayores, como madres que se reincorporan al mercado de trabajo, empresarios que han perdido sus negocios o trabajadores que sufren de forma continua períodos de paro.
  • En Kenia, la biblioteca pública de Buruburu tiene un bibliotecario digital móvil que lleva la magia de los ebooks a hospitales, escuelas y instituciones para jóvenes que han delinquido.
  • En la biblioteca pública de San Javier-La Loma, una localidad a las afueras de Medellín (Colombia) tenían un problema: cuando estaban diseñando sus servicios a la comunidad se dieron cuenta de que no existían mapas actualizados de la población desde 1071. Impulsaron un proyecto para elaborar mapas de la comunidad de forma participativa, con los vecinos decidiendo qué querían que se incluyeran en ellos y creando los mapas de sus propios vecindarios.

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  • En Croacia, la biblioteca de Rijeka organizó talleres para dar cauce a la creatividad de estudiantes y jóvenes desempleados con la publicación de una revista online muy atractiva, que aborda asuntos que realmente preocupan a la gente para hacer frente así al sensacionalismo de la prensa local.
  • En la biblioteca pública de Olsztyn (Polonia) han puesto en marcha un laboratorio de TICs, el MultiCentre, en el que los usuarios pueden componer música, dibujar caricaturas, producir películas de todo tipo, incluidas las de animación, y construir robots. Organizan cursos en cuatro módulos: MultiArt, MultiMusic, Multiciencia y MultiTec.

Más allá de estos ejemplos (y nos cuentan muchos más), la sección de bibliotecas públicas hace una serie de recomendaciones para el desarrollo de políticas públicas. Desatacamos algunas:

  • Defender del acceso universal y gratuito a las bibliotecas públicas.
  • Apoyar la participación y la formación de las personas en las aptitudes y las habilidades necesarias para el aprendizaje, el acceso a la información y la alfabetización en todas sus formas.
  • Reconocer y apoyar la importancia de las bibliotecas públicas como lugares seguros y neutrales que contribuyen activamente al desarrollo del capital económico y social.
  • Defender a campañas internacionales la posición de las bibliotecas públicas como elemento clave para facilitar información esencial y de confianza.
  • Garantizar el uso de herramientas tecnológicas para el desarrollo empresarial, permitiendo que las bibliotecas estén bien equipadas y actualizadas en las TICs.
  • Defender una financiación fuerte de las bibliotecas públicas.

Desde otras secciones, se ha profundizado en algunos de estos aspectos. Los vemos a continuación.

Adquisiciones y desarrollo de colecciones

El acceso libre, gratuito e igualitario a información de calidad es esencial para el desarrollo sostenible, y para que esto sea posible es necesario que bibliotecas y centros de documentación tengan unas políticas de colecciones adecuadas. También lo es la potenciación del acceso abierto, y en particular el apoyo a los autores en esta materia para ayudar a que las comunidades científicas participen en la generación de información que pueda estar disponible de forma gratuita.biblioteca_ebooks

Desde la sección se han presentado algunas buenas prácticas en la materia, como el trabajo de la biblioteca de la Universidad de Deaking (Australia) en apoyo a los investigadores en sus publicaciones de acceso abierto, o la labor del Centro de Información de la Mujer de Georgia, que recopila información y trabaja por el desarrollo de valores democráticos a través de la protección de los derechos de las mujeres.

También han formulado una serie de recomendaciones para los responsables de la toma de decisiones políticas. Entre otras cosas, proponen:

  • Desarrollar modelos de negocio nuevos adaptados y más eficientes respecto al libro electrónico.
  • Permitir a las bibliotecas que adquieran y preserven materiales en todos los formatos, incluidos los electrónicos, extendiendo las excepciones que tienen en cuanto a derechos de autor también a los medios electrónicos.
  • Sensibilizar sobre aspectos éticos respecto a las bibliotecas, para garantizar una selección neutral de la información y los materiales que se adquieren.

 

Acceso a la información gubernamental

La Declaración de Lyon reconoce que el acceso a la información gubernamental es un requisito imprescindible para que los ciudadanos puedan mejorar sus vidas, y ayuda a los gobiernos a alcanzar sus objetivos de desarrollo. Las personas necesitan acceder a esa información para montar negocios, encontrar trabajo, desarrollar sus comunidades y encontrar oportunidades económicas, entre otras cosas.

Las bibliotecas gubernamentales juegan un papel crucial en esta materia, no solo ayudando a encontrar esa información, sino también, por ejemplo: contribuyendo a que los ciudadanos desarrollen las aptitudes necesarias para buscar, acceder, entender y usar la información; facilitando la tecnología, el asesoramiento y los servicios a nivel local y nacional para distribuir esa información; educando a los funcionarios públicos en el acceso a la información; y preservando la información gubernamental en todos los formatos en archivos históricos para que pueda ser usada por las generaciones futuras.

Por eso, desde la IFLA defienden que se reconozca la contribución de las bibliotecas y el personal bibliotecario en estas materias y en la ampliación del gobierno abierto, y que se desarrollen y mantengan en todos los países redes potentes de bibliotecas especializadas en información gubernamental para ayudar a la ciudadanía a acceder, usar y aplicar esa información en la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible.

Conservación del patrimonio cultural

Pero ya sabemos que sin la conservación de la información no hay acceso a ella. Desde la sección especializada de la IFLA en la materia reivindican primero el papel de bibliotecas, archivos y otras instituciones culturales como guardianes del patrimonio y cómo esa preservación permite a los ciudadanos ejercer sus derechos culturales, sociales, económicos y políticos. Y para que esto sea posible, recomiendan algunas medidas:

  • Más recursos para llegar a las sectores de población con menos recursos, porque los archivos analógicos y digitales de muchas culturas están en peligro por la falta de financiación, espacios adecuados y conocimiento.
  • Un programa de formación que ayude a seguir elaborando buenas prácticas y protocolos de actuación, al intercambio, la mejora de las capacidades del personal que trabaja en estos servicios, y la revisión permanente de las normas ISO, NISO y otros estándares de actuación.

Y recuerdan algo que merece la pena no olvidar: se trata de preservar y celebrar la diversidad cultural que con el paso de los años se ha venido perdiendo, o que se ha suprimido por intereses varios. La era digital, con internet a la cabeza, facilita esta labor. Es una oportunidad que merece la pena aprovechar.

En la próxima entrega de este resumen de recomendaciones nos centraremos en la alfabetización, en las bibliotecas infantiles, juveniles, en las escolares, y en la contribución de las bibliotecas a la mejora de la salud de la población. Esperamos que os resulte útil. ¡Feliz semana!

Colaboración e innovación en el préstamo de libros electrónicos en bibliotecas

home_devicesEl préstamo de libros electrónicos en bibliotecas es un asunto que ha venido generando importantes diferencias entre las partes implicadas -editores, distribuidores y bibliotecas- dentro y fuera de España. Las suspicacias iniciales por parte de los editores, que veían en algunos modelos de préstamo en bibliotecas una amenaza para las ventas, chocaban con las reivindicaciones de las bibliotecas y la expectativa social de un acceso no limitado a los fondos editoriales. Era evidente la necesidad de establecer un diálogo y unos sistemas equilibrados que garantizaran tanto el mantenimiento de un modelo de negocio sostenible para los editores como el acceso de las bibliotecas y los lectores a los libros.

 

Consciente de las dificultades habidas hasta la fecha, la International Publishers Association (Asociación Internacional de Editores, IPA en sus siglas en inglés) acaba de publicar un informe muy interesante sobre las experiencias de préstamo de ebooks en bibliotecas. Se ha centrado en los modelos, algunos de ellos innovadores, puestos en marcha en EE.UU, Suecia, Brasil y Francia. Aquí vamos a resumir cómo funciona el asunto en los dos primeros países: en EE.UU, por ser el pionero en la materia, y en Suecia porque a medio camino -y como resultado de conversaciones entre libreros y bibliotecarios- tuvo que cambiar el modelo de préstamo en bibliotecas después de que las editoriales vieran en peligro sus ventas.

 

Los editores en EE.UU

En EE.UU, a pesar de las reticencias iniciales de la industria, toda las mayores casas editoriales comerciales tienen en estos momentos proyectos de préstamo de libros electrónicos a las bibliotecas. Y varían de unos a otros. Por ejemplo, HarperCollins utiliza un modelo denominado “de acceso con contador”, por el que se limita el número de préstamos por título a 26. Una vez sobrepasados, la biblioteca debe recomprar el ebook.

Por su parte, Hachette abrió en mayo de 2013 todo su catálogo poniéndolo a disposición de las bibliotecas de forma simultánea a las ediciones impresas. Los títulos pueden ser prestados solo a un usuario al mismo tiempo, y las bibliotecas pueden hacerse con un número de copias ilimitado. Lo llamativo es que el precio que pagan las bibliotecas por estas copias es tres veces el precio del libro impreso cuando es una novedad editorial. El precio baja en un 50% si el título lleva en circulación 12 meses.

NYC-Public-Library-Manhattan_780m1ggMás novedoso (aunque creemos que poco exportable a España) es el programa piloto adoptado en abril de 2013 por Simon & Schuster con las Bibliotecas Públicas de Nueva York, Queens y Brooklyn, por el que éstas tenían acceso completo a su catálogo de libros electrónicos durante un año, con una circulación ilimitada de sus ebooks, aunque respetando siempre solo un préstamo por título en un determinado momento, y sin límite en el número de préstamos por título. Además, a los usuarios de las bibliotecas se les ofrece la posibilidad de comprar los ebooks de Simon & Schuster, y si lo hacen la biblioteca se lleva una comisión sobre la venta.

 

Los distribuidores

No obstante, el modelo mayoritario en EE. UU sigue siendo el de “una licencia-un usuario”. Es el que opera en el 85% de los préstamos que se realizan desde la plataforma de Overdrive, el mayor distribuidor de libros electrónicos y audiolibros del mundo, que trabaja con el 90% de las bibliotecas estadounidenses. En 2013 se prestaron 79 millones de ebooks en EE.UU a través de Overdirve, un 46% más que el año anterior.

Frente a este modelo “una licencia-un usuario”, el informe cuenta que la plataforma digital Hoopla ha puesto en marcha un sistema -no con ebooks pero sí con audiolibros, vídeo y música-, que pretende “mejorar la experiencia del usuario” de la biblioteca facilitando “un servicio tan atractivo como el de las apps y las plataformas comerciales”. Hoopla no es un servicio por subscripción ni un modelo de licencias, y no cobra a las bibliotecas unas tarifas anuales. En Hoopla, los editores establecen y ajustan cuando lo consideran oportuno el precio de cada título, el portal muestra en tiempo real qué es lo que se está “leyendo” en cada momento, y los editores y autores cobran cada vez que se presta su audiolibro. Las bibliotecas solo pagan por lo que se presta realmente, y cuentan con herramientas para supervisar su gasto. El servicio se puso en marcha en febrero de 2013 con 10 bibliotecas, y hoy lo utilizan más de 300 redes, incluidas las de Toronto, Chicago, Boston, San Francisco y Los Ángeles.

 

La experiencia sueca

elibEn Suecia, los cuatro grandes editores crearon en el año 2000 su brazo digital, Elib, que puso en marcha después de dialogar con las bibliotecas un sistema de pago por préstamo. El número de copias de un título al que podía se acceder al mismo tiempo era ilimitado, y las bibliotecas pagaban dos euros por cada préstamo. Cuenta el informe que en 2013, alcanzado ya 1,4 millones de préstamos anuales, se vio que el sistema tenía grandes fallos: con esa política de precios fijos, los editores, preocupados por que los préstamos en bibliotecas canibalizaran las ventas, no ponían a disposición de las bibliotecas las novedades hasta que éstas empezaban a decaer comercialmente. Después de un periodo de consultas, se reconoció que era necesario un sistema viable que diera a las bibliotecas el control sobre su catálogo y sus costes, protegiendo al mismo tiempo las ventas de las editoriales.

Con el nuevo sistema, los editores pueden elegir entre poner sus títulos a disposición de las bibliotecas con un “modelo de acceso” (libre acceso, pago por préstamos y un número ilimitado de usuarios simultáneos) o un modelo de licencias (compra de “copias virtuales”, con diez préstamos por licencia, válida por cinco años, con un solo usuario cada vez). Los editores establecen y revisan los precios en cualquier momento, y las bibliotecas pueden elegir su catálogo de entre los títulos disponibles, gestionando catálogo y costes desde la interfaz de Elib.

El informe reconoce que en la era digital, las bibliotecas están “reinventándose a sí mismas, creando nuevas propuestas de valor, proporcionando nuevos recursos y encontrando nuevas formas de servir a su comunidad”. Y dice que “el préstamo en bibliotecas, hecho correctamente, puede contribuir a los ingresos de los editores”. Por eso, en este escenario, más que por políticas establecidas de arriba a abajo, apuesta por los modelos colaborativos que sirvan a los intereses de todos, algo en lo que ya trabaja, experimentando como muestra el informe, el ecosistema del libro.

Informe sobre el mercado global del libro electrónico (con parada especial en España)

global-ebookHace unos días se publicaba la nueva edición del Informe Global Ebook sobre tendencias en el mercado mundial del libro electrónico, y no podíamos dejar de compartir aquí con vosotros algunos de los contenidos que nos han parecido más interesantes. Se trata de uno de los informes más exhaustivos a nivel internacional, que presenta datos reales (y no pronósticos) sobre la situación de casi todos los principales mercados para el libro electrónico, desde los maduros de EEUU y Reino Unido, hasta los emergentes de Brasil, China, India Rusia y países árabes, pasando por los principales mercados europeos.

Y decimos casi todos los principales porque -y ésta es una laguna importante en el informe, a nuestro juicio- no recoge información alguna sobre el mercado en lengua castellana más allá de los datos referidos a España. Y eso a pesar de que reconoce que es uno de los pocos mercados editoriales lo suficientemente grande (con Latinoamérica y la población hispana de EE.UU) como para “formar un centro de gravedad por derecho propio” en el que puede producirse dinámicas diferentes a las tendencias globales. Porque, al igual que puede pasar en EE.UU, Reino Unido y Francia, por ejemplo, el mercado del libro en castellano refleja identidades y tradiciones culturales propias, y favorece la creación y la permanencia en el tiempo de actores propios -diferentes a los globales Amazon, Apple, Google y compañía- tanto en el sector editorial como entre los libreros.

El mercado español

Los aspectos generales que aborda el informe y, en especial, el epígrafe referido a España están disponible en castellano en Universo abierto, el blog de la biblioteca de la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca (siempre una estupenda referencia), por lo que no vamos a duplicar aquí trabajo ya hecho. Solo destacamos los datos más originales y actuales sobre España que recoge el informe, basados en encuestas hechas expresamente para el informe a expertos en el mercado español:

  • Los profesionales del sector estiman que la cuota de mercado de los libros electrónicos se sitúa a mediados de 2013 alrededor del 3%, dos puntos porcentuales por encima de la cuota que se registraba en 2012.
  • Para las novedades en ficción, dicha cuota de mercado sube hasta el 8%.
  • Las ventas de títulos de ficción alcanzan el 70% del total de las ventas de libros electrónicos.
  • Se espera que en 2015 el 15% de los ingresos del sector editorial provenga del libro electrónico.
  • No presenta cifras exactas respecto al tamaño del catálogo de libros electrónicos disponible para los usuarios, pero se estima que ya lo forman entre 30.000 y 50.000 títulos.

No os perdáis, en la traducción publicada en Universo abierto, o en el informe original (en inglés), el repaso que hace de los principales actores en el mercado del libro electrónico en España.

Los abusones en el mercado global

La otra aportación que nos parece interesante destacar de este informe es el análisis que hace del ecosistema del libro electrónico a nivel mundial, con el conflicto abierto entre actores globales y actores locales, y los nuevos paradigmas y retos que se presentan en el sector, con asuntos tan candantes como la competencia desleal de empresas como Amazon, Apple y Kobo respecto al pago de impuestos en los países en los que operan, y los sistemas fiscales de saldo con los que compiten algunos países europeos (Luxemburgo, Irlanda) para atraer a estos gigantes.

NologoY es que se habla mucho de la piratería como principal amenaza para el sector, pero mucho más perjudicial puede llegar a ser la posición abusiva que ocupan estas empresas globales, que amenazan con barrer toda competencia. Y cuando hablamos de concentración monopolística en un sector como la cultura, estamos hablando de algo mucho más peligroso que la amenaza que suponía las políticas de expansión de Starbucks, que narraba el magistral No logo de Naomi Klein. Hablamos de pérdida de libertad, del derecho a la información, a la formación y al acceso a la cultura, de amenaza a la identidad cultural, de empobrecimiento de las personas y las comunidades.

Por eso, de todo esto prometemos hablar dentro de poco en otra entrada de este blog, para contar, entre otras cosas, qué se están haciendo dentro y fuera de nuestras fronteras para frenar las prácticas abusivas. Estaremos encantados de recibir vuestros comentarios al respecto y debatir sobre ellos.