Hoteles para ricos, bibliotecas para pobres: se buscan disidentes

 

No hay mayor gratificación para el emisor que comprobar que el mensaje ha llegado sin distorsiones. Es el ABC de la Teoría de la comunicación. Una teoría que las redes sociales someten a las condiciones más extremas cada día. Y proveniente de esas redes llegó un Recibí, hace unos días, que merecería ser grabado en la cabecera de este blog.

Rafael Muñoz, autor de la columna digital sobre libros y literatura Tirando a citar, cada semana condensa y mejora el sentido de este blog con los tuits con los que comparte lo que aquí se publica. Educados como somos lo agradecemos con retuiteos y respuestas: pero el otro día Rafael nos hizo un retrato, no sabemos si muy fidedigno o no, al que desde luego nos gustaría parecernos tanto como Dorian Gray al suyo:

 

 

Remover los anclajes es una cuestión de primera necesidad, cuando de lo que estamos hablando, es del papel que las bibliotecas pueden tener en el nuevo panorama digital.

Pero los peligros que acechan son los mismos que acechaban a Dorian Gray: que el narcisismo y la autocomplacencia terminen por convertirlo en un cliché. Es suficiente que se confíe uno en su discurso para terminar de falso predicador cual Robert Mitchum en la excelsa La noche del cazador (1955). De ahí que, como cura en salud, este texto busque la disidencia hasta de sí mismo desde el principio. ¡Viva lo digital! pero sin decir amén a nada.

 

La imprescindible y única, en todos los sentidos, La noche del cazador (1955) de Charles Laughton.

 

El historiador israelí Yuval Noah Harari no acude al maniqueísmo del malvado Mitchum para explicar el mundo: pero lo que dice es tan nítido y comprensible que ha hecho que sus predicciones sean todo un éxito. No vamos a desmenuzar sus ensayos best sellers: Sapiens o el más reciente Homo Deus. Breve historia del mañana (quienes quieran enterarse que hagan uso de su biblioteca/librería más cercana) pero nos quedamos con una de sus reflexiones más sugerentes e inquietantes:

“gracias a la ingeniería genética y los cíborg, combinando el cuerpo humano con piezas biónicas, se ampliarán los límites de la vida. […] La biotecnología va a hacer posible traducir las desigualdades económicas en desigualdades biológicas. Es decir que los ricos van a ser más listos, más creativos e incluso más morales que el resto de la población, van a poder diseñar su cerebro y sus cuerpos para lograr nuevas destrezas.”


El lampedusiano “que todo cambie para que todo siga igual” revalidando su vigencia también en la era digital. Si durante siglos fueron las guerras, la falta de una buena alimentación o de unas condiciones de vida dignas las que ejercían de selección natural/social: tras el paréntesis del siglo XX, va a ser la tecnología la que venga a restituir el orden social, tal y como era, antes de la Ilustración.

 

 

Cabecera del blog de Barbara Fister: bibliotecaria, escritora y amistosa cascarrabias.

Hace unas semanas la bloguera y bibliotecaria Barbara Fister se preguntaba en un artículo de la publicación online sobre educación superior Inside Higher Ed: ¿por qué persisten las bibliotecas públicas gratuitas?

El artículo en cuestión repasa el proceso histórico a través del cual se llegó a la gratuidad de una institución que, hasta finales del XIX, pertenecía a las élites. Fister parte de las muchas similitudes entre aquella época y la actual para preguntarse:  ¿por qué se cuestiona entonces tanto la vigencia de las bibliotecas en la actualidad? ¿Se debe a que la tecnología las ha hecho prescindibles? Evitemos explicaciones simplistas y adoptemos un tono pelín apocalíptico que siempre da más juego.

Las bibliotecas públicas son un escollo, un obstáculo, un invento que rápidamente hay que “anacronizar” para que el pueblo vuelve mansamente al redil. Las bibliotecas públicas son un artefacto que hay que desactivar cuanto antes porque contienen millones de recursos para cuestionar el discurso de la servidumbre voluntaria que se están imponiendo casi sin resistencia.

 


 “La primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre; es la costumbre la que consigue hacernos tragar sin repugnancia su amargo veneno”  

 

Si tal como profetiza Yuval Noah Harari los ricos se transformarán en cíborgs: tenemos claro en qué tipo de cíborg se transformarán los nuevos ricos provenientes del pelotazo urbanístico de estos últimos años en España.

Esta frase del Discurso de la servidumbre voluntaria fue escrita por Étienne de la Boétie, joven magistrado amigo de Montaigne, en el siglo XVI. Y la editorial Virus no podía haber elegido mejor ilustración para la portada que la del dibujante de cómics Nono K: una memoria extraíble a punto de encajarse en nuestro cerebro.

Llevan un tiempo escribiendo un guión para acostumbrarnos a como van a ser las cosas a partir de ahora, y lo seguimos con una fidelidad que para sí quisieran los directores de cine. Si algo diferenciará, en el futuro, a esta revolución de las que la precedieron: será la mansedumbre (e incluso la alegría) con que se aceptan sus imposiciones/intromisiones de una manera voluntaria, casi como mandatos divinos de ser un superior. Si la primera regla de todo buen guión es lograr la suspensión de la incredulidad en la audiencia: hay que reconocer que este guión es digno de la HBO.

 

Ozymandias el megalómano multimillonario del Watchmen de Alan Moore creando su propio nuevo orden mundial.

 

Basta repasar algunas de las secciones de un periódico (impreso o digital) reciente para indagar en cómo nos van entrenando para el advenimiento de los cíborgs:

 

Política: la clase política tal vez sea de las que peor está adaptándose a los cambios. Mientras los partidos históricos se arrastran como mamuts;  las propuestas de los políticos más jóvenes, más allá de un mejor manejo del marketing para vender su producto: se concentran en revolver en los armarios ideológicos de los abuelos. Mientras, se va allanando el camino a nuevos totalitarismos. De entre los últimos titulares a destacar: la eliminación de la Literatura Universal de los planes de estudio en Bachiller propuesta por el PP; y el Farenheit 451 de Podemos con su propuesta de ley sobre el colectivo LGTBI.

 

Cultura/Espectáculos: la sección de cultura se confunde, cuando no se funde, con la de espectáculos. Puede que los disidentes de los discursos únicos se refugien aún en según qué suplementos culturales: pero la cultura de masas lo invade todo imponiendo su lógica de multicine. La estrella pop Katy Perry (la misma que rodó un vídeo financiado por el Pentágono), en su último lanzamiento, añade críticas al capitalismo y a la industria envueltos en su brillante universo de colorines. Crítica social manufacturada, en un fastuoso producto audiovisual, que cubre el cupo de rebeldía necesario para engrasar el correcto funcionamiento del sistema al que se critica.

 

Katy Perry abriendo los ojos a la realidad en el vídeo de Chained to the rhythm.

 

Televisión: los jóvenes que podrán votar en las próximas elecciones nacieron el año en que se estrenó el padre de todos los realities: Gran Hermano. Puede que en su vida hayan oído hablar de Orwell pero llevan 1984 grabado en su ADN cultural. Cuando tenían un año se estrenó OT (Operación Triunfo) y al alcanzar la mayoría de edad triunfa Tu cara me suena: la imitación, la réplica vendiendo más que los originales. Puede que ahora vivan en las redes sociales y pasen de algo tan antiguo como la televisión generalista: pero el germen de lo clónico ya está instalado en su chip. Andy Warhol que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

 

Sociedad: la cabecera Sociedad siempre ha sido un eufemismo en los medios respetables para dar cabida al puro y duro cotilleo. La fama ya ha conseguido librarse del peso muerto del logro profesional para valerse por sí misma. Lo aleatorio se convierte en virtud y las sagas más peregrinas de famosos se perpetúan creando una nueva casta que se expande con la eficacia de una cadena de producción.

 

Bolso de Balenciaga (1.700 euros), bolsa del IKEA (50 céntimos).

 

Consumo: la última crisis ha sido una auténtica factoría de millonarios (7.000 nuevos millonarios en 2016 en nuestro país). Unos consumidores que necesitan rápidamente hacer ostentación de su nuevo estatus. Dada la inflación de imitaciones que copan los mercados: ¿dónde buscar la exclusividad si hasta las propias marcas de lujo han terminado aceptando las imitaciones para seguir haciendo negocio? Su nueva condición de cíborgs puede que asegure su superioridad biopolítica, pero no por ello su creatividad: así que lo más plausible es que vuelvan la vista atrás para fijarse en lo que hacían sus antepasados para distinguirse. Y he aquí que descubrirán a las bibliotecas.

 

Fotografía de Lauren Greenfield. Esta fotógrafa se ha especializado en retratar a los nuevos ricos del siglo XXI. En esta foto aparece la ex modelo letona Ilona en la biblioteca de su mansión. Biblioteca que solo contiene copias de un libro autopublicado con sus propias fotografías de moda.

 

Las bibliotecas sobrevivirán, sí, pero dejando que se caiga a pedazos el cartel con la palabra “pública” de sus fachadas. Las bibliotecas tiene que volver a ser ornamentales, no instrumentos de cambio: sino de dominio, de perpetuación de privilegios como lo fueron en la Edad Media o los tiempos previos a la imprenta. Han de refugiarse en las mansiones, en los clubes selectos y en los hoteles de más de cinco estrellas. Tal y como dijo la gran ideóloga Carmen Lomana: si los ricos gastan su dinero, activan la economía. Y no podemos estar más de acuerdo, siempre que su dinero sea realmente suyo.

 

The Library Hotel Koh Samui (Thailandia)

 

El auténtico buen gusto no está en la ostentación, huye del exhibicionismo zafio de los nuevos ricos, que impera a sus anchas en estos tiempos. Por eso, la última tendencia para hoteles de altísima gama que quieren desmarcarse del mal gusto dominante, sólo podía llegar a través de la cultura. Lo único capaz de aportar auténtica distinción.

The Carlisle Bay Luxury Hotel en Antigua, con The Ultra Violet Library que cambia de color por la noche; The Starwood Luxury Collection del hotel The Joule en Dallas, con libros de la exquisita editorial Taschen; la biblioteca del londinense hotel One Aldwych; o The Viceroy Hotel en Santa Monica, con 2.000 libros sobre arte y cultura: junto a muchos otros hoteles, y resorts del Caribe, que han hecho de sus bibliotecas un valor añadido de su oferta. Eso sin entrar en lo que incrementa el precio de un inmueble el hecho de que cuente con una biblioteca, en publicaciones dirigidas a gente adinerada, como Money Week (de lo que ya hablábamos en Corrupteca Nacional: bibliotecas y corrupción).

 

The Renaissance Washington DC Hotel con más de 5.000 libros

 

Visto el panorama puestos a lanzar hipótesis de futuro puede que, pese a todo, sobrevivan algunos servicios bibliotecarios de carácter público. Aunque es posible que actúen más como albergues para indigentes o clubes de la tercera edad que como centros culturales de primera necesidad. Pero como hemos prometido que este texto aspiraba a ser disidente hasta de sí mismo: aún guardamos un último giro de guión.

 

Gran Hotel Abismo, la estupenda novela gráfica de Marcos Prior y David Rubín: en un futuro en el que el neoliberalismo se ha convertido en religión de Estado los disidentes atacan al sistema con sus mismas armas: una violencia convertida en espectáculo de masas.

 

Los pobres huérfanos protagonistas de La noche del cazador huyen del falso predicador, en plena devastación por el crac de 1929, para encontrar refugio en la casa de una anciana bajo los rasgos de Lillian Gish. ¿Quién no va a sentirse a salvo si te protege alguien como Lillian Gish con su rodete de aires bibliotecarios? Por las noches les lee la Biblia en el porche mientras hace guardia para defenderse del perverso predicador. La religión como consuelo, la religión como narración.

Justo lo que sostiene Yuval Noah Harari en Sapiens: que el homo sapiens ganó al, más aventajado físicamente, neardental gracias a la capacidad del primero para crear ficciones. Si alguna ventaja guardan las bibliotecas es la de albergar miles de buenas historias de ese homo sapiens en riesgo de extinción. Así pues relajémonos y dejemos que nos cuenten un cuento con final feliz:

 

“En 2025, una hecatombe digital ha sumergido al mundo en un caos que colapsa la economía, la política, las telecomunicaciones…los ciberataques son tan fuertes que ninguna profesión está a salvo. Pero un pequeño grupo de bibliotecarios sobreviven, comunicándose gracias a un lenguaje basado en la CDU. Todo el saber acumulado por los hombres, se mantiene preservado en las estanterías de las olvidadas bibliotecas, y ahora todo ese trabajo inútil a la luz de la nueva era digital, se convierte en el último garante para la supervivencia de la civilización”

 

Los huérfanos del nuevo orden económico bajo el manto protector de una “cuenta cuentos”. 

 

Lobbies de biblioteca

 

Si algo tienen los estadounidenses es el don de la oportunidad. La industria de Hollywood cuando se olvida, por un momento, de los taquillazos diseñados por ordenador para adolescentes y se ocupa de temas adultos: demuestra una agilidad asombrosa para abordar asuntos de lo más candente.

No es de extrañar por ello que a poco más de tres meses de haber llegado a la Casa Blanca un presidente apoyado por el lobby armamentístico: se estrena una película que analiza el poder implacable de los lobbies (o grupos de presión política) que operan en Washington. En El caso Sloane (2016) es un lobby que defiende a la industria armamentística; pero en la magnífica serie House of cards ya llevan varias temporadas mostrando la cara más sucia e inquietante de los entresijos del poder (una visión avalada por figuras como Obama o Clinton).

Pero ¿se podría hablar de lobbies de biblioteca? Sin duda. En Tensión bibliotecaria no resuelta ya citábamos al implacable lobby estudiantil que impone sus necesidades al resto de habitantes de las bibliotecas (bibliotecarios incluidos). Como se decía allí: las salas de las bibliotecas en ocasiones son lo más parecido a una lucha por la supervivencia en hábitats reducidos. Pero hay otros tantos lobbies muy habituales en la mayoría de bibliotecas de tamaño medio-grande.

 

 

El Lobby de oro (en recuerdo de la inolvidable Las chicas de oro) o de la tercera edad por entendernos: no es despreciable en cuanto a la territorialidad que demuestran algunos de sus miembros a la hora de hacer suya la biblioteca. No será ni una, ni dos, ni tres, sino probablemente muchas más las bibliotecas que han tenido que poner algo de orden a primera hora de la mañana en la sección de lectura de prensa.

Para individuos que han vivido los años de escasez de la posguerra: lo de acaparar la prensa e incluso llegar a sentarse sobre ella si hace falta para asegurar su lectura antes que nadie (basado en hechos reales): resulta un hábito adquirido difícil de controlar. Tanto como colarse en otros espacios matutinos que dominan a la perfección: las consultas del médico o las colas en las plazas de abastos.

Los efectos secundarios del Sintrom no dicen nada al respecto, así que habrá que deducir que esa habilidad va de serie en muchos de los representantes de la generación más longeva que conoce nuestro país.

 

Damien, con sus padres, camino de la biblioteca.

 

El lobby infantil, pese a que algunos bibliotecarios hayan creído ver a Damien de La profecía encarnado en más de uno de los tiernos usuarios de la sección: en realidad no existe. El grupo de presión que lucha por los derechos de los menores en la biblioteca es algo más temible incluso que el lobby de oro y el de los estudiantes juntos.

La educación en España siguiendo escrupulosamente la ley del péndulo: del exceso de autoritarismo al exceso de permisividad.

Se trata del Lobby paterno/materno (contravenimos la economía en el lenguaje con tal de no alterar a colectivo de piel tan fina): no hay nada como un padre o madre (en esto no discriminamos por nacionalidad, faltaría más, pero si son españoles el riesgo se acentúa) que crea que la biblioteca ha perjudicado a su criatura para que se convoque de inmediato el gabinete de crisis del centro.

Un error que ha dejado sin plaza a un niño en un taller; un cómic manga traicionero de esos que arrancan de lo más cándido, y allá por el número 56, hacen desarrollarse exuberantemente a sus heroínas pero sin cambiarles la talla de vestido; o ese libro/película/cederrón que jura y perjura que su hijo se llevó tal y como si un gato montés lo hubiera tenido en su madriguera durante un año.

 

De acuerdo, los mimos dan grima. Pero ¿qué tal una campaña bajo el nombre de: Mimo mi biblioteca? En ella un mimo recibiría a papás y niños los días de mayor afluencia a la biblioteca. Por un lado, se podría inducir a los niños a respetar la quietud en la biblioteca; y por otro (esto sería lo más difícil): “reeducar” a ciertos progenitores sobre el necesario respeto por los espacios y bienes públicos.

 

Y aún podríamos seguir definiendo a vuelapluma algunos grupos que probablemente no entran dentro de la categoría de lobbies pero que igualmente pugnan por sus intereses dentro de la biblioteca (investigadores, docentes, escritores, asociaciones de barrio…). Observar a distintas especies luchando en los confines de un mismo territorio siempre resultará un espectáculo fascinante de estudiar.

Ensayo de 2014 sobre profesionales de la información que trabajan con asuntos que desafían el status quo.

Pero, ¿y la especie bibliotecaria? Para hablar de bibliotecarios dejamos la etología aparte. No es un trato de favor respecto a los demás colectivos, es que a los especímenes bibliotecarios ya los sometemos a estudio continuamente. Por eso en este caso mejor centrarnos en la capacidad del gremio para ejercer algo de poder.

Cuando en nuestro país hay solo dos colegios profesionales, y pese a los esfuerzos, no ha sido posible hasta la fecha crear más: hablar de grupo de presión resulta, por decirlo suave: un tanto exagerado. Fuera de la labor de las asociaciones por defender los intereses de la profesión: los bibliotecarios españoles quedan muy lejos, no ya de los Estados Unidos, sino de incluso países más cercanos como Francia o Italia.

 

 

El impresionante plató montado en una plaza de Milán para la gala que retransmitió la RAI3 para fomentar la lectura.

En Italia, desde el 2015, llevan organizando una campaña conjunta en las redes sociales: editores, libreros y bibliotecarios para fomentar la lectura a través del hashtag #ioleggoperché (lo leí). Ya de por sí esta alianza suena exótica en nuestro país; pero aún lo es más cuando se suman a ella desde:  redes de supermercados, la red de ferrocarriles (organizando un bookcrossing) e incluso la RAI3: que el primer año retransmitió en horario de máxima audiencia una gala desde Milán como clausura de la campaña.

¿No serían buenas ideas a imitar en el flamante Plan de Fomento de la Lectura 2017-2020? Seguro que una de las estrellas del grupo televisivo de origen italiano Mediaset querría ejercer de maestra de ceremonias. De este modo combinaría su experiencia como conductora de realities con su reciente empeño por convenZer a los telespectadores para que lean.

Ya que importamos, televisivamente de la Italia de los 90, cosas tipo las Mamachicho o las Cacaomaravillao: no estaría mal importar ahora galas tipo la de Milán en 2015. Mucho se habla del sentido del espectáculo de los estadounidenses; pero nuestros vecinos mediterráneos tampoco se han quedado cortos a la hora de montar buenos shows.

 

 

Y desde el 2012, también en Italia, se lleva celebrando el Bibliopride desde Nápoles. Puede que algo menos vistoso y colorido que el Gaypride pero igual de reivindicativo: marchas, eventos sincronizados en bibliotecas de todo el país, flashmobs, fiestas y múltiples actividades para reafirmar la importancia de las bibliotecas en la sociedad.

 

 

En Francia, la Asociación de Bibliotecarios acaba de denunciar las condiciones de trabajo de muchas de las bibliotecas de la zona de Languedoc-Roussillon. En una carta abierta, los bibliotecarios han denunciado a través de los medios las situaciones de recortes, abusos de poder e incluso acoso: que están viviendo algunos de sus colegas en las bibliotecas de la citada región. Nada nuevo en Francia donde las asociaciones que defienden a las bibliotecas y sus profesionales tienen un largo recorrido.

Compilación de ensayos, publicado en 2008, en los que se pone en tela de juicio la, supuestamente, necesaria neutralidad bibliotecaria.

No sabemos hasta que punto se podría hablar de lobbies bibliotecarios en Italia o Francia, pero en los Estados Unidos, dada su gran tradición activista y asociativa, el término no queda tan lejos.

Casos como el posicionamiento de los bibliotecarios en contra de la Administración Bush, en su día, con tal de defender la privacidad de sus usuarios; la contundente respuesta que están dando a las iniciativas de Trump; o la exitosa campaña iniciada por una bibliotecaria para evitar la prohibición de un libro de Michael Moore: dan fe de que, pese a ese declive del imperio norteamericano que muchos profetizan, tienen muchas lecciones que darnos en según qué asuntos.

Mucho se habla de la biblioteca como lugar para el empoderamiento (palabra fea, pero inevitable hoy día) de muchos colectivos. Pero mucho nos tememos que hablar de las bibliotecas como centros de poder es una ucronía que requiere de una imaginación a la altura de los guionistas de House of cards. Pero ya lo advertimos hace poco: hay un golpe de estado cultural en ciernes y en el nuevo orden mundial aún queda por saber en qué lugar quedarán las bibliotecas.

 

Que nadie confunda la discreción del gremio bibliotecario con un afán por desaparecer: todo lo contrario. Es un ardid para convertir a las bibliotecas en centros de poder en la sociedad del exhibicionismo.

La revolución empezará en la biblioteca

 

 

“No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”

Jiddu Krishnamurti

 

Entre 1904 a 1906 Winsor MCcay publicó la tira dedicada a Little Sammy Sneeze en el New York Herald. El estornudo del pequeño Sammy resultaba subversivo en su inocencia: era el grito huracanado e irrefrenable de un arte que aspiraba a romper la claustrofobia de las viñetas para volar libre y surrealista. Entonces llegaron los superhéroes con sus estéticas, entre ridículas y fascistas, y confinaron a lo que hoy se entiende como novela gráfica en los estrechos márgenes industriales de los comic books (o cómics de grapa).

Pero no vamos a hablar de cómics aquí, aunque lo parezca, en realidad de lo que queremos hablar es de libertad de expresión. Y concretamente de libertad de expresión en bibliotecas. Ya desgranamos casos reales de intentos de censura en Acróbatas del tejuelo; y aquí en cierto modo damos una vuelta de tuerca de nuevo al asunto.

Hace pocos días saltaba la noticia de que la Biblioteca Pública de Nueva York expondrá los archivos de Lou Reed. Como dijo su viuda la compositora Laurie Anderson resultaba de lo más lógico que la memoria de Reed quedase en una institución como la biblioteca y en mitad de la ciudad que tan intensamente vivió.

¿Pero habría sido algo así posible en los años en que vieron la luz canciones como Heroin, Venus in furs o incluso su éxito más reconocible por las masas: Take a walk on the wild side? ¿no se habrían elevado muchas voces denunciando que cantos a las drogas, el sadomasoquismo o la transexualidad no deberían albergarse entre las respetables paredes de una biblioteca?

Es cierto que el tiempo desactiva la carga explosiva de muchos productos culturales que en su día escandalizaron.  Pero también es cierto que como repite Pedro Almodóvar últimamente: sus películas levantarían aún más ampollas en estos tiempos que en los 80 en las que nacieron. Mirándolo bien estamos de enhorabuena: la exacerbada corrección política que todo lo ahoga está creando un caldo de cultivo de lo más fecundo para el éxito de la irreverencia.

En otros tiempos eran los artistas los que hacía uso de la irreverencia para arraigar sus discursos creativos en la sociedad. Ahora en cambio son personajes tan groseros como Trump los que triunfan gracias a que tanta gente se la coja con papel de fumar por miedo a pisar algún callo (el reciente artículo de Alfredo Álamo en Lecturalia sobre los “lectores de sensibilidad”  ponía los pelos de punta). Puede que estemos en los albores de movimientos que, como el punk en los 70, sacudan el vertiginoso en las formas, pero amuermante en los contenidos: panorama de este mundo hiperconectado. Una señal clara provendría del auge de fenómenos culturales alternativos como son los fanzines.

 

El reciente artículo publicado en Tentaciones de El País: ¿Por qué el fanzine vuelve locos a los nativos digitales? describía el auge de este tipo de publicación vocacionalmente marginal, underground, grosera y gratuitamente procaz entre las nuevas generaciones. Lo que fue un arma contracultural cuando no existían las redes sociales, ni el WhatsApp, ni siquiera el correo electrónico: está viviendo una posible segunda, tercera o cuarta edad de oro paralelamente al boom de la lectura digital. Y ¿cómo no? las bibliotecas están ahí.

En algunas de ellas se está haciendo un hueco cada vez más señalizado al fanzine. Bien de estraperlo entre las cada vez más numerosas secciones dedicadas al cómic y la ilustración; o directamente reclamando el sufijo -teca que tantos otros soportes, antes que ellos, se han ido adhiriendo. ¿Pero no puede ser un contrasentido que algo tan independiente, auto gestionado y crítico con el sistema se integre entre los respetables muros burgueses de una biblioteca? Cuenta atrás para el primer titular sobre la denuncia de un indignado ciudadano contra una biblioteca por tener una sección de Fanzinoteca.

El libro de Rafa Cervera sobre uno de los fanzines más célebres de la movida madrileña de los 80: Estricnina

Pero en realidad esto no sería nada sorprendente. Los que deberían, tal vez, estar más inquietos son los propios fanzinerosos.

¿Se puede preservar el vitriolo grapado que transportan algunos fanzines dentro de instituciones que dependen de políticos que sostienen al sistema que critican? ¿No actúan las bibliotecas como el vampírico señor Burns de Los Simpson: frotándose las manos ante la sangre fresca de esa juventud inquieta y creativa que puede asegurarles un poco más de vida?

Tan exagerado suena una cosa como la otra, pero hablando de fanzines: lo suyo es irse a los extremos para conseguir un retrato bastante realista de la situación.

 

Muro de la Biblioteca Central de Bristol en el que se conserva una intervención de Banksy. La frase sonriente que aprovecha las dos salidas de ventilación como ojos para proclamar que: “no necesitas pedir permiso para construir castillos en el aire”

Hace también unos días se inauguraba, junto al muro que Israel ha construido en Cisjordania, un hotel decorado por el artista urbano más famoso del planeta: Banksy. El que ya se conoce como el hotel con peores vistas del mundo es el último proyecto del misterioso grafitero que lleva años lanzando sus andanadas contra el sistema en forma de perfomances urbanas.

Pero no solo eso, Banksy es quizás el que ha puesto de manera más evidente sobre la mesa la eterna cuestión de si un movimiento artístico que nace para rebelarse puede integrarse en las instituciones. Su ya mítico documental Exit through the gift shop, además de divertido: planteaba la cuestión más peliaguda de todas: ¿hay un momento en que hay que dejar el underground y aspirar a la…

Así escrito, bien escandaloso y de sospechoso color marrón. El que te respeten está muy bien hasta que deja de estarlo. Cuando el respeto es un eufemismo para camuflar la falta de deseo puede resultar de lo más frustrante; y en este sentido las bibliotecas no quieren ser respetadas, es más, necesitan que les falten al respeto cada vez más. Que las intervengan, las cuestionen, las reinterpreten, las invadan, las revivan, las sacudan: en definitiva que alejen de ellas esa respetabilidad de damas decimonónicas con que algunos políticos las siguen imaginando. Esos responsables políticos que en cambio, sistemáticamente, les faltan groseramente al respeto, les hacen bulliying: recortándoles presupuesto, personal, horarios o actividades.

 

Fanzines literarios: porque no solo de gore, procacidades y escatologías vive el mundo fanzinero.

 

No es un fanzine: es el libro en el cual el profesor de Harvard Mark H. Moore presentaba en sociedad su concepto del “valor público”.

A mediados de la década pasada el concepto de “valor público” se abrió paso entre los planteamientos de los laboristas ingleses cuando buscaban formas de mejorar los servicios públicos de su país.

Provenía del libro del profesor Mark Moore, de la Universidad de Harvard, titulado: Creando valor público. En esa obra el profesor de Harvard defendía la necesidad de que los funcionarios creasen “valor público” con su trabajo. Frente a la idea de que los trabajadores públicos están supeditados a los designios del  político de turno, debían preservar su independencia como garantes de las instituciones y desafiar los fines de la política. Ahí es nada.

Pero no deja de ser cierto: los cargos políticos pasan; los trabajadores públicos, con plaza fija, quedan. Y Moore puso como ejemplo perfecto la labor que desarrollaban algunos bibliotecarios para mejorar sus servicios.

Eso fue justo antes de que llegase la crisis y arrasase con todo (bibliotecas incluidas). Pero el germen de la idea del profesor Moore no se desvaneció, germinó en cierto modo, en las posteriores revueltas ciudadanas contra el cierre de bibliotecas en tierras inglesas. El espíritu iconoclasta e inconformista  de los fanzines no anda tan lejos de los ánimos reivindicativos que el activismo bibliotecario ha promovido en el mundo anglosajón.

En el fantástico cómic Los viejos hornos: jubilados terroristas y jóvenes antisistema okupan una residencia aristócrata en el centro de París desde la que planifican la revolución.

Si algo se puede aprender de todo esto es que la mejor manera de reformar el sistema es desde dentro. Hacen falta pequeñas palancas que desplacen milímetro a milímetro el tonelaje de unos servicios públicos amenazados. Pensar que unas endebles publicaciones con grapas, fotocopiadas y muchas veces mal impresas puedan cambiar algo: suena de lo más naïf. Pero ¿cuántas revueltas recurrieron a los pasquines y los libelos para propagarse?

Puede que Do it yourself (Hazlo tú mismo) sea el lema punki que inspira el movimiento fanzineroso, pero pocos profesionales públicos están más capacitados para interiorizar su significado que los bibliotecarios. Es el mantra que se repiten día a día al acometer sus tareas.

Los Depeche Mode se preguntan en su último single Where’s the revolution?   Aquí lo tenemos claro, si la revolución llega empezará en una biblioteca.

Dibujo explicativo del autor de cómics y fanzines Magius

Biblioteca capitalista. El musical

 

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Si en el post anterior cerrábamos con Banksy, este post lo abrimos con la instalación sobre el Monopoly, que hizo en Londres en una acampada anticapitalista.

 

Hace unos días la multinacional del juguete Hasbro lanzaba una noticia que promete revolucionar el futuro de esta industria. El juego del Monopoly, cuyos derechos le pertenecen, va a convertirse en un musical. Pero no sólo eso, además la empresa en la que nació Mr. Potato, quiere crear narraciones en torno a sus productos, para que así los clientes se sientan inmersos en la experiencia del juego.

Recuerda mucho a lo que hablábamos en nuestro #postenobras a cuenta de la narración transmedia, como herramienta para vendernos (y en eso da igual que seas una biblioteca que una línea de juguetes). Pero a lo que íbamos, el Monopoly, el juego de las finanzas, el entretenimiento que consiste en especular en el mercado inmobiliario, arruinar a otros, competir por enriquecerse a toda costa, y que lleva décadas enseñando a generaciones la filosofía del capitalismo más desaforado; ahora tendrá además banda sonora.

 

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El Tío Gilito disfrutando de un baño en su depósito de dinero. La felicidad del capitalismo en viñetas para niños.

 

Según lo que nos relataba un artículo de Yorokobu, parece que su creadora, la norteamericana Lizzie Maggie, creó este juego en 1904 para denunciar los excesos del capitalismo (El juego del terrateniente, se llamaba); pero como ejemplo perfecto de la capacidad del sistema en cuestión, para fagocitar toda disidencia: se terminó convirtiendo en el mejor instrumento para perpetuarlo lúdicamente. Y precisamente ha sido este verano, una estación tan propicia a los juegos de mesa, es cuando en la web Actualitté Literaire se alegraban de que finalmente llegue a Francia el BookoPoly, la versión literaria del Monopoly.

 

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Bookopoly, compitiendo por tener una biblioteca.

 

Su dinámica es similar, pero su espíritu francamente distinto. En lugar de especular con propiedades inmobiliarias, se trata de construir librerías, y si se acumulan los suficientes libros, llegar a tener una biblioteca. El castigo no es la cárcel, sino la televisión (deberían concretar en este caso: las series de HBO y demás plataformas similares pueden ser el paraíso para cualquier letraherido, en cambio Mediaset sí que equivaldría a un campo de trabajos forzados para que el que vaya de pureta); y la máxima aspiración es llegar a convertirse en el presidente del club del libro.

 

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Los creadores del Bookopoly tienen que revisar el reglamento. El castigo debe ser ver ininterrumpidamente un reality por ejemplo, pero no ver la televisión en general. Existiendo cosas como Mad men, no resulta creíble como castigo. 

 

Pero de momento, el juego, a partir de los 8 años, puede venderse como una vuelta al adiestramiento en el capitalismo salvaje de su modelo original, para dirigirlo hacia el amor por la cultura. Después de todo, John D. Rockefeller empezó su carrera como bibliotecario a los 17 años en Cleveland: ¿cuánta de su determinación y astucia para los negocios se desarrollaría mientras ordenaba las fichas en los casilleros, u ordenaba los libros en las estanterías?

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Pennies from heaven (Dinero caído del cielo, 1981), el último musical con verdadero sabor clásico

En cualquier caso, el Money, money de Cabaret (1972) se quedará desfasado pronto como himno irónico capitalista; es de esperar que el musical de Monopoly nos deleite con nuevas melodías, que lo hagan aún más irresistible y pegadizo.

El público potencial de los musicales es de mediana edad para arriba, así que no parece que vayan a tener problemas con el hecho que alarmaba al diario económico Libre Mercado, hace unos días: el 51% de los jóvenes estadounidenses se opone al capitalismo.

Desde el liberalismo económico que defiende la publicación del grupo de Libertad Digital, con Federico Jiménez Losantos al frente: eso de que los jóvenes estén decantándose hacia la izquierda, les pone obviamente los pelos de punta. Pero ¿es algo que deba sorprenderles tanto? ¿en qué realidad viven?

 

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Biblioteca acorazada: la cultura hace que siempre tengas liquidez en tu patrimonio.

 

Pero es una noticia que sirve para desmontar más de un dogma. Por seguir con la música, en el ensayo La dictadura del videoclip: industria musical y sueños prefabricados, el sociólogo y artista plástico Jon Illescas, se esfuerza por denunciar los excesos de una industria musical, que inocula los valores capitalistas en las tiernas mentes juveniles, a través de las estrellas de la música. Aunque profusamente documentada y sustentada en argumentos biológicos, económicos, históricos y sociológicos; a tenor de ese 51% de jóvenes que se despegan de los preceptos del capitalismo, parece que el influjo de esas estrellas, ya no es tan determinante como asume Illescas. La realidad, cuando se obstina, aún tiene más fuerza que los sueños prefabricados.

 

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Ilustración de Miguel Brieva para el ensayo de Jon Illescas: La dictadura del videoclip

 

Parece que pese a los esfuerzos de Rihanna (uniendo sangre y sexo para reclamar sus ganancias), Kate Perry (aliándose con el Pentágono para inducir a los jóvenes sin futuro, a que sean carne de cañón), Shakira (defensora del filantro-capitalismo, como una manera de privatizar la educación), Pitbull o Britney Spears (que con su tema Work bitch, resume la filosofía capitalista a ritmo EDM): su brillo no consigue ocultar las miserias de un sistema depredador que lleva décadas robándoles un futuro mejor.

Leyendo el ensayo de Illescas, no se puede evitar empezar a sentirse culpable cuando tarareas la última melodía de moda, o ponerte un poco paranoico al percibir que estás, casi permanentemente, rodeado de mensajes hegemónicos capitalistas, hábilmente distribuidos en hilos musicales de casi cualquier espacio público.

 

La versión “censurada” del tema cargado de crítica social They don’t care about us (Ellos no se preocupan por nosotros) de Michael jackson. Según relata Illescas, el Rey del Pop tras este tema denuncia (del que existe una versión menos incómoda que fue la que se lanzó a los medios), no recibió financiación para su próximo disco. Otras estrellas aparentemente todopoderosas, que recibieron su castigo por salirse del discurso admisible, según la industria del entretenimiento, fueron Prince, o Madonna con la crítica a la guerra de Irak en American life.

 

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Prince con la palabra slave (esclavo) escrita en el rostro; y dejando clara su opinión sobre la industria musical.

 

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Secret project de Madonna, proyecto cargado de crítica social. ¿Lavado de imagen para una reina mainstream o auténtica conciencia social?

Pero pese a las reservas que se puedan tener a los planteamientos de este ensayo  (en su listado de vídeos contrahegemónicos incluye a ¡¡David Bisbal!!, por su tema contra los niños soldados) hay que reconocer que lo cierto es que Illesca se moja.

Al final de su voluminoso estudio, Illescas ofrece su modelo alternativo para desmontar el actual sistema en el que vivimos. Que se hagan propuestas siempre es bueno, que se esté de acuerdo con ellas, ya es otro asunto.

Según su modelo, en la sociedad postcapitalista los ciudadanos que demuestren tener cualidades innatas para la creación musical: serían financiados por el sistema y tendrían que producir arte que ensalzara valores humanos. Su propuesta básicamente consiste en organizar algo tan esquivo como es la creación artística, una funcionarización de los artistas que remite a estructuras de regímenes totalitarios.

 

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Como dijo, David Lynch en una ocasión: “cuando estoy creando no me siento responsable socialmente“. El verdadero arte sólo puede nacer de la libertad individual, de la creatividad no sujeta a estructuras organizativas, porque entonces estaríamos poniendo el primer ladrillo de una nueva fábrica de creaciones manufacturadas, según una ideología. Por eso, ¿no es posible una vía intermedia entre ese capitalismo liberal que defiende a ultranza Libre Mercado, y esa sociedad en la que se termina funcionarizando al arte, que propone Jon Illescas? Ese sería un buen argumento para el día en que adapten el Bookopoly a musical de Broadway (bueno mejor del Off-Broadway que es más alternativo).

 

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César Rendueles, sociólogo y ensayista que aborda una historia crítica del capitalismo desde la óptica de aquellas novelas que le marcaron intelectual y emocionalmente

 

Después de un siglo tan sumamente polarizado como el XX, entre comunismo y capitalismo. Ver un documental de animales de la 2, es muchas veces como ver un tratado de economía del capitalismo salvaje; pero el capitalismo también ha propiciado el periodo de prosperidad más largo que se conoce, dando lugar a las clases medias. ¿No vamos a ser capaces de encontrar un discurso intermedio y más racional?

Mientras tanto, promocionemos al Bookopoly, no deja de ser un sucedáneo del juego capitalista por excelencia; pero al introducir la cultura como un activo para nuestros negocios, al convertir a los libros y a las bibliotecas en inversiones de futuro: puede que sea un buen adiestramiento para cambiar la perspectiva; y quedarse con lo mejor de cada sistema.

 

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Niño de Elche, sus críticas al capitalismo en forma de canciones se escabullen de lo panfletario. Y con esa portada, ¿candidato a compositor de un hipotético musical con el título de Biblioteca capitalista?

 

Dejémoslo aquí antes de incurrir en panfletos, que vamos bien servidos. El cortometraje Logorama es el resumen perfecto de lo dicho hasta ahora. Es brillante, tiene el poder de algunos de los diseños publicitarios más seductores, y nos ofrece un final de caos y destrucción, que en cambio resulta de lo más catártico. Data de 2009, pero pareciera hecho a remolque de esta crisis, de la que sólo parecen querer sacarnos dándonos a elegir entre cara o cruz; y la vida ya se sabe, casi siempre cae de canto.

 

Esta biblioteca mata fascistas

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Woody “disparando” con su guitarra

Cuando el músico folk Woody Guthrie, puso en su guitarra la frase this machine kills fascists (esta máquina mata fascistas), o compuso su canción All you fascists are bound to lose (Todos los fascistas están destinados a perder) en 1944: Mussolini, Hitler, Stalin y Franco tenían al mundo en jaque (bueno este último sólo a los desdichados de sus compatriotas que no eran de su cuerda).

La guitarra de Woody, con su mensaje antitotalitarista escrito encima, es la metáfora perfecta de la confianza ingenua en el arte y la cultura como instrumentos para combatir cualquier extremismo. En aquellos años tenía todo el sentido, pero que en la actualidad términos como fascista, rojo, progre o similares (también hay actualizaciones como perroflauta, feminazi…) sigan copando los medios, las redes sociales y las tertulias; da una idea de lo poco que ha evolucionado el debate público cuando de política se trata, pese a que las circunstancias sean otras.

 

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Los viajes de Sullivan, una rara avis en la producción hollywoodense de comedias en la década de los 40. Atentos a la trama: un director de éxito decide abandonar las comodidades de la meca del cine para disfrazado de mendigo, conocer de primera mano las penurias de los excluidos de la sociedad tras la crisis del 29.

 

Más allá del efectismo de reality show que practican ciertos políticos ¿qué hay de nuevo en esta segunda transición que dicen estamos viviendo? los actores son distintos pero no parece que el debate, pese a las circunstancias cambiantes, haya variado mucho. Cada vez más es necesario estereotiparse, y lo políticamente correcto campa por sus anchas para escarnio de cualquier intento serio de reflexión pública. Una mojigatería y pereza de pensamiento que los voceros digitales se encargan de amplificar hasta el infinito: y a velocidad de crucero, se va apropiando del lenguaje público, tergiversando las ideas para manipularnos a su antojo.

La escritora Soledad Puértolas, junto a otros literatos e intelectuales, reflexionaba en 2013 en un artículo que no hace más que ganar vigencia desde que se publicó (Lo que la cháchara política esconde) en El País, sobre esta usurpación del lenguaje:

 “En este país no existe eso que se llama tejido de la democracia, que nos hace creer más en nosotros mismos, y que nos hace hablar casi con inseguridad”.

En el estupendo post Elecciones y bibliotecas en Andalucía nuestra compañera Carmen Rodríguez García, daba un completo recorrido al lugar que las bibliotecas ocupaban en los programas de los diferentes partidos, de cara a las elecciones andaluzas de 2015. El balance era bastante vago, no ya por la poca presencia de la palabra bibliotecas en sus promesas, sino por lo difuso de las propuestas que hacían respecto de la cultura en general.

 

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Ocupa la biblioteca: un buen lugar para evitar que hagan de ti un tonto manipulable

 

El papel de las bibliotecas en la e-Democracia se debatió en el VI Congreso de Bibliotecas Públicas, pero: ¿qué papel pueden jugar las bibliotecas en el debate político? En Brasil, al menos en el 2013, se celebraran debates políticos en las bibliotecas. Y hace un año, Leah Esguerra, trabajadora social de la Biblioteca Pública de San Francisco en un artículo sobre vagabundos en bibliotecas del National Geographic, dejó una frase para la posteridad: “las bibliotecas son el último bastión de la democracia“.

Si es así (que lo creemos), y si tenemos que hacer otro acto de fe en nuestros políticos, que prometen para este regüeldo de campaña electoral austeridad y contención: ¿sería tan descabellado plantear debates políticos en las bibliotecas? Puede que no tengan los aforos de un palacio de los deportes o de un teatro; pero la cercanía con sus potenciales electores, y el entorno cultural en el que se desarrollarían esos mítines, les darían algo más de credibilidad en una campaña que nos venden como austera.

 

 

En los Estados Unidos, Obama ha dado ruedas de prensa en bibliotecas, y a la exprimera dama recientemente fallecida Nancy Reagan le han dado sepultura junto a su marido en la Biblioteca Presidencial Ronald Reagan (la conexión funeral-biblioteca de la que hablábamos en Bibliotecas: la muerte os sienta tan bien); la pugna entre ciudades por albergar la próxima biblioteca presidencial de Obama ha sido reñida; y Georges W. Bush expuso su colección de pinturas en la biblioteca presidencial que lleva su nombre.

 

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Georges W. Bush mostrando orgulloso lo que sabe hacer con los pinceles

 

Desde que en la década de los 30, se iniciase la tradición de las bibliotecas presidenciales con el trigésimo primer presidente estadounidense, Herbert Horver: todos los presidentes cuenta con una. Sólo la dedicada a Nixon, quedó excluida durante muchos años del sistema de bibliotecas presidenciales. En estas bibliotecas se conserva toda documentación y objetos del presidente y de su periodo de mandato. Las bibliotecas se convierten en lugares de investigación, y al mismo tiempo, en los Graceland (la casa-museo de Elvis en Memphis) de los ex presidentes, por la memorabilia que sobre sus vidas y mandatos reúnen.

Que en un país, uno de los máximos honores que le rinden a un exmandatario, sea fundar una biblioteca con su nombre, dice mucho de la importancia que dan a tales instituciones en la primera potencia mundial. Sólo confiamos en que dentro de unos años no se inaugure una biblioteca presidencial Donald Trump.

 

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En algunos medios ya han imaginado cómo sería la futura biblioteca presidencial de Donald Trump

 

En el país de la Coca-Cola, el activismo y el posicionamiento político es bien sabido que es algo habitual; sin que a nadie le parezca extraño que actores, escritores, periodistas o estrellas de la música declaren abiertamente sus filias y fobias políticas. Y entre estos colectivos, tampoco han faltado los bibliotecarios.

Cada gran bibliotecario debe ser un buen político“, con esta frase tan contundente el editor del Library Journal, John N. Berry, abordaba el asunto de las habilidades que todo buen bibliotecario ha de desarrollar para establecer relaciones provechosas con los políticos que le toquen en suerte. Berry también rememoraba los convulsos años 70 del pasado siglo, en los que un grupo de bibliotecarios bajo el nombre de 321,8 (número en la clasificación de Dewey en el que se clasifica la democracia participativa) alzaron sus voces contra la guerra de Vietnam, o a favor de los derechos de los gais, con actuaciones tan impactantes como el Abraza a un homosexual en la conferencia de la ALA (American Library Association) de 1971.

 

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Hug a homosexual, en la conferencia de la ALA de 1971

 

No se puede comparar la situación actual con la de la década de los 70, las bibliotecas dependen de los poderes públicos, y en ocasiones no se sabe qué es peor: que las ignoren o que las conviertan en cabeza de turco de sus luchas partidistas. El más reciente ejemplo, en la Biblioteca Regional de Murcia, en la que unas enmiendas en los presupuestos han servido para convertirla en la cachiporra de un guiñol en el que se golpean unos partidos a otros; mientras se les llena la boca defendiendo una institución a la que llevan años dejando languidecer.

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En el ojo del huracán (1951): no es ninguna maravilla, al niño protagonista dan ganas de que lo quemen junto con la biblioteca. Pero ver a la gran Bette haciendo de bibliotecaria no tiene precio.

Pero pese a todo, en las bibliotecas se sigue haciendo política, y la hacen los bibliotecarios, y también los ciudadanos.

Los profesionales al luchar porque la pluralidad de toda la sociedad tenga su reflejo en las colecciones, en las actividades que se programan, en que todas las voces y sensibilidades tengan cabida y estén representadas.

Y los usuarios, porque al llevarse un libro prestado, al disfrutar de las instalaciones, al acudir a sus actividades o participando a través de sus redes sociales están haciendo política: porque con ello refuerzan la idea de que siguen siendo necesarias, siguen siendo útiles.

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En la viejuna película de Bette Davis, Storm center (En el ojo del huracán, 1956), la inolvidable actriz interpreta a una bibliotecaria, que por fidelidad a sus principios, y por su firme creencia en la libertad de expresión, se opone a la decisión de los políticos locales de excluir de las colecciones la obra El sueño comunista. Que en plena época de la guerra de brujas del senador McCarthy, se produjera una película con esta temática es casi tan chocante como lo de Los viajes de Sullivan que aparecía al principio.

No podemos saber si Alfred Kagan habrá visto esta película de la Davis, pero su libro: Progressive Library Organizations: A Worldwide History (Organizaciones bibliotecarias progresistas : una historia alrededor del mundo), bien podría servir para inspirar un remake. En esta obra el profesor de la Universidad de Illinois efectúa un recorrido a la historia de organizaciones bibliotecarias alternativas, que han desempeñado importantes papeles para influir en luchas locales y nacionales, dentro de la profesión bibliotecaria, y en el proceso político en el gobierno de las sociedades a las que pertenecen.

 

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La obra de Kagan revisa a través de entrevistas y diferentes testimonios (algunos de ellos bajos promesa de respetar el anonimato) a organismos y grupos activistas tales como: la Organización de Trabajadores de Bibliotecas de Sudáfrica y su papel en la lucha contra la discriminación racial; pasando por la organización sueca Bibliotecas en Sociedad; el Grupo de Trabajo de Bibliotecarios Críticos de Alemania; el grupo de igual nombre del Instituto Reneer en Austria; el británico Información para el Cambio Social o la Mesa de la Responsabilidad Social del ALA estadounidense.

 

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Cartel de la organización sueca Biblioteca en sociedad

 

Sólo nos queda desear que alguien se lance a publicarlo en nuestro país; vendría bien para preservar la romántica idea de que una biblioteca; es un lugar a partir del cual se puede ayudar a cambiar, aunque sea mínimamente, las cosas.

Y si hablando de música arrancó el post, justo es que concluya con música. Podríamos recurrir a Woody Guthrie (pese a que su tono planfetario, recuerde demasiado al lenguaje apolillado que algunos desempolvan), o al menos a la actualización que de sus temas han hecho autores tan diferentes como Nina Hagen, o el español Nacho Vegas. Pero no, si de verdad hablamos de jugarse el tipo por luchar por lo que crees a través de la música, mejor cerrar con el grupo libanés Mashrou’ Leila.

Porque declararse gay abiertamente, como ha hecho el cantante; abordar temáticas como los derechos de las mujeres, de los homosexuales, críticas sociales y políticas sobre el mundo árabe, viviendo cerca de un país como Siria: eso si que es jugarse el tipo y matar, metafóricamente, fascistas.

 

Adenda del 12 de mayo:

No sabemos si lo de añadir adendas a las entradas del blog se convertirá en algo habitual; pero lo cierto es que esta semana también la actualidad viene a ilustrar el asunto del post de la manera más gráfica.

Lo de gráfico no está elegido al azar, viene a cuento de la agresión que la directora de la revista de humor gráfico El jueves sufrió ayer miércoles, motivada por la portada de esta semana, en que se critica el resurgimiento de la ultraderecha en Europa.

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La revista El jueves es una superviviente, una veterana que ha hecho mucho bien al arte del cómic. Desde que la editorial Bruguera, y las revistas de los 80 terminaran desapareciendo en los 90; El jueves ha sido el único refugio para muchos autores de cómic. En muchas bibliotecas la revista forma parte de su sección de Hemeroteca desde hace años; pero tras esta agresión, su presencia cobra aún más importancia.

Desde una biblioteca pública, por humilde que sea, se puede luchar contra el fanatismo, contra el fascismo. No el fascismo con mayúsculas, sino contra esos pequeños fascismos cotidianos que nos rodean casi imperceptibles, y que poco a poco llegan a generar esos odios que terminan en agresiones; o lo que es peor, en condescendencias hacia actitudes totalitaristas.

Que la actualidad más inmediata dé más cuerpo al discurso de este blog siempre resulta enriquecedor, pero en casos como este, ojalá que no tengamos que recurrir a ninguna adenda más.

Defender la profesión bibliotecaria: retos pendientes

En un reciente artículo en el blog Biblioteques Digitals i Cooperació, Lluís Anglada, director del Consorci de Biblioteques Universitàries de Catalunya, identificaba tres retos de futuro para las bibliotecas. Uno de ellos tiene que ver con la necesidad de defender la profesión bibliotecaria, un asunto presente en muchos foros de debate. A su juicio es imprescindible “establecer una conciencia profesional representativa y amplia”, una conciencia que se ha ido perdiendo en los últimos 20 años, que ha ido acompañada -¿causa o efecto?- de un retroceso en el asociacionismo. Esto se ha traducido en una realidad profesional “débil” en términos de condiciones de trabajo, sueldos e influencia. No se ha sabido, además, establecer alianzas con el sector de la cultura, concluye su análisis.

AliciaSellesEn un reciente número de nuestra revista, el de este verano, hablábamos precisamente de este tema con Alicia Sellés, presidenta del Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de la Comunitat Valenciana, tesorera de FESABID y vocal del comité ejecutivo de EBLIDA, una auténtica activista de la defensa de la profesión. Acababa de “facilitar” en las Jornadas FESABID 2015 el taller “F3 (FESABID, Formación, Fortalecimiento), una primera acción destinada a trabajar en el desarrollo de capacidades y la sostenibilidad de las asociaciones bibliotecarias.

Liderazgo profesional

Para Sellés, es clave trabajar en diferentes niveles para desarrollar lo que denomina “liderazgo profesional”. Por un lado, cree que los colegios profesionales “deben tener un papel claro como defensores de nuestra titulación, para que siga siendo atractiva y no desaparezca”. Falta una voz a nivel estatal en este sentido, y es que, por ley, debería haber un Consejo de Colegios que no existe.

“Esta figura de Derecho Público que vela por la profesión está vacía. O la asume alguien o la creamos”, dice con contundencia. Los colegios catalán y valenciano ya están trabajando en esa línea, para generar una voz única a nivel estatal que pueda ejercer de interlocutora con la Administración del Estado, conviviendo con FESABID. “No queremos perder la riqueza de FESABID como asociación abierta a diferentes perfiles profesionales que trabajan en nuestro ámbito y no están titulados, pero queremos trabajar por un colegio oficial. Todo suma”, nos contaba.

Por otro lado, a juicio de Sellés, hay que empoderar a las asociaciones para que trabajen a nivel autonómico en ámbitos como educación, sanidad o transparencia, en los que no están presentes y en los que los que bibliotecarios y documentalistas tienen mucho que decir. Cuestiones tan importantes como la necesidad de fortalecer las bibliotecas escolares están en juego.

ProfesionBibliotecario_tallerfesabidDe todo esto, y mucho más, se debatió en el Taller F3 celebrado en las últimas Jornadas FESABID, del que ya hemos hablado. En la web de FESABID podéis leer un buen resumen de lo que dio de si. Es interesante ver, por ejemplo, cuáles son las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas que percibían las y los participantes respecto a las asociaciones, y qué propuestas salían del cruce de unas y otras. A continuación, las que más se repetían:

Fortalezas

  • La independencia económica de las instituciones.
  • La comunicación cercana con/entre los socios.
  • Favorecen la participación.

Debilidades

  • El número de socios.
  • La falta de recursos humanos y económicos.
  • Falta de visibilidad y reconocimiento social.
  • Falta de motivación/implicación de los socios.

Oportunidades

  • El posible cambio político.
  • La pertenencia e implicación de FESABID.
  • La posibilidad de convertirse en referencias para servicios como formación o peritajes.

Amenazas

  • La escasez de fuentes de financiación / la crisis económica.
  • Falta de reconocimiento social /capacidad de influencia.
  • La dispersión geográfica / el “etnocentrismo”.

Algunas de las estrategias que resultaban de cruzar estos elementos:

  • Campañas de comunicación y marketing para la captación de socios y la visibilización de las asociaciones y su utilidad.
  • Prestación de servicios como entidades formadoras homologadas y prestadoras de peritajes.
  • Generar interlocución y alianzas con los nuevos actores políticos.
  • Crear un consejo de colegios o un colegio profesional a nivel estatal.

Ejemplo británico

Parece que más allá de nuestras fronteras se identifican problemas muy parecidos a los que se vieron en el Taller F3. Desde el Reino Unido, la principal asociación profesional del país, el Chartered Institute of Library and Information Professionals (CILIP), acaba de anunciar el lanzamiento de una campaña “de apoyo y solidaridad con las bibliotecas y los profesionales de la información”, cuyo objetivo es sensibilizar a nivel nacional sobre el valor y el impacto de unas y otros, y demandar “políticas que protejan y promocionen sus intereses”.DefensaProfesionbibliotcario_CILIP

La iniciativa incluye algunas acciones muy interesantes:

  • Una campaña de relaciones públicas, medios de comunicación y actividades promocionales para elevar el perfil público de los profesionales, sus capacidades y las amenazas a las que hacen frente.
  • Una campaña proactiva (que ya ha empezado) dirigida a los responsables políticos y a sus diputados, a los que les escriben para recordarles “sus deberes legales y cívicos” hacia los servicios bibliotecarios y sus usuarios.
  • Un paquete de materiales de apoyo, información y estadísticas para que puedan usarla sus asociados para argumentar el valor y el impacto de los servicios bibliotecarios.
  • Apoyo directo a sus socios que se encuentran en riesgo de ser despedidos, lo que incluye asesoramiento y -atención- apoyo financiero de un fondo especial destinado a ello. Nos recuerda mucho a las antiguas “cajas de resistencia” que tenían los sindicatos para que sus miembros pudieran soportar las pérdidas económicas que suponían hacer una huelga.

La campaña la han lanzado esta semana pasada y continuará durante todo 2016. En su punto de mira preferente están la aprobación de los presupuestos públicos de las distintas administraciones.

Parece claro que está desarrollándose una nueva conciencia sobre la necesidad de defender la profesión bibliotecaria para garantizar la sostenibilidad de las bibliotecas como servicio público esencial. El debate continuará, y desde aquí seguiremos visibilizándolo. De hecho, en el número de la revista Infobibliotecas, que está a punto de salir, incluimos un artículo sobre “advocacy” bibliotecario que os puede interesar. Al menos, eso esperamos. ¡Feliz semana!

Ayudas para defender el cambio en los servicios bibliotecarios

Como ya habréis notado, en este blog tenemos predilección por las iniciativas que muestran el trabajo de las bibliotecas más allá de la imagen tradicional de espacios a los que ir a estudiar o de los que tomar prestados libros. Solo en los últimos meses hemos hablado, por ejemplo, de asuntos tan variados como el uso de impresoras 3D en las bibliotecas, la contribución de éstas al impulso del bienestar económico, y de cómo pueden ayudar a la inclusión de personas sin techo y personas con dificultades lectoras. Hoy os traemos una iniciativa que tiene como objetivo contribuir a defender y difundir los servicios bibliotecarios centrados en la inclusión social, la inclusión digital y el aprendizaje permanente. Atentos porque implica ayudas económicas.

Incidenciabibliotecas_logoSe trata del programa “Public Libraries 2020”, impulsado por la Reading & Writing Foundation de Holanda, una organización dedicada a luchar a nivel internacional contra el analfabetismo estructural. Con la iniciativa, esta fundación pretende visibilizar y apoyar la contribución que hacen las bibliotecas públicas europeas a los objetivos de desarrollo de la UE (el programa Europa 2020) en las áreas de inclusión y aprendizaje que mencionamos en el párrafo anterior. Opinan que a menudo se infravalora el papel de las bibliotecas como centros para la innovación y la creatividad, como espacios abiertos a todos en los que aprender, descubrir y compartir. Y aportan cifras que dejan claro por qué son esenciales:IncidenciaBibliotecas_Infografia

  • Alfabetización digital: alrededor del 50% de la población de la UE tiene escasos o nulos conocimientos de informática o del uso de internet, aunque el 90% de los empleos requieren, como mínimo, unas habilidades básicas. Frente a esta realidad, cerca de 14 millones de europeos utilizan cada año los servicios informáticos de acceso público que ofrecen las bibliotecas, 4,6 millones de ellos acceden por primera vez a internet desde una biblioteca pública, y para 1,9 millones las bibliotecas son el único lugar desde el que acceder a la red de forma gratuita.

 

  • Lucha contra el desempleo: se calcula que el acceso a internet desde las bibliotecas permite a 1,5 millones de europeos desempleados cada año aplicar a puestos de trabajo. De ellos, 250.000 acaban encontrando empleo.

 

  • Aprendizaje: el 20% de los adultos europeos son analfabetos funcionales y solo el 8,9% de los ciudadanos de la UE participan en actividades de aprendizaje permanente. Frente a estos datos, más de 24 millones de adultos participan cada año en actividades de aprendizaje no formal organizadas por las bibliotecas europeas.

En resumen, como explican en su vídeo de presentación, las bibliotecas cambian vidas:

Las subvenciones que ofrecen

El programa apoya iniciativas locales nacionales o internacionales llevadas a cabo en uno de más de los Estados miembros de la UE por bibliotecas públicas, asociaciones de bibliotecas u otras organizaciones que trabajen con ellas, en defensa de los servicios bibliotecarios relacionados con la inclusión social, la inclusión digital y/o el aprendizaje permanente. La subvención máxima es de 15.000 euros. Ofrecen algunos ejemplos de los proyectos que pueden apoyar:

  • Iniciativas y campañas nacionales que ayuden a que las bibliotecas públicas sean reconocidas como instituciones que prestan servicios a la comunidad en las áreas mencionadas, y a que se les asigne ese papel en las estrategias nacionales pertinentes.
  • Campañas para comunicar a las personas que participan en la toma de decisiones políticas a nivel local o nacional, los cambios en los servicios bibliotecarios que se ofrecen, con el objetivo de transformar su percepción de las bibliotecas públicas para que sean reconocidas como proveedoras de una amplia gama de servicios esenciales a la comunidad.
  • Proyectos destinados a la capacitación técnica y en materia de incidencia política para que las bibliotecas públicas o asociaciones bibliotecarias puedan acceder con éxito a la financiación europea en materia de inclusión social, inclusión digital y aprendizaje permanente.
  • Iniciativas a nivel estatal que produzcan recomendaciones de la Comisión Europea a un determinado Estado miembro en un área en la que la contribución de las bibliotecas no esté desarrollada. Esto implicaría trabajar en estrecho contacto con representantes de los ministerios implicados que participen en la preparación de materiales para informar las decisiones de los representantes políticos.
  • Participación de delegaciones nacionales o plurinacionales en conferencias relevantes con el objetivo de influir en la agenda y los resultados (resoluciones, hojas de ruto u otros), y el desarrollo de herramientas de incidencia política basada en su experiencia.
  • Proyectos de incidencia política plurinacionales como, por ejemplo, un concurso que se desarrolle en las bibliotecas centrales de varios países, que implique a celebridades locales y produzca resultados a nivel europeo (por ejemplo, estudios de caso que puedan presentarse a europarlamentarios y otros representantes políticos nacionales que participen en la adopción de políticas comunitarias).

Si estas ideas os sugieren algo, o tenéis algún otro proyecto en la cabeza en la línea de lo que subvenciona el programa tenéis dos fechas tope para presentar vuestras propuestas: una de ellas en apenas unos días, el 27 de marzo, y la otra, con más tiempo, el 16 de octubre. En este enlace podéis consultar las bases completas de la convocatoria. Las solicitudes deben hacerse en inglés.

Esperemos que esta información os resulte útil. ¡Feliz semana!

Elecciones y bibliotecas: las propuestas de los partidos y de los bibliotecarios en Andalucía

1976referendumNos encontramos inmersos (¿o deberíamos decir sometidos?) en la vorágine electoral de un año en el que se sucederán esas “grandes fiestas de la democracia”. En los últimos años ha cundido con razón el desánimo, la desafección y la sospecha respecto a lo que prometen los partidos en época de elecciones, pero, a pesar de todo, lo que dicen y lo que plasman en sus programas electorales son auténticos contratos con la ciudadanía. Así debemos entenderlo si queremos que lo nuestro sea una democracia de verdad. Por eso, el próximo número de la revista Infobibliotecas incluirá un reportaje sobre elecciones y bibliotecas que bucea en las promesas sobre la materia que hacen las fuerzas políticas y lo que en realidad demandan los profesionales del sector. La idea es facilitar el diálogo y favorecer que las propuestas de los bibliotecarios puedan plasmarse en los programas electorales de cara a las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo.

Con el adelanto de los comicios autonómicos andaluces, vamos a anticipar en este blog cuáles son las promesas de las fuerzas políticas que concurren a las elecciones en Andalucía y qué es lo que le gustaría ver a la Asociación Andaluza de Bibliotecarios (AAB). Esperamos que sirva como herramienta para la mejora de las políticas que se llevarán a cabo en la región en los próximos cuatro años.

Los programas electorales

Hemos rastreado en las páginas web de las principales formaciones que concurren a las elecciones en busca de los contenidos relacionados con las bibliotecas, la lectura y, más en general, su visión de la cultura, y esto es lo que hemos encontrado. Sentimos decir que no hemos encontrado el programa de UpyD específico para las elecciones andaluzas. Si lo encontramos más adelante, lo incluiremos.

El programa del PSOE

EleccionesPSOERespecto a la cultura dice: “En un equilibrio entre la cultura como recurso y como derecho, garantizaremos los servicios culturales básicos, especialmente aquellos amenazados de exclusión. La creación y la ciudadanía deben situarse en el centro de las políticas culturales. Promoveremos las políticas públicas para defender la diversidad, frente a las tendencias homogeneizadoras de la cultura basada en la lógica del mercado”.

“Nuestro trabajo se dirigirá a democratizar el acceso a la cultura, impulsando la competitividad y modernización del sector editorial y librero, apoyando la lucha contra la piratería y favoreciendo el acercamiento de la ciudadanía al conocimiento del patrimonio cultural. Asimismo, incrementaremos la oferta cultural con la apertura de nuevos equipamientos culturales y el impulso hacia nuevos retos de los existentes, que además mejoren la demanda turística”.

En cuanto a las medidas concretas que promete en el ámbito de las bibliotecas, o que pueden estar relacionadas con ellas:

  • Nº 334: Potenciaremos el sistema de Bibliotecas Escolares buscando su compatibilidad con la red de Bibliotecas Públicas Andaluzas.
  • Nº 486: Dotaremos a la Biblioteca de Andalucía de una sede propia.
  • Nº 488: Continuaremos con el impulso al Libro y la Lectura, como medio para democratizar el acceso a la cultura e impulsar la competitividad y modernización del sector editorial y librero apoyando la lucha contra la piratería.
  • Nº 489: Aumentaremos los servicios y la dotación de fondos bibliotecarios y especialmente los e-book.
  • Nº 494: Abrir nuevos formatos de relación con los sectores privados y el tercer sector para facilitar, canalizar y potenciar el uso de infraestructuras culturales en desuso o en uso parcial con el objetivo de ampliar y mejorarla oferta cultual del territorio y dar respuesta tanto a la ciudadanía como a las expectativas del sector profesional.

El programa del PP

Elecciones_PPEl PP promete incrementar el presupuesto en cultura priorizando “las inversiones en restauración, conservación y difusión del patrimonio histórico. En el apartado “Cultura generadora de empleo” contiene directamente las siguientes medidas concretas en relación con las bibliotecas y la lectura:

  • Nª 110: Aprobaremos la Ley andaluza del Libro que contemplará, entre otras medidas, planes de lectura para sectores específicos de la población; apoyo a las publicaciones y editoriales; colaboración con los centros educativos y programas de Animación a la Lectura con especial atención a los autores andaluces y con participación de los medios de comunicación públicos.
  • Nº 111: Pondremos en marcha, en colaboración con otras Administraciones, un Plan de Bibliotecas andaluzas.
  • Nº 132: Eliminaremos de manera progresiva las barreras arquitectónicas, todavía existentes, en los centros educativos andaluces, en los transportes, viarios y edificios públicos, museos, bibliotecas (…).

Además, en las prioridades en materia de educación, la medida nº 49 promete: Aplicaremos un Plan de Fomento de la Lectura, revisable anualmente que cuente con los recursos humanos y materiales necesarios. Potenciaremos las bibliotecas escolares.

El programa de IU

Eleccionesiu_andaluciaEl programa dice: “La cultura es, para Izquierda Unida, no sólo un bien de consumo, sino sobre todo un instrumento de desarrollo personal y de participación y un elemento fundamental de transformación de la sociedad. Consideramos fundamental promover enérgicamente la creación, así como la difusión del conocimiento y de la cultura para que lleguen al conjunto de la ciudadanía y cumplan así su labor emancipadora. Una sociedad crítica como fundamento de la calidad democrática. El rico patrimonio cultural andaluz es, asimismo, un factor de desarrollo económico que adecuadamente gestionado es fuente de empleo, riqueza y bienestar para los territorios de nuestra comunidad”.

En cuanto a las medidas concretas en el ámbito de bibliotecas y otras en los que podrían estar implicadas:

  • Elaborar un Plan Estratégico como instrumento que concrete la acción política de la Junta de Andalucía junto con los creadores, trabajadores de la cultura y los ciudadanos que esté acompañado de su concreción en el presupuesto anual.
  • Una política decidida, continuada e integral de fomento de la lectura y la escritura.
  • Elaboración de una Ley de Fomento de la Cultura y una Ley de Archivos, Museos y Bibliotecas. Inserción de las Bibliotecas en la vida cultural activa de las ciudades y provincias. Descentralización municipal de bibliotecas, centros culturales y socioculturales.
  • En el capítulo LGTBI, igualdad de derechos: Dotar las bibliotecas públicas con fondos bibliográficos relacionados con la homosexualidad, la bisexualidad y la transexualidad desde actitudes de respeto y no discriminación.
  • En políticas de Juventud: incrementar la oferta cultural alternativa, local, tradicional: gastronomía, cultura popular, lectura…
  • Respecto a las medidas para garantizar la accesibilidad para personas con diversidades funcionales auditivas, visuales e intelectuales (pictogramas, braille, lectura fácil…): Se velará por su obligado cumplimiento.

El programa de Podemos

Elecciones_PodemosContiene un capítulo dedicado a la “Regeneración social a través de la cultura y la sociedad del conocimiento en Andalucía”, en el que explican así su visión de la cultura: “Desde Podemos entendemos que la cultura y la sociedad del conocimiento son herramientas fundamentales en el camino de transformación social del pueblo andaluz hacia una sociedad más democrática, crítica, próspera, inteligente y autónoma”. (…) “Apostamos por una cultura diversa, participativa, accesible, sostenible y autónoma. Una cultura plural entendida como derecho al pensamiento libre y crítico, al placer, al disfrute y la alegría, que disponga del espacio público como derecho y responsabilidad ciudadana. Una cultura accesible que sea un bien común y patrimonio de todas y todos los andaluces y las andaluzas, no un mero ornamento o un artículo de lujo para unos pocos. Una cultura autónoma cuyo protagonismo sea devuelto a una ciudadanía más participativa y que sea un medio sostenible para que los profesionales del sector puedan vivir de su oficio dignamente

En este capítulo dedicado a la cultura no hay ninguna medida específica respecto a las bibliotecas. Estas otra medida podría afectar al personal:

Nº 18: Regular de una forma más adecuada y, en los casos en los que sea necesario, creación de nuevas categorías profesionales, vinculadas al sector cultural en los cuerpos de la Administración Pública Andaluza que respondan a las demandas y especificidades propias del sector, en lo que respecta a su acceso, cualificación profesional, competencias y responsabilidades.

Sí hay alguna referencia a las bibliotecas y la lectura en el resto del programa, aunque solo se incluye una medida concreta respecto a ellas:

  • Mención en el capítulo “El territorio andaluz, fuente de reiqueza” al papel de las bibliotecas en la “diversidad” y “heterogeneidad social y económica” del medio rural andaluz.
  • En el capítulo “Abogar por el bienestar social de las personas”: “La Consejería de Educación se ha concebido como un órgano de propaganda desde el que desarrollar programas educativos con gran repercusión sin atender a su efectividad: escuela TIC, plan de Calidad, bilingüismo, lectura y biblioteca, escuela espacio de paz, fomento del emprendimiento, etc.”
  • Medida concreta en el capítulo de “Construyamos en Andalucía las Administraciones para el cambio”: (La red de bibliotecas y centros de documentación de la Junta) “podría servir de apoyo al establecimiento de «Oficinas de Cristal», concebidas por su transparencia como red de centros que permitan establecer una mediación constante entre el usuario y la administración pública, en el uso de los derechos asociados a la transparencia y la participación”.

El Programa de Ciudadanos

EleccionesciudadanosPara Ciudadanos los ejes básicos de las políticas culturales son:

  1. Una cultura libre hace a los ciudadanos más críticos y, por ende, más libres.
  2. Debemos garantizar el acceso de todos a la cultura pues es un derecho fundamental.
  3. La cultura la hacen las personas y no la Administración.
  4. La cultura no puede ser un elemento de conformación de identidades políticas.
  5. La Administración debe incentivar el consumo de los bienes culturales, libremente, sin filtros políticos ni ideológicos. Apoyaremos la creación cultural de calidad sin discriminación ideológica eliminando el clientelismo e introduciendo mecanismos de transparencia y equidad para evitar la dependencia de los creadores del subsidio y la subvención pública.

En cuanto a las medidas específicas:

  • Consolidaremos las redes de bibliotecas, museos y teatros, así como su accesibilidad al público. En ese sentido, extenderemos los horarios de las bibliotecas públicas, singularmente las universitarias (horarios más amplios, ampliando la oferta de apertura las 24 horas en época de exámenes).
  • Elaboraremos un nuevo Plan de fomento de la lectura y promoción de la cultura que implique a la Administración, la enseñanza pública y privada y las redes de equipamientos culturales.

La visión de los profesionales

OLYMPUS DIGITAL CAMERADesde la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, en una entrevista con su presidente, Antonio Tomás Bustamante Rodríguez, que podréis leer completa en el próximo número de nuestra revista, se hace balance general de las políticas municipales y autonómicas que se han llevado a cabo en la comunidad en los últimos cuatro años. En él, destaca el “estancamiento en general en las inversiones tanto en fondos, inmuebles y sobre todo personal”, y por eso su reivindicación principal, lo que les gustaría ver en los programas electorales es un incremento de la inversión en esos apartados. “Las inversiones en bibliotecas dan beneficios a la sociedad”, recuerda, como demuestra un estudio reciente de FESABID en el que se calcula que por cada euro invertido en bibliotecas el Retorno de la Inversión (ROI) es de un mínimo de 2,80 y un máximo de 3,83 euros.

Para Bustamante, “el tema del personal es fundamental, ya que han de estar lo suficientemente cualificados y remunerados. La biblioteca no puede ser atendida por cualquier persona, han de estar formadas y preparadas específicamente para desarrollar de manera adecuada su trabajo. Por ello, nos gustaría ver que el tema de los profesionales es una prioridad; y sobre todo con fechas concretas de actuación”. El personal es para la AAB clave para poder ofrecer servicios de calidad, par que las bibliotecas se conviertan en “motor cultural para sus usuarios” y entornos más participativos. Desde la Asociación piden -y es una reivindicación histórica- el desarrollo de una Orden que regule a todo el personal bibliotecario.

Os animamos a sacar vuestra propias conclusiones sobre lo leído en los programas electorales. Por nuestra parte nos llama la atención aspectos como la falta de concreción en las medidas propuestas (sobre todo si se comparan con las de otras áreas de los programas como las relacionadas con el empleo), y cómo se aprecia un modelo de bibliotecas casi exclusivamente ligado a la lectura, sin tener en cuenta su papel en aspectos como la formación a lo largo de toda la vida, el desarrollo económico local o la inclusión de todos y todas en la sociedad digital. Nos da la impresión de que falta conocimiento desde los partidos políticos de la realidad bibliotecaria y de los nuevos modelos de biblioteca como servicio público. ¿Será que desde el sector nos toca ejercer más pedagogía y mejorar la comunicación con los responsables políticos? Las épocas electorales son un buen momento para hacerlo: ellos son todo oídos.