Geopolítica bibliotecaria 3

 

Para resumir en una imagen esta serie de Geopolítica bibliotecaria, que estamos desarrollando desde hace tres semanas, no cabía mejor elección que la de una maleta vintage. Una de esas, no muy cómodas frente a los trolleys actuales, (las cargaban subalternos, nunca, el privilegiado viajero) que iban sumando pegatinas de hoteles y lugares de ensueño que certificaban lo cosmopolita del propietario. Pero el mundo de esas maletas hace mucho que se extinguió.

 

Paul Bowles, el escritor viajero, junto a su equipaje. En una época en la que el viajar (para quien podía permitírselo) era un placer aún ajeno a las masas.

 

Esas maletas representaban el poderío de los pudientes de la época frente a las desvencijadas maletas atadas con cuerdas de los emigrantes, los que se veían obligados a huir de su país ante el auge de los totalitarismos, de los perseguidos, los expatriados, los parias. Un siglo después, los movimientos migratorios, los refugiados, los excluidos de la globalización se amontonan a las puertas de Occidente. Y por muchos muros que se levanten siempre hay algo que termina permeando, infiltrándose entre los poros del hormigón.

El electro latino, el reguetón, los sonidos latinos llevan décadas calando des-pa-ci-to en los ritmos globales: y con ellos ciertos clichés de la cultural latina, y lo más ventajoso para los hispanohablantes: el castellano afianzándose en todos los ámbitos, incluido el de los negocios. Por mucho que algunos aborrezcan esta saturación reguetonera, como decía recientemente el iconoclasta crítico musical Victor Lenore: “tenemos por lo menos 30 o 40 años de reggaeton“. Así que, ya tú sabes, vamos rumbo a Latinoamérica.

 

Cuando los medios más supuestamente exclusivos llevan a su portada a un músico de reguetón: es que la cosa va en serio.

 

Feria del Libro del Oeste de Caracas 2018 en la que España fue el país invitado.

Entre los países sudamericanos, Venezuela, se ha convertido en una patata caliente de la política española. Una matrimoniada entre la derecha y la izquierda de nuestro país: propia de una de esas parejas en crisis que aprovechan las visitas a casas ajenas para airear sus miserias en público. Pese a ello en la última Feria del Libro del Oeste en Caracas, España fue el país invitado.

En la crónica que de los saqueos que se están sufriendo en muchas ciudades del país andino una nos llama la atención: la del saqueo de una librería en la parroquia caraqueña de El Paraíso. Según relata su afligida propietaria robaron todo lo que había en la librería: salvo los libros. En circunstancias así, hablar de cultura, hasta pareciera una frivolidad. Pero pese a todo, la cultura, siempre es una forma de resistencia incluso cuando las necesidades más acuciantes concentran toda la atención.

Los que huyen siempre dejan mucho atrás, y entre esas cosas, dejan también bibliotecas. El Buscón es una librería ubicada en el centro cultural, de la capital venezolana, El Trasnocho cultural. Su historia, como todo en el país, es la historia de una supervivencia en condiciones extremas. En un artículo publicado en el portal de noticias independientes de ‘Crónica uno’ se relata la crónica de las bibliotecas huérfanas de Venezuela.

 

Centro Cultural El Trasnocho en Caracas.

 

La librería El Buscón está especializada en textos agotados, y junto a otros establecimientos de parecidas características, han encontrado una vía de supervivencia gracias a la huida sin mirar atrás de tantos venezolanos que han ido abandonando el país llevando poco más que lo puesto. Las bibliotecas se quedan y ese abandono es aprovechado por las librerías y centros culturales. Como bien indica la responsable de El Buscón, en el artículo, no se trata de bancos de libros: aplican una rigurosa selección para conservar lo realmente relevante e interesante. En Venezuela, librerías y centros culturales, son auténticos centros de resistencia. Pero ¿y las bibliotecas?

 

Las bibliotecas en medio de las refriegas políticas en Venezuela. Imagen de la Biblioteca Pública Óscar Palacios Herrera en un barrio de Caracas. La biblioteca fue reinaugurada por el ministro de cultura en abril de 2017, y pasados unos días, fue atacada, incendiada y apedreada. 

 

Las bibliotecas dependen del poder y su capacidad de autonomía no es tanta como la de iniciativas privadas. En La biblioteca como arma política hablábamos de la manipulación que se puede hacer de las bibliotecas y la cultura desde puntos de vista ideológicos según la conveniencia del momento. Nada nuevo bajo el sol. En Venezuela también se está dando esa utilización: y así el escritor José Canache afín al régimen de Maduro (todo hay que decirlo): denunciaba recientemente que en las bibliotecas del Estado de Anzoátegui se estaban purgando libros y documentos sobre Chávez y la Revolución Bolivariana.

¿Hay motivos para ver algo positivo en una censura sea del tipo que sea? Si nos quedamos con el hecho de que alguien se esté molestando en cribar los fondos de una biblioteca para sesgar la historia ,en un sentido u otro, podríamos decir que sí. No deja de ser un reconocimiento al ascendente que las bibliotecas, y la palabra escrita, aún preservan incluso en sociedades tan fragmentadas como la venezolana.

 

La autobiografía de Mario Vargas Llosa en la que cuenta su progresivo acercamiento a posturas liberales.

 

Y si la revolución bolivariana, de marcado cariz izquierdista, ha terminado derivando en dictadura, por contraste, es oportuno que sigamos con un país que se ha erigido en paradigma del éxito del liberalismo como es: Perú. Según el FMI, ese oráculo divino que sentencia países, Perú es una de las economías emergentes entre los países de su ámbito más cercano. Como contrapartida, también es cierto que según el último ranking publicado por Transparencia Internacional: el país se ha elevado hasta el noveno puesto en la lista de países más corruptos.

Dejando aparte los aciertos o desaciertos de las políticas económicas aplicadas en la patria de origen de Vargas Llosa: ese enriquecimiento del país no se ha traducido en un mayor impulso al sector que aquí nos interesa. Si bien el Plan Lector (un listado de lecturas recomendadas para centros docentes) ha conseguido aumentar los índices de lectura en niños en edad escolar: el hábito tiene difícil continuidad ante la falta de suficientes bibliotecas públicas. Según el escritor peruano Javier Arévalo, que participó en la elaboración de dicho plan, este incremento de la lectura en jóvenes se da en los colegios privados: quedando los públicos desabastecidos por esa carencia de bibliotecas y medios.

 

La impactante campaña lanzada para recuperar los libros robados a la Biblioteca Nacional de Perú durante años.

 

Hacer lecturas (nunca mejor dicho) del hecho de que el FMI bendiga económicamente a Perú, y que al mismo tiempo hayan aumentado los índices de corrupción y los índices de lectura, pero, en colegios privados: sería hacer una lectura torticera, sesgada y maniquea. Mejor nos la ahorramos y que cada uno saque sus propias conclusiones. De momento dejamos el Perú con un libro: La biblioteca fantasma de David Hidalgo.

Hidalgo ha llevado a cabo una exhaustiva investigación periodística sobre el sangrante expolio al que ha estado sometida la Biblioteca Nacional de Perú durante décadas. Una historia de robos sistemáticos llevados a cabo por los propios trabajadores que vendían en el mercado negro las joyas bibliográficas de sus fondos. En La biblioteca fantasma se denuncian los errores y la desidia de responsables policiales y de magistrados que dibujan un retrato nada halagüeño del respeto de las instituciones por la cultura de su país.

 

 

Según un medio liberal como ‘The Economist’, Uruguay es el país más democrático de Sudamérica, y además según el mismo ranking que elevaba el índice de corrupción peruano: el menos corrupto. Y según Naciones Unidas el que tiene mayor nivel de alfabetización. Sin duda los tres millones y pico de población que tiene el país son mucho más fáciles de manejar que los más de 30 millones de Venezuela o Perú: pero algo habrá que se pueda adaptar a la realidad de otros países más complejos. Por ejemplo, el proyecto Biblioteca Solidaria, que ahora ha ampliado su radio de acción uniendo a Uruguay con Paraguay.

Este proyecto implica a padres, abuelos, vecinos, estudiantes y, en general, a todo aquel que quiera sumarse. Consiste en formar parte de equipos comunitarios de lectura que visitan principalmente escuelas, centros culturales y asociaciones buscando promover la lectura entre los niños uruguayos y sus familias. La iniciativa basa su éxito en el hecho de que implica a la comunidad, que busca a sus agentes promotores más allá del gremio docente, bibliotecario o estudiantil: aspirando así a objetivos a más largo plazo que los que se consiguen con simplemente promover la lectura exclusivamente en el ámbito escolar.

 

Biblioteca País: la biblioteca digital puesta en marcha por el gobierno uruguayo a la que se puede acceder simplemente con la cédula de identidad.

 

Y también recientemente, el gobierno uruguayo ha puesto en marcha la Biblioteca País, una biblioteca digital con más de 4.000 títulos en español que en su primer mes ha contabilizado un total de 40.000 préstamos. Tal vez algo tenga que ver una cuestión pendiente en las bibliotecas españolas: no se necesita carné de biblioteca: basta con la cédula de identidad, es decir, el equivalente a nuestro DNI.

En verano, las bibliotecas llegan a las playas a través de las Biblioplayas, y aprovechando que al final del verano, el 15 de septiembre, se celebra el Día de la democracia en el país: el concepto ‘biblioteca’ fue utilizado para celebrarlo a través de las denominadas “bibliotecas humanas” que ocuparon diversos espacios públicos de la capital promoviendo la comunicación entre los ciudadanos.

 

 

Es casi pecado estar por la zona y no aprovechar para visitar México (con su recién estrenado plan para fomentar la lectura AMLO que busca, entre muchas otras cosas, desasociar las bibliotecas con el aburrimiento); al gigante brasileño (al que el FMI pronostica una recuperación económica, y su nuevo presidente Bolsonaro, asegura una glaciación cultural al cargarse el ministerio del ramo); Argentina (con su crisis económica y sus bibliotecas comunales siempre en acción permanente); la siempre ejemplar Colombia (con un crecimiento sostenido pero que, al contrario del resto de países bendecidos por el FMI, mantiene una apuesta firme por las bibliotecas como agentes activos a favor de la paz y el progreso); o el pujante Chile (que del socialismo de los últimos años ha pasado al centro derecha actual y prosigue con proyectos bibliotecarios tan interesantes como BiblioRedesy siempre está de actualidad bibliotecaria, por asuntos como la inauguración de la primera biblioteca digital en un aeropuerto). Seguro que todos nos saldrán al paso en la crónica de actualidad en un futuro nada lejano.

 

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en la Biblioteca del Congreso, en Washington, en compañía de la bibliotecaria del Congreso, Carla Hayden. La foto fue tomada con motivo de una conferencia que pronunció Lagarde el pasado mes de diciembre en la Biblioteca.

 

Pero si hemos elegido a estos tres países de la zona para el último repaso geopolítico ha sido porque Venezuela, Perú y Uruguay ejemplifican fórmulas políticas y económicas muy distintas cuyos resultados, siempre desde el prisma que nos interesa, han dado resultados divergentes. Y al final queda la pregunta: ¿será por el modelo económico, por el ideológico-político, por la sociedad civil (en cuya organización confía una educadora peruana que amablemente nos ha escrito a raíz de leer esta serie geopolítica), o acaso, por sus gobernantes? La respuesta, como siempre, dependerá del prisma desde el que se mire.

Y tal como advertimos este panorama geopolítico bibliotecario se agotaría en tres entregas. Ahora nos surge la duda: ¿pecamos de ambiciosos o de modestos? Como no lo tenemos muy claro lo único que podemos decir es: ¿Continuará?

 

Geopolítica bibliotecaria 2

 

Proseguimos el periplo que iniciamos hace una semana por el panorama geopolítico mundial desde prisma bibliotecario. Y si en la primera parte cerrábamos con las burlas que Trump le dedicaba al primer ministro de la India a cuenta de la biblioteca que este país ha financiado en Afganistán: aprovechamos que ya estábamos por la zona para retomar el viaje por el siempre desconcertante país de Bollywood.

 

Sanam Teri Kasam (2016) taquillazo reciente de Bollywood con trasfondo bibliotecario y un argumento sin desperdicio. La protagonista es una bibliotecaria que no encuentra marido por considerarla todos fea. Tras enamorarse de un abogado en apuros se esforzará para cambiar de aspecto y convertirse en una mujer bella que consiga a su amor pese a las mil adversidades que se les presentan.

 

Cuadro-altar en homenaje al padre de la biblioteconomía en la India: el matemático y bibliotecario Shiyali Ramamrita Ranganathan.

La mayoría de adjetivos aplicados a países pecan de tópicos y reincidentes pero, el de desconcertante, sigue intacto en su capacidad para describir a un país con más de 1.200 millones de habitantes. En el ámbito bibliotecario, recientemente el Indian Public Library Movement (Movimiento por las bibliotecas públicas de la India) cumplía cinco años. Dicho movimiento busca dinamizar y potenciar a las cerca de 70000 bibliotecas públicas contabilizadas en el país que, en las últimas décadas, han visto como tanto sus colecciones como instalaciones languidecían progresivamente.

Lo primero que llama la atención de este movimiento es que esté patrocinado por la Asociación Nacional de Empresas de Software y Servicios: una organización sin ánimo de lucro que actúa como asociación comercial de la industria india de Tecnología de la Información y Externalización de Procesos de Negocios. Resulta cuando menos curioso que una organización volcada en la tecnología sea la que auspicie un movimiento por las bibliotecas. Pero en un país de contrastes como es la India: todo es posible. Y en este caso suena de lo más esperanzador.

 

 

Desde su creación en 2013 el Movimiento de Bibliotecas Públicas de la India ha alcanzado a 20 estados, y está presente en más de 100 distritos e implicado en más de 200 bibliotecas públicas. El propio Ministerio de Cultura está haciendo un esfuerzo por revitalizar a las bibliotecas como elementos fundamentales para el progreso de las generaciones futuras. Por ello la prioridad en las nuevas infraestructuras y equipamientos bibliotecarios se está centrando en los niños.

Una de las últimas iniciativas el programa Tecnhology Empowering Girls (TEG) recurre a las bibliotecas públicas para convertirlas en plataformas para que, adolescentes y mujeres de zonas marginales, puedan superar la brecha digital. Tecnología y mujeres: una combinación que denota el espíritu de progreso que puede hacer que, como vaticinaba la consultoría PwC, lleve al país asiático al segundo puesto como la economía más importante el planeta en 2040.

 

Analytics India Magazine es una publicación centrada en el progreso tecnológico que está configurando el futuro de la India a través de la promoción de ideas y personas que quieren cambiar el mundo. En una serie de artículos se centran en conversaciones con las mujeres del país más influyentes en este campo.

 

La celebrada novela de Amor Towles que recorre el siglo XX ruso desde la mirada de un aristócrata en arresto domiciliario en un hotel de lujo de la capital.

Al margen de ese triunvirato Estados Unidos-China-India queda una potencia que, aunque no esté en su momento más glorioso, sigue actuando/intrigando como en los mejores tiempos de la Guerra Fría para desestabilizar el tablero donde se juega la partida. Vladimir Putin aparece como la figura que, con una combinación muy 007, une venenos con nuevas tecnologías para fomentar el caos de sus competidores gracias a las redes sociales.

Las bibliotecas públicas no parecen quedar dentro de su campo de interés; y en cambio frente a esa amenaza en la sombra a la que todos los focos occidentales señalan: las bibliotecas rusas están viviendo un renacer.

En Moscú se acaba de remozar una de sus bibliotecas más emblemáticas: la biblioteca Fyodor Dostoevsky. Según relataban recientemente en la web de la emisora de radios NPR: las bibliotecas en Rusia están viviendo un resurgimiento que las convierte en centros muy valorados por una población joven que busca mucho más que un simple lugar de estudio. Siguiendo una tendencia que se está propagando por todo el orbe bibliotecario: el silencio ha dejado de ser una exigencia. Y así ensayos de grupos de teatro conviven con clubes de idiomas, conciertos, lecturas o conferencias alcanzando una media de tres a cuatro eventos diarios en dicha biblioteca.

Y los números cantan. Tras haber desechado cualquier idea conservadora sobre lo que debe ser una biblioteca: la Fyodor Dostoevsky ha pasado de una docena de visitantes diarios a más de 500.

 

La vanguardista biblioteca de San Petersburgo: M-86.

 

El ejemplo moscovita ha prendido en el resto de bibliotecas del país, y así, hace poco se celebró la Biblionoch (la noche bibliotecaria). En San Petersburgo algunas de sus bibliotecas más punteras organizaron diversos eventos según su especialización. En la Okhta Lab Library se han especializado en promover reuniones entre empresarios, artistas y científicos. Con su proyecto Science Slam jóvenes científicos presentan sus investigaciones. La M-86, la biblioteca más moderna de San Petersburgo, cuenta con espacios recreativos, salas de trabajo y equipos informáticos para diseñadores de medios. Además disponen de un estudio de grabación e ingeniería visual y realizan talleres de videoblogging, moda e historia de la moda.

Es suficiente con ver las fotos de las bibliotecas rusas para comprobar que nuestra insistencia por atender tanto a lo que se hace en el mundo anglosajón nos hace perder perspectiva respecto a lo mucho que se está moviendo el mundo bibliotecario en otras latitudes.

 

Plano de la Okhta Lab Library de San Petersburgo.

 

Puede que Putin no tenga nada que ver en este resurgir de las bibliotecas rusas pero, como señala el director de la Fyodor Dostoevsky, Andrei Lisitsky, los rusos estaban habituados a que el estado se encargara de todo, y ahora, están comprendiendo que pueden resolver sus propios asuntos reuniéndose en espacios públicos. Y esos espacios son las bibliotecas.

Los esfuerzos del primer ministro ruso por conseguir que su país juegue un papel determinante en el nuevo orden mundial cuentan con el potencial (estén o no a favor de su figura) de una creciente sociedad civil que está evolucionando precisamente alrededor de las bibliotecas públicas. Si en los planes del Kremlin entra dar cancha a esa sociedad que se organiza por sí misma, o no, el caso es que una ciudadanía formada y con capacidad de organización siempre es un activo para el progreso.

 

La muy espectacular Nikolai Gogol Library en San Petersburgo.

 

Lisistsky define a las bibliotecas como “centro de aprendizaje informal”. Y en esa informalidad se resumen muchas de las ideas sobre las que hemos dado vueltas en este blog otras veces. Si el aprendizaje continuo es un requisito imprescindible para vivir en el mundo de hoy: las bibliotecas permiten ese espíritu autodidacta que tanto fomentan las nuevas tecnologías pero en un entorno tutelado a demanda. Es decir, no sujeto a planes de estudio, pruebas, calificaciones ni exigencias de ningún tipo: en definitiva no académico: pero sí con el apoyo del personal y los servicios que ofrece la biblioteca. Y una ciudadanía así puede tener mucho que aportar al resurgimiento de su país más allá de las intrigas y tejemanejes propios de la alta política.

Nos resta una tercera etapa de este viaje para completar el recorrido. Pero eso será la semana que viene. Ahora solo queda despedirnos desde Rusia con amor, mucho amor, por las bibliotecas.

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Geopolítica bibliotecaria 1

 

Si la semana pasada bordeamos lo desconocido aventurándonos por las coordenadas del Triángulo de las Bermudas, y sus misterios, esta semana nos asomamos a un triángulo, hexágono, dodecaedro o lo que sea en que se configure el  (des) equilibrio geopolítico en el que se define el panorama de fuerzas que tensan el mundo de hoy.

 

La cuenta de Instagram del turco Ugur Gallen ha ganado mucha repercusión últimamente gracias a los montajes fotográficos que publica. En ellos confronta los conflictos armados y las situaciones de emergencia humanitaria, en la actualidad, con imágenes de la sociedad del bienestar.

 

Si todos nos plegamos a la geolocalización de los satélites, y gustosamente cedemos nuestras coordenadas a su control a través de nuestros dispositivos, echar un vistazo desde prisma bibliotecario a las fuerzas geopolíticas que están redefiniedo la Historia en estos momentos: puede ser una buena opción para ver el presente en perspectiva. Todo es demasiado inestable como para llegar a conclusiones. Pero si alguna vez el refrán de ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’ se pudo considerar oportuno es en estos tiempos.

Nuestro periplo no tiene ningún afán exhaustivo. Antes que Willy Fog sería James Bond nuestro modelo: pero no por lo más obvio que cabría imaginarse. Saltamos de latitud en latitud, como 007, pero sin dry martini, sin esmoquin, ni cochazos, ni mansiones repletas de beldades en biquini. Los villanos (que no faltan) quedan a la elección de cada uno.

 

Empezamos en Europa con la estrella bibliotecaria del momento: la biblioteca finlandesa de Oodi. Patrón con el que todas las bibliotecas del mundo parece que se van a comparar a partir de ahora. No vamos a  describir las innovaciones, ni espacios fantásticos de esta biblioteca modelo. Para eso ya hay muchas noticias e incluso vídeos. Nuestro interés es el papel que juega un país que da lugar a centros así en el escenario global: porque de ese papel se podrá deducir su capacidad de influencia en el resto.

Finlandia forma parte de un continente al que el nuevo siglo no está tratando demasiado bien. Su capacidad de influencia en el nuevo orden mundial está en entredicho, sobre todo, si se confronta con Asia o América. Finlandia, junto con el resto de avanzadísimas sociedades nórdicas (o así reza el tópico) aunque miembros o no (el caso de Noruega) de la Unión Europea: mantienen una cierta distancia con el resto. Su envidiado estado del bienestar siempre es el espejo al que se recurre para mirarse y deprimirse ante el amorfo reflejo propio. Otro tanto cabe decir en cuanto a sistema educativo y prestaciones sociales. Si en asuntos tan esenciales no se ha conseguido trasladar su modelo, que las bibliotecas sigan teniendo tanta importancia, no parece que sea determinante para que el resto de países les imiten por ello. Prosigamos pues el viaje.

 

El polémico escritor chino Murong Xuecun declaró, hace unos años, que sus compatriotas inmersos en una economía de mercado salvaje no prestan mucha atención por la lectura. Noticias recientes, en cambio, le contradicen.

Otra biblioteca que ha acumulado numerosos titulares y ha venido muy bien para rellenar los cada vez más raquíticos espacios culturales en los medios: ha sido la espectacular biblioteca china de Tianjin Binhai que se inauguró en los últimos meses del 2017.

La fastuosa biblioteca con sus infinitas estanterías en las que parecían habitar libros y más libros hasta perderse en el horizonte, en realidad, jugaba con las ilusiones ópticas. Una vez se superan las estanterías accesibles todo se convierte en un trampantojo, en un reflejo multiplicado por el ingenio de los arquitectos. Y el 1,2 millón de libros que aseguran caben en la biblioteca, por el momento, no deja de ser un futurible.

Por eso, ante tamaña (y maravillosa) ostentación del gigante chino, mejor nos fijamos en datos concretos que nos sitúen en la importancia real que dan en la segunda economía del mundo a las bibliotecas. Según un artículo publicado en la revista estadounidense ‘Publisher Weekly’, el pasado diciembre, el mercado de libros infantiles en China alcanza proporciones tan apabullantes como la faraónica biblioteca de Tianjin Binhai. Y ese dato sí que emociona mucho más que la deslumbrante biblioteca.

 

En China se está dando lo que en nuestro entorno se dio hace unas décadas y que el pelotazo económico de los 90 terminó por desbaratar: la cultura como símbolo de ascenso y progreso social. La pujante clase media china aspira a que sus hijos tengan los mejores libros y aprender a leer cuanto antes. En esto último se parecen a muchos progenitores españoles que, desde siempre, han cifrado el que sus hijos lean cuanto antes como síntoma de éxito escolar (un empeño que se contradice con los modelos educativos más avanzados). Y en cambio, se preocupan muy poco por darles ejemplo leyendo ellos mismos y así conseguir que una vez sepan leer: sigan leyendo.

Pero volviendo a China. Todos estos progresos vienen acompañados de una reforma educativa que enfatiza la lectura dentro y fuera del aula. Un empeño que viene acompañado por la construcción, durante la última década, de más de 600.000 bibliotecas con las que combatir la escasa alfabetización de la población no urbanita. Hasta se ha establecido un premio para reconocer a los mejores promotores de la lectura en el país.

 

En los análisis que hacen los medios sobre quien ganará la partida entre Trump y el régimen de Pekín: siempre se centran en los datos económicos. Pero más allá de espionajes, guerras digitales o de carreras por dominar la inteligencia artificial: lo que decante la balanza puede que provenga de lo más nimio. Cuando las fuerzas se están igualando en tantos campos: el último esfuerzo para ganar el pulso puede venir de detalles tan insignificantes como los índices de alfabetización, la lectura, el número de bibliotecas, etc… En esas fruslerías, que no aparecen nunca en las páginas de economía, es donde se denota cuando un imperio está asentando las bases de su dominio a largo plazo.

Por contraste con su gran rival chino, Trump cierra el grifo de ayudas a las bibliotecas públicas, confía en la contaminación informativa para manipular mejor a su electorado y es la antítesis de lujuria intelectual (de la otra también pero de eso no hablamos aquí). No vamos a decir que el régimen chino sea un paraíso de la libertad de expresión, pensamiento y creación, desde luego, pero cuando el éxito depende de tantos e insignificantes detalles: cabe la posibilidad de que hasta el peso pluma de las bibliotecas (y de la cultura en general) sea un peón a tener en cuenta.

 

Y para muestra, una última hora de lo más esclarecedora. El presidente de los Estados Unidos, en su primera reunión de gabinete de 2019, se burló del primer ministro de la India, Narendra Modi, por financiar la construcción de una biblioteca en Afganistán. Tanto los Estados Unidos, como la India, están colaborando financieramente en la reconstrucción del país afgano tras haber participado, previamente, en su destrucción. Según las autoridades hindúes, la construcción de la biblioteca representa la contribución del país en el desarrollo de la sociedad civil afgana, en promover una educación moderna y habilidades profesionales para los jóvenes. Para Trump, la construcción de la biblioteca, no es más que un mal chiste.

 

Javier Cansado en el programa ‘La resistencia’ de David Broncano.

 

La actualidad siempre juega a favor cuando se habla de estos temas. En una entrevista del humorista Javier Cansado en el programa de humor de moda entre los millenials La resistencia de David Broncano: surgieron argumentos de los que gusta escuchar. Básicamente de los que te reafirman en lo que tú has dicho. Cansado empezó hablando de bicicletas (coincidiendo con lo que dijimos en Bibliotecas para todos, aceras para peatones): pero prosiguió hablando del interés que profesa por la historia del Imperio mongol. Y es aquí donde Cansado nos recuerdaba que una de las grandezas de ese imperio que precedió al Imperio chino: fue que, pese al potencial destructor de su ejército, cuando arrasaban una ciudad con saña, siempre respetaban la vida de ingenieros, artesanos y artistas.

El modelo con el que siempre se compara a los imperios, más que el mongol, suele ser el del Imperio romano. En el caso de Roma fueron las invasiones bárbaras las que acabaron de derrumbarlo. En el caso de los Estados Unidos, en cambio, si termina derrumbándose, no hará falta que le invadan bárbaros venidos de fuera. Eso que se ahorran.

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