Una verdad (bibliotecaria) incómoda

 

No aspiramos a emular el documental sobre la lucha de Al Gore contra el cambio climático del que tomamos prestado el título. No es comparable. El medio bibliotecario no es equiparable al desastre medioambiental; por mucho que la especie bibliotecaria sea incluida en la lista de las llamadas a extinguirse por el impacto del meteorito digital. Pero no por eso deja de resultarnos una verdad incómoda de la que preferiríamos no tener que hablar, pero como decía la gran Chus Lampreave interpretando a una portera: sólo podemos decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad.

 

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El extraño mundo del futuro: el día en que los bibliotecarios desaparecieron

 

Los artículos, estudios, estadísticas e informes varios sobre el futuro del profesional de la información llevan varios años siendo un debate habitual en los medios especializados. Lo más reciente la XVIII Jornada de Gestión de la Información organizado por SEDIC en la Biblioteca Nacional, centrada en Empleo y desarrollo profesional de los profesionales de la información.

Tras la irrupción de las nuevas tecnologías ningún gremio ha quedado indemne. ¿Quién podría pensar que hasta los taxistas verían amenazada su supervivencia por lo digital? Pero de nada sirve enterrar la cabeza cual avestruz entre CDU, Reglas de catalogación y Encabezamientos de materia: si una especie no se adapta se cumplirá la inexorable ley de la evolución, y desaparecerá. Palabra de Darwin, te alabamos Señor.

 

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El sufijo -teca ha demostrado su capacidad de supervivencia sobradamente, se va acoplando a cada nuevo formato (biblioteca, videoteca, comicteca, fonoteca, ludoteca…) sin periodo alguno de adaptación. Pero la raíz biblio- es posible que termine cuestionada, sustituida, anulada cuando de lo que se trata es de instituciones que fomentan no ya la lectura, sino la cultura. En cualquier caso, la llamen como la llamen, lo que se entiende hoy día como biblioteca, de un modo u otro, es muy posible que sobreviva, pero su fauna autóctona no lo tiene nada claro.

 

ereader_retro_01¿Y si los bibliotecarios fueran simples máquinas portadoras del gen de la cultura? Tal y como sostiene Richard Dawkins en su revolucionario ensayo El gen egoista, los seres humanos no somos más que un medio de transporte para las auténticas estrellas de la evolución: los genes, que nos usan y desechan sin miramientos. Stephen Hawking se sumaba desde otro prisma recientemente para incidir en lo prescindibles que somos en esto de la evolución. Según el científico más pop (con permiso de Einstein, y el últimamente reivindicado Tesla): el desarrollo de la Inteligencia Artificial puede terminar por desechar el factor humano.

 

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La evolución del bibliotecario: del primate al amanuense pasando por la bibliotecaria con moño y gafas hasta llegar al profesional de la información.

 

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Smart monkey, el delicioso cómic mudo sobre la teoría de la evolución

¿Por qué han de ser diferentes los bibliotecarios? Si atendemos al listado de nuevas aptitudes que se les exigen en la era digital tenemos para aburrirnos: community manager, social media manager, animadores socioculturales, expertos en tecnologías varias, monitores en makerspaces, dinamizadores de clubes de lectura, especialistas en marketing de contenidos, creadores de narrativas transmedias, formadores en nuevas tecnologías, asistentes sociales…, todo ello sin descuidar ninguna de sus atribuciones anteriores. Si a esto unimos el envejecimiento del funcionariado que estos años de crisis (con la ausencia de ofertas de empleo público y el cese de miles de interinos) podría dar lugar a una gentrificación de las bibliotecas, y en un país en el que no se considera a la cultura con la suficiente entidad para tener un ministerio propio:

 

¿no sería más sencillo contratar directamente especialistas en cada uno de estos campos y prescindir de los bibliotecarios?

 

Una vez soltado el anatema, vamos a conjurarlo centrándonos en datos concretos que arrojen algo de esperanza.

Según la web Qué estudiar y dónde en la Universidad del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, tres son las universidades cuyos titulados en Información y Documentación presentan las mejores tasas de inserción laboral. La primera, la Universidad de Barcelona con un 70% a nivel de Grado, y un 83% a nivel de Máster, le siguen la Universidad Carlos III de Madrid, y la Universidad de Valencia. A tenor de estos datos, nos decidimos a espantar a la bicha de la mejor manera posible: llamando a la Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la primera universidad del ranking y pidiéndoles que nos contaran cómo percibían ellos el panorama. Y tuvimos mucha suerte porque dimos con dos estupendas profesionales.

 

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Por un lado Pilar Gené, responsable de la Secretaría de Estudiantes y Docencia, nos confirmó que el número de nuevas matrículas en este 2016 ha sido de 52, nueve menos que el año pasado. Según Gené, el número de matriculados se mantiene estable durante los últimos años, y el repunte hasta los 61 del 2015 pudo deberse al hecho de que se celebró el centenario de la Facultad, lo cual probablemente atrajo a más estudiantes el año pasado.

Por su parte, la jefa de estudios del Grado en Información y Documentación, Marina Salse nos ofreció una panorámica de primera mano de lo más interesante. Salse sostiene que siempre se va a necesitar un gestor de la información tanto en bibliotecas, centros de documentación o archivos, como en empresas, y nos lo demostró con ejemplos prácticos. En las jornadas sobre salidas profesionales que organiza de forma conjunta con los profesores de la asignatura Introducción a los Sistemas de Información y Documentación. nos destacó dos casos que le resultaron especialmente motivadores:

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  • la companía Aviation island, ofrece servicios tecnológicos para líneas aéreas, su plantilla está integrada en gran parte por graduados en Información y Documentación (alrededor de unos 9 procedentes de la Facultad barcelonesa y el resto de la Universidad de Zaragoza). Un claro ejemplo de una empresa que conoce el potencial de los profesionales de la información y el juego que pueden dar por su perfil formativo dentro del ámbito empresarial.
  • otro ejemplo llamativo fue el de una graduada en la Facultad que actualmente desarrolla funciones relacionadas con la ciberseguridad en otra empresa del ramo.

Un alivio comprobar que los estudios formativos sí han sabido adaptarse a los requerimientos del mercado laboral, y que el perfil tan plural del profesional de la información va abriéndose a nuevos caminos. Pero tanto en la Universidad de Barcelona como en la de Granada (gracias en esta última a la información proporcionada por Luis Gerardo Fernández), que fueron las que amablemente nos atendieron y proporcionaron datos: coincidieron en el desconocimiento de los nuevos estudiantes respecto al contenido de los grados en Información y Documentación.

 

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Ilustración de los años 50 sobre cómo sería la educación en el futuro. No andaban tan desencaminados, cuando los webinars y MOOC están cuestionando también la supervivencia de las universidades como centros formativos. Que aquí nadie se salva.

 

Si bien en la Universidad de Granada el número de nuevas matriculaciones se mantiene estable en los últimos años (entre 50 a 60) nos manifestaron que la mayoría de estudiantes optan por la carrera, y una vez iniciada, les gusta: pero antes de elegirla no tienen ideas claras sobre en qué consiste exactamente. Vamos igualito que pasa cuando se trata de vender lo que puede dar de sí una biblioteca en el siglo XXI a la mayoría de responsables políticos.

La necesidad de un mensaje claro y definitorio que permita vender a la primera en qué consiste exactamente eso de ‘profesional de la información’ sigue pendiente. Los datos proporcionados por estas dos universidades al menos nos permiten ver la luz al final del túnel (símil desafortunado donde los haya).

LOS BIBLIOTECARIOS HAN MUERTO ¡¡¡VIVAN LOS BIBLIOTECARIOS!!!

Pero que vivan aquellos que arriesgan, aquellos que dentro de sus posibilidades siguen luchando por innovar, aquellos que no se dejan funcionarizar (en el sentido despectivo, e injusto, que arrastra el término funcionarizar). El concepto de biblioteca gentrificada a punto de ser formulado en uno, dos, tres: pero no por elitismo o aristocratización, sino por la peor acepción de este término inglés que también hemos importado.

 

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La biblioteca del futuro vista desde la década de los 50 del pasado siglo.

 

Gentrificación como sinónimo de aburguesamiento intelectual, cultural, laboral; como síntoma de pereza mental. Para los que favorezcan esa gentrificación bibliotecaria (que los hay) ni un mísero responso por su desaparición. Después de todo puede que los bibliotecarios sean como las ratas y las cucarachas y ni una deflagración atómica, ni siquiera los devastadores efectos del desastre medioambiental que denunciaba Al Gore: sean capaces de extinguirlos.

Por el momento nos vamos con un cierre energético. El monólogo inicial de la película Trainspotting está volviendo a la actualidad a consecuencia del inminente estreno de la segunda parte. Los heroinómanos encabezados por Ewan McGregor 20 años después: eso sí que es supervivencia. Precisamente en 1996 que es cuando se estrenó la primera, las universidades españolas estaban abriendo escuelas de Biblioteconomía y Documentación a lo largo y ancho del país.

 

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Trainspotting veinte años después

 

Es de suponer que más de uno de los jóvenes que entonces estudiaban la carrera, y ahora ocupan puestos en la plantillas de muchas bibliotecas, se identificaron con el discurso antiburgués que declamaba McGregor en el arranque de la historia. Obviando la parte en que revela su decisión de no elegir la vida, de refugiarse en la heroína, y quedándose con el inconformismo del discurso, y con esa lujuria por la vida (por la cultura) que canta por debajo Iggy Pop. Y desde ahí, posicionarse ante los retos que les exigía la vida adulta en plena crisis de los 90.

Pues bien, si vamos a espantar esa sombra de gentrificación, ese anquilosamiento en el que esperemos que ninguno de aquellos jóvenes hayan caído en su madurez, no está de más cerrar recordándolo. Lust for life, lust for culture, lust for libraries.

 

 

Léeme, soy community manager (DJ bibliotecarios en el filo)

F*** me, I’m famous con este eslogan el DJ David Guetta ha creado un imperio. Se trata de un mantra que condensa a la perfección el histérico culto a la celebridad que satura a los medios. Y si bien, al hablar de profesiones proclives a estar en el candelabro, los bibliotecarios no parecen ser una de ellas: bajo una de sus nuevas identidades, la de community manager: sí que aspiran a popularizar su trabajo entre su público al igual que lo haría un DJ. Léeme, soy community manager, si bien despoja de impacto a la proposición del francés, da una imagen más selectiva del gremio en esto de postularse como objetos de deseo. Sería un lema para la figura del DJ’s bibliotecario, una nueva especie profesional que ya está tardando mucho en definirse.

Por esbozar algo, se trataría de algo así como un bibliotecario referencista salido de madre. Entre sus funciones estaría la de crear productos que atrajesen por establecer conexiones y estimular sensaciones entre los lectores-oyentes-espectadores-internautas asiduos de la biblioteca (a ser posible evitando la estética algo hortera de Guetta).

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Una dieta a base de Me gusta, Compartir, retuits y atención a las estadísticas de Google Analitycs como si de programadores cardiacos de realities televisivos se tratara: es del todo desaconsejable, pero a la par inevitable. “La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar”, que advertía la profesora en la serie de los 80, Fama; y donde tendrían que empezar a pagar por esa “fama” los bibliotecarios y faunas similares: debería ser en las facultades en las que se cursan los grados en documentación.

En Perfiles profesionales del Sistema Bibliotecario Español se relacionan las aptitudes propias del bibliotecario metido a faenas de web social: dominio de las redes sociales, destrezas tecnológicas, capacidad de comunicación, empatía, etc… Todo un abanico de habilidades personales y profesionales en el que faltaría incidir en lo que da sentido a todo eso: la creación de contenidos.

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¿Para cuándo un curso CCC de community manager para bibliotecarios?

En Cultura Mainstream, el sociólogo y periodista Frédéric Martel dejaba claro que la guerra actual en las industrias culturales a nivel mundial, era una guerra por los contenidos; y se da la paradoja de que lo que genera esos contenidos (que tantos beneficios reportan a la economía de los países) proviene de las cada vez más arrinconadas Humanidades.

Precisamente, hace poco el filósofo y escritor Emilio Lledó reivindicando “lo inútil” en una entrevista en El Mundo, se preguntaba:

¿por qué una universidad privada española hace propaganda garantizando las salidas profesionales de los alumnos? Lo exclusivamente utilitario aniquila mentalmente a los estudiantes.

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Juego de palabras a costa del águila símbolo americano y el tupé de Donald Trump

Un debate éste, el de lo útil y lo inútil según la lógica implacable del neoliberalismo, que esta crisis ha servido para afianzar: y que a poco que se fije uno, hace aguas por todas partes.

Por seguir en la crónica de actualidad, en los Estados Unidos, el candidato republicano Marco Rubio declaraba en pleno debate de primarias que Estados Unidos necesitaba más obreros y menos filósofos. Sin duda, ese ha sido el motivo por el que sus votantes han preferido la filosofía de Donald Trump. El discurso de Rubio viene a sumarse al movimiento por acabar con los estudios de Humanidades que propugnan muchos de sus correligionarios (en Kentucky ya piden que los estudiantes de literatura no reciban ayudas del estado para ir a la universidad).

No sabemos si Sheldon Cooper, el popular científico de la serie The Big bang theory, votará a los republicanos, pero está claro que estaría totalmente de acuerdo. Su mente no está hecha para la poesía, sólo para teoremas y fórmulas matemáticas; y sin duda sus conexiones neuronales sufrirían un cortocircuito ante las recientes declaraciones de Edward Guiliano, presidente del Instituto de Tecnología de Nueva York sobre la necesidad de “humanizar las ciencias”.

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Sheldon Cooper y su horror ante las humanidades

Unas declaraciones que vienen a sumarse a las predicciones del Foro Económico Mundial de Davos sobre el mundo laboral que están configurando las nuevas tecnologías. Según este organismo no precisamente amante de la poesía: lo más preciado en el nuevo panorama será el pensamiento crítico y la creatividad. Algo que sin la filosofía, el arte, la literatura, el cine o la música es francamente difícil de alcanzar.

Visto lo visto, ¿a qué esquizofrenia cultural nos está empujando tanto mensaje contradictorio?

En los planes de estudio de los grados de documentación, aparte de las técnicas propias de la profesión: ¿no se debería hacer incidencia en la historia de la literatura, la música, el cine, el cómic, el arte…? Si algo pueden aportar las bibliotecas a las deficiencias de un sistema educativo que ningunea cada vez más a las humanidades: son precisamente productos culturales que cubran esos déficits, ser garantes de la democracia, y “vender” la cultura a jóvenes (y no tan jóvenes) que no saben/pueden llegar a todo lo que les podría gustar.PACK

Ninguna otra institución cultural, como la biblioteca pública, está tan capacitada para hablar de todo; porque todo le concierne. En los museos o filmotecas se refugian las artes plásticas o el cine; pero las bibliotecas lo abarcan todo. ¿Se trata de reclamar un perfil erudito al profesional bibliotecario? No. Se trata de incluir tanto en los planes de estudio, como en los planes de formación de las administraciones: acciones formativas que sirvan para dar contenido cultural a tanta tecnología.

¿Se pueden concebir bibliotecarios a los que no les interese leer, ni la música, ni el cine, ni las artes; y que actúen como simples dependientes de documentos?, ¿puede permitirse alguien que trabaja en una institución cultural no estar al tanto de las nuevas tendencias?, ¿es realista pedir algo así cuando muchas plantillas se cubren con categorías profesionales que nada tienen que ver con la cultura?

genoves-2Por eso, precisamente la revista Infobibliotecas [inciso de publicidad nada subliminal] es una revista orientada a las bibliotecas, pero ante todo es una revista cultural integrada con el resto de publicaciones culturales en ARCE. Los bibliotecarios son profesionales de la cultura, y de poco servirán la CDU, las RDA y el dominio de las mil tecnologías que puedan surgir, si pierden de vista lo esencial: ser intermediarios entre la inflación de ofertas culturales y los ciudadanos.

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Pablo Genovés y sus montajes fotográficos de apocalipsis cultural

1507-1El ensayo Piensa como un artista de Will Gompertz (autor del delicioso ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos), soslayando con habilidad la autoayuda: proporciona muchos ejemplos de creadores que sirven para masajearnos las neuronas sea cual sea nuestra profesión, e intentar afrontar nuestros trabajos con una mirada más fresca.

En el último capítulo, Gompertz nos habla de Bob y Roberta Smith, los seudónimos de un pintor británico que creó su cuadro: All Schools Should be Art Schools (Todas las escuelas deberían ser escuelas de arte) para lanzar su Partido de las Artes, un grupo de presión de artistas preocupados por la paulatina desaparición de las artes y el diseño en el sistema educativo británico (“en las escuelas de arte se enseña cómo pensar, en lugar de qué pensar”).

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“Todas las escuelas deberían ser escuelas de arte” de Bob y Roberta Smith

Desde este punto de vista, la mala fama de la tan cacareada procrastinación se transforma en positiva cuando hablamos de creatividad.  La cantidad de información inútil consumida vía televisión, vídeos, libros, cómics, revistas cuyo exceso de consumo muchas veces desespera a educadores y padres: puede transformarse en un discurso propio, adaptado al medio digital, en el que lo único que va a conseguir destacar, por encima del ruido, será la creatividad. Como decía el personaje de Antonio Resines en una comedia al respecto de niños y televisión (sustitúyase ahora por Internet):

“a los que son inteligentes les hace más inteligentes, y a los que son tontos les hace más tontos.”

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Obra de Banksy

Tal vez así, podamos ahuyentar los augurios con que diagnostican nuestra época las fascinantes composiciones fotográficas de  Pablo Genovés o los grafitis del misterioso Banksy: y reconvertidos en DJ, los bibliotecarios aúpen al Top Ten de las listas remezclas de temas como el I’m reading a book del showman Julian Smith.

Las nuevas tendencias en videojuegos interesan a las bibliotecas

Acaba de ver la luz el Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos 2015, elaborado por la Asociación Española de Empresas Productoras y Desarrolladoras de Videojuegos y Software de Entretenimiento, y sus conclusiones respecto a las tendencias futuras en el sector no pueden ser más interesantes para las bibliotecas. Y no sólo porque aporta información para el desarrollo de las colecciones en aquellas bibliotecas que ya han incorporado los videojuegos a sus fondos -o que lo quieren hacer en los próximos años-, sino también porque apuntan a que crecerá mucho más la importancia del componente educativo de los juegos, y su potencial para ser utilizados en actividades formativas.

Videojuegos_LibroBlancoSegún la encuesta que han realizado entre desarrolladores y expertos en el sector para elaborar este Libro Blanco, los tipos de videojuegos que más crecimiento tendrán en los próximos años serán los de realidad virtual, los que incorporan como técnica la gamificación y los denominados juegos serios (serious games). Vamos a ver en esta entrada cada uno de ellos, pero antes de eso, os voy a resumir algunos datos puros y duros que aporta el informe y que justifican de sobra por qué los videojuegos son una buena herramienta de aprendizaje:

  • Los jóvenes de las nuevas generaciones habrán dedicado 10.000 horas de su tiempo libre a los videojuegos para el momento en el que cumplan los 21 años, prácti9camente las mismas que habrán pasado en clase y el doble de las que emplearan en la lectura.
  • Somos capaces de recordar un 10% de lo que leemos, un 20% de lo que oímos, un 50% de lo que otros nos demuestran, y un 90% de lo que practicamos.

Si a estas cifras añadimos las de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI) que puedes consultar aquí, y las de la Interactife Software Federation of Europe (ISFE), que dice que en España hay 14 millones de jugadores (el 40% de la población), está claro que los videojuegos deben ocupar un lugar importante en la agenda bibliotecaria.

Realidad virtual

Llevamos mucho tiempo soñando con la oportunidad de sumergirnos con los cinco sentidos en un entorno imaginario, y esa posibilidad ya está aquí. La apuesta por el desarrollo de dispositivos de realidad virtual de bajo coste orientados a videojuegos está impulsando la industria de contenidos digitales hacia este segmento. Ahí están el Oculus Rift cuyo lanzamiento definitivo se espera para el primer trimestre del próximo año, y los proyectos de Samsung Gear, el VIVE de HTC o el Morpheus para PS4. Se estima que estos dispositivos alcanzarán cuotas altas de penetración en los hogares para 2018, con 170 millones de usuarios de estas tecnologías y sus aplicaciones de realidad virtual en todo el mundo para esas fechas. Aquí os dejamos un vídeo con demostración muy Matrix de lo que se ve en estos cacharros.

El Libro Blanco viene a decir (con otras palabras, claro) que teniendo en cuenta lo que nos gusta a los españoles tener nuevos aparatitos en casa, uno de cada cinco jugadores tendrá un dispositivo de realidad virtual en su hogar para el mismo 2018. Ya hay empresas de contenidos y desarrolladores comercializando juegos de terror y aventura gráfica para la realidad virtual, como el “Dreadhalls”, pero además de puro entretenimiento, los juegos de realidad virtual también pueden ser educativos en áreas como ciencias, matemáticas, historia y lengua. Así lo cuentan en este artículo.

Gamificación

La gamificación, o uso de las mecánicas de los juegos en entornos y aplicaciones no lúdicas, lleva ya un tiempo aplicándose en áreas como el marketing, las artes y el entretenimiento, pero este informe hace especial hincapié en la previsión de desarrollo en el ámbito de la formación en los próximos años. La gamificación es una herramienta buenísima para motivar, mejorar la concentración y el rendimiento en cualquier actividad formativa dentro y fuera de los ámbitos puramente educativos. Y, como recuerda el informe, se puede aplicar a algo más amplio: las actividades cotidianas.

Son una herramienta interesante para conseguir buenos resultados si se diseñan cursos online. Según el estudio, el 89% de los encuestados aumentaría su implicación en uno de estos cursos si tuviera asociado un sistema de puntos de los que suelen utilizarse cuando se aplica la gamificación. Y no estamos hablando de niños o jóvenes, sino de adultos que, teniendo en cuenta la poca disponibilidad de tiempo para formarse, encontrarían motivación extra para hacerlo.

Pero además de un poco más de atractivo, las técnicas de gamificación incorporan un extra muy interesante cuando hablamos de actividades formativas organizadas desde la biblioteca: las herramientas sociales que conforman auténticas comunidades de práctica, y que potencian el aprendizaje informal.

Según el informe, la industria del videojuego en España ya está mirando con mucho cariño la incorporación de todas estas ideas en la producción de videojuegos, por lo que es de esperar que en los próximos años crezca la oferta y su uso.

Para entender mejor lo que es la gamificación, aquí os dejamos “Sight”, un estupendo corto sobre un futuro demasiado “gamificado”. Incluye un claro mensaje sobre cómo NO ligar.

Juegos serios

Los juegos serios son los que se utilizan con fines distintos al entretenimiento, y que se aplican a áreas como la educación, la salud, la cultura o la inclusión. Puede llegar a confundirse con la gamificación pero el informe aclara que no es lo mismo: los juegos serios se platean pensando exclusivamente en el aprendizaje en un determinado ámbito mientras que la gamificación “se entiende como algo más amplio, ya que se basa en a tarea, en las actividades cotidianas con el propósito de persuadir, motivar y, en definitiva, conseguir la participación de las personas”.

Respecto a la formación, los juegos serios mejoran el conocimiento conceptual, la confianza en uno mismo, la retención, el conocimiento práctico y el número de tareas completadas. Por todo ello, según el estudio, se prevé un crecimiento exponencial en los próximos años. En concreto, en los ámbitos de educación, turismo y terapias médicas, la producción de juegos serios crecerá de media un 16% anual de aquí a 2020. La gran mayoría de los juegos educacionales aprovecharán, además, el creciente uso de dispositivos móviles.

Para más información os recomendamos que visitéis asiduamente la web de la AEVI que publica interesantes estudios sobre tendencias y videojuegos más populares. ¡Feliz semana!

Bibliotecas emprendedoras que impulsan la economía local

No sabemos si esta entrada será ya muy pertinente ahora que dicen que hemos salido de la crisis (jeje). Sarcasmos aparte, y salvando toda esa mitología de medio pelo que se ha instalado en el discurso político en los últimos tiempos en torno al emprendimiento y las personas emprendedoras, hoy queremos hablar de la contribución de las bibliotecas al bienestar económico de la comunidad.

En el Reino Unido, el Carnegie UK Trust acaba de hacer públicas las lecciones aprendidas del programa “Enterprising Libraries” con el que han apoyado proyectos de bibliotecas que exploran nuevas formas creativas de impulsar el bienestar económico de sus comunidades a través del emprendimiento y el desarrollo de las aptitudes necesarias para el era digital. Los resultados del programa pueden leerse en el informe: “Más allá de los libros. El papel de las bibliotecas emprendedoras en la promoción del bienestar económico”. Aquí os resumimos su contenido.

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Estudios de caso

De los cuatro proyectos apoyados por la institución, ejecutados entre julio de 2013 y marzo de 2014, vamos a destacar tres:

  • Tecnoclubes en las Bibliotecas de Neath Port Talbot: se trata de clubes de robótica y codificación dirigidos a niños y jóvenes en los que se enseña de forma divertida sobre informática, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Los clubes se organizan en colegios y en las bibliotecas en horario extraescolar, y están dirigidos a sectores de la población que no tienen la oportunidad de participar en este tipo de actividades en el colegio o en casa.
  • Actividades digitales en la biblioteca Central de Gateshead: la biblioteca organiza jornadas de un día de duración dirigidas a jóvenes menores de 30 años en los que pueden experimentar de primera mano con nuevas tecnologías, formarse y tener contacto directo con profesionales que trabajan en el sector digital. Las jornadas se realizan con la colaboración de entidades comerciales, la universidad y grupos de aficionados a los cachivaches digitales.
  • Centros de empresa e intercambio de conocimientos en las bibliotecas de Northamptonshire: a través de estos centros, los usuarios han podido acceder a recursos, talleres y citas cara a cara para el desarrollo ideas de negocio y orientación sobre autoempleo. Las bibliotecas han empezado a estudiar si el modelo –que fue galardonado en 2013 con el prestigioso Premio EDGE a la innovación– puede ser replicado en otros servicios bibliotecarios por medio de intercambios e cesión temporal de su personal.

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Las claves del éxito

El informe del Carnegie identifica cuáles son los factores que han contribuido a que estas iniciativas funcionen. La verdad es que son elementos clave en cualquier proyecto:

  • Un liderazgo fuerte, proactivo y comprometido que motive y sea capaz de generar alianzas para sacar adelante los proyectos.
  • Claridad respecto a la que se pretende conseguir, para centrar bien el trabajo y las actividades, y lanzar mensajes congruentes a los participantes.
  • Dar al personal tiempo suficiente para planificar y ejecutar el proyecto, y facilitar su formación y el desarrollo de sus aptitudes.
  • Generar un ambiente en el que se valore positivamente el desarrollo de iniciativas basadas en valores comunes, que haga sentir pasión por los proyectos que se emprendan. Esto es especialmente importante en un tiempo como el que vivimos de recortes y amenazas para los servicios públicos.
  • Estar dispuestos a que la biblioteca se convierta en un “espacio ruidoso y social”: flexibilizar el uso del espacio. Es importante escoger lugares adecuados que permitan el pleno desarrollo de la actividad. Éstos pueden estar dentro o fuera de la biblioteca.
  • Establecer alianzas fuertes y trabajar en red con escuelas, instituciones, empresas, organizaciones de la sociedad civil, etc., para poder aprovechar conocimientos y recursos que están fuera de la biblioteca.
  • Usar herramientas de planificación y evaluación: el uso del marco lógico para elaborar proyectos, por ejemplo, permite centrarse en los objetivos que se quieren conseguir, hacer seguimiento del avance del proyecto e identificar aspectos que necesitan ser reforzados.

Junto a los factores que ayudan a conseguir que los proyectos salgan adelante, el informe también ha identificado las dificultades más importantes que se han encontrado. Seguro que alguna os suena:

  • Cómo convencer a los servicios bibliotecarios de los que depende el centro de la importancia de impulsar modelos alternativos al concepto tradicional de biblioteca.
  • Cómo motivar al personal para que participe en nuevas actividades en un entorno en el que, en muchas ocasiones, los mismos servicios básicos que ofrece la biblioteca se ven amenazados por falta de financiación o de personal.
  • Cómo promocionar las nuevas actividades de la biblioteca de forma coherente con la imagen de la misma. Por ejemplo, la vinculación entre biblioteca y la promoción de actividades empresariales no siempre es fácil de contar.

Para vencer estos obstáculos, los proyectos piloto lanzados en este programa han apostado por acciones como la celebración de reuniones para debatir las nuevas iniciativas y la presentación de las mismas en positivo, como oportunidades y no como cargas. Pero sobre todo es muy importante -y esto lo deja bien claro el informe-, que los gobiernos locales y centrales reconozcan y apoyen el papel que las bibliotecas pueden jugar en la consecución de los objetivos económicos. Ese apoyo se debe traducir, a su juicio, en el aumento de las oportunidades de desarrollo profesional del personal que trabaja en las bibliotecas, con especial énfasis en la formación.

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Recomendaciones

El informe concluye con una serie de recomendaciones para los diferentes sectores implicados. Os hacemos un resumen:

Para los servicios bibliotecarios

  • Valorar en qué medida estáis apoyando el bienestar económico de la comunidad a la que prestáis vuestros servicios, el apoyo a la creación de empresas y el desarrollo de actividades digitales creativas.
  • Estudiar si la biblioteca puede establecer alianzas locales para desarrollar nuevas actividades que favorezcan el bienestar económico.
  • Pensar si algún espacio de la biblioteca puede usarse en determinados momentos para actividades sociales y colaborativas dirigidas a impulsar el desarrollo económico.
  • Compartir el conocimiento e ideas de iniciativas que hayan tenido éxito entre el personal de la biblioteca, con otras bibliotecarias y con los responsables políticos.

Para las organizaciones profesionales

  • Establecer estructuras para fomentar el intercambio de buenas prácticas.
  • Pensar en la necesidad de desarrollar una estrategia para promover el bienestar económico en las bibliotecas públicas.
  • Favorecer la formación de los bibliotecarios y las bibliotecarias en la materia.
  • Trabajar en colaboración con fundaciones, organizaciones profesionales e instituciones públicas para diseñar e impartir formación para el personal bibliotecario en especial en áreas como la innovación, comunicación y trabajo en red.

Para los responsables políticos

  • Garantizar que las estrategias y planes de desarrollo de las bibliotecas públicas incluyan incentivos para el trabajo colaborativo, la transferencia de conocimiento y el aprendizaje entre las distintas Administraciones.
  • Trabajar en colaboración con las organizaciones profesionales para financiar la formación del personal.

Esperamos que este material os resulte útil. ¿Qué creéis que podéis hacer vosotros al respecto?

Bibliotecas y MOOCs: ¿una colaboración posible?

courseraEmpezamos con una confesión: andamos fascinados con esto de los MOOCs (Massive Online Open Courses), esos cursos online gratuitos y abiertos a cualquier persona en cualquier lugar del mundo, que empezaron a organizar las mejores universidades de EE.UU, y que hoy se han extendido a universidades de los cinco continentes, con la participación de millones de personas. Puedes encontrar cursos del máximo nivel, con contenidos excelentes y con comunidades de debate y aprendizaje colaborativo extendidas por casi cualquier rincón del planeta. Ofrecen las temáticas más variadas, de la Neuroeconomía a la Gamificación, y de los logaritmos a la historia del rock, pasando por las representaciones culturales de las sexualidades, y la muerte celular programada. Todo ello desde tu casa, sin coste para los alumnos (excepto que quieras un título oficial). Acceso al conocimiento en estado puro.

 

Por supuesto, el surgimiento de este fenómeno ya está generando importantes debates sobre las vías de colaboración entre bibliotecas y MOOCs. Hace unas semanas, se celebraban las XII Jornadas CRAI con el título “MOOCs y CRAIs. El futuro ya es presente”, en las que se debatió sobre la puesta en marcha de estos cursos por las universidades españolas y el papel de los CRAIs ante esta nueva tendencia. Para situar el tema con datos, se presentó el Informe “MOOCs en España” de la Cátedra Telefonica – UPF, que cuenta que de las 80 universidades activas registradas en el espacio web del Ministerio de Educación, 28 (un 35% del total) tienen al menos un MOOC. En el siguiente gráfico, se detalla si se trata de cursos en su primera edición o si ha habido ya una cierta consolidación con dos o más ediciones.

 

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La dispersión de estos cursos en las distintas universidades es alta, según el informe. Tres de ellas (UNED, Universidad Politécnica de Valencia y Universidad de Cantabria) acumulan aproximadamente la mitad de la oferta de MOOCs de nuestras universidades. En cuanto a las plataformas escogidas para ofrecer los cursos, Miríada X es la más utilizada, aunque algunas instituciones tienden a crear una plataforma propia para centralizar su oferta formativa en MOOCs (UNED, UGR, EHU, UCAM, etc.) a partir de un cierto volumen de cursos. La presencia en las grandes plataformas anglosajonas como Coursera es escasa.

 

Las conclusiones de las Jornadas plantean algunas ideas interesantes. La primera, que para que haya una incorporación normalizada y generalizada de los MOOCs a nuestras universidades es necesario que exista “inteligencia institucional”, con un funcionamiento estratégico asentado sobre estructuras colaborativas de creación, “donde los CRAIs tuviesen un papel preponderante de participación, facilitación e incluso génesis de los materiales de conocimiento”.

 

Perfiles profesionales

Se habló de que la participación de los CRAIs en el proceso de elaboración de los cursos supone, entre otras cosas, un enriquecimiento de los perfiles profesionales de quienes trabajan en ellos “que permita funciones como la obtención participativa de recursos didácticos y la contribución al diseño de los mismos, la capacidad analítica y de gestión de los big data generados por los cursos, y la interacción con nuevos agentes de educación como las plataformas. También la función relativa al almacenamiento del material generado y el repositorio de recursos”.

 

moocs_AmericanLibrariesPero no solo se debate en España sobre esta cuestión. En EE.UU es un asunto recurrente en foros y publicaciones especializadas. En un artículo reciente de la revista “American Libraries” enfrentaban dos visiones no del todo coincidentes sobre cómo los cursos masivos podían afectar a los bibliotecarios y las bibliotecas. Por un lado, Paul Signorelli, consultor en temas de educación, planteaba que bibliotecas y MOOCs comparten fines como los de facilitar el acceso a recursos para la formación y contribuir a crear comunidades de aprendizaje, por lo que cree que los MOOCs pueden reforzar los servicios de las bibliotecas. Y, en línea con lo que se habló en las Jornadas CRAI, opina que los profesionales de las bibliotecas tienen mucho que aportar a quienes crean e imparten los cursos online.

 

Por su parte, Amanda Hovious, bibliotecaria especializada en tecnologías para la educación, es partidaria de ser cautos a la hora de establecer vías de colaboración entre bibliotecas y organizadores de los cursos: “Los MOOCs están todavía en una fase de desarrollo experimental, por lo que yo me lo pensaría con detenimiento. Antes de participar en el desarrollo de un MOOC, los bibliotecarios deberían preguntarse: ¿Cuál es el propósito del curso? ¿A qué público va dirigido? ¿Cómo ayudará a la comunidad a la que sirve la biblioteca? ¿Cuáles serán los costes para la biblioteca (en tiempo, recursos humanos, presupuesto?”. Y añade: “En estos momentos muchas bibliotecas tienen unos recursos muy limitados. Una biblioteca no debería participar en el desarrollo de MOOCs si esto afecta negativamente a su capacidad para servir a sus usuarios principales”.

 

El debate está servido, y seguro que muchos de vosotros ya tenéis cierto camino andado por estos terrenos. Estaríamos encantados de leer vuestros comentarios al respecto. Gracias y ¡feliz semana!