El ángel exterminador bibliotecario IV

[Continuación de El ángel exterminador bibliotecario III]

 

ALEVINES VERSUS SÉNIORS

 

Nos vamos acercando al final de esta adaptación del clásico buñueliano al ámbito de las bibliotecas. Sin duda podríamos seguir hurgando en más situaciones y grupos sociales que conviven en las bibliotecas públicas: pero toda serie por buena que sea, o haya sido, tiene que saber cuándo echar el cierre (¿verdad?: creadores de Los Simpsons, The Big Bang Theory, Homeland, Modern Family…). Lo cual no quiere decir para nada que esta sea buena. De hecho al plantearnos escudriñar diferentes tipologías de consumidores culturales enclaustrados en una biblioteca hemos terminado montando un culebrón de sobremesa. De esos que da igual que des una cabezada o te saltes algún episodio que rápidamente retomas el hilo.

En esta penúltima entrega nos vamos a centrar en dos grupos que nos abarcan absolutamente a todos en diferentes grados: jóvenes versus maduros, o tirando de terminología deportiva: alevines versus séniors.

 

Viñeta de la adaptación al cómic del relato de F. Scott Fitzgerald: El curioso caso de Benjamin Button.

 

Si los 50 son los nuevos 40, los 60 los nuevos 50, los 70 los nuevos 60: de tanto retrasar el reloj va a llegar un momento en que los 0 años van a ser los nuevos 122 (que es la máxima esperanza de vida del ser humano hasta ahora). En los años cincuenta norteamericanos en los que surgió el actual culto por la juventud: distinguirse de los mayores era muy sencillo. Pero ahora, empeñados en aparentar lozanía (física más que cultural, todo hay que decirlo), los que entran en la madurez se lo van a poner cada vez más difícil a los jovencitos.

Fantástica fotografía de Mary Ellen Mark en la década de los 80 en España: la nueva juventud del momento frente a frente a las viejas generaciones.

El más reciente, y sensato, ¡¡ZASCA!! en toda la boca (pero ¡qué de juveniles quedamos en Infobibliotecas usando estas expresiones!) en los medios a cuenta de los enfrentamientos generacionales: se lo ha propinado la siempre certera Elvira Lindo a un despistado Álex de la Iglesia. Todo ha venido motivado por unas declaraciones del director de cine en las que, para expresar lo poco que le importa que los jóvenes puedan usar el móvil para ver películas, declaraba que: “el talibanismo ese de que el cine es una cosa proyectada se lo dejo a señoras mayores y gente muy seria”.

Muy atinadamente, Lindo, (que solo se lleva tres años con el cineasta) en su columna de “El País” se reconoce como una señora mayor y repasa los grandes beneficios que el consumo cultural de esas “señoras mayores” está reportando a las librerías, los cines, los teatros, los museos, las cafeterías, y por supuesto, las bibliotecas (ya habló del bien que hacen las mujeres maduras a los clubes de lectura). Álex de la Iglesia, que podrá gustar de declaraciones epatantes, pero no es ningún patán: pronto ha reconocido su desliz y se ha reconocido él mismo como una señora mayor.

 

Fotograma de la película Wild in the streets (1968)

 

“Los viejos tigres tienen miedo” o “Si tienes más de 30 estás acabado” eran dos de los eslóganes con que se vendió la película Wild in the streets (1968) estrenada en nuestro país con el título de El presidente. La trama tenía miga: una estrella del rock de 24 años se convierte en presidente de los Estados Unidos, se legaliza el consumo de LSD, todo es libertad y se termina enviando a los mayores de 35 años a campos de concentración para ser reeducados. En 1968 esta distopía generacional podía tener su gracia, pero a día de hoy no tendría la menor oportunidad.

Viaje a Sils Maria (2015) es una de las reflexiones recientes más brillantes sobre la madurez, el culto desmedido a lo juvenil, y la aceptación del paso del tiempo.

Si hablamos de consumos culturales, la tecnología ha igualado, y mucho, a los que aún consumen cultura y no solo entretenimiento.

En últimos datos estadísticos publicados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte sobre el uso de eBiblio, la plataforma de préstamo de libros electrónicos en bibliotecas públicas en 2016: no se contemplaba la franja de edad de los usuarios. Y probablemente sea este dato el que más sorpresas pueda dar.

Mucho se ha hablado, y se habla, de lo “digitalizada” que está la juventud: pero lo cierto es que la mayoría de los que recurren a la lectura digital son mayores de 40. Tiene su explicación: por un lado, la presbicia, y por otro, por pertenecer a generaciones en las que el hábito de la lectura aún conserva su prestigio.

Pero que los jóvenes lectores (de literatura) opten por el papel, como sostienen varias encuestas publicadas en diversos países, se constata con echarle un vistazo al canal de cualquiera de esos booktubers que tienen miles de seguidores en Youtube. Todos suelen rodar sus vídeos con el fondo de sus bibliotecas personales, y los libros que recomiendan siempre los muestran en formato impreso, nunca en la pantalla de un eReader (en este caso las pantallas no resultan fotogénicas).

Al final va a resultar que los emigrantes digitales, como pasa con todo converso, son los más fascinados por lo digital. Tiene su lógica: aún conservan la memoria de un mundo predigital, siguen siendo capaces de experimentar, aunque sea un poco, el sentido de lo maravilloso (ese sense of wonder al que apelaba Spielberg en los 80 y que ahora se empeñan en reanimar con series como Stranger things). Algo difícil de reproducir en los que ya han nacido bajo el signo del byte cuyo sentido de lo maravilloso se les entumece cada vez a edades más tempranas.

 

 

Pese a todo aún hay espacios para el encuentro intergeneracional mientras llegan los “nuevos humanos” (cyborgs y demás). La reciente entrevista que la revista “Jot Down” le hizo al escritor Jesús Cañadas dio tan buenos titulares para nuestro gremio, que no es de extrañar, que al compartirla en Twitter fuera tan retuiteada. “El conservatorio de los escritores son las bibliotecas públicas” con declaraciones de este calibre es normal que Cañadas nos tenga en el bote. Pero más adelante termina por erigirse en santo patrón bibliotecario al sostener que “la generación literaria que va a salvar la literatura son los nuevos jóvenes lectores”. Y eso dicho por un treintañero.

Y es que por mucho que en la guerra mundial por los contenidos de la que hablaba Frédéric Martel en Cultura mainstream: la segmentación por edades asegura que las industrias culturales sigan dando beneficios: existen puntos en los que tanto jóvenes como maduros pueden conectar a través de sus gustos culturales.

 

Contarlo para no olvidar: el último libro de Maruja Torres con un título muy ad hoc para lo que hablamos en este post.

 

¿Qué podría exterminar este ángel en los jóvenes que hubiesen quedado atrapados en la biblioteca de nuestro relato?: su falta de antecedentes, la falta de curiosidad que tan bien le viene a las multinacionales para poder seguir vendiéndoles, una y otra vez, el mismo producto abocándoles a un alzheimer cultural que les haga consumidores dóciles. ¿Y a los séniors?: aprender de la falta de prejuicios con que consumen cultura las nuevas generaciones que no atienden a pedigrís engolados: tan solo a si les gusta o no.

Como decía Maruja Torres en una entrevista con Buenafuente: a su edad (74) cada día es una novedad porque nunca ha sido tan vieja y ahora lo está experimentando por sí misma. La curiosidad/intriga sin fin, que lo que más te fastidie de morirte no sea la desaparición en sí (que también) sino el no poder enterarte de qué pasa después. Lo de “un capítulo más y me acuesto” convertido en filosofía vital. Nos suscribimos desde ya a ese elixir de eterna juventud.

 

 

CONTINÚA en El ángel exterminador bibliotecario V

Más flexibilidad en el préstamo digital en las bibliotecas de EEUU

Lo contaba en un artículo reciente el Library Journal: los directivos de la distribuidoras estadounidenses de libros electrónicos dicen que las grandes editoriales se están planteando flexibilizar los modelos de licencias para el préstamo digital en las bibliotecas públicas y en las escolares. Vamos a ver cómo están cortando las barbas del vecino por si conviene poner las nuestras a remojar.

La razón principal por la que se está produciendo esta redefinición de la cuestión es que las ventas al por menor de libros electrónicos empiezan a estabilizarse, y esto empuja a las grandes editoriales a estudiar cómo impulsar nuevos mercados. Las cifras son claras. Según un estudio publicado este mes de junio de la Association of American Publishers, los ingresos por ventas a consumidores de libros electrónicos aumentaron en 2014 solo en un 3,8% en EE.UU. Nada que ver con los incrementos que se veían hace nada, en 2011 y 2012, cuando las ventas se duplicaban de un año a otro. Su cuota de mercado se sitúa en el 21%.

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Si las ventas al por menor se estancan, hay que experimentar”, explica Steve Potash, director ejecutivo de OverDrive, la principal compañía distribuidora de ebooks del mundo. “Todavía hay un gran potencial de crecimiento en las instituciones, y hay oportunidades significativas en educación”, añade.

Hasta ahora, las grandes editoriales se habían aferrado mayoritariamente al modelo de un solo usuario por licencia, sin posibilidad de simultanear el préstamo de un ebook, con condiciones de venta que implicaban precios considerablemente más altos que los que se ofrecían a los consumidores. Sin embargo, a medida que las editoriales empiecen a competir por ganar cuota de mercado entre las bibliotecas, los expertos esperan que las condiciones sean más favorables para éstas.

Así lo cuenta el director de marketing de 3M Cloud Library, Tom Mercer: “Todas las editoriales están evaluando su modelo ahora que llevan un tiempo (en el mercado bibliotecario). Ahora tienen datos en los que basarse, y creo que piensan que es un buen negocio. No resta ventas a los consumidores, por lo que creo que están más abiertos a pensar de forma diferente”.

Bibliotecas y promoción editorial

Hay indicios de que las editoriales empiezan a valorar de nuevo el papel importante que juegan las bibliotecas en la promoción de sus libros. Están empezando a participar en actividades de promoción de la lectura de las bibliotecas, como ha hecho HarperCollins con la OverDrive’s Big Library Read, permitiendo que 6.500 bibliotecas y colegios ofrezcan acceso ilimitado a los libros de la serie Nancy Clancy, de la escritora Jane O’Connor, durante dos semanas.

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Según Potash, cuando una editorial participa en uno de estos eventos de OverDrive, las cifras de ventas del autor se multiplican por tres, y no solo respecto al título concreto que se promociona, sino también al resto de los libros del autor. Ni que decir tiene las ventajas que esto supone si hablamos de sagas literarias.

Algunas de las experiencias que se están poniendo en marcha implican dar una solución interesante a los atascos que se producen con el modelo de usuario único en cada momento por cada licencia, cuando los usuarios de la biblioteca demandan el acceso a un superventas. Por ejemplo, Bloomsbury permitió a OverDrive vender a la red de bibliotecas del condado de Multnomah, en Oregón, 200 licencias de dos meses de duración de un determinado título, con unos precios que suponían un ahorro importante respecto a la compra de las licencias estándar.

También miran con cariño la opción de venta con precios reducidos para los clubes de lectura de las bibliotecas, un modelo que les está funcionando muy bien en las escuelas, uno de los sectores en los que más está creciendo la venta de libros electrónicos en EE.UU. HarperCollins y Penguin Random House ofrecen paquetes a los colegios con acceso ilimitado durante un año, seis meses o 90 días a un determinado título que el profesor pide para que los alumnos de una clase puedan trabajar de forma simultánea con ese libro. Es un modelo perfectamente replicable en las bibliotecas.

Aquí quedan algunas ideas sobre las que se puede reflexionar, por ejemplo, cuando empecemos a evaluar los resultados de este primer año de eBiblio. ¡Feliz semana!

Colaboración e innovación en el préstamo de libros electrónicos en bibliotecas

home_devicesEl préstamo de libros electrónicos en bibliotecas es un asunto que ha venido generando importantes diferencias entre las partes implicadas -editores, distribuidores y bibliotecas- dentro y fuera de España. Las suspicacias iniciales por parte de los editores, que veían en algunos modelos de préstamo en bibliotecas una amenaza para las ventas, chocaban con las reivindicaciones de las bibliotecas y la expectativa social de un acceso no limitado a los fondos editoriales. Era evidente la necesidad de establecer un diálogo y unos sistemas equilibrados que garantizaran tanto el mantenimiento de un modelo de negocio sostenible para los editores como el acceso de las bibliotecas y los lectores a los libros.

 

Consciente de las dificultades habidas hasta la fecha, la International Publishers Association (Asociación Internacional de Editores, IPA en sus siglas en inglés) acaba de publicar un informe muy interesante sobre las experiencias de préstamo de ebooks en bibliotecas. Se ha centrado en los modelos, algunos de ellos innovadores, puestos en marcha en EE.UU, Suecia, Brasil y Francia. Aquí vamos a resumir cómo funciona el asunto en los dos primeros países: en EE.UU, por ser el pionero en la materia, y en Suecia porque a medio camino -y como resultado de conversaciones entre libreros y bibliotecarios- tuvo que cambiar el modelo de préstamo en bibliotecas después de que las editoriales vieran en peligro sus ventas.

 

Los editores en EE.UU

En EE.UU, a pesar de las reticencias iniciales de la industria, toda las mayores casas editoriales comerciales tienen en estos momentos proyectos de préstamo de libros electrónicos a las bibliotecas. Y varían de unos a otros. Por ejemplo, HarperCollins utiliza un modelo denominado “de acceso con contador”, por el que se limita el número de préstamos por título a 26. Una vez sobrepasados, la biblioteca debe recomprar el ebook.

Por su parte, Hachette abrió en mayo de 2013 todo su catálogo poniéndolo a disposición de las bibliotecas de forma simultánea a las ediciones impresas. Los títulos pueden ser prestados solo a un usuario al mismo tiempo, y las bibliotecas pueden hacerse con un número de copias ilimitado. Lo llamativo es que el precio que pagan las bibliotecas por estas copias es tres veces el precio del libro impreso cuando es una novedad editorial. El precio baja en un 50% si el título lleva en circulación 12 meses.

NYC-Public-Library-Manhattan_780m1ggMás novedoso (aunque creemos que poco exportable a España) es el programa piloto adoptado en abril de 2013 por Simon & Schuster con las Bibliotecas Públicas de Nueva York, Queens y Brooklyn, por el que éstas tenían acceso completo a su catálogo de libros electrónicos durante un año, con una circulación ilimitada de sus ebooks, aunque respetando siempre solo un préstamo por título en un determinado momento, y sin límite en el número de préstamos por título. Además, a los usuarios de las bibliotecas se les ofrece la posibilidad de comprar los ebooks de Simon & Schuster, y si lo hacen la biblioteca se lleva una comisión sobre la venta.

 

Los distribuidores

No obstante, el modelo mayoritario en EE. UU sigue siendo el de “una licencia-un usuario”. Es el que opera en el 85% de los préstamos que se realizan desde la plataforma de Overdrive, el mayor distribuidor de libros electrónicos y audiolibros del mundo, que trabaja con el 90% de las bibliotecas estadounidenses. En 2013 se prestaron 79 millones de ebooks en EE.UU a través de Overdirve, un 46% más que el año anterior.

Frente a este modelo “una licencia-un usuario”, el informe cuenta que la plataforma digital Hoopla ha puesto en marcha un sistema -no con ebooks pero sí con audiolibros, vídeo y música-, que pretende “mejorar la experiencia del usuario” de la biblioteca facilitando “un servicio tan atractivo como el de las apps y las plataformas comerciales”. Hoopla no es un servicio por subscripción ni un modelo de licencias, y no cobra a las bibliotecas unas tarifas anuales. En Hoopla, los editores establecen y ajustan cuando lo consideran oportuno el precio de cada título, el portal muestra en tiempo real qué es lo que se está “leyendo” en cada momento, y los editores y autores cobran cada vez que se presta su audiolibro. Las bibliotecas solo pagan por lo que se presta realmente, y cuentan con herramientas para supervisar su gasto. El servicio se puso en marcha en febrero de 2013 con 10 bibliotecas, y hoy lo utilizan más de 300 redes, incluidas las de Toronto, Chicago, Boston, San Francisco y Los Ángeles.

 

La experiencia sueca

elibEn Suecia, los cuatro grandes editores crearon en el año 2000 su brazo digital, Elib, que puso en marcha después de dialogar con las bibliotecas un sistema de pago por préstamo. El número de copias de un título al que podía se acceder al mismo tiempo era ilimitado, y las bibliotecas pagaban dos euros por cada préstamo. Cuenta el informe que en 2013, alcanzado ya 1,4 millones de préstamos anuales, se vio que el sistema tenía grandes fallos: con esa política de precios fijos, los editores, preocupados por que los préstamos en bibliotecas canibalizaran las ventas, no ponían a disposición de las bibliotecas las novedades hasta que éstas empezaban a decaer comercialmente. Después de un periodo de consultas, se reconoció que era necesario un sistema viable que diera a las bibliotecas el control sobre su catálogo y sus costes, protegiendo al mismo tiempo las ventas de las editoriales.

Con el nuevo sistema, los editores pueden elegir entre poner sus títulos a disposición de las bibliotecas con un “modelo de acceso” (libre acceso, pago por préstamos y un número ilimitado de usuarios simultáneos) o un modelo de licencias (compra de “copias virtuales”, con diez préstamos por licencia, válida por cinco años, con un solo usuario cada vez). Los editores establecen y revisan los precios en cualquier momento, y las bibliotecas pueden elegir su catálogo de entre los títulos disponibles, gestionando catálogo y costes desde la interfaz de Elib.

El informe reconoce que en la era digital, las bibliotecas están “reinventándose a sí mismas, creando nuevas propuestas de valor, proporcionando nuevos recursos y encontrando nuevas formas de servir a su comunidad”. Y dice que “el préstamo en bibliotecas, hecho correctamente, puede contribuir a los ingresos de los editores”. Por eso, en este escenario, más que por políticas establecidas de arriba a abajo, apuesta por los modelos colaborativos que sirvan a los intereses de todos, algo en lo que ya trabaja, experimentando como muestra el informe, el ecosistema del libro.

Informe sobre el mercado global del libro electrónico (con parada especial en España)

global-ebookHace unos días se publicaba la nueva edición del Informe Global Ebook sobre tendencias en el mercado mundial del libro electrónico, y no podíamos dejar de compartir aquí con vosotros algunos de los contenidos que nos han parecido más interesantes. Se trata de uno de los informes más exhaustivos a nivel internacional, que presenta datos reales (y no pronósticos) sobre la situación de casi todos los principales mercados para el libro electrónico, desde los maduros de EEUU y Reino Unido, hasta los emergentes de Brasil, China, India Rusia y países árabes, pasando por los principales mercados europeos.

Y decimos casi todos los principales porque -y ésta es una laguna importante en el informe, a nuestro juicio- no recoge información alguna sobre el mercado en lengua castellana más allá de los datos referidos a España. Y eso a pesar de que reconoce que es uno de los pocos mercados editoriales lo suficientemente grande (con Latinoamérica y la población hispana de EE.UU) como para “formar un centro de gravedad por derecho propio” en el que puede producirse dinámicas diferentes a las tendencias globales. Porque, al igual que puede pasar en EE.UU, Reino Unido y Francia, por ejemplo, el mercado del libro en castellano refleja identidades y tradiciones culturales propias, y favorece la creación y la permanencia en el tiempo de actores propios -diferentes a los globales Amazon, Apple, Google y compañía- tanto en el sector editorial como entre los libreros.

El mercado español

Los aspectos generales que aborda el informe y, en especial, el epígrafe referido a España están disponible en castellano en Universo abierto, el blog de la biblioteca de la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca (siempre una estupenda referencia), por lo que no vamos a duplicar aquí trabajo ya hecho. Solo destacamos los datos más originales y actuales sobre España que recoge el informe, basados en encuestas hechas expresamente para el informe a expertos en el mercado español:

  • Los profesionales del sector estiman que la cuota de mercado de los libros electrónicos se sitúa a mediados de 2013 alrededor del 3%, dos puntos porcentuales por encima de la cuota que se registraba en 2012.
  • Para las novedades en ficción, dicha cuota de mercado sube hasta el 8%.
  • Las ventas de títulos de ficción alcanzan el 70% del total de las ventas de libros electrónicos.
  • Se espera que en 2015 el 15% de los ingresos del sector editorial provenga del libro electrónico.
  • No presenta cifras exactas respecto al tamaño del catálogo de libros electrónicos disponible para los usuarios, pero se estima que ya lo forman entre 30.000 y 50.000 títulos.

No os perdáis, en la traducción publicada en Universo abierto, o en el informe original (en inglés), el repaso que hace de los principales actores en el mercado del libro electrónico en España.

Los abusones en el mercado global

La otra aportación que nos parece interesante destacar de este informe es el análisis que hace del ecosistema del libro electrónico a nivel mundial, con el conflicto abierto entre actores globales y actores locales, y los nuevos paradigmas y retos que se presentan en el sector, con asuntos tan candantes como la competencia desleal de empresas como Amazon, Apple y Kobo respecto al pago de impuestos en los países en los que operan, y los sistemas fiscales de saldo con los que compiten algunos países europeos (Luxemburgo, Irlanda) para atraer a estos gigantes.

NologoY es que se habla mucho de la piratería como principal amenaza para el sector, pero mucho más perjudicial puede llegar a ser la posición abusiva que ocupan estas empresas globales, que amenazan con barrer toda competencia. Y cuando hablamos de concentración monopolística en un sector como la cultura, estamos hablando de algo mucho más peligroso que la amenaza que suponía las políticas de expansión de Starbucks, que narraba el magistral No logo de Naomi Klein. Hablamos de pérdida de libertad, del derecho a la información, a la formación y al acceso a la cultura, de amenaza a la identidad cultural, de empobrecimiento de las personas y las comunidades.

Por eso, de todo esto prometemos hablar dentro de poco en otra entrada de este blog, para contar, entre otras cosas, qué se están haciendo dentro y fuera de nuestras fronteras para frenar las prácticas abusivas. Estaremos encantados de recibir vuestros comentarios al respecto y debatir sobre ellos.