Lectura por grupos musculares

 

Todo va tan rápido que ignoramos las señales hasta que el choque es inevitable. Los cierres de bibliotecas en Reino Unido de los últimos años estaban creando el caldo de cultivo perfecto para el triunfo del brexit. ¿Qué otra cosa más que la cerrazón intelectual y reflexiva (independientemente de lo que se opine sobre la UE) se podía prever del debate público en un país que ha pasado de crear  instituciones como las bibliotecas públicas a cerrarlas a mansalva?

Y las señales, bueno no, las evidencias prosiguen día a día. La última: la amenaza de cierre de bibliotecas en el distrito sur de Londres, concretamente: de la biblioteca de Carnegie en Herne Hill y la de Minet en Myatt’s Fields. Según las autoridades municipales de Lambeth para reconvertirlas en gimnasios. Buena idea, así los hooligans tendrán más sitios donde ejercitarse, y cuando viajen de nuevo a Madrid por un partido de la Liga de Campeones; en lugar de tomarse un relaxing cup of coffee in the Plaza Mayor: humillarán con más brío a indigentes y camareros.

 

 

Aunque hay que ser justo. Activistas londinenses (nos gustaría pensar que de ese 48,1% que votaron contra el brexit) se han movilizado en la campaña Defend The Ten que persigue impedir a las autoridades esta reconversión gimnástica de las emblemáticas bibliotecas del barrio. Tienen argumentos en los que apoyarse: según las estadísticas de 2015 ambas bibliotecas mejoraron en número de visitas, nuevos socios, préstamos y colecciones.

La última acción de esta plataforma Defend The Ten ha sido rodear las citadas bibliotecas con las cinematográficas cintas policiales que señalan el escenario de un crimen. La mayoría, afortunadamente, sabemos de estas cintas por las películas y confiamos en no tener que verlas en la vida real; pero la protesta no puede resultar más elocuente. ¿A cuántos lugares no nos gustaría envolver con las fotogénicas cintas? Pero las autoridades municipales del distrito londinense tienen antecedentes en convertir bibliotecas en gimnasios a pocos kilómetros.

 

La biblioteca de Carnegie en Londres escenario del crimen.

 

En el más céntrico y también cinematográfico barrio de Notting Hill (aquel en donde un modesto librero enamoraba a una estrella de Hollywood): una orgullosa placa en los números 206-208 de la calle Kensington Park Road anuncia The library. Por el aspecto externo podría serlo, y una vez dentro sus salones y espacios dejan claro que allí hubo una biblioteca de verdad: pero la maquinaria que ahora ocupa el espacio del patio central evidencia que hace tiempo se transformó en un exclusivo centro deportivo.

 

The library, el gimnasio inteligente en Notting Hill.

 

Tanto la imaginería que utiliza este exclusivo club, como la terminología que aplica a sus diferentes servicios y actividades, explota el mundo bibliotecario. La pena es que una vez entras en secciones de su web con nombres tan prometedores como The reading room lo que te encuentras es una selección de revistas, artículos y capítulos de libros en PDF sobre alimentación, moda, o por supuesto, deporte.

Nada que objetar, salvo su falta de ambición. Si has creado un gimnasio que parece una biblioteca, si se autodefinen como “el gimnasio inteligente”: ¿por qué no recuperar, aunque sea un poco, el espíritu de la Academia griega?, ¿no resultaría mucho más innovador integrar la oferta propia de una biblioteca a las rutinas para mantenerse en forma?

 

Hugh Grant, que encarnaba al tímido librero en la romántica Notting Hill (1999), también encarnó a Lord Byron en la cinta de Gonzalo Suárez: Remando al viento (1988). El poeta romántico por excelencia fue un gran nadador que, entre otras hazañas, cruzó en una hora el estrecho de Dardanelos en Grecia.

 

Con estas conexiones deportivas-literarias ¿por qué no incluir junto a la preceptiva tabla de ejercicios equivalencias literarias-musicales-cinematográficas-comiqueras….? Cultura por grupos musculares. Si el cerebro es el que hace moverse a los músculos ¿por qué se le utiliza tan poco en los entrenamientos? Promovamos un desarrollo integral. Hasta la tecnología se pone de nuestra parte: las últimas innovaciones en el campo del deporte son fácilmente explotables para nuestros propósitos:

 

Los auriculares Sony Walkman NWWS413

 

Sony acaba de lanzar un walkman resistente al agua dulce o salada, con memoria interna de 4 GB y con una autonomía de 12 horas. En pleno boom de los audiolibros ¿no resultaría estimulante escuchar el microrrelato Natación de Virgilio Piñera mientras se siente el agua discurrir por nuestro cuerpo a cada brazada? ; en un deporte al aire libre ¿no se recuperarían las fuerzas al escuchar que: “la verdadera libertad consiste en el pleno dominio de uno mismo” u otras tantas reflexiones igual de energizantes de Montaigne?

 

El Apple Watch Nike: ¿cuándo van a lanzar un reloj inteligente que, además de los pasos o las calorías, contabilice lo que lees cada día?

 

Apple ha lanzado un reloj en colaboración con Nike para cuantificar tanto el ejercicio que haces como lo que comes o duermes. Este afán obsesivo por monitorizarse, por registrar hasta las intimidades de tu organismo de manera voluntaria: va allanando el camino para que, cuando la Inteligencia Artificial nos rodee por completo, aceptemos su dictadura sin resistencia. Pero puesto que es algo que parece irremediable: ¿por qué no incluir en esas mediciones lo que leemos, vemos y escuchamos?

El casco para ciclistas Coros LINX Smart Cycling Helmet.

El Coros LINX Smart Cycling Helmet, así con bien de palabrejas que le den empaque anglófilo, es un casco para ciclistas que no sabemos muy bien si se ajustará a los preceptos de la seguridad vial. El caso es que permite escuchar música y comunicarnos con manos libres.

Sentir como nuestra cara corta el viento a cada pedalada, mientras nos recitan las deliciosas anécdotas que Miguel Delibes reunió en su librito Mi querida bicicleta: puede que no nos lleve a vestir el maillot amarillo pero el placer del paseo se incrementará a cada kilómetro.

Pero volviendo al gimnasio. Si a Woody Allen al escuchar a Wagner le entraban ganas de invadir Polonia: ¿qué energías no insuflará el agarrar las mancuernas para hacer un press militar al ritmo de la obertura de Los maestros cantores de Nüremberg? Si Blake Edwards nos enseñó en 10, la mujer perfecta que el Bolero de Ravel servía para hacer el amor ¿cuántas calorías no se quemarían a su ritmo en la elíptica?

 

Nicki Minaj, todo elegancia y distinción promoviendo la estética del gimnasio como fábrica de clones a mayor gloria de Mediaset y medios afines.

 

¿Acaso la Primavera de Vivaldi, la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart o un vals de Strauss no se avienen mejor al cuerpo y al espíritu que el Black Flame Remix del Anaconda de Nicki Minaj para los sprints, escaladas y pedaleos suaves que exige el spinning? , ¿qué imprevistas conexiones neuronales se activarán al identificar el placer de la música clásica con la rutina de los ejercicios?

 

 

¿Qué relatos serán los idóneos para ejercitar glúteos y femorales? ¿y los más indicados para acompañar el peso libre en el press banca o en las sentadillas? ¿qué autores acompañarían mejor las superseries de peck deck? Se excluyen a Chuck Palahniuk o Murakami por demasiado obvios.

 

Al final al mirarse en el espejo para comprobar los resultados de tanto esfuerzo no se quedaría en un hueco acto narcisista; porque esos bíceps desarrollados serían la consecuencia tanto de las mancuernas como de los microrrelatos de Andrés Neuman; esa espalda musculosa no sería solo por las dominadas sino también por las reflexiones de Marco Aurelio; y esos abdominales bien definidos se habrían logrado al ritmo de la prosa de Ricardo Piglia. El equilibrio entre mente y cuerpo sería una realidad y ese bienestar que pregonan las revistas de tendencias algo más que un mero eslogan.

 

 

La malcasada de Luis Alberto de Cuenca

 

Me dices que Juan Luis no te comprende,

que sólo piensa en sus computadoras

y que no te hace caso por las noches.

Me dices que tus hijos no te sirven,

que sólo dan problemas, que se aburren

de todo y que estás harta de aguantarlos.

Me dices que tus padres están viejos,

que se han vuelto tacaños y egoístas

y ya no eres su reina como antes.

Me dices que has cumplido los cuarenta

y que no es fácil empezar de nuevo,

que los únicos hombres con que tratas

son colegas de Juan en IBM

y no te gustan los ejecutivos.

Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?

¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?

¿Que dé un golpe de estado libertario?

Te quise como un loco. No lo niego.

Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo

era una reluciente madrugada

que no quisiste compartir conmigo.

La nostalgia es un burdo pasatiempo.

Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,

píntate más, alisa tus arrugas

y ponte ropa sexy, no seas tonta,

que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,

y tus hijos se van a un campamento,

y tus padres se mueren.

Del bodybook a la zumba poética: entrenamientos de biblioteca

 

El lapso entre la semana pasada y la presente en este blog es como el surco de un vinilo: sirve de pausa pero cuando empieza a sonar la siguiente pista el estribillo viene a ser el mismo. Cerrábamos con Nietzsche convertido en fetiche pop y abrimos con un cruce entre Nietzsche y Schwarzenegger gentileza del dibujante Godoy. Filosofía y fitness. Esa filosofía que se extirpa de los planes de estudio de los jóvenes, y ese fitness que triunfa entre los que aspiran al olimpo de algún reality de Telecinco.

En la Academia ateniense el cultivo de la mente y el cuerpo se complementaban en pos de un equilibrio. En las academias más concurridas de nuestro tiempo se preparan oposiciones para funcionario. Por eso la imagen halterófila del filósofo que reflexionó sobre el superhombre (el übermensch no el que vuela en pijama con capa) es la mejor entradilla para demostrar, aunque sea en este texto, que el cultivo de cuerpo y mente no son excluyentes, sino todo lo contrario.

Gimnasia para escritores de Eliza Clark

No sabemos el momento histórico exacto en el cual el cultivo de la mente y el cuerpo se deslindaron de tal manera: que el ejercicio físico y el intelectual parecieran casi antagónicos. Debió ser por la Edad Media con la demonización de la carne que trajo la Inquisición y la separación entre cuerpo y espíritu que tanto daño nos sigue haciendo. Pero lo cierto, es que entre el gymnasion griego, y el bodypump, el spinning, el bodybalance o la zumba de los gimnasios actuales: pocas similitudes se encuentran.

De ahí que la figura del intelectual siempre se asocie a un individuo de expresión interesante (si no fuma en pipa en la foto de la contraportada, que ya anda en desuso, sí al menos con gafas), para el que las cuestiones del ejercicio físico quedan muy lejos de sus intereses. Y como todo tópico, sólo hace falta repasar a algunos de las figuras literarias más relevantes, para que la figura de sedentarismo que se asocia a los escritores se desarme por completo.

El ejemplo más significativo, por actual, sería el de Murakami. El escritor japonés relaciona su gran afición por correr con la creación literaria en su obra: De qué hablo cuando hablo de correr. Para Murakami escribir es una labor física, y a la inversa, el ejercicio físico es algo espiritual. Si a lo largo de la historia no han sido pocos los creadores que han buscado abrir las puertas de su percepción a través de las drogas; el deporte, puede llegar a ser una mejor forma de abrir la mente a otros niveles.

Montaigne ya habló de la importancia del ejercicio físico, como parte indisociable del desarrollo personal. Y bien por seguir esta máxima, o por dar salida de manera física a tantos demonios internos: la relación entre los literatos y la práctica deportiva es más fecunda de lo que pudiera parecer.

Hemingway embelesado en lo macho que resultaba.

Jack Kerouac, atleta universitario.

Desde Hemingway que fiel a su exaltación de la virilidad se volcó en la práctica del boxeo; Julio Cortázar fue un aficionado al tenis; Milan Kundera rompió el estereotipo de intelectual enclenque al sumar a su ya de por sí envergadura física, la práctica del levantamiento de pesas; Jack Kerouac ganó una beca en la Universidad de Columbia para jugar al fútbol americano; o la mismísima Agatha Christie, fue pionera en practicar el surf en las playas de Ciudad del Cabo o Honolulu.

Claro que si hablamos del deporte rey, el asunto convoca a muchos más nombres (¡ojo! escritores que jugasen al fútbol, no que escribieran o les gustase, que eso daría para muchos capítulos) entre los más significativos estaría Albert Camus.

El autor de La peste o El extranjero, que de no ser por la tuberculosis que le atacó a los 17 años, estaba decidido a volcarse profesionalmente al deporte que era su pasión. Y del balompié extrajo muchas de las conclusiones morales y de comportamiento que conformaron el ideario ético que luego transmitió a través de sus obras.

Y tantos, y tantos otros literatos para los que el ejercicio creativo formaba y forma un todo con el físico, nutriéndose de ambos a la vez. ¿Cuándo se podrá de moda en los gimnasios el bodybook, o el reading en circuito, el pilates literario o la zumba poética? Más de uno nos abonaríamos a esas clases.

 

Sentadillas ilustradas con peso libre: el mejor ejercicio para tener unos glúteos firmes y una cabeza bien amueblada.

 

La mancuerna definitiva o el aprovechamiento infinito de los libros.

En el post De los walking dead a los walking readers: se hace camino al leer íbamos más allá del gremio literario a la hora de abordar las armoniosas relaciones que pueden establecerse entre ejercicio físico y mental. Pero, ¿y el gremio bibliotecario? ¿a qué dedica el tiempo libre?

Lo sentimos por dejar que se cuele esta cita a José Luis Perales pero, sobre todo, por no tener conocimiento de ningún estudio al respecto desarrollado por ANABAD, ni la IFLA, ni Fesabid. Tendremos que recurrir a otras fuentes, bueno más que a una fuente a un manantial: internet.

De bibliotecas que promueven el ejercicio tenemos el ejemplo magnífico de la Biblioteca de Castilla La Mancha que en cuestión de días celebrará su 5ª Carrera del Día del Libro y la 4ª Subida y bajada a los torreones de El Alcázar. Pero para demostrar que el gremio bibliotecario rompe una vez más con los estereotipos en que, pese a todo, se empeñan en confinarlo: nada como las bibliotecarias roller girls.

 

En nuestro ámbito la medalla de oro de bibliotecaria sobre ruedas (lleve puestos o no los patines) sería para Ana Ordás: que cuando no está gamificando aquí y allá ejerce como monitora de patinaje en Madrid. De celebrarse algún día unas olimpiadas bibliotecarias que incluyeran esta disciplina sin duda sería nuestra representante.

En los Estados Unidos donde está más extendido este movimiento de las derbrarians (cruce entre derbi y librarians) la última en organizar un Roller Derby femenino ha sido la Biblioteca Pública de Cumberland County (Carolina del Norte) el pasado 1 de abril.

Jessica Zucker, roller girl bajo el alias de Lápiz de labios bibliotecario.

 

No es pionera en esto de asociar ruedas y bibliotecas más allá de carritos portalibros o bibliobúses. Hace unos años la Biblioteca de Deschutes en Oregón llegó a ofrecer descuentos a través del carné de biblioteca para las participantes en el derbi de roller girls que promovieron; e incluso completaban la participación haciendo que las patinadoras promocionasen la lectura comentado sus libros favoritos.

No todo está perdido. El superhombre/ la supermujer de hoy día, para serlo, tiene que romper con las tradiciones, desmarcarse del rebaño, evitar el resentimiento: tal y como exigía el culturista Nietzsche a su superhombre. Para conseguir todo eso en nuestros días no existe mejor aliado que recurrir a la cultura y, por ende, a las bibliotecas. Y además según anuncian esos oráculos de nuestro tiempo que son las revistas de moda: se acerca la temida operación bikini. Ya no hay excusa para poner en práctica la filosofía & fitness.

Las bibliotecas son el nuevo rocanrol

 

En el álbum Periodo glaciar de Nicolas de Crécy tras una brutal glaciación la humanidad ha perdido toda memoria sobre cómo era la civilización de sus antepasados. Un grupo de arqueólogos e historiadores cruzan un desierto helado hasta encontrar un edificio prácticamente sepultado bajo el hielo. En dicho edificio les aguardan algunas de las mayores obras de arte de la historia que ellos sin referencias: intentan explicar según las teorías más peregrinas.

Desde la Gioconda a la Victoria de Samotracia, pasando por la Venus de Milo o La libertad guiando al pueblo: y es que el edificio en cuestión no es otro que el museo del Louvre. Algo que lógicamente estos habitantes del futuro desconocen por completo. Y como la realidad siempre imita a la ficción: precisamente acaba de anunciarse estos días que se pondrá en marcha el Archivo Mundial del Ártico. Un búnker subterráneo en un lugar del Ártico noruego en el que se almacenará la información de la humanidad: para que en caso de apocalipsis los futuros habitantes/visitantes sepan quienes fuimos.

 

 

Alessandro Baricco en su ensayo nos impelía a aceptar lo inevitable: el cambio de paradigma cultural. Pero no desde el desánimo sino desde la aceptación. Los jóvenes “bárbaros” siguen necesitando referentes.

Pero por el momento no hace falta proyectarse tan lejos: aquí y ahora, sin apocalipsis alguno de por medio (al menos mientras que a Trump o Kim Jong-un no se les vaya la pinza del todo): para muchos nativos digitales descifrar códigos culturales previos a la ‘glaciación’ de lo digital es tarea prácticamente imposible.

¿Vamos a empezar con otro rosario de quejas sobre el sistema educativo, la abulia de las nuevas generaciones o la decadencia de la cultura en nuestros días? Todo lo contrario en todo caso vamos a darles la razón, y no es por ir de enrollados (el propio uso de la palabra “enrollados” ya abre un abismo generacional más grande que el Cañón del Colorado) es porque: ¿quién es capaz de soportar sobre sus espaldas siglos de cultura y no sentirse aplastado? Tal vez por eso el nuevo orden cultural que se está instaurando parte de un reseteo que no se sabe dónde nos llevará.

En la magistral La peste de Camus el funcionario Joseph Grand aprovecha sus ratos libres para escribir la novela perfecta. Grand es ambicioso, quiere escribir una obra maestra absoluta en la que cada palabra encaje de tal manera que ningún lector sea capaz de imaginar elección más acertada. Grand quiere ser grande, tan grande como los idolatrados literatos a los que aspira a emular. ¿El resultado?: que no consigue pasar de la primera frase.

 

Lucía Joyce, la atormentada hija del genial autor del Ulises.

 

La terrible historia de Hildegart Rodríguez, el asfixiante peso de la herencia materna llevado al extremo.

¿Cuántos hijos de grandes figuras han vivido existencias miserables incapaces de escapar del ejemplo paralizante de sus progenitores? ¿cómo se reinventa el mundo cuando ya parece estar todo inventado? Pero hasta los más irreverentes saben, aunque sea de manera inconsciente, que necesitan referentes.

El instituto coruñés O Mosteirón (Sada) es uno de los centros que acogen al proyecto europeo CinEd, Gracias a este proyecto los adolescentes descubren el cine europeo a partir de una selección de títulos que incluyen filmes de cineastas  como Godard, Erice o Käurismaki.

Enfrentar a los jóvenes abducidos por los blockbusters frenéticos de Hollywood a la cadencia de las imágenes de clásicos como El espíritu de la colmena o Pierrot le fou: es todo un reto. Limpiarles la mirada para que sean capaces de reubicarse de manera crítica en relación con la cantidad ingente de imágenes que engullen cada día. Proyectos así son los que pueden crear más Europa que cien tratados de comercio juntos.

 

Discoteca silenciosa en la Powell Library (Universidad de California) en 2013: bailar al son de una misma música compartida a través de los auriculares. Es música disco (el anatema del rock) pero es que aquí huimos de lo purista.

 

Ahora solo falta que se pongan en marcha programas similares que recuperen/integren la música, la filosofía, el cine, las artes plásticas, el cómic, la televisión (¿acaso no hay que desarrollar su espíritu crítico hacia lo que les es más inmediato?). Y mientras eso llega: ¿qué están haciendo las bibliotecas?

La mayoría de bibliotecas distinguen entre zonas infantiles/juveniles (de bebés a 14 años) y a partir de ahí zonas adultas. Pero esas segmentaciones de su oferta puede que estén más cuestionadas que nunca. Un reciente artículo de El País sostenía que los niños sí leen, al menos hasta los 13 años. Y ¿después? ¿es necesario caer enamorados de la moda juvenil, de los chicos, de las chicas, de los maniquís…?  El eterno reto bibliotecario que los tiempos están haciendo más perentorio que nunca.

 

Las adaptaciones a formato manga de grandes obras del pensamiento y la literatura de la editorial Herder.

 

Plataformas como eFilm permiten programar ciclos como los que TVE emitía hace décadas y que ayudaron a la formación cinéfila de tantos y tantos telespectadores. Y no solo cine, al incluir documentales, obras de teatro, series, conciertos, programas de televisión, etc… será posible seleccionar contenidos para diseñar acciones formativas desde las bibliotecas.

El libro Los nativos digitales no existen: cómo educar a tus hijos para un mundo digital ha puesto sobre el teclado la orfandad digital en la que viven los jóvenes pese a estar todo el día conectados. Si la educación sexual no se delega en la pornografía: ¿por qué para algo tan trascendental en sus vidas como es la tecnología no se planifica su aprendizaje?

En las bibliotecas escocesas se han puesto en funcionamiento hace poco los Clubes de Código: unos talleres para que niños y jóvenes a partir de los nueve años aprendan a programar y manejarse con las nuevas tecnologías.

 

 

Las bibliotecas no pueden, ni deben, asumir los objetivos de un centro educativo: pero sí que pueden aprovechar esos déficits a su favor. Si entre los mandamientos del Manifiesto de la UNESCO se incluía promover la autoeducación: los tiempos lo están poniendo aún más fácil. Y esto implica, en nuestros días, el hacer liviano ese peso de la herencia cultural que recae sobre los hombros de las nuevas generaciones.

¿La cultura tipo Reader’s Digest como nuevo canon bibliotecario? No nos pongamos apocalípticos. Más bien un concepto de cultura tan abierto, plural, desprejuiciado, permeable, contaminado y mutante como el que exigen unas generaciones que, como todas, lo único que pretenden es encontrar un discurso que hacer suyo.

La revolución empezará en la biblioteca

 

 

“No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”

Jiddu Krishnamurti

 

Entre 1904 a 1906 Winsor MCcay publicó la tira dedicada a Little Sammy Sneeze en el New York Herald. El estornudo del pequeño Sammy resultaba subversivo en su inocencia: era el grito huracanado e irrefrenable de un arte que aspiraba a romper la claustrofobia de las viñetas para volar libre y surrealista. Entonces llegaron los superhéroes con sus estéticas, entre ridículas y fascistas, y confinaron a lo que hoy se entiende como novela gráfica en los estrechos márgenes industriales de los comic books (o cómics de grapa).

Pero no vamos a hablar de cómics aquí, aunque lo parezca, en realidad de lo que queremos hablar es de libertad de expresión. Y concretamente de libertad de expresión en bibliotecas. Ya desgranamos casos reales de intentos de censura en Acróbatas del tejuelo; y aquí en cierto modo damos una vuelta de tuerca de nuevo al asunto.

Hace pocos días saltaba la noticia de que la Biblioteca Pública de Nueva York expondrá los archivos de Lou Reed. Como dijo su viuda la compositora Laurie Anderson resultaba de lo más lógico que la memoria de Reed quedase en una institución como la biblioteca y en mitad de la ciudad que tan intensamente vivió.

¿Pero habría sido algo así posible en los años en que vieron la luz canciones como Heroin, Venus in furs o incluso su éxito más reconocible por las masas: Take a walk on the wild side? ¿no se habrían elevado muchas voces denunciando que cantos a las drogas, el sadomasoquismo o la transexualidad no deberían albergarse entre las respetables paredes de una biblioteca?

Es cierto que el tiempo desactiva la carga explosiva de muchos productos culturales que en su día escandalizaron.  Pero también es cierto que como repite Pedro Almodóvar últimamente: sus películas levantarían aún más ampollas en estos tiempos que en los 80 en las que nacieron. Mirándolo bien estamos de enhorabuena: la exacerbada corrección política que todo lo ahoga está creando un caldo de cultivo de lo más fecundo para el éxito de la irreverencia.

En otros tiempos eran los artistas los que hacía uso de la irreverencia para arraigar sus discursos creativos en la sociedad. Ahora en cambio son personajes tan groseros como Trump los que triunfan gracias a que tanta gente se la coja con papel de fumar por miedo a pisar algún callo (el reciente artículo de Alfredo Álamo en Lecturalia sobre los “lectores de sensibilidad”  ponía los pelos de punta). Puede que estemos en los albores de movimientos que, como el punk en los 70, sacudan el vertiginoso en las formas, pero amuermante en los contenidos: panorama de este mundo hiperconectado. Una señal clara provendría del auge de fenómenos culturales alternativos como son los fanzines.

 

El reciente artículo publicado en Tentaciones de El País: ¿Por qué el fanzine vuelve locos a los nativos digitales? describía el auge de este tipo de publicación vocacionalmente marginal, underground, grosera y gratuitamente procaz entre las nuevas generaciones. Lo que fue un arma contracultural cuando no existían las redes sociales, ni el WhatsApp, ni siquiera el correo electrónico: está viviendo una posible segunda, tercera o cuarta edad de oro paralelamente al boom de la lectura digital. Y ¿cómo no? las bibliotecas están ahí.

En algunas de ellas se está haciendo un hueco cada vez más señalizado al fanzine. Bien de estraperlo entre las cada vez más numerosas secciones dedicadas al cómic y la ilustración; o directamente reclamando el sufijo -teca que tantos otros soportes, antes que ellos, se han ido adhiriendo. ¿Pero no puede ser un contrasentido que algo tan independiente, auto gestionado y crítico con el sistema se integre entre los respetables muros burgueses de una biblioteca? Cuenta atrás para el primer titular sobre la denuncia de un indignado ciudadano contra una biblioteca por tener una sección de Fanzinoteca.

El libro de Rafa Cervera sobre uno de los fanzines más célebres de la movida madrileña de los 80: Estricnina

Pero en realidad esto no sería nada sorprendente. Los que deberían, tal vez, estar más inquietos son los propios fanzinerosos.

¿Se puede preservar el vitriolo grapado que transportan algunos fanzines dentro de instituciones que dependen de políticos que sostienen al sistema que critican? ¿No actúan las bibliotecas como el vampírico señor Burns de Los Simpson: frotándose las manos ante la sangre fresca de esa juventud inquieta y creativa que puede asegurarles un poco más de vida?

Tan exagerado suena una cosa como la otra, pero hablando de fanzines: lo suyo es irse a los extremos para conseguir un retrato bastante realista de la situación.

 

Muro de la Biblioteca Central de Bristol en el que se conserva una intervención de Banksy. La frase sonriente que aprovecha las dos salidas de ventilación como ojos para proclamar que: “no necesitas pedir permiso para construir castillos en el aire”

Hace también unos días se inauguraba, junto al muro que Israel ha construido en Cisjordania, un hotel decorado por el artista urbano más famoso del planeta: Banksy. El que ya se conoce como el hotel con peores vistas del mundo es el último proyecto del misterioso grafitero que lleva años lanzando sus andanadas contra el sistema en forma de perfomances urbanas.

Pero no solo eso, Banksy es quizás el que ha puesto de manera más evidente sobre la mesa la eterna cuestión de si un movimiento artístico que nace para rebelarse puede integrarse en las instituciones. Su ya mítico documental Exit through the gift shop, además de divertido: planteaba la cuestión más peliaguda de todas: ¿hay un momento en que hay que dejar el underground y aspirar a la…

Así escrito, bien escandaloso y de sospechoso color marrón. El que te respeten está muy bien hasta que deja de estarlo. Cuando el respeto es un eufemismo para camuflar la falta de deseo puede resultar de lo más frustrante; y en este sentido las bibliotecas no quieren ser respetadas, es más, necesitan que les falten al respeto cada vez más. Que las intervengan, las cuestionen, las reinterpreten, las invadan, las revivan, las sacudan: en definitiva que alejen de ellas esa respetabilidad de damas decimonónicas con que algunos políticos las siguen imaginando. Esos responsables políticos que en cambio, sistemáticamente, les faltan groseramente al respeto, les hacen bulliying: recortándoles presupuesto, personal, horarios o actividades.

 

Fanzines literarios: porque no solo de gore, procacidades y escatologías vive el mundo fanzinero.

 

No es un fanzine: es el libro en el cual el profesor de Harvard Mark H. Moore presentaba en sociedad su concepto del “valor público”.

A mediados de la década pasada el concepto de “valor público” se abrió paso entre los planteamientos de los laboristas ingleses cuando buscaban formas de mejorar los servicios públicos de su país.

Provenía del libro del profesor Mark Moore, de la Universidad de Harvard, titulado: Creando valor público. En esa obra el profesor de Harvard defendía la necesidad de que los funcionarios creasen “valor público” con su trabajo. Frente a la idea de que los trabajadores públicos están supeditados a los designios del  político de turno, debían preservar su independencia como garantes de las instituciones y desafiar los fines de la política. Ahí es nada.

Pero no deja de ser cierto: los cargos políticos pasan; los trabajadores públicos, con plaza fija, quedan. Y Moore puso como ejemplo perfecto la labor que desarrollaban algunos bibliotecarios para mejorar sus servicios.

Eso fue justo antes de que llegase la crisis y arrasase con todo (bibliotecas incluidas). Pero el germen de la idea del profesor Moore no se desvaneció, germinó en cierto modo, en las posteriores revueltas ciudadanas contra el cierre de bibliotecas en tierras inglesas. El espíritu iconoclasta e inconformista  de los fanzines no anda tan lejos de los ánimos reivindicativos que el activismo bibliotecario ha promovido en el mundo anglosajón.

En el fantástico cómic Los viejos hornos: jubilados terroristas y jóvenes antisistema okupan una residencia aristócrata en el centro de París desde la que planifican la revolución.

Si algo se puede aprender de todo esto es que la mejor manera de reformar el sistema es desde dentro. Hacen falta pequeñas palancas que desplacen milímetro a milímetro el tonelaje de unos servicios públicos amenazados. Pensar que unas endebles publicaciones con grapas, fotocopiadas y muchas veces mal impresas puedan cambiar algo: suena de lo más naïf. Pero ¿cuántas revueltas recurrieron a los pasquines y los libelos para propagarse?

Puede que Do it yourself (Hazlo tú mismo) sea el lema punki que inspira el movimiento fanzineroso, pero pocos profesionales públicos están más capacitados para interiorizar su significado que los bibliotecarios. Es el mantra que se repiten día a día al acometer sus tareas.

Los Depeche Mode se preguntan en su último single Where’s the revolution?   Aquí lo tenemos claro, si la revolución llega empezará en una biblioteca.

Dibujo explicativo del autor de cómics y fanzines Magius

Biblioteca bizarra (#bibliobizarro)

 

Toda biblioteca de pro que tenga presencia en Twitter debe incluir entre las cuentas que sigue a la de Pulp librarian. De lo contrario denotará una falta de sintonía con los tiempos que le señalará como viejuna por mucho que lance tuits a destajo (¿se puede sonar más cargante e irritante? La duda ofende. Quienes continúen leyendo después de este arranque podrán confirmarlo).

 

 

Pulp librarian luce como carta de presentación una foto en la que se asemeja bastante al padre del cine basura John Waters, sí el que dijo esa célebre frase de que: “si vas a casa de alguien y no tiene libros, no folles con esa persona“. Con ese aspecto la cosa queda clara desde el principio. Pulp librarian publica deliciosas portadas de literatura pulp (ya saben el equivalente a las novelas baratas de quiosco españolas) con temática, o no, bibliotecaria; o directamente tuneadas para llevarlas al mundo bibliotecario.

Susan Sontag en sus Notas sobre lo camp (incluidas en su ensayo Contra la interpretación) ya analizó en los años 60 la fascinación que despierta la cultura popular en las mentes cultivadas (o al menos a medio arar):

“me siento fuertemente atraída por lo camp, y ofendida por ello con intensidad casi igual”

Camp un término más bien en desuso en la actualidad para referirse a lo que explica en su definición la RAE: “que recrea con desenfado formas estéticas pasadas de moda”. El término alemán kitsch o el significado francés del término bizarre, le han ganado terreno a lo que popularmente también se ha definido en nuestro país como simplemente hortera.

 

La mansión de Jane Mansfield apoteosis del kitsch

 

Entre la muchachada desde hace ya tiempo triunfa el término bizarro, pese a la oposición de la RAE que ve como la acepción de “extraño, raro, divertido o chocante” (que significa bizarre en francés e inglés) le come terreno al significado como “valiente, generoso, espléndido” con el que aparece definida la palabra en el diccionario de la lengua española. Pero los académicos deberían replantearse seriamente añadir esta tercera acepción porque después de todo resulta de lo más complementaria. ¿Acaso para ser bizarro y desafiar los cánones estéticos no hace falta ser valiente y generoso? Pero no nos perdamos en disquisiciones semánticas cuando este artículo tiene un objetivo marcado desde el principio.

Programas de televisión como Cachitos de hierro y cromo llevan años explotando la vena nostálgica (o vintage porque muchos seguidores no tienen edad para recordar lo que sale de ese pozo sin fondo que son los archivos de TVE) de aires hipster que se maravilla con la alegría de lo hortera. Los 60 y, sobre todo, los 70 son un filón musical, cinematográfico y televisivo para rescatar, y reivindicar.

 

La incombustible Raffaella hace poco recuperada desde un producto cultural con pedigrí como la película  La gran belleza (2013), y precisamente conductora de la gala de TVE en su 60 aniversario.

 

Una de esas joyas que se encuentran perdidas por las estanterías de algunas bibliotecas, o que llegan por donaciones de particulares.

Justo ahora que Raffaella Carrà ha anunciado un giro en su carrera televisiva, es buen momento para apreciar y agradecer lo que de bueno tenía ese mundo de zooms mareantes, pantalones acampanados, efectos estroboscópicos e impagables decorados. Una alegría de vivir, una feliz transgresión de cualquier canon del buen gusto y hasta del decoro estético que incita a la fiesta.

En nuestros días, lo choni, que en un momento dado podría llegar a confundirse como lo equivalente a aquel colorismo desatado: no resulta tan amable ni ingenuo como para que en el futuro alguien lo reivindique con cariño. Le falta amabilidad, deseo de agradar y divertir, y en cambio le sobra grosería y agresividad estética sin finalidad alguna. Biblioteca bizarra sí, biblioteca choni, decididamente no.

Lo kitsch, lo camp, lo bizarro está a la vuelta de cualquier estantería de cualquier biblioteca. Búscalo y compártelo con #bibliobizarro

Escultura de Mark Ryden

 

Lo bizarro tenía su éxito asegurado en nuestro país porque sin necesidad de exportar ningún extranjerismo ya estaba presente con ese significado en las pinturas de Goya, en las películas de Buñuel, en el esperpento nacional de Valle-Inclán, o en las películas de Bigas Luna o Almodóvar. Referentes que las academias han ido aceptando ante la fuerza de unas creaciones que deformaban la realidad para devolver la imagen más precisa y exacta, a fuerza de exageración, en la que reflejarnos.

Lo kitsch, lo camp, lo bizarro, o simplemente lo hortera hace mucho que accedió a los museos por la puerta grande con figuras como Jeff Koons, y no paran de surgirle herederos como Mark Ryden o los diseños de la marca Artefacto Madrid. Eso en los museos, pero es que en las bibliotecas (al menos en las públicas) su presencia ha estado desde hace mucho y, lamentablemente, sin explotar. Por eso queremos ponerle remedio, y copiar (en el mundo de la bizarría lo que no es tradición no es plagio, es simplemente regeneración) a Jim Linderman.

 

Las vajillas de la marca Artefacto Madrid

Un clásico de toda la vida: las figuras de Lladró que han encontrado un filón para expansionarse gracias al mercado ruso.

 

Este bibliotecario y archivero estadounidense lleva años recopilando postales, libros, partituras, discos, objetos y mil cosas más de esa cultura bastarda, cursi y desconcertante que se forma en los aledaños de la cultura oficial. A través de varios blogs  ha ido mostrando sus hallazgos, que incluso le han llevado a publicar varios libros. Coleccionista compulsivo, Linderman, deja clara su vocación pop-bizarra cuando manifiesta que al no tener dinero para coleccionar Warhols, se decidió por perseguir los Warhol de los pobres.

Por todo ello desde aquí lanzamos un reto a las redes. Hemos creado el hashtag

#bibliobizarro

para que bibliotecarios, usuarios, o quien quiera sumarse: compartan portadas de libros, carátulas de películas,discos, cómics, postales, pósteres u objetos extraídos de los fondos de una biblioteca que entrarían dentro de la categoría de bizarros y los publiquen con dicho hashtag.

Hay auténticas joyas kitsch, camp, bizarras o como quieran llamarse en las bibliotecas, y no queremos que sigan en la sombra. Bien sea por la pátina de tiempo que las ha vuelto tan anacrónicas que las hace deliciosas, o bien porque ya nacieron siendo producto de desvaríos estéticos y mentales considerables: queremos que gracias a #bibliobizarro se reúna en las redes el mayor catálogo de aberraciones/maravillas (ahí depende del criterio de cada uno) que atesoran las bibliotecas.

No te lo guardes para ti, compártelo. Estando tan cerca de la Navidad, hagamos una loa al espumillón frente a los adornos elegantes, a las lucecitas histéricas que hermanaban por unos días a los cuartos de estar de los hogares con los puticlubes de carretera frente a los asépticos LEDs.

Y si bien es cierto que para disfrutar en todo su esplendor de estas estéticas, es necesario previamente tener otros referentes culturales que permitan apreciar la fuerza provocativa de lo hortera o lo bizarro desde la ironía: que nadie vea desdén alguno en ello. Todo lo contrario.

 

 

 

Queremos demostrar que las bibliotecas públicas fueron pioneras en romper los diques entre alta/baja cultura al abrir sus puertas a lo que los ciudadanos, sin distinciones, les pedían para su uso y disfrute. Y por eso ahora no pueden dejar de estar presentes en este cultivo de la cultura de masas como signo de distinción. Hagamos justicia, y sobre todo, disfrutemos sin complejos de la alegría de vivir de lo hortera.

 
 

Léeme, soy community manager (DJ bibliotecarios en el filo)

F*** me, I’m famous con este eslogan el DJ David Guetta ha creado un imperio. Se trata de un mantra que condensa a la perfección el histérico culto a la celebridad que satura a los medios. Y si bien, al hablar de profesiones proclives a estar en el candelabro, los bibliotecarios no parecen ser una de ellas: bajo una de sus nuevas identidades, la de community manager: sí que aspiran a popularizar su trabajo entre su público al igual que lo haría un DJ. Léeme, soy community manager, si bien despoja de impacto a la proposición del francés, da una imagen más selectiva del gremio en esto de postularse como objetos de deseo. Sería un lema para la figura del DJ’s bibliotecario, una nueva especie profesional que ya está tardando mucho en definirse.

Por esbozar algo, se trataría de algo así como un bibliotecario referencista salido de madre. Entre sus funciones estaría la de crear productos que atrajesen por establecer conexiones y estimular sensaciones entre los lectores-oyentes-espectadores-internautas asiduos de la biblioteca (a ser posible evitando la estética algo hortera de Guetta).

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Una dieta a base de Me gusta, Compartir, retuits y atención a las estadísticas de Google Analitycs como si de programadores cardiacos de realities televisivos se tratara: es del todo desaconsejable, pero a la par inevitable. “La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar”, que advertía la profesora en la serie de los 80, Fama; y donde tendrían que empezar a pagar por esa “fama” los bibliotecarios y faunas similares: debería ser en las facultades en las que se cursan los grados en documentación.

En Perfiles profesionales del Sistema Bibliotecario Español se relacionan las aptitudes propias del bibliotecario metido a faenas de web social: dominio de las redes sociales, destrezas tecnológicas, capacidad de comunicación, empatía, etc… Todo un abanico de habilidades personales y profesionales en el que faltaría incidir en lo que da sentido a todo eso: la creación de contenidos.

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¿Para cuándo un curso CCC de community manager para bibliotecarios?

En Cultura Mainstream, el sociólogo y periodista Frédéric Martel dejaba claro que la guerra actual en las industrias culturales a nivel mundial, era una guerra por los contenidos; y se da la paradoja de que lo que genera esos contenidos (que tantos beneficios reportan a la economía de los países) proviene de las cada vez más arrinconadas Humanidades.

Precisamente, hace poco el filósofo y escritor Emilio Lledó reivindicando “lo inútil” en una entrevista en El Mundo, se preguntaba:

¿por qué una universidad privada española hace propaganda garantizando las salidas profesionales de los alumnos? Lo exclusivamente utilitario aniquila mentalmente a los estudiantes.

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Juego de palabras a costa del águila símbolo americano y el tupé de Donald Trump

Un debate éste, el de lo útil y lo inútil según la lógica implacable del neoliberalismo, que esta crisis ha servido para afianzar: y que a poco que se fije uno, hace aguas por todas partes.

Por seguir en la crónica de actualidad, en los Estados Unidos, el candidato republicano Marco Rubio declaraba en pleno debate de primarias que Estados Unidos necesitaba más obreros y menos filósofos. Sin duda, ese ha sido el motivo por el que sus votantes han preferido la filosofía de Donald Trump. El discurso de Rubio viene a sumarse al movimiento por acabar con los estudios de Humanidades que propugnan muchos de sus correligionarios (en Kentucky ya piden que los estudiantes de literatura no reciban ayudas del estado para ir a la universidad).

No sabemos si Sheldon Cooper, el popular científico de la serie The Big bang theory, votará a los republicanos, pero está claro que estaría totalmente de acuerdo. Su mente no está hecha para la poesía, sólo para teoremas y fórmulas matemáticas; y sin duda sus conexiones neuronales sufrirían un cortocircuito ante las recientes declaraciones de Edward Guiliano, presidente del Instituto de Tecnología de Nueva York sobre la necesidad de “humanizar las ciencias”.

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Sheldon Cooper y su horror ante las humanidades

Unas declaraciones que vienen a sumarse a las predicciones del Foro Económico Mundial de Davos sobre el mundo laboral que están configurando las nuevas tecnologías. Según este organismo no precisamente amante de la poesía: lo más preciado en el nuevo panorama será el pensamiento crítico y la creatividad. Algo que sin la filosofía, el arte, la literatura, el cine o la música es francamente difícil de alcanzar.

Visto lo visto, ¿a qué esquizofrenia cultural nos está empujando tanto mensaje contradictorio?

En los planes de estudio de los grados de documentación, aparte de las técnicas propias de la profesión: ¿no se debería hacer incidencia en la historia de la literatura, la música, el cine, el cómic, el arte…? Si algo pueden aportar las bibliotecas a las deficiencias de un sistema educativo que ningunea cada vez más a las humanidades: son precisamente productos culturales que cubran esos déficits, ser garantes de la democracia, y “vender” la cultura a jóvenes (y no tan jóvenes) que no saben/pueden llegar a todo lo que les podría gustar.PACK

Ninguna otra institución cultural, como la biblioteca pública, está tan capacitada para hablar de todo; porque todo le concierne. En los museos o filmotecas se refugian las artes plásticas o el cine; pero las bibliotecas lo abarcan todo. ¿Se trata de reclamar un perfil erudito al profesional bibliotecario? No. Se trata de incluir tanto en los planes de estudio, como en los planes de formación de las administraciones: acciones formativas que sirvan para dar contenido cultural a tanta tecnología.

¿Se pueden concebir bibliotecarios a los que no les interese leer, ni la música, ni el cine, ni las artes; y que actúen como simples dependientes de documentos?, ¿puede permitirse alguien que trabaja en una institución cultural no estar al tanto de las nuevas tendencias?, ¿es realista pedir algo así cuando muchas plantillas se cubren con categorías profesionales que nada tienen que ver con la cultura?

genoves-2Por eso, precisamente la revista Infobibliotecas [inciso de publicidad nada subliminal] es una revista orientada a las bibliotecas, pero ante todo es una revista cultural integrada con el resto de publicaciones culturales en ARCE. Los bibliotecarios son profesionales de la cultura, y de poco servirán la CDU, las RDA y el dominio de las mil tecnologías que puedan surgir, si pierden de vista lo esencial: ser intermediarios entre la inflación de ofertas culturales y los ciudadanos.

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Pablo Genovés y sus montajes fotográficos de apocalipsis cultural

1507-1El ensayo Piensa como un artista de Will Gompertz (autor del delicioso ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos), soslayando con habilidad la autoayuda: proporciona muchos ejemplos de creadores que sirven para masajearnos las neuronas sea cual sea nuestra profesión, e intentar afrontar nuestros trabajos con una mirada más fresca.

En el último capítulo, Gompertz nos habla de Bob y Roberta Smith, los seudónimos de un pintor británico que creó su cuadro: All Schools Should be Art Schools (Todas las escuelas deberían ser escuelas de arte) para lanzar su Partido de las Artes, un grupo de presión de artistas preocupados por la paulatina desaparición de las artes y el diseño en el sistema educativo británico (“en las escuelas de arte se enseña cómo pensar, en lugar de qué pensar”).

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“Todas las escuelas deberían ser escuelas de arte” de Bob y Roberta Smith

Desde este punto de vista, la mala fama de la tan cacareada procrastinación se transforma en positiva cuando hablamos de creatividad.  La cantidad de información inútil consumida vía televisión, vídeos, libros, cómics, revistas cuyo exceso de consumo muchas veces desespera a educadores y padres: puede transformarse en un discurso propio, adaptado al medio digital, en el que lo único que va a conseguir destacar, por encima del ruido, será la creatividad. Como decía el personaje de Antonio Resines en una comedia al respecto de niños y televisión (sustitúyase ahora por Internet):

“a los que son inteligentes les hace más inteligentes, y a los que son tontos les hace más tontos.”

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Obra de Banksy

Tal vez así, podamos ahuyentar los augurios con que diagnostican nuestra época las fascinantes composiciones fotográficas de  Pablo Genovés o los grafitis del misterioso Banksy: y reconvertidos en DJ, los bibliotecarios aúpen al Top Ten de las listas remezclas de temas como el I’m reading a book del showman Julian Smith.

Las grandes fiestas de la cultura en 2016

Este año que acabamos de estrenar viene cargado de eventos y celebraciones culturales. Sí amigos, más allá del panorama más que intenso que nos regalan cada día los informativos, hay vida, y la cultura en 2016 nos dará mucha. Ya sabéis que se cumplen 400 años de la muerte de los dos más grandes de la literatura -Cervantes y Shakespeare- pero, además, habrá muchas otras conmemoraciones literarias, exposiciones de arte de altura y una capitalidad cultural europea ostentada por la bella e incomparable San Sebastián-Donostia. Vamos a picotear en forma de ruta de pintxos por estos eventos culturales por si os inspiran acciones en la biblioteca.

El bardo y el manco

No es necesario esperar ni un segundo para empezar a disfrutar de las actividades que se organizarán este año en torno a Cervantes, porque algunas ya están en marcha. Desde mediados de diciembre y hasta el 1 de mayo en la sede central del Instituto Cervantes, en Madrid, puede visitarse la exposición “Miguel de Cervantes o el deseo de vivir”. La componen fotografías de José Manuel Navia -uno de nuestros mejores fotógrafos y un apasionado de la literatura- que recorren los lugares que fueron testigos de la azarosa vida del Manco: Lepanto, Argel, Orán Lisboa, Nápoles, Sicilia, Alcalá de Henares, Madrid, Toledo, La Mancha, Barcelona… Durante el año, la exposición viajará por otras ciudades españolas y por sedes del Instituto Cervantes en el exterior.

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Fotografía: (C) Jose Manuel Navia.

También muy pronto, desde esta misma semana, podéis asistir en el Museo Casa Cervantes de Valladolid al ciclo de conferencias “En torno a Cervantes”, en el que se repasará el personaje y el mito del escritor, El Quijote y sus múltiples lecturas.

En la Biblioteca Nacional de España, depositaria de la mejor colección cervantina existente en el mundo, se centrarán este año en tres proyectos:

  • La catalogación y digitalización de esa colección para incorporarlo a la Biblioteca Digital Hispánica, la creación del Portal Quijotes y la realización de una nueva versión del Quijote interactivo.
  • La exposición “Miguel de Cervantes: de la vida al mito”, que revisa la figura de Miguel de Cervantes y su conversión en un símbolo de la cultura y de la lengua española.
  • La Semana del Libro 2016 en el mes de abril, con una programación especial en la que coincidirán exposiciones sobre Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, para reunir las celebraciones de las letras hispánicas y universales.

Y hablando de celebraciones conjuntas, el Hay Festival, Acción Cultural Española (AC/E) y el British Council organizan un proyecto para revisar la influencia de Cervantes y Shakespeare en la literatura universal. Para ello, han seleccionado doce escritores contemporáneos que preparan sendos textos originales e inéditos en homenaje al Manco y al Bardo. Seis de esos autores son británicos y tendrán como referencia a Cervantes, y seis serán españoles y se inspirarán en Shakespeare. Estos relatos se lanzarán a finales de abril en una web biblingüe español-inglés y en libros impresos. Habrá también presentaciones en el Hay Festival de Gales, de Segovia y en otros hispanos.

Más conmemoraciones literarias

216_cultura_cela_conmadreEste año también será el año de Camilo José Cela. Se celebra el centenario de su nacimiento (11 de mayo) en iria Flavia, en Padrón (A Coruña). Adjuntamos foto de su infancia en el regazo de su madre para demostrar con hechos que, efectivamente, alguna vez fue un bebé. No parece haber, por el momento, un programa cerrado de actividades para celebrar al Nobel, pero desde la Fundación Pública que lleva su nombre y encabeza su hijo, dicen que trabajan en una nueva edición de “La Colmena”, que incluye párrafos eliminados por su padre por miedo a la censura, y los que ésta suprimió por su alto contenido sexual. Además, tienen idea, según Camilo José Cela Conde, de recuperar toda la obra del escritor, incluidas las notas de sus viajes.

Por su parte, en la Diputación de Guadalajara planean aprovechar la ocasión para relanzar el turismo de la provincia a propósito del “Viaje a la Alcarria” de Cela, y, aunque tampoco hay un programa concreto, han hablado de organizar conferencias, exposiciones, edición de libros, concursos escolares, la remodelación del Museo del Viaje a la Alcarria en el castillo de Torija e incluso la realización del mismo Viaje a la Alcarria del 6 al 15 de junio.

En todo caso, para seguir las actividades que se vayan organizando, nada mejor que seguir la web de la Fundación de Cela. Para recordarlo, en RNE podéis descargaros el podcast de un estupendo programa homenaje al Nobel, con toda la magia, casi olvidada, de la radio.

Entre los maestros de la literatura que se recordarán en 2016 destacan otro gallego, el gran Valle-Inclán, del que se cumplen 150 años de su nacimiento (28 de octubre); el irlandés James Joyce del que murió en Zurich hace 75 años este 13 de enero; y el galés Roald Dahl, que nació un 13 de septiembre de hace 100 años.

Fuera de la literatura, nos ponemos mucho más internacionales y más “pop” para recordar que en septiembre se celebrarán los 50 años de la emisión del primer episodio de “Star Treck”. Al principio no tuvo un éxito arrollador, pero ahí sigue, con legión de seguidores, y en este 2016 se estrenará una nueva producción cinematográfica de la saga, “Star Treck: más allá”, para todos esos galácticos que sobrevivan al tsunami “Star Wars”. Por cierto, el 15 de diciembre hará también medio siglo de la muerte de Walt Disney, el creador de ese otro imperio al que George Lucas vendió la saga de “Star Wars” por 4.000 millones de dólares de nada. Y ahora va y se queja de que no le gusta lo que han hecho en la última peli…Star Trek

De pintxos culturales por Donosti

Pero pasemos a temas más enriquecedores. El 20 de enero, coincidiendo con su tamborrada, San Sebastián-Donostia dará su pistoletazo de salida (o, mejor dicho, su redoble de partida) a la capitalidad cultural europea. Del 20 al 24 de enero tendrán lugar más de setenta iniciativas organizadas por medio centenar de agentes y espacios culturales para inaugurar la capitalidad, con un acto central el 23 de enero sobre el puente de Maria Cristina -un espectáculo diseñado por Hansel Cereza, ex de la Fura dels Baus– y la inauguración de la exposición 1966 | Gaur Konstelazionak |  2016, que revisa la irrupción del Grupo Gaur en los años sesenta, con obras de Oteiza y Chillida, entre otros.

El lema de la capitalidad es “Cultura para convivir” porque con las actividades que se desarrollarán durante todo el año, la ciudad pretende promover valores que favorezcan el desarrollo del pensamiento crítico y la aceptación del otro/otra, después de años de violencia. Por eso, entre los proyectos más destacados está “Tratado de paz”, un recorrido sobre las representaciones de la paz en la historia del arte, y “Chejov vs. Shakespeare”, una iniciativa en la que autores europeos intercambiarán cartas sobre la literatura, los conflictos y el papel de los escritores.

También destacan la celebración de la Cumbre Europea de la Diversidad Lingüística; proyectos como la Time Machine Soup, que promete un viaje en el tiempo a lo largo de la historia de Europa… con la sopa como elemento conductor (sic); el concierto con más músicos tocando simultáneamente celebrado jamás en Europa (serán miles); y, por supuesto, actividades relacionadas con los centenarios de la muerte de Shakespeare y Cervantes.

Acabamos así como comenzamos este post, con los más grandes. ¡Feliz año lleno de cultura en 2016!

Anuario de Estadísticas Culturales 2015: el diablo está en las cifras

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte acaba de publicar este mes el Anuario de Estadísticas Culturales 2015 que reúne una selección de los datos más relevantes del sector de la cultura en España tomados de diferentes fuentes estadísticas. En él se puede encontrar desde información sobre el empleo y el gasto público en cultura, hasta los datos sobre el impacto de la cultura en la economía nacional, pasando por la recaudación en concepto de propiedad intelectual, hábitos culturales y un buen repaso a diferentes sectores, como las artes musicales y escénicas, “los asuntos taurinos” (así de eufemísticamente los denominan), y por supuesto, los archivos y bibliotecas. Repasaremos aquí algunos de los datos económicos que nos parecen más destacados, ¡ya veréis cómo nos lo vamos a pasar! Porque, parafraseando la expresión anglosajona, “el diablo están en las cifras”.

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Gasto público y PIB

Es de lo más entretenido estudiar, aunque sólo sea ligeramente, los datos en gasto público en cultura porque son la prueba de cargo– en lenguaje Perry Mason- de lo que de verdad se está haciendo desde las instituciones con la cultura, lo que interesa y lo que no. Para empezar nos encontramos con que los últimos datos cerrados con las cifras aportadas por todas las Administraciones corresponden a 2013: en ese año, el Estado gastó 630 millones de euros en cultura, las Comunidades Autónomas 1.071 millones y las Administraciones Locales (excluidas las de Navarra y el País Vaso, de las que no hay datos) 2.300 millones de euros.

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Pero lo interesante es poner esas cifras en contexto. En relación al gasto total de estas Administraciones, los porcentajes dan pena: el gasto en cultura por parte del Estado supone un 0,22% de sus gastos totales, y en las CC.AA es del 0,62%. En relación al PIB, esos pocos millones gastados en cultura representan unos ridículos 0,06% en 2013 y 0,07 en 2012 del PIB en el caso del gasto estatal, y, algo más, un 0,12 en 2012 y 0,10% en 2013 en el autonómico. El escándalo es ya total cuando se compara ese gasto público con lo que las actividades culturales aportan al PIB nacional: en 2012 fueron algo más de 26.000 millones de euros, o, lo que es lo mismo, un 2,5% del PIB. Está claro que se rentabilizan, pero que muy bien, las migajas que se gastan en cultura.

También podemos entretenernos con unas cuantas reglas de tres, comparando cómo se ha ido hundiendo el gasto en el tiempo: a nivel estatal, por ejemplo, ha caído desde los 1.135 millones de euros de 2009 hasta los 679 millones en 2014, un descenso del 34%, aunque es verdad que al pasado año el gasto aumentó ligeramente respecto a los 630 millones de 2013, un 7,7% para ser exactos.

Lo que se llevan las bibliotecas

Precisamente el último desglose del gasto estatal entre diferentes sectores culturales que ofrece el Anuario es del año 2013. Así, vemos que de esos 630 millones que invirtió el Estado, solo 43,7 fueron a parar a las bibliotecas (un 6,9% del total). Una inversión que no llega ni a la mitad de lo que se gastó, por ejemplo, en difusión cultural en el exterior del país, 93,7 millones de euros, es decir, un 14,8% del gasto total. Este dato por sí mismo dice mucho, pero si se compara además con lo que se invierte en patrimonio histórico y artístico está claro que el objetivo principal de los presupuestos de cultura del Estado es alimentar la máquina turística.

En el terreno del gasto autonómico, la situación es algo mejor, pero tampoco se vienen arriba. El gasto en bibliotecas en 2013 fue de 102,6 millones de euros, un 9,5% del gasto total de las CC.AA en cultura. Eso sí, el desequilibrio no es tan grande como en el ámbito estatal, porque aquí está el gasto más repartido entre diferentes sectores y actividades. Diez millones arriba o abajo, las bibliotecas están al nivel de lo que reciben los monumentos históricos, los museos, el teatro y las actividades de promoción y cooperación cultural. Algo es algo.

En las Administraciones Locales, la inversión en bibliotecas fue en 2013 de 264,7 millones de euros, un 11,5 % del gasto total en cultura. Aquí, comparando con otras partidas, se ve claramente que es una de las responsabilidades principales de Ayuntamientos, Diputaciones, Consejos y Cabildos, en materia de cultura. La partida para bibliotecas solo se ve superada por las dedicadas a fiestas populares (433,6 millones de euros) y por las dedicadas a promoción cultural y administración general de Cultura, que superan cada una de ellas -con holgura- los 500 millones de euros.

AnuarioCultura2015_bibliotecasPor la demás, las estadísticas que refleja el anuario respecto de las bibliotecas no son nada nuevo: se remontan a 2012, año en el que se registraban 6,835 bibliotecas en todo el país (14,6 bibliotecas por cada 100.000 habitantes), de las que el 61,6% son públicas, el 30,5% especializadas y el 4,2% son bibliotecas universitarias. Los usuarios inscritos en ese año alcanzaban los 20,4 millones de personas, y el número de visitas fue de 216,4 millones.

Os animamos a que os entretengáis un rato mirando y comparando cifras, porque seguro que nos aportan más de un argumento para defender la cultura y las bibliotecas. La intención declarada del Anuario de Estadísticas Culturales -que ya va por su undécima edición- es servir como “instrumento para conocer mejor el valor social de la cultura y su carácter como fuente generadora de riqueza y de desarrollo económico en la sociedad española”.

Ahora solo falta que los responsables de decidir presupuestos públicos tomen buena nota del valor de la cultura, y lo demuestren con hechos.

Festivales, relax y mundos bibliotecarios, en el nuevo número de Infobibliotecas

Festivales de teatro clásico, de fotografía, de jazz, de rock en cualquiera de sus modalidades, de gastronomía, de literatura… En verano cierran, lamentablemente, muchas bibliotecas pero la cultura está en la calle y se celebra. A estas fiestas-festivales dedica el tema principal el último número de la revista Infobibliotecas que estará empezando a llegar a vuestras manos. Aquí os adelantamos algunos de los contenidos.

REvistaPortada13Para hacernos una idea del fenómeno festivales, empezamos con algunas cifras: solo en Cataluña se celebran 360 festivales de música cada año, casi uno por día, con 1,5 millones de espectadores que dejan 300 millones de euros. Con el éxito de los festivales culturales se ha demostrado algo: que la cultura popular puede ser una herramienta de atracción turística de primer nivel, y ya sabemos cómo se anhela desde las administraciones públicas de este país cualquier palanca que pueda hacer llegar visitantes y hablar de forma casi inmediata del dinero que tales visitas han dejado en la ciudad. Lo de que sea cultural, en sí, perece secundario. Lo que importa es el lado crematístico de la historia.

Haciendo un inciso aparte del tema que aborda la revista, esto nos recuerda, en el fondo, a las partidas dedicadas a la cultura en los recién presentados Presupuestos Generales del Estado, con las bibliotecas un año más relegadas a cifras ridículas porque parece ser que ni son Marca España ni los responables políticos son capaces de ver el impacto social, económico y cultural que tienen. En este artículo publicado en Voz Populi lo explica muy bien Karina Sainz Borgo.

Volviendo a lo que nos cuenta la revista, podréis leer cómo están colaborando las bibliotecas en algunos festivales importantes, como el Hay Festival o PhotoEspaña, y podréis degustar un interesantísimo análisis del profesor Héctor Fouce sobre los festivales como casi una representación perfecta de la cultura de hoy, cultura como experiencia social, casi como lo era en las plazas medievales solo que ahora, además, se comparte en las redes antes y después. Por último, y sobre el tema central, seleccionan para nosotros los mejores festivales por temas, y nos guían sobre cómo sobrevivir a ellos.

Relax bibliotecario

RelaxbibliotecarioY hablando de sobrevivir, en otro de los reportajes de la revista, esta que escribe este blog os habla de cómo salir indemnes de todo un año de trabajo, es decir, cómo llegar a las semanas previas a las vacaciones con algo más que el último aliento. La profesión de bibliotecario, digan lo que digan los clichés, es estresante, y así lo demuestran algunos estudios de los que os hablamos. Eso de la multitarea, la monotonía, las dificultades del trato con el público, el espacio físico de trabajo, la falta de participación en la toma de decisiones, la necesidad de justificar tu profesión… hay muchos factores que generan ansiedad, pero también muchas formas de sobrevivir a ella.

En la mano de cada uno de nosotros están herramientas como la práctica de técnicas de relajación o el mindfulness, que aunque parezca ahora nada más que una moda, tiene mucho potencial para ayudarnos. Pero también hablamos de formas de organizar el trabajo y las relaciones laborales que ayudan a que todos trabajemos más y seamos más felices haciéndolo.

Entrevistas

Alicia Sellés, presidenta del Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de la Comunitat Valenciana (COBDCV) y recién elegida vocal del consejo ejecutivo de EBLIDA, nos cuenta mucho sobre lo que quieren hacer esta institución que da voz a las bibliotecas en Europa, en cuestiones como el acceso a la lectura digital, la propiedad intelectual y el fortalecimiento de las asociaciones, una de las cuestiones en las que más trabaja desde hace tiempo. Y nos plantea un reto: desarrollar el “liderazgo profesional” de bibliotecarios y documentalistas en áreas en las que hasta ahora no están presentes pero en las que tienen mucho que aportar como las relacionadas con la transparencia -tan en el discurso político y mediático en estos tiempos, aunque sea en versión descafeinada-, y el sector educativo, para10.

EscuelasPiasTambién hablamos con Íñigo Tejera sobre la impresionante Biblioteca de las Escuelas Pías, situadas en el -antes castizo, ahora multicultural, según los cronistas-, barrio de Lavapiés, de Madrid, una biblioteca con truculenta historia como pocas. Conversamos también con Andreu Jaume, traductor y editor de Clásicos de la editorial Penguin Classics, que acaba de lanzar colección en castellano.

portada_PatriciaLunaCon la periodista Isabel García-Zarza y la directora de la revista Infobibliotecas, Silvia Oviaño, nos acercamos a una estupenda lectura de verano, “Quién es Patricia Luna“, una novela escrita a cuatro manos por estas dos estupendas mujeres que cuestiona, con mucho humor y mucha acción, el modelo de conducta femenina que nos presentan alguna que otra trilogía erótica para mujeres. Dicen en esta entrevista, clarividentes, que este “mal llamado porno para mamás parece estar escrito por un contubernio conservador“. Amén.

Y para llenarnos de palabra e ideas hermosas, el escritor Manuel Rivas nos habla de los cambios sociales que han empezado a surgir desde la calle, de que la Transición no es el fin de la historia, de cómo los humanos, como los animales, “huimos de los sitios llenos de malas hierbas, de los malvados sitios tristes en busca de lugares mejores”. Nos habla de la conexión de los libros con la naturaleza y recuerda que éstos son “la entrada a una cámara secreta”. De las bibliotecas habla como lugares en movimiento, como talleres, como “un buen lugar para estar frente a tantos no lugares de nuestras ciudades”.

En nuestros refugios en forma de bibliotecas hay muchas puertas a otros mundos. De muchos de ellos seguiremos hablando en éste y otros números de Infobibliotecas. ¡Os esperamos!

(Si aún no recibís la revista, podéis subscribiros llamando al 908 090 806 o escribiéndonos a info@infobibliotecas.com)

Bibliotecas y periodismo cultural

Hace unos días, el 10 y 11 de abril se celebraba en Santander el  I Congreso de Periodismo Cultural . La mayoría de los medios escritos establecidos estuvieron allí, junto con algunas radios, pocas televisiones y casi ningún representante de los nuevos canales en los que la cultura se discute y se divulga. Las discusiones brillaron por su ausencia debido a un programa que privilegió las intervenciones cerradas en lugar de los debates; los pocos que hubo fueron cortos y protagonizados por los que antes o después gozarían del derecho a la palabra desde el púlpito.

congreso-periodismoEn todo caso, el concepto de cultura que planeó todo el tiempo, aunque no se definió estrictamente, se basaba bastante en los libros, sobre todo en la literatura. En el fondo, los periodistas culturales saben (y les preocupa) de su dependencia hacia las editoriales, que les proporcionan los libros al tiempo que marcan sus agendas.

El periodista cultural tiene demasiadas veces la incómoda sensación de ser un “promocionero” de las grandes editoriales, que lo acosan exigiendo espacio y atención para sus autores mientras intentan marcar las líneas de opinión y crítica. Los libros son los objetos sobre los que gira el periodismo cultural y las editoriales quienes engrasan la maquinaria. Los lectores de prensa son lectores potenciales, futuribles compradores de libros al tiempo que receptores de la labor de divulgación, contextualización y crítica que mistifica al periodista cultural.

PeriodismoCulturalLa discusión giró, por tanto, en torno a cuál es la relación del periodista con la venta de libros. La librería es, en el fondo, el espacio de recepción de los resultados de la relación entre editorial, periodista y lector. Sólo la librería. En dos días de congreso no recuerdo una sola vez que alguien haya mencionado la palabra biblioteca.

La idea de cultura que parece haberse impuesto se basa en cosas que se pueden comprar y vender, ignorando que hay un circuito cultural vital y enérgico por el que pasan miles de personas cada año, que capta el interés de muchas generaciones por la cultura y que se esfuerza en dinamizar la lectura para hacer que pierda su tradicional carácter reverencial y se convierta en algo cercano y dinámico.

La cultura y los libros no solo circulan por las ferias editoriales, los premios y las novedades. Si el elemento central del sistema del libro es el lector, ignorar las bibliotecas y todo el caudal de ideas y prácticas que vehiculan es hacer un flaco favor a la cultura. Las bibliotecas también tienen que ser objeto de atención del periodismo cultural.