Bibliotecas de género fluido

 

Convertirse en tradición en estos tiempos es algo francamente difícil. Pero que una empresa de embutidos lo haya conseguido habla de una de las estrategias publicitarias más geniales que se han visto jamás de los jamases por estos lares. Desde el 2011 con ese homenaje a los que nos han hecho reír en tiempos difíciles hasta la campaña para la Navidad de 2017 en torno al independentismo: Campofrío (por si acaso advertimos que este blog no tiene sponsor alguno) ha provocado adhesiones, rechazos, y suponemos, que un incremento en las ventas de sus productos.

 

El retrato de Chiquito de la Calzada que aparece en el famoso anuncio de Campofrío.

 

El eslogan de amodio acuñado en el anuncio dirigido por Isabel Coixet para definirnos se ha convertido en trending topic por lo certero que resulta. Amor y odio como señas de identidad: lo malo es cuando bajo esas querencias o repulsas lo único que late, y nos unifica, no es más que el miedo. Miedo al otro, a perder los privilegios, a lo diferente, a la verdad. En una reciente entrevista en El País el director de “The New York Review of Books” (la revista neoyorquina más prestigiosa sobre crítica de libros), Ian Buruma, lo corroboraba en una frase: “el miedo va ganando en un mundo cada vez más polarizado“. Y eso los políticos, y los poderes en la sombra, lo saben perfectamente.

 

Patria de Aramburu será la primera serie que desarrolle la filial de HBO en España. El miedo como eje central de la historia de una novela encumbrada por público y crítica.

 

Dos políticos: Trump y Erdogan lo han dejado claro en los últimos días. La prohibición del mandatario estadounidense a la agencia de salud nacional del uso de palabras como: diversidad, vulnerable, transgénero o expresiones como “con base en la ciencia no ha hecho más que mostrar su miedo más arraigado: a la verdad. Y la censura implacable a la que está sometiendo el presidente turco a las bibliotecas de su país, con más de 140.000 libros retirados de ellas (entre otros: títulos de Althusser, Camus o Spinoza) no camufla otro miedo que el que siente cualquier régimen totalitario: el temor al conocimiento.

Por eso en este post vamos a repetir cual mantras varias de las palabras prohibidas por Trump para que calen como cala una lluvia fina y persistente. Lo que sea con tal de contravenir a los dos presidentes y defender la libertad de las bibliotecas como refugio para la diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad, diversidad…

 

Bancos en forma de libros de autores turcos frente al Bósforo en Estambul. ¿Los prohibirá también Erdogan?

 

Como la campaña de los embutidos incluye una web para hacer el test que nos diagnostique cuánto amodio padecemos: empezaremos con la frase de “con base en la ciencia”. Concretamente con el estudio sobre psicología social que publica el “European Journal of Social Psychology” llevado a cabo por investigadores de Yale a través del cual se preguntó en línea a 300 residentes en los Estados Unidos sobre cuestiones como: el aborto, los derechos LGTBIQ (en breve harán falta unas siglas para abreviar tanta sigla), el feminismo o la inmigración. La idea era constatar cómo el miedo y la sensación de seguridad afectan al posicionamiento político de los ciudadanos.

“Antes de que lo sepas: las razones inconscientes de que hagamos lo que hacemos”: el libro de John Bargh sobre las motivaciones de nuestro comportamiento.

Antes de someterlos al test se separó en dos grupos a los participantes y se les pidió que imaginaran dos situaciones: poseer el don de volar y ser inmune a cualquier daño físico. Entre el segmento de encuestados que imaginaron poder volar sus variaciones ideológicas a la hora de responder al test no variaron de lo que se esperaba. En cambio, en el grupo que imaginó sentirse inmune a cualquier daño físico: las diferencias en las respuestas entre demócratas y republicanos fueron mínimas y terminaron acercándolos ideológicamente.

Según concluye el psicólogo social John Bargh, que encabeza el equipo de investigadores: es necesario reconocer cuánto influyen motivaciones tan básicas como el miedo y la seguridad en nuestros posicionamientos ideológicos. Los políticos (de cualquier signo lo saben) y nos manipulan apelando a tan potentes sentimientos. Bargh aboga por conocer nuestros impulsos para que nuestras opiniones se basen en el conocimiento y no en sentimientos irracionales. Y para eso ¿dónde acudir? Muy previsible por nuestra parte: a las bibliotecas.

 

 

Sentirnos vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, vulnerables, nos hace manipulables. Tal vez por eso Trump la quiere prohibir. No porque vayamos a dejar de sentirnos vulnerables sino porque seamos conscientes de ello y queramos ponerle remedio. Y de sentirse vulnerable, frágil, desamparado y de cómo superar ese miedo habla el magnífico cómic La levedad de Catherine Meurisse.

El 7 de enero de 2017 Meurisse se despertó tarde, hundida como estaba tras su último fracaso sentimental, y por esa razón llegó tarde a su trabajo como dibujante en el semanario satírico francés “Charlie Hebdo”. Por escasos minutos Catherine se libró de la terrible suerte que corrieron sus compañeros a manos de los terroristas: y lo que nos cuenta en La levedad es el proceso que tuvo que seguir durante los meses siguientes para recuperar el equilibrio tras el desastre.

 

 

¿Cómo recuperar la levedad que nos permite vivir sin sentirnos permanentemente en carne viva? ¿cómo superar las secuelas de un hecho traumático?  En las campañas de Campofrío abogan por el humor; y Catherine optó por recurrir a una terapia de choque a base de cultura y belleza para, poco a poco, reanimar un estado de ánimo catatónico que la llevó a viajar hasta Roma en pos de un síndrome de Stendhal que la sanase.

Un auténtico desfribrilador en viñetas que le sirvió a la autora para volver a latir gracias a la cultura; y que reanima a quien lo lee del embotamiento con que nos entumece los sentidos tanta crónica ruidosa del día a día.

 

 

Uno de los collages de la artista expuesto en Francia.

Y precisamente en Francia se está celebrando el cuadragésimo aniversario del Centro Georges Pompidou a través del proyecto itinerante Traversees ren@rde. Este proyecto aglutina múltiples actividades en las que se abordan los movimientos estéticos y micropolíticos que agitan nuestra actualidad. Y en la exposición que, hace unos días, se inauguró en Bourges participa la española Roberta Marrero con algunos de sus collages.

Hace poco más de un año la artista plástica  publicó su primera novela gráfica: El bebé verde: infancia, transexualidad y héroes del pop. En este primera incursión en el mundo del cómic, Marrero, se volcó en relatar su infancia como mujer transexual. El relato que de su infancia hace la artista afecta a cualquiera que alguna vez se haya sentido diferente por cualquier motivo: tanto da que sea heterosexual, homosexual, transexual, polisexual o transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero, transgénero.

Dictadores: la obra en que Roberta Marrero intervino los retratos de sátrapas célebres al estilo Hello Kitty. En este caso la venganza se sirve fría y pop.

En tiempos en que la identidad se fragmenta, se diluye, se hace líquida (Bauman one more time): el relato en primera persona de cómo Roberta construyó la suya a través de la cultura convierte a su primera novela gráfica, no solo en un auténtico libro de artista: sino en un manual que debería incluirse en las secciones infantiles y juveniles de las bibliotecas por su valor para abordar temas tan candentes como: el bullying, el respeto a los demás, el feminismo o la LGTBIQfobia.

En Dejando atrás el lado salvaje: bibliotecas por la inclusión social ya hablamos de mujeres transexuales en bibliotecas. Y Marrero cautiva a cualquier amante de las bibliotecas con el primero de los mandamientos que prescribe en un momento del libro para ser feliz: “lee, lee, lee“.

La artista reconoce su deuda con la lectura como primer peldaño en la construcción de su identidad. Pocas veces las bonitas (y vacuas por manidas) palabras con que se suele convencer de los beneficios de la lectura habían tenido una aplicación práctica más efectiva que la exhortación de Marrero en su novela gráfica.

 

La Campaña por los Derechos Humanos, en colaboración con la artista Robin Bell, proyectó palabras como “feto” y “transgénero” en el Trump International Hotel en Washington, DC, como una manera de protestar por las “recomendaciones” dadas por la administración Trump sobre el uso de estos términos

 

Cisgénero, transexual, género fluido, género no binario…, si hasta en un programa tan poco minoritario como OT 2017 estos términos están a la orden del día; llegan hasta el Congreso de los Diputados; y muestran una juventud (que la hay) que pese a tantas etiquetas aspira a vivir sin dejarse constreñir por ellas: el recuerdo que Felicidad Campal hacía de la célebre frase de Bruce Lee (Be water, my friend) en su estupendo artículo sobre lo que aportan las bibliotecas a los objetivos de la ONU: da pie para dar un paso más allá y proclamar: Be water, my library.

Roberta se construyó a sí misma gracias a sus héroes del pop, y resulta que las bibliotecas son las reinas del glam: todo cobra sentido.

 

Acrónimo de Galleries, Libraries, Archives and Museums: el proyecto que aglutina a las instituciones culturales para preservar el patrimonio a través del acceso digital y permite la colaboración con el sector de la cultura libre.

 

Reinas de un GLAM que poco tendría que ver con el movimiento estético y musical  que en los 70 enarbolaron figuras como Marc Bolan, Gary Glitter, o por supuesto, David Bowie: pero que en realidad está muy conectado. Quizá cueste verlo, si nos quedamos en el estereotipo del bibliotecario/a; pero hay que procurar ir más allá. Si lo que caracterizó al movimiento glam, fue la ambiguedad, el disfraz, y lo divertido: ¿no es acaso esta imagen la que persiguen hoy día las bibliotecas?  Ambiguas entre lo impreso y lo digital, maquilladas para seducir al público, bulliciosas cual centros comerciales de la cultura y el ocio.

Tilda Swinton en la portada del magazine de estilo transversal Candy.

Bibliotecas de género fluido (o travesti, según el caso: protagonistas inminentes en la revista especializada “Candy”). Ya lo dijo el erotómano Luis G. Berlanga al respecto del rechazo a la parafernalia típicamente femenina por parte de un feminismo mal digerido: “los taconazos, las medias, los ligueros, los corseletes […] Si no es por los travestis […] las generaciones venideras llegarían a olvidar que existió la seducción”

Es en este sentido, en el que las bibliotecas se travisten con ropajes lúdicos, divertidos, llamativos y renovados que llamen la atención a un usuario infoxicado y asaltado por miles de estímulos, que cual cantos de sirena, lo aturden y le hacen carne exclusiva de best sellers, blockbuster o trending topics.
Sólo de esta manera, aunque sea de estraperlo, preservarán un concepto de cultura más rico, libre y desprejuiciado en esta civilización que entre prohibiciones, polémicas y enfrentamientos nos hace olvidarnos, en ocasiones, de que seguimos siendo humanos, demasiado humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos, humanos,humanos, humanos, humanos.

 

Gente rara, grandes aventuras: nuestra selección de libros del mes

Siempre intentamos encontrar un hilo conductor en la selección de novedades editoriales, musicales y cinematográficas que os traemos cada mes, y éste parece que inconscientemente hemos ido escorándonos del lado de la gente que es distinta y de los que emprenden grandes aventuras. Puede que sea porque en el fondo no sentimos (o nos gustaría sentirnos) identificados con estas personas. Vamos al grano: comenzamos con la selección de libros de este mes, y lo hacemos con dos cómics.

“El regreso de Ulises”, de Alberto Manguel y Max. (Nórdica)

Esta es una fábula adulta sobre el exilio y el sentimiento de no pertenencia que sufren las personas desplazadas, protagonizada por el mítico Ulises -tratado aquí como el inmigrante sin papeles que es- que regresa a un lugar que no se parece en nada a la Ítaca de la que partió.

La historia es del escritor argentino afincado en Canadá, Alberto Manguel -al que el profesor John Sutherland ha llegado a calificar como “el Montaigne de nuestra época”, que ya es decir-, y del dibujante Max, Premio Nacional de Cómic en 2007 por su libro “Bardín el Superrealista”, que se inició en el mundo de la historieta en los años 80 nada más y nada menos que en “El víbora”. Os dejamos con el booktrailer del libro.

Independencia?, de Josep Busquet y Jose Ángel Ares. (Diábolo)

El segundo cómic que os presentamos narra lo que para muchos es otra pequeña odisea, y en este caso lo hace con mucho humor. Hablamos del referendum y el debate sobre la independencia de Cataluña, retratados con ironía (no sin cierta polémica, como debe ser) en un cómic en el que los autores dicen que tratan de satirizar “a los dos bandos”. Lo cuentan en forma de historietas cortas. Dice Busquets que se dedició por este formato porque le permitía mostrar más matices. “De otra forma tendría entre cuatro y diez personajes con un tipo de personalidad y opinión sobre el tema, con este formato tengo cientos de personajes dispuestos a dar su opinión”, explica. Josep Busquet es autor de cómics como “Manticore” y “La Revolución de los Pinceles”, y de los lápices de Jose Ángel Ares han salido novelas gŕaficas como “Rosa y Javier” y “Bitcoin: la caza de Satoshi Nakamoto”.

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Marcianadas, by Yorokobu. (Paidós)

MarcianadasY porque en el fondo casi todos somos seres raros con ideas y muchas veces no encontramos cómo expresar lo que ronda por nuestras cabezas, el equipo editorial de la Revista Yorokobu ha creado este libro con propuestas ingeniosas para que cada cual pueda sacar partido de la creatividad. Así lo definen: “Se trata de una recopilación de sugerencias para escribir: ejercicios para ser minucioso y detallista en cada paso de la narración; inicios de historias que invitan, o casi obligan, a ponerse en la piel de alguien que no has sido nunca; puntos de partida para tránsitos por irrealidades desorbitantes, delirios de lo más surrealistas o temas sobre los cuales es muy probable que no tengas ni puñetera idea y sobre los que tendrás que investigar un poco para crear una historia creíble. El libro está ilustrado por Juan Díaz-Faes.

Libro infantil y juvenil

Niños especiales que viven grandes aventuras hay muchos en estos tres libros de literatura infantil y juvenil que destacamos.

En “No es invisible”, del británico Marcus Sedwick (Bambú), Laureth, una chica ciega de 16 años, necesitará todo su ingenio para encontrar a su padre, escritor de best-sellers, desaparecido en la Gran Manzana. Sedwick es autor de varios libros ilustrados, y ha elaborado los dibujos de una colección sobre mitos y un libro de cuentos populares para adultos. Con su novela “Midwinterblood” ganó el Premio Michael L. Printz 2014 de la American Library Association.

En “El niño rock”, de Magicomora (Lunwerg), Sergio Mora -patriarca del pop surrealista español- cuenta con humor y mucho surrealismo mágico la gran aventura de montar un concierto. Dice el autor que el libro “respira ese tono ochentero y entrañable que sabe a chicle Bang Bang y a Petazetas”. Y añade: He tratado de recuperar ese espíritu fresco y desenfadado que nace de la cultura televisiva que mamamos los de mi generación”.Elniñorock

Y terminamos con un título muy bien traído para los temas que tratamos hoy, “El club de los bichos raros”, de Jon Scieszka (Montena) , un escritor estadounidense muy premiado y muy activo en la promoción de la lectura entre los más jóvenes, autor de, entre otros, “La auténtica historia de los tres cerditos” y “El apestoso hombre queso”. En el libro del que hablamos hoy, Scieszka cuenta la loca aventura que empieza muy a primera hora en su primer día de cole.

Y dicho esto, os deseamos que vuestras Navidades sean raras, alocadas, creativas y, si es eso lo que deseáis, independientes. Y, si no, todo lo contrario. ¡Pasadlo bien!

Cómics prohibidos… porque siempre debe ganar el bueno

Casi siempre que cruzamos el charco para echar un vistazo a lo que hacen en EE.UU, nos fijamos en sus vanguardias tecnológicas, en el uso de impresoras 3D, drones, redes sociales…, aspectos que, de vuelta a nuestra realidad, muchas veces nos resultan de lo más futuristas. Sin embargo, esta vez vamos a centrarnos en una iniciativa en la que la ciencia-ficción solo aparece dibujada en viñetas, en la que no se mira al futuro sino al pasado, a la recuperación de la memoria cultural desde las bibliotecas.

zap-comix-0-robert-crumb-2Se trata de la “Semana de los libros prohibidos”, un evento anual impulsado por la American Library Association que facilita herramientas y recursos a las bibliotecas para visibilizar y acercar al público obras que en algún momento de la historia han sido prohibidas. El propósito es sensibilizar sobre la amenaza de la censura, hoy y siempre. Porque sigue existiendo, no lo dudemos.

Este año, la semana ha estado dedicada al mundo del cómic. La historia es fascinante: viajamos al EE.UU de los años 30, 40 y 50 del siglo pasado, la edad de oro del cómic americano que vio nacer a grandes superhéroes como Flash Gordon, El hombre enmascarado, Superman y Batman. Durante la II Guerra Mundial el género había crecido en popularidad gracias a los paquetes cargados con cómics que los soldados que luchaban en el frente recibían de sus familiares. Eran historias heróicas en las que siempre ganaba el bueno, justo lo que necesitaban los muchachos.

A pesar de que, de vuelta a casa, aquellos soldados curtidos en mil batallas trajeron consigo su gusto por las historietas, éstas seguían siendo percibidas en gran medida como lecturas para niños. Y con la entrada en la Guerra Fría y el creciente sentimiento de amenaza comunista la presencia de material adulto en estas historietas se percibía como altamente subversiva. La censura empezó a actuar.

El desencadenante fue la publicación de un libro del psiquiatra Frederic Wertham titulado “La seducción de los inocentes” (Seduction of the Innocent), en el que establecía con pruebas ahora desacreditadas el vínculo entre los cómics y… ¡la delincuencia juvenil! Su testimonio llegó a una comisión de investigación del Senado de EE.UU, y la presión política hizo el resto. Los editores de cómics crearon la Comics Code Authority (CCA) dedicada a la autocensura: todo por evitar la mala prensa y mantener la industria.

De la autocensura al underground

SellocomicsUSAPara ello, crearon un sello de aprobación de los cómics destinados a venderse por los canales tradicionales que garantizaba que las historias no incluían contenido “inadecuado”. Los límites draconianos que impusieron no tienen desperdicio:

  • Siempre, en cualquier circunstancia, el bien debía triunfar sobre el mal, y los delincuentes debían ser castigados por sus fechorías.
  • La inclusión de historias en las que apareciera el mal solo se justificaba si se intentaba ilustrar una cuestión moral.
  • Ningún cómic podía utilizar en su título las palabras “horror” o “terror”.
  • Las blasfemias, obscenidades, groserías, el lenguaje vulgar, y las palabras o símbolos con un significado no deseable estaban prohibidos.

Bajo estas normas, solo cierto tipo de historias podían llegar al gran público: las que hablaban de superhéroes con nula ambigüedad moral, las que ilustraban castos romances, o las basadas en los personajes de Disney y en grandes clásicos de la literatura. Como diría Bart Simpson: ¡me aburro!

El cómic para adultos se hacía underground, y encontraría un nutrido caldo de cultivo en la creciente cultura hippie de los años 60. La clandestinidad duró hasta los años 80. Tras la censura volvió el boom y una nueva explosión de géneros y, con ello, los cómics regresaron con honores a las bibliotecas. Hoy en día constituyen una de las colecciones con más crecimiento en ellas.

persepolis_0Y, sin embargo, sigue existiendo cierta censura en EE.UU, tanto para los cómics como para otros géneros, relacionada con lo que denominan “contenido adulto”, sexo, lenguaje utilizado…. El Comic Book Legal Defense Fund (CBLDF)– que ha colaborado con las bibliotecas en la creación de materiales para la Semana del Libro Prohibido- hace seguimiento y denuncia de los casos, y entre los más recientes sorprende, por ejemplo, la prohibición el año pasado del Persépolis de Marjane Satrapi para los alumnos de Séptimo de los colegios públicos de Chicago por considerarlo inadecuado para su edad y por contener “imágenes explícitas de torturas”.

Actividades en las bibliotecas

¿Y qué han hecho las bibliotecas estadounidenses para sensibilizar sobre los cómics prohibidos? Pues entre las actividades propuestas, además de clásicos como incluirlas en las programaciones de los clubes de lectura, en los boletines o blogs de las bibliotecas, o en las estanterías de “destacados”, nos han gustado, por ejemplo, las representaciones dramatizadas de las novelas gráficas ante el público de la biblioteca, con los lectores transformados en actores mientras se proyectan en pantalla las imágenes del cómic. Pero seguro que los cómics, y sobre todo los censurados, dan para mucho más, ¿no? El Manual elaborado por CBLDF para la Semana de los Libros Prohibidos aporta otras ideas de actividades.