Tensión bibliotecaria no resuelta

 

Provocar puede resultar saludable, epatar es simplemente pueril. Puestos en esa tesitura este texto elegiría siempre resultar saludable antes que pueril: pero su planteamiento inicial es confrontar situaciones, circunstancias y asuntos que definen algunas de las problemáticas de las bibliotecas en nuestros días (sin ningún ánimo exhaustivo desde luego) y ahí es posible que surja más de una provocación. Es lo que tiene intentar hurgar en esas tensiones latentes que tácitamente todos percibimos pero, pese a reconocerlas, no somos capaces de saber si se resolverán algún día.

Buñuel duplicó en dos actrices a la protagonista de su película Ese oscuro objeto del deseo (Ángela Molina y Carole Bouquet): en este texto los objetos oscuros del deseo bibliotecario a los que pasaremos revista se quedan en unos pocos, pero sin duda se podrían multiplicar por muchos más.

 

Tanto su título original: The naked jungle=La jungla desnuda, como su título español: Cuando ruge la marabunta (1954) dejan claro que lo que rugía en pantalla, más que las hormigas carnívoras: era la tensión sexual no resuelta entre la pelirroja Eleanor Parker y el tosco Charlton Heston.

 

La primera, e irresoluble, tensión bibliotecaria no resuelta es la que se establece entre responsables políticos y bibliotecarios. Como cada año los gabinetes de prensa de ayuntamientos, comunidades autónomas o de cualquier otro tipo de dependencia administrativa se acuerdan de las bibliotecas cuando se acerca el 23 de abril. Es el Día internacional del Libro y los medios tienen que rellenar espacios, los políticos tienen que fotografiarse haciendo alarde de su amor por la cultura, y de repente las bibliotecas son muy  importantes.

Estadísticas de urgencia, programación de actividades a todo tren, listas de los más prestados, artículos en prensa, entrevistas en radio… Como rezaba aquel vetusto programa de la televisión de los 60: las bibliotecas son reinas por un día. Pero ha querido la actualidad (es así de caprichosa) que este año de manera paralela a los titulares resaltando el compromiso de los políticos con las bibliotecas (que los hay, damos fe de que existen políticos que tienen ese compromiso): haya circulado la noticia de que la Literatura Universal dejará de ser asignatura obligatoria en Bachillerato.

 

El viril y bíblico Charlton Heston todo arrobo e intensidad mirando a los ojos de Stephen Boyd en Ben-Hur (1959). Parece que el ingenuo de Heston no lo sabía pero la marabunta también rugía bajo esa tensión no resuelta entre los dos personajes. Años después Gore Vidal lo desveló para desesperación del ultraconservador Heston.

 

De entre las reacciones, comentarios y declaraciones que ha suscitado la noticia (Premio Cervantes incluido) nos quedamos con la columna de Elvira Lindo en El País: No me llames letrasado. El palabro en cuestión define a la perfección el tipo de cultura que se promueve desde las instancias políticas. Nos cabe la duda de si lo de letrasado proviene de fracasado o de retrasado: en cualquier caso es de esos términos afortunados para definir una realidad desafortunada.

Pese a todo las frases hechas sobre el amor a los libros, las citas de escritores y las fotos de políticos ensalzando a los libros y las bibliotecas han surgido como las amapolas en el campo cada primavera. Y el día 24, a otra cosa, y que las bibliotecas sigan ampliando horarios como salas de estudio y menguando presupuesto para el resto. Total si ya ni siquiera van a fomentar la Literatura en el Bachillerato: ¿para qué otra cosa van a servir las bibliotecas que no sea como salas de estudio?

Así se matan dos toros de un estoque (es que lo de los pájaros está muy visto, y como a los toros les han bajado el IVA antes que al cine, queda más apropiado): se mantiene a los jóvenes estudiando indefinidamente, y se resuelve la falta de espacio en las viviendas que ahora comparten varias generaciones de la misma familia.

 

William Hurt y Kathleen Turner generando tensión en la sudorosa Fuego en el cuerpo (1981): el noir más tórrido de los 80.

 

Pero dejemos a los políticos que bastante protagonismo tienen: quedémonos con los estudiantes. Lo de estudiantes y bibliotecarios es una relación que, en determinadas épocas del año, alcanza unos niveles de tensión, de deseo y repulsión que ni lo de Rhett Butler con Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó (1939).

Hace unos días se publicaba un artículo en Los Angeles Times con un significativo título al respecto: Menos libros, más espacios: las universidades rediseñan las bibliotecas del siglo XXI. Con ese título poco cabe añadir, pero resumiendo, se constata la presión estudiantil en la Universidad de Berkeley: que ha motivado que cerca de 70000 libros impresos hayan sido trasladados a almacenes para despejar espacios y habilitarlos como: zonas de estudio, de reunión, de trabajos en grupo, e incluso de relax con bicicletas estáticas y libertad para comer mientras se estudia.

 

Bette Davis y Joan Crawford estudiándose el guión de ¿Qué fue de Baby Jane? (1962): porque no solo las tensiones no resueltas de índole sexual tienen cabida en este texto.

 

Que las necesidades del lobby estudiantil estén marcando las pautas en las bibliotecas universitarias es lógico. Pero ¿y en las públicas? Observar las salas de una biblioteca pública en época de exámenes puede ser lo más parecido a la lucha por la supervivencia en hábitats reducidos.

No hace falta irse a Sevilla para perder la silla: los estudiantes colonizan los espacios, expulsan a los abuelos de la zona de prensa, invaden las secciones reservadas para los pequeños, y a poco que se dé la vuelta el bibliotecario para subir al depósito: le quitan la silla del mostrador. Hacen imperar la ley del silencio con un celo que para sí quisieran la Yakuza, la Cosa Nostra y la Mafia rusa juntas; y fulminan con la mirada, cual mutantes de los X-Men, a cualquier carrito con las ruedas desengrasadas.

Si sigues pensando que una biblioteca es un sitio que sirve para estudiar, Infobibliotecas no es tu revista“: hace unos meses lanzábamos este eslogan publicitando nuestra revista en las redes, y lo cierto es que resume bien la única postura posible desde el punto de vista de una biblioteca pública ante esa marabunta que lo invade todo.

 

Tula y su cuñado en la adaptación que Miguel Picazo hizo de la novela de Unamuno en 1964: tensión sexual en la España más represiva.

 

Y no sería honesto repartir estopa, bueno esto más bien se ha quedado en arpillera: sin incluir al gremio bibliotecario. Afortunadamente un gran número de bibliotecas públicas están atendidas por funcionarios públicos. Pero precisamente esa condición funcionarial es la que lastra en muchas ocasiones el progreso y desarrollo de las bibliotecas.

No es el bibliotecario un gremio al que se puede acusar en exceso de ensimismado: pero arrastra los vicios e inercias de una Administración que tan poco incentiva a los empleados públicos, y que se convierte en refugio para tanto mediocre cuya única vocación no es el servicio público a la cultura, sino el aburguesamiento laboral más inmovilista.

¿Qué dónde está la tensión no resuelta en este caso?: es la que se establece entre los que, siendo o no funcionarios, se apasionan por lo que hacen, creen en el poder transformador de la sociedad que pueden jugar las bibliotecas y, pese a las condiciones adversas en muchos casos, siguen adelante: y los bibliotecarios jurásicos (sea cual sea su edad) que tan solo esperan llegar tranquilamente a la jubilación. Como decíamos en Una verdad (bibliotecaria) incómoda para estos últimos: “ni un mísero responso por su desaparición”.

 

Tensión pectoral entre Sophia Loren y Jane Mansfield.

 

En cierto modo la última tensión bibliotecaria no resuelta enlaza con lo de los bibliotecarios jurásicos y los ¿airados? (por utilizar un término con reminiscencias literarias y cinematográficas). Se trata de la tensión hormonal bibliotecaria: (hay otras tipologías bajo esta denominación pero aquí y ahora nos centramos en esta): dícese de la tensión entre bibliotecario infantil y menor entre 9-10 años que era cliente fijo de la sección y que en su proceso hormonal para mutar en púber pre adolescente: es abducido por los videojuegos, las redes sociales y demás cantos de sirena tecnológicos.

Entre las decisiones bibliotecarias inmediatas de los próximos años es posible que sea ineludible el aceptar este “síndrome de nido vacío bibliotecario” para centrarse en los usuarios procedentes del baby boom de los 60 que van a ser mayoría en las sociedades occidentales. Un ejemplo a seguir en este sentido sería la Sala +60 que se ha inaugurado recientemente en la Biblioteca de Santiago de Chile: un espacio para atender a las necesidades de esta gran cantidad de población madura que se avecina. Algo de lo que ya hablábamos en el exitoso post La arruga es subversiva.

En cualquier caso, lo que parece que no perderá vigencia alguna será la tensión bibliotecaria no resuelta entre: la idea de la biblioteca como templo de la cultura y el concepto de biblioteca como supermercado de la cultura.

 

El ama de llaves de Rebeca (1940): tensión sexual no resuelta necrófila.

 

Y aquí cerramos el repaso a algunas de las tensiones bibliotecarias no resueltas. Por obvias hemos excluido las tensiones que, durante todo el año, pero especialmente a partir de primavera cargan de feromonas las salas de las bibliotecas. Esos paseos recurrentes entre las mesas en dirección a los baños o a las máquinas expendedoras de café, esas miradas furtivas entre subrayado y subrayado, ese otear entre estanterías encuadrando determinadas partes de anatomías ajenas. Pequeños gestos que unen a estudiantes, usuarios y bibliotecarios bajo los imperativos de la biología.

Esperemos que por el bien de la cultura, esta primavera y verano, muchas de estas tensiones se resuelvan satisfactoriamente para todos. La represión nunca trae nada bueno.

Y ¿quién mejor que Dita Von Teese para advertirnos de los peligros de no resolver las tensiones que nos colonizan el cerebro no dejándonos pensar más que en lo único? ¿Bibliotecarios reprimidos?, ¿dónde se ha visto eso?:

 

 

Lectura por grupos musculares

 

Todo va tan rápido que ignoramos las señales hasta que el choque es inevitable. Los cierres de bibliotecas en Reino Unido de los últimos años estaban creando el caldo de cultivo perfecto para el triunfo del brexit. ¿Qué otra cosa más que la cerrazón intelectual y reflexiva (independientemente de lo que se opine sobre la UE) se podía prever del debate público en un país que ha pasado de crear  instituciones como las bibliotecas públicas a cerrarlas a mansalva?

Y las señales, bueno no, las evidencias prosiguen día a día. La última: la amenaza de cierre de bibliotecas en el distrito sur de Londres, concretamente: de la biblioteca de Carnegie en Herne Hill y la de Minet en Myatt’s Fields. Según las autoridades municipales de Lambeth para reconvertirlas en gimnasios. Buena idea, así los hooligans tendrán más sitios donde ejercitarse, y cuando viajen de nuevo a Madrid por un partido de la Liga de Campeones; en lugar de tomarse un relaxing cup of coffee in the Plaza Mayor: humillarán con más brío a indigentes y camareros.

 

 

Aunque hay que ser justo. Activistas londinenses (nos gustaría pensar que de ese 48,1% que votaron contra el brexit) se han movilizado en la campaña Defend The Ten que persigue impedir a las autoridades esta reconversión gimnástica de las emblemáticas bibliotecas del barrio. Tienen argumentos en los que apoyarse: según las estadísticas de 2015 ambas bibliotecas mejoraron en número de visitas, nuevos socios, préstamos y colecciones.

La última acción de esta plataforma Defend The Ten ha sido rodear las citadas bibliotecas con las cinematográficas cintas policiales que señalan el escenario de un crimen. La mayoría, afortunadamente, sabemos de estas cintas por las películas y confiamos en no tener que verlas en la vida real; pero la protesta no puede resultar más elocuente. ¿A cuántos lugares no nos gustaría envolver con las fotogénicas cintas? Pero las autoridades municipales del distrito londinense tienen antecedentes en convertir bibliotecas en gimnasios a pocos kilómetros.

 

La biblioteca de Carnegie en Londres escenario del crimen.

 

En el más céntrico y también cinematográfico barrio de Notting Hill (aquel en donde un modesto librero enamoraba a una estrella de Hollywood): una orgullosa placa en los números 206-208 de la calle Kensington Park Road anuncia The library. Por el aspecto externo podría serlo, y una vez dentro sus salones y espacios dejan claro que allí hubo una biblioteca de verdad: pero la maquinaria que ahora ocupa el espacio del patio central evidencia que hace tiempo se transformó en un exclusivo centro deportivo.

 

The library, el gimnasio inteligente en Notting Hill.

 

Tanto la imaginería que utiliza este exclusivo club, como la terminología que aplica a sus diferentes servicios y actividades, explota el mundo bibliotecario. La pena es que una vez entras en secciones de su web con nombres tan prometedores como The reading room lo que te encuentras es una selección de revistas, artículos y capítulos de libros en PDF sobre alimentación, moda, o por supuesto, deporte.

Nada que objetar, salvo su falta de ambición. Si has creado un gimnasio que parece una biblioteca, si se autodefinen como “el gimnasio inteligente”: ¿por qué no recuperar, aunque sea un poco, el espíritu de la Academia griega?, ¿no resultaría mucho más innovador integrar la oferta propia de una biblioteca a las rutinas para mantenerse en forma?

 

Hugh Grant, que encarnaba al tímido librero en la romántica Notting Hill (1999), también encarnó a Lord Byron en la cinta de Gonzalo Suárez: Remando al viento (1988). El poeta romántico por excelencia fue un gran nadador que, entre otras hazañas, cruzó en una hora el estrecho de Dardanelos en Grecia.

 

Con estas conexiones deportivas-literarias ¿por qué no incluir junto a la preceptiva tabla de ejercicios equivalencias literarias-musicales-cinematográficas-comiqueras….? Cultura por grupos musculares. Si el cerebro es el que hace moverse a los músculos ¿por qué se le utiliza tan poco en los entrenamientos? Promovamos un desarrollo integral. Hasta la tecnología se pone de nuestra parte: las últimas innovaciones en el campo del deporte son fácilmente explotables para nuestros propósitos:

 

Los auriculares Sony Walkman NWWS413

 

Sony acaba de lanzar un walkman resistente al agua dulce o salada, con memoria interna de 4 GB y con una autonomía de 12 horas. En pleno boom de los audiolibros ¿no resultaría estimulante escuchar el microrrelato Natación de Virgilio Piñera mientras se siente el agua discurrir por nuestro cuerpo a cada brazada? ; en un deporte al aire libre ¿no se recuperarían las fuerzas al escuchar que: “la verdadera libertad consiste en el pleno dominio de uno mismo” u otras tantas reflexiones igual de energizantes de Montaigne?

 

El Apple Watch Nike: ¿cuándo van a lanzar un reloj inteligente que, además de los pasos o las calorías, contabilice lo que lees cada día?

 

Apple ha lanzado un reloj en colaboración con Nike para cuantificar tanto el ejercicio que haces como lo que comes o duermes. Este afán obsesivo por monitorizarse, por registrar hasta las intimidades de tu organismo de manera voluntaria: va allanando el camino para que, cuando la Inteligencia Artificial nos rodee por completo, aceptemos su dictadura sin resistencia. Pero puesto que es algo que parece irremediable: ¿por qué no incluir en esas mediciones lo que leemos, vemos y escuchamos?

El casco para ciclistas Coros LINX Smart Cycling Helmet.

El Coros LINX Smart Cycling Helmet, así con bien de palabrejas que le den empaque anglófilo, es un casco para ciclistas que no sabemos muy bien si se ajustará a los preceptos de la seguridad vial. El caso es que permite escuchar música y comunicarnos con manos libres.

Sentir como nuestra cara corta el viento a cada pedalada, mientras nos recitan las deliciosas anécdotas que Miguel Delibes reunió en su librito Mi querida bicicleta: puede que no nos lleve a vestir el maillot amarillo pero el placer del paseo se incrementará a cada kilómetro.

Pero volviendo al gimnasio. Si a Woody Allen al escuchar a Wagner le entraban ganas de invadir Polonia: ¿qué energías no insuflará el agarrar las mancuernas para hacer un press militar al ritmo de la obertura de Los maestros cantores de Nüremberg? Si Blake Edwards nos enseñó en 10, la mujer perfecta que el Bolero de Ravel servía para hacer el amor ¿cuántas calorías no se quemarían a su ritmo en la elíptica?

 

Nicki Minaj, todo elegancia y distinción promoviendo la estética del gimnasio como fábrica de clones a mayor gloria de Mediaset y medios afines.

 

¿Acaso la Primavera de Vivaldi, la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart o un vals de Strauss no se avienen mejor al cuerpo y al espíritu que el Black Flame Remix del Anaconda de Nicki Minaj para los sprints, escaladas y pedaleos suaves que exige el spinning? , ¿qué imprevistas conexiones neuronales se activarán al identificar el placer de la música clásica con la rutina de los ejercicios?

 

 

¿Qué relatos serán los idóneos para ejercitar glúteos y femorales? ¿y los más indicados para acompañar el peso libre en el press banca o en las sentadillas? ¿qué autores acompañarían mejor las superseries de peck deck? Se excluyen a Chuck Palahniuk o Murakami por demasiado obvios.

 

Al final al mirarse en el espejo para comprobar los resultados de tanto esfuerzo no se quedaría en un hueco acto narcisista; porque esos bíceps desarrollados serían la consecuencia tanto de las mancuernas como de los microrrelatos de Andrés Neuman; esa espalda musculosa no sería solo por las dominadas sino también por las reflexiones de Marco Aurelio; y esos abdominales bien definidos se habrían logrado al ritmo de la prosa de Ricardo Piglia. El equilibrio entre mente y cuerpo sería una realidad y ese bienestar que pregonan las revistas de tendencias algo más que un mero eslogan.

 

 

La malcasada de Luis Alberto de Cuenca

 

Me dices que Juan Luis no te comprende,

que sólo piensa en sus computadoras

y que no te hace caso por las noches.

Me dices que tus hijos no te sirven,

que sólo dan problemas, que se aburren

de todo y que estás harta de aguantarlos.

Me dices que tus padres están viejos,

que se han vuelto tacaños y egoístas

y ya no eres su reina como antes.

Me dices que has cumplido los cuarenta

y que no es fácil empezar de nuevo,

que los únicos hombres con que tratas

son colegas de Juan en IBM

y no te gustan los ejecutivos.

Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?

¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?

¿Que dé un golpe de estado libertario?

Te quise como un loco. No lo niego.

Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo

era una reluciente madrugada

que no quisiste compartir conmigo.

La nostalgia es un burdo pasatiempo.

Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,

píntate más, alisa tus arrugas

y ponte ropa sexy, no seas tonta,

que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,

y tus hijos se van a un campamento,

y tus padres se mueren.

Las bibliotecas son el nuevo rocanrol

 

En el álbum Periodo glaciar de Nicolas de Crécy tras una brutal glaciación la humanidad ha perdido toda memoria sobre cómo era la civilización de sus antepasados. Un grupo de arqueólogos e historiadores cruzan un desierto helado hasta encontrar un edificio prácticamente sepultado bajo el hielo. En dicho edificio les aguardan algunas de las mayores obras de arte de la historia que ellos sin referencias: intentan explicar según las teorías más peregrinas.

Desde la Gioconda a la Victoria de Samotracia, pasando por la Venus de Milo o La libertad guiando al pueblo: y es que el edificio en cuestión no es otro que el museo del Louvre. Algo que lógicamente estos habitantes del futuro desconocen por completo. Y como la realidad siempre imita a la ficción: precisamente acaba de anunciarse estos días que se pondrá en marcha el Archivo Mundial del Ártico. Un búnker subterráneo en un lugar del Ártico noruego en el que se almacenará la información de la humanidad: para que en caso de apocalipsis los futuros habitantes/visitantes sepan quienes fuimos.

 

 

Alessandro Baricco en su ensayo nos impelía a aceptar lo inevitable: el cambio de paradigma cultural. Pero no desde el desánimo sino desde la aceptación. Los jóvenes “bárbaros” siguen necesitando referentes.

Pero por el momento no hace falta proyectarse tan lejos: aquí y ahora, sin apocalipsis alguno de por medio (al menos mientras que a Trump o Kim Jong-un no se les vaya la pinza del todo): para muchos nativos digitales descifrar códigos culturales previos a la ‘glaciación’ de lo digital es tarea prácticamente imposible.

¿Vamos a empezar con otro rosario de quejas sobre el sistema educativo, la abulia de las nuevas generaciones o la decadencia de la cultura en nuestros días? Todo lo contrario en todo caso vamos a darles la razón, y no es por ir de enrollados (el propio uso de la palabra “enrollados” ya abre un abismo generacional más grande que el Cañón del Colorado) es porque: ¿quién es capaz de soportar sobre sus espaldas siglos de cultura y no sentirse aplastado? Tal vez por eso el nuevo orden cultural que se está instaurando parte de un reseteo que no se sabe dónde nos llevará.

En la magistral La peste de Camus el funcionario Joseph Grand aprovecha sus ratos libres para escribir la novela perfecta. Grand es ambicioso, quiere escribir una obra maestra absoluta en la que cada palabra encaje de tal manera que ningún lector sea capaz de imaginar elección más acertada. Grand quiere ser grande, tan grande como los idolatrados literatos a los que aspira a emular. ¿El resultado?: que no consigue pasar de la primera frase.

 

Lucía Joyce, la atormentada hija del genial autor del Ulises.

 

La terrible historia de Hildegart Rodríguez, el asfixiante peso de la herencia materna llevado al extremo.

¿Cuántos hijos de grandes figuras han vivido existencias miserables incapaces de escapar del ejemplo paralizante de sus progenitores? ¿cómo se reinventa el mundo cuando ya parece estar todo inventado? Pero hasta los más irreverentes saben, aunque sea de manera inconsciente, que necesitan referentes.

El instituto coruñés O Mosteirón (Sada) es uno de los centros que acogen al proyecto europeo CinEd, Gracias a este proyecto los adolescentes descubren el cine europeo a partir de una selección de títulos que incluyen filmes de cineastas  como Godard, Erice o Käurismaki.

Enfrentar a los jóvenes abducidos por los blockbusters frenéticos de Hollywood a la cadencia de las imágenes de clásicos como El espíritu de la colmena o Pierrot le fou: es todo un reto. Limpiarles la mirada para que sean capaces de reubicarse de manera crítica en relación con la cantidad ingente de imágenes que engullen cada día. Proyectos así son los que pueden crear más Europa que cien tratados de comercio juntos.

 

Discoteca silenciosa en la Powell Library (Universidad de California) en 2013: bailar al son de una misma música compartida a través de los auriculares. Es música disco (el anatema del rock) pero es que aquí huimos de lo purista.

 

Ahora solo falta que se pongan en marcha programas similares que recuperen/integren la música, la filosofía, el cine, las artes plásticas, el cómic, la televisión (¿acaso no hay que desarrollar su espíritu crítico hacia lo que les es más inmediato?). Y mientras eso llega: ¿qué están haciendo las bibliotecas?

La mayoría de bibliotecas distinguen entre zonas infantiles/juveniles (de bebés a 14 años) y a partir de ahí zonas adultas. Pero esas segmentaciones de su oferta puede que estén más cuestionadas que nunca. Un reciente artículo de El País sostenía que los niños sí leen, al menos hasta los 13 años. Y ¿después? ¿es necesario caer enamorados de la moda juvenil, de los chicos, de las chicas, de los maniquís…?  El eterno reto bibliotecario que los tiempos están haciendo más perentorio que nunca.

 

Las adaptaciones a formato manga de grandes obras del pensamiento y la literatura de la editorial Herder.

 

Plataformas como eFilm permiten programar ciclos como los que TVE emitía hace décadas y que ayudaron a la formación cinéfila de tantos y tantos telespectadores. Y no solo cine, al incluir documentales, obras de teatro, series, conciertos, programas de televisión, etc… será posible seleccionar contenidos para diseñar acciones formativas desde las bibliotecas.

El libro Los nativos digitales no existen: cómo educar a tus hijos para un mundo digital ha puesto sobre el teclado la orfandad digital en la que viven los jóvenes pese a estar todo el día conectados. Si la educación sexual no se delega en la pornografía: ¿por qué para algo tan trascendental en sus vidas como es la tecnología no se planifica su aprendizaje?

En las bibliotecas escocesas se han puesto en funcionamiento hace poco los Clubes de Código: unos talleres para que niños y jóvenes a partir de los nueve años aprendan a programar y manejarse con las nuevas tecnologías.

 

 

Las bibliotecas no pueden, ni deben, asumir los objetivos de un centro educativo: pero sí que pueden aprovechar esos déficits a su favor. Si entre los mandamientos del Manifiesto de la UNESCO se incluía promover la autoeducación: los tiempos lo están poniendo aún más fácil. Y esto implica, en nuestros días, el hacer liviano ese peso de la herencia cultural que recae sobre los hombros de las nuevas generaciones.

¿La cultura tipo Reader’s Digest como nuevo canon bibliotecario? No nos pongamos apocalípticos. Más bien un concepto de cultura tan abierto, plural, desprejuiciado, permeable, contaminado y mutante como el que exigen unas generaciones que, como todas, lo único que pretenden es encontrar un discurso que hacer suyo.

Memoria de grandes mujeres bibliotecarias

 

La American Library Association (ALA) lleva cinco años recopilando historias para una iniciativa que nos encanta: “Las mujeres en la historia de las bibliotecas”, una convocatoria pública para recuperar la historia de mujeres que han hecho una contribución importante y duradera a la biblioteconomía o a la biblioteca del barrio o de la ciudad, sean o no sean bibliotecarias. Las historias enviadas son publicadas -una cada día- durante el mes de marzo en la página de Women of Library History y si reciben suficientes como para alargar la iniciativa la extienden al resto del año. Para el Grupo de Trabajo Feminista de la ALA se trata de “subrayar legados que hoy podemos seguir disfrutando y compartir con los usuarios una parte de la historia de las bibliotecas”. Es la contribución de estas mujeres a sus comunidades a través de las bibliotecas.

La convocatoria da algunas pistas por las que guiarse a la hora de participar:

  • ¿alguna profesional ha cambiado tu perspectiva en el trabajo o te ha ayudado a mejorar?
  • ¿trabajas o eres usuario de una biblioteca que lleva un nombre de mujer?: ¡descubre quién era!
  • también se aceptan enlaces a publicaciones en Internet sobre mujeres que desarrollen o hayan desarrollado su trabajo o actividades dentro del ámbito bibliotecario.

Mujeresbibliotecarias_bibliobus

 

Hemos indagado aquí y allá un poco y no hemos encontrado en España una iniciativa similar. Por eso, y porque nos ha gustado mucho, hemos pensado hacer un poco de campaña para ver si alguien recoge el guante y se lanza a impulsarla. Preguntando en Twitter, @biblioSalvia nos decía que podrían lanzarse a ello desde facultades de Biblioteconomía, la Biblioteca Nacional o grupos de trabajo en colegios oficiales de bibliotecarios y documentalistas. ¿Quién se anima?

Por ahora, y para celebrar el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, vamos a hacer nuestra pequeña contribución recordando a dos mujeres que han hecho historia en las bibliotecas españolas, empezando por la pionera, “la Eva bibliotecaria”, como la llamaban en un artículo de la BNE: Ángela García Rives.

La pionera

Mueresbiblioteca_AngelaGarciaRivesAunque en el mundo anglosajón, las primeras bibliotecarias aparecen en la segunda mitad del siglo XIX, en el área mediterránea hubo que esperar hasta las primeras décadas del siglo XX para ver mujeres trabajando en bibliotecas. En España, Ángela García Rives fue en 1913 la primera mujer que aprobó una oposición para oficiales de tercer grado del cuerpo facultativo de Archiveros, bibliotecarios y Arqueólogos. Le venía de casta: su padre fue bibliotecario del Senado, y en la familia le dieron una educación digna de las señoritas “emancipadas” de la época: piano y estudios de maestra en la Escuela Normal de Madrid. No contenta con eso, gracias a la disposición por la que en 1910 se permitió el acceso de las mujeres a la universidad, pudo matricularse en Filosofía y Letras en la Universidad Central. Dos años después se licenciaba en Historia con Premio Extraordinario, y un año más tarde es cuando aprueba la oposición. Ya como bibliotecaria, pasó por Gijón, el Ministerio de Instrucción Pública y el Archivo General Central de Alcalá de Henares, antes de recalara en la Biblioteca Nacional. Allí se quedaría 46 años, hasta su jubilación.

Cuando ya estaba a punto de retirarse a principios de los años 60, sus compañeras bibliotecarias la recordaban como una persona menuda, con un físico frágil, muy educada y correcta, muy respetada… y muy conservadora. De hecho, nunca tuvo el más mínimo encontronazo con la dictadura franquista, a diferencia de otras bibliotecarias que fueron depuradas. Ese carácter conservador también se nota en un artículo suyo publicado en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos en 1923: en él proponía normas sobre las obras que no debían servirse al público por su obscenidad, en cumplimiento del Reglamento de las Bibliotecas Públicas del Estado de 1901.Pero sobre todo, destacó su trabajo como jefa de Sección de Catalogación en la BNE, y su papel en la redacción de las reglas y sus clases en la Escuela de la Biblioteca.

 

 

Angelita, como la llamaban (cosas del sexismo de la época) cuando estaba a punto de jubilarse, también sobresalió por su aplicación al estudio. Se doctoró en 1917 con una tesis sobre Fernando VI y Doña Bárbara de Braganza. Estos comentarios sobre su tesis citados en este artículo son impagables para hacernos una idea de la visión que se tenía por aquel entonces de las mujeres en los ámbitos académicos: “escribe con impecable corrección, estilo sencillo y sobrio […] Ningún rasgo femenino -o que pase por tal- hallamos en la composición o el tono de la obra. Esta es serena, objetiva, ‘asexual’, podríamos decir. Igual que por pluma de mujer pudo ser escrita por pluma de varón. Revela ello un espíritu firme, disciplinado por el estudio”.

 

La bibliotecaria de Guadalajara

En julio de 2013, un grupo heterogéneo de bibliotecarios, escritores, libreros y otros ciudadanos se reunía en la Plaza Mayor de Guadalajara para iniciar un desfile a ritmo de dulzaina y tambor hasta la Biblioteca Pública, en la plaza Dávalos. Se dirigían a rendir homenaje, serenata bajo el balcón incluida, a Blanca Calvo, la mujer que en tres décadas al frente de la biblioteca la había convertido en una de las instituciones más respetadas de la ciudad, y una de las bibliotecas de referencia en España. Un mes después, Blanca Calvo se jubilaba, y sus amigos querían agradecerle su trabajo, cantando, comiendo y regalándole flores. Le dijeron que había hecho de la biblioteca “nuestra casa ideal”.

Mujeresbibliotecarias_BlancaCalvoComo nos contó en una entrevista a la revista Infobibliotecas, cuando Blanca Calvo llegó a Guadalajara en 1981 tras aprobar las oposiciones al Cuerpo de Bibliotecas del Estado, se encontró con una biblioteca pequeña y oscura, con un horario muy reducido. También venía de familia con oficio en la materia: su madre fue la directora de la Biblioteca de la Universidad de Valladolid, y a ella de pequeña le gustaba jugar a sellar libros. Cuando estudiaba filosofía y Letras no quería seguir los pasos de su madre, pero solo dos meses después de terminada la carrera, sin saber qué hacer, vio la convocatoria de las oposiciones y decidió probar. La ayuda que recibió de su madre en la preparación le hizo darse cuenta de la vocación de servicio público que tenía.

Junto a sus compañeros, Blanca Calvo hizo que en poco más de 30 años la Biblioteca de Guadalajara pasara de ser una institución del siglo XIX a una del siglo XXI: un centro dinámico, con una buena dosis de participación ciudadana, 40.000 socios (la mitad de la población de la ciudad), muy activo en llegar a colectivos que no pisaban antes una biblioteca, y pionero en actividades como los clubes de lectura. Hasta consiguió un récord Guinness al impulsar como alcaldesa de la ciudad en 1992 un maratón de cuanta cuentos que duró 24 horas y media. Quería visibilizar a los libreros de la ciudad y animar a la gente a leer. Como nos contaba en la entrevista, para ella la biblioteca es una patria y el principal cometido del bibliotecario es “divulgar y sacar el máximo rendimiento al patrimonio cultural” de la institución.

Y hasta aquí nuestra pequeña contribución a las historias de bibliotecarias que han hecho historia. ¿Nos ayudáis a hacer campaña para que el año próximo una iniciativa como la de la ALA sea realidad en España?

En 2015 se celebró en el Palau Robert de Barcelona la exposición: “BiblioTec. Cien años de estudio y de profesión bibliotecaria”, en la que se realizaba un estupendo recorrido cronológico desde la creación de la Escuela Superior de Bibliotecarias de Barcelona y la primera Red de Bibliotecas Populares de España. El vídeo de la exposición resultaba de lo más ilustrativo:

Estadística creativa para bibliotecarios soñadores

 

Como cada año el informe de la Federación del Gremio de Editores sobre la lectura en nuestro país ha sido noticia. Una vez más los porcentajes estadísticos que proporciona han dando pie a titulares y análisis que van camino de convertirse en toda una tradición, algo así como las crónicas que cada 22 de diciembre se emiten sobre los ganadores de la lotería (pero a la inversa, donde allí hay alegría, aquí siempre hay decepción). Pero ya sabemos por los políticos que a las estadísticas se las hace decir lo que uno quiere; así que no vamos a darle más vueltas al asunto, bastante se ha hablado ya. Es preferible fijarse, cual manual de autoayuda, en historias ejemplarizantes que nos eviten cualquier asomo de abatimiento bibliotecario.

 

 

La magia de los números en esta calculadora japonesa de 1962.

Porque seamos sinceros, ¿qué bibliotecario en un momento de debilidad, o mejor, de duda: no ha pensado en dejarse llevar por la creatividad al rellenar los formularios de Alzira del Ministerio?, ¿quién ante el insondable misterio de toparse con que el número de ejemplares difiere según la búsqueda en el programa se haga de una forma u otra: no ha optado por quedarse con la cifra que mejor le cuadra con el resto?

Que tire el primer tejuelo aquel o aquella (y lo sentimos pero esto no es lenguaje inclusivo, es simplemente un redoble de tambor para dar más peso a lo que sigue): que no ha tirado por lo alto o por lo bajo en: número de usuarios-actividades-ejemplares-servicios… cuando le ha interesado para engatusar al político de turno, o dar lustre en los medios a su biblioteca.

Por eso empatizamos en el delito con el responsable de la Biblioteca del Condado de East Lake (Florida), George Dore, y su auxiliar de biblioteca, Scott Amey. Porque en Infobibliotecas nada de lo bibliotecario no es ajeno.

 

Se acerca uno de los momentos del año “favoritos” para muchos bibliotecarios: hacer las estadísticas y rellenar el formulario de Alzira del Ministerio.

 

Chuck Finley, así se llamaba el usuario tan, tan asiduo de la Biblioteca de East Lake que él solo se había prestado un total de 2361 libros en poco más de nueve meses. Si Agatha Christie leía unos 200 libros anuales, Theodore Roosevelt uno al día, y la bibliotecaria Harriet Klausner unos 6 al día (“Si un libro no me interesa cuando llego a la página 50, dejo de leerlo” arguyó para defenderse de los incrédulos) según relataba un artículo de BBC Mundo: Finley debería figurar en alguna categoría del Libro Guinness. La única pega es que el tal Finley nunca ha existido, al menos físicamente como usuario de la Biblioteca de East Lake. Pero todos sus datos, incluido su nutrido historial de préstamos, constaban en la base de datos de la biblioteca hasta hace bien poco.

En la red de bibliotecas del Condado de Lake, se distribuyen los fondos atendiendo a la demanda; de tal modo, que si pasado un determinado periodo algún título no alcanza los préstamos necesarios se retira de la circulación. Un criterio salomónico que no distingue entre best seller del momento y clásicos literarios.

 

En El invisible Harvey (1950) James Stewart interpreta a un hombre encantador, siempre dispuesto a ayudar a los demás. Su única peculiaridad es que siempre va a acompañado de un conejo gigante que sólo él es capaz de ver. Su familia decide ingresarlo en un psiquiátrico. 

 

El Chuck Finley real, estrella del béisbol desde 1986 a 2002. 

Tanto para George Dore, como responsable de la citada biblioteca, como para su auxiliar Scott: este expurgo implacablemente estadístico les suponía un suplicio. Y cual doctores Frankenstein decidieron crear al usuario de biblioteca ideal. Un voraz lector cuya compulsión permitía salvar a muchas de las obras en las que nadie reparaba. Que su nombre, Chuck Finley, coincidiera con el de un jugador de béisbol jubilado que durante 17 años desarrolló su carrera en la liga mayor: fue algo completamente accidental (o no).

Pero este celo bibliotecario desmedido no ha servido de atenuante para el despido del bibliotecario. La investigación que ha originado, como tanto gusta decir a determinados políticos: puso en marcha la máquina del fango y salpicó a toda la red. Dore arguyó en su defensa que otras bibliotecas de la red también tenían carnés institucionales o “dummies” (tontos) para “salir favorecidas” en las estadísticas. Toda una intriga bibliotecaria que en manos de un guionista talentoso podría convertirse en película hollywoodense.

 

Theodosia Burr Goodman reinventada como la fascinante Theda Bara.

 

Theda Bara como Cleopatra

Y también en el este de los Estados Unidos, pero en 1914: Theodosia Burr Goodman dejó atrás su ciudad natal para inventarse una identidad, o mejor dicho, para dejar que se la inventasen. Pese a que ya había cumplido los 30, una edad peligrosa para una aspirante a estrella: un estudio de la meca del cine la reinventó para fascinar al público.

De repente, Theodosia pasó a llamarse Theda Bara, dejó de ser la hija de un comerciante judío de Cincinnati para ser la hija de una concubina egipcia y de un artista francés, nacida en el Sáhara, y sacerdotisa de oscuros rituales del Oriente.

Ella fue la primera vamp, la primera estrella prefabricada, la mujer fatal que venía a distraer las mentes de las macabras estadísticas de bajas en el frente que llegaban de un mundo sumido en la Primera Guerra Mundial. Con biografías tan encantadoras, ¿a quién le importaba la verdad?

Theda evoca un tiempo de cartón piedra, de mentiras inocentes que se hacen verdades aceptadas con las que poder fantasear. Eran tiempos convulsos, como el nuestro, pero Theda hoy sólo sería una sex symbol en países pobres, aquí en el primer mundo, su exuberancia carnosa sería un insulto. La capacidad de fabulación nos ha adelgazado, casi tanto como las modelos de pasarela. Y mientras tanto, los egos engordan y engordan con las grasas saturadas de las redes sociales.

 

El lugar de los hechos: la humilde biblioteca de East Lake.

 

Ante este panorama, ¿quién puede reprocharle a George y Scott que hayan ideado al usuario de biblioteca perfecto? Cuidado que nadie nos vaya a acusar de incitar al “maquillaje estadístico”. Simplemente es que en un mundo en el que triunfa la posverdad (aquí mismo acuñamos la posverdad bibliotecaria hace poco), en una época en que el fingimiento ha alcanzado el paroxismo, entre tanta mentira dañina: algo de inocencia, o al menos de ilusión (por aquello de no bajar la guardia) se está haciendo tan necesaria como una conexión wifi.

Por eso, desde aquí eximimos de toda culpa a esos dos pícaros estadísticos, a estos fabuladores que hicieron que los índices de lectura de su modesta biblioteca llegasen a la cuarta base gracias a Chuck. Todos necesitamos soñar, lo está dejando claro el éxito arrollador de una película como La, la, land (La ciudad de las estrellas): un musical que remite a ese Hollywood ingenuo y feliz que arrancaba con Theda. En definitiva, lo que han hecho George y Scott, no ha sido otra cosa que ponerle algo de música a las frías y asépticas estadísticas de bibliotecas.

 

La, la, land (La ciudad de los sueños) arrasando entre crítica y público por ofrecer una historia romántica y sencilla en medio de una época cínica.

 

En el último número de la revista Infobibliotecas, Mariate Alonso le ha puesto música a este invierno reuniendo algunas de las canciones que se han dedicado al mundo de las bibliotecas; y nuestro compañero Héctor Fouce (que tan excelentes maridajes crea, en cada número, entre libros, música o películas) las ha seleccionado en una lista de reproducción de Spotify que se puede disfrutar pinchando aquí. Es lo propio, concluir con música la crónica de un fraude que resulta de lo más cándido visto el panorama.

Si La, la, Land ha llegado de Hollywood para mitigar las oscuras nubes que se ciernen sobre el 2017: hace dos años el grupo Verkeren insuflaba alegría en vena con su tema Laberinto. Pura inocencia y optimismo naíf para unas coreografías bibliotecarias, tal vez menos cool que las de Ryan Gosling y Emma Stone, pero más asequibles para bibliotecarios soñadores.

 

Lara Croft se hace feminista en la biblioteca

La industria del videojuego supera ya a la industria del cine como productora de contenidos para la evasión y el entretenimiento. Su desarrollo durante las últimas décadas está siendo vertiginoso; y como dejaba claro nuestra compañera Carmen Rodríguez García, hace ahora precisamente un año en este blog: las bibliotecas no pueden quedar atrás en incorporarlos como parte consustancial de su oferta.

rosielogoEs posible que para quienes aún estén anclados en la idea de que en una biblioteca debe primar el fomento de la lectura, y no de la cultura en general; aún les lleve un tiempo aceptarlos de manera decidida. Para esos profesionales (y usuarios de bibliotecas, que en ocasiones son mucho más conservadores que los bibliotecarios más jurásicos), tal vez declaraciones como las que hizo Hidetaka Miyazaki, uno de los más importantes diseñadores de videojuegos, en el semanario de El País hace unos meses, les sirvan para relajar un poco las suspicacias:

“No me intereso mucho por lo que hacen los demás diseñadores. No me gusta basarme ni en videojuegos ni en películas. La inspiración para crear mis mundos siempre viene de los libros. De un esfuerzo de imaginación”.
“Me encantaba leer libros que aún no podía comprender del todo. Las partes que no entendía porque era demasiado joven me obligaban a usar mi imaginación para rellenar esos huecos y crear mi propia versión de lo que había leído. Es lo que sigo haciendo ahora”

 

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El videojuego L.A. Noire, inspirado en la literatura y cine negro. Su lanzamiento vino acompañado de la publicación de relatos, en formato ebook, inspirados en el juego; y escritos por grandes firmas como Joyce Carol Oates o Lawrence Block.

 

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Una buena obra de referencia para empezar a crear la sección de videojuegos en la biblioteca

Por otro lado, existen juegos como el Wizards101 que incitan a la lectura, pero sobre todo a la escritura. Proponen a los jugadores que vayan ampliando el universo del juego, escribiendo historias sobre los personajes, que luego se premian en concursos convocados a tal fin. También hay propuestas como las de la editora de textos digitales Readership, que ha recurrido al juego Minecraft, para promocionar sus obras.

Readership más que una editorial, es un portal al que los aspirantes a escritores publican extractos de sus obras, para que sea su público potencial el que vote, y así según la expectación, finalmente se publique la obra completa o no. Y Readership para hacer más atractiva la propuesta, recrea el universo que describen las obras presentadas a examen mediante el videojuego Minecraft.

Cuando hasta el Pac Man ya forma parte del catálogo del MoMa; en webs como 8-Bit Philosophy, Super Mario Bros puede ayudarte a comprender mejor las teorías de Nietzsche o Descartes; y hasta las autoridades educativas andaluzas, están detrás de desarrollar un videojuego sobre Blas Infante: está claro que ignorar el potencial de los videojuegos es casi suicida para una biblioteca del siglo XXI. En el post antes citado de Carmen Rodríguez, se recomendaban algunas direcciones interesantes para mantenerse al día, pero por añadir una más: la escritora chilena Paula Rivera Donoso, lleva un tiempo haciendo un seguimiento del mundo de los videojuegos, desde la perspectiva de la narrativa, y sus conexiones con la lectura, al que merece la pena echarle un vistazo.

 

 

El videojuego como instrumento educativo y pedagógico está conociendo cada vez un mayor desarrollo. Wonder Quest, es un desarrollo didáctico para niños de primaria que se basa en el juego Minecraft. En el siguiente vídeo de presentación, uno de los diseñadores advierte que lo que mola de Minecraft a los niños es su naturaleza destructiva. Antes de que padres y docentes puedan echarse las manos a la cabeza, rápidamente lo aclara al decir que es la capacidad de los niños para hacer y deshacer según su criterio. Pero lo cierto es que está bien dicho: la capacidad de destruir y construir es lo que más puede fascinar a los niños (y a los adultos, para qué nos vamos a engañar), y los videojuegos pueden ser una manera más para desarrollarla de manera creativa.

 

 

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El psiquiatra Fredric Wertham planteando sus teorías sobre la peligrosidad d los cómics en los años 50

En la década de los 50, el psiquiatra estadounidense Fredric Wertham lanzó su ensayo La seducción de los inocentes, en la que abominaba de los cómics por corromper las mentes juveniles, y llevarlos a la delincuencia.

El videojuego como nuevo medio de entretenimiento popular, no iba a escapar a ese debate. Como el cómic, el cine, la televisión, o el anime, es tan susceptible como cualquier otro medio para la exacerbación de la violencia y de discursos sensacionalistas, que calan con más facilidad en mentes aún por formar.

En este sentido, el impactante vídeo que el dúo de realizadores audiovisuales Metaforice, hicieron para este tema de Is Tropical, no podía resultar más ilustrativo. Un Señor de las moscas 3.0 que inquieta y nos interpela al mismo tiempo:

 

 

Y puestos a estereotipar, no sólo de sangre, disparos y desmembramientos varios, vive el aficionado al videojuego; también de machismo. Algo se debe haber hecho mal cuando comportamientos, ideas y actitudes trogloditas siguen dándose entre las nuevas generaciones. Pueden tener los mejores gráficos que un diseñador de videojuegos pueda desarrollar, una trama absorbente, efectos 3D y mil avances tecnológicos que hagan estremecer al gamer más experimentado;  pero cuando se habla de mujeres, lo más importante es que luzcan explosivas, y no tengan protagonismo fuera de la fantasía más pajillera.

Que discursos de este tipo se sigan dando a estas alturas, resulta más aburrido que tener una consola de última generación y sólo saber jugar al Pac Man. Pero lamentablemente para los gamers más tarugos, las cosas están cambiando. Aficiones que durante décadas parecían exclusivamente masculinas (el cómic, los juegos de rol, los videojuegos) están llamando a gran número de chicas que se acercan sin prejuicios, y ante actitudes tan retrógradas, en vez de callarse se deciden a actuar.

 

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No es sólo desde los videojuegos indies, que están abriendo otros frentes creativos, mucho más estimulantes para los gamers menos esclerotizados. Cada vez más voces están sonando en contra de esa cavernícola concepción del mundo del videojuego, que tan amuermante resulta.

Hace unas semanas, en la revista digital Yorokobu, dedicaban un artículo a la iniciativa de la periodista especializada en videojuegos, Marina Amores, para combatir las actitudes machistas en los videojuegos. A fregar, es el nombre que Marina ha puesto al espacio en Tumblr que ha abierto para recopilar actitudes sexistas entre los gamers. Marina también está detrás de dos de los documentales disponibles en Youtube, que clarifican mucho la cuestión: Mujeres+Videojuegos y Hombres+Videojuegos. Las iniciativas de Marina vienen a sumarse a experiencias similares, como la que se relataba en la web especializada Xataka, en la que Laura Gómez contaba sus experiencias en Una semana jugando online siendo mujer.

 

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Barbie, programadora de videojuegos. Si hasta Barbie combate el sexismo en los videojuegos, ya están tardando las bibliotecas en hacer otro tanto.

 

Y ¿cuál es el mejor lugar para que el videojuego siga creciendo como una alternativa de ocio y creación; y a la vez, combatiendo tanto anacronismo? No hay mucho suspense en la respuesta. Algunas bibliotecas en nuestro país ya apuestan decididamente por ellos. En este sentido, merece la pena destacar el Rincón del videojuego, que forma parte de la Biblioteca de creación, en el centro cultural Tabakalera de San Sebastián. En dicha unidad, se está realizando una labor de catalogación y tratamiento de los videojuegos, que ya es un referente al que imitar a la hora de plantearse algo parecido en otras bibliotecas.

 

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Mad Max. Furia en la carretera, o cómo actualizar/mejorar un clásico testosterónico a través del feminismo. El 2015  fue un buen año para el feminismo geek, según la revista Yume

 

Y es que no hay ninguna necesidad de que inventen un James Bond femenino; pero tristemente, sí que parece que sigue siendo necesario reivindicar a una Lara Croft sexy y feminista a la vez; sin que ello tenga que provocar ningún cortocircuito neuronal entre tanto machito que confunde el mando de su consola con otra cosa.

Para cerrar, qué mejor que unas chicas picantes. En una campaña que aspira a concienciar a los líderes mundiales que se reunirán en la Cumbre de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en septiembre;  han tenido la genial idea de hacer un remake del famoso vídeo Wannabe de las Spice Girls, que rápidamente se ha hecho viral. Geri, Melani, Victoria o Emma son sustituidas por mujeres artistas de diversos países, que desde diversas localizaciones, lanzan poderosos mensajes dando vida realmente a aquella etiqueta del girl power, que la mercadotecnia de los 90 utilizó para lanzar a las originales.

 

Biblioteca yé-yé (o de lo typical spanish en bibliotecas)

Volver la vista atrás es bueno a veces, uhh uhhh” que cantaba Karina allá por los 60. Y de eso va este post, de volver la vista atrás pero sin un ápice de nostalgia. Fue en esa década, la de los 60 del pasado siglo, en la que la irrupción de la cultura anglosajona, vía música, cine, cómics y moda; se hizo tan patente que ya nada volvió a ser igual.

Yé-yé, aún siendo una corriente musical pop que nació en Francia, para extenderse por ye-ye-cover4Italia, España, Alemania e incluso Argentina; fue un término que triunfó más allá de la música, al menos en nuestro país, para calar en el vocabulario de la calle para referirse a algo más amplio. Lo yé-yé fue la manera de desactivar la lascivia de la lengua de los Rolling Stones, de domesticar a los melenudos que surgían por doquier imitando a The Beatles, de infantilizar cualquier mensaje subversivo que pudieran transportar de estraperlo el rock y el pop que, desde el mundo anglosajón, estaban ganándole terreno a las folclóricas.

 

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Sara Montiel y Naranjito dentro del universo pop de Antonio de Felipe

 

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El libro de Carles Gámez repasando los años yé-yé o cuando España hizo pop

Nada mejor que la pizpireta Conchita Velasco, que también quiso ser beatnik (pero no prosperó, quizás porque lo de beatnik era demasiado, para la falta de paladar inglés de los españoles), pero que triunfó a lo grande siendo chica yé-yé: para representar esa juventud inofensiva que españolizaba cualquier contaminación foránea para tranquilidad del régimen.

El carácter contestatario de los cantautores de los 70, mirándose en el reflejo de los franceses; ya supuso un cambio. Pero habría que esperar a los 80, y su famosa Movida, para que la importación de cultura pop anglosajona se españolizase para bien, sin afán de desactivar la provocación, sino todo lo contrario.

 

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Cinema pop, cuadros de Ricardo Sendra

 

De este modo, Miguel Mihura, Jardiel Poncela, Luis García Berlanga, Lola Flores o Sara Montiel se revolvieron con Siouxsie and the Banshees o Los Ramones entre mil referencias más para el cóctel de Alaska y los Pegamoides (y aprendida la lección, tomaron carrerilla, y así a Fangoria se les encuentran no pocas semejanzas con los Pet Shop Boys); similares referencias sumando a Buñuel se confundían con John Waters, John Cassavetes o Andy Warhol en el caso del cine almodovariano; y los toros con la España más castiza se entremezclaban con The Clash, Sex Pistols o The Cure para Gabinete Caligari. Un “totum revolutum” con mucho estilo, y sobre todo, toneladas de actitud con que disimular las carencias.

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Portada del disco Made in Spain de Miguel Bosé, diseñado por Andy Warhol

Por no hablar de otras figuras, que se “inspiraron” con mayor o menor vergüenza torera en figuras foráneas: Mari Trini como la Juliette Grecó española, Miguel Bosé como el Bowie torero, Marta Sánchez como la Madonna mojigata, o la mejor de todas, la simpar Lola Flores proclamándose ya en el ocaso de su carrera, como la Tina Turner gitana cantando rap (¡Ay Alvariño! ponme la mano aquí, que la diño)

 

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Lola Flores bañándose desnuda en la piscina, en un cuadro de la pareja de pintores de los años 80: Costus

 

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La estupenda película de Pablo Berger: Torremolinos 73, un retrato agridulce del desarrollismo español

Pero dado que este blog habla de bibliotecas cabría preguntarse como el Plácido de Berlanga: ¿qué hay de lo mío? En el mundo de las bibliotecas el influjo anglosajón fue y sigue siendo fundamental. Pero, ¿hay algo con denominación de origen española, algo que podamos reconocer como propiamente autóctono?, o adaptándolo a términos más propios del desarrollismo y las suecas en Benidorm: ¿hay algo typical spanish en el mundo de las bibliotecas públicas?

Pretender responder sesudamente a esa pregunta excede de lo que se puede hacer en este blog, pero ahí queda el desafío para quien quiera recogerlo, y llevar a cabo algún trabajo de mayor calado académico. Aquí de momento, nos centramos en un clásico como es la Historia de las bibliotecas de Hipólito Escolar (1987), que releemos rastreando esa huella autóctona en el pasado, que nos descubra otro enfoque desde el que mirar nuestro presente.

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Fray Martín Sarmiento, el benedictino que abogó por la creación de un plan de bibliotecas para todo el país en el siglo XVIII

En el siglo XVIII, tanto en Inglaterra y sus colonias americanas, como en nuestro país; fueron dos religiosos los que sacudieron el mundo bibliotecario. El reverendo Thomas Bray creando las bibliotecas parroquiales, cuya intención era la formación de párrocos, pero que terminaron extendiendo su uso al resto de habitantes de las colonias inglesas.

Y en nuestro país, el benedictino fray Martín Sarmiento, instigador de un prematuro plan de bibliotecas para todo el país, que en una carta dirigida al bibliotecario Juan de Iriarte se lamentaba:

“es cosa vergonzosa que algunos lugares populosos tengan teatro público para comedias, plaza formada para corridas de toros, casas públicas de todo género de juegos y aun sitios públicos en que se ejercite la ociosidad, y no haya alguna casa pública en que se ejercite la racionalidad y la juventud”

 

(c) The Collection: Art & Archaeology in Lincolnshire (Usher Gallery); Supplied by The Public Catalogue Foundation

El coronel y político conservador Charles Sibthorp, sin duda de vivir en nuestros días, habría sido firme partidario del Brexit.

Pero es el siglo XIX el que ve surgir las bibliotecas públicas en los Estados Unidos e Inglaterra. La Revolución industrial requiere mayor formación, y emerge la burguesía como clase social que aspira a la cultura que hasta entonces poseían la aristocracia y la Iglesia. No fue un camino fácil, el del acceso de las clases populares a la alfabetización; figuras como la del coronel Charles Sibthorp ya sostenían que a la gente, más que bibliotecas se le hacía feliz con el juego del tejo, el peón o el fútbol…De poder leer la mente de más de un político de nuestros días, veríamos hasta qué punto las palabras del coronel siguen vigentes.

Pero el primer rasgo de originalidad, o de desmarque autóctono frente a la corriente mayoritaria, habría que cifrarlo en la procedencia de gran parte de los fondos de las bibliotecas públicas en nuestro país. Mientras que en el área anglosajona fue la Iglesia la que estuvo presente en el germen de lo que serían las bibliotecas públicas; en nuestro país, fue la incautación de los bienes de la Iglesia con la desamortización de Mendizábal, lo que favoreció precisamente la creación de bibliotecas abiertas al pueblo.

La revolución de 1868 que destronó a Isabel II terminó de dar el empujón definitivo, se impulsó la creación de bibliotecas populares en cada distrito universitario; poniendo a maestros al frente. Pero claro, aquí también entró el en juego el oportunismo de los políticos de turno, que solicitaban bibliotecas en sus distritos por motivos electoralistas, para después dejarlas abandonadas, e incluso con las cajas de libros sin abrir. ¿No sigue sonando todo demasiado actual?

 

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Franco inaugurando el primer bibliobús en 1953

 

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Carmen Polo, alias la collares, en versión de Costus

Pero es en el siglo XX, en el que podemos encontrar rasgos propios de ingenio bibliotecario genuinamente español ( a ser posible, por edad, léase esto último con el tono ampuloso y enfático del locutor del NODO)

Más allá del Reglamento para el régimen y servicio de las bibliotecas públicas del Estado de 1901 (que Escolar califica como el empeño legislativo más ambicioso en estos asuntos); de las Instrucciones para la redacción de catálogos de 1902; o de los enormes avances que durante la II República aportaron las Misiones Pedagógicas, habrá que esperar a que termine la Guerra civil para encontrar algo original en la piel de toro bibliotecaria cañí:

  • la aparición de las casas de la cultura, que surgen a raíz del éxito de la Biblioteca Francisco Villaespesa de Almería fundada en 1947, y que resultó ser un buen modelo para una biblioteca pública. En palabras de Escolar:

“las casas de la cultura trataron de modernizar los servicios bibliotecarios […] ampliaron la acción del libro mediante la organización de actividades culturales (exposiciones, conciertos, audiciones grabadas, proyecciones cinematográficas, representaciones teatrales, recitales, cursos y conferencias) que servían, también, para atraer a la lectura a sectores más amplios de la población, al mismo tiempo que se brindaba un local social y de reunión”

 

  • la Biblioteca de Iniciación Cultural creada en los años 50, consistía en enviar lotes de libros por correo a unos 9000 centros, principalmente escuelas rurales y de suburbios de grandes poblaciones. Llegó a enviar unos 10 millones de libros por correo en 12 años de funcionamiento; y murieron de éxito, ya que desvelaron la necesidad de crear bibliotecas escolares. Un asunto, el de las bibliotecas escolares, que como tantos, siguen pendiente de que alguien se lo tome en serio. Fue un invento con patente española, y supusieron un gran impulso para la alfabetización de niños y adultos.
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Susana Estrada, más tapada de lo habitual, ejerciendo de bibliotecaria en el Ateneo Jovellanos de Gijón

 

A estos dos rasgos de originalidad bibliotecaria en nuestro país durante el siglo XX, a Hipólito Escolar se le olvidó añadir dos que son incontestables. Por un lado, el hecho de que una de las musas más heavy del destape de los 70, Susana Estrada, empezara su carrera como bibliotecaria del Ateneo Jovellanos de Gijón (“Soy una experta en foliar mamotretos, y aquí hay de todo, códices, palimpsestos, tumbos…”); y los índices de lectura tan bajos, que nos aportan una originalidad respecto de los países de nuestro entorno, que mejor no destacar.

¿Y en el siglo XXI?, si hablamos de identidad cultural, ya es casi imposible discernir las materias primas que la conforman. Reclamar el copyright o la originalidad de una idea, en el mundo de los Creative Commons, requiere de sesudas investigaciones. Por eso, si de verdad queremos reivindicar algo como propio, reivindiquemos la idea de las casas de la cultura.

 

Viva España

“Soy como una plancha eléctrica, que cuando enchufo caliento en España y en cualquier lugar del mundo” Lola Flores — Fotografía: Alberto Schommer

 

Como ya decíamos en Léeme, soy community manager:

“Ninguna otra institución cultural, como la biblioteca pública, está tan capacitada para hablar de todo; porque todo le concierne. En los museos o filmotecas se refugian las artes plásticas o el cine; pero las bibliotecas lo abarcan todo”.

 

Y cuando tanto se habla de repensar a las bibliotecas como centro culturales, que se refuercen como lugares de encuentro, abiertos a todo tipo de manifestaciones artísticas; que no se queden en fomentar la lectura, sino en fomentar la cultura: ¿no estamos hablando de una casa de la cultura del siglo XXI? Un espacio polivalente, abierto a la participación activa y al servicio de las cambiantes necesidades de los ciudadanos.

Cuando el sufijo -teca revalida su vigencia añadiéndose a cada nuevo servicio que se suma, mientras la raíz biblio- se va quedando como una más de las posibilidades en una biblioteca; es momento de reivindicar las cosas de nuestro pasado que nos enlazan con el futuro.

Así pues sigamos atentos al Library Journal, a las novedades que publique la web de la ALA, y a toda innovación venga de donde venga; y adaptémoslas sin problemas. Pero no seamos como Alfredo Landa corriendo tras de una sueca en bikini, y sin necesidad de golpes de pecho patrioteros, revaloricemos lo que ya teníamos.

 

Escapando de la biblioteca, escapando de los bibliotecarios

 

Si en el post anterior, repasábamos la deuda que las bibliotecas del siglo XXI tienen para con los supermercados y grandes superficies; en este post arrancamos con un ejemplo de que, una vez más, las bibliotecas asumen fenómenos cuyo hábitat natural no es en principio el bibliotecario, pero que sorprendentemente una vez trasplantados, se aclimatan con la mayor naturalidad.

En Cracovia, una de las sensaciones para celebrar la Noche de las bibliotecas, consistió en crear una escape room, que tan de moda están en la actualidad. Por si alguien no sabe de qué va el asunto, resumiremos que consiste en un juego psicológico, en el que voluntariamente los participantes son encerrados en una habitación, con un tiempo establecido, en el cual tendrán que resolver los enigmas que se esconden en la misma, y cuya resolución les permitirá liberarse del encierro.

 

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La huella (1972) el clásico de Mankiewicz al que siempre se vuelve

Con la de ficciones que han tomado a las bibliotecas como escenarios de crímenes, misterios, y secretos inconfesables: ¿cómo no se había planteado algo así dentro de las actividades bibliotecarias en plena era de la gamificación? La Noche de las bibliotecas polaca es la segunda vez que se celebra, e implica tanto a bibliotecas públicas como a bibliotecas escolares. Los participantes tenían que resolver el caso del escritor misteriosamente desaparecido; y las pistas estaban ocultas en el catálogo de la biblioteca, en las estanterías o en una máquina de escribir.

Como los juegos de guerra, las batallas de paint ball o las invasiones zombis, las escape room se han convertido en otro sector dentro de la oferta ocio que muchas empresas están ofreciendo. Plantear algo así en una biblioteca es otra opción para promocionar los fondos y servicios de la misma entre todo tipo de público; pero sin duda, con preferencia por ese sector que tanto cuesta atraer: los adolescentes.

 

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Cube (1997), un auténtico estudio de personajes en una película de intriga matemática de alto voltaje

 

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El cómic original en el que se han basado las posteriores versiones cinematográficas de la claustrofóbica historia de Old boy

Old boy, Calle Cloverfield, La huella, Coherence o clásicos tipo Agatha Christie: hay miles de referentes en cuestión de ficciones que hacen de la resolución de pistas, el centro de su trama; y hay mil escenas cinematográficas o literarias de historias de misterio ambientadas en bibliotecas.

El escapismo como una opción para dinamizar y gamificar la experiencia bibliotecaria; pero mucho más difícil que escapar de una biblioteca, es escapar de los lugares comunes y los estereotipos en torno a las bibliotecas, y los bibliotecarios; y la fotógrafa Mariela Niels lo está intentando a través de su proyecto: Retratos de bibliotecarios de la región francesa de Auvernia.

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Véronique Maurin de la Biblioteca de la Comunidad de Riom

 

Niels desmonta estereotipos en torno a las bibliotecarios, a través de la mirada irónica que arroja sobre el mundo bibliotecario y sus clichés. De momento, sólo han transcendido dos de los montajes fotográficos que ha llevado a cabo con bibliotecarios de la citada región francesa; pero el objetivo es fotografiar hasta a 10 bibliotecarios de diversos centros de la zona, en situaciones y escenarios que subviertan desde el humor, la imagen prototípica de lo que se suele asociar al gremio bibliotecario.

La idea nace de un encargo por parte de la Asociación de Bibliotecas de Francia, con motivo de la celebración del 62º Congreso de la Asociación que se ha celebrado del 9 al 11 de junio. Según declaraciones de la fotógrafa: “la idea original era tener imágenes que cambien los estereotipos, que muestren una visión muy dinámica de la bibliotecología. Como trabajo mucho los estereotipos, he propuesto una serie de retratos de profesionales en sus lugares de trabajo“. Para ello, se entrevistó con cada uno de los protagonistas de estos retratos, que estarán disponibles en breve en internet bajo licencia Creative Commons, para que todos podamos utilizarlos y difundirlos.

 

Géraldine Debus de la Médiateca

Géraldine Deus de la Mediateca de la Comunidad de Municipios entre Dore y Allier

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La bibliotecaria que todavía ama a los libros: una de las portadas pulp de la cuenta de Twitter Pulp librarian

 

Una nueva vuelta de tuerca en torno a la figura del bibliotecario, esa imagen sobre la que ya hablábamos en Bibliotecas indies, bibliotecas mainstream; y que mucho nos tememos que por muchos retratos iconoclastas que Niels lleve a cabo, seguirá recargada de esos lugares comunes con que todo colectivo profesional carga. La ironía es sin duda la mejor manera de afrontar la pereza mental con la que todos, en mayor o menor medida, nos representamos lo que desconocemos. Por otro lado, tampoco sabemos si nos gustaría que estos tópicos desaparecieran del todo, con el juego que nos dan en blogs, artículos de revistas y demás foros bibliotecarios.

 

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Pantalla inicial del videojuego online El relámpago bibliotecario

 

¿Qué sería del encanto de las portadas de las noveluchas pulp que publica Pulp librarian slide_311654_2773059_freeen su imprescindible cuenta de Twitter, si no fuera gracias a que han existido, y persisten, muchos de esos sambenitos en torno a los bibliotecarios? Ni existirían juegos como El relámpago bibliotecario (Lightning librarian), ni la versión Barbie o Lego de la profesión, ni Miguel Salas Díaz autor de Las almas nómadas, (Premio Hiperión de Poesía 2011) habría tenido de dónde tirar para hacer del estereotipo poesía, en un texto que tan apropiado resulta para esta nueva temporada de salas de bibliotecas atestadas de estudiantes.

 

OPOSITOR
(a una bibliotecaria)

No te ríes jamás. Eres sosísima.
Ir a la biblioteca es un dolor.
Pienso probarlo todo, todo por contemplar
tras tus labios sangrientos de arrecife,
el fulgor abisal, el ordenado
banco de pececitos de marfil
de tus dientes perfectos y monótonos.
Voy a hacerte reír, hija del mal,
y volveré después a mis temarios
sabiendo que he hecho algo por el mundo,
sabiendo que la vida estará en deuda
con un opositor de alma marchita.

Las almas nómadas, XXVI Premio de Poesía Hiperión 2011

Bibliotecas: la muerte os sienta tan bien

Una de las impresiones más fuertes cuando se visita El Cairo, mucho más que las imponentes pirámides, las mezquitas o el Nilo entre rascacielos: es la visión, desde las autovías que la cruzan aéreamente: de la Ciudad de los muertos. La inmensa necrópolis en la que conviven en cotidiana armonía los vivos con los muertos. Mausoleos habitados por algunos de los desahuciados por la especulación inmobiliaria, que generación tras generación, llenan de vida un espacio pensado para la muerte.

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La Ciudad de los muertos en El Cairo, la vida y la muerte conviviendo en armonía

Que algo de cultura pueda surgir en un entorno tan desolador resulta casi impensable, pero pese a ello dos escultores: el egipcio Houreya El Sayed, y la húngara Beata Rostas, se han embarcado en un proyecto para construir la Puerta para el alma: una obra escultórica en forma de muro, que exprese el tránsito entre lo tangible y lo espiritual. El proyecto se encuadra dentro de un plan de restauración, que engloba algunos de los pocos edificios supervivientes de la necrópolis, catalogados como monumentos históricos.

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Jugando entre tumbas

Una vez restaurado, lo que ha sobrevivido del palacio del sultán Qaitbey, se adaptará el edificio para su uso como centro cultural con biblioteca, al servicio de la comunidad. Como expresa El Sayed respecto de la obra que forma parte del proyecto:

“los artistas deben desempeñar un papel en el embellecimiento de espacios públicos de Egipto. Porque la belleza y el arte influyen en el comportamiento de las personas.”

¿Conseguirá un centro cultural modificar en algo las expectativas de los que viven entre sepulcros? Siendo prácticos, el hecho de que una biblioteca se enclave en un cementerio, tiene una utilidad incuestionable: tendrá menos problemas a la hora de preservar el silencio.

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Biblioteca de Greenville City, no es la que se va a convertir en tanatorio. Pero no deja de resultar curioso que el cartel dónde indican que es una biblioteca recuerde a una lápida. ¿Por qué ese empeño en relacionar biblioteca y funeraria en la apacible ciudad de Greenville?

A muchos kilómetros de Egipto, en la localidad estadounidense de Greenville City en Carolina del Sur: las autoridades locales han dado luz verde para que una biblioteca se transforme en tanatorio. ¿Tan poco se usaba, o la dejaron morir de inanición cultural? Según declaran las autoridades, los vecinos reclamaban la habilitación del inmueble abandonado como funeral home.

Buena idea, en una comunidad que reclama una funeraria antes que una biblioteca: el morirse (probablemente de aburrimiento) se presenta como la mejor opción. Sin duda, las inversiones en el nuevo equipamiento vecinal serán rápidamente amortizadas.

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Portada de Legacy libraries, web en la que el cotilleo bibliotecario post-mortem se puede volver adictivo. Listados de las obras que componían las bibliotecas privadas de un gran número de personalidades de todos los ámbitos y épocas. De John F. Kennedy, a Leonardo Da Vinci, Katharina Hepburn, Tupac Shakur, Sigmund Freud, Frank Kafka, Marilyn Monroe, David Bowie y un larguísimo rosario de ilustres difuntos.

De haber conocido una de las 50 ideas para sorprender desde la biblioteca pública de Carme Fenoll y Ciro Llueca (artículo que debería empapelar las paredes de los despachos de los responsables políticos de las bibliotecas), es posible que las autoridades de Greenville le hubiesen dado un doble, triple y hasta cuádruple uso al inmueble.

Según la idea nº 20 de Fenol y Llueca (Cuatro bodas y un funeral), la proliferación de los funerales mediante ceremonias civiles, podrían encontrar el lugar idóneo para celebrarse en las bibliotecas. Del mismo modo que se celebran bodas, se deberían también contemplar los bautizos, e incluso un equivalente a las comuniones (sobre todo ante esos brotes de fe sobrevenida que afectan a muchos niños de padres agnósticos, a la vista de los regalos que reciben sus compañeros cristianados).

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La inolvidable serie A dos metros bajo tierra. Pocas veces una funeraria había dado tanto de sí.

De este modo, Iglesia y biblioteca, dos de las instituciones que han sido básicas para constituir comunidades:  se terminarían de intercambiar los roles mucho más allá del silencio. Creyentes y no creyentes asistidos por igual en los rituales más importantes de sus vidas.

En su nueva funcionalidad funeraria: la biblioteca podría enriquecer su oferta con una cuidada edición del historial de préstamos del finado. ¿Hay mejor manera de recordar a un ser querido que recurrir a las lecturas, películas o música que le acompañaron en vida? Incluso cabría idear un testamento bibliotecario con las últimas voluntades, para evitar cualquier indiscreción. Ya se sabe que lo que pasó en la biblioteca, ha de quedar en la biblioteca.

Si las empresas de internet explotan los datos personales de todos nosotros, según dicen, para ofrecer mejores servicios: ¿no podrían hacer otro tanto las bibliotecas con sus bases de datos, siempre de forma autorizada? Otro bonito tema para debatir en futuros posts.

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Urna para cremación en forma de libro

Todo un mundo de posibilidades se abre a la hora de organizar pompas fúnebres en una biblioteca: selección de lecturas y de música para la ceremonia, recomendaciones para aliviar la pena de los familiares, o colaboración en la ornamentación de féretros y tumbas según los gustos culturales del difunto,

Para este último servicio ya existen precedentes, como el féretro para incinerar en forma de libro que luce sobre este párrafo; o yendo un paso más allá: la creación del artista Dave Wakely. Este ilustrador ha convertido su futuro féretro en una estantería para su biblioteca. De este modo cuando Dave fallezca, su ataúd-librería le servirá de cobijo. Ni el mismísimo conde Dracula había demostrado tanto amor hacia el espacio de su descanso eterno.

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Dave junto a su actual librería, y futuro féretro

Aunque la propuesta más poética sería la de que te entierren con tu biblioteca, o al menos con tus lecturas favoritas cual ajuar faraónico. ¿No resulta menos desagradable la idea de la descomposición de nuestro cuerpo si sabes que se degradará junto a las letras que te hicieron sentir? Otra falta a consignar en el haber de los libros digitales.

Para quien optara por esta última opción, nada mejor que las Cápsulas Mundi diseñadas por una empresa italiana.

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Si obviamos lo mucho que recuerdan a las vainas de la película La invasión de los ladrones de cuerpos: la opción de estas cápsulas que sirven como féretros y, al mismo tiempo ayudan a la reforestación, se presentan como la opción más deseable si no se opta por la cremación.

Sólo haría faltar añadir la pulpa de las páginas de sus lecturas favoritas junto al cuerpo, para conjugar lo orgánico con lo poético. El ciclo vital de lector y lecturas se completaría, y los árboles que se talaron para imprimir esas páginas, servirían junto a los restos del que los leyó: para dar vida a nuevos árboles.

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En los bosques resultantes, cada árbol debería tener su pequeña lápida como en los cementerios, pero en lugar de epitafio: una relación de las lecturas que alimentan sus raíces. Años después, alguna universidad de nombre exótico podría hacer un sesudo estudio de cómo influye en el crecimiento vegetal el abono generado por un lector según sus gustos. ¿Qué especies vegetales prosperan mejor teniendo como abono las obras (y a un lector) de Dan Brown, Johanna Lindsey, Paul Auster o Philip Roth? Mejor nos ahorramos suposiciones para no herir la sensibilidad de ningún fan.

No todos podemos convertir nuestra muerte en una obra de arte, como ha hecho David Bowie. Pero sí podemos visitar mucho las bibliotecas en vida, leer mucho, ver mucho, oír mucho, para que no nos pase como a Bruce Willis en El sexto sentido (lo sentimos Amenabar, Shyamala se te adelantó): y nadie pueda llegar a decir que, en realidad,  estábamos muertos mucho antes que nos dieran sepulcro.

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Danzando con la muerte en El séptimo sello de Ingmar Bergman

Corrupteca Nacional: bibliotecas y corrupción

Que nadie se confunda por el título de este post: referencia cero a la muy venerable Biblioteca Nacional, y en cambio guiño a dos ojos al clásico berlanguiano de La escopeta nacional: que después de 38 años (dos más de lo La_escopeta_nacional_cartelque duró el franquismo), sigue actuando como un espejo de feria. Uno de esos espejos que deforman achatando o estirando cual pinturas de El Greco; y que en este caso, resulta que nos devuelve el reflejo del mismo país, de la misma miseria moral y ética, aunque con una estética de balaustradas, siliconas y reality shows.

Bibliotecas y corrupción son dos palabras que se repelen (o deberían) como el agua al aceite: un oxímoron, vamos. La única biblioteca corrupta que se puede concebir, es aquella cuyos altos niveles de humedad y temperatura provocaran un deterioro acelerado a sus fondos. Pero las bibliotecas en nuestro país, al menos la mayoría de ellas, dependen de poderes públicos; y en ese sentido, desafortunadamente el término corrupción tiene muchas otras connotaciones que la temperatura o la humedad.

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Operación Biblioteca (el propio nombre suena a película de Ozores), es el injusto nombre que se le adjudicó a una de las muchas tramas de corrupción urbanística con las que desayunamos desde hace ya demasiado tiempo (concretamente la del consistorio del municipio murciano de Librilla); pero hay muchos más ejemplos.

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Muñoz Molina comprometiéndose con su tiempo a través del ensayo.

Sin salir del feliz arco mediterráneo, y de plena actualidad, la palabra biblioteca aparece dentro de la Operación Taula del Ayuntamiento de Valencia, por la que se investiga la privatización del espacio cultural La Rambleta, para luego adjudicar contratos de manera irregular para, entre otras cosas: construir una biblioteca.

Otra trama, esta con nombre cartaginés en vez de megalítico: la Púnica, y sus ramificaciones en el municipio madrileño de Valdemoro, y en cuya crónica para hacer más sangre: aparece el nombre de la escritora Ana María Matute. La añorada autora de Paraíso inhabitado no tiene nada que ver, más allá de darle nombre a la biblioteca de la localidad: en la cual, habían adjudicado fraudulentamente el contrato para el suministro de bebidas y comidas en la cafetería.

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Dinero, revista de poética financiera e intercambio espiritual de Miguel Brieva: todo un clásico en la crítica a través de la viñeta

Cualquiera de estos casos, y los cientos de casos más, que colapsan los juzgados con bibliotecas, o no, de por medio: son ítems dignos de formar parte de la colección de la Corrupteca, la biblioteca internacional de la corrupción; un proyecto para el que tendríamos más que suficiente material para montar un equivalente sólo para nuestro país.

Esta biblioteca digital especializada en corrupción arrancó en 2012; y a finales del 2015, ya acumulaba 12 millones de publicaciones científicas, leyes, prensa, y jurisprudencia que abordan la corrupción desde todos los ámbitos. Desarrollada por el Núcleo de Investigación de Políticas Públicas de la Universidad de São Paulo, aspira a ayudar a la investigación de casos de corrupción, y así fomentar fórmulas políticas para combatirla; y se nutre entre otros, del fondo de la Hemeroteca Digital Hispánica de la BNE.

Por curiosidad, hemos introducido dos términos en el buscador de la Corrupteca. Para el término España nos arroja un total de 57.683 documentos; introduciendo el término Dinamarca, en cambio, nos devuelve 0 resultados. Eso no quiere decir que acumule casi 60.000 casos de corrupción en nuestro país; pero no se puede evitar que venga a la memoria una encuesta, a pie de calle, que efectuaba en Copenhague el programa de televisión Salvados: y en el que ningún danés conseguía recordar cuál había sido el último caso de corrupción en su país.

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El confidente de la Operación Taula, Marcos Benavent, personaje no berlanguiano, ni ozoriano: directamente de un teatrillo de José Luis Moreno.

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“Robar poco es de pobres” una de las perlas de Crisis (de ansiedad) el cómic que aborda la crisis personal y global de Juanjo Sáez

Aunque, ¿quién sabe? igual la corrupción sirve de abono para que surja una nueva cultura. Tolkien decía que sus historias nacían del humus de su mente, de esa descomposición de lecturas y vivencias que fertilizaban su imaginación. Y la podredumbre que cual géiser nos salpica día sí, día también, puede que sirva para la redención personal de más de uno.

Sin salir de Brasil, su sistema penitenciario contempló en 2012: la reducción de las penas a cambio de que los presos lean. Cuarenta y ocho días menos por cada año de condena, si leen al menos 12 libros al año, y presentan los consiguientes resúmenes. Un fomento de la lectura que para sí quisiéramos en las bibliotecas.

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La adaptación televisiva de la novela de Rafael Chirbes

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La parte positiva de la corrupción: dar argumentos para buenas películas

Pero probablemente, la mayoría de nuestros ilustres presos preferirían la opción de sus colegas (colegas en corrupción) rumanos. En las cárceles rumanas, a los condenados por delitos de corrupción les reducían 30 días de pena por cada libro que escribieran. Ni el mejor de los talleres de escritura creativa conseguiría motivar tantas vocaciones literarias. Pero desgraciadamente para el futuro de las letras rumanas, la ley ha tenido que ser suspendida al tener fundadas sospechas de que los más de 400 libros escritos en tiempo récord por políticos, magnates de los medios o exfutbolistas encarcelados por fraudes fiscales, blanqueo de capitales e incluso homicidio: han sido escritos por negros literarios sobornados gracias a las grandes fortunas e influencias de los encarcelados.

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Mediterráneo descapotable, viaje ridículo por aquel país tan feliz. Crónica de un viaje en descapotable por la España del ladrillazo salvaje

Una ley como la rumana en nuestro país: y la nueva temporada de estrenos literarios podría asistir al debut fulgurante de extesoreros, políticos, empresarios, exmiembros de la realeza y hasta alguna estrella de la copla.

Pero abramos un poco las ventanas y dejemos que se disipe el hedor. Para quitarnos el mal sabor de boca, una nota esperanzadora. La tristemente célebre biblioteca sin puerta parece que finalmente tendrá una puerta de acceso para los vecinos. Fue construida en 2009 en el barrio Trinitat de Valencia, el impacto de la crisis hizo que quedase sin inaugurar, con todo el equipamiento necesario, pero tapiada sin que ni siquiera se le abriera una puerta de acceso. Una metáfora perfecta de lo que han sido estos últimos seis años de recesión. Ahora finalmente, una vez expoliada y objeto de vandalismos, va a ser restaurada, y sus ventanas y puertas dejarán de estar cegadas para abrirse a la luz del exterior.

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La Manga del Mar menor (Murcia) en dos imágenes comparativas

747 Cover_800_600_150619022031¿Habremos aprendido algo después de todo? Según repiten los medios una nueva burbuja inmobiliaria, aunque siempre en el horizonte, no parece que sea inminente. Eso no quita para que en las grandes capitales: fortunas de origen chino, ruso o árabe (“no hay riqueza inocente” que decía Rafael Chirbes) especulen de manera exorbitada con barrios enteros. Repasar algunas de las publicaciones sobre el mercado inmobiliario dirigidas a clases pudientes, nos desvelan el valor añadido que supone incluir en la descripción de las mansiones a una biblioteca.

“mansión de mediados del XIX, 26 acres y biblioteca con chimenea central y grandes ventanales con vistas al campo. Precio: 8.956.025 euros” Es una de las muchas descripciones de la publicación sobre finanzas más importante del Reino Unido: Money week

Se cierran bibliotecas públicas a mansalva, mientras se revaloriza el valor de la biblioteca como signo de estatus. ¿Estaremos asistiendo a un ladrillazo ilustrado, en el que las 51MyUe8QESL._SX328_BO1,204,203,200_bibliotecas vienen a sumarse al papel que juega el arte, desde hace décadas, como mera inversión para grandes fortunas? Nos falta aún perspectiva para comprobar si todo esto forma parte un plan estratégico del grupo Bildenberg, los Illuminati, o vete tú a saber qué poder en las sombras que esté reformulando el “que todo cambie, para que todo siga igual” lampedusiano en una versión adaptada al siglo XXI.

Lo más triste es que el príncipe de Salina decimonónico que creó Lampedusa, habría apreciado el valor de las bibliotecas más allá del ornamento clasista. Algo improbable en el caso de tanto nuevo rico en trance de desasnar

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Oropesa del Mar (Castellón): antes y después de Marina D’or, ciudad de vacaciones

El Ministerio de Hacienda lleva desde 2006 fotografiando España desde el cielo para descubrir fraudes urbanísticos; pero las bibliotecas como refugios para la democracia y la cultura que son, exigen ser observadas aún desde mayor altura de miras. Por lo menos desde allá donde se expanden esas ondas gravitacionales de las que ahora todos hablamos como si las conociéramos de toda la vida. Confiemos en que abran una puerta, como se la han abierto a la biblioteca valenciana: a un universo paralelo, en el que la cultura y sus valores sean los que iluminen la vida pública.