Crónica mundana de un congreso de bibliotecarios

 

No, no son bibliotecarios en Logroño, pero podrían serlo. Capote, Warhol, Jerry Hall, Debbie Harry y Paloma Picasso en Studio 54.

 

Puestos a hacer un repaso a lo que ha dado de sí el #9CNBP (IX Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas) nos encantaría emular el estilo incisivo y certero de un Truman Capote cuando detallaba los entresijos de las celebrities o de las fiestas del Upper Side de Manhattan en los 60: pero mucho nos tememos que no va a ser posible. No porque el gremio bibliotecario, tras unas cuantas copas de buen vino riojano, desmerezca en nada frente a la fauna del Studio 54: sino porque a Capote, los Rolling Stones, cuando marchó con ellos de gira, le parecieron aburridos: y a nosotros los bibliotecarios congregados en Logroño: sin destrozar habitaciones de hotel ni nada parecido (hasta donde sabemos) no nos aburrieron lo más mínimo. Solo había que agudizar un poco el oído para que los titulares más jugosos brotasen aquí y allá, la mayoría de las veces, sin micrófonos de por medio.

 

 

De ahí lo de crónica mundana: porque no se ajusta a un repaso detallado de lo que allí aconteció (para eso mejor acudir a compañeros como Sofía Moller en su post en BiblogTecarios) sino a una visión sesgada, subjetiva, hecha de retazos de conversaciones informales y de encuentros fortuitos. Unas impresiones que pueden coincidir o diferir de la del resto de congresistas hasta el punto de pensar que se ha estado en congresos o fiestas diferentes.

Las primeras horas del congreso dejaron al público cavilando y sopesando si se sentían más osos, tigres o dragones sin que El libro de la selva, Juego de tronos o Zang Yimou tuvieran nada que ver en ello. El responsable de tales elucubraciones fue el exabogado y ahora escritor, Andrés Pascual, que impartió una charla inaugural con la que ya parecía que estábamos todos en una casa de fieras: tal cual como la biblioteca municipal madrileña Eugenio Trías, también conocida como Casa de Fieras, por haber sido antiguamente un zoológico: que presento una comunicación el segundo día de Congreso.

 

El libro de Andrés Pascual sobre el que giró la charla inaugural del Congreso: ¿qué animal habita en el espíritu bibliotecario?

 

Pero pese a la variedad de pelajes, las especies bibliotecarias presentes tenían bastante en común. Para empezar la media de edad en la que se situaba la mayoría de los asistentes: de 40 para arriba. De lo que se deducían dos cosas: la constatación de la falta de renovación de plantillas que llevan sufriendo desde años las bibliotecas; y lo oportuno que hubiese sido en la primera jornada, orientada a la formación de los profesionales de bibliotecas: contar con la presencia de jóvenes millennials que hayan elegido a las bibliotecas como futuro profesional.

Muchos menos probable, pero también muy oportuna, habría sido la presencia de algún robot como los que van a formar parte de la ‘plantilla’ de la inminente biblioteca ultramoderna de Helsinki: moderando una mesa, interactuando con el publico o, aún mejor: estableciendo una competición con bibliotecarios para ver quien conseguía afinar más a la hora de conseguir una información. Habría sido un show impagable: pero dejemos de divagar y centrémonos en los hechos.

 

 

En el breve repaso que hicimos en el post Una verdad (bibliotecaria) incómoda al futuro de la profesión, hace dos años, planteábamos la posibilidad de que fueran los bibliotecarios los que no tuvieran futuro pero sí las bibliotecas. ¿Erramos en la predicción? Si nos atenemos a lo que se expuso Virginia Ortiz-Repiso de la Universidad Carlos III en el debate del día 28 sobre ‘La formación universitaria de los profesionales a evaluación’: diríamos que sí y que no. Según expuso Ortiz-Repiso su Universidad ha remodelado la oferta referente a Biblioteconomía y Documentación y del programa del Grado en Gestión de Información y Contenidos Digitales se ha caído la palabra biblioteca. Se podría pensar hay que huir de la ‘marca’ biblioteca para no espantar a los estudiantes: pero al otro lado del charco, por contraste, nos disuadían de esa idea.

Paradojas y casualidades de los congresos: un encuentro fortuito entre plato y plato a la hora de la comida dio para una charla con los colegas de Costa Rica, México, Brasil y Argentina que estaban en el Congreso gracias al programa Iberbibliotecas. Compartir mesa, mantel y conversación con realidades bibliotecarias tan lejanas: es como aplicarle una reanimación sin desfibrilador a cualquier vocación bibliotecaria en crisis. Deja uno de mirarse el ombligo (en todos los sentidos: no solo en el bibliotecario) y se reafirma en lo cruciales que pueden ser las bibliotecas para el progreso de las comunidades en las que se integran.

 

 

De hecho, la representante argentina, Gisela Pérez , no es bibliotecaria. Esta secretaria de la Biblioteca Popular de la Cárcova en un barrio de favelas de la ciudad de Buenos Aires: nos contaba cómo surgió su biblioteca en un entorno de basuras y problemáticas sociales. Después de hablar con ella, si algo quedó claro, fue que la ‘marca’, el concepto ‘biblioteca’, con o sin irritantes comillas: sigue teniendo una vigencia tremenda como elemento de transformación social y que no pertenece a nadie: ni siquiera al gremio bibliotecario.

Esa dificultad actual para apropiarse en exclusividad de los conceptos o iniciativas: también se manifestó alrededor del tema de la innovación en bibliotecas. Si en el debate sobre ‘Nuevos modelos de gestión en bibliotecas’, la mañana del día 29, Javier Valbuena o Knut Schulz, defendieron que la externalización de servicios en las bibliotecas hace peligrar la innovación: por la tarde hubo una contrarréplica en la sesión de comunicaciones.

Fue Alicia Rey, directora de proyectos de Info-Doc, la que al final de su comunicación sobre los diez años de gestión de las bibliotecas municipales de Huesca, defendió que desde las empresas privadas también se innova. Y un poco más tarde, los proyectos que expusieron desde la Biblioteca Municipal de Ágora bajo el título: ‘Tejiendo capital social en la biblioteca’: vinieron a confirmarlo. Esta biblioteca coruñesa, gestionada por personal de una empresa, venía a sumar argumentos a lo que Alicia Rey había reivindicado unos minutos antes.

Una vez más la ‘marca’ biblioteca impermeable a modelos únicos de gestión: cada caso puede ser la excepción que confirme, o no, la regla.

 

 

Una nota política esperanzadora: la visita y el discurso del ministro de Cultura en la segunda jornada, y la presencia continuada durante el Congreso: de la directora del Libro y Fomento de la Lectura (algo inédito hasta el momento). Un reconocimiento hacia el mundo de las bibliotecas por parte de los altos cargos, que dado el precario equilibrio político en el que nos movemos, confiamos en que perviva y dé sus frutos.

Bibliotecas que se reconvierten, palabras que ya se han oído muchas veces y suenan a letanías, amenazas, oportunidades desde la UE (si antes decíamos que la media del gremio bibliotecario se sitúa en la mediana edad, con las posibilidades que ofrece el programa Eramus+ para bibliotecas, surge una oportunidad para rejuvenecer haciendo Europa), esperanzas, posibilidades de negocio, preocupaciones y alegrías.

Como decía el título del clásico de Murnau de 1928: Y el mundo marcha. Y la biblioteca también marcha, y gira, y hasta es posible que de tanto girar se salga de su eje y termine girando en alguna galaxia aún por descubrir.

 

Estando en Logroño era inevitable que el cóctel final del Congreso tuviera lugar en unas bodegas.

 

Biblioteca insecticida

 

La actualidad bibliotecaria engarza posts en este blog como en un rosario o en un collar de perlas (según se prefiera). Si en el que precede, cerrábamos con Barbara Gordon, alias Batwoman, como bibliotecaria superheroína en los 60: este se abre con murciélagos como si de una nueva aventura del hombre ídem se tratase. Pero aún hay más. Curiosamente se nos cruza por las redes esta foto de una Batwoman de 1905. Una asombrosa antepasada del misterioso superhéroe creado por Bob Kane y Bill Finger en 1939. Pero pese a lo que pueda parecer no vamos a hablar de superhéroes otra vez en este post: pero sí de murciélagos e insectos.

 

Sorprendente antecesora de Batman en 1905 que hemos descubierto gracias al Twitter del crítico de cómics de ‘El País’: Álvaro Pons.

 

Hace unos días el Ministerio para la Transición Ecológica distribuía un meme con la curiosa noticia de que hay bibliotecas que utilizan murciélagos para que acaben con las polillas que amenazan sus valiosas colecciones. Y publicado por el Ministerio y corroborado desde Francia. Casi al mismo tiempo (y dudamos mucho que se pusieran de acuerdo) la web ActuaLitté, les universidad du livre nos hablaba de la antigua biblioteca de la Universidad de Coimbra (Portugal) donde además de usuarios, bibliotecarios y demás fauna bibliotecaria: se permite que aniden los murciélagos.

No sabemos lo que esta noticia ayudará a que la imagen de las bibliotecas como lugares vetustos y sombríos evolucione. Pero nos da igual. Puede que queramos ir de muy modernos pero, por favor, que nunca desaparezcan estas maravillas. El caso es que no solo es en la biblioteca universitaria coimbrense donde al anochecer salen a la caza los murciélagos entre sus baldas: en la biblioteca del Palacio Nacional de Mafra la tradición se repite.

 

En España la Universidad Complutense es una de las instituciones que participa en el mayor proyecto de preservación digital: la Hathi Trust Digital Library. O lo que vendría ser lo mismo: buscando los murciélagos de la era digital.

 

En el canal de televisión brasileña Globo dedicaron un reportaje hace dos años a esta curiosa costumbre. En los manuales de conservación y preservación de las colecciones nunca se mencionó esta exótica tradición, y es una pena, porque aúna respeto medioambiental y protección del patrimonio. El programa del canal brasileño se debe a sus índices de audiencia: así que el tono y las imágenes refuerzan el lado más siniestro y misterioso del relato. La historia daba pie a ello y hasta resulta algo digno de nuestro reto #bibliobizarro.

En este caso el punto de sensacionalismo se comprende y hasta se agradece. Y sorprendentemente establece un insospechado punto de conexión entre murciélagos y bibliotecarios, no vía Batman, pero sí en relación con el papel que los profesionales de las bibliotecas pueden ejercer hoy día combatiendo bichos dañinos en otros ámbitos menos venerables.

 

 

Si hablábamos de insectívoros beneficiosos ahora nos pasamos a las aves de rapiña. En el clásico del cine francés, El cuervo (1943), unas misteriosas misivas, firmadas bajo el seudónimo de ‘El cuervo’, despiertan los recelos y las sospechas entre los vecinos de un pequeño pueblo francés. La película se convertía en una inteligente metáfora del ambiente de delación, represión y persecución que había propiciado la ocupación nazi de Francia. Pero 75 años después, la película de H. G. Clouzot, resulta perfecta para retratar un mundo que le quedaba lejísimos: el generado en torno al día a día de las redes sociales.

No vamos culpar a Twitter, sobre todo, de haber inventado el mal rollo en los medios de comunicación. El amarillismo viene de lejos. Ni tampoco al pobre Yellow Kid, inocente protagonista de la tira cómica por la que lucharon encarnizadamente las dos grandes cabeceras de la prensa estadounidense a finales del XIX (el ‘New York World’ de Joseph Pulitzer y el ‘New York Journal’ de Williams Randolph Hearst ) y que dio otro término para referirse al sensacionalismo inspirándose en el color amarillo del pijama del inocente crío.

 

‘The Yellow Press’  de L.M. Glackens (1910): ilustración conservada en la Library of Congress.

 

En determinados espacios de noticias, sobre todo de cadenas privadas, el espacio que antes cedían a la cultura: ahora lo ocupan las últimas ocurrencias o polémicas del Twitter o Youtube. “Si no pasa nada, tendremos que hacer algo para remediarlo: inventar la realidad“. Esta frase atribuida al magnate William Randolph Hearst sigue vigente: pero realidad se puede intercambiar por polémica, que es lo que realmente da beneficios.

La letra de la canción de un grupo que, en los 80, era todo lo contrario a la rebelión juvenil: provocando el escándalo entre los millenials.

A los creadores del concurso-reality de OT les ha salido muy bien con el debate abierto en torno a la palabra mariconez en una canción de Mecano. El conflicto intergeneracional que tratábamos hace un año en El ángel exterminador bibliotecario IV (alevines versus séniors) ejemplificado de manera impecable.

Que los jóvenes cuestionen a generaciones previas es requisito imprescindible de ser joven, y por tanto saludable, lo inquietante es la intransigencia a la hora de admitir opiniones que disientan de su criterio.

¿Será la crisis y el futuro tan incierto el que motive un descrédito tan feroz de cualquier opinión expuesta por un mayor de 25? ; ¿o simplemente es el histerismo inherente al no debate que alimenta las redes cada día? ; ¿se encuentra más pronunciada que nunca la brecha cultural entre generaciones?

La estupenda fotografía que Mary Ellen Mark realizó para su serie ‘La nueva España’ en la década de los 80. Los hijos de aquellos punkis ahora son los que siguen OT.

El principal error de estos jóvenes indignados por el uso de una palabra homófoba en una canción de hace 30 años es medir las obras y hechos del pasado según el baremo que rige ahora. Un baremo basado en el respeto a las opciones vitales de cada uno, en la no discriminación, en la conciencia ecológica y otros valores de lo más esperanzador, en muchos casos, pero cuya falta de cuestionamiento y matizaciones puede terminar convirtiendo en algo monstruoso.

¿El espíritu del Mayo del 68 reencarnado en digital vía Twitter? No sabemos, pero bajo la pantalla del smartphone o las teclas del ordenador, más vale que no esté la arena de esa playa que reivindicaban bajo los adoquines de París. El romanticismo, en determinados casos, choca con el buen funcionamiento de los dispositivos.

 

‘Teresa soñando’ obra de Balthus que intentaron censurar en el Met de Nueva York.

 

¿Cómo se juzgarían determinadas obras o sucesos culturales a la cruda luz que arrojan las redes hoy día? Lolita de Nabokov ya generó gran agitación en los años cincuenta en que se publicó: pero ahora sería un linchamiento que opacaría la magistral creación de Nabokov. ¿Podría el Marqués de Sade haber expuesto sus obras a unas redes que, en nombre de la tolerancia y el respeto a la diferencia, son más implacables que la propia guillotina que a punto estuvo de acariciar su cuello en el siglo XVIII? ; ¿cómo recibirían los oídos acostumbrados a décadas y décadas de música comercial, que no pasa de los cuatro acordes, la Consagración de la Primavera de Stravinski? ; ¿qué ataques habría recibido Tod Browning por explotar las taras físicas de sus actores en su obra maestra La parada los monstruos (1932)?

 

En los albores de la televisión se hablaba mucho de su poder como herramienta educativa: casi un siglo después el poder educativo de las redes es quien acapara el debate.

 

Hemos confundido las redes con la televisión y hemos querido asignarle el poder de debate abierto y pausado, que un principio, algunos quisieron ver en el nuevo medio: y nada más lejos. Solo hay que contrastar (para quienes tengan la suficiente edad y memoria): un debate del programa ‘La clave’ con uno de ‘La Sexta noche’. Pero es que también en los 80: Antonio Escohotado hablando junto a madres de drogodepedientes, en un programa de máxima audiencia, sobre el uso recreativo de las drogas: era mezclar churras con merinas. Esperar un debate reflexivo en Twitter viene a ser lo mismo: pero sin el atenuante del dolor de esas madres de drogadictos que recriminaban a Escohotado sus opiniones.

Siempre pueden existir refugios, cuentas seguras, espacios libres de haters donde de verdad lo que se pretenda sea el libre y civilizado intercambio de ideas. ¿Qué cuáles pueden ser esos lugares?. Es obvio para quien conozca un poco este blog.

De ahí esa analogía murciélagos-bibliotecarios. Si los alados nocturnos que revolotean al atardecer por entre los pasillos de las antiguas bibliotecas portuguesas acaban al vuelo con las plagas que amenazan a los manuscritos y libros: los bibliotecarios tienen una nueva misión en este mundo digital: acabar al vuelo digital con los insectos que amenazan la cultura en las redes. Cierto que no hace falta ser Batman, pero qué duda cabe, que puede convertirse en un superpoder para la profesión en nuestros días.

 

Recortable bibliotecario

 

El próximo Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, que se celebrará en noviembre en Logroño, se centrará en analizar los perfiles profesionales de los bibliotecarios. Un tema interesante a priori pero de difícil concreción cuando esos perfiles se desdibujan y vuelven a dibujarse con cada nueva función que se le suma a los trabajadores de bibliotecas en la era digital. Estaremos expectantes en todo caso.

 

 

Y precisamente, Peter Coyl, director de la biblioteca pública de Montclair en Nueva Jersey,  acaba de publicar un artículo en el ‘American Libraries Magazine’ sobre la crisis de identidad bibliotecaria que estamos viviendo. En él, Coyl, habla en realidad de la baja participación en las elecciones de la ALA en las que se sometía a votación si el próximo líder de la mayor asociación bibliotecaria del país debía, o no, tener un perfil claramente bibliotecario. El resultado fue positivo: pero el índice de participación tan escaso es el que lleva a Coyl a sostener que estamos viviendo una crisis de identidad bibliotecaria.

No sabemos si existe un refrán equivalente en los EE.UU. para “mal de muchos consuelo de tontos”: pero es una sensación inevitable cuando, desde la realidad española, se lee el artículo y se constata que la falta de consideración que, en demasiadas ocasiones, se expresa de un modo u otro hacia la importancia de la profesión (incluso entre los propios profesionales) es una realidad compartida.

Una realidad que se acentúa cuando los agoreros incluyen a los bibliotecarios entre los trabajos en peligro de extinción por el impacto del meteorito digital. Ya nos preguntábamos en Una verdad (bibliotecaria) incómoda si acaso lo que tenga futuro sean las bibliotecas pero no los bibliotecarios. Pero el caso es que puestos a huir de esa amenaza de extinción la respuesta está siendo acumular prendas en el armario de la profesión para ir cambiándose el hábito según convenga en cada momento. Tal cual como en un recortable de papel.

 

 

Pero pese a la habilidad acumulada por los profesionales para reconvertirse una y otra vez, cual Mortadelos bibliotecarios, lo cierto es que mucho de ese esfuerzo se pierde si no se consigue que el estereotipo asociado a bibliotecas y bibliotecarios en el imaginario colectivo cambie de una vez. Por eso en el resto del post, en lugar de seguir abordando el futuro de la profesión, nos dejamos llevar por la vena menos intensa de este blog recurriendo a algunos ejemplos que dinamitan con TNT la imagen prototípica de lo bibliotecario desde dentro. Vidas ejemplares bibliotecarias, también podría haber sido un buen título.

 

 

El número 22 de la revista ‘Infobibliotecas’ nos enterábamos de que una de las estrellas porno del momento, Ela Darling, premiaba a sus fans mostrándoles sus pechos a cambio de que le enseñen su carné de biblioteca. Una ingeniosa campaña de promoción bibliotecaria que no creemos que prospere más allá de Ela. La defensa que esta actriz del denominado ‘cine para adultos’ hace de las bibliotecas tiene que ver son su pasado laboral.

Ela Darling dando la espada para mostrar su tatuaje con la notación Dewey de las novelas de Harry Potter.

Ela trabajaba como bibliotecaria hasta que se cruzó en su camino el cine erótico, primero, y más tarde el porno. Esta entusiasta de Harry Potter (lleva la notación de la CDU que corresponde a las novelas de Rowling tatuada en la espalda) o de Star Trek, pese a su actual profesión en el mundo del porno, no puede evitar que su formación de base como bibliotecaria emerja en su nueva ocupación.

Si los bibliotecarios están siempre atentos a las innovaciones tecnológicas para indagar en sus posibles aplicaciones al ámbito de las bibliotecas: Ela se ha convertido en una adalid del uso de la realidad virtual en el mundo del porno.

Con el tiempo han patentado un software de captura de realidad virtual en 360 grados y emisión en directo; ha llegado a protagonizar charlas TED sobre este tema; y preside una organización para la lucha por la mejora de las condiciones en la industria del porno.

 

Bijan Nowroozian, el bibliotecario ‘ninja warrior’, listo para su sesión de cuentacuentos.

 

Bijan y su novia Sarah, también bibliotecaria, en el podio de una de las pruebas deportivas en las que participan.

En nuestro país ha sido Antena 3 la cadena de televisión que ha adaptado el show televisivo estadounidense Ninja warrior. Un concurso de destrezas atléticas que consiste en superar unas duras pruebas en plató para erigirse como un auténtico ninja warrior. En la cadena estadounidense NBC 7 uno de los participantes favoritos (al menos entre los usuarios de la Biblioteca de North Park en San Diego) es el asistente bibliotecario responsable de las sesiones de cuentacuentos: Bijan Nowroozian.

Nowroozian entrena duro en un circuito que emula algunas de las pruebas a las que será sometido y comparte con su novia, también bibliotecaria, su pasión por los certámenes deportivos de gran intensidad. Pero lo mejor de este ninja warrior bibliotecario más allá de las marcas que consigue es dónde encuentra el espíritu necesario para afrontarlos: en su trabajo como bibliotecario.

Según declaraba a un medio local: “Cada semana hago un cuentacuentos para más de cien niños en edad preescolar. Me entrego todo lo que puedo y a los niños les encanta. Adopté el mismo enfoque para Ninja warrior, y ciertamente, ha dado sus frutos: a todo el mundo le encanta la energía que pongo en el rodaje“. Una conclusión (y un reconocimiento) de lo más vigorizante para la gran labor que desarrollan tantos bibliotecarios de secciones infantiles. Los auténticos ninja warriors de las bibliotecas.

 

Azadeh Brown caracterizada como Harley Quinn, la novia del Joker.Fotografía de Doll House Photography.

 

La siguiente vida ejemplar bibliotecaria nos lleva hasta Southampton en Inglaterra. En la biblioteca de su universidad trabaja como bibliotecaria la iraní Azadeh Brown, que hace pocos meses abrió su cuenta de Instagram, y cuenta cada vez con más seguidores de su perfil. No por su trabajo como bibliotecaria (todo hay que decirlo) sino por ser una consumada cosplayer, por si alguien no lo sabe, personas especializadas en caracterizarse como personajes de cómics, series, películas o videojuegos.

Azadeh demostrando que un buen bibliotecario sabe adaptarse a lo que se requiere en cada momento.

Para Azadeh su vocación bibliotecaria-cosplayer fueron de la mano desde el principio. Creció en medio de la guerra entre Irán e Irak y su forma de evadirse de la realidad y refugiarse de la asfixiante situación que se estaba viviendo en su país de origen fue a través de los libros y los disfraces. Como ella misma declaraba a las cámaras de la BBC los libros se convirtieron en sus mejores amigos. A los 17 años abandonó su país para emigrar a Reino Unido y terminar formándose como bibliotecaria. De este modo la inquieta Brown pudo unir las dos cosas que más feliz le hacían: los libros y los disfraces.

No sabemos los looks que Azadeh escogerá para ir a trabajar pero al menos por apariencia sería la bibliotecaria ideal para dinamizar/adornar una sección de cómics o literatura fantástica. La cosplayer bibliotecaria lo hacer por afición pero, día a día, en la mayoría de bibliotecas muchos profesionales se cambian de disfraz continuamente según requiere la ocasión. El caso de Azadeh nos ha recordado a las palabras de la bibliotecaria juvenil de Westport, Jaina Lewis, que recogíamos en Canción de verano bibliotecaria:

“Por la mañana, soy una estrella de rock en una habitación llena de niños en edad preescolar; a mediodía, soy una trabajadora social ayudando a buscar recursos para la búsqueda de empleo; por la tarde soy una educadora que lleva a los niños a un taller de ciencias. Los bibliotecarios servimos para muchos propósitos y usamos distintos sombreros, pero todos sirven para lo mismo: cambiar vidas.”

 

 

Y para cerrar este repaso de bibliotecarios revienta-estereotipos nos quedamos con Bill Stockey: el barbudo karateka que allá por los años 80 animaba a la lectura y a las artes marciales a los usuarios infantiles en la Biblioteca Pública de Chesapeake, en Virginia, de la que era director. Se habla mucho de las habilidades que ha de tener un buen jefe o responsable de equipos de trabajo: pero nunca se menciona lo bien que puede venir el ser diestro en artes marciales. Que nadie piense mal, no por recurrir a la violencia, pero  cualquiera que haya tenido equipos a su cargo, sabe que todo cuenta, nada resta, cuando de gestionar cuestiones de personal se trata.

Stockey ahora tiene 67 años y está jubilado. Pero aunque ya no pelee con problemas de presupuestos, fondos, colecciones o personal: sigue de lo más activo como maestro de artes marciales. Sus más de 30 años en estas lides, y su cinturón negro, le han convertido en una figura de los más respetadas, un auténtico sensei bibliotecario al que acuden muchos discípulos.

 

El eslogan jugando con Bruce Lee para fomentar la lectura está ya muy visto: pero es que la mayor estrella de las artes marciales que ha dado el cine era un consumado lector que tenía más de 2.000 libros en su biblioteca personal. En la cual aparece leyendo en esta foto que corrobora que el significado castellano de su apellido resulta de lo más propio.

 

Tras la jubilación, Bill, ha montado un dojo (lugar para la meditación budista zen y la práctica de las artes marciales) junto a su domicilio con el nombre de Shoshinkan (mente de principiante). Toda una declaración de principios proviniendo de un hombre que se convirtió, en 1985, en la primera persona no asiática en obtener la licencia “Kyoshi” concedida por la más importante institución de artes marciales de Japón.

Esa es la actitud: mantener la mente del principiante. Algo a lo que los bibliotecarios están abocados (y muchas otras profesiones por supuesto) si quieren sobrevivir en este ajetreado panorama. Ojalá que en el próximo congreso lleguemos a recortar la figura de lo que será la profesión en este nuevo siglo. Pero entretanto no sería mala idea postular como ponentes a Ela, Bijan, Azadeh y Bill. Sus trayectorias, como poco, son de las que contradicen que lo de ser bibliotecario sea un trabajo monótono y aburrido. Después de todo, puede que los bibliotecarios del siglo XXI terminen siendo lo más parecido a Leonard Zelig, el camaleónico protagonista de la obra maestra de Woody Allen.

 

Tonto el que lo lea (postDíadelLibro)

 

Titular con una frase infantil un post relaja mucho. Nadie puede albergar grandes expectativas visto el arranque. Pero es que después de lo intenso que se pone el discurso cuando de celebrar el Día del Libro se trata: se agradece recurrir a la tontería

Este es el post postDíadelLibro2018 y como todos los años estamos de resaca. Resacosos de citas de escritores famosos, de recomendaciones de libros, de imágenes idealizadas de lectores y libros, de frases entrecomilladas sobre las bondades de la lectura, de mil y una noticias y especiales en todos los medios celebrando al libro y a la lectura. Y ¿hoy qué?, ¿se habrá incrementado el número de lectores por ello?, ¿se cerrarán menos librerías? , ¿se apuntará más gente a las bibliotecas?

 

 

Que no, que no, que no estamos en la última fase de la borrachera, y después del subidón, subidón, nos hemos instalado en el muermo. Que no estamos patéticamente llorosos, proclamando que queremos mucho a la cultura, que la lectura es maravillosa, que los libros son maravillosos, que el muuuuuundooooo es maravilloso. Que no, que no vamos de descreídos, todo lo contrario. El que exista un Día Internacional del Libro está muy bien.

Como mínimo las librerías habrán aumentado sus ventas y las bibliotecas han podido programar actividades para deleite de sus usuarios. Pero es que para promocionar la lectura no queremos un día, queremos todos los días del año. A veces esto de los Días Internacionales de…. es como los propósitos de año nuevo: lavan la conciencia a base de buenos propósitos y después se olvidan con la misma facilidad que se formularon.

 

 

En las bibliotecas el Día del Libro son 365 (porque ahora ya ni los festivos se salvan teniendo plataformas de lectura digital o contenidos audiovisuales a la carta), y no estaría mal que si de verdad se quiere fomentar la lectura, se apostase por las mayores redes de circulación y fomento de la lectura que son las bibliotecas. Pero en pleno día de resaca, no es cuestión de ponernos intensos, por eso hemos recurrido a algo liviano para engalanar el post: a algunas de las viñetas del delicioso cómic Los libros en The New Yorker.

Tal y como demuestran las jocosas viñetas que durante años ha ido publicando el prestigioso medio neoyorquino: el libro, en sus diversas formas, ha sido la piedra angular sobre la que ha girado la cultura desde que se inventó la escritura.

 

 

Los libros han sido la fuente predominante, y única hasta no hace tanto, para indagar en el ser humano. Pero eso siempre ha requerido de tiempo, perseverancia y entrenamiento. Ahora los únicos entrenamientos aceptados voluntariamente son los que imponen los monitores de gimnasio. Si los tiempos no se avienen al esfuerzo necesario para asimilar las páginas de un libro, en lugar de leer libros habrá que leer las mentes, directamente, sin intermediarios, ni filtros. Algo que la noticia postDíadelLibro de que España es el tercer país de la UE que menos gasta en la lectura: solo viene a refrendar. Tanto reality y programa del corazón tenían que dar sus frutos tarde o temprano: leer las mentes ya que no los libros.

El sueño de todo publicista, empresario, político y de cualquiera (padres, hijos, pareja) que aspire a manipularnos para bien o para mal.

 

 

El primer paso ya lo está dando la tecnología. Hace unos días saltaba la noticia de que el más puntero de los institutos tecnológicos del mundo, el de Massachusetts (MIT) ha creado un casco capaz de leer los pensamientos con el nombre de Alter ego. El casco, compuesto de electrodos, detecta las señales neuromusculares que intervienen en la comunicación hablada. De este modo el casco es capaz de interpretar la voz interior: un hábito que, según el artículo de ‘Tendencias 21′ que es donde hemos conocido el invento, es muy común entre los lectores. El soliloquio que constituye nuestra banda sonora interior (efectos sonoros de las tripas aparte) ahora con subtítulos incorporados.

Es una forma pedestre de contarlo porque en realidad lo que hace el casco es transcribirlos en cualquier pantalla o dispositivo con una eficacia del 92%. La noticia tranquiliza por un lado (no puede leer los pensamientos cerrados, es decir los que no están pensados para verbalizarse); e inquieta por otro (la seguridad del dispositivo no está desarrollada por lo que está expuesto al pirateo).

Pensamientos pirateados: un nuevo frente se abre para la legislación que protege los derechos de autor. Aunque antes de legislar habrá que comprobar si los pensamientos pirateados merecen protección. En cualquier caso, cual mantra, ante la posibilidad de intrusismo mental habrá que repetirse continuamente ‘tonto el que lo lea’ como quien  coloca un cartel falso de protección con alarma en la fachada de su domicilio.

 

Los sensores desarrollados por el MIT para detectar la actividad neuromuscular y así transmitir los pensamientos.

 

El relato de Philip K. Dick en que se basó la película de Spielberg.

Quizás porque todo sea cada vez más complejo: el pensamiento se está haciendo tan simple que leer las mentes no va a exigir de tecnologías demasiado sofisticadas. La Inteligencia Artificial en pos de la complejidad humana, y los humanos en pos de la simpleza binaria de lo digital. Era inevitable con tanto SMS, whatssap, emojis y memes. Nos gustaría pensar que más que una involución se trata de un paso intermedio hacia la telepatía. Una forma superior de comunicación, que si se acompaña de empatía, podría ser la solución definitiva para nuestra especie.

En un artículo publicado en ‘Library Journal’ el profesor universitario estadounidense Michael Stephens repasaba cómo se representaban hace dos años (eso en Internet es mucho tiempo pero en el asunto en cuestión la cosa no parece haber variado mucho) los asuntos referidos a libros, bibliotecas y bibliotecarios en el lenguaje de los emojis. Entonces se lamentaba de que no existiera ningún emoji para representar una biblioteca o a un bibliotecario: y dos años después seguimos igual.

 

La historia de Miley Cyrus en emojis.

 

En 2018 Unicode Consortium, que es la organización de publicar nuevos emojis, entre los 157 nuevos monigotes que ha estrenado ha dado cabida a pavos reales, loros, dientes, microbios, rollos de papel higiénico y hasta tiques de la compra. Es cierto que ya existen emojis para libros, lectura, escritura, e incluso algunos emojis de edificios que bien podrían pasar por una biblioteca: pero a ver si para 2019 se crea algún emoji que represente a las bibliotecas/carios inequívocamente. ¿O en realidad no será necesario crear un emoji para representar a la profesión bibliotecaria?

No, no, que no vamos en plan lastimero, todo lo contrario. Revisando los principales emojis que hasta la fecha se han creado para representar las distintas profesiones lo cierto es que prácticamente todos podrían ser bibliotecarios.

 

 

En casi todos emojis laborales hay rasgos bibliotecarios. Tal es el perfil de una profesión que, en los últimos tiempos, va acumulando más capas que una milhojas en cuanto a competencias. Todo le viene bien.

Que si la lupa de los detectives; que si la bata de los médicos; que si el gorro de operario o el mono de mecánico cuando se rompe algo, y aburridos de esperar a que vayan a arreglarlo, agarran la caja de herramientas casera; que si los pinceles en los talleres; y por supuesto, el rayo cruzado en la cara a lo Bowie, porque puestos a ser cool pueden ser los más cool; y no incluimos el gorro de los soldados de la guardia real inglesa porque no queremos enrollarnos, pero es más que probable, que encontrásemos alguna semejanza (si estuviéramos preDíadelLibro habríamos dicho que son como la guardia real de la cultura: pero estamos en pantuflas así que mejor nos ahorramos tales cursilerías).

 

Vida de un bibliotecario en emojis.

 

Pero mirándolo desde otro prisma: que te conviertan en emoji no resulta nada halagador. Casi cualquier historia de un taquillazo de Hollywood o de muchos best sellers (de los de usar y tirar) se podria resumir en emojis. De ahí que tantos espectadores que buscan relatos adultos se hayan volcado en las series. Después de todo que no te jibaricen el pensamiento, que no te transformen en monigote: es de lo mejor que te puede pasar. Manías de ‘letrasados’ que se empeñan en alcanzar la simplicidad sin incurrir en simplezas.

Y mientras se nos pasa la resaca ponemos algo de música. No muy alta. Róisín Murphy tampoco es fácil de estereotipar. Esta tipa, desde que empezara con Moloko en los 90, se ha empeñado en sacar los pies del tiesto una y otra vez. Daría para mil emojis a cual más estrafalario, y aún así, no alcanzarían a describirla por completo. ¡Bien por ella! Terminar con su vídeo Whatever (Lo que sea) es toda una declaración de principios. Lo que sea antes que previsibles, o dicho de otro modo más acorde con el título del post: antes muertos que sencillos.

 

Biblioteca con subtítulos

 

Uno de las compensaciones que tiene el cumplir años es la progresiva liberación del juicio ajeno. Vivimos en sociedad y todos estamos sometidos al escrutinio de los demás desde el principio. Pero con un poco de suerte, y de trabajo interno con uno mismo, llega un punto en el que la mirada de los demás no deja de afectarte (algo imposible y menos si te aventuras en el turbulento medio digital) pero sí influye mucho menos que cuando eras más bisoño.

 

 

De ahí que el certero meme, con la fantástica Morticia Addams que encarnó Anjelica Huston, defina tan a la perfección ese estado mental que, en la mayoría de los casos, se consigue con la experiencia. No se trata de abusar de la sinceridad como arma arrojadiza que lo único que denota es falta de educación: sino de dejarse de circunloquios a la hora de expresar nuestras opiniones. De ser asertivos que dirían los gurús del crecimiento personal. En tiempos en los que el discurso de lo políticamente correcto causa estragos, censuras y miedos: lograr la fórmula exacta para decir sin ambages lo que se piensa y generar con ello un debate enriquecedor: no el mero rifirrafe dialéctico al que tan acostumbrados nos tienen los medios.

Al doblar una película hay que hacer auténticas filigranas para encajar la traducción de los diálogos originales, y así evitar, que los actores extranjeros no terminen boqueando en el aire o con la boca cerrada mientras aún suena el diálogo. Una dificultad que, en más de una ocasión, ha provocado discordancias en el resultado final.

En la edición española en DVD de la película de Kubrick: Eyes wide shut (1999) un fallo en el doblaje afectaba de manera garrafal a las explicaciones que sobre un asesinato se daban al final de la película. Para quien no tuviera el suficiente nivel de inglés para visionar la cinta en versión original: solo si se activaban los subtítulos en inglés (ni siquiera en castellano) se conseguía descubrir realmente lo que el personaje interpretado por Sidney Pollack le revelaba a Tom Cruise. Un error desastroso que daba más argumentos a los defensores de la V.O.

 

Nicole Kidman en la trascendental escena para la trama de Eyes wide shut en que confiesa a su marido (Tom Cruise) sus pensamientos más secretos. No decimos nada: pero lo cierto es que tras la película el matrimonio real de Kidmand y Cruise se acabó.

 

Y eso vamos a hacer en este post: activar los subtítulos, no para que nos traduzcan, sino para leer entre las líneas de algunos de los lugares comunes más extendidos del mundo bibliotecario. Algo así solo puede nacer con ánimo de abrirse a la participación (ya lo decíamos: generar un debate enriquecedor, no provocar gratuitamente): y por ello cada subtítulo arranca con el hashtag #tengounaedad. Un hashtag estupendo para acompañar lo que cada quiera añadir. Huelga decir (aunque no holgara tanto cuando lo decimos) que en este caso la edad es un simple estado mental: poco importa nuestra fecha de nacimiento. Prescindamos de cutres polígrafos, sueros de la verdad o confesionarios y, simplemente, activemos los subtítulos de nuestro subconsciente bibliotecario.

(Nota: Infobibliotecas no se responsabiliza de las opiniones que este subconsciente pueda expresar, ni las refrenda, ni las comparte. Se limita a recogerlas para que cada uno concuerde o disienta de ellas.)

 

SUBTÍTULOS
Castellano On Off

 

En la biblioteca actual es, si cabe más importante que antes, adaptar los espacios para atender a los diferentes colectivos que la habitan. Preservar el silencio, que tan demandado es por el público estudiantil, y convertirla en un centro cultural activo, vivo y dinámico: supone una distribución flexible de los espacios y un esfuerzo por atender a las necesidades de todos los usuarios.

#tengounaedad: Los estudiantes, dentro de los colectivos de usuarios, son los principales enemigos de la biblioteca pública. Siendo totalmente respetables sus necesidades: su intransigencia ante las necesidades de otros colectivos, y su indiferencia por lo que las bibliotecas puedan ofrecerles más allá que como simples salas de estudio: suponen una amenaza para innovar la idea de biblioteca. La trampa está hecha: en bibliotecas pequeñas la dictadura estudiantil con la connivencia de alguno de esos concejales o alcaldes pedáneos (que no ven a la biblioteca más allá de una seudoguardería o sala de estudio) pueden ser el estoque definitivo a los intentos por transformarlas en centros culturales llenos de vida, y por lo tanto, de futuro.

 

Estudiantes haciendo cola para coger sitio en la biblioteca de la Universidad de Nanjing (China).

 

La profesión bibliotecaria es de las que más preocupación ha mostrado siempre por mantenerse actualizada tecnológicamente y por ir sumando habilidades. A lo largo de las pasadas décadas ha demostrado una encomiable capacidad para adaptarse a los retos que los tiempos requerían. El reto digital del siglo XXI promete poner aún más a prueba esa capacidad camaleónica de la profesión que, ahora más que nunca, tiene que reimaginar su función y la de las bibliotecas en esta revolución sin precedentes.

#tengounaedad: la profesión bibliotecaria puede extinguirse si peca de falta de ambición cultural. Ejercer como funcionarios de la cultura (en el sentido más peyorativo que se adjudica al término funcionario) en vez de como profesionales de la cultura. Las plantillas bibliotecarias actuales se distribuyen a grosso modo: entre los licenciados en carreras de Letras que, en los 80, opositaron para bibliotecas como una solución a la falta de salidas profesionales a sus estudios, y que tras hacer un loable intento por actualizarse en destrezas informáticas, no lo compaginaron con una reinvención de lo que debía ser una biblioteca; y los diplomados/licenciados de los amenazados estudios de Biblioteconomía y Documentación, que surgieron en la década de los 90, y que recibieron una formación basada en conocimientos técnicos sin incentivar la curiosidad intelectual, y el perfil humanístico, que se requiere ahora para compensar tanta maravilla tecnológica vacía de contenido. Sin curiosidad no hay futuro.

 

 

La mayoría de las plantillas de las bibliotecas están compuestas en un alto porcentaje por personal de cuerpos generales de la administración. Los técnicos bibliotecarios marcan las directrices de estos trabajadores que, en más de un caso, se convierten en avezados profesionales de biblioteca sin necesidad de titulación. Disfrutando de un destino laboral que en nada se asemeja al resto de unidades administrativas que suelen componer las administraciones locales o autonómicas.

#tengounaedad: que las administraciones no respeten que las bibliotecas precisan de un personal con formación bibliotecaria provoca que sus plantillas se nutran de personal administrativo que llega con ideas estereotipadas de lo que supone trabajar en una biblioteca. Estos trabajadores se plantean su desempeño igual que si estuvieran en una oficina de recaudación sin especial atención a los requerimientos que precisa trabajar en una institución cultural. Se da la circunstancia de que este personal, además, suele ser el que recibe a los usuarios a pie de mostrador: con lo que muchas veces el buen servicio que podría darse se confía a la buena voluntad de estos trabajadores: que al hecho de contar con un personal cualificado.

 

 

Mantenerse al tanto de lo que se cuece en el mundo bibliotecario es requisito imprescindible para seguir haciendo avanzar nuestra biblioteca. Blogs, revistas, foros, redes sociales, la asistencia a jornadas, congresos, seminarios y demás medios con temática bibliotecaria: nos permiten estar al día de las innovaciones y las ideas que van surgiendo más allá del horizonte cotidiano de cada uno; y pueden servir de inspiración de múltiples formas.

#tengounaedad: cuando se leen desde una pequeña biblioteca municipal, escasa de recursos, personal y apoyo por los responsables políticos: estos medios especializados (este blog sin ir más lejos) que animan a innovar, repensar lo que deber ser una biblioteca, y las aptitudes que se deben desarrollar: puede generarse más frustración que otra cosa. Es como leerse un reportaje de ‘¡Hola!’: repleto de mansiones de ensueño y vidas aparentemente perfectas con las que solo podemos soñar. Bibliotecas ideales para un mundo ideal que solo existen en una realidad muy alejada del día a día de la mayoría de bibliotecarios.

 

Las estupendas recomendaciones para padres y educadores de la autora de cómics Rutu Modan sobre cómo leer cómics con los niños.

 

La sección infantil y juvenil de una biblioteca pública es uno de los servicios a potenciar y promover. El síndrome de nido bibliotecario vacío que amenaza a partir de los 10-11 años solo es posible combatirlo recurriendo a soluciones imaginativas y a la complicidad de educadores y padres. La formación de los que darán razón de ser a las bibliotecas en el futuro es un objetivo que debe ser prioritario en cualquier centro: y ello requiere de una especialización y una actualización continua del personal que atiende este servicio.

#tengounaedad: en ocasiones los peores ejemplos para los niños a los que se quiere atraer a la lectura son algunos padres. El uso desconsiderado que en muchos casos hacen de la biblioteca: viéndola más como una especie de guardería o aparcaniños que viene a suplir al parque de bolas o a las zonas recreativas en días de lluvia. Ese concepto de educación laxo, falto de consideración hacia los demás, que convierte a los niños en pequeños tiranos de los espacios públicos por la dejación de funciones de algunos progenitores: se convierte en caballo de batalla para numerosos bibliotecarios infantiles que se ven obligados a ejercer más de vigilantes que de animadores a la lectura.

 

 

La lectura digital es el future is now (El futuro es ahora) del mundo bibliotecario. Uno de los puntos destacados dentro de la IFLA Global Visión es el abrazo a la innovación digital. Las bibliotecas están y deben estar en cada uno de los avances que esta revolución digital está provocando. Por un lado, por una cuestión de actualizarse y no perder vigencia; pero por encima de todo para asegurar la igualdad de oportunidades de todos a la hora de acceder al mundo digital, ayudando así, a cerrar la brecha digital que se está generando.

#tengounaedad: una vez más la visión macrobibliotecaria (IFLA, Manifiesto de la Unesco, Consejo de Cooperación Bibliotecaria, etc…) frente a la microbibliotecaria. Por lo que respecta a la tumba que, según algunos, los ebooks habían cavado al libro impreso: sigue sin ser ocupada. Por otro lado, plantear estrategias, diseñar campañas, movilizar personal para desarrollar comunidades digitales desde las bibliotecas a través de las redes sociales se choca de frente con: la falta de tiempo, personal y recursos; y el hecho de que muchas de las administraciones en las que se integran las redes de bibliotecas: bloquean, dificultan, o directamente, prohíben el acceso a las redes sociales desde la Administración.

 

 

La cooperación bibliotecaria es un clásico dentro de la Biblioteconomía. Para conseguir que las bibliotecas tomen parte en la consecución de los retos que se han marcado en la Agenda 2030 de la ONU: la IFLA ha elaborado desde un Programa de Acción para el Desarrollo hasta un conjunto de herramientas para ayudar a defender estas necesidades antes los responsables de las políticas culturales nacionales y regionales. Sentirse parte de un proyecto global que aspira a mejorar el mundo es algo muy motivador que refuerza la idea de cooperación y de creación de redes entre bibliotecas.

#tengounaedad: los frenos a objetivos tan loables no provienen exclusivamente de las limitaciones materiales y de plantillas de las que adolecen las bibliotecas. Las limitaciones más paralizantes, como siempre, son las mentales. Si la colaboración entre redes de bibliotecas que operan en un mismo territorio se hace en ocasiones imposible por: veleidades políticas, intereses no manifiestos, visiones cortoplacistas o estrategias para ganar/conservar el puesto: ¿cuánto no se agudizarán estas miserias si se amplía el encuadre? Cambiar la idea de para qué sirve una biblioteca en el siglo XXI debería ser el primer paso. Pero no solo en las mentes de los políticos también en las de muchos bibliotecarios. Si tanto se habla últimamente de promover el pensamiento crítico de los ciudadanos: habrá que predicar con el ejemplo y empezar a promoverlo también hacia la propia profesión.

 

FIN
#tengounaedad: podría seguir…

 

SUBTÍTULOS
Castellano On Off

 

Hasta aquí la película que nos hemos montado con este post subtitulado. Para cerrar añadamos algo de banda sonora. En los últimos tiempos, la falta de presupuesto y la inmediatez que exige el mercado, ha llevado a que proliferen los lyric videos (lo que vendría a ser un vídeo de karaoke, pero como eso queda cutre, se trata de vídeos más o menos creativos con la letra en subtítulos) que preceden al lanzamiento del vídeo oficial de un nuevo hit. Nada más propio pues para este atracón de subtítulos que cerrar con un lyric video.

El grupo Doble Pletina jugó con el concepto deconstruyéndolo para su tema Nada. Más que un vídeo con los subtítulos de la canción se trata de un juego, de un pasatiempo, con el que se entraba en un sorteo. Subtítulos desordenados que juegan con nuestra capacidad de atención para que cada uno se monte el puzle en su cabeza: algo parecido a lo que hemos pretendido con la biblioteca subtitulada de este post.

 

 

Menú del día para mujeres bibliotecarias

 

28 de febrero de 2018. 14:45 horas. Reserva a nombre de Biblioteca para cinco comensales en un restaurante del centro de una ciudad. 

Estas fueron las coordenadas espacio temporales en las que se desarrolló la conversación entre cinco mujeres bibliotecarias que, a continuación, se transcribe en un post ideado para publicarse previo a uno de los Días Internacionales de la Mujer más reivindicativos de los últimos años.

El encuentro, propiciado por Infobibliotecas, quería registrar las ideas, experiencias, anhelos, frustraciones y alegrías de cinco mujeres bibliotecarias. Se trataba de grabar sus vivencias sin tapujos, limitaciones, ni reservas. Hasta donde ellas quisieran contar y como ellas quisieran contarlo. Y paradójicamente, para eso, había que recurrir a las máscaras.

 

 

Hipatia, la científica y filósofa griega; Anne Tyler, la escritora y bibliotecaria estadounidense; María Moliner, una de figuras más insignes del gremio en nuestro país; Batgirl, cuyo alter ego, Barbara Gordon, ejercía como bibliotecaria en los cómics de Batman de los años 60; y Susana Estrada que, antes de convertirse en la figura más representativa del destape, ejerció como bibliotecaria en el Ateneo Jovellanos de Gijón.

Estas fueron las cinco identidades elegidas por las comensales de este banquete bibliotecario: no porque tuvieran nada que ocultar sino para poder sentirse libres de decir lo que quisieran y como quisieran. Y porque, de este modo, sus rasgos personales y profesionales no interfirieran en la empatía o desapego que sus opiniones y experiencias provocasen entre quienes quieran asistir, en diferido, a su conversación.

Pero dejémonos de tanta palabrería. Hipatia, María, Anne, Batgirl y Susana tienen mucho que decir y sobra tanta explicación. Que dé comienzo el banquete.

 

ENTRANTES: GAMBAS Y SARDINAS REBOZADAS

 

 

Batgirl: Lo mío fue casual. Venía de Historia y una amiga, que daba clases particulares de catalogación, me dijo: “vente”. Me fui liando y me enganché a las becas de la Universidad. Fui de beca en beca, de contrato en contrato y siempre me lo he pasado bien. Siempre me he divertido, he tenido alguna época mala, pero siempre me he divertido. Lo dijeron en las jornadas de bibliotecas del viernes pasado: hay que divertirse en el trabajo. Y eso hago. Hay rutina pero siempre hay algo que te saca de esa rutina.

Hipatia: Fíjate yo nunca veo rutina. No hay dos días iguales en una biblioteca.

Susana: Yo llevo 30 años y me considero una privilegiada. Y mira que, en el medio en que estamos, ha habido momentos malos, de sentirte poco considerada, de luchar y luchar y conseguir muy poco.

Anne: En algunos casos nos movemos en un medio hostil.

María: Más que sentirte considerada, o no, yo lo veo como indiferencia.

Susana: Llámalo como quieras, pero es que me da igual, termino pasando de su indiferencia u hostilidad y me centro en mi biblioteca, en la gente que tengo que es estupenda, y eso a mí me da vida. Porque si me paro a pensar en el concejal de turno que quiere hacer esto o lo otro y al final termina no dejando hacer uffffff…

Hipatia: La pesadilla del bibliotecario, desde luego, no son ni los usuarios, ni la falta de recursos, ni el trabajo en sí: la verdadera pesadilla es el político de turno que ni sabe ni quiere saber.

Susana: Sí. El mindundi que, de repente, te lo quita todo o te bloquea. Pero ya os digo que me niego a que todo eso me salpique. Es una profesión que me encanta y me da igual. Cuando tengo que ir, sin más remedio, a las altas esferas luego me echo la bronca a mi misma: “¿para qué vas alma de cántaro?” (Risas) Porque no quiero que nadie me quite lo bien que me lo paso con mi trabajo.

Hipatia: Totalmente de acuerdo. Yo iba para filósofa pero se me cruzaron las bibliotecas por el camino. Cuando terminé la carrera me preparé las oposiciones y entonces pensé: “si no entiendo a Hegel ¿cómo voy a explicar a Hegel?” Sería muy deshonesto. Y un día fui a ver a mi amiga del alma (señalando a María) que ya trabajaba en la biblioteca. No sé porqué fui, sería para contarle que no entendía a Hegel, y no iba a ser filósofa.

María: Tenía una crisis filosófica hegeliana.

Hipatia: El caso es que supongo que estaría aburrida ese día, y como es de las que habla hasta con las plantas, los libros y las paredes: me empezó a enseñar cómo iba todo y cuando terminó me dijo: “ahora sigue tú”. Y eso hice.

María: ¿Alguien se acuerda del Servicio Social? Yo lo hice en una biblioteca y ahí empezó todo. Ahí me enganché. Lo tuve clarísimo, echaba más horas que las que tenía que echar. Es más, hasta recuerdo la primera vez que me presté un libro, y lo emocionante que me pareció abrir un libro que habían leído otras personas. Fíjate, qué tonterías, pero me hacía feliz todo eso. Luego hice Hispánicas y terminé en la biblioteca en la que aún sigo. Y encantada. Es más, me quedan cuatro años para jubilarme, y me estoy planteando reengancharme. Porque mira que he tenido aguafiestas de esos de los que hablabas Susana, pero es que cuando estoy entre las estanterías, a veces pienso: “me quedaría aquí a dormir”. La sensación de estar arropada, el orden, me hace bien psicológicamente.

Hipatia: A mí muchas veces cuando van a visitarme antiguos compañeros de Filosofía, que ahora son docentes, me dicen que me envidian. Que les encanta mi trabajo.

Batgirl: Pero esos amigos te dicen: “¡Ay!, qué bien trabajar en bibliotecas“. Pero igual no saben realmente lo que es trabajar en bibliotecas.

Susana: Bueno en eso no se diferencian del resto pese a que sea gente con formación.

María: Pero incluso a gente, que igual no le gusta leer, les gusta la idea de trabajar en una biblioteca. Hay algo que les atrae.

 

 

PRIMER PLATO: ALCACHOFAS CON PIÑONES

 

 

Anne: Yo estudié en mi ciudad y luego me preparé oposiciones allá donde salieran. Cogía el tren y para Andalucía que me iba, y luego para Extremadura, y luego para Madrid. En un sitio aprobaba el primero, en otro llegaba al segundo. Hasta que saqué plaza donde estoy ahora. Empecé en la biblioteca de un pueblecito. Cuando trabajas en una biblioteca pequeña llegas a ser como una autoridad del pueblo. El maestro, el farmacéutico y la bibliotecaria. Esas pequeñas anécdotas de la bolsa de naranjas que te regalan, historias de biblioteca de mesa camilla.

Aquello se me quedaba pequeño así que pedí traslado a una biblioteca con más movimiento. Durante bastante tiempo he estado muy bien. Pero durante los últimos años la cosa ha ido a peor. Precisamente el día que me llamó Batgirl para preguntarme si me venía a la comida estaba en plena crisis. Ese día estaba pensando muy seriamente si dejaba mi profesión porque no aguanto más.

Hipatia: Pero ¿qué dices?

Susana: Es que estamos pasando una mala racha que dura demasiado. Es que está siendo muy jodido.

(Interrumpe el camarero para tomar nota de más bebidas)

Anne: Menos mal que hemos hecho este corte porque ya me estaba poniendo…

Hipatia: Pero es una mala racha profesional solo ¿no?

Anne: Sí, sí. Estaba buscando dónde irme, fuera donde fuera, pero dejar la biblioteca. También me planteaba: “sigo en bibliotecas pero vuelvo a mi ciudad”. Pero es muy complicado cambiar de administración. El caso es que me pilló la llamada para la comida en plena crisis. Dándome de plazo el fin de semana para tomar una decisión: si coger la mochila, liarme la manta a la cabeza, e irme a otro sitio.

Hipatia: Pero ¿ya se te ha pasado?

Anne: Pues sí porque yo estoy en bibliotecas vocacionalmente, estudié para esto, y no me veo en otra cosa. Además estoy harta de decirle a la gente que tenemos el mejor trabajo del mundo. Que la gente viene por ocio, por estudio, por lo que sea, pero nadie viene obligado. Todos los que trabajamos en bibliotecas tenemos mucha suerte. A muchos les encantaría tener el trabajo que tenemos. Y después de haberle repetido eso a tanta gente no iba a ser yo la que me contradijera a mí misma.

Hipatia: Yo opino como tú. Cuando paso una visita escolar siempre les hago énfasis a los niños en que los servicios públicos son gratuitos: cuando van al médico, cuando van a un colegio público, cuando vienen a la biblioteca. Siempre les digo que cuando juegas a uno de esos juegos en que se representa una ciudad siempre aparece: la iglesia, el colegio y la biblioteca. Han sido siempre los pilares para crear comunidad. Por eso estos años de crisis me han servido para valorar aún más el servicio que damos a la ciudadanía.

Susana: Yo he aprendido a pasar de ciertas cosas. Me he propuesto que ninguna de esas historias me impidan disfrutar de mi trabajo diario. Somos un servicio a la ciudadanía, estamos para servir a la gente del barrio, gente que necesita que les organices actividades, les ayudes, lo otro…

Batgirl: Los usuarios te salvan.

Susana: Siempre. Lo otro es esperar que cambien las cosas, y mientras, estoy en mi micromundo, en mi burbuja del día a día con los usuarios que es lo que satisface de verdad. Me niego a que me amarguen mi vida profesional.

Anne: Yo es que tengo la sensación de que estoy dejando pasar mis mejores años profesionales por unos malos gestores. Podría haber hecho maravillas. Porque a mí con poco que me motiven, soy una trabajadora nata, me implico al máximo.

Susana: Tan malo es que te acosen como que no te digan nada.

Batgirl: Es peor que no te digan nada. Porque a mi me ha pasado.

Hipatia: Pero Anne no puedes pensar eso.

María: Pero una cosa es lo que tú te sientes en potencia y lo que realmente puedes hacer. Pero la gracia, bueno gracia no que no tiene ninguna, pero el mérito es hacer cosas pese a las dificultades. Y cuando sacas algo, por pequeño que te pueda parecer, reconocerte a ti misma el mérito porque, pese a todo, lo que hay en contra lo has conseguido.

Hipatia: ¿Cuántos años (dirigiéndose a María) tuviste a un concejal nefasto y lo único que te mantuvo con ilusión fue el certamen literario que organizabas?

María: Y que también terminaron cargándoselo. Entonces podría haberme abonado a eso de “total si me van a pagar lo mismo”. Pero no era por eso por lo que lo hacía. No me valía ese argumento. Un pensamiento que siempre me ha dado buenos resultados, en esos momentos de bajón, es que el político de turno pasará. Ellos se irán: concejales, alcaldes y demás gerifaltes: pero yo seguiré porque no soy un cargo electo, ni de libre designación. Ellos se irán y yo seguiré. Y así ha sido. Hasta que me vaya. Pero será porque me jubile.

 

SEGUNDO PLATO: HUEVOS ROTOS CON JAMÓN Y TRUFA

 

 

Hipatia: Cambiando de tema: ¿os ha llegado la información sobre la huelga del Día de la Mujer? En nuestra biblioteca se ha pasado una circular informando. Tenemos una compañera muy sindicalista, muy feminista y todo lo que acaba en -ista que nos tiene muy informados.

María: Hablando desde el mundo laboral, nosotras si hiciéramos huelga, sería para apoyar al resto de mujeres. No somos un colectivo que haya sufrido la desigualdad en el trabajo. El machismo en la sociedad, eso ya, de un modo u otro, lo hemos vivido todas.

Batgirl: De todas formas, efectivamente en tema económico no, pero en nuestra biblioteca solo tenemos a dos chicos auxiliares, el resto somos chicas, y cuando hay que coger el coche, cargar cajas o cualquier trabajo manual: siempre terminamos dejándoselo a los chicos. Y me da mucha rabia. Es algo contra lo que lucho continuamente. He tenido que hacer muchos traslados y siempre me he puesto a cargar cajas o lo que hiciera falta. Es algo educacional y rancio.

María: Yo voy más allá: que lo hagan ellos. Discriminación positiva

Susana: Toma ya. Pero lo que dice Batgirl es un problema social no algo propio en sí del mundo bibliotecario

Anne: Y ¿en cuanto a jefaturas? Hay más jefes hombres que jefas en un ámbito mayoritariamente femenino. Eso sí es llamativo.

María: Y ¿en vuestros clubes de lectura hay también mayoría de mujeres?

Susana: Sin lugar a dudas. Esas señoras mayores que llenan cines, cafeterías y clubes de lectura de las que hablaba Elvira Lindo a cuenta del comentario de Álex de la Iglesia.

Hipatia: Tal vez sea por el pudor de expresar sentimientos que se considera algo propio de las mujeres. O un cierto tufillo desdeñoso hacia el hecho de leer narrativa frente a ensayo o libros de materias concretas.

María: Pero no deja de ser curioso, porque hay muchos hombres que leen y les gusta, pero no se apuntan.

Batgirl: Volviendo a los jefes. Yo he tenido un jefe que en las reuniones lo pasaba muy mal porque no conseguía entendernos. Él marcaba un orden del día, y luego nosotras, íbamos cambiando sobre la marcha. Siempre terminaba diciendo: “a mí me superáis”. Era jefe de archivos y bibliotecas. Por la mañana se reunía con los archiveros, la mayoría hombres…

Susana: Y además archiveros. Y hablo con conocimiento de causa.

Batgirl: ..y por la tarde con las bibliotecarias, todas mujeres. Y siempre terminaba diciendo: “es que me superáis, os vais por la tangente”.

Susana: Eso suena a topicazo de lo más rancio y además clasista en comparación al gremio con el que se reunía por la mañana, porque eran de archivo y la mayoría hombres. Por la tarde erais bibliotecarias, y encima mujeres, y le superabais. Vamos, machismo total.

Batgirl: Era un gestor muy bueno y yo trabajé muy bien con él, y sabía sacar lo mejor de cada uno, pero le superábamos las bibliotecarias.

Hipatia: ¿Y de dónde ese mirar por encima del hombro si venimos todos del mismo sitio? ¿acaso porque en las bibliotecas somos mayoría mujeres?

María: Oye ¿y con los usuarios?

Susana: Es el colectivo con el que sí lo noto. Hay usuarios que por el hecho de ser mujer te consideran menos. Me pasa a menudo con sudamericanos y marroquíes. Y otros que sin tratarte con desdén te dicen el “oye nena o el “oye guapísima. Eso a mí me repatea.

Batgirl: ¿Ves? yo en cambio trabajo en bibliotecas con mucha población marroquí y sudamericana y no me ha pasado eso. Y precisamente esta mañana un usuario que tenemos le ha preguntado a mi compañera si yo estaba casada.

Hipatia: Pero ¿el muchacho está bien?

Batgirl: Lo que está es más allá que pa’cá. No hace otra cosa que calibrar pectorales, es a lo único a lo que va a la biblioteca.

(Risas)

Anne: En mi biblioteca hemos trabajado muchos años con convenios de colaboración social. Y es curioso porque, cuando venían hombres, sí tuve problemas en alguna ocasión. Algunos eran empresarios venidos a menos que se habían quedado en el paro. Recuerdo a uno que cuando le mandaba hacer algo me decía que a él no le daba órdenes ninguna mujer. Me respondía: usted (porque me remarcaba mucho el usted) no me da órdenes”. Al final tenía que decírselo a un compañero, que había entonces, para que le dijera: “Anne ha dicho que hay que hacer tal cosa”.

(Risas)

María: Yo no puedo contar nada sobre esto porque no he tenido ninguna experiencia en ese sentido. Pero otra categoría interesante entre los usuarios: los grillados.

(¡¡Uhhhhh sí!!: asienten todas)

Anne: Es que además los psiquiatras les aconsejan ir a las bibliotecas.

Hipatia: ¿No decía Foucault que había que cerrar los manicomios?

María: Sí para que los sustituyeran las bibliotecas.

(Risas)

 

TERCER PLATO: MERLUZA A LA BRASA CON PIMIENTOS

 

 

Anne: Mirad hace dos años teníamos a una mujer, y además una mujer con estudios, y de buena familia, que se sentaba en la sala de adultos y empezaba a relinchar como los caballos: ¡¡¡HIIIIIIII, HIIIIIIIII!!!!!!. Luego pasó otra temporada, cuando varios de los atentados yihadistas, que venía con una gabardina y hacía como que llevaba una bomba. En alguna ocasión he llegado a llamar a la jefatura para preguntar: “oye ¿qué hacemos con este caso?” La decisión debía tomarla yo, pero en momentos de agobio me acuerdo de lo que me dijo una jefa de servicio: “a ti no te pagan por pensar”. Así que recurro a ello.

(Risas)

Batgirl: Ay! a mí también me han dicho eso. No me he hecho un tatuaje con esa frase por los pelos.

Susana: Y eso dicho por una mujer. A mí otra jefa me dijo haciendo un gesto de acariciarme la cabeza: “tu silogismo va muy rápido”. Eso es tremendo ¿eh? Mi jefa de servicio.

Anne: Antes hablábamos del machismo por parte de los hombres, pero ¿y el machismo por parte de las propias mujeres? Y encima en una profesión principalmente femenina. Eso es más sangrante.

Batgirl: Y lo que ha ayudado a que se perpetúe. Está claro.

Hipatia: Pues a mí nunca me han dicho algo parecido.

Batgirl: ¡Venga ya! Con el carácter que tú tienes: ¿nunca te han dicho nada tus jefes?

Hipatia: ¿A mí? Nunca

Anne: Pero a ver, broncas sí que habrás tenido.

Hipatia: Ah eso sí, pero faltarme al respeto nunca. No se lo hubiese permitido.

María: Acuérdate de cierto jefe que tuviste allá por los 90

Hipatia: Ah sí, ese sí. Pero afortunadamente se fue muy rápido. Pero si me dijeran algo así es posible que en el momento me callara, pero después iría al despacho y le diría cuatro cosas. Afortunadamente mi sueldo no depende del jefe de turno.

Batgirl: La valentía del que tiene las espaldas cubiertas. Yo después de que me dijera que a mí no me pagaban por pensar luego se lo expliqué: y aún se lo sigo recordando.

María: Pero bueno es que la frase de “no te pagan por pensar” se puso de moda y todos los mediocres que no tienen discurso propio la repetían como loros.

Anne: Tú lo has dicho: los mediocres con poder. Lo peor que te puede pasar. Pero acumulamos experiencia en todos los ámbitos.

María: Volviendo a las anécdotas. Es que me ha pasado hace muy poco. Tengo en mi biblioteca el libro: ETA nació en un seminario. Y un usuario publicó en Twitter que estábamos exaltando el terrorismo. Mi concejal que ve eso y me dice que retiremos el libro. Total que tuve que llevarle el libro para que lo viera y le enseñé la relación de bibliotecas en las que ese libro forma parte de sus colecciones. Pero es que el otro día va el exaltado en cuestión a la biblioteca y me monta un pollo porque tenemos un Diccionario islámico: que lo retirase, que nos iban a invadir, que son el enemigo. Tremendo. Obviamente le dijo que no. Y cuando se marcha me dice todo ofendido: “le va a sentar a usted muy bien el burka”.

(Risas)

María: Después le tendría que haber dicho: “Ay sí! porque así no tendré que depilarme el bigote”.

Susana: Tú por si acaso escóndele Sumisión de Houellebecq no vaya a leérselo. O igual ya lo leyó y de ahí su paranoia.

Batgirl: Los tiempos cada vez dan un poco más de miedo. Afortunadamente los fanáticos ignoran las bibliotecas, pero si les diera por ellas, nos tendríamos que echar a temblar.

Hipatia: Políticos miedosos y usuarios fanáticos. Menuda combinación.

María: Mi concejal ahora está con la obsesión de fomentar las donaciones, sea lo que sea, y que les hagamos fotos a las portadas para que pueda subirlas a sus redes como un logro. Yo le sigo la corriente, acepto toda la basura que la gente lleva cuando vacía los trasteros, y aprovecho por las tardes, cuando están mis compañeros, para que disimuladamente se deshagan de toda la morralla que tenemos que recoger.

Anne: La censura de los usuarios, eso también da para mucho. Me recuerda a la película de Bette Davis, en la que hacía de bibliotecaria, y se enfrentaba a políticos y fanáticos por defender que el Manifiesto Comunista estuviera en la biblioteca.

Batgirl: Pero es que a la gente hay que explicarle las cosas, no tenerles miedo, y no dejar de hacer cosas por eso. Que no las acepta, pues lo siento, pero es su punto de vista.

Susana: Bueno venga, vamos a brindar y a hacernos las fotos. Las bajas, sentadas, y las altas, que se pongan de pie. Coged las copas, espalda recta y pecho erguido. Que se note que somos bibliotecarias.

 

Batgirl, Susana, Anne, María e Hipatia brindando por las bibliotecas.

Infobibliotecas quiere agradecer la sinceridad, el arrojo, el sentido del humor y la pasión por su profesión de (por riguroso orden alfabético): Anne, Batgirl, Hipatia, María y Susana sin cuya generosidad, es obvio, que esto no habría sido posible.

 

Om namah shivaya: mantras de biblioteca

 

Antes de leer este post se recomienda escuchar el siguiente vídeo (perdón por dejar fuera la voz original de Max von Sydow pero no queríamos que el nivel de inglés de cada uno interfiriera en la hipnosis).

 

 

El póster de la película Europa (1991): la silueta de un hombre corriendo sobre un reloj. Pareciera más hablar de nuestro tiempo que de la posguerra alemana en que se sitúa la trama.

Llegados a 10 no sabemos si habremos logrado el efecto deseado. Esa Europa a la que nos llevaba el prólogo de la película del venerado/odiado Lars von Trier: no era un lugar físico, pese a estar ambientada en la Alemania post-nazi: era un estado mental. Una suerte de hipnosis a la que pretendía inducirnos el cineasta danés, un sueño, otra dimensión. Y eso pretende, muy desmedidamente, este post.

Que por unos minutos (los que se tarde en leerlo) consigas inhibirte del hecho de que estás en Internet. No tienes porqué hacer clic compulsivamente. Puedes quedarte un rato en este blog de posts taaaaan largos que, a veces, da la impresión de haberse quedado a vivir en ellos. Puedes tomarte tu tiempo, para leerlo o no, pero en todo caso para acompasar tus pulsaciones a un ritmo más pausado, a una cadencia impuesta por ti y no por esos algoritmos que contabilizan cada una de nuestras huellas en la red.

Hace unos meses dedicábamos dos posts consecutivos a relacionar el ejercicio físico y la lectura. Por un lado recomendábamos lecturas por grupos musculares, para después, reclamar la inclusión de clases de pilates literario, zumba poética o body book en las ofertas de los gimnasios. En busca de lo chocante se nos olvidó incluir una disciplina con larga trayectoria en los gimnasios. Afortunadamente ahí están al quite siempre los bibliotecarios estadounidenses para poner remedio.

No es la primera vez que se habla de yoga en bibliotecas. De hecho el yoga por su vertiente espiritual y proclive a la relajación y la concentración resulta de lo más afín para la reflexión que debería derivarse de todo consumo cultural provechoso. Y si es con niños aún mejor.

 

Ni método Ferber, ni Estivill: el yoga es lo mejor para inducir el sueño en los más pequeños.

 

El libro de la yogui bibliotecaria Katie Scherrer

La exbibliotecaria infantil y monitora de yoga Katie Scherrer ha unido ambos perfiles (el de bibliotecaria y yogui) en su recién publicado libro: “Historias, canciones y estiramientos: creando cuentos lúdicos con yoga y movimientos”.

Scherrer da diversas pautas de lo más interesantes para programar cuenta-cuentos con yoga en bibliotecas. Y para ello parte de una verdad incuestionable: el aprendizaje comienza con el cuerpo: por lo que combinar el aprendizaje de esos movimientos dentro de una sesión de cuenta cuentos puede ser un plan perfecto para asegurarse el interés de los más pequeños.

 

Entre las recomendaciones que da Scherrer:

 

  • Una hora de cuentos de yoga generalmente dura de 30 a 45 minutos
  • Los libros con personajes de animales son particularmente adecuados para su uso porque casi todos los animales imaginables se pueden expresar físicamente a través de una pose de yoga.
  • Los libros que celebran el mundo natural también son idóneos. Muchas posturas de yoga están inspiradas en accidentes geográficos, como la montaña y las posturas de los árboles.
  • Incluir unos minutos de relajación para su grupo es una manera maravillosa de finalizar su sesión de cuentos de yoga.

 

Si los grandes mandamases de Silicon Valley alejan a sus hijos del abuso de la tecnología y han abierto un debate sobre lo perjudicial que esta puede ser para la sociedad tal y como la entendíamos hasta ahora: el yoga parece una excelente opción para compensar el irrefrenable imán que las redes sociales ejercen sobre los más jóvenes. Una manera de que descubran su propio ritmo, el de su respiración, y de que inventen sus propios mantras sin que se los manufacturen los gurús de las multinacionales. Cada uno tiene sus propios mantras interiores practique, o no, el yoga y la meditación: solo se necesita alejarse un poco de tanta feria digital y escucharse a uno mismo para variar.

 

No, no, estamos en la India pero no confundamos las cosas. Bollywood con sus músicas chirriantes y sus bailes locos no pinta nada aquí: pero nuestra vena #bibliobizarra siempre nos pilla desprevenidos.

 

No vamos a imbuirlo del carácter espiritual y litúrgico que tiene el término en su origen: pero las bibliotecas (o los bibliotecarios, que en este caso, viene a ser lo mismo) también tienen sus mantras. Deseos, aspiraciones, plegarias, anhelos que repiten continuamente hasta desgastarlos. Más que para alcanzar el nirvana laboral: para intentar, a fuerza de repetirlos, que calen, convenzan e iluminen al resto de la sociedad sobre la realidad de las bibliotecas. ¿Qué otra cosa hacemos en este blog sino repetir visiones sobre lo que debería ser la biblioteca de nuestro tiempo? En plan fino diríamos que tal cual como en unas variaciones Goldberg sin piano, pero en realidad, se asemeja más bien a la estridencia machacona de los loros.

 

 

MANTRAS PARA LOS POLÍTICOS

 

  • las bibliotecas ganan votos porque pueden dar titulares a lo largo de toda la legislatura: no como esos macroproyectos que son titular para hoy y ruina para mañana, y cuyas facturas, la oposición blandirá en la próxima campaña.
  • lo del pan y circo puede que siga dando sus frutos: pero teniendo las redes sociales, el pueblo ya tiene circo diario, y por mucho que algunos se sigan viendo como César, los romanos hace tiempo que ya no se conforman con pan y quieren que rueden cabezas. Las bibliotecas, pese a los feos que les hacen, siguen teniendo buena prensa, incluso entre los que no las pisan.
  • las bibliotecas son las instituciones más democráticas que existen, los centros culturales de proximidad que pueden ayudar a vertebrar las comunidades y a paliar/compensar la falta de inversión en problemas sociales de integración, exclusión social, desempleo, dependencia, etc…
  • las bibliotecas necesitan bibliotecarios, especialistas, profesionales: igual que los colegios, profesores, y los hospitales, personal sanitario.
  • reforzar la red de bibliotecas no es ampliar los horarios para que sirvan como salas de estudio.

 

 

 

MANTRAS PARA LOS CIUDADANOS

 

  • las bibliotecas no son salas de estudio (el primer mantra dedicado al lobby estudiantil y que lo une, insospechadamente, con los políticos).
  • las bibliotecas son gratuitas, los centros comerciales no.
  • las bibliotecas no son gratuitas, las pagamos todos con nuestros impuestos, así que respeta los bienes públicos que contienen para que otros puedan disfrutarlos igual que tú.
  • Internet puede que te haga sentir autosuficiente para decidir lo que quieres leer, ver, escuchar, descubrir: pero no es cierto. Los algoritmos te están marcando el ritmo. Confía en el criterio de los bibliotecarios: te guste o no lo que te aconsejen, al menos su recomendación no viene patrocinada por ninguna multinacional.
  • el silencio está bien, y el ruido (puntual) también en la biblioteca del siglo XXI.
  • votar a políticos que invierten en bibliotecas es votar a políticos que van a hacer que te ahorres dinero en la educación de tus hijos.

 

 

MANTRAS PARA LOS BIBLIOTECARIOS

 

  • obsesionarte con los indicadores y los subcampos del MARC 21 es como dibujar una diana en tu biblioteca para que impacte el meteorito que extinguió a los dinosaurios.
  • si estás en los 60 “tu época” no fueron los 70, si estás en los 50 “tu época” no fueron los 80, si estás en los 40 “tu época” no fueron los 90… Tu época es el tiempo en el que estás vivo. La nostalgia es un pecado que un profesional de la cultura no se puede permitir (salvo que le saque réditos). Siempre hay nuevos horizontes culturales a los que abrirse. Solo así podrás cumplir tu función de consejero y espolear la curiosidad en tus usuarios.
  • la biblioteca pública tiene como función imperativa acoger todas las manifestaciones culturales minoritarias que la lógica del mercado empuja a los suburbios del mercado.
  • si padeces fobia social vete a terapia: ahora más que nunca la interacción con tus usuarios es básica para compensar el aislamiento al que nos abocan las pantallas.
  • los bibliotecarios no son médicos ni controladores aéreos: relájate, experimenta sin red, el tortazo no será tan grave.
  • vives con un pie en la galaxia Gutenberg y con el otro en la galaxia digital y esa perspectiva juega a tu favor frente a los que nacieron bajo el signo del byte.

 

 

MANTRAS PARA ESTE BLOG

 

  • hay que hacer los posts más cortos, hay que hacer los posts más cortos, hay que hacer los posts más cortos, hay que hacer los posts más cortos….Ommmmmm
  • hay que hacer más caso a las advertencias SEO de WordPress y a las recomendaciones de cómo hay que publicar en Internet

 

Sin desmerecer al resto: la mejor fusión rock occidental+música hindú.

 

Lo cierto es que la mayoría de mantras que hemos creado serían imposibles de convertir en un único sonido, en una palabra o en frases fáciles de repetir en bucle, tal y como se definen los mantras: pero lo que importa es el espíritu, no tanto la letra, y que cada uno las interiorice (si acaso quiere hacerlo) como mejor le venga en gana.

Pero terminemos volviendo al estado de paz y sosiego al que aspirábamos al principio. La fascinación por la espiritualidad hindú ha soplado sobre Occidente durante varios periodos históricos: pero no fue hasta la década de los 60, del pasado siglo, cuando cuajó gracias a los músicos occidentales que la hicieron suya en un acto que hoy día sería acusado de apropiacionismo cultural. En fin…(al hilo de esto un mantra que se nos olvidaba: huye de lo políticamente correcto, huye de lo políticamente correcto, huye, huye).

 

Nina Hagen en su época hindú dándolo todo como siempre.

 

The Beatles, The Byrds, The Kinks, The Rolling Stones, Ry Cooder, Nina Hagen o Tina Turner han sido algunos de los grupos o músicos que han caído bajo el influjo del sonido del sitar. Desde que el mítico Ravi Shankar se aliara con Georges Harrison, la India, pasó a formar parte de la cultura pop para siempre. Y los frutos de ese rico mestizaje, que el virtuoso Shankar promovió por todo el mundo, no se concretaron solo en la música. La cantante, compositora, pianista y actriz Norah Jones; y la, también cantante, compositora e intérprete de sitar Anoushka Shankar: son hijas, de diferentes madres, de Ravi Shankar. Fieles al legado paterno las dos hermanas se unieron para fundir al swing jazzístico de Nora con la profundidad mística del sitar de Anoushka en el tema con que cerramos.

No cabe mejor mantra musical para sentirse fuera del trasiego ansioso de la Red aún estando dentro de ella. Om namah shivaya: abre tus chakras a las bibliotecas.

 

“No tengo Facebook, Twitter, ni Instagram”: el desgarrador testimonio de una biblioteca en directo

 

Hace poco, ‘The New York Times’, dedicaba un artículo a la carismática cantante Sade Adu. Desde que surgiera con su grupo en los 80 solo ha editado seis discos (recopilatorios aparte): pero pese a ello, su música ha sido una constante en emisoras para adultos (como las denominan los anglosajones), salas de espera de cirujanos estéticos, e hilos musicales de locales de lo más dispar que aspiran a disimular sus cutreces con el toque chic, devenido en cliché Ferrero Rocher (reservarse para no empachar), que les aporta la música de la británico-nigeriana. Sus silencios son impredecibles, y en el caso de cualquier otra figura, ello la condenaría de inmediato al olvido, pero eso no parece suceder en el caso de Sade. Cuando vuelve, como la última vez en 2011, vuelve a movilizar a sus fans que la esperan lo que haga falta.

 

Sade dándole la espalda a muchas de las servidumbres del star system.

 

Cormac McCarthy solo concede una entrevista cada diez años.

Esta especie de Greta Garbo musical contraviene la mayoría de reglas de lo que debe hacer una estrella en cuanto a su exposición y, pese a ello, según detallaba el artículo del prestigioso periódico neoyorquino, hay un auténtico culto a su figura. Tatuajes, camisetas, pendientes de aro: toda una imaginería en torno a la discreta cantante se vende como signo de distinción para todo el que quiere ser cool.

En plena vorágine del escaparatismo digital en el que todos (individuos e instituciones) se esfuerzan por mostrarse en las redes: Sade, envuelta de misterio en el pueblecito escocés en el que vive con su actual pareja, no parece esforzarse demasiado para que no la olviden los medios. Y mientras, los rumores sobre si este será el año en que volverá a sacar disco mantienen alerta a sus seguidores.

 

J. D. Salinger, el escritor esquivo por antonomasia, defendiéndose de un fotógrafo intruso en los años 80.

 

El talentoso cantante, compositor y bailarín Stromae, tras dos exitosos discos, decidió retirarse durante un tiempo sin determinar.

Cultivar el misterio en el siglo XXI, que se lo digan a Lana del Rey, no es fácil.  Por eso, por contrastar y contemporizar, el titular de este artículo es falso, (aunque seguro que más de una biblioteca no tendrá Facebook, Twitter ni Instagram) sensacionalista, amarillista, impactante, y con todos los resabios propios de la prensa más torticera.

¿Puede una biblioteca mantenerse al margen de las redes sociales hoy día? Prácticamente todos al unísono responderíamos que no. Pero ¿qué precio pagan las bibliotecas/bibliotecarios por estar en las redes?

El lunes 22 de enero se celebró el octavo Día Internacional del Community Manager. Si hay un Día Mundial del Retrete (19 de noviembre) o un Día Internacional del yoyó (6 de junio): ¿por qué no va a existir un día para los mayores pedigüeños de clics, retuiteos, comentarios, pingbacks y demás interacciones digitales que habitan la Red? La profesión bibliotecaria parecía predestinada desde el primer momento para adaptarse al difuso perfil de ese comunicador online que es el community manager. Si lo de ratón de biblioteca es un lugar común al hablar de la profesión: ¿qué otra cosa no son los community managers sino ratoncitos aplicados a hacer girar cada día la rueda de Internet?

 

El dúo electrónico francés Daft Punk pese a su enorme éxito siguen siendo unos desconocidos: siempre tras sus futuristas cascos de motoristas.

 

En ‘La Opinión de Zamora‘ celebraron el Día del Community (CM para los amigos) hablando de la cuenta de Facebook de la Biblioteca Pública del Estado (todo un detalle desde un medio). Según relata la crónica, la bibliotecaria responsable de gestionar la cuenta, tras una década en solitario, tuvo que pedir ayuda al resto de la plantilla por lo mucho que le absorbía alimentarla. Los bibliotecarios de Zamora dicen no obsesionarse con las estadísticas, ni las interacciones, primando un contenido de calidad e interés. Bien por ellos. Pero los peligros de la vanidad satisfecha acechan en cada intro.

Y es que las redes son insaciables, fomentan tu vulnerabilidad (solo hay que atender a lo que ha pasado recientemente con la cuenta de Twitter de las bibliotecas del Ayuntamiento de Madrid) y están ideadas para crear dependencias. El silencio en las salas de una biblioteca es algo a preservar pero el silencio en las redes sociales es un páramo por el que nadie quiere transitar. Ni siquiera una biblioteca.

Por favor, please, bitte, s’il vous plait, prego, si us plau, mesedez, prosim, molen vasléeme soy community manager. Antes de alcanzar tal grado de patetismo multilingüe mejor repasamos las características que se reconocen propias de un buen CM para ver hasta qué punto se ajustan a las habilidades propias de un buen bibliotecario:

 

Infografía de la web mexicana Alto nivel sobre el perfil idóneo de un community manager.

 

El filón inagotable y maravilloso de las portadas pulp tuneadas de Pulp Librarian en este caso: “Técnicas de persuasión lectora para el bibliotecario moderno”.

Profesional, comunicador, sensible, analítico, organizado: todo suena bien y todo es fácilmente compartible entre ambas figuras (bibliotecario y CM). Lo de carismático, revolucionario, innovador, propositivo, proactivo, buen escritor… dependerá de cada caso. Pero lo que no está tan claro es que no se termine usando el perfil de la empresa/biblioteca como una cuenta personal si se aspira a diferenciarse.

No hay que extraviarse en lo profesional, y eso las redes lo ponen difícil, como reconocen los bibliotecarios de Zamora: “No podemos calcular cuánto tiempo le dedicamos porque fuera del trabajo también estamos con el pensamiento Facebook”.

El gran logro de Internet es haber derribado la barrera entre ocio y trabajo, haberle dado a todo una apariencia de juego y modernidad: por eso hay que estar alerta para no terminar como ratones de laboratorio pulsando frenéticamente la tecla que produce orgasmos antes que la que nos proporciona alimento.

Si se pretende que el muro de las redes de una biblioteca no sea un simple tablón de anuncios por falta de tiempo: lo más sencillo es convertirlo en un diario de a bordo en el que reflejar la travesía que supone cada día poner en marcha la biblioteca. Ya reuníamos los consejos para llevar a cabo esta tarea sin dejarnos las pupilas en el intento en el experimental …(post en obras). A modo de resumen de lo que allí desarrollábamos:

 

  1. “narrar anécdotas cotidianas, en las que no comprometamos a nadie por ello”
  2. “conectar el relato que hagamos del día a día de la biblioteca con la actualidad social más inmediata”
  3. “no tengamos miedo a mostrar las debilidades, los puntos flacos que estamos trabajando para mejorar”
  4. “y por encima de todo, abrirlo al público. Adoptar la forma de hacer de los fanzines”
  5. “y en medio de todo, el bibliotecario, como auténtico community manager, es decir como el que maneja (en el buen sentido) a la comunidad”

 

No es ninguna receta infalible, pero al menos aleja un poco el fantasma de la precariedad del que habla Remedios Zafra en su ensayo ganador del Premio Anagrama de Ensayo 2017. Y es que si algo tienen los bibliotecarios que de verdad se comprometen con su trabajo es entusiasmo (además de falta de tiempo). De hecho, en ocasiones, no tienen más que eso: y ahí está el peligro.

 

 

Zafra indaga en la inestabilidad de los trabajadores del ámbito cultural, académico y creativo que, constantemente, tienen que recurrir a su vocación por la cultura y a un entusiasmo inagotable para seguir adelante. Una hipermotivación peligrosa que el sistema aprovecha, gracias a la conectividad a tiempo completo que permite la Red, para instrumentalizarla y hacer que demos gracias por trabajar en algo “tan bonito como es la cultura” (el entrecomillado es nuestro) pese a que los beneficios tangibles (económicos y laborales) sean siempre inciertos y precarios.

Trabajar por amor al arte en su versión digital 5.0. La bohemia cultural hace mucho que desapareció a golpe de clics. Ahora es la palmadita del político o jefe de turno la compensación por todos los desvelos: y si no, ahí están las interacciones digitales para saciar el ego y la vanidad y recibir así una gratificación inmediata que te haga sentirte realizado y postergue indefinidamente una mejora laboral. El “me debo a mi público” de las folclóricas como mantra que espante el desaliento ante tanto sobresfuerzo.

 

Murger retrató el París bohemio de las vanguardias de finales del XIX. En el XXI los bohemios siguen igualmente pobres pero con conexión wifi en sus buhardillas: desde las que se conectan a un mundo que no entiende de un romanticismo que solo pervive en sus cabezas.

 

El libro de Zafra da para mucho, pero por ahora, nos quedamos con un fragmento que parece interpelar de manera directa al gremio bibliotecario:

“me resulta llamativo cómo el sobresfuerzo de las redes se ha orientado más a construir apariencia de verdad desde el exceso de imagen, sobreinformación y estilización, pero no ha ido encaminado a favorecer lazos de confianza” (pág. 115)

Lazos de confianza: he aquí un concepto clave para las bibliotecas que, a diferencia del desgarrador testimonio con que se abre el post, tengan Facebook y/o Twitter y/o Instagram.

La biblioteca sin filtros que edulcoren nada, la biblioteca de proximidad, la biblioteca cercana que haga que sus usuarios se sientan a gusto en un entorno digital seguro, la #bibliotecavstrolls de la que hablábamos hace un tiempo. Fomentar esos lazos de confianza a través de las redes de las bibliotecas no va a acabar con ese precariado al que nos abocan: pero la confianza es el primer paso hacia la solidaridad y la creación de un verdadera comunidad digital. Y eso ya es un gran logro viniendo de un puñado de voluntariosos bibliotecarios que cada día reinician el relato de del día a día de sus bibliotecas en las redes.

 

El documental recién estrenado sobre Grace Jones.

 

Y hablando de figuras a las que los tiempos no parecen marcarles el ritmo ahí está Grace Jones, una figura en las antípodas de la serena Sade Adu con la que empezábamos. Tras casi 20 años fuera de la industria volvió en 2008 y declaró sobre su ausencia que no había tenido nada que decir hasta entonces. Ahora, casi con 70 años, publica memorias, se estrena un documental y canta casi desnuda en festivales de lo más selecto.

Algunas de las frases de su tema Corporate cannibal no podrían resultar más intimidantes para cualquiera que transite las redes, pero aún más, para los profesionales de la cultura que viven en un precariado perenne hiperconectado. Grace no es asidua de Facebook, Twitter, ni Instagram: pero ni falta que le hace porque los describe a la perfección en su versión más alienante.

 “Soy una máquina devoradora de hombres. Cada hombre, mujer y niño es un objetivo. Consumiré a mis clientes. Te daré un uniforme, cloroformo, te desinfectaré, te homogeneizaré, te vaporizaré.” 

 

 

Abierto hasta el amanecer: funcionarios y bibliotecas

 

En los últimos tiempos en que la transparencia se impone al menos de boquilla mucho más allá de las pasarelas de moda: es intrigante como la opacidad se mantiene cuando se aborda el tema de los televidentes que disponen de un audímetro en su hogar. Según cuentan (pero vete tú a saber si es cierto) el periódico ‘ABC’ filtró hace unos años el listado de domicilios con audímetros de nuestro país y eso motivó que tuvieran que cambiarlo por completo. El caso es que en un reciente artículo de ‘El Mundo’ sobre el asunto ninguno de los entrevistados ha querido salir del anonimato.

 

La inquietante pregunta con que reciben los audímetros al que  se sienta en el sofá a ver la tele.  ¿Miden las audiencias televisivas o es una forma de jugar a la güija?

 

Es comprensible dado el sesgo de los programas que suelen copar los primeros puestos en los rankings de audiencia. Pero no deberían sentir vergüenza alguna: también cada cuatro años, tengamos o no audímetros, acudimos a las urnas y nadie se responsabiliza de los desaguisados que cometen los que hemos votado. En este blog también tenemos audímetros: se llaman estadísticas de WordPress. No vamos a negar que las seguimos: pero, con todos los respetos, no alteran nuestra parrilla. En la reciente serie de El ángel exterminador bibliotecario la acogida de su episodio piloto importó muy poco a la hora de decidir si se continuaba o se clausuraba: dio para cinco episodios y cinco episodios publicamos. Pero es más, es que ahora empezamos con los spin off.

En este blog no le tenemos miedo a los datos de audiencia: he aquí el top del audímetro de los últimos meses

 

Allá por los 90, Michael Haneke, dirigió una adaptación de la novela ‘El castillo’ de Kafka. La burocracia en todo su absurdo.

Abierto hasta el amanecer: funcionarios y bibliotecas es un spin off de El ángel exterminador bibliotecario. ¿Era necesario? ¿no estaban ya todas las tramas cerradas? Ni mucho menos. Si en la biblioteca donde se desarrollaba la trama encerrábamos juntos y revueltos a indigentes y pudientes, frikis y hipsters, letraheridos y amantes de los best sellers, millenialls y séniorspara luego, en un giro cruel de la trama que rozaba lo gore, desproveerlos de cualquier tecnología digital: nos faltaban los bibliotecarios. Y a ellos va dedicado este spin off.

Cualquier bibliotecario al que un exceso de MARC 21, CDU o indicadores de calidad no haya atrofiado el instinto: actuaría cual vampiro abandonando las catacumbas de proceso técnico para nutrirse de tanta yugular rebosante de inquietudes culturales retenida en la biblioteca. Lo imaginamos como un cruce entre True blood (con toques de Abierto al amanecer: la peli de vampiros tarantinianos) y The librarians, aunque por ponerle una impronta patria, añadiríamos algunas gotas de El Ministerio del Tiempo: por lo bien que ha venido a la BNE para promocionar sus fondos en la red, pero sobre todo, por escenas como la siguiente:

 

 

Apestan a un rancio que tira de espaldas los chistes machistas, los de tartajas, los de mariquitas, los de un inglés, un alemán, un francés y un español que van en un avión; y hasta puede que se agote (¿?) el humor cuñao: pero lo que no parece que se pueda agotar nunca son los chistes sobre funcionarios. Cada profesión lleva su sambenito a cuestas, y en muchos casos, con numerosos especímenes que se obstinan en reforzarlo en su día a día laboral.

Las diferentes administraciones vienen insistiendo mucho últimamente en la recuperación de las ofertas de empleo público que estos años de crisis congelaron. ¿Tendrán en cuenta en esas ofertas a las bibliotecas públicas? Según el diario económico digital ‘Libre Mercado’ las comunidades autónomas tienen 43.000 empleados públicos más que antes de la crisis. Puede que nuestra percepción sea algo tendenciosa, pero este incremento, no habrá sido en lo que a plantillas de bibliotecas públicas se refiere.

 

Una simpática comedia sobre una funcionaria del INEM (Ana Belén) y un parado (Eduard Fernández) que intentan mejorar sus vidas. El estereotipo funcionarial se cumple escrupulosamente también en este caso.

Interino (2014) de Javier Iribarren: probablemente una de las pocas novelas centrada en las desventuras de un aspirante a funcionario.

 

Entre los despidos de personal interino, la amortización de plazas, la falta de reemplazo de personal jubilado o en situación de baja y, por supuesto, el cese de contratos y convocatorias de becas de formación (que en realidad venían a parchear las carencias de personal): la mayoría de las bibliotecas públicas de nuestro país (las que han sobrevivido, como señalaba el blog de la empresa Baratz: se han perdido 226 bibliotecas desde el 2007): atienden sus servicios como buenamente pueden. Pero claro está que en un medio como ‘Libre Mercado’ (del grupo ‘Libertad Digital’) señalar a la administración y a los empleados públicos como rémoras para el progreso de un país: forma parte del ADN de su linea editorial.

Nada que objetar, cada uno defiende la visión de sociedad y gobierno en la que cree, pero  sin entrar en cómo debería, o no, ser nuestra organización administrativa: lo cierto es que cuanto más eficiente, ágil, cualificada y competente sea: mejor para la sociedad a la que sirve. Pero el desprecio a la figura del funcionario viene de lejos. En la película y álbum en el que el irreductible galo creación de Goscinny y Uderzo emulaba los doce trabajos de Hércules (Las doce pruebas de Astérix) se incluía como una de las pruebas titánicas su enfrentamiento con la administración y con los funcionarios como representantes de la misma. Y esto era en un producto infantil francés allá por los 70: ¿tan poco han cambiado las cosas?

 

Astérix y Obélix ni con toda la poción mágica del mundo consiguen que dos funcionarias dejen de hablar de sus cosas y cumplan con su trabajo: el estereotipo marcado a fuego desde la infancia.

 

Ciudad de barro de Milan Hulsing: un estupendo relato en viñetas de la corrupción de la burocracia egipcia a través de la vida de un funcionario del gobierno de Mubarak.

¿Seguirán las administraciones autonómicas con convocatorias como la que ha lanzado la  Administración Central para cubrir 70 plazas de Ayudantes de Archivos, Bibliotecas y Museos para los departamentos ministeriales? ¿o seguirán dejando languidecer de inanición a las plantillas? Si el funcionariado ha envejecido durante esta crisis, y la ausencia de salidas laborales para la profesión ha hecho que la demanda por los estudios de Biblioteconomía amenace con la supresión de los estudios en más de una universidad española (a semejanza de como hace décadas pasó en los Estados Unidos): ¿no estaremos asistiendo a una especie en extinción?: el bibliotecario funcionario.

A ver extinguirnos, laboralmente en este caso, nos extinguiremos todos cuando se impongan los robots, pero mientras tanto: ¿no sería más inteligente reforzar a los empleados públicos para así disponer de un sector público (más grande o pequeño: ahí no entramos) potente que haga ganar en eficacia y calidad al Estado? ¿No deberían ser los funcionarios los aristócratas entre los trabajadores? Ahora si lo dejáramos aquí empezarían a caernos pedradas digitales por todos lados.

 

Maticemos un poco esto último. Aristócratas no por privilegios, ni muchísimo menos sueldo (eso es obvio), ni prebendas. En las sociedades pre-industriales el único colectivo que tenía asegurada la supervivencia y por lo tanto podía entregarse a cultivarse (o a la decadencia, pero esto, en este caso, queda excluido). era la aristocracia. Una vez obtenida la seguridad laboral una función pública que realmente persiguiera la excelencia debería promover la formación continuada, la motivación, y el perfeccionamiento de unos trabajadores altamente cualificados.

Los empleados públicos son los Doctor Jekyll and Mr. Hyde del mundo laboral: privilegiados para unos y pringados para otros. Mucho se habla de incentivar a los funcionarios pero, en muchas ocasiones, lo que se perpetúa es una mediocracia (y no nos referimos al poder de los medios sino al de la mediocridad) que desmotiva para implicarse en dar un buen servicio público más allá del prurito de responsabilidad personal de cada uno.

 

Alaska como funcionaria que da rienda suelta a toda su frustración laboral gracias a la moto sierra.

 

De nuevo ‘Libre Mercado’ (ya decíamos que uno de sus obsesiones son los empleados públicos) abordaba el mundo funcionarial hace unos meses para, por supuesto, incidir en lo privilegiados que son los funcionarios españoles que, según sostenía, tienen los sueldos más altos en comparación a otros países europeos. Pero al menos, entre los datos que aportaba para volver a ponerlos en la picota, reconocía que su nivel formativo era de los más altos de Europa: algo que no se traducía en mayores sueldos, ni posibilidades de promoción debido a que muchos de los puestos que podrían suponer un reconocimiento a sus esfuerzos estaban asignados con criterios políticos y no profesionales. También hacía referencia a la escasa valoración que los ciudadanos hacen del funcionariado: algo en lo que, sin duda, no influyen para nada el tipo de artículos que la publicación dedica a los servidores públicos periódicamente.

 

[Vídeo del Instagram de la Biblioteca Regional de Murcia que demuestra, al menos de boquilla, que la profesión bibliotecaria cotiza al alza entre algunos personajes de la cultura.]

 

 

El artículo no entraba a valorar grupos profesionales dentro del sector público pero, de haberlo hecho, es dudoso que se hubieran detenido en los bibliotecarios. Las bibliotecas públicas no son unidades administrativas cercanas al poder; su personal, sobre todo en el ámbito municipal, proviene en muchos casos de cuerpos funcionariales que nada tienen que ver con la profesión. De trabajadores pertenecientes a cuerpos generales de la Administración reconvertidos en bibliotecarios accidentales están las bibliotecas municipales llenas.

También se da la tendencia de convertirlas en cementerios de elefantes para funcionarios rebotados, desoficiados, de vuelta de todo y molestos en otras unidades cuya única solución pasa porque se jubilen. Que la solución, en muchos casos, para un funcionario que no cumple con sus obligaciones sea esperar a que se jubile, es además de triste, un síntoma de que algo huele a podrido en las administraciones.

Pero volviendo a las bibliotecas como cementerios de elefantes funcionarios: de ahí lo de Abierto hasta el amanecer: porque esa es la idea que muchos responsables políticos tienen sobre la mejora del servicio en las bibliotecas públicas: abrirlas las 24 horas como salas de estudio. Y para ese viaje no hacen falta alforjas profesionales.

 

Rufus Wainwright y Helena Bonham Carter ataviados como bibliotecarias ‘comme il faut’ para el vídeo de Out of Game.

 

Pero dado que cada vez que analizan desde algún medio, sobre todo de ideología liberal, a la administración se mira siempre hacia países como Suecia o Finlandia por sus administraciones eficientes y de calidad. Nosotros también miraremos fuera, no tanto para desmerecer lo que tenemos aquí, sino para fijarnos en lo que se podría mejorar.

Recientemente en el diario digital ‘Governing’ que trata sobre asuntos de gobierno y administración en los Estados Unidos, el analista Howard Risher, publicaba un artículo en en el que analiza las enseñanzas que para mejorar el sector público se podían copiar del exitoso programa Peak Performance que la ciudad de Denver había puesto en funcionamiento en 2011 para “hacer que el gobierno sea divertido (sic), innovador y empoderar a ciudadanos y empleados”. Gobernar de forma divertida, así traducido, convengamos en que suena un poco inquietante. Pero las conclusiones a las que llega Risher al repasar los logros del plan puesto en práctica en Denver se resumen en algo que, no por ya dicho, deja de resultar muy razonable:

“asignar objetivos a un grupo de trabajo haciéndoles comprender los motivos y las limitaciones. Y para ello es básico que los responsables aprendan a delegar, a ceder el control. De este modo las administraciones se benefician cuando sus trabajadores saben que están facultados y se confía en ellos para resolver los problemas.”

En el fondo todos seguimos siendo como niños a la espera de una palmadita en la espalda que nos haga saber lo bien que lo hacemos y cuánto se nos aprecia.

 

Patty y Selma las cuñadas funcionarias de Homer Simpson fumando en la oficina.

 

Reconocimiento en una palabra, y que ese reconocimiento, se traduzca en mejoras de las condiciones del puesto de trabajo y en la posibilidad de progresar por méritos propios. Tal vez si se aplicase estas simples recetas no había que acudir a razones seudoreligiosas ni vocacionales, como exponía un artículo traducido en Universo Abierto sobre las mentiras que se cuentan los bibliotecarios a sí mismos para, pese a todos los sinsabores, seguir sacrificándose por la cultura y las bibliotecas. Y así ningún funcionario haría suyo el estribillo que cantaban las Vainica Doble en su tema La funcionaria: “yo no sé porque hice esta oposición, en vez de estudiar corte y confección“.

 

Vicios privados, públicas virtudes…bibliotecarias

 

En una biblioteca de Zaragoza la policía detuvo a un usuario que desde hacía tiempo se dedicaba a fotografiar piernas de mujeres bajo las mesas de estudio. La actitud sospechosa detectada por la que iba a ser la próxima retratada llevó a la detención del voyerista. No podemos saber si el mirón habrá visto la película japonesa Love Exposure (2008) pero su modus operandi así podría indicarlo.

 

Una de las surrealistas escenas de Love exposure (2008) de Sion Sono

 

Yu, el inocente adolescente protagonista de este delirio en celuloide, abrumado por la estricta educación católica de su progenitor: decide darle la razón a su padre y ser un pecador en toda regla. Para ello se somete a un duro entrenamiento (la escena de su aprendizaje no tiene desperdicio) para ejercer como fotógrafo ninja de panty shots. Es decir: fotos robadas de la ropa interior de las chicas. Su gran pericia y destreza lo convierten en toda una celebridad. Y hasta aquí podemos contar de una cinta de culto de la que es difícil hacer spoiler: tal es el grado de disparate que alcanza su trama.

Las deliciosas portadas vintage de temática bibliotecaria. La notación Dewey (sexualidad) y el texto lo dejan claro: “Todos en la biblioteca tenían su número”

 

Pero volviendo a Zaragoza, salvo la noticia puntual en la crónica de sucesos, es difícil que el émulo maño del héroe de Love exposure llegue a alcanzar fama alguna. Se quedará como un incidente nimio que desde luego no es extraño al mundo bibliotecario.

Los mirones de biblioteca son una especie habitual. Lo que sorprende es que a estas alturas algo propio de la España del landismo siga practicándose. Pero allá cada uno con sus fetichismos y vicios: siempre que no atenten a la intimidad ajena (como en este caso) que cada uno los lleve como pueda.

Pero no va tanto de vicios de los usuarios este texto como de los vicios (algunos involuntarios, otros no tanto) en que incurre en ocasiones la profesión.

 

Job Webb ha ejercido diversas responsabilidades en bibliotecas del ámbito universitario londinense. En la reunión de 2016 de la Academic and Research Libraries Group presentó una ponencia bajo un título sugerente: Los siete pecados capitales de la biblioteconomía. Algunos a los que hacía mención se pueden extrapolar a cualquier tipo de biblioteca:

  • centrarse en las necesidades de las bibliotecas o bibliotecarios y no en la de los usuarios
  • falta de actualización y de desarrollar aprendizajes (o dicho con otras palabras: apoltronarse)
  • exceso de escrúpulo a la hora de aplicar las reglas e inflexibilidad en general.

No vamos a cargar a la profesión bibliotecaria, en exclusiva, con unos pecados que fácilmente se pueden encontrar en muchas otras profesiones. Pero sí cabe añadir otros que, en algunos casos, revisten la categoría de capitales. Podríamos enumerarlos directamente: pero ¿qué necesidad hay de “hacer amigos” si podemos recurrir al testimonio de los propios pecadores?

De 2013 a 2015 estuvo activa la cuenta de Tumblr: Librarian shaming (Vergüenzas bibliotecarias). En este blog, profesionales de bibliotecas, confesaban los pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión que cometían en su día a día laboral. Quedaría bien decir que lo hacían en acto de contrición: pero lo cierto es que, en la mayoría de los casos, no se detectaba propósito de enmienda alguno. A las pruebas (en forma de texto y fotos) nos remitimos.

 

No tengo ningún deseo de leer cualquiera de los libros de Harry Potter!

 

“Algunas de nuestras políticas de préstamo de la biblioteca son una mierda completa, así que cuando un usuario necesita algo que se supone no se puede prestar (por ninguna razón legítima discernible) lo modifico y lo presto de todos modos. Que le jodan al hombre y sus espeluznantes políticas de exclusión.” 

 

Robo la mayoría de libros digitales que leo.

 

 “Voy a los rincones aislados de la biblioteca para ventosear mientras ordeno estanterías”

 

“Soy bibliotecario infantil y odio las canciones infantiles”

 

Mis libros SIEMPRE ESTÁN SOBREPASADOS (incluso mis préstamos interbibliotecarios)

 

“Admito que estoy celoso cuando el jefe y algunos de mis compañeros salen de marcha por los clubes y nunca me invitan.”

 

“Si un usuario llega cuando quedan minutos para cerrar la biblioteca preguntando si tenemos cierto DVD, hago como que lo busco, y le digo que está perdido. Los DVD no tienen una ordenación concreta y me niego a esperar que lo busque mientras yo espero. Han tenido el resto del día para venir, que respeten mi horario. Bastante mal pagado estoy para el tiempo que trabajo.”

 

Prefiero leer libros digitales que libros en papel. Amo mi Kindle

 

“En ocasiones estoy jodidamente aburrido en mi biblioteca. Soy el jefe”

 

Latigazo, el bibliotecario!

En esta pequeña muestra, hay confesiones que pueden considerarse pecados veniales, otras en cambio, ni siquiera faltas. Cada uno, según su sentido de la moral, clasificará unas u otras en la correspondiente categoría: pero hay dos que deberían clasificarse como capitales sin medias tintas. Es difícil pensar en penitencias cuando cuesta creer en el concepto de pecado: pero en estos casos ejerceríamos, sin dudarlo, de jueces aplicando gustosos las condenas.

La bibliotecaria, que oculta tras un lector de libros electrónicos, reconoce recurrir a la piratería para sus lecturas; y el director de una biblioteca que se queja del “jodidamente aburrido” trabajo en su biblioteca.

No vamos a ser hipócritas: en los albores de las descargas de contenidos digitales, quien más, quien menos, incurrió, bien por obra u omisión (esa música, esa película, ese libro que nos pasa un amigo, y sobre el cual, no preguntamos la procedencia) en descargas ilegales. Pero a estas alturas de la película: el bibliotecario que no haya comprendido que los intereses de los creadores y de las bibliotecas van de la mano (y viceversa): es un tarado o le importa bien poco la cultura para la que se supone trabaja. Y respecto al segundo pecado capital, ser jefe de una biblioteca y aburrirse, tiene fácil solución: dimitir. No más bibliotecarios jurásicos desgastando poltronas: para eso ya tenemos a los políticos.

 

Un libro como escondite para los vicios: en este caso el de la buena lectura y el del buen whisky,

 

En 2015 dejó de funcionar el blog y no por falta de pecadores. En la declaración de intenciones sus creadores manifestaron su deseo de convertirlo en un foro divertido en el que los bibliotecarios, anónimamente, desvelaran sus pequeños vicios y así obtener la conmiseración de sus colegas. Y ese es el espíritu que se detecta en sus inicios, pero en los años que van del 2013 al 2015 (con el discurso hater afianzándose cada vez más en las redes sociales) se empieza a advertir en algunas confesiones: una desidia, cuando no directamente un desprecio, hacia las bibliotecas que hizo que la diversión se esfumase.

El triunfo de la sinceridad como valor supremo, en esta época “desilustrada” que estamos viviendo, junto al anonimato: puede que tuvieran mucho que ver con su extinción. La mala educación, la falta de pericia en el manejo inteligente de la ironía, la pose descreída confundida con perspicacia: son los componentes de esa nueva sinceridad, que se blande como una virtud, cuando no es más que una muestra de inseguridad, grosería y pereza mental. Y de este modo el divertido confesionario digital de Librarian shaming iba camino de convertirse en un escupidero.

El extinto (en papel) suplemento “Tentaciones” de “El País” incluye El manual del hater que, en este caso con gracia, explota la tendencia que arrasa en las redes. La sección se encabeza con la frase “Cómo odiar correctamente a…” y en la diana, tras esos puntos suspensivos, se sitúa algún tema que cotiza alto en la escala de valores cool para ser machacado a conciencia. Dada la buena consideración que, en general, parecen tener las bibliotecas para la cultura hipster no estaría de más que un día, tras esos puntos, situasen a las bibliotecas/bibliotecarios antes de pasar el relevo a la siguiente tribu cultureta.

 

Cigarrillos de marihuana escondidos en un libro en la década de los 40.

 

Pero un ejemplo de que no hace falta abusar de la ironía, ni de la sinceridad como eufemismo de grosería para dejar en evidencia a los hipócritas: lo dio hace unos meses la bibliotecaria estadounidense Margaret Howard en un tuit. Fue con ocasión de la celebración de la National Library Week que Ivanka Trump, relaciones públicas del patán de su padre, quiso ensalzar a las bibliotecas y bibliotecarios por su contribución al conocimiento y el aprendizaje: y una vez más la verdad a secas, que no posverdad, sirvió para desarmarle la pose.

 

Esta Semana Nacional de las Bibliotecas, nosotros honramos a nuestras bibliotecas y bibliotecarios por abrirnos los ojos al mundo del conocimiento, el aprendizaje y la lectura!

Tu padre quiere recortar todos los fondos federales pero gracias por el tuit. #SaveIMLS (Salvemos al Instituto de Servicios Bibliotecarios y Museos)

 

Dada la poca sutileza de los tiempos que corren: ahora, igual que siempre, el antídoto contra la hipocresía no es el mal uso de la sinceridad sino el ejercicio de la libertad de pensamiento. Y para terminar, un vicio que se hace virtud en este blog: acabar con música.

Los protagonistas del magnífico vídeo que el colectivo de realizadores franceses Megaforce ideó para el tema Sacrilege del grupo Yeah, Yeah, Yeahs: encajarían a la perfección en el tipo de votante que ha aupado a Trump al poder. Pero lo cierto es que fue rodado en plena era Obama. Con un cierre así sobran puntos suspensivos en los que escribir lo que hay que aprender a odiar correctamente.