Bibliotecarios en el ranking de lo cool

 

El rebranding es una práctica de riesgo en marketing que, en ocasiones, se convierte en un triunfo. No viene a ser otra cosa que cambiar de nombre a una marca. En el caso de Airtel, Amena o Telefónica (ahora Vodafone, Orange y Movistar): fue un éxito. En otros casos, el cambio no tuvo tanto que ver con una estrategia de seducción publicitaria como con una necesidad: es el caso del todoterreno japonés Mitsubishi Pajero que se rebautizó como Mitsubishi Montera al lanzarse al mercado hispanohablante.

 

El caso de rebranding en el mundo de la música más extremo que se recuerda: cuando Prince pasó a denominarse con un símbolo impronunciable.

 

En cambio, practicar el rebranding con la ‘marca’ biblioteca: no es tan seguro que fuera positivo a la hora de alcanzar un auténtico cambio de mentalidad respecto a lo que son las bibliotecas en el siglo XXI. Se perdería ese difuso afecto popular que, supuestamente, se siente hacia las bibliotecas: incluso por parte de quienes no las pisan. Puede ser que lo que hubiera que cambiar fuera lo de bibliotecario. Por mucho que cierto romanticismo hipster haya recreado lo maravilloso que es pasarse la vida rodeado de libros: una vez amortizado lo hipster, y en pleno apogeo reguetonero, se hace más difícil encajar el estereotipo.

 

Mujeres esperando a que las saquen a bailar en la década de los 50.

 

Aquí hemos defendido alguna vez que los bibliotecarios son profesionales de la cultura. Que viene a ser algo así como decir que los cirujanos se dedican a la medicina. Una perogrullada. Pero lo cierto es que pocas veces se incluye a los bibliotecarios dentro de los agentes activos en lo que se ha dado en denominar industrias culturales y creativas. El concepto de bibliotecario parece deslucir frente a conceptos mucho más deslumbrantes como gestor cultural, community manager, dinamizador socio-cultural, asesor cultural, consultor, emprendedor cultural, etc…

En la mayoría de programas de los másteres que surgen, aquí y allá, para formarse con ese perfil innovador, moderno, novedoso de gestor cultural, entre las salidas profesionales: se repiten galerías, centros culturales, museos, productoras de eventos, discográficas, industrias creativas…, pero nunca: bibliotecas. Cuando curiosamente, las bibliotecas, coinciden en no pocos aspectos con lo que se hace en los espacios culturales mencionados. Pero es que, digámoslo claramente, los bibliotecarios no cotizan al alza en el ranking de lo cool. De hecho ni se les contempla.

 

Hace unos días se celebró el c de c 2019: el congreso de creativos publicitarios más importante del país. La campaña que se alzó con el primer premio fue la ideada para la marca de ropa Adolfo Domínguez bajo el eslogan: ‘Sé más viejo’. El orgullo de estar por encima de las modas: ¿hace falta subrayar las lecturas que se pueden sacar desde ‘lo bibliotecario’?

 

Si se le plantea a un millennial, recién licenciado en una carrera de humanidades: ¿qué futuro laboral escogería?: gestor cultural o bibliotecario. Acostumbrado como está a las eufemísticas denominaciones de muchas de las asignaturas que ha cursado durante sus estudios: lo más probable es que opte por lo de gestor cultural. Lo de bibliotecario queda, como mucho, entrañable. Ya puestos, hasta un poco exótico por aquello de lo vintage, pero poco más.

Pero puestos a vindicarnos siempre podemos tirar del último estudio que mejor se avenga a nuestro discurso. Y en este caso nos llega desde California, concretamente, de una profesora de la Universidad de Pepperdine. El estudio, publicado en ‘Journal of Positive Psychology’, sostiene que la humildad intelectual denota una mente abierta, audaz e íntegra intelectualmente hablando. Una persona que no presume de sus conocimientos, ni inteligencia, es más propicia a ideas nuevas y a seguir aprendiendo frente a quienes alardean de sus capacidades y conocimientos.

Cela y Sampedro: dos figuras de intelectual del pasado con imágenes muy diferentes.

Leer algo así es un bálsamo ante la avalancha de fatuos que alardean de conocimientos, opiniones o gustos de manera excluyente. E inevitablemente regala los oídos al gremio bibliotecario.

¿Estará ahí la razón por la cual los bibliotecarios no son detectados por el radar de lo cooltural?

La convivencia diaria con lo que han escrito las mentes más brillantes de cualquier generación muscula la humildad casi sin pretenderlo. Y ante la inmensidad del mar: cualquiera se siente pequeño. Pero antes de comprar la moto de cualquier estudio, por mucho que nos guste como suena, siempre hay que fijarse en el kilometraje.

 

El nuevo libro del periodista y sociólogo Frédéric Martel promete remover aún más los cimientos de la Iglesia católica.

 

La Universidad de Pepperdine es una institución independiente y privada afiliada a las Iglesias de Cristo. Y un estudio que eleva a la humildad a virtud intelectual se aviene a la perfección a los valores religiosos. Por eso por compensar, y sin querer sospechar para nada de su rigor, recordemos las palabras sobre los bibliotecarios de alguien como el documentalista-activista Michael Moore, muy dado también a impartir sermones, aunque desde un talante que poco tiene que ver con la humildad:

“muchos los ven como ratoncitos maniáticos obsesionados con el silencio, pero en realidad, es porque están concentrados tramando la revolución.”

También es cierto que, una vez masajeado el magullado ego bibliotecario, sería necesario prevenir de los peligros de un exceso de humildad. Ya se sabe que la falsa modestia es tan pecaminosa como la soberbia: por eso nunca está de más ejercer la autocrítica.

Si se hiciera una encuesta entre el gremio bibliotecario sobre hábitos de lectura: igual nos llevábamos alguna sorpresa. Así como hay médicos que fuman, dietistas con sobrepeso o pasteleros que prefieren lo salado: más de un bibliotecario habrá que no lea. ¿Es imprescindible para dar una buen servicio bibliotecario? O incluso cuando leen: ¿será una falta de ambición cultural la que hace que la figura bibliotecaria no resulte tan guay como la de un “gestor cultural” (con bien de comillas a falta de focos)?

 

¿Por qué será que la canción de Boris Vian viene a la cabeza al escribir este post? Esa que decía: “Soy snob. Terriblemente snob. Todos mis amigos lo son, porque ser snob es un amor.”

 

Pues a tenor del post que Héctor G. Barnes publica en su blog de ‘El Confidencial’ no parece que esta sea tampoco la razón. “Los nuevos paletos o la gente culta a la que la cultura le da asco” así se titula, y por si el título no fuera suficientemente orientativo, basta un fragmento para terminar de cerciorar lo que se intuye:

“Estoy aburrido de ver a escritores que no leen, músicos que no escuchan música, críticos estrella de cine que no ven más películas que las que les toca cubrir […] Quizá se deba a que la cultura ha sido sustituida por la industria cultural, donde el valor estético y social, como espacio común entre individuos, ha sido sustituido por su valor de cambio en el mercado global de vanidades.”

Confiemos en que, dado que en el ranking de lo cool, lo bibliotecario no cotiza al alza: al menos no sumemos los errores de estos neopaletos de los que habla Barnes. Como sentenciaba un vídeo de los #bibliotecariosgrafiteros protagonizado por un abuelo y su nieto: “Bibliotecario sin curiosidad…”.

 

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [3]: Raquel Sastre

 

Raquel Sastre. Fotografía de Miriam Alegría.

En el caso de Raquel Sastre estamos haciendo un poco de trampa al incluirla en esta serie de Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias. En realidad, Raquel, tiene una plaza en propiedad en la plantilla de bibliotecas de la Universidad de Murcia. Pero su pasión por la escritura humorística y los monólogos: le llevó a pedir la excedencia y a volcarse en su carrera como humorista, monologuista, guionista y actricista: que así se define en su perfil de Instagram.

Una decisión acertada que la ha llevado a codearse con algunos de los grandes del humor en nuestro país: colaborando, o escribiendo guiones, para programas y medios que van desde Andreu Buenafuente a El Hormiguero, Paramount Comedy, La que se avecina, La hora de José Mota, Yu, no te pierdas nada, Hoy por hoy, Ilustres ignorantes o el último programa del gran Forges en TVE: Pecadores impequeibols, entre otros. Actualmente forma parte de la nueva temporada (recién estrenada esta misma semana en la 2) del espacio de divulgación científica: Órbita Laika.

La apuesta humorística de Raquel por el humor negro, o cabrón como le gusta definirlo, no es algo fácil en estos tiempos de exacerbada corrección política y censura ejercida desde el anonimato a través de las redes. Pero ella ha demostrado una asombrosa habilidad (¿tendrá algo que ver el entrenamiento que supone el día a día en una biblioteca?) para manejarse en el siempre incendiario Twitter y salir indemne. Franca y directa, Raquel, convierte al humor más sincero y directo en un aliado al servicio de la concienciación en torno a enfermedades como el TEA o el síndrome de Phelan-McDermid que padece su hija. Su propuesta rompe estereotipos en torno a la figura de mujer humorista habitual por estos lares: al incitar a la risa a través de un humor basado en la palabra y la provocación. Pero dejémonos de preámbulos. Señoras y señores con todos ustedes:

 

RAQUEL SASTRE

 

El colaborador de diversos programas de Telecinco, Rafa Mora, publicó un tuit ofreciéndose como entrenador particular de Rihanna. Raquel, siempre al quite, le respondió en un tuit que se hizo viral.

 

El que terminaras estudiando para trabajar en una biblioteca ¿fue una decisión que tenías clara desde el principio o fue tu afición por la escritura la que te hizo decantarte por este mundo?

Con 18 años vi que todos iban a la universidad y yo quería hacer algo de escritura, probablemente monólogos, y pensé: mejor me saco una oposición que aquí va a haber mucho licenciado e igual no hay trabajo para todos. Y de ahí mi deriva hacia la Biblioteconomía, aunque logré la plaza pero no llegue a terminar la carrera, ahora voy a terminar Criminología

Y al descubrir el mundo bibliotecario ¿te gustó, te dejó indiferente o te disgustó?

Pues descubrí un montón de cosas. Un mundo mucho más rico del que intuyes cuando las frecuentas como simple usuaria. Disfruté con los fondos antiguos, la digitalización, los archivos. Me resultó un mundo mucho más variado y rico.

Y el hecho de que eligieras por el humor negro, el humor cabrón, tuvo algo ver con alguna experiencia vivida en tu etapa como bibliotecaria? ¿Algún trauma entre tejuelos?

No, no tiene nada que ver. Ese tipo de humor lo he hecho siempre. Aunque sí recuerdo que algunas veces me ponían a hacer las visitas de los estudiantes a la biblioteca, y ahí, aprovechaba para meter chistes y comentarios en plan coña que terminaban enganchándoles. Me solían preguntar: “tú estás haciendo prácticas ¿no?” Eran jóvenes de unos 17 años y yo tenía 22: así que no había mucha diferencia.

 

Raquel de marciana en el primer programa de Órbita Laika 2019.

 

Andrés Barba en su ensayo de La risa canibal dice “Cada vez que un hombre abre la boca para reír está devorando a otro hombre”. El humor que cultivas no es un humor de medias tintas. ¿Te gusta producir cierto grado de incomodidad en el público? ¿es una forma de provocar la reflexión más allá de la simple carcajada?

Con el humor pasa como con todas las ficciones. Puedes hacer una película que es un drama, o una película con mensaje social, y que la gente recapacite. El humor se puede usar para concienciar, o no, yo a veces lo hago, pero otras veces, solo aspiro a entretener.

Lo que sí me gusta dejar claro es que la función del humor es principalmente entretener. Porque hay una corriente ahora que dice que el humor está para señalar a los poderosos, a los privilegiados, y que no puedes hacer chistes con la gente oprimida. Algo que me revienta porque ahí estás incidiendo en que hay unos superiores a otros. Es algo que intento evitar.

Esa corriente del humor como arma contra el poderoso me parece algo insignificante.  ¡Anda!, que no se hacen chistes con políticos. Por ejemplo, ahora con Vox, con Ciudadanos o el PP: y ahí sigue la derecha con mucha fuerza en el voto. Entonces me parece un error, y sobre todo peligroso, porque cuando a una actuación la estás utilizando para que tenga una dirección, una finalidad, que no sea la de simplemente entretener: ya estás instrumentalizándola como un arma. Y por otro lado, señalas a las personas que no piensan como tú, como malas personas. Cuando eres tú quien está utilizando el humor para hacer daño.

Según el tipo de humorista que seas puedes hacer humor reivindicativo o ficción de entretenimiento. Pasa igual con todo. Hay directores que se dedican a hacer cine social. Pero no tiene nada de malo que se hagan películas tipo Batman; o no tiene porque ser malo una saga de terror como Saw. Y mira que en Saw muere gente inocente y nadie se lleva las manos a la cabeza con: “Oh!! Dios mío, están matando gente inocente en vez de matar a los malos”. Pues con el humor lo mismo. Hace falta, como en todo, tener sensatez.

 

Raquel invitada en el último programa que Forges dirigió en TVE: ‘Pecadores impequeibols’. Junto a José Luis Cuerda, Forges, Juan Carlos Ortega y Soledad Mallol.

 

Actualmente hay toda una nueva generación de cómicos en nuestro país que cultivan un humor diferente, con un punto inquietante, me viene a la cabeza Miguel Noguera y sus Ultrashows, por ejemplo. ¿Crees que ha habido una ruptura con generaciones previas de humoristas: o que hay un hilo que une el humor de un Gila, unos Tip y Coll o unos Martes y Trece con lo que se está haciendo ahora? 

Ha habido una evolución en el humor como en tantas otras cosas. Algunos dicen que ahora no se haría un sketch como el de Martes y Trece sobre “mi marido me pega”. Pero no es porque esté mal hacer chistes sobre el maltrato, porque insisto, cuando alguien hace humor es una ficción y puedes tratar cualquier asunto. No hay interés por reírse de la mujer maltratada, ni por ridiculizarla, simplemente estás cogiendo un tema para hacer una ficción humorística. ¿Por qué no se haría hoy un sketch así? Porque se ha quedado antiguo, como las películas de destape, porque ya nos aburren. Pero tú ahora te coges un buen sketch sobre el maltrato a la mujer, y puede ser que la gente se ría, igual que se coge un buen sketch sobre el racismo: y la gente se ríe.

Y algunos dicen y ¿cómo puedes reírte con un tema como el racismo? Pero luego ves series como Arrested development: en la que una mujer blanca, de clase alta de unos sesenta y tantos, ha ido a una entrega de premios a actores latinos, porque su nuera es una actriz latina, y claro, la ceremonia está llena de latinos. Ella no para de levantar la mano cada vez que ve pasar a un actor mexicano con esmoquin y contrariada le dice a su hijo: “es la primera vez que estoy en una fiesta y ningún camarero me hace caso”. ¿Es racista? Sí, pero te ríes. El tema es ese, el humor ha evolucionado, y se puede crear ficción humorística con cualquier cosa. Tienes que crear ficción que sorprenda, si el humor no sorprende no te ríes.

 

 

Raquel Sastre entrevistada en ‘Jot Down’.

El feminismo está más de actualidad que nunca. ¿Crees que por el hecho de ser mujer se acepta mejor que hagas humor negro con él que si lo hace un hombre? ¿o todo depende de la intencionalidad del humor, de la ideología latente que pueda haber tras la broma?

Depende de la calidad y depende de los temas. Si por ejemplo yo hago un chiste sobre pederastia, me pongo como protagonista, y digo: “luego me pasas el teléfono de tu hijo de siete años”: la gente se lo toma mejor si lo hago yo que si lo hace un chico. Pero, en general, el humor negro tiene mala acogida para el público que no le gusta. Es como la ficción, vuelvo a la película de Saw, si coges al público convencional y le pones Saw la mitad de la sala sale despavorida porque no le gusta. Yo soy la primera a la que no le gustan ese tipo de películas. Pero en cambio a mi chico le gustan y por eso no pienso que sea un psicópata. Lo pienso por otras cosas, como porque escuche a Melendi, pero no en general.

El humor negro tiene su público y eso no quiere decir que al público que le gusta el humor negro sean malas personas. Y es más, hay estudios científicos que han demostrado que la gente que tiene preferencia por el humor negro son menos agresivas, tienen menos problemas de cambios de humor, y son más inteligentes que las personas que se enfadan con los chistes. Hay que tener inteligencia para diferenciar la ficción de la realidad, y para entender el chiste y pensar que no es más que un chiste. Y claro, siempre depende del momento que estés viviendo. Si acabas de sufrir un accidente de coche en el que han muerto tus seres queridos: no es el momento más oportuno para que alguien cuente un chiste al respecto. O a lo mejor sí, pero depende del estado de ánimo y la forma que tiene de encarar la vida esa persona.

Te invitan a congresos médicos, científicos y de todo tipo. ¿Cómo es posible que no te hayan llamado para el congreso de bibliotecas públicas? Desde aquí vamos a abrir una campaña. ¿Te gustaría? ¿le darías caña al gremio?

A lo mejor no me han llevado porque tengo un monólogo en Paramount Comedy en el que hablo de ser bibliotecaria, y claro, lo hago con humor negro. Puede que no me hayan llevado porque lo han visto.

 

 

¡Qué pena! Igual servía para combatir los estereotipos que siguen recayendo sobre la profesión.

Yo cojo la idea de que los bibliotecarios sólo prestan libros y lo llevo al extremo. Pero eso no tiene porque ver con la realidad del trabajo de los bibliotecarios: que es muchísimo más rica. Es que el humor tampoco sirve para acabar con estereotipos. El humor se basa en los tópicos que la gente tiene en su cabeza. Y no es que la gente crea esos tópicos a ciencia cierta. Tú vas, por ejemplo, a Cataluña, y no esperas que la gente vaya a ser roñosa contigo, o vas a Andalucía, y no vas a una tienda más tarde del horario de apertura porque crees que abrirán más tarde. Sabes que el humor y los chistes que tachan de roñosos a los catalanes, y de vagos a los andaluces: son tópicos basados en la exageración. Quien se crea un monólogo a pie juntillas debería hacérselo ver.

Dentro de tus referentes culturales pesan más los libros, el cine, los cómics, la música u otro tipo de disciplinas?

Hay varios libros de comedia que están muy bien. El Step by step to Stand-up Comedy de Greg Dean por ejemplo. Pero sobre todo lo que he hecho ha sido ver muchos monólogos. Y mis favoritos, a los que no les llego ni a la altura de los zapatos, son por ejemplo nombres como: Doug Stanhope, que me parece maravilloso, Bill Hicks, Jim Jefferies, Joan Rivers, George Carlin, Tina Fey, Sarah Silverman. Luego hay escritores satíricos como Jonathan Swift que tiene unos textos geniales. También hay un libro que recomiendo mucho: Antología del humor negro de André Bretón. Una antología en la que descubres a muchos autores que escribían un humor negro maravilloso.

Formas parte del equipo de la nueva temporada del programa de divulgación científica de la 2: Órbita Laika ¿Tu perfil bibliotecario crees que te hará más fácil desenvolverte en ese ámbito?

Sí, es posible. Lo cierto es que siempre me ha gustado mucho la ciencia, y además mi chico es médico y está muy implicado en combatir las seudoterapias. Además tengo la gran suerte de ser amiga de muchos de los grandes divulgadores científicos de este país. Siempre que puedo intento ayudar al máximo y divulgar. Afortunadamente cada vez hay más interés por la divulgación por parte del público, como yo, que no hemos estudiado carreras de ciencias pero que sentimos cada vez más interés por la ciencia. Llevo una temporada que cuando me piden dar alguna charla en congresos de ciencias sobre, por ejemplo, los límites del humor: acudo y los apoyo siempre. He hecho monólogos clausurando congresos, charlas divulgativas humorísticas, por ejemplo en Granada, hice mi primera charla científica como divulgadora sobre Criminología. Bueno, aunque sean Ciencias sociales, que parece que no sean tan ciencias, que son las “casi ciencias” de la universidad.

Suena muy Sheldon Cooper lo que estás diciendo.

Sí, me temo que sí. El caso es que la divulgación me parece muy necesaria sobre todo ante los casos que se dan de fraudes por el uso de seudoterapias. Precisamente hace poco un amigo mío, que es profesor en un instituto, me contaba el caso de una madre que acudió a él porque quería dar una charla en el centro sobre el peligro del wifi. Y la mujer fue a pedirle que le dejara dar la charla: ¡¡¡fumando!!! Pero “¡¡Si la que está poniendo en peligro a tus hijos fumando en tu casa eres tú!!!”. Eso sí que está demostrado que daña a los niños y no el wifi. Por eso es tan importante la divulgación de la ciencia: que la gente aprenda a distinguir la fiabilidad de los estudios que aparecen en los medios.

 

De este modo abrió un hilo Raquel en Twitter para denunciar la falta de apoyos por parte de algunas administraciones para los niños afectados por Trastornos del Espectro Autista. El humor como terapia, el humor como denuncia y el humor como una puerta abierta al debate.

 

Y por último, por mucho que nos duela, y te quisiéramos de vuelta en la profesión: no queremos perderte como humorista y lo que venga. Pero por si acaso algún día vuelves al mundo bibliotecario de manera profesional: ¿en qué te gustaría que se hubieran convertido las bibliotecas? ¿qué sacudida les darías para que realmente sigan siendo relevantes en el siglo XXI?

No solo creo que las bibliotecas tienen futuro sino que creo que, si tienen la vista puesta en las nuevas tecnologías, van a tener más importancia que nunca. Antes las bibliotecas eran sitios donde sacabas libros y estudiabas, luego poco a poco, fueron añadiendo nuevos servicios. Hoy día encontrar información en Google es muy sencillo; lo difícil es saber diferenciar lo que es realidad de lo que es ficción. Creo que las bibliotecas deberían especializarse en esa dirección, que den un servicio para saber diferenciar cuál es la información buena de la mala, también sería necesario asesorar a los estudiantes en cuáles son las fuentes fiables y cuáles no. Especializarse en ayudar al usuario para encontrar información de calidad.

Y luego las bibliotecas deben organizar muchas actividades: ciclos de cine, clubes de lectura, videojuegos, juegos de rol, etc… Internet está aislando a la gente fisicamente, y por eso, se necesitan sitios públicos que les sirvan para reunirse e interactuar entre ellos. Se necesitan espacios para la reunión, para juntarse alrededor de la cultura. Por eso creo que las bibliotecas sí que tienen futuro, son incluso más necesarias que nunca. Y es muy probable que surjan nuevas utilidades para las bibliotecas que ahora mismo no somos ni capaces de imaginar. ¿Quién te iba a decir a ti que las bibliotecas iban a tener espacios para hacer experimentos?

Pues no podías termina mejor la entrevista. Veo que no hay manera de que hagas algo de sangre con las bibliotecas.

No, no, para nada. Las bibliotecas me han dado algunos de los mejores años de mi vida y no descarto volver algún día. Pero hay aspectos que lo ponen difícil. Volver a lo que ganaba en la biblioteca frente a lo que gano como humorista, por un lado; pero sobre todo el horario. Mi plaza es de tarde y como soy la que menos puntos tiene lo tendría muy difícil para cambiar al horario de mañana.

No, mejor sigue de cómica. Bibliotecarias hay muchas, pero humoristas con perfil bibliotecario, no tantas.

Hombre, yo lo espero. Espero seguir de cómica, pero eso sí, sin perder de vista nunca a las bibliotecas.

 

 

Raquel en el programa de divulgación científica de TVE Órbita Laika.

Cuarta entrega de Mujeres que nos gustaría como bibliotecarias con Constanza Mas.

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [2]: María Martinón-Torres

 

La infancia de la actual directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), María Martinón-Torres, y sus seis hermanos: está esperando a que alguien la convierta en cuento infantil.

Su título: Los siete hermanos que se criaron con 20.000 libros actuaría de reclamo inmediato para bibliotecarios obsesionados con combatir el síndrome de nido vacío bibliotecario que se produce a partir de ciertas edades. Y es que así tituló, con muy buen tino, ‘El País’, un artículo que dedicó en 2016 a los hermanos Martinón-Torres. Una estupenda crónica de una familia que se desarrolló al calor de los libros, y que han destacado, en los diversos campos profesionales a los que se han terminado dedicando.

La tercera de esos niños es una de esas mujeres que nos gustarían como bibliotecarias. #BibliotecariasenPotencia. Pero el que se haya convertido en una de las principales expertas en evolución humana del mundo nos viene infinitamente mejor.

Tal vez al comprender un poco más de dónde venimos podremos aventurar un poco hacia donde nos dirigimos. Las posibilidades que tienen las bibliotecas de los sapiens en un mundo hipertecnologizado. Y es que cuando la curiosidad se confunde con la impaciencia por saber qué sucederá en el episodio siguiente: toparse con alguien como María Martinón-Torres calma la ansiedad. Nos recuerda que tenemos la capacidad de ser espectadores de nuestro propia evolución. Y ese, sin duda, es el mayor de nuestros privilegios como especie.

 

MARÍA MARTINÓN-TORRES

 

Fotografia de Juan Manuel Serrano Arce.

 

Habiendo crecido entre 20.000 libros, como rezaba el titular del artículo de ‘El País’, está claro que una de las posibilidades era que hubieses terminado como bibliotecaria. ¿Has continuado esa tradición familiar de crear una gran biblioteca propia o la lectura digital ha sido un alivio para solventar problemas de espacio?

Confieso que todavía no he sucumbido a la lectura digital y que me parece difícil que lo haga. Un libro digital es una solución práctica, pero jamás tendrá la personalidad de un libro impreso, con sus páginas, su lomo, su cubierta. Los libros, como la gente. ¿Quién sustituiría un encuentro en persona con alguien a quien quieres por una conversación por WhatsApp? Con un libro de papel se establece otra intimidad.

Según el último Baremo de Hábitos de lectura en nuestro país la ‘deserción’ de lectores a los 15 años es abrumadora. ¿Cómo fomentaban tus padres el amor por los libros entre sus siete hijos? ¿Había alguna estrategia o surgía por simple imitación del modelo paterno y materno? Queremos tomar nota a ver si es aplicable para ese síndrome de nido vacío bibliotecario que se da en nuestras secciones juveniles.

Yo creo que el ejemplo es fundamental. Las nuevas generaciones crecen viendo a adultos mirando pantallas de móviles y ordenadores. Otra razón más para defender el libro impreso. Además, hay gente que jamás ha ido a una biblioteca.  A las bibliotecas hay que ir como un naturalista va al campo, con los ojos abiertos para poder descubrir cosas. No hay mayor deleite que pasear por las estanterías de una biblioteca. 

 

María Martinón-Torres en el yacimiento de Gran Dolina: uno de los yacimientos de la sierra de Atapuerca. En 1998, María, se integró en el equipo de investigación de Atapuerca.

 

Crecer entre 20.000 libros tiene sus consecuencias. En 1990, el proyecto de científica que era María Martinón-Torres en su colegio de Orense, ganó el primer premio en castellano del 3º Concurso de Cuentos Repsol. De la literatura a la ciencia sin solución de continuidad.

En el ensayo de Yuval Noah Harari, Sapiens, se sostiene que una ventaja del Homo sapiens frente al Neandertal se cifra en su capacidad para construir historias que organizasen el mundo, inventar dioses y relatos. ¿Se podría decir que la invención de la imprenta y la creación de las bibliotecas ha jugado un papel importante en nuestra evolución; o en realidad, sería algo irrelevante en el conjunto de factores que hacen que una especie evolucione?

Los seres humanos somos contadores de historias, y es así como funciona nuestra capacidad de abstracción. Cuando tratamos de resolver un problema, por ejemplo, lo que hacemos es imaginariamente reconstruir la secuencia de lo que pasaría si optásemos por una opción o por otra, discurrimos caminos, inventamos destinos y después escogemos. La empatía es también otra forma de contar historias, nos ponemos en el lugar del otro, e imaginamos qué sucedería o cómo nos sentiríamos si viviésemos la situación desde otro lugar. La formulación de una hipótesis en ciencia, es otra historia, arrancas de una premisa e imaginas los posibles finales de una secuencia que luego habrás de comprobar. 

La aparición de la escritura fue una de las grandes revoluciones del hombre. Permitió el crecimiento exponencial, la recapitulación de la historia, la transmisión de información, los viajes en el tiempo. Nadie vuelve a inventar la rueda, nadie empieza de cero, todos construimos a partir del lugar donde lo dejaron otros. 

Uno de los últimos libros en los que ha participado María Martinón-Torres.

Últimamente se insiste en la necesidad de adquirir un conocimiento transversal, que se eliminen los compartimentos estancos del conocimiento que desdeñaban cualquier contacto entre las artes y o las letras y las ciencias. ¿Crees que el conocimiento más completo y rico sólo se puede alcanzar partiendo de los menores prejuicios posibles?

El conocimiento de verdad requiere ciencia y humanidades, la una sin la otra siempre estará coja. A mis alumnos les doy siempre el “mal consejo” de que “pierdan” el tiempo leyendo y haciendo cosas que no tengan que ver con lo suyo: es de la conexión de campos diferentes de donde surge la creatividad y la innovación. Hasta el propio Darwin lamentó no haber dedicado más tiempo a leer poesía y escuchar música, pues creía que la pérdida de esos hábitos, podían ser perjudiciales para el intelecto y la felicidad al debilitar el lado emotivo de nuestra naturaleza. 

 

 

En el relato de Jack London La ley de la vida se describe la dureza de la vida de una tribu cazadora y el abandono del anciano de la tribu en pos de la supervivencia del grupo. Los avances médicos están permitiendo alargar la vida humana hasta límites hasta ahora no conocidos ¿Esta mayor convivencia intergeneracional podría llegar a alterar lo que ha sido la evolución hasta ahora?

Más que alterar la evolución ha sido un factor fundamental para el éxito de nuestra especie. El hombre es “útil” para su grupo más allá de su capacidad reproductora, y precisamente la gente de edad: supone uno de los mayores reservorios de conocimiento y experiencia de los que disponemos hoy en día. Teorías como la de la abuela, destacan el papel fundamental que han jugado las abuelas en garantizar la supervivencia de los nietos, de manera que la menopausia en nuestra especie puede haber sido incluso una “estrategia” para reconducir el rol de las hembras del grupo que, primero aportan su propia descendencia, y después: garantizan la supervivencia de sus genes contribuyendo al cuidado activo de sus nietos. 

¿Se puede decir que en el mundo científico lo que prima es el talento y la meritocracia y que las diferencias entre hombres y mujeres, que se sienten en otros ámbitos, no se dan con tanta frecuencia? 

Ese es el ideal. Y quiero creer que avanzamos en esa línea. 

Y por último, según hemos leído sentías debilidad por las novelas de Sherlock Holmes y Julio Verne. Por eso, desde tu experiencia como lectora y científica, ¿tienes alguna idea de cómo podrían ser las bibliotecas en el siglo XXI?  ¿acaso un gabinete tipo Holmes o una biblioteca submarina como la del capitán Nemo? Cualquier idea por disparatada y fantástica que sea nos viene bien.

Yo querría la Biblioteca de Babel de Borges, donde la propia biblioteca, no solo su contenido, son parte del misterio y la aventura. Esa biblioteca en la que “basta con que un libro sea posible, para que exista” .

 

Tercera entrega de Mujeres que nos gustaría como bibliotecarias con Raquel Sastre.

Triángulo de las Bermudas bibliotecario

 

Hasta donde sabemos la CDU (Clasificación Decimal Universal), con la que se organiza el conocimiento en las bibliotecas, fue resultado de la adaptación que Paul Otlet y Henri La Fontaine hicieron de la clasificación que el estadounidense Melvil Dewey creó en 1876. En ese trasvase Estados Unidos-Europa no se consigna ninguna influencia nipona, y en cambio, la ausencia del número 4 en la adaptación europea: cobra todo el sentido desde un punto de vista japonés.

En Japón y China se evita el número 4 porque su pronunciación es idéntica a la de muerte aunque se escriban con caracteres distintos. En el caso de la CDU, como se preocupan de advertir, esta ausencia se debe a que dicho número está vacante en espera de que surja algún conocimiento de tal envergadura que merezca el honor de ocupar tal número. Pero si tras la revolución que ha propiciado la informática y las nuevas tecnologías (encajadas en el 004) sigue deshabitado: ¿qué asunto tendrá tal envergadura como para ocuparlo algún día? Se admiten apuestas. Mientras tanto la ausencia del 4 sigue en mitad de las estanterías de millones de bibliotecas como un Triángulo de las Bermudas bibliotecario.

 

Botones de un ascensor en Japón excluyendo el número 4. En el blog ‘Un español en Japón’ lo explican con todo detalle.

 

Hasta el gran John Huston, en uno de sus trabajos mercenarios para financiar sus proyectos personales, participó en una película sobre el famoso Triángulo.

Nosotros aventuramos una teoría (conspiranoica como no podía ser de otro modo) mientras Iker Jiménez se decide a hacer un especial sobre el tema: en el número de la CDU 4 está el futuro de las bibliotecas. Un futuro, que como el del resto del mundo que conocemos, solo podemos fiar a lo hipotético.

El Triángulo de las Bermudas (el verdadero: aunque esto suene a oxímoron) ha perdido toda la fuerza como relato de misterio en la actualidad. Y es una pena porque la verdad es que daba mucho juego. Tal vez sea que ahora hay Triángulos de las Bermudas por todas partes, es decir, sucesos a los que, pese a conocer su origen, cuesta mucho encontrarles una explicación racional. En muchos casos están en las redes sociales, otras veces, en los medios que no son más que un espejo de aquellas, y en lo que es más preocupante: en la política.

Pero en que el mito del Triángulo diabólico en medio del Atlántico se desmoronase: tuvo gran parte de culpa (por no decir toda) un bibliotecario.

A Charles Berlitz, el escritor del best seller de 1974: The Bermuda Triangle, nuestro héroe bibliotecario le truncó el que pudiera seguir explotando el misterio. Pese a ello el éxito de su novela hizo explotar la moda del Triángulo de las Bermudas.

La vida de Lawrence David Kusche está esperando que algún cineasta la convierta en película. Tiene elementos para saltar de género en género atrayendo un amplio espectro de público: teorías paranoicas, misterios supuestamente irresolubles, ufología, puertas a otras dimensiones y conexión directa con el presente gracias al boom de las fake news (de acuerdo, es un innecesario anglicismo, pero es que en este caso da un aire setentero que queda muy propio).

¿Con un potencial así y siguen tirando de los superhéroes? Es poner a un Ryan Gosling interpretando a este piloto comercial, instructor de vuelo, ensayista y bibliotecario: que lo mismo te escribía un estudio sobre el citado Triángulo para desmentirlo: que un recetario sobre mil maneras de hacer palomitas de maíz: y ya tendrían para una trilogía por lo menos.

Hace dos años, en Posverdades bibliotecarias, ya planteábamos lo que bibliotecas y bibliotecarios podrían hacer en la lucha contra las noticias falsas. El fenómeno, en vez de aplacarse, arrecia. Por lo que aunque, en ocasiones, se dude de la capacidad del gremio para combatir una práctica tan peligrosa, si nos remontamos al caso de Kusche: ya tenemos un referente.

 

 

Allá por los 70, mientras era bibliotecario en su ciudad natal, intrigado por la gran avalancha de jóvenes que solicitan libros sobre el tema, se decidió a investigar por su cuenta. Resultado de sus indagaciones fue su libro The Triangle Mistery solved (El Triángulo de las Bermudas resuelto); y más tarde, su ensayo sobre el caso concreto de un escuadrón de aviones militares desaparecidos  en 1945: The Disappearance of Flight 19, que termino de dar el tiro de gracia al mito.

Pero que, a continuación, en 1977, escribiera Larry Kusche’s Popcorn Cookery (El recetario de Larry Kusche para palomitas de maíz): lo convierte en el icono pop bibliotecario por excelencia, en un hito de lo #bibliobizarro, en un visionario de lo que debe ser un profesional de la cultura en la actualidad. ¿A qué está esperando la ALA para rendirle un homenaje en condiciones? 

 

 

Todos los datos e imágenes sobre Larry Kusche están sacados de la red y, por supuesto, de la Wikipedia. La muñeca matrioshka de Internet se abre y se abre para indagar a este ilustre profesional de las bibliotecas, y en la última, en la más pequeña: surge el misterio de nuevo. Resulta cuando menos sospechoso que hayan tan pocas fotografías de Larry Kusche: y ninguna referencia desde los años 70. De hecho si comparamos la foto en la que aparece de joven con el uniforme de piloto con las fotos con atuendo y estilismo propio de la época disco: una, con semblante serio de investigador, y otra, risueño con un cuenco de palomitas en la mano: un nuevo misterio está listo para ser alimentado hasta convertirse en verdad a base de repetirlo. 

 

 

¿Existió (o existe) realmente Kusche? ¿y en caso de que exista: es el autor de libros sobre el Triángulo de las Bermudas y sobre recetas de palomitas de maíz? Popcornology lo llaman en un texto publicitario de la época: la ciencia de las palomitas de maíz. Popcornology + Ufology: combinación ganadora siempre.

La duda nos ha hecho despertar esa vena referencista que tan acusada tenía Kusche y el Departamento Para la Investigación Escéptica de Infobibliotecas (según Wikipedia: Kusche pasó a formar parte de un comité con ese nombre tras publicar sus libros) inició una investigación acudiendo a la fuente de las fuentes: el catálogo de la Library of Congress.

 

‘Skeptical Inquirer’: la revista que publica el Comité para la Investigación Escéptica (CSI), anteriormente conocido como el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal.

 

El Comité para la Investigación Escéptica lanzó en 2003 la revista ‘Pensar’ para combatir las pseudociencias también en castellano.

En dicho catálogo aparecen encabezados por Larry Kusche los libros sobre el Triángulo de las bermudas; el de recetas de palomitas; y descubrimos uno nuevo bajo el título de: Da forma a tus caderas y muslos.

¿Tras desmontar las patrañas de las Bermudas, el piloto y bibliotecario Kusche, escribió sobre recetas de palomitas y sobre ejercicios para moldear caderas y muslos? Tiene su lógica: conseguir reducir unas cuantas tallas en ocasiones se convierte en un verdadero misterio (y más después de las Navidades) y aún más si sumamos una afición desmedida por las palomitas de maíz.

Para resolver el misterio recurrimos al catálogo bibliotecario que debería ser el más fiable de todos, el más unívoco, el summum de la desambiguación: el catálogo de autoridades de la Library of Congress. Y una vez más, los aguafiestas bibliotecarios, nos estropean la diversión: aparecen dos encabezamientos como Larry Kusche. Uno como Larry David Kusche, y otro, con la autoridad autor-titulo de Larry Kusche. Larry Kusche’s Popcorn cookery. El misterio parece estar resuelto. No se trata de la misma persona y la Wikipedia, una vez más, queda en entredicho por culpa del gremio bibliotecario.

 

 

Pero, no se vayan todavía, aún hay más. Al intentar acceder a las autoridades en cuestión en la Library of Congress para comprobar que se trata de dos personas distintas nos salta el mensaje de que no se puede acceder a ninguna de las autoridades que aparecen en el listado y el formato de la página se altera…

 

 

Por Dewey, Otlet y Ranganathan que no estamos mintiendo, ni exagerando un poco. No se trata de un metapost, no estamos jugando a ser Orson Welles en la radio, no queremos enturbiar el prestigio bibliotecario recurriendo a burdas simjlaciones de intrigas baratas. Pero e.El post tiene que terminar aquí¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨ lo sentimos pero el equipo desde el que se está escribiendo ha empezado a hacer cosas extrañas y no somos capaces de detectar cual es la causa. Prometemos seguir informando de las pesquisas que sobre este asunto y oooootros coªnsigaªmos localazar en próxXXimas entregas &#^^__ jpperdón el ttteclado no 60==¡¡@@@ rasponde comondº deberrrríaaa

 

Crónica mundana de un congreso de bibliotecarios

 

No, no son bibliotecarios en Logroño, pero podrían serlo. Capote, Warhol, Jerry Hall, Debbie Harry y Paloma Picasso en Studio 54.

 

Puestos a hacer un repaso a lo que ha dado de sí el #9CNBP (IX Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas) nos encantaría emular el estilo incisivo y certero de un Truman Capote cuando detallaba los entresijos de las celebrities o de las fiestas del Upper Side de Manhattan en los 60: pero mucho nos tememos que no va a ser posible. No porque el gremio bibliotecario, tras unas cuantas copas de buen vino riojano, desmerezca en nada frente a la fauna del Studio 54: sino porque a Capote, los Rolling Stones, cuando marchó con ellos de gira, le parecieron aburridos: y a nosotros los bibliotecarios congregados en Logroño: sin destrozar habitaciones de hotel ni nada parecido (hasta donde sabemos) no nos aburrieron lo más mínimo. Solo había que agudizar un poco el oído para que los titulares más jugosos brotasen aquí y allá, la mayoría de las veces, sin micrófonos de por medio.

 

 

De ahí lo de crónica mundana: porque no se ajusta a un repaso detallado de lo que allí aconteció (para eso mejor acudir a compañeros como Sofía Moller en su post en BiblogTecarios) sino a una visión sesgada, subjetiva, hecha de retazos de conversaciones informales y de encuentros fortuitos. Unas impresiones que pueden coincidir o diferir de la del resto de congresistas hasta el punto de pensar que se ha estado en congresos o fiestas diferentes.

Las primeras horas del congreso dejaron al público cavilando y sopesando si se sentían más osos, tigres o dragones sin que El libro de la selva, Juego de tronos o Zang Yimou tuvieran nada que ver en ello. El responsable de tales elucubraciones fue el exabogado y ahora escritor, Andrés Pascual, que impartió una charla inaugural con la que ya parecía que estábamos todos en una casa de fieras: tal cual como la biblioteca municipal madrileña Eugenio Trías, también conocida como Casa de Fieras, por haber sido antiguamente un zoológico: que presento una comunicación el segundo día de Congreso.

 

El libro de Andrés Pascual sobre el que giró la charla inaugural del Congreso: ¿qué animal habita en el espíritu bibliotecario?

 

Pero pese a la variedad de pelajes, las especies bibliotecarias presentes tenían bastante en común. Para empezar la media de edad en la que se situaba la mayoría de los asistentes: de 40 para arriba. De lo que se deducían dos cosas: la constatación de la falta de renovación de plantillas que llevan sufriendo desde años las bibliotecas; y lo oportuno que hubiese sido en la primera jornada, orientada a la formación de los profesionales de bibliotecas: contar con la presencia de jóvenes millennials que hayan elegido a las bibliotecas como futuro profesional.

Muchos menos probable, pero también muy oportuna, habría sido la presencia de algún robot como los que van a formar parte de la ‘plantilla’ de la inminente biblioteca ultramoderna de Helsinki: moderando una mesa, interactuando con el publico o, aún mejor: estableciendo una competición con bibliotecarios para ver quien conseguía afinar más a la hora de conseguir una información. Habría sido un show impagable: pero dejemos de divagar y centrémonos en los hechos.

 

 

En el breve repaso que hicimos en el post Una verdad (bibliotecaria) incómoda al futuro de la profesión, hace dos años, planteábamos la posibilidad de que fueran los bibliotecarios los que no tuvieran futuro pero sí las bibliotecas. ¿Erramos en la predicción? Si nos atenemos a lo que se expuso Virginia Ortiz-Repiso de la Universidad Carlos III en el debate del día 28 sobre ‘La formación universitaria de los profesionales a evaluación’: diríamos que sí y que no. Según expuso Ortiz-Repiso su Universidad ha remodelado la oferta referente a Biblioteconomía y Documentación y del programa del Grado en Gestión de Información y Contenidos Digitales se ha caído la palabra biblioteca. Se podría pensar hay que huir de la ‘marca’ biblioteca para no espantar a los estudiantes: pero al otro lado del charco, por contraste, nos disuadían de esa idea.

Paradojas y casualidades de los congresos: un encuentro fortuito entre plato y plato a la hora de la comida dio para una charla con los colegas de Costa Rica, México, Brasil y Argentina que estaban en el Congreso gracias al programa Iberbibliotecas. Compartir mesa, mantel y conversación con realidades bibliotecarias tan lejanas: es como aplicarle una reanimación sin desfibrilador a cualquier vocación bibliotecaria en crisis. Deja uno de mirarse el ombligo (en todos los sentidos: no solo en el bibliotecario) y se reafirma en lo cruciales que pueden ser las bibliotecas para el progreso de las comunidades en las que se integran.

 

 

De hecho, la representante argentina, Gisela Pérez , no es bibliotecaria. Esta secretaria de la Biblioteca Popular de la Cárcova en un barrio de favelas de la ciudad de Buenos Aires: nos contaba cómo surgió su biblioteca en un entorno de basuras y problemáticas sociales. Después de hablar con ella, si algo quedó claro, fue que la ‘marca’, el concepto ‘biblioteca’, con o sin irritantes comillas: sigue teniendo una vigencia tremenda como elemento de transformación social y que no pertenece a nadie: ni siquiera al gremio bibliotecario.

Esa dificultad actual para apropiarse en exclusividad de los conceptos o iniciativas: también se manifestó alrededor del tema de la innovación en bibliotecas. Si en el debate sobre ‘Nuevos modelos de gestión en bibliotecas’, la mañana del día 29, Javier Valbuena o Knut Schulz, defendieron que la externalización de servicios en las bibliotecas hace peligrar la innovación: por la tarde hubo una contrarréplica en la sesión de comunicaciones.

Fue Alicia Rey, directora de proyectos de Info-Doc, la que al final de su comunicación sobre los diez años de gestión de las bibliotecas municipales de Huesca, defendió que desde las empresas privadas también se innova. Y un poco más tarde, los proyectos que expusieron desde la Biblioteca Municipal de Ágora bajo el título: ‘Tejiendo capital social en la biblioteca’: vinieron a confirmarlo. Esta biblioteca coruñesa, gestionada por personal de una empresa, venía a sumar argumentos a lo que Alicia Rey había reivindicado unos minutos antes.

Una vez más la ‘marca’ biblioteca impermeable a modelos únicos de gestión: cada caso puede ser la excepción que confirme, o no, la regla.

 

 

Una nota política esperanzadora: la visita y el discurso del ministro de Cultura en la segunda jornada, y la presencia continuada durante el Congreso: de la directora del Libro y Fomento de la Lectura (algo inédito hasta el momento). Un reconocimiento hacia el mundo de las bibliotecas por parte de los altos cargos, que dado el precario equilibrio político en el que nos movemos, confiamos en que perviva y dé sus frutos.

Bibliotecas que se reconvierten, palabras que ya se han oído muchas veces y suenan a letanías, amenazas, oportunidades desde la UE (si antes decíamos que la media del gremio bibliotecario se sitúa en la mediana edad, con las posibilidades que ofrece el programa Eramus+ para bibliotecas, surge una oportunidad para rejuvenecer haciendo Europa), esperanzas, posibilidades de negocio, preocupaciones y alegrías.

Como decía el título del clásico de Murnau de 1928: Y el mundo marcha. Y la biblioteca también marcha, y gira, y hasta es posible que de tanto girar se salga de su eje y termine girando en alguna galaxia aún por descubrir.

 

Estando en Logroño era inevitable que el cóctel final del Congreso tuviera lugar en unas bodegas.

 

Biblioteca insecticida

 

La actualidad bibliotecaria engarza posts en este blog como en un rosario o en un collar de perlas (según se prefiera). Si en el que precede, cerrábamos con Barbara Gordon, alias Batwoman, como bibliotecaria superheroína en los 60: este se abre con murciélagos como si de una nueva aventura del hombre ídem se tratase. Pero aún hay más. Curiosamente se nos cruza por las redes esta foto de una Batwoman de 1905. Una asombrosa antepasada del misterioso superhéroe creado por Bob Kane y Bill Finger en 1939. Pero pese a lo que pueda parecer no vamos a hablar de superhéroes otra vez en este post: pero sí de murciélagos e insectos.

 

Sorprendente antecesora de Batman en 1905 que hemos descubierto gracias al Twitter del crítico de cómics de ‘El País’: Álvaro Pons.

 

Hace unos días el Ministerio para la Transición Ecológica distribuía un meme con la curiosa noticia de que hay bibliotecas que utilizan murciélagos para que acaben con las polillas que amenazan sus valiosas colecciones. Y publicado por el Ministerio y corroborado desde Francia. Casi al mismo tiempo (y dudamos mucho que se pusieran de acuerdo) la web ActuaLitté, les universidad du livre nos hablaba de la antigua biblioteca de la Universidad de Coimbra (Portugal) donde además de usuarios, bibliotecarios y demás fauna bibliotecaria: se permite que aniden los murciélagos.

No sabemos lo que esta noticia ayudará a que la imagen de las bibliotecas como lugares vetustos y sombríos evolucione. Pero nos da igual. Puede que queramos ir de muy modernos pero, por favor, que nunca desaparezcan estas maravillas. El caso es que no solo es en la biblioteca universitaria coimbrense donde al anochecer salen a la caza los murciélagos entre sus baldas: en la biblioteca del Palacio Nacional de Mafra la tradición se repite.

 

En España la Universidad Complutense es una de las instituciones que participa en el mayor proyecto de preservación digital: la Hathi Trust Digital Library. O lo que vendría ser lo mismo: buscando los murciélagos de la era digital.

 

En el canal de televisión brasileña Globo dedicaron un reportaje hace dos años a esta curiosa costumbre. En los manuales de conservación y preservación de las colecciones nunca se mencionó esta exótica tradición, y es una pena, porque aúna respeto medioambiental y protección del patrimonio. El programa del canal brasileño se debe a sus índices de audiencia: así que el tono y las imágenes refuerzan el lado más siniestro y misterioso del relato. La historia daba pie a ello y hasta resulta algo digno de nuestro reto #bibliobizarro.

En este caso el punto de sensacionalismo se comprende y hasta se agradece. Y sorprendentemente establece un insospechado punto de conexión entre murciélagos y bibliotecarios, no vía Batman, pero sí en relación con el papel que los profesionales de las bibliotecas pueden ejercer hoy día combatiendo bichos dañinos en otros ámbitos menos venerables.

 

 

Si hablábamos de insectívoros beneficiosos ahora nos pasamos a las aves de rapiña. En el clásico del cine francés, El cuervo (1943), unas misteriosas misivas, firmadas bajo el seudónimo de ‘El cuervo’, despiertan los recelos y las sospechas entre los vecinos de un pequeño pueblo francés. La película se convertía en una inteligente metáfora del ambiente de delación, represión y persecución que había propiciado la ocupación nazi de Francia. Pero 75 años después, la película de H. G. Clouzot, resulta perfecta para retratar un mundo que le quedaba lejísimos: el generado en torno al día a día de las redes sociales.

No vamos culpar a Twitter, sobre todo, de haber inventado el mal rollo en los medios de comunicación. El amarillismo viene de lejos. Ni tampoco al pobre Yellow Kid, inocente protagonista de la tira cómica por la que lucharon encarnizadamente las dos grandes cabeceras de la prensa estadounidense a finales del XIX (el ‘New York World’ de Joseph Pulitzer y el ‘New York Journal’ de Williams Randolph Hearst ) y que dio otro término para referirse al sensacionalismo inspirándose en el color amarillo del pijama del inocente crío.

 

‘The Yellow Press’  de L.M. Glackens (1910): ilustración conservada en la Library of Congress.

 

En determinados espacios de noticias, sobre todo de cadenas privadas, el espacio que antes cedían a la cultura: ahora lo ocupan las últimas ocurrencias o polémicas del Twitter o Youtube. “Si no pasa nada, tendremos que hacer algo para remediarlo: inventar la realidad“. Esta frase atribuida al magnate William Randolph Hearst sigue vigente: pero realidad se puede intercambiar por polémica, que es lo que realmente da beneficios.

La letra de la canción de un grupo que, en los 80, era todo lo contrario a la rebelión juvenil: provocando el escándalo entre los millenials.

A los creadores del concurso-reality de OT les ha salido muy bien con el debate abierto en torno a la palabra mariconez en una canción de Mecano. El conflicto intergeneracional que tratábamos hace un año en El ángel exterminador bibliotecario IV (alevines versus séniors) ejemplificado de manera impecable.

Que los jóvenes cuestionen a generaciones previas es requisito imprescindible de ser joven, y por tanto saludable, lo inquietante es la intransigencia a la hora de admitir opiniones que disientan de su criterio.

¿Será la crisis y el futuro tan incierto el que motive un descrédito tan feroz de cualquier opinión expuesta por un mayor de 25? ; ¿o simplemente es el histerismo inherente al no debate que alimenta las redes cada día? ; ¿se encuentra más pronunciada que nunca la brecha cultural entre generaciones?

La estupenda fotografía que Mary Ellen Mark realizó para su serie ‘La nueva España’ en la década de los 80. Los hijos de aquellos punkis ahora son los que siguen OT.

El principal error de estos jóvenes indignados por el uso de una palabra homófoba en una canción de hace 30 años es medir las obras y hechos del pasado según el baremo que rige ahora. Un baremo basado en el respeto a las opciones vitales de cada uno, en la no discriminación, en la conciencia ecológica y otros valores de lo más esperanzador, en muchos casos, pero cuya falta de cuestionamiento y matizaciones puede terminar convirtiendo en algo monstruoso.

¿El espíritu del Mayo del 68 reencarnado en digital vía Twitter? No sabemos, pero bajo la pantalla del smartphone o las teclas del ordenador, más vale que no esté la arena de esa playa que reivindicaban bajo los adoquines de París. El romanticismo, en determinados casos, choca con el buen funcionamiento de los dispositivos.

 

‘Teresa soñando’ obra de Balthus que intentaron censurar en el Met de Nueva York.

 

¿Cómo se juzgarían determinadas obras o sucesos culturales a la cruda luz que arrojan las redes hoy día? Lolita de Nabokov ya generó gran agitación en los años cincuenta en que se publicó: pero ahora sería un linchamiento que opacaría la magistral creación de Nabokov. ¿Podría el Marqués de Sade haber expuesto sus obras a unas redes que, en nombre de la tolerancia y el respeto a la diferencia, son más implacables que la propia guillotina que a punto estuvo de acariciar su cuello en el siglo XVIII? ; ¿cómo recibirían los oídos acostumbrados a décadas y décadas de música comercial, que no pasa de los cuatro acordes, la Consagración de la Primavera de Stravinski? ; ¿qué ataques habría recibido Tod Browning por explotar las taras físicas de sus actores en su obra maestra La parada los monstruos (1932)?

 

En los albores de la televisión se hablaba mucho de su poder como herramienta educativa: casi un siglo después el poder educativo de las redes es quien acapara el debate.

 

Hemos confundido las redes con la televisión y hemos querido asignarle el poder de debate abierto y pausado, que un principio, algunos quisieron ver en el nuevo medio: y nada más lejos. Solo hay que contrastar (para quienes tengan la suficiente edad y memoria): un debate del programa ‘La clave’ con uno de ‘La Sexta noche’. Pero es que también en los 80: Antonio Escohotado hablando junto a madres de drogodepedientes, en un programa de máxima audiencia, sobre el uso recreativo de las drogas: era mezclar churras con merinas. Esperar un debate reflexivo en Twitter viene a ser lo mismo: pero sin el atenuante del dolor de esas madres de drogadictos que recriminaban a Escohotado sus opiniones.

Siempre pueden existir refugios, cuentas seguras, espacios libres de haters donde de verdad lo que se pretenda sea el libre y civilizado intercambio de ideas. ¿Qué cuáles pueden ser esos lugares?. Es obvio para quien conozca un poco este blog.

De ahí esa analogía murciélagos-bibliotecarios. Si los alados nocturnos que revolotean al atardecer por entre los pasillos de las antiguas bibliotecas portuguesas acaban al vuelo con las plagas que amenazan a los manuscritos y libros: los bibliotecarios tienen una nueva misión en este mundo digital: acabar al vuelo digital con los insectos que amenazan la cultura en las redes. Cierto que no hace falta ser Batman, pero qué duda cabe, que puede convertirse en un superpoder para la profesión en nuestros días.

 

Recortable bibliotecario

 

El próximo Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, que se celebrará en noviembre en Logroño, se centrará en analizar los perfiles profesionales de los bibliotecarios. Un tema interesante a priori pero de difícil concreción cuando esos perfiles se desdibujan y vuelven a dibujarse con cada nueva función que se le suma a los trabajadores de bibliotecas en la era digital. Estaremos expectantes en todo caso.

 

 

Y precisamente, Peter Coyl, director de la biblioteca pública de Montclair en Nueva Jersey,  acaba de publicar un artículo en el ‘American Libraries Magazine’ sobre la crisis de identidad bibliotecaria que estamos viviendo. En él, Coyl, habla en realidad de la baja participación en las elecciones de la ALA en las que se sometía a votación si el próximo líder de la mayor asociación bibliotecaria del país debía, o no, tener un perfil claramente bibliotecario. El resultado fue positivo: pero el índice de participación tan escaso es el que lleva a Coyl a sostener que estamos viviendo una crisis de identidad bibliotecaria.

No sabemos si existe un refrán equivalente en los EE.UU. para “mal de muchos consuelo de tontos”: pero es una sensación inevitable cuando, desde la realidad española, se lee el artículo y se constata que la falta de consideración que, en demasiadas ocasiones, se expresa de un modo u otro hacia la importancia de la profesión (incluso entre los propios profesionales) es una realidad compartida.

Una realidad que se acentúa cuando los agoreros incluyen a los bibliotecarios entre los trabajos en peligro de extinción por el impacto del meteorito digital. Ya nos preguntábamos en Una verdad (bibliotecaria) incómoda si acaso lo que tenga futuro sean las bibliotecas pero no los bibliotecarios. Pero el caso es que puestos a huir de esa amenaza de extinción la respuesta está siendo acumular prendas en el armario de la profesión para ir cambiándose el hábito según convenga en cada momento. Tal cual como en un recortable de papel.

 

 

Pero pese a la habilidad acumulada por los profesionales para reconvertirse una y otra vez, cual Mortadelos bibliotecarios, lo cierto es que mucho de ese esfuerzo se pierde si no se consigue que el estereotipo asociado a bibliotecas y bibliotecarios en el imaginario colectivo cambie de una vez. Por eso en el resto del post, en lugar de seguir abordando el futuro de la profesión, nos dejamos llevar por la vena menos intensa de este blog recurriendo a algunos ejemplos que dinamitan con TNT la imagen prototípica de lo bibliotecario desde dentro. Vidas ejemplares bibliotecarias, también podría haber sido un buen título.

 

 

El número 22 de la revista ‘Infobibliotecas’ nos enterábamos de que una de las estrellas porno del momento, Ela Darling, premiaba a sus fans mostrándoles sus pechos a cambio de que le enseñen su carné de biblioteca. Una ingeniosa campaña de promoción bibliotecaria que no creemos que prospere más allá de Ela. La defensa que esta actriz del denominado ‘cine para adultos’ hace de las bibliotecas tiene que ver son su pasado laboral.

Ela Darling dando la espada para mostrar su tatuaje con la notación Dewey de las novelas de Harry Potter.

Ela trabajaba como bibliotecaria hasta que se cruzó en su camino el cine erótico, primero, y más tarde el porno. Esta entusiasta de Harry Potter (lleva la notación de la CDU que corresponde a las novelas de Rowling tatuada en la espalda) o de Star Trek, pese a su actual profesión en el mundo del porno, no puede evitar que su formación de base como bibliotecaria emerja en su nueva ocupación.

Si los bibliotecarios están siempre atentos a las innovaciones tecnológicas para indagar en sus posibles aplicaciones al ámbito de las bibliotecas: Ela se ha convertido en una adalid del uso de la realidad virtual en el mundo del porno.

Con el tiempo han patentado un software de captura de realidad virtual en 360 grados y emisión en directo; ha llegado a protagonizar charlas TED sobre este tema; y preside una organización para la lucha por la mejora de las condiciones en la industria del porno.

 

Bijan Nowroozian, el bibliotecario ‘ninja warrior’, listo para su sesión de cuentacuentos.

 

Bijan y su novia Sarah, también bibliotecaria, en el podio de una de las pruebas deportivas en las que participan.

En nuestro país ha sido Antena 3 la cadena de televisión que ha adaptado el show televisivo estadounidense Ninja warrior. Un concurso de destrezas atléticas que consiste en superar unas duras pruebas en plató para erigirse como un auténtico ninja warrior. En la cadena estadounidense NBC 7 uno de los participantes favoritos (al menos entre los usuarios de la Biblioteca de North Park en San Diego) es el asistente bibliotecario responsable de las sesiones de cuentacuentos: Bijan Nowroozian.

Nowroozian entrena duro en un circuito que emula algunas de las pruebas a las que será sometido y comparte con su novia, también bibliotecaria, su pasión por los certámenes deportivos de gran intensidad. Pero lo mejor de este ninja warrior bibliotecario más allá de las marcas que consigue es dónde encuentra el espíritu necesario para afrontarlos: en su trabajo como bibliotecario.

Según declaraba a un medio local: “Cada semana hago un cuentacuentos para más de cien niños en edad preescolar. Me entrego todo lo que puedo y a los niños les encanta. Adopté el mismo enfoque para Ninja warrior, y ciertamente, ha dado sus frutos: a todo el mundo le encanta la energía que pongo en el rodaje“. Una conclusión (y un reconocimiento) de lo más vigorizante para la gran labor que desarrollan tantos bibliotecarios de secciones infantiles. Los auténticos ninja warriors de las bibliotecas.

 

Azadeh Brown caracterizada como Harley Quinn, la novia del Joker.Fotografía de Doll House Photography.

 

La siguiente vida ejemplar bibliotecaria nos lleva hasta Southampton en Inglaterra. En la biblioteca de su universidad trabaja como bibliotecaria la iraní Azadeh Brown, que hace pocos meses abrió su cuenta de Instagram, y cuenta cada vez con más seguidores de su perfil. No por su trabajo como bibliotecaria (todo hay que decirlo) sino por ser una consumada cosplayer, por si alguien no lo sabe, personas especializadas en caracterizarse como personajes de cómics, series, películas o videojuegos.

Azadeh demostrando que un buen bibliotecario sabe adaptarse a lo que se requiere en cada momento.

Para Azadeh su vocación bibliotecaria-cosplayer fueron de la mano desde el principio. Creció en medio de la guerra entre Irán e Irak y su forma de evadirse de la realidad y refugiarse de la asfixiante situación que se estaba viviendo en su país de origen fue a través de los libros y los disfraces. Como ella misma declaraba a las cámaras de la BBC los libros se convirtieron en sus mejores amigos. A los 17 años abandonó su país para emigrar a Reino Unido y terminar formándose como bibliotecaria. De este modo la inquieta Brown pudo unir las dos cosas que más feliz le hacían: los libros y los disfraces.

No sabemos los looks que Azadeh escogerá para ir a trabajar pero al menos por apariencia sería la bibliotecaria ideal para dinamizar/adornar una sección de cómics o literatura fantástica. La cosplayer bibliotecaria lo hacer por afición pero, día a día, en la mayoría de bibliotecas muchos profesionales se cambian de disfraz continuamente según requiere la ocasión. El caso de Azadeh nos ha recordado a las palabras de la bibliotecaria juvenil de Westport, Jaina Lewis, que recogíamos en Canción de verano bibliotecaria:

“Por la mañana, soy una estrella de rock en una habitación llena de niños en edad preescolar; a mediodía, soy una trabajadora social ayudando a buscar recursos para la búsqueda de empleo; por la tarde soy una educadora que lleva a los niños a un taller de ciencias. Los bibliotecarios servimos para muchos propósitos y usamos distintos sombreros, pero todos sirven para lo mismo: cambiar vidas.”

 

 

Y para cerrar este repaso de bibliotecarios revienta-estereotipos nos quedamos con Bill Stockey: el barbudo karateka que allá por los años 80 animaba a la lectura y a las artes marciales a los usuarios infantiles en la Biblioteca Pública de Chesapeake, en Virginia, de la que era director. Se habla mucho de las habilidades que ha de tener un buen jefe o responsable de equipos de trabajo: pero nunca se menciona lo bien que puede venir el ser diestro en artes marciales. Que nadie piense mal, no por recurrir a la violencia, pero  cualquiera que haya tenido equipos a su cargo, sabe que todo cuenta, nada resta, cuando de gestionar cuestiones de personal se trata.

Stockey ahora tiene 67 años y está jubilado. Pero aunque ya no pelee con problemas de presupuestos, fondos, colecciones o personal: sigue de lo más activo como maestro de artes marciales. Sus más de 30 años en estas lides, y su cinturón negro, le han convertido en una figura de los más respetadas, un auténtico sensei bibliotecario al que acuden muchos discípulos.

 

El eslogan jugando con Bruce Lee para fomentar la lectura está ya muy visto: pero es que la mayor estrella de las artes marciales que ha dado el cine era un consumado lector que tenía más de 2.000 libros en su biblioteca personal. En la cual aparece leyendo en esta foto que corrobora que el significado castellano de su apellido resulta de lo más propio.

 

Tras la jubilación, Bill, ha montado un dojo (lugar para la meditación budista zen y la práctica de las artes marciales) junto a su domicilio con el nombre de Shoshinkan (mente de principiante). Toda una declaración de principios proviniendo de un hombre que se convirtió, en 1985, en la primera persona no asiática en obtener la licencia “Kyoshi” concedida por la más importante institución de artes marciales de Japón.

Esa es la actitud: mantener la mente del principiante. Algo a lo que los bibliotecarios están abocados (y muchas otras profesiones por supuesto) si quieren sobrevivir en este ajetreado panorama. Ojalá que en el próximo congreso lleguemos a recortar la figura de lo que será la profesión en este nuevo siglo. Pero entretanto no sería mala idea postular como ponentes a Ela, Bijan, Azadeh y Bill. Sus trayectorias, como poco, son de las que contradicen que lo de ser bibliotecario sea un trabajo monótono y aburrido. Después de todo, puede que los bibliotecarios del siglo XXI terminen siendo lo más parecido a Leonard Zelig, el camaleónico protagonista de la obra maestra de Woody Allen.

 

Tonto el que lo lea (postDíadelLibro)

 

Titular con una frase infantil un post relaja mucho. Nadie puede albergar grandes expectativas visto el arranque. Pero es que después de lo intenso que se pone el discurso cuando de celebrar el Día del Libro se trata: se agradece recurrir a la tontería

Este es el post postDíadelLibro2018 y como todos los años estamos de resaca. Resacosos de citas de escritores famosos, de recomendaciones de libros, de imágenes idealizadas de lectores y libros, de frases entrecomilladas sobre las bondades de la lectura, de mil y una noticias y especiales en todos los medios celebrando al libro y a la lectura. Y ¿hoy qué?, ¿se habrá incrementado el número de lectores por ello?, ¿se cerrarán menos librerías? , ¿se apuntará más gente a las bibliotecas?

 

 

Que no, que no, que no estamos en la última fase de la borrachera, y después del subidón, subidón, nos hemos instalado en el muermo. Que no estamos patéticamente llorosos, proclamando que queremos mucho a la cultura, que la lectura es maravillosa, que los libros son maravillosos, que el muuuuuundooooo es maravilloso. Que no, que no vamos de descreídos, todo lo contrario. El que exista un Día Internacional del Libro está muy bien.

Como mínimo las librerías habrán aumentado sus ventas y las bibliotecas han podido programar actividades para deleite de sus usuarios. Pero es que para promocionar la lectura no queremos un día, queremos todos los días del año. A veces esto de los Días Internacionales de…. es como los propósitos de año nuevo: lavan la conciencia a base de buenos propósitos y después se olvidan con la misma facilidad que se formularon.

 

 

En las bibliotecas el Día del Libro son 365 (porque ahora ya ni los festivos se salvan teniendo plataformas de lectura digital o contenidos audiovisuales a la carta), y no estaría mal que si de verdad se quiere fomentar la lectura, se apostase por las mayores redes de circulación y fomento de la lectura que son las bibliotecas. Pero en pleno día de resaca, no es cuestión de ponernos intensos, por eso hemos recurrido a algo liviano para engalanar el post: a algunas de las viñetas del delicioso cómic Los libros en The New Yorker.

Tal y como demuestran las jocosas viñetas que durante años ha ido publicando el prestigioso medio neoyorquino: el libro, en sus diversas formas, ha sido la piedra angular sobre la que ha girado la cultura desde que se inventó la escritura.

 

 

Los libros han sido la fuente predominante, y única hasta no hace tanto, para indagar en el ser humano. Pero eso siempre ha requerido de tiempo, perseverancia y entrenamiento. Ahora los únicos entrenamientos aceptados voluntariamente son los que imponen los monitores de gimnasio. Si los tiempos no se avienen al esfuerzo necesario para asimilar las páginas de un libro, en lugar de leer libros habrá que leer las mentes, directamente, sin intermediarios, ni filtros. Algo que la noticia postDíadelLibro de que España es el tercer país de la UE que menos gasta en la lectura: solo viene a refrendar. Tanto reality y programa del corazón tenían que dar sus frutos tarde o temprano: leer las mentes ya que no los libros.

El sueño de todo publicista, empresario, político y de cualquiera (padres, hijos, pareja) que aspire a manipularnos para bien o para mal.

 

 

El primer paso ya lo está dando la tecnología. Hace unos días saltaba la noticia de que el más puntero de los institutos tecnológicos del mundo, el de Massachusetts (MIT) ha creado un casco capaz de leer los pensamientos con el nombre de Alter ego. El casco, compuesto de electrodos, detecta las señales neuromusculares que intervienen en la comunicación hablada. De este modo el casco es capaz de interpretar la voz interior: un hábito que, según el artículo de ‘Tendencias 21′ que es donde hemos conocido el invento, es muy común entre los lectores. El soliloquio que constituye nuestra banda sonora interior (efectos sonoros de las tripas aparte) ahora con subtítulos incorporados.

Es una forma pedestre de contarlo porque en realidad lo que hace el casco es transcribirlos en cualquier pantalla o dispositivo con una eficacia del 92%. La noticia tranquiliza por un lado (no puede leer los pensamientos cerrados, es decir los que no están pensados para verbalizarse); e inquieta por otro (la seguridad del dispositivo no está desarrollada por lo que está expuesto al pirateo).

Pensamientos pirateados: un nuevo frente se abre para la legislación que protege los derechos de autor. Aunque antes de legislar habrá que comprobar si los pensamientos pirateados merecen protección. En cualquier caso, cual mantra, ante la posibilidad de intrusismo mental habrá que repetirse continuamente ‘tonto el que lo lea’ como quien  coloca un cartel falso de protección con alarma en la fachada de su domicilio.

 

Los sensores desarrollados por el MIT para detectar la actividad neuromuscular y así transmitir los pensamientos.

 

El relato de Philip K. Dick en que se basó la película de Spielberg.

Quizás porque todo sea cada vez más complejo: el pensamiento se está haciendo tan simple que leer las mentes no va a exigir de tecnologías demasiado sofisticadas. La Inteligencia Artificial en pos de la complejidad humana, y los humanos en pos de la simpleza binaria de lo digital. Era inevitable con tanto SMS, whatssap, emojis y memes. Nos gustaría pensar que más que una involución se trata de un paso intermedio hacia la telepatía. Una forma superior de comunicación, que si se acompaña de empatía, podría ser la solución definitiva para nuestra especie.

En un artículo publicado en ‘Library Journal’ el profesor universitario estadounidense Michael Stephens repasaba cómo se representaban hace dos años (eso en Internet es mucho tiempo pero en el asunto en cuestión la cosa no parece haber variado mucho) los asuntos referidos a libros, bibliotecas y bibliotecarios en el lenguaje de los emojis. Entonces se lamentaba de que no existiera ningún emoji para representar una biblioteca o a un bibliotecario: y dos años después seguimos igual.

 

La historia de Miley Cyrus en emojis.

 

En 2018 Unicode Consortium, que es la organización de publicar nuevos emojis, entre los 157 nuevos monigotes que ha estrenado ha dado cabida a pavos reales, loros, dientes, microbios, rollos de papel higiénico y hasta tiques de la compra. Es cierto que ya existen emojis para libros, lectura, escritura, e incluso algunos emojis de edificios que bien podrían pasar por una biblioteca: pero a ver si para 2019 se crea algún emoji que represente a las bibliotecas/carios inequívocamente. ¿O en realidad no será necesario crear un emoji para representar a la profesión bibliotecaria?

No, no, que no vamos en plan lastimero, todo lo contrario. Revisando los principales emojis que hasta la fecha se han creado para representar las distintas profesiones lo cierto es que prácticamente todos podrían ser bibliotecarios.

 

 

En casi todos emojis laborales hay rasgos bibliotecarios. Tal es el perfil de una profesión que, en los últimos tiempos, va acumulando más capas que una milhojas en cuanto a competencias. Todo le viene bien.

Que si la lupa de los detectives; que si la bata de los médicos; que si el gorro de operario o el mono de mecánico cuando se rompe algo, y aburridos de esperar a que vayan a arreglarlo, agarran la caja de herramientas casera; que si los pinceles en los talleres; y por supuesto, el rayo cruzado en la cara a lo Bowie, porque puestos a ser cool pueden ser los más cool; y no incluimos el gorro de los soldados de la guardia real inglesa porque no queremos enrollarnos, pero es más que probable, que encontrásemos alguna semejanza (si estuviéramos preDíadelLibro habríamos dicho que son como la guardia real de la cultura: pero estamos en pantuflas así que mejor nos ahorramos tales cursilerías).

 

Vida de un bibliotecario en emojis.

 

Pero mirándolo desde otro prisma: que te conviertan en emoji no resulta nada halagador. Casi cualquier historia de un taquillazo de Hollywood o de muchos best sellers (de los de usar y tirar) se podria resumir en emojis. De ahí que tantos espectadores que buscan relatos adultos se hayan volcado en las series. Después de todo que no te jibaricen el pensamiento, que no te transformen en monigote: es de lo mejor que te puede pasar. Manías de ‘letrasados’ que se empeñan en alcanzar la simplicidad sin incurrir en simplezas.

Y mientras se nos pasa la resaca ponemos algo de música. No muy alta. Róisín Murphy tampoco es fácil de estereotipar. Esta tipa, desde que empezara con Moloko en los 90, se ha empeñado en sacar los pies del tiesto una y otra vez. Daría para mil emojis a cual más estrafalario, y aún así, no alcanzarían a describirla por completo. ¡Bien por ella! Terminar con su vídeo Whatever (Lo que sea) es toda una declaración de principios. Lo que sea antes que previsibles, o dicho de otro modo más acorde con el título del post: antes muertos que sencillos.

 

Biblioteca con subtítulos

 

Uno de las compensaciones que tiene el cumplir años es la progresiva liberación del juicio ajeno. Vivimos en sociedad y todos estamos sometidos al escrutinio de los demás desde el principio. Pero con un poco de suerte, y de trabajo interno con uno mismo, llega un punto en el que la mirada de los demás no deja de afectarte (algo imposible y menos si te aventuras en el turbulento medio digital) pero sí influye mucho menos que cuando eras más bisoño.

 

 

De ahí que el certero meme, con la fantástica Morticia Addams que encarnó Anjelica Huston, defina tan a la perfección ese estado mental que, en la mayoría de los casos, se consigue con la experiencia. No se trata de abusar de la sinceridad como arma arrojadiza que lo único que denota es falta de educación: sino de dejarse de circunloquios a la hora de expresar nuestras opiniones. De ser asertivos que dirían los gurús del crecimiento personal. En tiempos en los que el discurso de lo políticamente correcto causa estragos, censuras y miedos: lograr la fórmula exacta para decir sin ambages lo que se piensa y generar con ello un debate enriquecedor: no el mero rifirrafe dialéctico al que tan acostumbrados nos tienen los medios.

Al doblar una película hay que hacer auténticas filigranas para encajar la traducción de los diálogos originales, y así evitar, que los actores extranjeros no terminen boqueando en el aire o con la boca cerrada mientras aún suena el diálogo. Una dificultad que, en más de una ocasión, ha provocado discordancias en el resultado final.

En la edición española en DVD de la película de Kubrick: Eyes wide shut (1999) un fallo en el doblaje afectaba de manera garrafal a las explicaciones que sobre un asesinato se daban al final de la película. Para quien no tuviera el suficiente nivel de inglés para visionar la cinta en versión original: solo si se activaban los subtítulos en inglés (ni siquiera en castellano) se conseguía descubrir realmente lo que el personaje interpretado por Sidney Pollack le revelaba a Tom Cruise. Un error desastroso que daba más argumentos a los defensores de la V.O.

 

Nicole Kidman en la trascendental escena para la trama de Eyes wide shut en que confiesa a su marido (Tom Cruise) sus pensamientos más secretos. No decimos nada: pero lo cierto es que tras la película el matrimonio real de Kidmand y Cruise se acabó.

 

Y eso vamos a hacer en este post: activar los subtítulos, no para que nos traduzcan, sino para leer entre las líneas de algunos de los lugares comunes más extendidos del mundo bibliotecario. Algo así solo puede nacer con ánimo de abrirse a la participación (ya lo decíamos: generar un debate enriquecedor, no provocar gratuitamente): y por ello cada subtítulo arranca con el hashtag #tengounaedad. Un hashtag estupendo para acompañar lo que cada quiera añadir. Huelga decir (aunque no holgara tanto cuando lo decimos) que en este caso la edad es un simple estado mental: poco importa nuestra fecha de nacimiento. Prescindamos de cutres polígrafos, sueros de la verdad o confesionarios y, simplemente, activemos los subtítulos de nuestro subconsciente bibliotecario.

(Nota: Infobibliotecas no se responsabiliza de las opiniones que este subconsciente pueda expresar, ni las refrenda, ni las comparte. Se limita a recogerlas para que cada uno concuerde o disienta de ellas.)

 

SUBTÍTULOS
Castellano On Off

 

En la biblioteca actual es, si cabe más importante que antes, adaptar los espacios para atender a los diferentes colectivos que la habitan. Preservar el silencio, que tan demandado es por el público estudiantil, y convertirla en un centro cultural activo, vivo y dinámico: supone una distribución flexible de los espacios y un esfuerzo por atender a las necesidades de todos los usuarios.

#tengounaedad: Los estudiantes, dentro de los colectivos de usuarios, son los principales enemigos de la biblioteca pública. Siendo totalmente respetables sus necesidades: su intransigencia ante las necesidades de otros colectivos, y su indiferencia por lo que las bibliotecas puedan ofrecerles más allá que como simples salas de estudio: suponen una amenaza para innovar la idea de biblioteca. La trampa está hecha: en bibliotecas pequeñas la dictadura estudiantil con la connivencia de alguno de esos concejales o alcaldes pedáneos (que no ven a la biblioteca más allá de una seudoguardería o sala de estudio) pueden ser el estoque definitivo a los intentos por transformarlas en centros culturales llenos de vida, y por lo tanto, de futuro.

 

Estudiantes haciendo cola para coger sitio en la biblioteca de la Universidad de Nanjing (China).

 

La profesión bibliotecaria es de las que más preocupación ha mostrado siempre por mantenerse actualizada tecnológicamente y por ir sumando habilidades. A lo largo de las pasadas décadas ha demostrado una encomiable capacidad para adaptarse a los retos que los tiempos requerían. El reto digital del siglo XXI promete poner aún más a prueba esa capacidad camaleónica de la profesión que, ahora más que nunca, tiene que reimaginar su función y la de las bibliotecas en esta revolución sin precedentes.

#tengounaedad: la profesión bibliotecaria puede extinguirse si peca de falta de ambición cultural. Ejercer como funcionarios de la cultura (en el sentido más peyorativo que se adjudica al término funcionario) en vez de como profesionales de la cultura. Las plantillas bibliotecarias actuales se distribuyen a grosso modo: entre los licenciados en carreras de Letras que, en los 80, opositaron para bibliotecas como una solución a la falta de salidas profesionales a sus estudios, y que tras hacer un loable intento por actualizarse en destrezas informáticas, no lo compaginaron con una reinvención de lo que debía ser una biblioteca; y los diplomados/licenciados de los amenazados estudios de Biblioteconomía y Documentación, que surgieron en la década de los 90, y que recibieron una formación basada en conocimientos técnicos sin incentivar la curiosidad intelectual, y el perfil humanístico, que se requiere ahora para compensar tanta maravilla tecnológica vacía de contenido. Sin curiosidad no hay futuro.

 

 

La mayoría de las plantillas de las bibliotecas están compuestas en un alto porcentaje por personal de cuerpos generales de la administración. Los técnicos bibliotecarios marcan las directrices de estos trabajadores que, en más de un caso, se convierten en avezados profesionales de biblioteca sin necesidad de titulación. Disfrutando de un destino laboral que en nada se asemeja al resto de unidades administrativas que suelen componer las administraciones locales o autonómicas.

#tengounaedad: que las administraciones no respeten que las bibliotecas precisan de un personal con formación bibliotecaria provoca que sus plantillas se nutran de personal administrativo que llega con ideas estereotipadas de lo que supone trabajar en una biblioteca. Estos trabajadores se plantean su desempeño igual que si estuvieran en una oficina de recaudación sin especial atención a los requerimientos que precisa trabajar en una institución cultural. Se da la circunstancia de que este personal, además, suele ser el que recibe a los usuarios a pie de mostrador: con lo que muchas veces el buen servicio que podría darse se confía a la buena voluntad de estos trabajadores: que al hecho de contar con un personal cualificado.

 

 

Mantenerse al tanto de lo que se cuece en el mundo bibliotecario es requisito imprescindible para seguir haciendo avanzar nuestra biblioteca. Blogs, revistas, foros, redes sociales, la asistencia a jornadas, congresos, seminarios y demás medios con temática bibliotecaria: nos permiten estar al día de las innovaciones y las ideas que van surgiendo más allá del horizonte cotidiano de cada uno; y pueden servir de inspiración de múltiples formas.

#tengounaedad: cuando se leen desde una pequeña biblioteca municipal, escasa de recursos, personal y apoyo por los responsables políticos: estos medios especializados (este blog sin ir más lejos) que animan a innovar, repensar lo que deber ser una biblioteca, y las aptitudes que se deben desarrollar: puede generarse más frustración que otra cosa. Es como leerse un reportaje de ‘¡Hola!’: repleto de mansiones de ensueño y vidas aparentemente perfectas con las que solo podemos soñar. Bibliotecas ideales para un mundo ideal que solo existen en una realidad muy alejada del día a día de la mayoría de bibliotecarios.

 

Las estupendas recomendaciones para padres y educadores de la autora de cómics Rutu Modan sobre cómo leer cómics con los niños.

 

La sección infantil y juvenil de una biblioteca pública es uno de los servicios a potenciar y promover. El síndrome de nido bibliotecario vacío que amenaza a partir de los 10-11 años solo es posible combatirlo recurriendo a soluciones imaginativas y a la complicidad de educadores y padres. La formación de los que darán razón de ser a las bibliotecas en el futuro es un objetivo que debe ser prioritario en cualquier centro: y ello requiere de una especialización y una actualización continua del personal que atiende este servicio.

#tengounaedad: en ocasiones los peores ejemplos para los niños a los que se quiere atraer a la lectura son algunos padres. El uso desconsiderado que en muchos casos hacen de la biblioteca: viéndola más como una especie de guardería o aparcaniños que viene a suplir al parque de bolas o a las zonas recreativas en días de lluvia. Ese concepto de educación laxo, falto de consideración hacia los demás, que convierte a los niños en pequeños tiranos de los espacios públicos por la dejación de funciones de algunos progenitores: se convierte en caballo de batalla para numerosos bibliotecarios infantiles que se ven obligados a ejercer más de vigilantes que de animadores a la lectura.

 

 

La lectura digital es el future is now (El futuro es ahora) del mundo bibliotecario. Uno de los puntos destacados dentro de la IFLA Global Visión es el abrazo a la innovación digital. Las bibliotecas están y deben estar en cada uno de los avances que esta revolución digital está provocando. Por un lado, por una cuestión de actualizarse y no perder vigencia; pero por encima de todo para asegurar la igualdad de oportunidades de todos a la hora de acceder al mundo digital, ayudando así, a cerrar la brecha digital que se está generando.

#tengounaedad: una vez más la visión macrobibliotecaria (IFLA, Manifiesto de la Unesco, Consejo de Cooperación Bibliotecaria, etc…) frente a la microbibliotecaria. Por lo que respecta a la tumba que, según algunos, los ebooks habían cavado al libro impreso: sigue sin ser ocupada. Por otro lado, plantear estrategias, diseñar campañas, movilizar personal para desarrollar comunidades digitales desde las bibliotecas a través de las redes sociales se choca de frente con: la falta de tiempo, personal y recursos; y el hecho de que muchas de las administraciones en las que se integran las redes de bibliotecas: bloquean, dificultan, o directamente, prohíben el acceso a las redes sociales desde la Administración.

 

 

La cooperación bibliotecaria es un clásico dentro de la Biblioteconomía. Para conseguir que las bibliotecas tomen parte en la consecución de los retos que se han marcado en la Agenda 2030 de la ONU: la IFLA ha elaborado desde un Programa de Acción para el Desarrollo hasta un conjunto de herramientas para ayudar a defender estas necesidades antes los responsables de las políticas culturales nacionales y regionales. Sentirse parte de un proyecto global que aspira a mejorar el mundo es algo muy motivador que refuerza la idea de cooperación y de creación de redes entre bibliotecas.

#tengounaedad: los frenos a objetivos tan loables no provienen exclusivamente de las limitaciones materiales y de plantillas de las que adolecen las bibliotecas. Las limitaciones más paralizantes, como siempre, son las mentales. Si la colaboración entre redes de bibliotecas que operan en un mismo territorio se hace en ocasiones imposible por: veleidades políticas, intereses no manifiestos, visiones cortoplacistas o estrategias para ganar/conservar el puesto: ¿cuánto no se agudizarán estas miserias si se amplía el encuadre? Cambiar la idea de para qué sirve una biblioteca en el siglo XXI debería ser el primer paso. Pero no solo en las mentes de los políticos también en las de muchos bibliotecarios. Si tanto se habla últimamente de promover el pensamiento crítico de los ciudadanos: habrá que predicar con el ejemplo y empezar a promoverlo también hacia la propia profesión.

 

FIN
#tengounaedad: podría seguir…

 

SUBTÍTULOS
Castellano On Off

 

Hasta aquí la película que nos hemos montado con este post subtitulado. Para cerrar añadamos algo de banda sonora. En los últimos tiempos, la falta de presupuesto y la inmediatez que exige el mercado, ha llevado a que proliferen los lyric videos (lo que vendría a ser un vídeo de karaoke, pero como eso queda cutre, se trata de vídeos más o menos creativos con la letra en subtítulos) que preceden al lanzamiento del vídeo oficial de un nuevo hit. Nada más propio pues para este atracón de subtítulos que cerrar con un lyric video.

El grupo Doble Pletina jugó con el concepto deconstruyéndolo para su tema Nada. Más que un vídeo con los subtítulos de la canción se trata de un juego, de un pasatiempo, con el que se entraba en un sorteo. Subtítulos desordenados que juegan con nuestra capacidad de atención para que cada uno se monte el puzle en su cabeza: algo parecido a lo que hemos pretendido con la biblioteca subtitulada de este post.

 

 

Menú del día para mujeres bibliotecarias

 

28 de febrero de 2018. 14:45 horas. Reserva a nombre de Biblioteca para cinco comensales en un restaurante del centro de una ciudad. 

Estas fueron las coordenadas espacio temporales en las que se desarrolló la conversación entre cinco mujeres bibliotecarias que, a continuación, se transcribe en un post ideado para publicarse previo a uno de los Días Internacionales de la Mujer más reivindicativos de los últimos años.

El encuentro, propiciado por Infobibliotecas, quería registrar las ideas, experiencias, anhelos, frustraciones y alegrías de cinco mujeres bibliotecarias. Se trataba de grabar sus vivencias sin tapujos, limitaciones, ni reservas. Hasta donde ellas quisieran contar y como ellas quisieran contarlo. Y paradójicamente, para eso, había que recurrir a las máscaras.

 

 

Hipatia, la científica y filósofa griega; Anne Tyler, la escritora y bibliotecaria estadounidense; María Moliner, una de figuras más insignes del gremio en nuestro país; Batgirl, cuyo alter ego, Barbara Gordon, ejercía como bibliotecaria en los cómics de Batman de los años 60; y Susana Estrada que, antes de convertirse en la figura más representativa del destape, ejerció como bibliotecaria en el Ateneo Jovellanos de Gijón.

Estas fueron las cinco identidades elegidas por las comensales de este banquete bibliotecario: no porque tuvieran nada que ocultar sino para poder sentirse libres de decir lo que quisieran y como quisieran. Y porque, de este modo, sus rasgos personales y profesionales no interfirieran en la empatía o desapego que sus opiniones y experiencias provocasen entre quienes quieran asistir, en diferido, a su conversación.

Pero dejémonos de tanta palabrería. Hipatia, María, Anne, Batgirl y Susana tienen mucho que decir y sobra tanta explicación. Que dé comienzo el banquete.

 

ENTRANTES: GAMBAS Y SARDINAS REBOZADAS

 

 

Batgirl: Lo mío fue casual. Venía de Historia y una amiga, que daba clases particulares de catalogación, me dijo: “vente”. Me fui liando y me enganché a las becas de la Universidad. Fui de beca en beca, de contrato en contrato y siempre me lo he pasado bien. Siempre me he divertido, he tenido alguna época mala, pero siempre me he divertido. Lo dijeron en las jornadas de bibliotecas del viernes pasado: hay que divertirse en el trabajo. Y eso hago. Hay rutina pero siempre hay algo que te saca de esa rutina.

Hipatia: Fíjate yo nunca veo rutina. No hay dos días iguales en una biblioteca.

Susana: Yo llevo 30 años y me considero una privilegiada. Y mira que, en el medio en que estamos, ha habido momentos malos, de sentirte poco considerada, de luchar y luchar y conseguir muy poco.

Anne: En algunos casos nos movemos en un medio hostil.

María: Más que sentirte considerada, o no, yo lo veo como indiferencia.

Susana: Llámalo como quieras, pero es que me da igual, termino pasando de su indiferencia u hostilidad y me centro en mi biblioteca, en la gente que tengo que es estupenda, y eso a mí me da vida. Porque si me paro a pensar en el concejal de turno que quiere hacer esto o lo otro y al final termina no dejando hacer uffffff…

Hipatia: La pesadilla del bibliotecario, desde luego, no son ni los usuarios, ni la falta de recursos, ni el trabajo en sí: la verdadera pesadilla es el político de turno que ni sabe ni quiere saber.

Susana: Sí. El mindundi que, de repente, te lo quita todo o te bloquea. Pero ya os digo que me niego a que todo eso me salpique. Es una profesión que me encanta y me da igual. Cuando tengo que ir, sin más remedio, a las altas esferas luego me echo la bronca a mi misma: “¿para qué vas alma de cántaro?” (Risas) Porque no quiero que nadie me quite lo bien que me lo paso con mi trabajo.

Hipatia: Totalmente de acuerdo. Yo iba para filósofa pero se me cruzaron las bibliotecas por el camino. Cuando terminé la carrera me preparé las oposiciones y entonces pensé: “si no entiendo a Hegel ¿cómo voy a explicar a Hegel?” Sería muy deshonesto. Y un día fui a ver a mi amiga del alma (señalando a María) que ya trabajaba en la biblioteca. No sé porqué fui, sería para contarle que no entendía a Hegel, y no iba a ser filósofa.

María: Tenía una crisis filosófica hegeliana.

Hipatia: El caso es que supongo que estaría aburrida ese día, y como es de las que habla hasta con las plantas, los libros y las paredes: me empezó a enseñar cómo iba todo y cuando terminó me dijo: “ahora sigue tú”. Y eso hice.

María: ¿Alguien se acuerda del Servicio Social? Yo lo hice en una biblioteca y ahí empezó todo. Ahí me enganché. Lo tuve clarísimo, echaba más horas que las que tenía que echar. Es más, hasta recuerdo la primera vez que me presté un libro, y lo emocionante que me pareció abrir un libro que habían leído otras personas. Fíjate, qué tonterías, pero me hacía feliz todo eso. Luego hice Hispánicas y terminé en la biblioteca en la que aún sigo. Y encantada. Es más, me quedan cuatro años para jubilarme, y me estoy planteando reengancharme. Porque mira que he tenido aguafiestas de esos de los que hablabas Susana, pero es que cuando estoy entre las estanterías, a veces pienso: “me quedaría aquí a dormir”. La sensación de estar arropada, el orden, me hace bien psicológicamente.

Hipatia: A mí muchas veces cuando van a visitarme antiguos compañeros de Filosofía, que ahora son docentes, me dicen que me envidian. Que les encanta mi trabajo.

Batgirl: Pero esos amigos te dicen: “¡Ay!, qué bien trabajar en bibliotecas“. Pero igual no saben realmente lo que es trabajar en bibliotecas.

Susana: Bueno en eso no se diferencian del resto pese a que sea gente con formación.

María: Pero incluso a gente, que igual no le gusta leer, les gusta la idea de trabajar en una biblioteca. Hay algo que les atrae.

 

 

PRIMER PLATO: ALCACHOFAS CON PIÑONES

 

 

Anne: Yo estudié en mi ciudad y luego me preparé oposiciones allá donde salieran. Cogía el tren y para Andalucía que me iba, y luego para Extremadura, y luego para Madrid. En un sitio aprobaba el primero, en otro llegaba al segundo. Hasta que saqué plaza donde estoy ahora. Empecé en la biblioteca de un pueblecito. Cuando trabajas en una biblioteca pequeña llegas a ser como una autoridad del pueblo. El maestro, el farmacéutico y la bibliotecaria. Esas pequeñas anécdotas de la bolsa de naranjas que te regalan, historias de biblioteca de mesa camilla.

Aquello se me quedaba pequeño así que pedí traslado a una biblioteca con más movimiento. Durante bastante tiempo he estado muy bien. Pero durante los últimos años la cosa ha ido a peor. Precisamente el día que me llamó Batgirl para preguntarme si me venía a la comida estaba en plena crisis. Ese día estaba pensando muy seriamente si dejaba mi profesión porque no aguanto más.

Hipatia: Pero ¿qué dices?

Susana: Es que estamos pasando una mala racha que dura demasiado. Es que está siendo muy jodido.

(Interrumpe el camarero para tomar nota de más bebidas)

Anne: Menos mal que hemos hecho este corte porque ya me estaba poniendo…

Hipatia: Pero es una mala racha profesional solo ¿no?

Anne: Sí, sí. Estaba buscando dónde irme, fuera donde fuera, pero dejar la biblioteca. También me planteaba: “sigo en bibliotecas pero vuelvo a mi ciudad”. Pero es muy complicado cambiar de administración. El caso es que me pilló la llamada para la comida en plena crisis. Dándome de plazo el fin de semana para tomar una decisión: si coger la mochila, liarme la manta a la cabeza, e irme a otro sitio.

Hipatia: Pero ¿ya se te ha pasado?

Anne: Pues sí porque yo estoy en bibliotecas vocacionalmente, estudié para esto, y no me veo en otra cosa. Además estoy harta de decirle a la gente que tenemos el mejor trabajo del mundo. Que la gente viene por ocio, por estudio, por lo que sea, pero nadie viene obligado. Todos los que trabajamos en bibliotecas tenemos mucha suerte. A muchos les encantaría tener el trabajo que tenemos. Y después de haberle repetido eso a tanta gente no iba a ser yo la que me contradijera a mí misma.

Hipatia: Yo opino como tú. Cuando paso una visita escolar siempre les hago énfasis a los niños en que los servicios públicos son gratuitos: cuando van al médico, cuando van a un colegio público, cuando vienen a la biblioteca. Siempre les digo que cuando juegas a uno de esos juegos en que se representa una ciudad siempre aparece: la iglesia, el colegio y la biblioteca. Han sido siempre los pilares para crear comunidad. Por eso estos años de crisis me han servido para valorar aún más el servicio que damos a la ciudadanía.

Susana: Yo he aprendido a pasar de ciertas cosas. Me he propuesto que ninguna de esas historias me impidan disfrutar de mi trabajo diario. Somos un servicio a la ciudadanía, estamos para servir a la gente del barrio, gente que necesita que les organices actividades, les ayudes, lo otro…

Batgirl: Los usuarios te salvan.

Susana: Siempre. Lo otro es esperar que cambien las cosas, y mientras, estoy en mi micromundo, en mi burbuja del día a día con los usuarios que es lo que satisface de verdad. Me niego a que me amarguen mi vida profesional.

Anne: Yo es que tengo la sensación de que estoy dejando pasar mis mejores años profesionales por unos malos gestores. Podría haber hecho maravillas. Porque a mí con poco que me motiven, soy una trabajadora nata, me implico al máximo.

Susana: Tan malo es que te acosen como que no te digan nada.

Batgirl: Es peor que no te digan nada. Porque a mi me ha pasado.

Hipatia: Pero Anne no puedes pensar eso.

María: Pero una cosa es lo que tú te sientes en potencia y lo que realmente puedes hacer. Pero la gracia, bueno gracia no que no tiene ninguna, pero el mérito es hacer cosas pese a las dificultades. Y cuando sacas algo, por pequeño que te pueda parecer, reconocerte a ti misma el mérito porque, pese a todo, lo que hay en contra lo has conseguido.

Hipatia: ¿Cuántos años (dirigiéndose a María) tuviste a un concejal nefasto y lo único que te mantuvo con ilusión fue el certamen literario que organizabas?

María: Y que también terminaron cargándoselo. Entonces podría haberme abonado a eso de “total si me van a pagar lo mismo”. Pero no era por eso por lo que lo hacía. No me valía ese argumento. Un pensamiento que siempre me ha dado buenos resultados, en esos momentos de bajón, es que el político de turno pasará. Ellos se irán: concejales, alcaldes y demás gerifaltes: pero yo seguiré porque no soy un cargo electo, ni de libre designación. Ellos se irán y yo seguiré. Y así ha sido. Hasta que me vaya. Pero será porque me jubile.

 

SEGUNDO PLATO: HUEVOS ROTOS CON JAMÓN Y TRUFA

 

 

Hipatia: Cambiando de tema: ¿os ha llegado la información sobre la huelga del Día de la Mujer? En nuestra biblioteca se ha pasado una circular informando. Tenemos una compañera muy sindicalista, muy feminista y todo lo que acaba en -ista que nos tiene muy informados.

María: Hablando desde el mundo laboral, nosotras si hiciéramos huelga, sería para apoyar al resto de mujeres. No somos un colectivo que haya sufrido la desigualdad en el trabajo. El machismo en la sociedad, eso ya, de un modo u otro, lo hemos vivido todas.

Batgirl: De todas formas, efectivamente en tema económico no, pero en nuestra biblioteca solo tenemos a dos chicos auxiliares, el resto somos chicas, y cuando hay que coger el coche, cargar cajas o cualquier trabajo manual: siempre terminamos dejándoselo a los chicos. Y me da mucha rabia. Es algo contra lo que lucho continuamente. He tenido que hacer muchos traslados y siempre me he puesto a cargar cajas o lo que hiciera falta. Es algo educacional y rancio.

María: Yo voy más allá: que lo hagan ellos. Discriminación positiva

Susana: Toma ya. Pero lo que dice Batgirl es un problema social no algo propio en sí del mundo bibliotecario

Anne: Y ¿en cuanto a jefaturas? Hay más jefes hombres que jefas en un ámbito mayoritariamente femenino. Eso sí es llamativo.

María: Y ¿en vuestros clubes de lectura hay también mayoría de mujeres?

Susana: Sin lugar a dudas. Esas señoras mayores que llenan cines, cafeterías y clubes de lectura de las que hablaba Elvira Lindo a cuenta del comentario de Álex de la Iglesia.

Hipatia: Tal vez sea por el pudor de expresar sentimientos que se considera algo propio de las mujeres. O un cierto tufillo desdeñoso hacia el hecho de leer narrativa frente a ensayo o libros de materias concretas.

María: Pero no deja de ser curioso, porque hay muchos hombres que leen y les gusta, pero no se apuntan.

Batgirl: Volviendo a los jefes. Yo he tenido un jefe que en las reuniones lo pasaba muy mal porque no conseguía entendernos. Él marcaba un orden del día, y luego nosotras, íbamos cambiando sobre la marcha. Siempre terminaba diciendo: “a mí me superáis”. Era jefe de archivos y bibliotecas. Por la mañana se reunía con los archiveros, la mayoría hombres…

Susana: Y además archiveros. Y hablo con conocimiento de causa.

Batgirl: ..y por la tarde con las bibliotecarias, todas mujeres. Y siempre terminaba diciendo: “es que me superáis, os vais por la tangente”.

Susana: Eso suena a topicazo de lo más rancio y además clasista en comparación al gremio con el que se reunía por la mañana, porque eran de archivo y la mayoría hombres. Por la tarde erais bibliotecarias, y encima mujeres, y le superabais. Vamos, machismo total.

Batgirl: Era un gestor muy bueno y yo trabajé muy bien con él, y sabía sacar lo mejor de cada uno, pero le superábamos las bibliotecarias.

Hipatia: ¿Y de dónde ese mirar por encima del hombro si venimos todos del mismo sitio? ¿acaso porque en las bibliotecas somos mayoría mujeres?

María: Oye ¿y con los usuarios?

Susana: Es el colectivo con el que sí lo noto. Hay usuarios que por el hecho de ser mujer te consideran menos. Me pasa a menudo con sudamericanos y marroquíes. Y otros que sin tratarte con desdén te dicen el “oye nena o el “oye guapísima. Eso a mí me repatea.

Batgirl: ¿Ves? yo en cambio trabajo en bibliotecas con mucha población marroquí y sudamericana y no me ha pasado eso. Y precisamente esta mañana un usuario que tenemos le ha preguntado a mi compañera si yo estaba casada.

Hipatia: Pero ¿el muchacho está bien?

Batgirl: Lo que está es más allá que pa’cá. No hace otra cosa que calibrar pectorales, es a lo único a lo que va a la biblioteca.

(Risas)

Anne: En mi biblioteca hemos trabajado muchos años con convenios de colaboración social. Y es curioso porque, cuando venían hombres, sí tuve problemas en alguna ocasión. Algunos eran empresarios venidos a menos que se habían quedado en el paro. Recuerdo a uno que cuando le mandaba hacer algo me decía que a él no le daba órdenes ninguna mujer. Me respondía: usted (porque me remarcaba mucho el usted) no me da órdenes”. Al final tenía que decírselo a un compañero, que había entonces, para que le dijera: “Anne ha dicho que hay que hacer tal cosa”.

(Risas)

María: Yo no puedo contar nada sobre esto porque no he tenido ninguna experiencia en ese sentido. Pero otra categoría interesante entre los usuarios: los grillados.

(¡¡Uhhhhh sí!!: asienten todas)

Anne: Es que además los psiquiatras les aconsejan ir a las bibliotecas.

Hipatia: ¿No decía Foucault que había que cerrar los manicomios?

María: Sí para que los sustituyeran las bibliotecas.

(Risas)

 

TERCER PLATO: MERLUZA A LA BRASA CON PIMIENTOS

 

 

Anne: Mirad hace dos años teníamos a una mujer, y además una mujer con estudios, y de buena familia, que se sentaba en la sala de adultos y empezaba a relinchar como los caballos: ¡¡¡HIIIIIIII, HIIIIIIIII!!!!!!. Luego pasó otra temporada, cuando varios de los atentados yihadistas, que venía con una gabardina y hacía como que llevaba una bomba. En alguna ocasión he llegado a llamar a la jefatura para preguntar: “oye ¿qué hacemos con este caso?” La decisión debía tomarla yo, pero en momentos de agobio me acuerdo de lo que me dijo una jefa de servicio: “a ti no te pagan por pensar”. Así que recurro a ello.

(Risas)

Batgirl: Ay! a mí también me han dicho eso. No me he hecho un tatuaje con esa frase por los pelos.

Susana: Y eso dicho por una mujer. A mí otra jefa me dijo haciendo un gesto de acariciarme la cabeza: “tu silogismo va muy rápido”. Eso es tremendo ¿eh? Mi jefa de servicio.

Anne: Antes hablábamos del machismo por parte de los hombres, pero ¿y el machismo por parte de las propias mujeres? Y encima en una profesión principalmente femenina. Eso es más sangrante.

Batgirl: Y lo que ha ayudado a que se perpetúe. Está claro.

Hipatia: Pues a mí nunca me han dicho algo parecido.

Batgirl: ¡Venga ya! Con el carácter que tú tienes: ¿nunca te han dicho nada tus jefes?

Hipatia: ¿A mí? Nunca

Anne: Pero a ver, broncas sí que habrás tenido.

Hipatia: Ah eso sí, pero faltarme al respeto nunca. No se lo hubiese permitido.

María: Acuérdate de cierto jefe que tuviste allá por los 90

Hipatia: Ah sí, ese sí. Pero afortunadamente se fue muy rápido. Pero si me dijeran algo así es posible que en el momento me callara, pero después iría al despacho y le diría cuatro cosas. Afortunadamente mi sueldo no depende del jefe de turno.

Batgirl: La valentía del que tiene las espaldas cubiertas. Yo después de que me dijera que a mí no me pagaban por pensar luego se lo expliqué: y aún se lo sigo recordando.

María: Pero bueno es que la frase de “no te pagan por pensar” se puso de moda y todos los mediocres que no tienen discurso propio la repetían como loros.

Anne: Tú lo has dicho: los mediocres con poder. Lo peor que te puede pasar. Pero acumulamos experiencia en todos los ámbitos.

María: Volviendo a las anécdotas. Es que me ha pasado hace muy poco. Tengo en mi biblioteca el libro: ETA nació en un seminario. Y un usuario publicó en Twitter que estábamos exaltando el terrorismo. Mi concejal que ve eso y me dice que retiremos el libro. Total que tuve que llevarle el libro para que lo viera y le enseñé la relación de bibliotecas en las que ese libro forma parte de sus colecciones. Pero es que el otro día va el exaltado en cuestión a la biblioteca y me monta un pollo porque tenemos un Diccionario islámico: que lo retirase, que nos iban a invadir, que son el enemigo. Tremendo. Obviamente le dijo que no. Y cuando se marcha me dice todo ofendido: “le va a sentar a usted muy bien el burka”.

(Risas)

María: Después le tendría que haber dicho: “Ay sí! porque así no tendré que depilarme el bigote”.

Susana: Tú por si acaso escóndele Sumisión de Houellebecq no vaya a leérselo. O igual ya lo leyó y de ahí su paranoia.

Batgirl: Los tiempos cada vez dan un poco más de miedo. Afortunadamente los fanáticos ignoran las bibliotecas, pero si les diera por ellas, nos tendríamos que echar a temblar.

Hipatia: Políticos miedosos y usuarios fanáticos. Menuda combinación.

María: Mi concejal ahora está con la obsesión de fomentar las donaciones, sea lo que sea, y que les hagamos fotos a las portadas para que pueda subirlas a sus redes como un logro. Yo le sigo la corriente, acepto toda la basura que la gente lleva cuando vacía los trasteros, y aprovecho por las tardes, cuando están mis compañeros, para que disimuladamente se deshagan de toda la morralla que tenemos que recoger.

Anne: La censura de los usuarios, eso también da para mucho. Me recuerda a la película de Bette Davis, en la que hacía de bibliotecaria, y se enfrentaba a políticos y fanáticos por defender que el Manifiesto Comunista estuviera en la biblioteca.

Batgirl: Pero es que a la gente hay que explicarle las cosas, no tenerles miedo, y no dejar de hacer cosas por eso. Que no las acepta, pues lo siento, pero es su punto de vista.

Susana: Bueno venga, vamos a brindar y a hacernos las fotos. Las bajas, sentadas, y las altas, que se pongan de pie. Coged las copas, espalda recta y pecho erguido. Que se note que somos bibliotecarias.

 

Batgirl, Susana, Anne, María e Hipatia brindando por las bibliotecas.

Infobibliotecas quiere agradecer la sinceridad, el arrojo, el sentido del humor y la pasión por su profesión de (por riguroso orden alfabético): Anne, Batgirl, Hipatia, María y Susana sin cuya generosidad, es obvio, que esto no habría sido posible.