Poema para una biblioteca sin puerta (cinco años después)

Este artículo es un viaje de la oscuridad a la luz. Punto. Y en esta primera frase se agota todo el lirismo de un texto que osa bautizarse como poema. Que nadie espere rimas (al menos conscientes): los asuntos que aquí se tratan son demasiado prosaicos para aspirar a poesía alguna. Pero, pese a ello, prometemos un final en el que la belleza alcanzará las más altas cotas recurriendo, eso sí, a méritos ajenos.

 

La cuenta de Facebook Improbables librairies, improbables bibliothèques ideada por Gérard Picot, lleva años recopilando imágenes de bibliotecas y librerías imposibles. La biblioteca sin puerta podría haber sido una de ellas.

 

El primer poema para una biblioteca sin puerta se escribió hace 5 años. Ahora no se trata de reescribirlo para mejorarlo, al modo en que muchos escritores hacen cuando se enfrentan a la reedición de sus obras: sino de revisitarlo, de hacer un remake o un reboot según términos cinematográficos: para constatar lo que ha sido de esa biblioteca.

Corría el 2012 cuando saltaba a los medios la noticia de la agencia de lectura que, gracias a los fondos del antiguo Plan E promovido por el gobierno de Zapatero, se había construido en el jardín de Viveros junto al antiguo zoo de la ciudad de Valencia. La desaceleración económica a la que hacía referencia el último presidente socialista: provocó, que una vez concluidas las obras, se quedase sin inaugurar, o para ser más precisos, sin terminar. Tenía ventanas, hasta estanterías y alguna mesa, pero no había libro alguno, y ni siquiera dio tiempo a abrirle una puerta.

 

El interior en ruinas de la biblioteca sin puerta.

 

Las urbanizaciones abandonadas a su suerte que ahora habitan las alimañas; los campos de golf que ahora no sirven ni de pasto seco; las palmeras repletas de picudo rojo importadas de Egipto para diezmar a las autóctonas; los esqueletos de edificios abandonados en polígonos industriales o las aceras y farolas de resorts que no existieron nunca más allá de los planos: dan tal vez para un cuento, un relato de ciencia ficción apocalíptica o acaso una novela. Pero solo una biblioteca sin puerta puede dar para un poema.

 

Los leones de Bagdad de Brian Vaughan convirtió en fábula en viñetas la historia real de las bestias que escaparon del zoo tras el bombardeo de Bagdad en 2003.

 

¿Qué narraciones hubiese inspirado esa biblioteca sin puerta, en medio de un zoo abandonado, a imaginaciones como las de Borges, Cortázar o Bioy Casares? Solo los dibujos de Roland Topor o M.S Escher alcanzarían a hacerle justicia si de una novela gráfica se tratase. Los rostros sin ojos ni boca de Topor y las arquitecturas sin sentido de Escher: irían al pelo para una narración situada en una biblioteca ciega, o más bien cegada. Dibujos perfectos para el relato que podría dar de sí esta metáfora arquitectónica de una biblioteca sellada, cual pirámide egipcia tras la muerte del faraón.

Y no es gratuita la referencia a las monumentales tumbas egipcias: al igual que en las pirámides, durante estos cinco años, el local ha sido saqueado, no de tesoros, sino de cables, puertas y demás materiales: con que pudieran hacer hogueras los mendigos que la han ido habitando. No hace falta ser Bukowski para encontrar aquí una buena historia sobre bibliotecas e indigentes. Pero finalmente parece que el relato podría acabar bien.

Está previsto que para 2018 se finalicen las obras de reconstrucción y la agencia de lectura pueda finalmente tener una puerta.

¿Será verdad eso que dicen algunos de que se ha acabado la crisis? Para algunos ni siquiera empezó. ¿Habrá concluido ya el reajuste social ideado por el Grupo Bildelberg u otra entidad secreta a la sombra? Cada uno lo siente según le va, y por eso en el mundo bibliotecario con 226 bibliotecas públicas menos desde 2011: hasta que no se recuperen presupuestos, personal y recursos nada se puede decir por mucho que a la biblioteca, junto al viejo zoo de Valencia, le vayan a dibujar una puerta.

El ruido de la calle no se filtrará a través de los cristales rotos de las ventanas, ni las pedradas de los vándalos, ni las psicofonía de las bestias muertas del zoo vecino: será el silencio consensuado y confortable de un espacio lleno de libros y lectores. Y todo se llenará de murmullos. Susurros que incitan a la lectura y la relajación como los que aspiran a practicar algunos youtubers seguidores del movimiento en torno al ASRM.

 

ASMR: sonidos que salen de caricias al micrófono o de voces susurrantes.

 

ASRM, la Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, es el término acuñado en 2010 en Facebook para describir la sensación placentera a la que induce el escuchar determinados sonidos o susurros en la cabeza y el cuero cabelludo. Este fenómeno ha dado como resultado numerosos vídeos de youtubers, mayoritariamente mujeres, que se dedican a grabarse produciendo sonidos sutiles o murmullos que arrullan a los oyentes.

Dentro de esta moda se incluye la lectura de libros: y así, varios canales estadounidenses y franceses se han especializado en susurrar leyéndote un libro. Sandra Relaxation ASMR, ASMR Serena en francés; o la española SusurrosdelSurr o la mexicana CocoWhispers en castellano.

Lo que bien podría pasar por un invento propio de la delicadeza japonesa a la hora de agasajar los sentidos: en Youtube parece más bien, en algunos casos, una simple excusa para un exhibicionismo sensual que probablemente produzca unos efectos totalmente contrarios a la relajación. Sea de un modo u otro, el caso es que para quienes sean capaces de disfrutar ese bisbiseo continuo sin ponerse de los nervios: será como flotar en una nube. En cualquier caso a nosotros estos susurros y nubes nos sirven para que en este viaje de lo siniestro a lo luminoso que estamos transitando: las caras amorfas de Topor se transmuten en las siluetas repletas de nubes de Magritte. Asaltemos los cielos, pues, pero con delicadeza.

 

 

En una célebre escena de Roma (1972) de Federico Fellini: las máquinas que están horadando el subsuelo de la ciudad para construir una línea de metro: atraviesan unas catacumbas sepultadas durante siglos que conservan unos bellísimos frescos de la época romana. El contaminado aire del siglo XX irrumpe en el espacio sellado: y las delicadas pinturas se volatilizan antes la mirada de los obreros e ingenieros en una de los momentos más bellos que el genio italiano dio al cine.

Cuando finalmente se abra la puerta a la biblioteca valenciana nada se echará a perder.  Solo se restituirá el orgullo de una institución que el próximo 30 de septiembre precisamente se celebrará por todo lo alto en la ciudad protagonista de la película de Fellini.

 

Los técnicos del metro de Roma irrumpiendo en la cripta.

 

El Bibliopride italiano arrancó al tiempo que se construía y abandonaba la biblioteca valenciana. Por eso, cinco años después de aquella coincidencia, celebramos que en este 2017 se alcance la sexta edición de esta declaración pública de amor por las bibliotecas y la cultura. Una programación de actos a lo largo del país transalpino que toma las calles para proclamar el orgullo bibliotecario.

Y ahora sí, con más esperanza que hace cinco años, hemos partido de la  biblioteca sin puerta, hemos subido a las nubes, y tomado las calles. Ahora sí que podemos dar paso a la poesía.

De las máscaras sin rasgos de Topor al culmen de la expresividad en el bellísimo rostro de Jessye Norman, interpretando When I am laid in earth de la ópera  Dido y Eneas de Purcell, ataviada cual reina del glam. El ejemplo perfecto para demostrar que si no se abren las puertas no habrá cultura; y si no hay cultura no habrá civilización; y si no hay civilización,  no seremos más que sombras susurrantes en formato digital a las que cualquier nuevo invento amenaza con volatilizar.

 

Tratamiento de belleza bibliotecario

 

Mian Xiang es el milenario arte chino de leer el rostro para conocer la personalidad. Aventurarse a indagar un poco sobre el Mian Xiang por la Red te aboca sin remedio a un periplo por webs repletas de signos del zodiaco, expertos que parecen extraídos de programas noctámbulos de tarot televisivo, y diseños webs estilo Geocities que amenazan seriamente con dañarte la retina.

Dado que este blog se desenvuelve en el mundo bibliotecario deberíamos demostrar algo más de rigor y no dar cancha a enseñanzas, que por muy milenarias que sean, puede que nos terminen convirtiendo en objetivo de blogs como No sin evidencia: el azote de las pseudociencias en internet. Pero después de haber lanzado desde este mismo blog un reto como el #bibliobizarro: ¿estamos en disposición de ponernos en plan erudito?

 

 

En esto de descifrar la personalidad a través de los rasgos del rostro nuestra pericia no alcanza siquiera a la morfopsicología; más bien se queda al nivel de lo de  “con un seis y un cuatro hago la cara de tu retrato”. Y es la osadía del que no tiene criterio la que nos empuja pese a todo a seguir las pautas del Mian Xiang. Pero eso sí, dotándolo de un cariz bibliotecario que nos redima un poco; una reformulación que conseguimos adaptándolo a la interpretación de nuestros rostros según lo que hayamos leído a lo largo de nuestra vida.

Si tenemos que creernos lo de que a partir de cierta edad cada uno tiene la cara que se merece: nuestro Mian Xiang bibliotecario será el test de belleza definitivo que ninguna crema por mucho ácido hialurónico, retinol, resveratrol o profetirol que incluya entre sus ingredientes va a poder superar.

 

Jean Cocteau dibujando el rostro de la actriz Ricki Soma con el bailarín Leo Coleman haciendo de portarretrato en una fotografía de Philippe Halsman

 

Lola Dupré artista escocesa cuyos collages escudriñan los rostros desde todos los ángulos posibles.

Haber leído mucho a Oscar Wilde puede provocar que nuestro labio superior manifieste una tendencia a elevarse al sonreír en una señal inequívoca de practicar la ironía. Cualquier peligro de incurrir en lo esnob, quedará atenuada si también se ha disfrutado del humor tal vez menos elegante, pero igualmente inteligente, de Tom Sharpe o Gerald Durrell.

Siguiendo estos razonamientos una mirada extraviada interrogando al horizonte puede deberse a muchas lecturas de Stendhal, Joseph Conrad o Jack London (o si es hacia el cielo nocturno, de Philip K. Dick, Ray Bradbury o Ursula K. Le Guin); un mentón decidido y un gesto airado sería por haber leído a Nietzsche a edades tempranas; o un casi imperceptible tic que nos haga guiñar un ojo, pese a que no haga sol, puede deberse a un exceso de suspicacia asimilado en tantos relatos de Raymond Carver, James Ellroy o Patricia Highsmith.

Para cada arruga, gesto o línea de expresión existirá una equivalencia literaria con algún autor u obra de cuyo análisis surgirá este Mian Xiang de baratillo que estamos practicando en este post.

 

 

Pero llegados a este punto, cabe preguntarse si las huellas literario-faciales serán iguales para los lectores entregados a la lectura digital (a los no lectores, por ser mayoría según las estadísticas, ni los contemplamos). Hasta ahora los libros envejecían con las personas existía una cierta sintonía oxidativa entre las arrugas de sus cubiertas, el amarillear de sus páginas, los desgastes de sus esquinas, y los rostros de sus lectores. Pero ahora: ¿qué signos aflorarán al resplandor de las pantallas?  

Tal vez sean los rostros intervenidos, alisados y planchados de las celebridades. Prometemos por Orlan (la artista adicta al bisturí) que no criticamos el que uno quiera parecerse a la imagen que de sí mismo se ha forjado recurriendo a la ciencia. Pero lo cierto es que para lecturas digitales no puede haber mejores caras (según nuestro Mian Xiang literario) que las paralizadas a base de botox.

 

Orlan la célebre artista que lleva años interviniendo su físico como una manera de indagar sobre los cánones de belleza.

 

Tal y como es posible borrar un archivo de un ebook se intenta borrar el paso del tiempo en un rostro. ¿Daría este Mian Xiang o este tratamiento de belleza bibliotecario para idear alguna actividad en la biblioteca? Probablemente sea la pregunta más seria de todo el post. Es cuestión de reflexionar sobre ello y seguro que alguien da con la forma de sacarle provecho. “Lecturas que te ponen guapo/a“: ¿a qué esperan Lancôme, Biotherm, Clinique o Estée Lauder para aliarse con las bibliotecas en alguna campaña?

 

Pero volviendo a los rostros que copan portadas y pantallas: uno de ellos (que si tenemos que creer sus declaraciones no ha recurrido a la cirugía) es el que actúa como tótem en el denso vídeo que Massive Attack rodaron para su tema The Spoils;  y que tan oportuno resulta en este caso. El rostro de Cate Blanchett convertido en una esfinge, en una dúctil máscara que se transmuta hasta quedar reducida a la inexpresividad más inquietante. Y a partir de ahí: todas las lecturas son posibles.

 

Biblioteca bizarra (#bibliobizarro)

 

Toda biblioteca de pro que tenga presencia en Twitter debe incluir entre las cuentas que sigue a la de Pulp librarian. De lo contrario denotará una falta de sintonía con los tiempos que le señalará como viejuna por mucho que lance tuits a destajo (¿se puede sonar más cargante e irritante? La duda ofende. Quienes continúen leyendo después de este arranque podrán confirmarlo).

 

 

Pulp librarian luce como carta de presentación una foto en la que se asemeja bastante al padre del cine basura John Waters, sí el que dijo esa célebre frase de que: “si vas a casa de alguien y no tiene libros, no folles con esa persona“. Con ese aspecto la cosa queda clara desde el principio. Pulp librarian publica deliciosas portadas de literatura pulp (ya saben el equivalente a las novelas baratas de quiosco españolas) con temática, o no, bibliotecaria; o directamente tuneadas para llevarlas al mundo bibliotecario.

Susan Sontag en sus Notas sobre lo camp (incluidas en su ensayo Contra la interpretación) ya analizó en los años 60 la fascinación que despierta la cultura popular en las mentes cultivadas (o al menos a medio arar):

“me siento fuertemente atraída por lo camp, y ofendida por ello con intensidad casi igual”

Camp un término más bien en desuso en la actualidad para referirse a lo que explica en su definición la RAE: “que recrea con desenfado formas estéticas pasadas de moda”. El término alemán kitsch o el significado francés del término bizarre, le han ganado terreno a lo que popularmente también se ha definido en nuestro país como simplemente hortera.

 

La mansión de Jane Mansfield apoteosis del kitsch

 

Entre la muchachada desde hace ya tiempo triunfa el término bizarro, pese a la oposición de la RAE que ve como la acepción de “extraño, raro, divertido o chocante” (que significa bizarre en francés e inglés) le come terreno al significado como “valiente, generoso, espléndido” con el que aparece definida la palabra en el diccionario de la lengua española. Pero los académicos deberían replantearse seriamente añadir esta tercera acepción porque después de todo resulta de lo más complementaria. ¿Acaso para ser bizarro y desafiar los cánones estéticos no hace falta ser valiente y generoso? Pero no nos perdamos en disquisiciones semánticas cuando este artículo tiene un objetivo marcado desde el principio.

Programas de televisión como Cachitos de hierro y cromo llevan años explotando la vena nostálgica (o vintage porque muchos seguidores no tienen edad para recordar lo que sale de ese pozo sin fondo que son los archivos de TVE) de aires hipster que se maravilla con la alegría de lo hortera. Los 60 y, sobre todo, los 70 son un filón musical, cinematográfico y televisivo para rescatar, y reivindicar.

 

La incombustible Raffaella hace poco recuperada desde un producto cultural con pedigrí como la película  La gran belleza (2013), y precisamente conductora de la gala de TVE en su 60 aniversario.

 

Una de esas joyas que se encuentran perdidas por las estanterías de algunas bibliotecas, o que llegan por donaciones de particulares.

Justo ahora que Raffaella Carrà ha anunciado un giro en su carrera televisiva, es buen momento para apreciar y agradecer lo que de bueno tenía ese mundo de zooms mareantes, pantalones acampanados, efectos estroboscópicos e impagables decorados. Una alegría de vivir, una feliz transgresión de cualquier canon del buen gusto y hasta del decoro estético que incita a la fiesta.

En nuestros días, lo choni, que en un momento dado podría llegar a confundirse como lo equivalente a aquel colorismo desatado: no resulta tan amable ni ingenuo como para que en el futuro alguien lo reivindique con cariño. Le falta amabilidad, deseo de agradar y divertir, y en cambio le sobra grosería y agresividad estética sin finalidad alguna. Biblioteca bizarra sí, biblioteca choni, decididamente no.

Lo kitsch, lo camp, lo bizarro está a la vuelta de cualquier estantería de cualquier biblioteca. Búscalo y compártelo con #bibliobizarro

Escultura de Mark Ryden

 

Lo bizarro tenía su éxito asegurado en nuestro país porque sin necesidad de exportar ningún extranjerismo ya estaba presente con ese significado en las pinturas de Goya, en las películas de Buñuel, en el esperpento nacional de Valle-Inclán, o en las películas de Bigas Luna o Almodóvar. Referentes que las academias han ido aceptando ante la fuerza de unas creaciones que deformaban la realidad para devolver la imagen más precisa y exacta, a fuerza de exageración, en la que reflejarnos.

Lo kitsch, lo camp, lo bizarro, o simplemente lo hortera hace mucho que accedió a los museos por la puerta grande con figuras como Jeff Koons, y no paran de surgirle herederos como Mark Ryden o los diseños de la marca Artefacto Madrid. Eso en los museos, pero es que en las bibliotecas (al menos en las públicas) su presencia ha estado desde hace mucho y, lamentablemente, sin explotar. Por eso queremos ponerle remedio, y copiar (en el mundo de la bizarría lo que no es tradición no es plagio, es simplemente regeneración) a Jim Linderman.

 

Las vajillas de la marca Artefacto Madrid

Un clásico de toda la vida: las figuras de Lladró que han encontrado un filón para expansionarse gracias al mercado ruso.

 

Este bibliotecario y archivero estadounidense lleva años recopilando postales, libros, partituras, discos, objetos y mil cosas más de esa cultura bastarda, cursi y desconcertante que se forma en los aledaños de la cultura oficial. A través de varios blogs  ha ido mostrando sus hallazgos, que incluso le han llevado a publicar varios libros. Coleccionista compulsivo, Linderman, deja clara su vocación pop-bizarra cuando manifiesta que al no tener dinero para coleccionar Warhols, se decidió por perseguir los Warhol de los pobres.

Por todo ello desde aquí lanzamos un reto a las redes. Hemos creado el hashtag

#bibliobizarro

para que bibliotecarios, usuarios, o quien quiera sumarse: compartan portadas de libros, carátulas de películas,discos, cómics, postales, pósteres u objetos extraídos de los fondos de una biblioteca que entrarían dentro de la categoría de bizarros y los publiquen con dicho hashtag.

Hay auténticas joyas kitsch, camp, bizarras o como quieran llamarse en las bibliotecas, y no queremos que sigan en la sombra. Bien sea por la pátina de tiempo que las ha vuelto tan anacrónicas que las hace deliciosas, o bien porque ya nacieron siendo producto de desvaríos estéticos y mentales considerables: queremos que gracias a #bibliobizarro se reúna en las redes el mayor catálogo de aberraciones/maravillas (ahí depende del criterio de cada uno) que atesoran las bibliotecas.

No te lo guardes para ti, compártelo. Estando tan cerca de la Navidad, hagamos una loa al espumillón frente a los adornos elegantes, a las lucecitas histéricas que hermanaban por unos días a los cuartos de estar de los hogares con los puticlubes de carretera frente a los asépticos LEDs.

Y si bien es cierto que para disfrutar en todo su esplendor de estas estéticas, es necesario previamente tener otros referentes culturales que permitan apreciar la fuerza provocativa de lo hortera o lo bizarro desde la ironía: que nadie vea desdén alguno en ello. Todo lo contrario.

 

 

 

Queremos demostrar que las bibliotecas públicas fueron pioneras en romper los diques entre alta/baja cultura al abrir sus puertas a lo que los ciudadanos, sin distinciones, les pedían para su uso y disfrute. Y por eso ahora no pueden dejar de estar presentes en este cultivo de la cultura de masas como signo de distinción. Hagamos justicia, y sobre todo, disfrutemos sin complejos de la alegría de vivir de lo hortera.

 
 

Pulsiones grafómanas

Impulso o tendencia instintivos. Así define la RAE a la palabra pulsión, y por su propia definición es natural que se asocie a actos irreflexivos, a emociones más que a pensamientos. Pero no siempre tiene porque ser es así.

 

 

Muchas veces la ansiedad por dar rienda suelta a un pensamiento, una idea, una sensación hacen que un acto tan aparentemente racional como es la escritura se manifieste casi como un reflejo de nuestro sistema límbico (esa parte de nuestro cerebro en la que se alojan las emociones). Algo así le pasó a la neoyorquina Elena Zaharova cuando contempló las bellas tonalidades con que el otoño pinta a los árboles de Central Park.

“Se amontonan en la ventana las hojas que caen
Las hojas rojas y doradas de otoño”

 

Pero Elena no vio los labios del amado, ni los besos del verano que es como sigue la famosa canción de The Autumn Leaves (Hojas de otoño). En medio de esa hojarasca de tonos rojizos y dorados no podía atisbar nada poético porque el triunfo electoral de Donald Trump le quitaba cualquier lirismo a este otoño neoyorquino. Por eso, antes de caer en la depresión recurrió a lo que tenía más a mano: a esas hojas de otoño, a esas hojas que se amontonan en la ventana.

 

 

86 hojas en las que la diseñadora, con paciente caligrafía, fue escribiendo una a una: poemas, fragmentos de literatos americanos y rusos. Después las fue desperdigando por la ciudad, dejando que el viento las arrastrase por el centro de la Gran Manzana, con la esperanza de reconfortar a alguien con ellas. #leavespoetry es el hashtag con el que Elena busca ampliar la acción por las redes.

Las calles de Manhattan son especialmente ventosas por el fenómeno túnel que provocan los altos rascacielos; y así que no sería tan extraño que alguna de estas hojas algún día llegue volando hasta la mismísima Trump Tower. Claro que lo más probable es que alguno de los emigrantes que mantienen limpio el edificio la barriese de inmediato.

 


El delicioso corto Paperman (2012): viento y papeles para una historia de amor entre los rascacielos de Nueva York

 

De la capacidad terapéutica de la escritura ya se ha hablado mucho, y en algunos casos más que una pulsión se convierte en una auténtica necesidad fisiológica, como la de vomitar. No otra cosa hizo el cantante Nick Cave, que aprovechó sus continuos viajes en avión durante su gira de 2014 para escribir un libro de poesías, canciones y reflexiones con lo que tenía más a mano: las bolsas para vomitar de los aviones. Con semejante material el título del libro no puedo ser otro que The Sick Bag Song (La canción de la bolsa del mareo).

 

El libro de Nick Cave con las bolsas de mareo de los aviones escritas de su puño y letra y pegadas en cada uno de sus ejemplares.

 

El post Tatuaje bibliotecario: orgullo de biblioteca a flor de piel que publicó hace cosa de un año en este blog nuestra compañera Carmen Rodríguez García, ha sido de los que acumulan más visitas e interacciones. La piel como material escriptóreo suponía todo un compromiso a la hora de elegir lo que iba marcar para siempre nuestro cuerpo.

En la película del barroco cineasta Peter Greenaway The pillow book (1996), la protagonista, hija de un calígrafo japonés, cada cumpleaños era obsequiada por su padre con un bello carácter escrito sobre su piel. Una vez adulta y convertida en modelo, Nagiko que así se llama: no puede disociar el placer de lo sensual del placer de la escritura sobre su cuerpo desnudo.

El esteticismo de Greenaway logró aunar erotismo y escritura en algunas de las imágenes más bellas de su carrera. Pero nada de eso parece haberse conservado tras el boom de los tatuajes que explotó a mediados de los 90, y que ha convertido al hecho de tatuarse en algo puramente ornamental.

 

Picasso firmando sobre el pecho de una mujer

 

Pese a todo esta moda de los tatuajes, las escarificaciones o adornarse el cuerpo en Occidente, pareciera un acto de revancha poética para tanta cultura indígena aniquilada, cuyos signos atávicos, reviven ahora en las pieles de los descendientes de los que les invadieron. Si desde Marcel Duchamp, la firma del artista es lo que da valor al objeto más anodino, en esta cultura de la celebridad y el famoseo, era cuestión de tiempo que el rasgo más personal al que pueda aspirarse, sea la firma de un famoso en tu piel.

 

Un dólar convertido en único por llevar la firma del ‘ávida dollars’ de Dalí.

 

La inglesa Zoe Wade lleva 9 años coleccionando autógrafos de celebridades en su piel, que posteriormente convierte en tatuajes. Puede que su cuerpo sea el producto genético de la unión entre su padre y su madre, pero quienes le han otorgado relevancia artística a sus brazos o espalda han sido Debbie Harry, Angelina Jolie, Kylie Minogue, Lionel Ritchie, The Edge (guitarrista de U2), Grace Jones o Penélope Cruz, entre otros. Todos fueron asaltados por esta fan, y accedieron a estampar su firma en su piel, ignorantes de la trascendencia que un acto tan mecánico para ellos, iba a tener en esta ocasión.

 

Grace Jones firmando la espalda de Zoe, quizás sin saber que la marcaba de por vida.

Zoe Wade y su cuerpo “tatuado” por famosos

 

Este singularizarse/despersonalizarse pareciera el culmen del ideario pop warholiano. En la aséptica era de Internet, dudamos que las firmas digitalizadas vayan a conseguir lo mismo. En la última Feria del Libro de Madrid, la multinacional Amazon ofrecía la posibilidad de conseguir un autógrafo personalizado de autores como Vargas Llosa, Isabel Allende, Camilla Läckberg o Lars Kepler para los lectores en dispositivos Kindle que se descargasen alguno de los títulos escogidos de estos autores.

 

Memento (2000) de Christopher Nolan, el escribirse la piel como cuestión de supervivencia.

 

El autógrafo digital de Vargas Llosa en un Kindle.

Pero pese a este empeño por trasladar toda experiencia analógica a lo digital, al menos a este respecto nos quedamos con lo que dijo el escritor Lorenzo Silva cuando se empezó a hablar de estos autógrafos digitales:

“la dedicatoria tiene dos valores, el de lo que personalmente te diga el autor, y el de la tinta y la mano del autor [..] esto me parece intentar hacer servir las cosas para lo que no sirven. Si quieres un recuerdo de alguien, cómprate un libro de ese alguien”

Y no podemos estar más de acuerdo. Lo digital proporciona prestaciones magníficas, pero que se olvide de querer suplantar lo que nunca estará a su alcance. Un libro dedicado es un fetiche, cada huella dáctilar de su autor le añade valor; y su rúbrica, lo hace único entre la tirada de miles de ejemplares que se imprimieron.

Como escribió Paul Valery: “la piel es lo más profundo que hay en el hombre”, y el papel y la tinta son la piel y la sangre para el autógrafo de un escritor. Y sino, que se lo digan a la tatuada Zoe Wade.

 

 

Golpe de estado cultural en ciernes

Los tiempos están cambiando, una obviedad para cualquiera que viva mínimamente la actualidad. Y no, esto no va de Bob Dylan, bastante se está hablando ya del flamante nobel para decir algo más por aquí. Esto va del asalto a los cielos, pero tampoco del asalto a los cielos marxista, ni desde luego del remix vintage de Pablo Iglesias. Esto va del asalto a los cielos culturales que se está gestando sin que muchos se den cuenta.

 

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Guerras bibliotecarias, la adaptación al cine del manga homónimo. En una sociedad cuyos medios están totalmente controlados por el poder, los bibliotecarios toman las armas y se atrincheran en las bibliotecas para defender la libertad de expresión y pensamiento.

 

Ya en el post La lectura todo lo magnifica nos hacíamos eco de un momento televisivo de esos que pasan totalmente desapercibidos, pero que los empeñados en leer las señales  jamás cometemos el error de subestimar. En el pasteloso programa de entrevistas hogareñas de Bertín Osborne, el hijo de Ana Obregón defendía su amor por la filosofía y los libros en estos términos: “Yo creo que la filosofía te enseña a pensar, por así decirlo a ser, a tener autonomía en tus pensamientos, no depender de los valores y principios que rigen la sociedad […] encontré un refugio en los estudios, a mí me apasionan los libros.”

Y tan sólo unas semanas después, en la misma cadena en la que según el famoso meme se suicidan los libros: en el único programa que se puede considerar seudocultural de su parrilla, Pasapalabra, el ganador del bote más grande de su historia se lo llevó un poeta.

 

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David Leo en el momento de ganar el rosco de Pasapalabra

 

Pero lo más impactante del hecho no fueron los 1.866.000 euros que se llevó a casa (bueno lo que Hacienda le deje llevarse) fueron sus declaraciones sobre lo que va a hacer con dicha cantidad lo que resultaba más revolucionario. David Leo, que así se llama el ganador, quiere invertir lo ganado en viajar a Japón con su novia (hasta ahí nada que se salga de lo habitual) montar una librería-café, una academia de “saberes inútiles” para que especialistas en humanidades tengan un espacio de intercambio y comunicación, y centrarse en su carrera literaria.

¿Puede hacerse una declaración de intenciones más incendiaria en la cadena de programas como Gran Hermano, Sálvame Deluxe o Mujeres, hombres y viceversa? ¿Telecinco mecenas de las humanidades? Tampoco suena tan marciano, cuando hasta la propia Mercedes Milá está enfrascada en sacar adelante un programa sobre libros bajo el auspicio de Mediaset.

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Ouka Lele fotografiando el Olimpo de Telecinco

 

Táchenlo de paranoico, de ida de olla, de querer ver donde no hay, pero es muy posible que se esté gestando un golpe de estado contra el sistema cultural tal y como lo conocemos en la actualidad. Una subversión de los artríticos esquemas del entretenimiento de masas, un cambio de sentido que arrastre la estulticia que bulle en las redes, y deje flotando todo lo bueno que pulula por la red. Y este golpe de estado provendrá como todos del hartazgo, la saturación, el aburrimiento.  Pero no se manifestará con la rabia de un escupitajo punki, ni con la rancia pana de los cantautores, ni con las flores en el pelo de los hippies: la subversión vendrá desde dentro y casi sin pretenderlo.

Se está fraguando con tipos como David Leo, que no tuvo complejo alguno en convertirse en concursante cuasi profesional de televisión; se cocina a fuego lento en las librerías que pese los agoreros aún abren en muchas ciudades, en las editoriales con propuestas innovadoras; en los cineclubes; y en las bibliotecas, también en las bibliotecas. Pero sólo en las que se dejen hacer.

¿Qué quiere decir eso de dejarse hacer? Pues de lo que va a ir el próximo Congreso de Bibliotecas Públicas que se celebrará en Toledo los días 16 y 17 de noviembre. Uno de los temas que prometen resultar más interesantes es el relativo a los makerspaces, los talleres en los que todo tipo de público tiene acceso a tecnología y equipamientos para fabricar, idear y diseñar prototipos. Un laboratorio abierto a la experimentación, un conciliábulo en el que puede que se termine de diseñar ese golpe de estado cultural que trastoque las cosas.

Volviendo a las señales que hay que estar atento para percibir, en un producto cultural tan mainstream y estandarizado como puede ser un vídeo de Justin Bieber, hay toda una lección de futuro aprovechable desde el mundo bibliotecario.

En 2015 el ídolo de adolescentes daba un vuelco a su estilo musical en un intento de afrontar su evolución hacia un público más adulto. Para su tema Where are Ü now?  rodaron un vídeo en el que fans del cantante tomaban al asalto una galería de arte de Los Ángeles. Las paredes de la galería estaban llenas de fotos de su ídolo, y los fans tenían a su disposición todo tipo de pinturas y rotuladores para intervenir cómo mejor les pareciera la imagen de la estrella. El resultado de todas esas intervenciones terminó convirtiéndose en animaciones sobre la imagen del cantante en el vídeo.

 

 

Bieber, un ídolo 100% millennial como gusta llamar a los nacidos tras los 80, iluminando el camino. Tres años antes, en su gira de 2012, otra estrella musical proveniente de la era pre-Internet como Madonna, se dejaba escribir con rotulador palabras reivindicativas por parte de sus fans directamente sobre su espalda desnuda. Si quieres significar algo (como estrella o como institución) déjate hacer.

¿Tendrán esa capacidad muchos bibliotecarios y bibliotecas? Algunas decididamente lo intentan. Es el caso de Biblioteca Pública Fond du Lac (Wisconsin), primero cedieron las tarjetas de la biblioteca para que los usuarios las interviniesen e hicieran con ellas collages que lucir en sus paredes, y ahora lo cambian por un proyecto colaborativo para que desarrollen un fanzine aprovechando los medios y espacios de la biblioteca. El medio cultural más alternativo y contrahegemónico desarrollado desde una bilbioteca.

 

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Rolo o collage realizado por los usuarios con las tarjetas antiguas de la biblioteca

 

El lema contracultural Do it yourself (Házlo tú mismo) lleva extendiéndose por el mundo bibliotecario anglosajón desde hace tiempo, y no sólo en lo que se refiere a los makerspaces. Es una forma habitual de denominar a los tutoriales de las webs de muchas bibliotecas. Por ejemplo en la web de la Biblioteca de la Universidad de Oregón tienen la sección Library DIY (Biblioteca Házlo tú mismo) básicamente una Ayuda detallando las informaciones que precisas para ser autónomo a la hora de manejarte con sus recursos.

 

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El Do It Yourself de la biblioteca la Universidad de Oregón

 

No deja de ser irónico que Do It Yourself se considere un lema contracultural, cuando es lo que llevan haciendo muchos bibliotecarios desde el principio de los tiempos. Aunque ha sido durante estos años de crisis cuando la cosa ha llegado al paroxismo.

Durante los años de bonanza la megalomanía de algunos ¿responsables? políticos les llevó a erigir grandes infraestructuras culturales que una vez hecha la pertinente foto para los medios, quedaron a merced de unos presupuestos anémicos. Instalaciones estupendas, emblemas arquitectónicos para sus ciudades que los discretos bibliotecarios tenían que llenar de contenido con los mínimos recursos. Tal vez por eso, y no por una decisión estética voluntaria, muchos de las soluciones decorativas tienen no pocas semejanzas con la estética propia de un centro escolar o resultan “adorablemente” demodé.

 

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Saloncito vintage en la Biblioteca Regional de Murcia

 

Y así la limpieza de formas y líneas que el prestigioso arquitecto de turno ideó para deslumbrar a los ciudadanos, conviven con carteles en cartulina, contenedores decorados con papel maché o centros de interés forrados con papel de colorines comprados en un chino. No cabe mejor imagen para expresar el contraste entre los sueños cosmopaletos de algunos y la gestión cotidiana de la cultura a pie de calle que ejercen, entre otros, los bibliotecarios.

Pero precisamente ese es el espíritu. Los millenials adoran el Do It Yourself, y las bibliotecas lo llevan practicando desde siempre. El éxito entre las nuevas generaciones de la estética ochentera está detrás de todo esto, el hacer las cosas con cuatro duros auxiliados por las grandes posibilidades que ofrecen las tecnologías. Donde no alcance el dinero, que llegue el ingenio y la ironía. Sólo así se puede sobrevivir mientras se va gestando este golpe de estado cultural que estamos promoviendo desde dentro del sistema.

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La estética propia de la música vaporware se alimenta de los referentes del pasado, de los primeros ordenadores y del pop más pasado de vueltas de los 80.

 

Y para cerrar con una demostración práctica, nada mejor que un poco de electro-disgusting del dúo barcelonés Las Bistecs. Se dieron a conocer poniendo a caldo el mundo del arte, eso sí insistiendo en que no nos la tomásemos en serio; y en este vídeo además de dar ejemplo de maximizar recursos, morro mediante, nos dejan una honda reflexión: “no tengas fe en el progreso, aunque luego vayas preso“:

 

Las tripas de la lectura: retorno a las entrañas

Plastinación, ese es el nombre que recibe la técnica desarrollada por el artista y científico alemán Gunther von Hagens, a través de la cual se extrae el agua de un cuerpo, y se sustituye por una solución plástica que endurece los entresijos del organismo y permite, entre otras cosas, exhibirlos en museos, ferias, salones de ciencia, y mil sitios más. Han salido en películas, en mil reportajes y fotografías, acompañados por ese halo de polémica imprescindible para que algo destaque en estos tiempos.

 

 

El grado de malestar y fascinación que provoca la obra de Hagens, aún se queda corto al compararlo con el universo malsano y pesadillesco de las fotografías de Joel Peter Witkin. Bodegones que parecen extraídos de una versión gore del clásico La parada de los monstruos de Tod Browning, en los que la deformidad física, los cadáveres, la muerte y el sexo, se dan la mano en representaciones que podrían figurar entre las pinturas negras de Goya.

 

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Bodegón cadavérico de Joel Peter Witkin

 

El bodegón o naturaleza muerta alcanzó un gran auge durante el Barroco. En el siglo XVII las crisis económicas, políticas, sociales y morales sacudían Europa. Las desigualdades sociales se agudizaban, la intransigencia religiosa y las guerras no dejaron de influir el arte de un tiempo, que se lanzó a la representación del exceso: que celebraba la vida, al tiempo que evidenciaba la muerte. Puestos a rastrear a nuestro presente en épocas pasadas, no nos faltarían periodos, pero quizás sea el Barroco de lo más fecundos a la hora de trazar equivalencias. Por eso, los cadáveres descapotables de Hagens no hubieran desentonado en el interés por la anatomía que se vivió en el Barroco; y algunas de las composiciones de casquería fina de Witkin son (literalmente) naturalezas muertas, que de haber existido la fotografía en el XVII, más de un experto fecharía como propias de ese periodo artístico.

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Obra de Brian Dettmer

Tal vez sea en esa similitud entre este arranque del XXI y lo que se vivía en el XVII, revolución digital mediante: lo que provoca que tantos artistas contemporáneos hayan vuelto su mirada hacia el libro impreso, que en su presunto desahucio por el juicio sumarísimo de lo digital; se transforma en la materia prima de sus obras y de su discurso artístico. Brian Dettmer y sus libros con las tripas talladas al aire; Win Botha y sus esculturas con libros mutilados; Mike Stilkey y sus pinturas a lomos de libros; Ekaterina Panikanova y sus murales de libros abiertos; Alexis Arnold y sus libros cristalizados, cual estatuas de sal, que hubieran vuelto la vista por última vez, hacia la cultura que un día fue suya; o Guy Laramee y sus enciclopedias hechas paisajes.

Vídeo de la charla TED impartida por Brian Dettmer (subtítulos en español)

 

¿Qué mensaje nos da esta devoción hacia el libro impreso como material artístico por parte de tantos creadores en la actualidad? El cuerpo humano congelado en su pose mortuoria resulta insoportablemente lúgubre e inquietante; en cambio, los libros desahuciados, muertos de toda utilidad resultan bellos sin necesidad de necrofilia alguna. Tal vez sea porque los libros, tan biodegradables como sus lectores, transportaron en vida lo mejor (y lo peor) que producen esas máquinas hechas de carnes y huesos que servimos para la plastinación de Gunther von Hagens, o los bodegones tétricos de Witkin; y hasta despojados del fin para el que se crearon, conservan su potencial como símbolos de lo que debería perdurar.

 

Obras de Wim Botha

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Obras de Mike Stelky

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Obras de Ekaterina Panikanova

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Libros gema de Alexis Arnold

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Obras de Guy Laramee

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Pero para espantar cualquier aire lúgubre y mortuorio de esta galería de arte hecha post, vamos a cerrar con una acción artística que demuestra lo poco que importa el soporte, cuando se trata de transmitir emociones. Theorodo Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie; pero afortunadamente la poesía sobrevivió incluso a Auschwitz. Y ahora que algunos se preguntan, parafraseando al tema de The Buggles: si el ebook matará a la estrella de la imprenta, en Boston han puesto en marcha un proyecto, que hace que esa supervivencia pase a un segundo plano. Con Raining Poetry (Lloviendo poesía), que así se llama la iniciativa, queda claro que lo que importa no son los libros, sino sus contenidos, sus entrañas, que quedan a la vista en mitad del espacio urbano.

 

Mayor's Mural Crew staff Connor Woods and Jerome Jones pour water onto a sidewalk near Park St. station to see where poems will appear when it rains. (Robin Lubbock/WBUR)

El poema sobre la acera desvelado tras arrojar agua

 

Las autoridades locales junto a la organización Mass Poetry, han grafiteado algunas aceras de la ciudad con poemas de escritores locales. Hasta ahí nada demasiado original, la intervención de espacios urbanos con poesías es algo que se ha desarrollado en muchos sitios. La originalidad reside en el hecho de que los poemas se hayan escrito con espray invisible, que sólo se desvela cuando se moja. Es decir, (salvo que alguien arroje un cubo) en los días de lluvia.

¿Hay algo más evocador que pasear bajo la lluvia mientras los poemas van surgiendo marcándonos el camino? Si el post se abría mortuorio, se cierra musical y lluvioso, no es el exultante Gene Kelly que canta bajo la lluvia (sería un exceso tras abrir con Hagens y Witkin): pero es una pieza de arte en movimiento, que transmite tanta energía y tensión, que ahuyenta cualquier indicio de decrepitud.

 

Premios CILIT: Bibliotecas que contribuyen a la justicia social

08Si hace unas semanas os hablábamos de los premios New Landmark Libraries otorgados por el Library Journal a las mejores bibliotecas de EE.UU y Canadá de reciente construcción -que reconocían a bibliotecas abiertas, participativas y sostenibles desde el punto de vista del diseño arquitectónico- hoy nos detenemos en otro premio concedidos recientemente, éste en el Reino Unido, y que reconoce a las bibliotecas que contribuyen a la justicia social, el empoderamiento de las personas y la mejora de su calidad de vida. Nada más y nada menos.

PremiosCILITSe trata -algunos de vosotros lo habréis adivinado ya- del premio “Libraries change lives” que otorga CILIP, la principal asociación profesional británica de bibliotecarios y documentalistas. Este año el reconocimiento ha ido a parar a un proyecto de las Bibliotecas Públicas de North Ayshire, un condado escocés situado al suroeste de Glasgow, que registra los mayores índices de desempleo juvenil de Escocia.

El proyecto, denominado Appiness (juego de palabras que mezcla “app” y “happiness”) aborda este problema de forma temprana mediante un programa de educación digital dirigido a preescolares que facilita se aprendizaje en varias áreas: alfabetización lingüística y matemática, arte, música, ciencia y tecnología. Se trata de enseñar a hacer un uso informado y seguro de tecnologías digitales -incluidos ordenadores personales y tabletas- para acceder a una colección especial de materiales educativos y app. Ya han participado casi 200 niños y 250 adultos, padres y madres que en su inmensa mayoría (uno de cada 8 en el Reino Unido) desconocen cómo hacer que los niños hagan un uso seguro de internet por medio de los controles parentales. En este vídeo podéis ver más de lo que han hecho, incluido el spot realizado con los niños para promocionar la propia biblioteca y todos sus servicios, más allá de la consulta y el préstamo de libros,

En la comunidad todos están la mar de contentos con este proyecto. El director de la escuela primaria dice que los niños que han participado en estos talleres forman ahora “un equipo de líderes digitales que pueden transferir al resto del alumnado (y al profesorado) esos conocimientos”. Por su parte, el presidente del Consejo del North Ayrshire ha reconocido directamente el papel de las dos “apasionadas y dedicadas” bibliotecarias que han impulsado el proyecto.

Gracias a ellas, dice, “la biblioteca del condado ha creado una plataforma pública desde la que han desafiado las percepciones tradicionales sobre el tipo de servicios que las bibliotecas pueden ofrecer. Su papel en la comunidad ha cambiado de forma significativa, aportando beneficios considerables a los usuarios”. Nos gusta mucho esa apreciación de que iniciativas de este tipo ayudan a romper esquemas y a empezar a mirar a todo ese amplio mundo de posibilidades en las que ya trabajan muchas bibliotecas (y otras quieren hacerlo). Ese cambio de percepción puede abrir muchas puertas a nuevos proyectos innovadores.

Empoderar a las personas

Y hablando de otros proyectos, vamos a resumir también los que impulsan los dos finalistas del premio CILIT. Cruzamos el país y nos vamos a las Bibliotecas Municipales de Portsmouth, en el sudeste de Inglaterra, que fueron seleccionadas por su programa de recursos para personas con discapacidad visual, que tiene como objetivos mejorar su bienestar y sus niveles de independencia, y con el que han generado vínculos con otras instituciones de la región (escuelas, Administraciones y asociaciones comunitarias) para garantizar que se tienen en cuenta a estas personas a la hora de planificar e implementar los servicios locales.

Entre otras cosas, han creado desde la biblioteca una línea telefónica de ayuda, servicios de Braille y de traducción de información a formatos alternativos, han puesto a disposición de los usuarios tecnologías de accesiblidad y organizan actividades en grupo como clubes de lectura, entre otras. Lindy Elliot, directora de Servicios Bibliotecarios de los Archivos y Bibliotecas de Portsmouth, resume muy bien el espíritu del proyecto: “Esto va de empoderar a las personas, de que la gente pueda seguir con su vida de una forma positiva”. En este vídeo podréis ver más.

El otro proyecto finalista ha sido el “Cultural Hubs” (centros o nodos culturales) de los Servicios Bibliotecarios de St. Helens, una de esas ciudades ex mineras del norte de Inglaterra de las que ha desaparecido prácticamente la industria, lo que la ha convertido en una de las zonas más desfavorecidas del país. Desde las 13 bibliotecas de la localidad intentan contribuir al aprendizaje de jóvenes y adultos, a su salud física y mental y a la cohesión de la comunidad mediante un uso innovador y creativo de las artes. Para ello, igual que en Portsmouth, han generado alianzas con otros servicios municipales para desarrollar sus actividades.

La mayoría de los usuarios de estos “cultural hubs” son personas que ya son habituales de los servicios sociales o están en riesgo de serlo. Con las actividades culturales creativas intentan hacer aflorar talentos, mejorar su salud mental y atraer a un público que probablemente de otra forma no acudiría a la biblioteca. Y estas personas acaban en gran número participando en otras actividades relacionadas con el aprendizaje. Lo que intentan ahora desde el Departamento de Arte y Bibliotecas del Ayuntamiento de St. Helens es que estos servicios no se perciban, ni por el personal de la biblioteca ni por usuarios, como un añadido, sino que pasen a formar parte estructural de su oferta. En este vídeo podréis ver más.

Un equivalente en España de estos premios podría ser los que concede la Fundación Biblioteca Social que este año celebran su segunda edición. La convocatoria está abierta hasta el 10 de diciembre y podéis consultarla aquí. Desde este blog os animamos a presentar vuestros proyectos. ¡Feliz semana!

Presente y futuro de las bibliotecas escolares, en el nuevo número de Infobibliotecas

Ya está saliendo de imprenta y empieza a llegar a las manos de muchos de vosotros el último número de la Revista Infobibliotecas, 84 páginas llenas de información sobre bibliotecas y cultura con dos novedades muy sugerentes y un tema central que nos gusta especialmente: el estado en el que se encuentran las bibliotecas escolares en España. Y nos gusta porque estas “hermanas pobres” del sistema bibliotecario están en la primera línea de fuego por lo que se refiere al fomento de la lectura y el desarrollo de las competencias necesarias para sobrevivir en la era de la información. Por eso merecen toda nuestra atención desde la revista.

Revista_N11Son, o deberían ser, pilares fundamentales en el sistema educativo, pero algo falla, como nos hace ver el reportaje central de la revista, cuando nadie se plantea escoger un centro escolar porque su biblioteca sea buena. La revolución que están viviendo en las últimas décadas las bibliotecas públicas no ha llegado a las escolares, aunque algo se ha avanzado. En el reportaje podréis leer datos sobre lo que dio de sí el programa de ayudas impulsado por el Ministerio de Educación entre 2005 y 2011, información que podréis ampliar con el balance realizado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en el informe “Bibliotecas Escolares en España. Dinámicas 2005-2011. El programa se canceló dicen que por la crisis, pero como cuenta la revista, parece ser que el Ministerio ya trabaja en una nueva edición. Estamos expectantes.

También podréis leer las reflexiones de los expertos sobre hacia dónde tienen que ir las bibliotecas escolares para aprovechar todo su potencial, que es mucho. Adelantamos algunas de sus conclusiones: es esencial un fuerte compromiso de los docentes y del resto de la comunidad educativa, familias incluidas, y también es imprescindible que estas bibliotecas tengan apoyo económico sostenido para contar con personal específico que las atienda y dinamice.

Una guía imprescindible para los centros escolares que quieran que su biblioteca se convierta en el corazón del proyecto educativo es el Marco de Referencia para las Bibliotecas Escolares publicado en 2011 por el Ministerio de Educación  También pueden serles de utilidad las experiencias de las que habla la revista: las que están llevando a cabo en Extremadura, la de la biblioteca de la escuela del pequeño municipio de Ballobar (Huesca) y la de las bibliotecas escolares gallegas. Respecto a estas últimas, su responsable, Cristina Novoa, revela en la entrevista a Infobiblitecas un rato muy motivador: desde que se inició el programa gallego para el refuerzo de esas bibliotecas, los escolares de aquella comunidad autónoma han subido diez puntos en la clasificación PISA en lo que se refiere a comprensión lectora.

Novedades

Además del repaso a algunos eventos importantes y recientes como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el trepidante VII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas -con un amplio reportaje sobre sus debates y conclusiones-, este número trae dos nuevas secciones: una en la que se estrena colaboración del equipo del programa de TVE Página 2, que cada número compartirá con los lectores de Infobibliotecas la entrevista con un escritor; y otra denominada ”Talentos en órbita” que nos acercará de la mano de Patricia Portela, artífice del diseño y maquetación de la revista, a esos artistas que viven en el extrarradio del sistema.

El “talento en órbita” (qué bueno el nombre) que inaugura esta nueva sección es Sandra de Miguel, artista plástica e ilustradora, a cuyo trabajo podéis acercaros visitando su web balasdeajo.es. La primera entrevista de Página 2, por su parte, es a la novelista francesa Katherine Pancol, autora de la saga de “Los ojos amarillos de los cocodrilos”, una de las más vendidas en nuestro país, y que ha publicado recientemente la trilogía “Muchachas” (La Esfera de los Libros), que aborda el gravísimo problema de la violencia contra las mujeres.

BalasdeajoHan aprovechado, además, para entrevistar a Óscar López, director de Página 2, que habla de cómo funciona este programa que ya ha entrado en su octava temporada, y nos deja algunas anécdotas jugosas, como cuál ha sido el escritor más difícil de entrevistar. ¿Os lo revelamos? Vale, fue Michel Houellebecq. Seguro que no os sorprende.

Óscar López se une al club de los “ratones de biblioteca”y reflexiona en la entrevista sobre por qué cree él que se lee tan poco en España y sobre el papel que juegan las bibliotecas. Y dice algo que nos ha encantado: que si de algo podemos sentirnos orgullosos es de la red de bibliotecas que hay en el país. ¡Bravo!

Esperamos que todo esto y el resto de secciones (Martos y su biblioteca con encanto, los maridajes de Héctor Fouce, etc.) os gusten. Y si aún no recibís la revista, podéis llamar al 986 090 806 o escribir a info@infobibliotecas.com y reservar vuestro número. ¡Que lo disfrutéis!

(Si queréis más información sobre bibliotecas escolares, pinchad aquí para ver otras entradas dedicadas a ellas en este blog)