Robots en las bibliotecas: una historia maravillosa

Hace unos meses os hablábamos de gadgets tecnológicos que están diseñándose para mejorar algunos servicios bibliotecarios y hoy queremos ponernos aún más cibernéticos, que no futuristas porque de lo que os vamos a hablar -de robots- ya es una realidad palpable. No vamos a abordar aquí las utilidades que pueden aportar los robots en las bibliotecas y en la educación (al final del artículo os damos algunas referencias al respecto). Os queremos contar un trabajo fascinante que han realizado en las bibliotecas de Longmont, Colorado (EE.UU): su Equipo de Innovación ha desarrollado, en colaboración con la empresa de robótica Robauto, un robot low cost para trabajar con niños autistas. La historia, como decimos en el título, es maravillosa.

robot_biblioteca_AutismoWEBY, ¿por qué lo es? Entre otras cosas, por la sencilla razón de que el Equipo de Innovación de la biblioteca del que estamos hablando está formado por diez niños de entre 7 y 12 años de edad… muchos de ellos con trastornos del espectro autista (que incluye autismo clásico, síndrome de Asperger y síndrome de Rett, entre otros). ¿Cómo os quedáis? Contaremos la historia desde el principio porque nos parece un gran ejemplo de mucho de lo que aspira a ser hoy en día una biblioteca.

Todo empezó en 2014 a iniciativa de Jalali Hartman -un ingeniero y empresario, hijo de una pareja de auténticos hippies estadounidenses de los años 70- que un buen día llamó a la Autism Society del Condado de Boulder (Colorado) diciendo: “Hola, quiero construir un robot”. Hartman partía del hecho de que la tecnología puede ayudar a la comunicación con las personas que sufren autismo, que tienen especiales dificultades en el trato directo con otras personas.

Desde la asociación le pusieron en contacto con la Red de Bibliotecas Públicas de Longmont que cuenta con un programa de trabajo específico con usuarios con trastornos autistas. La bibliotecaria que lo coordina, Katherine Weadley, explica que el programa tiene mucho que ver con el propósito de la biblioteca de servir a los sectores de población a los que habitualmente no llegaban. “El autismo es la discapacidad del periodo de desarrollo de los niños que más rápidamente está creciendo, algo que de lo que estamos siendo testigos a diario en la biblioteca. Esto nos llevó a impulsar más el trabajo en autismo”. Para la biblioteca, era la primera vez que iban a trabajar con un empresario en una iniciativa de este tipo, y para el empresario (que hacía siglos que no leía un libro) era la primera vez que iba a trabajar con una biblioteca. Ninguna de las dos partes ha salido decepcionada.

Un proyecto participativo

RobotBiblioteca_autismo

Para definir las funciones y el diseño de BiblioBot -que es el nombre que ha recibido el robot- el ingeniero se entrevistó con 500 personas entre padres, profesores y estudiantes de la comunidad. A partir de la información recogida, los niños y niñas del Equipo de Innovación de la Biblioteca se pusieron manos a la obra. Uno de ellos, Deacon Kaufman, de 12 años y alumno de Séptimo curso, fue el encargado de dibujar todos los bocetos y asegurarse de que el robot se ajustaba a ellos. También le puso la voz. “Parecía que los niños no prestaban atención – cuenta Hartman-. Uno de ellos leía un libro todo el tiempo, pero un día le di el Kit de Inventor de Robots (un paquete de hardware y software creado por él mismo) y construyó un sensor”.

El prototipo del robot ha sido probado con éxito en tres bibliotecas de Longmont. Entre otras cosas puede hablar, contar chistes y utilizar información en la nube para interactuar cuando se le consulta. También usa un escaner para localizar libros mal colocados en las estanterías e incorpora un sistema para gestionar el préstamo. Y, algo muy importante: su cuerpo está forrado con textiles de colores, para resultar más cálido.

Robot_biblioteca_Autismo_BibliEl proyecto -que ha recibido multitud de premios- ha sido financiado gracias a algunas subvenciones y ayudas del Institute of Museum and Library Services y la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Longmont, entre otros, y también han echado mano del crowdfunding para llevarlo a cabo. El prototipo les ha costado 975 dólares (unos 860 euros) y esperan empezar a comercializarlo a partir de finales de este año por un precio que oscilará entre los 300 y 500 dólares (de 260 a 440 dólares)

Y, ¿por qué decimos que este proyecto nos parece que tiene muchos ingredientes de ese nuevo rol que las bibliotecas aspiran a jugar en la sociedad actual, del que muchas veces hablamos en abstracto? Bueno, si repasáis esta historia encontraréis algunas claves:

  • Proyectos que intentan llegar a toda la población para garantizar el derecho al conocimiento en igualdad de condiciones.
  • Proyectos participativos, desarrollados con la implicación del tejido empresarial y social, y de los propios usuarios.
  • Financiación alternativa a la meramente presupuestaria.
  • Integración del uso de la tecnología en el trabajo de la biblioteca, y alfabetización en ella.

El proyecto está abierto a otras bibliotecas que quieran replicar el programa (no sabemos si solo dentro de EE.UU, estaría bien que fuera sin fronteras), que pueden visitar la página web de la empresa de Hartman htttp://www.robauto.co.

Si queréis tener una visión más general de lo que pueden hacer los robots en las bibliotecas, aquí os dejo enlace a este artículo de Julián Marquina sobre la cuestión. En Biblogtecarios también encontraréis una interesante entrada de Beatriz Ovejero sobre el aprendizaje con robots. Y si lo que queréis es saber más sobre cómo trabajar la programación y la robótica en proyectos educativos, acaban de abrirse las inscripciones para este MOOC del INTEF. ¡No tenéis excusa!

Y para terminar, este homenaje a uno de nuestros robots favoritos: R2D2, bailando a lo Michael Jackson. ¡Feliz semana!

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