Problemas del primer mundo bibliotecario

 

Este post es en realidad una secuela (podríamos decir spin off pero ya hemos cubierto el cupo de anglicismos en esta frase) de la serie que se ha desarrollado en este blog durante las últimas tres semanas sobre Geopolítica bibliotecaria. Una serie que un tuitero mexicano nos pedía que continuáramos por su país, y cuya petición, ya hemos apuntado para la segunda temporada (de seguir así, en breve, nos compra Netflix los derechos para adaptarla).

Si repasamos a las potencias en pugna por el dominio global (EE.UU., China) a las emergentes o ‘intrigantes’ (India, Rusia); y algunos países latinoamericanos (Venezuela, Perú y Uruguay): lo cierto es que salvo las referencias a Finlandia: dejamos por completo de lado Europa. Tal vez porque la cercanía ha hecho que hayamos hablado en varias ocasiones del mundo bibliotecario europeo. Pero muy pocas veces relacionándolo directamente con el momento político que estamos viviendo.

 

Viñeta de Laura Pacheco.

 

La tira cómica de Laura Pacheco, Problemas del primer mundo, terminó de popularizar esta expresión que desde hace mucho recorría Internet para referirse a esas problemáticas del autodenominado mundo desarrollado que palidecen frente a los dramas y situaciones que se viven en otras latitudes menos afortunadas. Y como bien recuerda la Wikipedia que dijo el filósofo Slavoj Zizek: «centrarse en los «problemas reales» del Tercer Mundo es la forma última de escapismo, de evitación de la confrontación con los antagonismos en el seno de la propia sociedad«.

Paul Mason y sus ideas en torno al fin del capitalismo y el nuevo ( pese a las dificultades) luminoso mundo que nos espera.

¿Vamos a dejar de reivindicar lo necesario porque en otras partes del mundo la situación sea peor? Ese conformismo de índole religioso, ese aguantar los males de este mundo en la promesa de un mundo mejor no ha favorecido más que a los que ostentan el poder y quieren que todo siga igual. Y además en un mundo interrelacionado ninguna problemática se desarrolla en solitario, e incluso en un ámbito estrictamente local, siempre hay algo que la proyecta más allá de su radio de influencia más inmediato.

Si hemos podido extraer alguna conclusión tras el periplo de estas tres últimas semanas: es que frente a las bibliotecas como servicios públicos sustentados por los gobiernos se erige un concepto de biblioteca como punto de reunión y organización de la sociedad civil. Una de las cosas más difíciles al escribir un blog es provocar reacciones, y aún más, interacciones. Y está claro que la Geopolítica bibliotecaria ha conseguido provocarlas.

 

 

Desde Perú, Rosa Facio Astocondor (@rofacio en Twitter) que trabaja en la Biblioteca Nacional peruana, nos hacía llegar su interés por la situación en las bibliotecas rusas a raíz de las declaraciones del director de la biblioteca moscovita Fyodor Dostoevsky, que se recogían en la segunda entrega, sobre la manera en que la sociedad civil se está estructurando gracias a las bibliotecas. La propia Rosa nos contaba que también en su país las bibliotecas tienen que convertirse en centros que promuevan la participación activa de la comunidad, y más allá aún, en refugios seguros ante la ola de feminicidios que azota el país.

Líneas impredecibles se dibujan al hablar de bibliotecas a lo largo del mundo actual. Y de repente, te das cuenta de que pese a las diferencias abismales entre la realidad de unos países u otros: el valor que pueden aportar las bibliotecas se mantiene intacto. Rosa está convencida de que la sociedad civil organizada será quien aporte sostenibilidad a las bibliotecas en Latinoamérica: pero no solo en la parte sur del continente americano. Incluso en la cuna de las bibliotecas públicas, Reino Unido, la sociedad civil es la que se organiza para defenderlas.

 

La coqueta fachada trasera de la biblioteca de Stony Stratford: toda una superviviente.

 

Ya fue célebre la movilización que, allá por el lejano 2011, llevaron a cabo los vecinos de la pequeña población cercana a Londres de Stony Stratford ante la amenaza de cierre de su biblioteca. Se organizaron para retirar en préstamo todos los libros de la biblioteca para así enviar un mensaje claro a las autoridades. Siete años después y pese a los cientos de bibliotecas inglesas que han echado el cierre por falta de financiación pública, la biblioteca de Stony Stratford, continúa abierta. El pueblo unido (por su biblioteca) jamás será vencido.

El último libro publicado de Rowling bajo su seudónimo masculino de Robert Galbraith.

Sorpresas de lo geopolítico. La sociedad británica entroncando con la sociedad peruana a través de la sociedad civil. La ventaja de los británicos es que tienen a figuras con tirón mediático tan potentes como J.K. Rowling promoviendo campañas para apoyar a las bibliotecas británicas en pleno maremágnum por el Brexit.

La autora de Harry Potter, junto a figuras como Neil Gaiman, Joanne Harris o Philip Pullman, ha apoyado una petición de firmas para proteger los fondos públicos destinados a bibliotecas. Fue publicar su apoyo a la iniciativa y, en tan solo cuatro días, se consiguieron 10.000 firmas. Si la iniciativa consigue alcanzar las 100.000 firmas antes del 24 de marzo, el Parlamento, estaría obligado a admitir la petición y a debatirla.

 

Manifestación en Londres para salvar las bibliotecas inglesas.

 

No hace tanto, encontrar similitudes entre la situación de un país como Venezuela y Reino Unido era casi imposible: mundos y realidades distintas, por no decir opuestas. En cambio, si se observan desde prisma bibliotecario, las amenazas que se ciernen sobre la supervivencia de las bibliotecas de distintos continentes no se diferencian tanto. Sólo hay que cruzar el canal de La Mancha para que los paralelismos trasatlánticos-bibliotecarios vuelvan a dibujar una nueva coordenada que une Caracas con París.

El filósofo queer Paul B. Preciado analizaba recientemente en ‘El País‘ el movimiento de los chalecos amarillos franceses, y concluía, que se está dando un desplazamiento de las formas de opresión, pero también de resistencia y contestación. Según Preciado hay un cambio de paradigma y eso exige la invención de nuevas instituciones (¿eso incluirá a las bibliotecas?). El caso es que si en Caracas apedrean bibliotecas, en la culta y refinada Francia, les pegan fuego como relatábamos en Asalto a la biblioteca del distrito 18, la última, este pasado mes de julio en Nantes.

 

Una de las bibliotecas atacadas en Nantes.

 

Los violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en Nantes durante el pasado verano dejaron un saldo de destrucción y vandalismo, que una vez más, la sociedad civil organizándose ha conseguido resolver. Allá donde las autoridades no han sabido-conseguido aplacar el descontento social de parte de la población: llega la reacción espontánea de esa sociedad civil que se organizó y consiguió que, en pocos días, un gran número de donaciones abastecieran las estanterías de la nueva ubicación de la biblioteca.

 

 

 

Tras el éxito electoral del exmilitar Jair Bolsonaro en Brasil, el líder ultraderechista y vicepresidente de Italia, Matteo Salvini, hablaba de ‘una revolución del sentido común’, de un aire fresco (sic). La conexión ultraconservadora brasileño-italiana salta de nuevo el charco para dibujar una nueva coordenada geopolítica bibliotecaria. Si en Brasil se ha eliminado el Ministerio de Cultura, en Italia, se traslada a los funcionarios que no se pliegan a la censura que quieren imponer los políticos en las bibliotecas.

Los neopopulismos, si acaso por una fracción de segundo se paran a pergeñar algo parecido a una política cultural, reforzarían sin duda la ecuación biblioteca=sala de estudio. Es la mejor manera de aniquilarlas y desactivarlas. Asépticas salas de estudio que produzcan trabajadores precarios, sin referentes intelectuales, que eleven el PIB pero jamás el nivel cultural de la amada patria.

 

 

Ya contamos la historia de la directora de la biblioteca de Todi (Perugia), apartada de su puesto por negarse a censurar cuentos inclusivos sobre el colectivo LGTBIQ: y el pasado mes de enero, Fabiola Bernardini, presentó recurso ante los tribunales. Y una vez más, mientras dirimen los jueces y presionan los políticos, ha sido la sociedad civil la que ha acudido al rescate.

El pasado mes de octubre, un grupo de más de 200 usuarios de la biblioteca se organizaron para manifestarse en la escalinata de la iglesia de San Fortunato de la ciudad con un libro en las manos. Sus movilizaciones no han sido ajenas al hecho de que la ciudad de Todi haya logrado la denominación de «Ciudad que lee»: que otorga el Ministerio de Patrimonio y Actividades Culturales y el Centro por el Libro y la Lectura.

Su protesta por el acoso político al que están sometiendo a la bibliotecaria se celebró bajo la frase de Tina Anselmi, la primera mujer que fue ministra en Italia: «Comprendí entonces que para cambiar el mundo debemos estar allí«. Una frase de la que también se podrían haber apropiado los Sentinelle in piedi, el movimiento ultraconservador italiano que también recurre a ocupar plazas haciendo como que leen para protestar contra el matrimonio gay, el control de natalidad o el uso de preservativo. Un ejemplo de que una sociedad civil organizada no siempre tiene porque coincidir con una defensa de las libertades.

 

La revista católica Tempi celebrando las concentraciones del movimiento de los Sentinelle in piedi.

 

La madeja bibliogeopolítica se nos ha enmarañado de una manera imposible de deshacer en este post con tanto cruce trasatlántico. Tanto se nos ha liado que no queda espacio para más. Otro día tendremos que mirar al país que impone las directrices económicas que repercuten en muchos de los asuntos de los que aquí se ha hablado: Alemania. Pero no por el momento. No queremos que tanto jet lag bibliotecario nos haga perder el norte.

 

2 comentarios en “Problemas del primer mundo bibliotecario

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