Poema para una biblioteca sin puerta (cinco años después)

Este artículo es un viaje de la oscuridad a la luz. Punto. Y en esta primera frase se agota todo el lirismo de un texto que osa bautizarse como poema. Que nadie espere rimas (al menos conscientes): los asuntos que aquí se tratan son demasiado prosaicos para aspirar a poesía alguna. Pero, pese a ello, prometemos un final en el que la belleza alcanzará las más altas cotas recurriendo, eso sí, a méritos ajenos.

 

La cuenta de Facebook Improbables librairies, improbables bibliothèques ideada por Gérard Picot, lleva años recopilando imágenes de bibliotecas y librerías imposibles. La biblioteca sin puerta podría haber sido una de ellas.

 

El primer poema para una biblioteca sin puerta se escribió hace 5 años. Ahora no se trata de reescribirlo para mejorarlo, al modo en que muchos escritores hacen cuando se enfrentan a la reedición de sus obras: sino de revisitarlo, de hacer un remake o un reboot según términos cinematográficos: para constatar lo que ha sido de esa biblioteca.

Corría el 2012 cuando saltaba a los medios la noticia de la agencia de lectura que, gracias a los fondos del antiguo Plan E promovido por el gobierno de Zapatero, se había construido en el jardín de Viveros junto al antiguo zoo de la ciudad de Valencia. La desaceleración económica a la que hacía referencia el último presidente socialista: provocó, que una vez concluidas las obras, se quedase sin inaugurar, o para ser más precisos, sin terminar. Tenía ventanas, hasta estanterías y alguna mesa, pero no había libro alguno, y ni siquiera dio tiempo a abrirle una puerta.

 

El interior en ruinas de la biblioteca sin puerta.

 

Las urbanizaciones abandonadas a su suerte que ahora habitan las alimañas; los campos de golf que ahora no sirven ni de pasto seco; las palmeras repletas de picudo rojo importadas de Egipto para diezmar a las autóctonas; los esqueletos de edificios abandonados en polígonos industriales o las aceras y farolas de resorts que no existieron nunca más allá de los planos: dan tal vez para un cuento, un relato de ciencia ficción apocalíptica o acaso una novela. Pero solo una biblioteca sin puerta puede dar para un poema.

 

Los leones de Bagdad de Brian Vaughan convirtió en fábula en viñetas la historia real de las bestias que escaparon del zoo tras el bombardeo de Bagdad en 2003.

 

¿Qué narraciones hubiese inspirado esa biblioteca sin puerta, en medio de un zoo abandonado, a imaginaciones como las de Borges, Cortázar o Bioy Casares? Solo los dibujos de Roland Topor o M.S Escher alcanzarían a hacerle justicia si de una novela gráfica se tratase. Los rostros sin ojos ni boca de Topor y las arquitecturas sin sentido de Escher: irían al pelo para una narración situada en una biblioteca ciega, o más bien cegada. Dibujos perfectos para el relato que podría dar de sí esta metáfora arquitectónica de una biblioteca sellada, cual pirámide egipcia tras la muerte del faraón.

Y no es gratuita la referencia a las monumentales tumbas egipcias: al igual que en las pirámides, durante estos cinco años, el local ha sido saqueado, no de tesoros, sino de cables, puertas y demás materiales: con que pudieran hacer hogueras los mendigos que la han ido habitando. No hace falta ser Bukowski para encontrar aquí una buena historia sobre bibliotecas e indigentes. Pero finalmente parece que el relato podría acabar bien.

Está previsto que para 2018 se finalicen las obras de reconstrucción y la agencia de lectura pueda finalmente tener una puerta.

¿Será verdad eso que dicen algunos de que se ha acabado la crisis? Para algunos ni siquiera empezó. ¿Habrá concluido ya el reajuste social ideado por el Grupo Bildelberg u otra entidad secreta a la sombra? Cada uno lo siente según le va, y por eso en el mundo bibliotecario con 226 bibliotecas públicas menos desde 2011: hasta que no se recuperen presupuestos, personal y recursos nada se puede decir por mucho que a la biblioteca, junto al viejo zoo de Valencia, le vayan a dibujar una puerta.

El ruido de la calle no se filtrará a través de los cristales rotos de las ventanas, ni las pedradas de los vándalos, ni las psicofonía de las bestias muertas del zoo vecino: será el silencio consensuado y confortable de un espacio lleno de libros y lectores. Y todo se llenará de murmullos. Susurros que incitan a la lectura y la relajación como los que aspiran a practicar algunos youtubers seguidores del movimiento en torno al ASRM.

 

ASMR: sonidos que salen de caricias al micrófono o de voces susurrantes.

 

ASRM, la Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, es el término acuñado en 2010 en Facebook para describir la sensación placentera a la que induce el escuchar determinados sonidos o susurros en la cabeza y el cuero cabelludo. Este fenómeno ha dado como resultado numerosos vídeos de youtubers, mayoritariamente mujeres, que se dedican a grabarse produciendo sonidos sutiles o murmullos que arrullan a los oyentes.

Dentro de esta moda se incluye la lectura de libros: y así, varios canales estadounidenses y franceses se han especializado en susurrar leyéndote un libro. Sandra Relaxation ASMR, ASMR Serena en francés; o la española SusurrosdelSurr o la mexicana CocoWhispers en castellano.

Lo que bien podría pasar por un invento propio de la delicadeza japonesa a la hora de agasajar los sentidos: en Youtube parece más bien, en algunos casos, una simple excusa para un exhibicionismo sensual que probablemente produzca unos efectos totalmente contrarios a la relajación. Sea de un modo u otro, el caso es que para quienes sean capaces de disfrutar ese bisbiseo continuo sin ponerse de los nervios: será como flotar en una nube. En cualquier caso a nosotros estos susurros y nubes nos sirven para que en este viaje de lo siniestro a lo luminoso que estamos transitando: las caras amorfas de Topor se transmuten en las siluetas repletas de nubes de Magritte. Asaltemos los cielos, pues, pero con delicadeza.

 

 

En una célebre escena de Roma (1972) de Federico Fellini: las máquinas que están horadando el subsuelo de la ciudad para construir una línea de metro: atraviesan unas catacumbas sepultadas durante siglos que conservan unos bellísimos frescos de la época romana. El contaminado aire del siglo XX irrumpe en el espacio sellado: y las delicadas pinturas se volatilizan antes la mirada de los obreros e ingenieros en una de los momentos más bellos que el genio italiano dio al cine.

Cuando finalmente se abra la puerta a la biblioteca valenciana nada se echará a perder.  Solo se restituirá el orgullo de una institución que el próximo 30 de septiembre precisamente se celebrará por todo lo alto en la ciudad protagonista de la película de Fellini.

 

Los técnicos del metro de Roma irrumpiendo en la cripta.

 

El Bibliopride italiano arrancó al tiempo que se construía y abandonaba la biblioteca valenciana. Por eso, cinco años después de aquella coincidencia, celebramos que en este 2017 se alcance la sexta edición de esta declaración pública de amor por las bibliotecas y la cultura. Una programación de actos a lo largo del país transalpino que toma las calles para proclamar el orgullo bibliotecario.

Y ahora sí, con más esperanza que hace cinco años, hemos partido de la  biblioteca sin puerta, hemos subido a las nubes, y tomado las calles. Ahora sí que podemos dar paso a la poesía.

De las máscaras sin rasgos de Topor al culmen de la expresividad en el bellísimo rostro de Jessye Norman, interpretando When I am laid in earth de la ópera  Dido y Eneas de Purcell, ataviada cual reina del glam. El ejemplo perfecto para demostrar que si no se abren las puertas no habrá cultura; y si no hay cultura no habrá civilización; y si no hay civilización,  no seremos más que sombras susurrantes en formato digital a las que cualquier nuevo invento amenaza con volatilizar.