Biblioteca millennial

 

Como con cada nueva generación: una retahíla de calificativos se van sumando para ayudar a que, suplementos de fin de semana y programas de televisión, aporten un retrato fidedigno de cómo son los jóvenes que dirigirán el mundo el día de mañana. Viene muy bien para publicistas y empresas que quieren explotar el target de los muy consumistas (eso rezan los titulares) millennials. Además explotar el aguzado instinto de pertenencia que suelen tener los jóvenes, es fácil, repitiendo machaconamente los supuestos rasgos que los caracterizan (a ver si así se lo creen y se ajustan a ellos).

Pero no vayamos de santurrones. Este blog se dirige a un gremio (el bibliotecario) al que le interesa tanto como a las empresas captar al público joven.

 

“Es mejor sentirse joven” reza el eslogan de esta campaña publicitaria de un suplemento vitamínico. Y si lo dice la publicidad: amén.

 

Si hay algo que suelen destacar en ese retrato robot que de los nacidos a partir de los 80 se suele hacer: es su falta de prejuicios respecto a generaciones previas a la hora de consumir cultura. Ya lo decíamos en El ángel exterminador bibliotecario IV: que ese ángel exterminase la falta de curiosidad de que pueden adolecer muchos jóvenes aquejados de alzheimer cultural para regocijo de multinacionales que les venden, una y otra vez, el mismo producto; y que de los maduros, borrasen los prejuicios a la hora de consumir cultura que, en cambio, no afectan tanto a las nuevas generaciones.

De hecho, hace unos meses, un estudio del prestigioso Centro de investigaciones estadounidense Pew Research (un oráculo moderno de lo que mueve al mundo de hoy día) calificaba a los denominados millennials como la generación que más uso hacen de las bibliotecas respecto de generaciones previas. Al menos en lo que a los Estados Unidos se refiere.

 

Es más que probable que, si finalmente, el proyecto de crear por ley bibliotecas escolares en Reino Unido sale adelante no todas serán como The Bedales Memorial Library: pero tampoco hace falta. Basta con que se haga realidad.

 

Ese amor puede perdurar, en el mundo anglosajón, si continúa adelante la campaña promovida por CILIP (Chartered Institute of Library Information Professionals) en Reino Unido. Esta asociación está uniendo a todas las asociaciones bibliotecarias del país para solicitar al gobierno inglés que las bibliotecas escolares sean obligatorias por ley y sean inspeccionadas por la agencia gubernamental para la educación (Ofsted): lo que aseguraría que cumplirían unos estándares entre los que se cuentan: ser gestionadas por bibliotecarios profesionales, y con suficientes fondos, recursos y equipos actualizados

Alison Tarrant, directora de la Asociación de Bibliotecas Escolares, ha declarado al respecto la frustración que supone que las bibliotecas tengan carácter estatutario en las cárceles y no en las escuelas. Confiemos que los británicos alcancen sus objetivos, sería un ejemplo a seguir por todos, y compensaría tantos cierres de bibliotecas públicas como se han dado en los últimos años en Reino Unido como consecuencia de la crisis económica.

 

 

¿Sucederá algún día algo así en nuestro país? ¿se podrían extrapolar el amor juvenil estadounidense por las bibliotecas a España? No tenemos un estudio como el de Pew Research que nos lo corrobore pero más allá del círculo, vicioso y viciado, de aquellos jóvenes que no son capaces de ver a las bibliotecas más allá que como salas de estudio: la juventud “ilustrada” de nuestro país sigue recurriendo a las bibliotecas cuando éstas se muestran dinámicas y dispuestas a abrirse a nuevas realidades. Lo hemos dicho alguna vez: el mayor acto de inconformismo pasa por visitar una biblioteca, por construirse un discurso propio.

 

Creadorxs es una serie documental, publicada en Youtube, de la agencia creativa audiovisual Neurads en la que presentan a algunas de las figuras más representativas de las nuevas generaciones de creadores.

 

Para ser un buen bibliotecario hay que tener las espaldas anchas (en sentido metafórico al menos): “Bibliotecario: la parte más dura de mi trabajo es ser amable con la gente que piensa que sabe hacer mi trabajo.” (traducción de la camiseta).

Suena bien ¿verdad? Repasemos la estrategia que hemos seguido: 1º. halagamos a los que quieren ser diferentes y únicos – 2º. hacemos aparecer a las bibliotecas como signo de distinción para esos que son únicos, y 3º, tenemos un eslogan idóneo, a imagen y semejanza, de cómo hacen esos medios, esas empresas, esos publicistas a los que antes mirábamos displicentes por querer estereotiparnos [aquí un emoji de guiño cómplice rebajaría tanto cinismo, pero tenemos emojis de sobra en las redes, ahorrémonoslos en el blog].

Cada generación cuelga con su etiqueta y solo el tiempo, como siempre, va poniendo cada cosa en su sitio. ¿Qué fue de la generación Nocilla? Han quedado aquellos nombres que, ajenos a etiquetas generacionales, han proseguido con sus carreras (Fernández Mallo, Fernández Porta, Gabi Martínez, Álvaro Colomer, etc). Y ¿qué quedará de la generación Alt lit? Hace tan solo dos años se hablaba mucho de este movimiento literario cuyo nombre proviene de la tecla Alt del teclado por ser su hábitat natural las redes sociales, los chats y cualquier otra forma de comunicación digital.

 

Wobble Palace (2018) de Eugene Kotlyarenko, la crónica de una relación de pareja millennial que describen con aires de literatura Alt lit.

El primer ensayo del máximo representante de lo que se dio en llamar literatura Alt lit: Tao Lin.

 

La Alt lit fue denostada desde el principio por aquellos que la tachaban de narcisista e insustancial, insoportablemente ombliguista; y amada por otros. Pero nacer en las redes acelera el proceso natural de envejecimiento por mil y, tan solo dos años después, la etiqueta Alt lit parece tener cada vez menos eco.

Recientemente en un artículo de ‘ABC’ ya se aglutinaba a los poetas de la generación millennial, incluyendo entre ellos al ganador de la última edición de un talent show de Telecinco como es César Brandon. Cada vez importa menos el pedigrí, el origen (sea OT, Got Talent, los fanzines o Instagram), la mancha de nacimiento para muchos de estos millennials que aceptan las nuevas voces que surgen en la cultura dependiendo de lo que ofrecen, no de las bendiciones de la crítica, o de los cenáculos intelectualoides de toda la vida. Y las bibliotecas, y los bibliotecarios, tomando nota.

 

Uno de los cuadros comentados por El Hematocrítico.

 

El periodista, crítico de cine, escritor y guionista Noel Ceballos, y el profesor de educación infantil gallego, Miguel Ángel López, más conocido, gracias a su faceta como humorista,  como El Hematocrítico: acaban de publicar conjuntamente una revisión de los míticos “Los Cinco” de Enid Blyton. En “Los cinco superdetectives (aquí no bebíamos cerveza de jengibre)” Ceballos y El Hematocrítico: convierten a los chicos de Blyton en niños detectives en la década de los 80 en la sierra madrileña, que ahora, tienen 40 años y se enfrentan a las desilusiones y problemas de la vida adulta. Una hábil manera de explotar la vena nostálgica que tan buenos dividendos está dando a las industrias del entretenimiento, pero dándole la vuelta, para ofrecer un retrato certero, ácido y divertido.

 

 

En una de las entrevista que han dado para promocionarla El Hematocrítico declaraba:

“Me gusta pensar que, aunque tengo 41 años, soy una persona de mi tiempo. Entonces, por lo general, no quiero criticar los nuevos fenómenos adolescentes, ni el reggaetón, ni el trap… Siempre procuro estar atento y buscar las cosas interesantes que salen de ahí. No menospreciar los demás”

No se podía expresar mejor la actitud necesaria para afrontar la siempre ardua tarea de hacer atractivas las bibliotecas a los jóvenes.

¿Puede que el relato, interesadamente inflado por el PSOE, de una España realmente moderna en los 80 se esté haciendo realidad, de verdad, no de simple chapa y pintura como fue entonces, en los tiempos del postureo? Paradojas de este continuo avance-retroceso en el que vivimos todos, independientemente, de la generación en la que quieran ubicarnos.

 

Arkano, el joven rapero que se ha atrevido a reivindicar los derechos LGTBI en un mundo tan tradicionalmente machirulo como el del hip hop.

 

La violencia de género, las agresiones homófobas, el bullying, el racismo, y tantas otras problemáticas sociales, ocupan titulares cada día. ¿Puede que alguna de estas lacras, en realidad, estén dando sus últimos coletazos rabiosos al sentir amenazada su pervivencia en el siglo XXI? Ojalá que así sea. De momento nos quedamos con un digno representante de estos tiempos millennial.

Portada del disco de Putochinomaricón.

Putochinomaricón es el nombre elegido por Chenta Tsai, un hijo de emigrante chinos que tras estudiar Arquitectura y música en el Conservatorio de Madrid, se ha convertido en estrella de Instagram gracias a sus temas y vídeos caseros. Tsai practica la apropiación, que el colectivo LGTBI lleva haciendo desde hace décadas, de los insultos con que los han atacado, desactivándolos, a partir del momento en que se los aplican a sí mismos. Putochinomaricón lo lleva al extremo al sumar su condición de emigrante.

Uno de los dramas más serios para un millennial daba nombre a unos de sus primeros vídeos: No tengo wifi. Un drama millennial, un drama bibliotecario que no nos podemos permitir: no tener conexión con los tiempos que corren.

 

Bibliotecas cazadoras de talentos

 

Kendrick Lamar se convirtió, hace unas semanas, en el primer rapero en ganar un Pulitzer. Hace 16 años la novela gráfica Maus de Art Spiegelman se convirtió en el primer cómic en ganar un Pulitzer. ¿Acudirán a partir de ahora usuarios, que en su vida han oído hip hop, a las bibliotecas solicitando discos de Lamar?

 

El disco de la década para muchos medios especializados: Damn (2017) de Kendrik Lamar.

 

Joaquín Sabina, cantautor siempre asociado a lo callejero, se ha acercado en varias ocasiones al rap. Con Manu Chao en concreto hizo un irónico tema bajo el título ‘No soporto el rap

La demanda de Maus por usuarios de bibliotecas que jamás leerían un cómic si no fuera porque lo vieron recomendado en su suplemento cultural de cabecera: es un hecho contrastado. Lo de Lamar es más difícil. No porque sea hip hop, ni porque el aura que pueda otorgar un Pulitzer haya perdido fuerza, más bien porque los préstamos de grabaciones sonoras en bibliotecas están en caída libre, y la música, se consume mayoritariamente en streaming.

Pero no estamos aquí para hablar (de nuevo) de prejuicios culturales. Que un premio prestigioso legitime formas de la cultura popular dejándoles la puerta de servicio entreabierta del canon de lo que hay que leer-escuchar-mirar-observar: es algo que la profesión bibliotecaria debería tener superado desde hace mucho. Pero no es así. Pese a ser profesionales de la cultura, los prejuicios, les afectan a los bibliotecarios como a todos. Tampoco vamos a obviar que la brecha generacional en muchos casos juegue a la contra.

 

Lola Flores, precursora del rap incluso antes de que se inventase.

 

El cómic, recién publicado en nuestro país, sobre la historia del hip hop: Hip hop family tree de Ed Piskor.

El hip hop nació callejero, ha ido mutando en garitos, salas de conciertos y periferias de las grandes ciudades. Y ahora, definitivamente, reivindica su lugar en las bibliotecas. Puede que los propios hiphoperos no sean consciente de ello: pero por eso deben serlo los bibliotecarios.

Y quien dice hip hop, dice rock, punk, electrónica, folk, clásica, jazz, pop o, ¿por qué no?, reguetón. Es lo que hace la Biblioteca del Condado de Hennepin en Minnesota a través de su plataforma MnSpin.

Minnesota cuenta con una rica escena musical, y la biblioteca, ha creado una plataforma para que los músicos locales puedan difundir su trabajo y llegue directamente al público.

En Bibliotecas indies, bibliotecas mainstream ya hablábamos de herramientas como Self-e de autoedición, que gracias a recurrir a las bibliotecas como vías de distribución, estaban consiguiendo que muchos escritores desconocidos fueran haciéndose con un público cada vez mayor. Con casos como el de Hugh Howey, autor de la serie Wood, que consiguió vender más de dos millones de libros gracias al apoyo inicial por parte de las bibliotecas.

 

 

MnSpin de la Biblioteca del Condado de Hennepin aspira a lograr algo similar con el talento local. En nuestro país tenemos antecedentes tan estupendos como la Biblioteca-Rockoteca de Peralta (Navarra) que lleva desde 2012 engrosando una de las colecciones más completas sobre rock, organizando conciertos y diversas actividades en torno a la música. El ejemplo de la biblioteca estadounidense es un paso más en este sentido que comparte con otras bibliotecas (las de Seattle, Portland y Nashville) al ofrecer la posibilidad de descargar gratuitamente, a todo el que tenga carné de biblioteca, la música de los artistas locales de cualquier estilo o tendencia.

Una vez al año, se abre el plazo para que nuevos artistas envíen su trabajo a la consideración del comité de expertos, que selecciona lo que va a subirse a MnSpin. Y no solo difunde, también se les ayuda con 200 dólares para que puedan producir sus grabaciones.

 

Shreya Preeti ha subido su álbum ‘Entrance’ a la plataforma MnSpin de la Biblioteca del Condado de Hennepin y ha conseguido difusión y financiación.

 

Bibliotecas-editoras, bibliotecas-discográficas, y ahora: Bibliotecas cazadoras de talentos. Suena demasiado ambicioso pero si el mercado barre a pequeñas editoriales y sellos de discos: ¿por qué no van a compensar las bibliotecas ayudando a proteger la libertad creativa de discursos que pueden ser inicialmente minoritarios?

El amado/odiado disco de C Tangana.

Es obvio que con Youtube y demás plataformas digitales muchos de los artistas actualmente super ventas tuvieron un estupendo trampolín (Ed Sheeran,  The Weeknd, o más cerca, Pablo Alborán).

Pero las bibliotecas pueden aportar un criterio a la hora de seleccionar y ofrecer esa confianza que tanto se alaba cuando se habla de comercios de proximidad versus grandes superficies comerciales.

 

El controvertido C Tangana, ídolo del hip hop patrio, que está empeñado en cuestionar el mundo musical a través de sus actitudes, campañas publicitarias y conciertos. ¿Verdad o timo? como suele plantear la web especializada Jenesaispop.

 

Pero si hay un género, junto al heavy, que moviliza a grandes sectores de juventud pero no recibe el apoyo de la industria: ese es el hip hop. Entre la invasión electro-latina y los clichés del indie parece como si no quedase espacio para más. Pero sí lo hay: las bibliotecas.

Los raperos son el equivalente a los cantautores de los 70 en nuestro país. Los cantautores bebían de la chanson francesa  y los raperos patrios puede que beban de los MC estadounidenses en música, actitudes y discursos: pero hablar de limusinas, pibas, dinero, pistolas y mansiones resulta un tanto impostado (por no decir ridículo). Por eso a la hora de rimar tiran más de referentes literarios y cinematográficos, que los separan de sus modelos yanquis, y los acercan a las bibliotecas.

 

En 2005 con motivo del centenario de la BNE el rapero Zenit participó en un espectáculo en las puertas de la Biblioteca con bailarines de breakdance en el que se rapeó El Quijote.

 

La aclamada trilogía de Virginie Despentes, en la que parte de la figura de un roquero en decadencia, para hacer una cruda crónica de la sociedad francesa actual, y por extensión, de la sociedad occidental.

El rock ha muerto, el punk ha muerto, el grunge ha muerto, el acid house ha muerto, el reguetón ha muerto…al igual que todo nombre de famoso si se busca en Google te sugiere que es gay: todo género musical tiene o ha tenido la coletilla “ha muerto” aplicada en numerosas ocasiones. Otro tanto dicen del hip hop (para así dejarle sitio al trap) pero no lo parece cuando figuras como C Tangana dominan las listas con su propuesta rapera cuestionando la fama mientras se va haciendo más y más famoso.

El hip hop se alimenta de rimas, y letras, letras muchas letras. “Los poetas olvidados” como denominaba a los raperos españoles un artículo de la revista cultural digital ‘Le Miau Noir’. Violadores del versoMala RodríguezSFDKZenit, la malograda Gata Cattana, Lechowski, Sharif Fernández, Los chicos del maíz, RapsuskleiPiezas, etc… son muchos los intérpretes de rap españoles cuyas letras son la poesía de más de una generación. Viene siendo un recurso habitual por parte de profesores de secundaria, explotar las concomitancias entre rap y poesía para atraer a sus alumnos hacia la lectura: ¿y las bibliotecas?

No hacía falta que le dieran un Pulitzer a Kendrick Lamar para que la conexión biblioteca-hip hop se formalizara. Tienen demasiados puntos en común como para no aprovecharlos. La biblioteca freestyle es la biblioteca del futuro, que es presente, la biblioteca que improvisa y no tiene miedo a equivocarse, a trastabillar y experimentar con las bases (de lo que es una biblioteca), ni con las rimas (porque –teca rima ya con todo: no solo con libros).

 

 

Piezas dedicó un tema a Holden Caulfield, el personaje que ha devenido en estereotipo del inconformismo juvenil, que protagoniza El guardián entre el centeno. Piezas trabaja de mozo de almacén en Barcelona entre semana, y los fines de semana, se convierte en una de las figuras mas respetadas en el circuito de hip hop junto al, productor y DJ, Jayder. Un rapero que titula un disco Melancholía (2015) por la película de Von Trier, dedica un tema al libro de Salinger, declara su amor a Nietzsche, e inspiró otro tema en la novela Tokio blues de Murakami. No le hacen falta más credenciales para cerrar este post refrendando todo lo dicho.

 

Tonto el que lo lea (postDíadelLibro)

 

Titular con una frase infantil un post relaja mucho. Nadie puede albergar grandes expectativas visto el arranque. Pero es que después de lo intenso que se pone el discurso cuando de celebrar el Día del Libro se trata: se agradece recurrir a la tontería

Este es el post postDíadelLibro2018 y como todos los años estamos de resaca. Resacosos de citas de escritores famosos, de recomendaciones de libros, de imágenes idealizadas de lectores y libros, de frases entrecomilladas sobre las bondades de la lectura, de mil y una noticias y especiales en todos los medios celebrando al libro y a la lectura. Y ¿hoy qué?, ¿se habrá incrementado el número de lectores por ello?, ¿se cerrarán menos librerías? , ¿se apuntará más gente a las bibliotecas?

 

 

Que no, que no, que no estamos en la última fase de la borrachera, y después del subidón, subidón, nos hemos instalado en el muermo. Que no estamos patéticamente llorosos, proclamando que queremos mucho a la cultura, que la lectura es maravillosa, que los libros son maravillosos, que el muuuuuundooooo es maravilloso. Que no, que no vamos de descreídos, todo lo contrario. El que exista un Día Internacional del Libro está muy bien.

Como mínimo las librerías habrán aumentado sus ventas y las bibliotecas han podido programar actividades para deleite de sus usuarios. Pero es que para promocionar la lectura no queremos un día, queremos todos los días del año. A veces esto de los Días Internacionales de…. es como los propósitos de año nuevo: lavan la conciencia a base de buenos propósitos y después se olvidan con la misma facilidad que se formularon.

 

 

En las bibliotecas el Día del Libro son 365 (porque ahora ya ni los festivos se salvan teniendo plataformas de lectura digital o contenidos audiovisuales a la carta), y no estaría mal que si de verdad se quiere fomentar la lectura, se apostase por las mayores redes de circulación y fomento de la lectura que son las bibliotecas. Pero en pleno día de resaca, no es cuestión de ponernos intensos, por eso hemos recurrido a algo liviano para engalanar el post: a algunas de las viñetas del delicioso cómic Los libros en The New Yorker.

Tal y como demuestran las jocosas viñetas que durante años ha ido publicando el prestigioso medio neoyorquino: el libro, en sus diversas formas, ha sido la piedra angular sobre la que ha girado la cultura desde que se inventó la escritura.

 

 

Los libros han sido la fuente predominante, y única hasta no hace tanto, para indagar en el ser humano. Pero eso siempre ha requerido de tiempo, perseverancia y entrenamiento. Ahora los únicos entrenamientos aceptados voluntariamente son los que imponen los monitores de gimnasio. Si los tiempos no se avienen al esfuerzo necesario para asimilar las páginas de un libro, en lugar de leer libros habrá que leer las mentes, directamente, sin intermediarios, ni filtros. Algo que la noticia postDíadelLibro de que España es el tercer país de la UE que menos gasta en la lectura: solo viene a refrendar. Tanto reality y programa del corazón tenían que dar sus frutos tarde o temprano: leer las mentes ya que no los libros.

El sueño de todo publicista, empresario, político y de cualquiera (padres, hijos, pareja) que aspire a manipularnos para bien o para mal.

 

 

El primer paso ya lo está dando la tecnología. Hace unos días saltaba la noticia de que el más puntero de los institutos tecnológicos del mundo, el de Massachusetts (MIT) ha creado un casco capaz de leer los pensamientos con el nombre de Alter ego. El casco, compuesto de electrodos, detecta las señales neuromusculares que intervienen en la comunicación hablada. De este modo el casco es capaz de interpretar la voz interior: un hábito que, según el artículo de ‘Tendencias 21′ que es donde hemos conocido el invento, es muy común entre los lectores. El soliloquio que constituye nuestra banda sonora interior (efectos sonoros de las tripas aparte) ahora con subtítulos incorporados.

Es una forma pedestre de contarlo porque en realidad lo que hace el casco es transcribirlos en cualquier pantalla o dispositivo con una eficacia del 92%. La noticia tranquiliza por un lado (no puede leer los pensamientos cerrados, es decir los que no están pensados para verbalizarse); e inquieta por otro (la seguridad del dispositivo no está desarrollada por lo que está expuesto al pirateo).

Pensamientos pirateados: un nuevo frente se abre para la legislación que protege los derechos de autor. Aunque antes de legislar habrá que comprobar si los pensamientos pirateados merecen protección. En cualquier caso, cual mantra, ante la posibilidad de intrusismo mental habrá que repetirse continuamente ‘tonto el que lo lea’ como quien  coloca un cartel falso de protección con alarma en la fachada de su domicilio.

 

Los sensores desarrollados por el MIT para detectar la actividad neuromuscular y así transmitir los pensamientos.

 

El relato de Philip K. Dick en que se basó la película de Spielberg.

Quizás porque todo sea cada vez más complejo: el pensamiento se está haciendo tan simple que leer las mentes no va a exigir de tecnologías demasiado sofisticadas. La Inteligencia Artificial en pos de la complejidad humana, y los humanos en pos de la simpleza binaria de lo digital. Era inevitable con tanto SMS, whatssap, emojis y memes. Nos gustaría pensar que más que una involución se trata de un paso intermedio hacia la telepatía. Una forma superior de comunicación, que si se acompaña de empatía, podría ser la solución definitiva para nuestra especie.

En un artículo publicado en ‘Library Journal’ el profesor universitario estadounidense Michael Stephens repasaba cómo se representaban hace dos años (eso en Internet es mucho tiempo pero en el asunto en cuestión la cosa no parece haber variado mucho) los asuntos referidos a libros, bibliotecas y bibliotecarios en el lenguaje de los emojis. Entonces se lamentaba de que no existiera ningún emoji para representar una biblioteca o a un bibliotecario: y dos años después seguimos igual.

 

La historia de Miley Cyrus en emojis.

 

En 2018 Unicode Consortium, que es la organización de publicar nuevos emojis, entre los 157 nuevos monigotes que ha estrenado ha dado cabida a pavos reales, loros, dientes, microbios, rollos de papel higiénico y hasta tiques de la compra. Es cierto que ya existen emojis para libros, lectura, escritura, e incluso algunos emojis de edificios que bien podrían pasar por una biblioteca: pero a ver si para 2019 se crea algún emoji que represente a las bibliotecas/carios inequívocamente. ¿O en realidad no será necesario crear un emoji para representar a la profesión bibliotecaria?

No, no, que no vamos en plan lastimero, todo lo contrario. Revisando los principales emojis que hasta la fecha se han creado para representar las distintas profesiones lo cierto es que prácticamente todos podrían ser bibliotecarios.

 

 

En casi todos emojis laborales hay rasgos bibliotecarios. Tal es el perfil de una profesión que, en los últimos tiempos, va acumulando más capas que una milhojas en cuanto a competencias. Todo le viene bien.

Que si la lupa de los detectives; que si la bata de los médicos; que si el gorro de operario o el mono de mecánico cuando se rompe algo, y aburridos de esperar a que vayan a arreglarlo, agarran la caja de herramientas casera; que si los pinceles en los talleres; y por supuesto, el rayo cruzado en la cara a lo Bowie, porque puestos a ser cool pueden ser los más cool; y no incluimos el gorro de los soldados de la guardia real inglesa porque no queremos enrollarnos, pero es más que probable, que encontrásemos alguna semejanza (si estuviéramos preDíadelLibro habríamos dicho que son como la guardia real de la cultura: pero estamos en pantuflas así que mejor nos ahorramos tales cursilerías).

 

Vida de un bibliotecario en emojis.

 

Pero mirándolo desde otro prisma: que te conviertan en emoji no resulta nada halagador. Casi cualquier historia de un taquillazo de Hollywood o de muchos best sellers (de los de usar y tirar) se podria resumir en emojis. De ahí que tantos espectadores que buscan relatos adultos se hayan volcado en las series. Después de todo que no te jibaricen el pensamiento, que no te transformen en monigote: es de lo mejor que te puede pasar. Manías de ‘letrasados’ que se empeñan en alcanzar la simplicidad sin incurrir en simplezas.

Y mientras se nos pasa la resaca ponemos algo de música. No muy alta. Róisín Murphy tampoco es fácil de estereotipar. Esta tipa, desde que empezara con Moloko en los 90, se ha empeñado en sacar los pies del tiesto una y otra vez. Daría para mil emojis a cual más estrafalario, y aún así, no alcanzarían a describirla por completo. ¡Bien por ella! Terminar con su vídeo Whatever (Lo que sea) es toda una declaración de principios. Lo que sea antes que previsibles, o dicho de otro modo más acorde con el título del post: antes muertos que sencillos.

 

Si encuentras a la Biblioteca por el camino, mátala

 

Un koan es una frase, problema o reto que, dentro del budismo zen, el maestro plantea al alumno para poner a prueba su progreso. ‘Si encuentras a Buda por el camino, mátalo’: es un koan especialmente contundente, pero como en todo koan, hay que saber trascender el sentido literal de las palabras.

‘Matar a Buda’ puede interpretarse como una manera de escapar de las propias creencias cuando éstas se convierten en dogmas, en un camino trillado que nos lleva hacia el conformismo, a una sabiduría estereotipada convertida en cliché. De ahí la blasfemia suprema de matar nada menos que a Buda para seguir creciendo espiritualmente.

 

Diseño del mítico Saul Bass para la película de Otto Preminger: Anatomía de un asesinato (1959)

 

Si este blog fuera el camino por el que cruzarse con la Biblioteca: parecería una masacre de tantas veces como hemos intentado asesinar con saña el concepto de biblioteca más canónico, rancio e inmovilista. Ese concepto que sobrevive, nos gustaría pensar que no gracias a la profesión, sino a ese alto porcentaje de ciudadanos que jamás pisan una.

Lo de ‘asesinar a la biblioteca’ tiene unos antecedentes nada budistas. Si nos remontamos a 2011, fue el profesor David Lankes, quien trasladó el término killing (asesinando), propio del argot callejero en donde significa ‘pensar a lo grande’ asesinando lo que nos estorba: para aplicarlo al mundo de las bibliotecas. Y en esas seguimos: empeñados en asesinar a las bibliotecas como si de la anciana protagonista de El quinteto de la muerte (1955) se tratara, y ésta se resiste a dejarse matar. Igual habría que dejar que la naturaleza siguiera su curso, pero en ese caso, es más que probable, que los bibliotecarios terminasen compartiendo sepulcro.

 

El pasado otoño se celebró en La Térmica de Málaga el I Congreso de Cultura Basura. Alta cultura, baja cultura, cultura popular, cultura underground, cultura basura: los contornos de la cultura se derriten como un blandibu.

 

En Biblioteca yé-yé: de lo typical spanish en bibliotecas llegábamos a la conclusión de que el invento bibliotecario más genuinamente español eran las casas de cultura: un concepto perfectamente extrapolable a lo que deben ser las bibliotecas en el siglo XXI. La casa, como edificio, ya la tenemos; ahora habrá que saber en qué se ha transformado la cultura para poder seguir acogiéndola.

Precisamente pocos años después de que se crearan las casas de la cultura, tras la muerte de Franco, el denominado destape eclosionó como signo de los nuevos tiempos. Entre bikinis, minifaldas, pantalones y camisas ajustadas: el pudor y la decencia propios del carácter español que tanto promovía el NO-DO: parecían desvanecerse. Pero era mentira. Hasta que no llegaron las redes sociales y los realities: el pudor cotizaba al alza. Pero eso acabó.

Los años del destape literario, titulaba Manuel Vilas su artículo sobre la eclosión de la ‘literatura del yo’ en el suplemento cultural ‘Babelia’. Según Vilas, los autores españoles, una vez superados las ideas de pudor imbuidas por el catolicismo imperante en la literatura española han decidido, por fin, desnudarse en relatos cada vez más indiscretos, sinceros, y exhibicionistas. Llegan un poco tarde. Es cierto que no escribían, pero el ejemplo de Nadiuska, Agata Lys, Susana Estrada o Bárbara Rey, entre otras, merecería un reconocimiento por su valentía y arrojo al haber sido pioneras.

 

Los años desnudos (2008) de Félix Sabroso y Dunia Ayaso: homenaje fallido a una época que bien merecería una buena película o serie.

 

Philiph Roth, Karl Ove Knausgard o Joan Didion quedan muy apropiados en un artículo sobre literatura. Pero para ser justos habría que reconocer el influjo que Facebook, Twitter, los realities o Instagram han ejercido en levantar el acta de defunción definitiva del pudor. La cultura, sea lo que sea eso ahora, no se puede interpretar sino es contando con ellos.

Un experto en estas lides, como es el periodista, presentador y, ahora hasta actor, Jorge Javier Vázquez (por cierto abonado también a la literatura del yo con dos autobiografías publicadas) declaraba recientemente que ‘la intimidad está sobrevalorada. El mundo sería más amable si la compartiésemos más‘. Cierto, sobre todo el mundo de los que negocian con ella.

Pero el mejor diagnóstico del tiempo cultural que estamos viviendo ya la hizo Robbie Williams, en el 2000, cuando Internet aún estaba a medio arar. Una estrella del pop mainstream a través de un videoclip. No cabía mejor formato ni mensajero.

 

 

Si la intimidad cotiza a la baja, la única intimidad posible es la falsa intimidad: la que nos creamos cuando estamos a solas, no con un libro, sino con nuestra conexión wifi. Tanto es así que, en ocasiones, olvidas que lo que publicas puede llegar a lectores insospechados.

El reciente post Bibliotecas fuera de la ley dibujaba el mapa de las bibliotecas públicas como el mapa de la libertad de expresión de nuestro país. Para ello se citaban algunas de los casos mediáticos más sonados de censura de creaciones artísticas en España, y entre ellos, no faltaba el escándalo alrededor del libro de relatos Todas putas de Hernán Migoya. Pues bien la sorpresa (más que agradable) ha venido al recibir un correo del propio Migoya felicitándonos por el post.

 

La adaptación al cómic de la novela de Vázquez Montalbán ‘Tatuaje’ por Hernán Migoya con dibujos de Bartolomé Seguí.

 

Migoya inspirándose en la bañera.

Desde Lima, donde reside actualmente, Migoya se congratula de que el debate sobre la libertad de expresión esté tan vigente, y sobre todo, nos transmite su total amor por las bibliotecas. Tanto es así que nos enlaza un post suyo sobre la situación de la biblioteca pública del barrio limeño en el que vivió que no tiene desperdicio.

Y como, en ocasiones los astros parecen alinearse, en el último ‘Jot Down’ aparece una extensa e interesantísima entrevista con el propio Migoya. Repasar su trayectoria desde el underground de ‘El Víbora’ hasta el punto de inflexión que supuso en su carrera el escándalo alrededor de Todas putas: es asistir a un creador libre de mente y discurso, incómodo para todos aquellos que necesitan que las cosas sean blancas o negras, de izquierdas o de derechas, de un bando u otro. Migoya ha ‘asesinado’  muchos lugares comunes a lo largo de su trayectoria: con su reivindicación de la cultura popular como un antídoto contra lo dogmático, lo engolado, lo estancado.

 

La puesta en escena del show televisivo al servicio de lo literario.

 

En la última edición del concurso-realiti-show Go Talent, en medio de saltimbanquis, magos y aspirantes al sueño americano versión hispano-televisiva: un joven emigrante guineano se hizo con el primer premio de este concurso recitando poesía. Risto Mejide, el duro oficial de Telecinco, interpretó su papel de severo de gran corazón al que solo la auténtica poesía alcanza a conmover. Y con los datos de audiencia aún calientes: el primer libro del joven llegaba a las librerías bajo la frase publicitaria: “el libro del poeta que conquistó a un país en menos de tres minutos”.

No vamos valorar el talent o talento de Brandon, entre otras cosas porque no hemos leído su libro y le deseamos lo mejor, pero sin duda, en breve, estará en más de una biblioteca pública y elevará estadísticas de préstamo igual que elevó índices de audiencia. No vamos a incidir en la perfecta fórmula por la que apostó el publicista Mejide (joven africano+drama de la emigración+show televisivo+poesía = éxito de ventas); ni tan siquiera en la música de violines de fondo que acompañaba la voz llorosa de Brandon mientras recitaba sus poemas. Convenciones, al fin y al cabo, del espectáculo televisivo.

No, no vamos a mirar por encima del hombro desde la atalaya bibliotecaria cuando de ‘asesinar a la biblioteca’ estamos hablando. Sería de juzgado de guardia. Es más interesante atender a cómo cierta idea de cultura, no solo pervive, sino que lo inunda todo: la que apela a la emoción reprimiendo cualquier filtro racional. Después de todo esa ha sido la base siempre de la cultura popular: pero ahora elevando los niveles de azúcar que rozan la hiperglucemia.

 

Libro de Defreds, uno de los jóvenes poetas surgidos en las redes sociales, editado por Espasa: la misma editorial que ha editado al ganador de Got talent.

 

Mejide-Telecinco no han hecho otra cosa que apropiarse del fenómeno de jóvenes poetas que triunfan en las redes (Marwan, Defreds, Elvira Sastre…)  trasladándolo al show televisivo y añadiéndole elementos que mejoraran el producto de cara al discurso políticamente correcto de lo que nos debe conmover. En una escena de Eva al desnudo (1950) Bette Davis (sí, otra vez ella) quitaba la radio al escuchar una melodía de Chopin declarando que detestaba el sentimentalismo. Margo Channing, su personaje en la película, lo iba a llevar muy mal en nuestro tiempo.

 

“Detesto el sentimentalismo barato”: Margo Channing dejándolo claro en Eva al desnudo (1950)

 

En medio de todo ¿dónde queda el discurso creativo que no se ajuste a estas pautas? ; ¿lo underground o lo elitista son las únicas salidas para otro tipo de mirada sobre lo que se considera cultura? ; ¿qué entienden los tan traídos y llevados millenials por cultura? Según la RAE, cultura es “conjunto de conocimientos que permite desarrollar un juicio crítico”: pero, ¿se puede desarrollar un juicio crítico viviendo permanentemente en un clima de emotividad exagerada? En tiempos de Inteligencia artificial lo humano elevado a la enésima potencia. ¡Qué fácil se lo estamos poniendo a los terminators!

Este es el koan, el reto que al que deben someterse las bibliotecas como casas de la cultura: ¿qué es la cultura hoy día? Solo respondiendo esta pregunta el asesinato de la Biblioteca será un crimen perfecto.

 

 

CDU 133: estanterías bajo sospecha

 

Se pueden leer en los libros muchas cosas más allá de lo que en ellos está escrito. Como si de posos de café, de líneas de la mano o de cartas del tarot se tratase. Es lo que  debió pensar Georgia Grainger, bibliotecaria de Charleston, en Dundee (Escocia), intrigada por el hecho de que en la página número siete de muchos libros de su biblioteca apareciera una señal.

Rápidamente la imaginación calenturienta de Georgia, como buena bibliotecaria, elucubró mil explicaciones para estas marcas. El reciente envenenamiento del espía ruso, en Reino Unido, le llevó a pensar en una red de espías comunicándose en clave a través de los libros de las bibliotecas; también cabía la posibilidad de tratarse del rito oculto de alguna secta; o de un asesino en serie que utilizaba esta táctica como un código secreto.

 

Una de las novelas de la biblioteca escocesa con la página siete marcada.

 

La conjura illuminati, con las bibliotecas de por medio, parecía a la vuelta de la esquina. La explicación, finalmente, resultó ser menos novelesca de lo que Georgia había imaginado.

Según le desvelaron otros colegas con más recorrido: dichas señales o símbolos las hacían los usuarios más veteranos de la biblioteca que, de este modo, sabían los libros que se habían leído y no se los volvían a llevar en un despiste. Que el sistema informático de la biblioteca guarde memoria del historial de sus préstamos les resultaba irrelevante: ellos prefieren el sistema tradicional. La arruga, una vez más, siendo subversiva.

Y a los bibliotecarios escoceses, no solo no les parece mal, sino que les resulta entrañable. Lo realmente intrigante es que cuando Georgia se decidió a compartir su hallazgo en Twitter: empezara a recibir mensajes de colegas desde los Estados Unidos, Australia, e incluso Rusia, que afirmaban que también en sus bibliotecas muchos libros estaban marcados en la página 7. La disidencia digital de la tercera edad traspasando fronteras.

 

El hashtag (#bibliotecariasintapujos) ha dado lugar a una entrada en el Bibliodiccionari que lleva años desarrollando el blog de Biblioaprenent.

 

El subrayado de libros de biblioteca es un asunto que da para mucho y no siempre en negativo. Una de las bibliotecarias enmascaradas que protagonizaban nuestro Menú del día para mujeres bibliotecarias, María, declaraba al rememorar las razones de porqué se había hecho bibliotecaria: “lo emocionante que me pareció abrir un libro que habían leído otras personas“. Una de las maneras de constatar que un libro de biblioteca ha sido leído es encontrarlo subrayado.

Descubrir los fragmentos que han emocionado, interesado, asombrado a alguien anónimo que nos antecedió leyendo ese ejemplar que tenemos entre las manos: puede resultar intrigante. El subrayado invita a fabular con la identidad de quien lo hizo, sobre todo, si lo que subrayó nos conmueve a nosotros también. Un espejismo de compañía como los ruidos tras las paredes en la habitación de un hotel. Hay algo que reconforta al saberse en conexión con las ideas de otra persona que ni siquiera conocemos. Si Nokia ‘Conecting people’, las bibliotecas conectan mentes. El reverso de tanto lirismo es el cabreo monumental que sacude a todo bibliotecario que descubre las páginas de un libro subrayadas. La hipotética empatía intelectual con el desconocido se desvanece en un segundo ante el celo profesional bibliotecario.

 

 

Los mensajes ocultos en libros dan dado para mucho, tanto en literatura, como en cine: pero también en la música. En 2014, el grupo Coldplay, lanzó su disco Ghost stories, y para la campaña de lanzamiento, recurrieron a las bibliotecas. La manera de crear expectación consistió en lanzar pistas, a través de Twitter, para que sus seguidores pudieran localizar nueve sobres que habían sido escondidos en nueve bibliotecas de todo el mundo. Dentro de esos sobres se encontraban las letras manuscritas de las canciones que componían esas historias fantasmales. Si Coldplay cotiza a la baja en el baremo crítico de los que van de cool, desde esa campaña, cotizarán siempre al alza en el mundo bibliotecario.

Pero por mucha poesía y literatura que queramos echarle a los misteriosos hallazgos que podemos encontrar en las baldas de una biblioteca, siendo sinceros, también hay que reconocer que precisamente la estantería dedicada a las ciencias ocultas (pese a que pueda ser de las más frecuentadas por ciertos usuarios) no es de las más queridas por muchos profesionales. Hay números de la CDU que están bajo sospecha, estanterías cada vez más cuestionadas, que no se libran de polémica.

 

 

Jobs trató su cáncer recurriendo a medicinas naturales. Durante toda su vida releyó un libro trascendental para él: ‘Autobiografía de un yogui’ de Yogananda Paramhansa.

El 113 de ocultismo directamente puede dar yuyu a más de un bibliotecario; así como el 615 que acoge los muy cuestionados manuales sobre homeopatía: que está provocando no pocos quebraderos de cabeza cuando los enemigos de todo tipo de medicinas alternativas: denuncian que libros sobre materias, fuertemente cuestionadas por la ciencia, estén presentes en un servicio público. De las inquisiciones religiosas a las científicas.

Un inciso a este respecto: Steve Jobs, dios laico de la revolución digital que estamos viviendo, creía en la homeopatía. Su fe podría deberse a la desesperación al serle detectado el cáncer que acabó con su vida; o en una interpretación cortesía de la casa: a un deseo por tener algún escape al mundo estrictamente racional que estaba ayudando a crear a través de la tecnología. Una necesidad de magia, de milagro, de irracionalidad.

También nos consta que en alguna biblioteca se han presentado reclamaciones por el hecho de que la homosexualidad, desde el punto de vista médico, comparta balda con la drogodependencia al ser englobadas en el número que se corresponde con Higiene general. Presuponiendo un juicio moral por parte de los catalogadores que lo único que hacen es aplicar el criterio numérico de la CDU.

Tanto en el caso del ocultismo como en el de la homeopatía el debate se plantea espinoso: ¿deben atender las bibliotecas a los gustos/demandas de los usuarios sin entrar a juzgarlos? ¿o debe primar el rigor científico y no permitir que supercherías como el tarot, la cartomancia, la numerología o la sanación espiritual hollen las colecciones? ; ¿dónde poner los límites? ; ¿acaso no es libre de creer cada uno en lo que le haga feliz, y a exigir, que la biblioteca pública le suministre lo que le gusta? Una vez más el criterio prescriptor (o más bien: los criterios de selección bibliotecarios) a examen.

 

Esto es lo que aparece si se accede a la web: cómofuncionalahomeopatía.com

 

Y en el tramo final del post vamos a darnos un capricho. Tal vez sea el influjo del bicentenario de la célebre velada en el lago Lemán: en la que nacieron obras seminales de las tensiones entre ciencia y el mundo de lo oculto como Frankenstein (muy presente, pero que muy presente, en algunas bibliotecas) o Drácula: pero el caso es que (copiando a Jobs) queremos refugiarnos en lo irracional, en lo telúrico, en lo innombrable. Será que el exceso de tecnología y ciencia nos hace necesitar que nos sigan seduciendo con lo maldito. Hay mucho donde elegir, pero en este post nos quedamos con una obra de lo más sugerente, en la que creación literaria y malditismo se dan la mano: la novela gráfica El cuarto de Lautréamont.

Todo en esta obra te lleva a la intriga, desde el mismo origen que, aseguran sus autores, tuvo el cómic en cuestión, y que no hay manera de saber si es un relato fidedigno o forma parte todo de una representación.

 

 

Situada en el París de las vanguardias de principios del XX, por sus viñetas desfila un Rimbaud dando sentido pleno a la expresión de enfant terrible o el escritor Auguste Bretagne, que descubre el libro maldito por excelencia: Los cantos de Maldoror, y otros tantos descubrimientos inquietantes en el cuarto que da título al cómic.

“Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma, igual que el agua impregna el azúcar.”

 

Los cantos de Maldoror ilustrados por Corominas.

Así comienzan los perturbadores cantos que escribió el conde de Lautréamont (seudónimo de Isidore Lucien Duchase) un año antes de morir. Con ese relato de fondo, no es de extrañar que la historia de El cuarto de Lautréamont, sea toda una promesa para los que gustan de atmósferas mistéricas.

Pero no sólo entre las líneas de los libros se vislumbran las puertas a esos infiernos de ficción en los que les gusta recrearse a los amantes del suspense y la intriga. Si hay un lugar común en lo que se refiere a mensajes ocultos, ese sería el relativo a los mensajes subliminales ocultos entre los surcos de los vinilos. El Backmasking o los mensajes descubiertos al reproducir al revés una pieza musical. ,

Aleister Crowley, ocultista superstar.

Desde The Beatles, pasando por los Rolling Stones, Led Zeppelín, AC/DC, Marilyn Mason, Coldplay, Madonna, Ricky Martin, Prince o Nirvana y un largo etcétera, han sido acusados en algún momento, de camuflar mensajes diabólicos entre las estrofas de alguno de sus temas. Y si bien es cierto que la devoción de muchos músicos por figuras como la de Aleister Crowley, ponen fácil este tipo de ideas; el listado se cubre de gloria cuando se añaden nombres como Britney Spears, Paulina Rubio, la cantante infantil Xuxa, o hasta la italiana más española, Raffaella Carrà.

En estos casos, más que invocar al demonio, los temas de algunas de las citadas, invocan al buen gusto. Afortunadamente, éste no se digna a hacer acto de presencia, y nos da la excusa perfecta para exhibir de nuevo esa vena bibliobizarra a la que tenemos tanta fe.

Rememorar nuestra Biblioteca bizarra tiene todo el sentido estos días. La editorial Jekyll & Jill acaba de publicar un libro de relatos del escritor guatemalteco Eduardo Halfon bajo el título: ¡¡¡Biblioteca bizarra!!!. Tal cual. No vamos a dárnoslas de originales, pero ¿es posible que Halfon se inspirase en nuestro blog? No podemos saberlo, pero no deja de ser como lo de los subrayados en los libros: una conexión inesperada con un desconocido.

Tampoco sabemos si las canciones de Luis Brea y el Miedo contienen mensajes ocultos si se las reproduce al revés. A tenor del vídeo que rodó para su tema ‘Dicen por ahí’ lo único que queda claro es que, de contenerlos, invocan sin duda a espíritus iniciados en el culto a lo bizarro. Nada mejor para disipar el olor azufre que rodea al 133 de Ciencias ocultas en la CDU.

 

Biblioteca apache

 

En ocasiones la actualidad te lleva de la mano. No hace mucho en El ángel exterminador bibliotecario nos recreábamos en la posibilidad de que grupos de usuarios quedasen enclaustrados en una biblioteca; y hace unas semanas, también nos hacíamos eco del vandalismo en una biblioteca parisina en Asalto a la biblioteca del distrito 18. En este arranque del mes de abril las líneas argumentales de estos dos posts se entrecruzan en esta Biblioteca apache.

 

El poder de los libros representado por el artista Mladen Penev.

 

El ensayo del sociólogo Denis Merklen: ¿Por qué se queman las bibliotecas?

El 5 de marzo la biblioteca pública del distrito de La Duchère, en Lyon, fue incendiada por unos delincuentes como represalia por el desmantelamiento de una red de tráfico de drogas que operaba en dicho distrito. Según el sociólogo Denis Merklen, autor del libro ¿Por qué se queman las bibliotecas?, se han registrado, al menos, 75 incendios intencionados de bibliotecas durante los últimos veinte años en Francia.

Merklen resalta el carácter simbólico que tiene el hecho de quemar bibliotecas como respuesta a problemáticas sociales latentes en la sociedad gala. La importancia y protección que en Francia se da a la cultura, es probable, que signifique a las bibliotecas como víctimas propiciatorias de ese ansia de destrucción contra los símbolos de una sociedad. En cambio, al otro lado de los Pirineos, podemos respirar tranquilos.

Como comentaba el periodista del área de cultura de ‘El diario vasco’, Alberto Moyano, a cuenta de lo que planteábamos en Asalto a la biblioteca del distrito 18:

 

 

Un tuit que nos gustó, en primer lugar, por expresar su discrepancia (el primer paso para enriquecerse en un diálogo amable en la red); además ese “disparar en demasiadas direcciones” nos encanta para un post que se llama Biblioteca apache; y, sobre todo, por incidir en ese poder perturbador, en esa hostilidad que aún pueden llegar a provocar los libros (y por ende las bibliotecas) como símbolos. Si algo incomoda es que sigue ejerciendo un poder hasta en los que se creen más ajenos a su influjo. Algo que, pese a estar al otro lado de los Pirineos, también encontramos fascinante.

 

 

Christian Slater ya contaba con unos precoces antecedentes bibliotecarios por su papel en El nombre de la rosa (1986).

Y cambiando de latitud y escenario pero no de temática: el Festival de Cine de Santa Barbara en los Estados Unidos se inauguró el pasado 31 de enero con la proyección de la película dirigida por Emilio Estevez: The public (2018). En el reparto, entre otros, aparte del propio Estevez, estrellas como Alec Baldwin o Christian Slater.

The public se centra en un grupo de vagabundos y personas en riesgo de exclusión; y en las relaciones que establecen con los trabajadores de una biblioteca del centro de Cincinnati.

Una noche, tal cual como en nuestro ángel exterminador bibliotecario, suena el aviso de cierre de la biblioteca y un grupo de sin techo se niega a abandonar la biblioteca. Los refugios de la ciudad están atestados por una cruda ola de frío y la única opción es pasar la noche a la intemperie. A partir de aquí, el conflicto se complica cuando los bibliotecarios deciden apoyar a los okupas, y se posicionan frente a políticos y medios sensacionalistas: planteándose un acto de desobediencia civil que sirve para exponer algunos de los problemas sociales más candentes de la sociedad estadounidense (y por extensión de las sociedades occidentales).

 

 

La película de Estevez, no tiene aún fecha de estreno en nuestro país, pero promete convertirse en un título de referencia en el mundo bibliotecario. Al igual que el incendio de bibliotecas en Francia denota las tensiones sociales que se viven en el país vecino: de la película norteamericana se pueden sacar varias lecturas, pero en este caso, positivas.

Independientemente de la calidad de The public (atendiendo al tráiler parece que la acostumbrada competencia estadounidense en los aspectos visuales e interpretativos está asegurada) el hecho de que una biblioteca se convierta en escenario protagonista de una producción, independiente, pero rodada con medios y con estrellas en su reparto: ya es una buena noticia. Pero la biblioteca en la película es mucho más que un simple decorado: es todo un concepto. La plasmación en imágenes (en líneas de diálogo) de una frase que se repite afortunadamente cada vez con más frecuencia: las bibliotecas públicas como último bastión de la democracia. Las bibliotecas públicas, como indica el título, como máxima representación de lo público.

 

Emilio Estevez como bibliotecario al frente de la desobediencia civil de un grupo de excluidos del sistema.

 

El hijo mayor de Martin Sheen perpetúa la tradición demócrata de ese Hollywood comprometido en causas sociales que su padre (récord absoluto de detenciones por implicarse en protestas sociales: 66) ha representado públicamente desde la década de los 70. Muy alejado de su hermano, Charlie Sheen, que en cambio tanto se ajusta al estereotipo hollywoodense hecho de alcohol, drogas y sexo. Era previsible que, tan célebres representantes del progresismo estadounidense, tuvieran algo que decir sobre la sociedad que ha quedado tras una década de crisis culminada con la presidencia de Trump.

Que Alec Baldwin forme parte del reparto tampoco es casual. Aparte de haber renovado su popularidad gracias a la exitosa parodia que del actual presidente de su país hace en el mítico show de humor televisivo Saturday Night Live: Baldwin tiene un largo recorrido como santo patrón bibliotecario, o en otras palabras, como mecenas de bibliotecas en su país.

 

Alec Baldwin junto a su mujer y el también actor Edward Burns en la Author’s night for the East Hampton Library de 2015: un evento que sirve para recaudar fondos para dicha biblioteca.

 

Baldwin, aunque ha sido nominado, no ha ganado nunca un Oscar, pero de crearse alguna vez el Tejuelo de oro, sin duda, se lo llevaría de pleno en la mayoría de categorías. En 2011 el lenguaraz intérprete que nunca se ha cortado un pelo (su pelambrera pectoral atestigua que lo metrosexual nunca ha ido con él) a la hora de dar sus opiniones: donó 10.000 dólares para impedir que se cerrase la Biblioteca Adams Memorial en Rhode Island. Otros 250.000 dólares fueron a parar a la biblioteca de East Hampton, a la cual destinó los ingresos que obtuvo por diversas campañas publicitarias que había protagonizado.

Pero no acaba aquí su labor probiblioteca, también fue cofundador de la Noche anual de recaudación de fondos para la Biblioteca de East Hampton. Además, desde 2015, a través de la fundación que lleva su nombre y el de su esposa, The Hilaria & Alec Baldwin Foundation, el matrimonio financia numerosas iniciativas en torno al arte, la cultura o la salud pública.

 

Alec e Hilary posando en su mansión de los Hamptons.

 

Un joven Alec Baldwin participando en la campaña de fomento de la lectura de los 80 que lanzaron desde las bibliotecas estadounidenses: READ.

Que la biblioteca en la que Baldwin centra su altruismo esté situada en Los Hamptons: no resta valor a sus esfuerzos.

Situados en la zona este de Long Island, los Hamptons, constituye una exclusiva zona de vacaciones para la clase alta de Nueva York. Scarlett Johansson, Sarah Jessica Parker, Richard Gere, Jennifer López, Steven Spielberg, Robert de Niro o, por supuesto, el propio Alec Baldwin: poseen lujosas fincas en la zona. Un territorio en el que también viven personas de clase media baja, pero cada vez menos, dado que el alto nivel de vida de Los Hamptons les ha obligado a mudarse.

En los Estados Unidos no hay problema en defender públicamente un discurso progresista y a favor de los derechos sociales de la población (como hace Baldwin participando en The public): y por otro lado, pertenecer a la élite económica y cultural de esa sociedad. En nuestro país la defensa de lo público, en cambio, pareciera exigir un compromiso lindante con el voto de pobreza. Combinar lo público con lo privado (salvo que hablemos de cotilleo y prensa del corazón) suena casi a blasfemia. Un discurso harto maniqueo que, tal vez, una buena ley de mecenazgo cultural ayudaría a mitigar.

En una reciente entrevista en ‘El País’ la oncóloga Ruth Vera, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica, señalaba la necesidad de incentivar la inversión privada a través de una ley de mecenazgo. Y declaraba no entender la polémica en torno a la donación que hizo Amancio Ortega para la lucha contra el cáncer. “¿Por qué tenemos que rechazar la inversión privada?” se preguntaba Vera.

 

Un fotograma de The public (2018): las fuerzas del orden irrumpiendo en la biblioteca (no se considera spoiler porque aparecen en el tráiler).

 

Disco de Jacques Brel en el que se incluía su satírica ‘La dame patronnesse‘ (Las damas de la beneficencia): título apropiado para la propuesta final de este post.

Hace un año se presentaron las 150 medidas que el actual Gobierno pretende poner en marcha durante esta legislatura y que se engloban dentro del Plan Cultura 2020. Entre ellas se incluía la reactivación de la postergada Ley de Mecenazgo Cultural. Un año después, Castilla-La Mancha ha anunciado la puesta en marcha de su propia Ley de Mecenazgo, mientras en el resto del país sigue la espera.

Entretanto las bibliotecas se convierten, o no, en objetos de deseo para mecenas con ganas de cuidar su imagen pública y aliviar su declaración de la renta, ya que hemos citado a la prensa del corazón, no estaría de más que nuestras celebrities patrias se quitaran complejos respecto a las estadounidenses apoyando eventos recaudatorios destinados a bibliotecas.

Antonio Banderas lleva varios años impulsando la Gala solidaria Starlite en Marbella cada verano. ¿Cabría esperar un séptimo de caballería proveniente del papel cuché? ¿Quién sabe? Igual a Isabel Preysler, Nati Abascal, Pitita Ridriduejo o a Carmen Lomana les da por lucirse con una excusa tan favorecedora y ponerlo de moda entre la beautiful people. Dejamos la pregunta envenenada para el final: ¿tendría escrúpulos el sector bibliotecario en aceptar este tipo de financiación?

Arrancamos viendo como quemaban bibliotecas en Francia y concluimos con acento francés gracias a las damas de la beneficencia de Brel. Otra cosa no, pero nadie nos podrá acusar de falta de coherencia.

 

Tamara Falcó entrevistando a Vargas Llosa en la biblioteca de la mansión de Isabel Preysler.

Bibliotecas al filo de la ley

 

Anne, una de las protagonistas de nuestro exitoso Menú del día para mujeres bibliotecarias, recordaba en la conversación de sobremesa con sus compañeras: la poco conocida película En el ojo del huracán (1956). En esta película, rodada en plena histeria anticomunista en la década de los 50, y que fue objeto de ostracismo comercial: Bette Davis encarnaba a la bibliotecaria de un pueblo norteamericano que se enfrentaba a políticos y ciudadanos por defender que el Manifiesto comunista se mantuviera dentro de las colecciones de su biblioteca.

 

La actriz Bette Davis junto a Ruth Hall, bibliotecaria en 1955, de la ciudad de Santa Rosa: en la cual se rodó la película en la que Davis interpretaba a una bibliotecaria. Fuente: Sonoma County Pictures.

 

La bibliotecaria interpretada por Davis viviendo su propio Farenheit 451.

Resulta sorprendente que esta película (nada del otro mundo salvo por la gran Davis) resulte tan oportuna casi 70 años después en nuestro país. Pero los secuestros judiciales de libros, la censura artística en ARCO, los juicios a raperos, tuiteros, programas y publicaciones de humor: hacen que el mote de mordaza con que se bautizó a la Ley de Seguridad Ciudadana suene cada vez más inquietantemente acertado.

Pero estos aires contrarios a la libertad de expresión, a la libertad de pensamiento no son exclusivos de ningún sesgo ideológico: se dan en todos los ámbitos y foros. Desde los discursos más aparentemente progresistas a los más conservadores. Nadie queda indemne a este debate que ha exacerbado, en gran parte, ese discurso furibundo que copa las redes sociales día sí, día también. Y a todo esto ¿qué tienen que decir las bibliotecas?

 

 

 

Bastiones de la democracia, refugios de la libertad de pensamiento, instituciones que garantizan el acceso a a todas las opiniones y puntos de vista: con este rosario de descripciones laudatorias que se les han ido acumulando no podían quedar fuera de un asunto tan inesperadamente candente. Y claro que tienen algo que decir: pero lo hacen quedamente, sin alzar la voz, como no podía ser de otro modo.

En este post vamos repasar algunos de los casos recientes más mediáticos pero lo vamos a hacer desde una perspectiva algo diferente: desde el catálogo colectivo de bibliotecas públicas del Ministerio de Cultura (CCBIP). Solo hay que realizar búsquedas de algunas de esas obras secuestradas, prohibidas o censuradas para elaborar el mapa bibliotecario de la libertad de expresión en nuestro país.

 

Captura de pantalla del Catálogo Colectivo de Bibliotecas Públicas del Ministerio de Cultura en el que aparecen los resultados de lanzar la búsqueda sobre la novela de Nacho Carretero.

 

Es posible que ningún ciudadano pueda adquirir la controvertida novela de Nacho Carretero, Fariña, en ninguna librería tras el secuestro legal al que ha sido sometida: pero eso no es impedimento para que en las bibliotecas que estuvieran raudas a la hora de adquirirlo, este título que ha sido judicialmente retirado de la circulación, siga accesible a cualquier ciudadano que disponga de un simple y gratuito carné de biblioteca. La decisión de la jueza es cautelar pero, tanto si finalmente gana la causa el demandante (el ex alcalde de O Grove) o el demandado (el autor y la editorial): los ejemplares de Fariña seguirán formando parte de un total de 16 redes de bibliotecas a lo largo y ancho de nuestro país (algunos de ellos en la propia Galicia).

Surge una duda a mitad de abordar este asunto: ¿se podría ordenar su secuestro de las colecciones de las bibliotecas públicas? ¿estaremos haciendo saltar la liebre al escribir este post? Por si acaso no nos entretengamos y sigamos adelante.

 

¿Qué habría pensado Hitchcock del remake caligráfico que Gus Van Sant hizo de su película Psicosis?

 

Pero como hemos dicho al principio los intentos de censura o prohibición no solo provienen de instancias judiciales. El celo con que algunos albaceas de la obra de autores fallecidos defienden sus derechos contraviene hasta los más respetuosos homenajes. En 2011, el escritor Agustín Fernández Mallo ahondaba en el espíritu borgiano creando un género, el remake literario, con el que revisitar la novela El hacedor escrita por Jorge Luis Borges en 1960.

El genio argentino probablemente hubiese observado con curiosidad este experimento narrativo en torno a su creación; pero su viuda María Kodama no contempló esta posibilidad al denunciar a la editorial para obligar a la retirada inmediata de la obra. Apagados los ecos del suceso, siete años después, El hacedor (de Borges), Remake aparece como disponible para el préstamo en 19 redes de bibliotecas (que no se entere Kodama).

 

Obra de la artista Carmen Cantabella perteneciente a su serie ‘Tintín inédito’ en la que mostraba al personaje de Hergé manteniendo relaciones sexuales con geishas. La Sociedad Moulinsart no da abasto.

 

Otro ejemplo de exceso de celo al proteger a un autor fallecido lo protagonizó la Sociedad Moulinsart, gestora de los derechos de la obra de Hergé, cuando en 2008 frenó la distribución, y después, la reedición de El loto rosa (De Ponent). En esta obra colectiva se rendía homenaje a Tintín a través de ilustraciones y de un relato escrito por Antonio Altarriba (Premio Nacional de Cómic) en el que recreaba la vida adulta de Tintín como reportero de cotilleos en Hollywood, y entre otras cosas, perdiendo la virginidad con Catherine Deneuve. Todo muy francófono. En el CCBIP constan 8 redes de bibliotecas donde este polémico homenaje a Tintín sigue de cuerpo presente para quien quiera disfrutar de la blasfemia.

 

 

Cuando se enarbola la bandera de alguna causa social se requiere del suficiente poso cultural para no confundir los términos y no caer en maniqueísmos que desbaraten lo justo de nuestras reivindicaciones. Por eso la esperanzadora tercera ola feminista que estamos viviendo y a la que, cada vez, van sumándose más chicas jóvenes, y afortunadamente, también chicos: no debería caer en planteamientos inquisitoriales tales como volver a cuestionar a Nabokov por Lolita. Como si a estas alturas no se tuviera el suficiente criterio para no confundir el discurso creativo con el hecho de estar haciendo apología de la pedofilia o la violación como sucedió, más recientemente, con la obra de Hernán Migoya: Todas putas.

 

Viñeta de ‘El violador’ uno de los cuentos ilustrados incluidos en la adaptación al cómic por parte de 15 autoras del libro de relatos de Migoya: Todas putas.

 

En 2014 la novela de Migoya, que a punto estuvo de ser prohibida en pleno siglo XXI, conoció una versión cómic por parte de 15 artistas femeninas que no sabemos si supuso una absolución feminista, pero sí al menos una brecha a ese discurso monolítico de corrección política que tantos estragos puede acarrear. En este 2018, de ilusionante eclosión feminista, el Todas putas de Migoya sigue accesible en 17 redes de bibliotecas según el CCBIP: y en formato de novela gráfica ilustrado por mujeres en 9 redes de bibliotecas.

Sorprende que tras las trágicas consecuencias que tuvieron las caricaturas de Mahoma en Dinamarca, o la posterior matanza en la redacción de ‘Charlie Hedbo’ en París, en nuestro país un juez se decidiera a secuestrar el número 1573 de la revista satírica ‘El jueves’ que, en 2007, caricaturizaba a los actuales monarcas españoles en pleno acto sexual. El recientemente fallecido Forges manifestó en aquel entonces, como tantos otros, su total oposición a dicho secuestro judicial. Forges sabía bien de lo que hablaba.

 

La portada de la primera edición de la ‘Historia de aquí’ de Forges “desaparecida en combate”.

 

En 1980 una de las portadas de la primera edición del coleccionable Historia de aquí (uno de sus grandes éxitos) “desapareció” en posteriores reediciones por sus claras referencias al Opus. Gracias a que el DJ Renatus Semper posee el coleccionable original, con motivo del fallecimiento de Forges, publicó en sus redes la portada escamoteada durante tantos años reparando así una censura que, en su momento, es probable que pasase más que desapercibida.

La Historia de aquí de Forges está presente en prácticamente todas las redes de bibliotecas, según la preceptiva búsqueda que hemos hecho en el CCBIP, pero es imposible saber, a través de este medio, si realmente alguno de los ejemplares conserva la portada original que, gracias a Renatus, ahora está accesible en la red.

Lo que sí que es más que probable es que la portada del nº 1573 de ‘El jueves’, con los entonces príncipes de Asturias en postura tan comprometida, esté disponible en alguna de las 12 redes de bibliotecas en las que se incluye la veterana publicación satírica según el CCBIP.

 

 

También en las 13 comunidades en cuyos catálogos de bibliotecas públicas aparece la revista satírica ‘Mongolia’: se podrá consultar la parodia que publicaron del torero Ortega Cano como un alienígena. Una caricatura que ha provocado la imposición de una multa por vulnerar el derecho al honor del diestro de 40.000 euros: lo que compromete seriamente la continuidad de la publicación. No hay mucho que comentar al respecto más allá de las propias declaraciones de los responsables de la revista:

“Tenemos un grave problema con la libertad de expresión en este país. Si una revista satírica no puede utilizar la figura de un personaje público condenado que acaba de salir de la cárcel, si no puedes utilizar que haya cumplido menos tiempo y que nos parezca marciano, si eso no es satirizable, cerramos. Que cierre El Intermedio, El Jueves, Mongolia…”. Y añaden: “Esto demuestra en el país en el que estamos viviendo”.

 

Y aquí dejamos las búsquedas en el CCBIP. Podríamos seguir con los discos de Def con Dos que hay en las bibliotecas públicas de nuestro país, o los de los Chikos del Maíz, en los que hace featuring Pablo Hásel, o los discos de Valtonyc: pero ya es suficiente.

Index Librorum Prohibitorum: nombre de un personaje manga entre cuyos poderes está el haber memorizado miles de libros prohibidos. Index para los amigos.

Es más que suficiente para constatar que las bibliotecas públicas sin necesidad de alharacas, ni adherirse a manifiestos de un bando u otro: son las garantes de la salud democrática de un país, las instituciones públicas que mejor protegen la libertad de expresión y la diversidad de pensamientos. La presencia de esos libros, revistas, discos o de cualquier otra obra o documento que haya sufrido censura ahora o en el pasado: no supone en ningún caso que se esté refrendando ni apoyando lo que en ellas se pueda exponer. Simplemente es la demostración de la madurez de una sociedad: la sociedad de los usuarios de bibliotecas públicas.

Ni la censura paternalista de quienes dicen hacerlo para protegernos; ni la censura políticamente correcta en nombre de un concepto de libertad que no empieza donde acaba la de los demás. Que los guardianes de la moral ajena, de un signo u otro, se relajen: que ahí siguen las bibliotecas para que quien quiera pensar por sí mismo pueda hacerlo.

 

Sara Montiel dando de comer a los censores durante el franquismo.

 

El cantante David Byrne (líder de los venerados Talking Heads) expresó sus disculpas públicas recientemente con motivo de la publicación de su último disco. El motivo: que entre los colaboradores que reclutó para su nuevo trabajo no se incluye ninguna mujer. En fin, que alguien como Byrne tenga que recurrir a una disculpa pública por algo así da idea de los estragos que puede provocar el irse a los extremos en un sentido u otro. No sabemos entonces lo que pensará del divertido video del tema que hizo con The BPA hace casi una década. Tanto da porque a nosotros nos viene de perlas para cerrar este post.

Ni mordazas en las bocas, ni tiras negras en los cuerpos. Quien no quiera verlo que no mire, quien no quiera saberlo, que no lea.

 

 

Biblioteca con subtítulos

 

Uno de las compensaciones que tiene el cumplir años es la progresiva liberación del juicio ajeno. Vivimos en sociedad y todos estamos sometidos al escrutinio de los demás desde el principio. Pero con un poco de suerte, y de trabajo interno con uno mismo, llega un punto en el que la mirada de los demás no deja de afectarte (algo imposible y menos si te aventuras en el turbulento medio digital) pero sí influye mucho menos que cuando eras más bisoño.

 

 

De ahí que el certero meme, con la fantástica Morticia Addams que encarnó Anjelica Huston, defina tan a la perfección ese estado mental que, en la mayoría de los casos, se consigue con la experiencia. No se trata de abusar de la sinceridad como arma arrojadiza que lo único que denota es falta de educación: sino de dejarse de circunloquios a la hora de expresar nuestras opiniones. De ser asertivos que dirían los gurús del crecimiento personal. En tiempos en los que el discurso de lo políticamente correcto causa estragos, censuras y miedos: lograr la fórmula exacta para decir sin ambages lo que se piensa y generar con ello un debate enriquecedor: no el mero rifirrafe dialéctico al que tan acostumbrados nos tienen los medios.

Al doblar una película hay que hacer auténticas filigranas para encajar la traducción de los diálogos originales, y así evitar, que los actores extranjeros no terminen boqueando en el aire o con la boca cerrada mientras aún suena el diálogo. Una dificultad que, en más de una ocasión, ha provocado discordancias en el resultado final.

En la edición española en DVD de la película de Kubrick: Eyes wide shut (1999) un fallo en el doblaje afectaba de manera garrafal a las explicaciones que sobre un asesinato se daban al final de la película. Para quien no tuviera el suficiente nivel de inglés para visionar la cinta en versión original: solo si se activaban los subtítulos en inglés (ni siquiera en castellano) se conseguía descubrir realmente lo que el personaje interpretado por Sidney Pollack le revelaba a Tom Cruise. Un error desastroso que daba más argumentos a los defensores de la V.O.

 

Nicole Kidman en la trascendental escena para la trama de Eyes wide shut en que confiesa a su marido (Tom Cruise) sus pensamientos más secretos. No decimos nada: pero lo cierto es que tras la película el matrimonio real de Kidmand y Cruise se acabó.

 

Y eso vamos a hacer en este post: activar los subtítulos, no para que nos traduzcan, sino para leer entre las líneas de algunos de los lugares comunes más extendidos del mundo bibliotecario. Algo así solo puede nacer con ánimo de abrirse a la participación (ya lo decíamos: generar un debate enriquecedor, no provocar gratuitamente): y por ello cada subtítulo arranca con el hashtag #tengounaedad. Un hashtag estupendo para acompañar lo que cada quiera añadir. Huelga decir (aunque no holgara tanto cuando lo decimos) que en este caso la edad es un simple estado mental: poco importa nuestra fecha de nacimiento. Prescindamos de cutres polígrafos, sueros de la verdad o confesionarios y, simplemente, activemos los subtítulos de nuestro subconsciente bibliotecario.

(Nota: Infobibliotecas no se responsabiliza de las opiniones que este subconsciente pueda expresar, ni las refrenda, ni las comparte. Se limita a recogerlas para que cada uno concuerde o disienta de ellas.)

 

SUBTÍTULOS
Castellano On Off

 

En la biblioteca actual es, si cabe más importante que antes, adaptar los espacios para atender a los diferentes colectivos que la habitan. Preservar el silencio, que tan demandado es por el público estudiantil, y convertirla en un centro cultural activo, vivo y dinámico: supone una distribución flexible de los espacios y un esfuerzo por atender a las necesidades de todos los usuarios.

#tengounaedad: Los estudiantes, dentro de los colectivos de usuarios, son los principales enemigos de la biblioteca pública. Siendo totalmente respetables sus necesidades: su intransigencia ante las necesidades de otros colectivos, y su indiferencia por lo que las bibliotecas puedan ofrecerles más allá que como simples salas de estudio: suponen una amenaza para innovar la idea de biblioteca. La trampa está hecha: en bibliotecas pequeñas la dictadura estudiantil con la connivencia de alguno de esos concejales o alcaldes pedáneos (que no ven a la biblioteca más allá de una seudoguardería o sala de estudio) pueden ser el estoque definitivo a los intentos por transformarlas en centros culturales llenos de vida, y por lo tanto, de futuro.

 

Estudiantes haciendo cola para coger sitio en la biblioteca de la Universidad de Nanjing (China).

 

La profesión bibliotecaria es de las que más preocupación ha mostrado siempre por mantenerse actualizada tecnológicamente y por ir sumando habilidades. A lo largo de las pasadas décadas ha demostrado una encomiable capacidad para adaptarse a los retos que los tiempos requerían. El reto digital del siglo XXI promete poner aún más a prueba esa capacidad camaleónica de la profesión que, ahora más que nunca, tiene que reimaginar su función y la de las bibliotecas en esta revolución sin precedentes.

#tengounaedad: la profesión bibliotecaria puede extinguirse si peca de falta de ambición cultural. Ejercer como funcionarios de la cultura (en el sentido más peyorativo que se adjudica al término funcionario) en vez de como profesionales de la cultura. Las plantillas bibliotecarias actuales se distribuyen a grosso modo: entre los licenciados en carreras de Letras que, en los 80, opositaron para bibliotecas como una solución a la falta de salidas profesionales a sus estudios, y que tras hacer un loable intento por actualizarse en destrezas informáticas, no lo compaginaron con una reinvención de lo que debía ser una biblioteca; y los diplomados/licenciados de los amenazados estudios de Biblioteconomía y Documentación, que surgieron en la década de los 90, y que recibieron una formación basada en conocimientos técnicos sin incentivar la curiosidad intelectual, y el perfil humanístico, que se requiere ahora para compensar tanta maravilla tecnológica vacía de contenido. Sin curiosidad no hay futuro.

 

 

La mayoría de las plantillas de las bibliotecas están compuestas en un alto porcentaje por personal de cuerpos generales de la administración. Los técnicos bibliotecarios marcan las directrices de estos trabajadores que, en más de un caso, se convierten en avezados profesionales de biblioteca sin necesidad de titulación. Disfrutando de un destino laboral que en nada se asemeja al resto de unidades administrativas que suelen componer las administraciones locales o autonómicas.

#tengounaedad: que las administraciones no respeten que las bibliotecas precisan de un personal con formación bibliotecaria provoca que sus plantillas se nutran de personal administrativo que llega con ideas estereotipadas de lo que supone trabajar en una biblioteca. Estos trabajadores se plantean su desempeño igual que si estuvieran en una oficina de recaudación sin especial atención a los requerimientos que precisa trabajar en una institución cultural. Se da la circunstancia de que este personal, además, suele ser el que recibe a los usuarios a pie de mostrador: con lo que muchas veces el buen servicio que podría darse se confía a la buena voluntad de estos trabajadores: que al hecho de contar con un personal cualificado.

 

 

Mantenerse al tanto de lo que se cuece en el mundo bibliotecario es requisito imprescindible para seguir haciendo avanzar nuestra biblioteca. Blogs, revistas, foros, redes sociales, la asistencia a jornadas, congresos, seminarios y demás medios con temática bibliotecaria: nos permiten estar al día de las innovaciones y las ideas que van surgiendo más allá del horizonte cotidiano de cada uno; y pueden servir de inspiración de múltiples formas.

#tengounaedad: cuando se leen desde una pequeña biblioteca municipal, escasa de recursos, personal y apoyo por los responsables políticos: estos medios especializados (este blog sin ir más lejos) que animan a innovar, repensar lo que deber ser una biblioteca, y las aptitudes que se deben desarrollar: puede generarse más frustración que otra cosa. Es como leerse un reportaje de ‘¡Hola!’: repleto de mansiones de ensueño y vidas aparentemente perfectas con las que solo podemos soñar. Bibliotecas ideales para un mundo ideal que solo existen en una realidad muy alejada del día a día de la mayoría de bibliotecarios.

 

Las estupendas recomendaciones para padres y educadores de la autora de cómics Rutu Modan sobre cómo leer cómics con los niños.

 

La sección infantil y juvenil de una biblioteca pública es uno de los servicios a potenciar y promover. El síndrome de nido bibliotecario vacío que amenaza a partir de los 10-11 años solo es posible combatirlo recurriendo a soluciones imaginativas y a la complicidad de educadores y padres. La formación de los que darán razón de ser a las bibliotecas en el futuro es un objetivo que debe ser prioritario en cualquier centro: y ello requiere de una especialización y una actualización continua del personal que atiende este servicio.

#tengounaedad: en ocasiones los peores ejemplos para los niños a los que se quiere atraer a la lectura son algunos padres. El uso desconsiderado que en muchos casos hacen de la biblioteca: viéndola más como una especie de guardería o aparcaniños que viene a suplir al parque de bolas o a las zonas recreativas en días de lluvia. Ese concepto de educación laxo, falto de consideración hacia los demás, que convierte a los niños en pequeños tiranos de los espacios públicos por la dejación de funciones de algunos progenitores: se convierte en caballo de batalla para numerosos bibliotecarios infantiles que se ven obligados a ejercer más de vigilantes que de animadores a la lectura.

 

 

La lectura digital es el future is now (El futuro es ahora) del mundo bibliotecario. Uno de los puntos destacados dentro de la IFLA Global Visión es el abrazo a la innovación digital. Las bibliotecas están y deben estar en cada uno de los avances que esta revolución digital está provocando. Por un lado, por una cuestión de actualizarse y no perder vigencia; pero por encima de todo para asegurar la igualdad de oportunidades de todos a la hora de acceder al mundo digital, ayudando así, a cerrar la brecha digital que se está generando.

#tengounaedad: una vez más la visión macrobibliotecaria (IFLA, Manifiesto de la Unesco, Consejo de Cooperación Bibliotecaria, etc…) frente a la microbibliotecaria. Por lo que respecta a la tumba que, según algunos, los ebooks habían cavado al libro impreso: sigue sin ser ocupada. Por otro lado, plantear estrategias, diseñar campañas, movilizar personal para desarrollar comunidades digitales desde las bibliotecas a través de las redes sociales se choca de frente con: la falta de tiempo, personal y recursos; y el hecho de que muchas de las administraciones en las que se integran las redes de bibliotecas: bloquean, dificultan, o directamente, prohíben el acceso a las redes sociales desde la Administración.

 

 

La cooperación bibliotecaria es un clásico dentro de la Biblioteconomía. Para conseguir que las bibliotecas tomen parte en la consecución de los retos que se han marcado en la Agenda 2030 de la ONU: la IFLA ha elaborado desde un Programa de Acción para el Desarrollo hasta un conjunto de herramientas para ayudar a defender estas necesidades antes los responsables de las políticas culturales nacionales y regionales. Sentirse parte de un proyecto global que aspira a mejorar el mundo es algo muy motivador que refuerza la idea de cooperación y de creación de redes entre bibliotecas.

#tengounaedad: los frenos a objetivos tan loables no provienen exclusivamente de las limitaciones materiales y de plantillas de las que adolecen las bibliotecas. Las limitaciones más paralizantes, como siempre, son las mentales. Si la colaboración entre redes de bibliotecas que operan en un mismo territorio se hace en ocasiones imposible por: veleidades políticas, intereses no manifiestos, visiones cortoplacistas o estrategias para ganar/conservar el puesto: ¿cuánto no se agudizarán estas miserias si se amplía el encuadre? Cambiar la idea de para qué sirve una biblioteca en el siglo XXI debería ser el primer paso. Pero no solo en las mentes de los políticos también en las de muchos bibliotecarios. Si tanto se habla últimamente de promover el pensamiento crítico de los ciudadanos: habrá que predicar con el ejemplo y empezar a promoverlo también hacia la propia profesión.

 

FIN
#tengounaedad: podría seguir…

 

SUBTÍTULOS
Castellano On Off

 

Hasta aquí la película que nos hemos montado con este post subtitulado. Para cerrar añadamos algo de banda sonora. En los últimos tiempos, la falta de presupuesto y la inmediatez que exige el mercado, ha llevado a que proliferen los lyric videos (lo que vendría a ser un vídeo de karaoke, pero como eso queda cutre, se trata de vídeos más o menos creativos con la letra en subtítulos) que preceden al lanzamiento del vídeo oficial de un nuevo hit. Nada más propio pues para este atracón de subtítulos que cerrar con un lyric video.

El grupo Doble Pletina jugó con el concepto deconstruyéndolo para su tema Nada. Más que un vídeo con los subtítulos de la canción se trata de un juego, de un pasatiempo, con el que se entraba en un sorteo. Subtítulos desordenados que juegan con nuestra capacidad de atención para que cada uno se monte el puzle en su cabeza: algo parecido a lo que hemos pretendido con la biblioteca subtitulada de este post.

 

 

Mamá quiero ser youtuber…(de biblioteca)

 

Entre “Enamorado de la moda juvenil” de Radio Futura ” y “mala mujer, me han dejado cicatrices por todo mi cuerpo tus uñas de gel” de C. Tangana: distan 37 años. En muchos casos los mismos que separan a los potenciales usuarios jóvenes de las bibliotecas y un gran porcentaje de los profesionales que trabajan en ellas (aún más después de la falta de relevo generacional que ha provocado la crisis que estalló en 2008). Y esa brecha generacional pasa factura a la hora de idear proyectos y actividades que puedan despertar el interés de muchos de esos jóvenes que son incapaces de disociar biblioteca de sala de estudio.

 

 

El actor y humorista Berto Romero concedía una entrevista a cuenta del estreno de su serie ‘Mira lo que has hecho’ en ‘Fotogramas’. En ella Romero, de 43 años, hablaba de la ruptura que han supuesto los youtubers: “entre mis coetáneos puedes ver ecos de Faemino y Cansado, de los Monty Python […] y en los youtubers no hay influencias. Han inventado un lenguaje nuevo, y eso puede compararse con las relaciones paternofiliales“. Tal vez algo exagerado, pero no menos cierto, y más viniendo de un integrante de una de las generaciones culturales más abusonas que se recuerdan.

Buscando en el baúl de los recuerdos, una y otra vez, para seguir generando negocio a falta de ideas nuevas.

El crítico de cine Roberto Morato en la crítica que de la película que sobre la serie de anime de los 70, Mazinger Z, hacía en la revista ‘Dirigido’ definía perfectamente ese abuso cultural de los que nacieron entre las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado: “nostalgia capitalizada para una nueva generación que seguirá visitando las ruinas del pasado como museo de un presente que les debería pertenecer.” Esas generaciones que por ser las primeras amamantadas por la televisión, los primeros videojuegos y el cine de efectos especiales no paran de revisitar su adolescencia y de regurgitarla, una y otra vez, para consumo de sus herederos. Por eso, pese a que el fenómeno youtuber desconcierte a partir de los 35 en adelante, es algo propio de las nuevas camadas culturales y se les debe respetar. Y a continuación, bibliotecariamente hablando, explotar.

 

Beavis & Butthead, en los 9, o Jackass (ambos en la MTV) ya dieron el pistoletazo de salida a ese humor estúpido que ahora se perpetúa en tantos youtubers.

 

El libro Mamá, quiero ser youtuber, publicado en 2016,  que daba “todas las claves para entender el fenómeno que ha venido para quedarse” (según reza su subtítulo) no hablaba directamente de ElRubius, el más célebre de los youtubers de nuestro país, pero sí había sido escrito por dos de sus colaboradores, con lo cual su alargada sombra estaba más que presente. Puede que ElRubius ni sepa que el título del libro sea una apropiación del título de un musical de Concha Velasco. Los referentes del pasado más inmediato no son el fuerte de una generación que (como todas por otro lado) cree estar inventando el mundo. Pero al fin y al cabo a lo que aspiran estos jóvenes es a ser los chicos yé-yé de su tiempo.

Si en el 2000, la irrupción de los realities en televisión fue el primer paso: en 2005 con la llegada de Youtube la capacidad adivinatoria de Warhol respecto a la fama en los tiempos venideros quedaba fuera de todo duda. Pero como el artista neoyorquino también sabía: toda fama conlleva grandes servidumbres.

ElRubius, Auron Play, Vegetta777 o Andrea Compton, por citar a algunos de los que más seguidores acumulan, se acercan peligrosamente a la treintena. Los niños prodigio del cine del siglo XX (Shirley Temple, Macaulay Culkin, Marisol o Joselito) vieron languidecer el fulgor de sus estrellas conforme fueron creciendo; otros se adaptaron y consiguieron proseguir sus carreras (Liz Taylor, Rocío Durcal, Ana Belén, o más recientemente, Daniel Radcliffe): ¿sucederá algo similar con los youtubers?

Es un fenómeno demasiado nuevo para predecir su evolución. El alargamiento de la adolescencia y primera juventud en Occidente les ha permitido llegar peligrosamente cerca de la treintena: pero superada esa frontera ¿podrán seguir conectando haciendo el chorra en sus vídeos? ¿el ageism (discriminación por edad) no les sentenciará igual que sentencia a las estrellas del pop?

 

Si hasta la hermana Irene del convento carmelita de La Granja (Segovia) se ha hecho youtuber para atraer vocaciones: ¿pueden permitirse las bibliotecas el lujo de pasar de Youtube?

 

Loulogio de youtuber pionero en nuestro país a autor de cómics.

Loulogio, un pionero en nuestro país, ha anunciado recientemente que lo deja a los 34 años. Su éxito en los albores de Youtube haciendo doblajes chistosos de anuncios cutres de Teletienda le llevó a ser colaborador en programas de humor de Buenafuente o a convertirse en una estrella de los monólogos de humor. En su trayectoria como youtuber se apreciaba una evolución: de la Batamanta o el pajilleitor (que lo situaron en el mapa) a vídeos analizando la obra de artistas como Dalí, El Bosco o Miguel Ángel mucho antes de que ‘Playground’ diera una muestra de cómo gamificar nociones de arte e historia, conjuntamente, en su vídeo sobre Las Meninas a ritmo de trap.

Loulogio deja Youtube y los monólogos para volcarse en su gran pasión: los cómics. Pero en su marcha ha hecho una reflexión sobre los juguetes rotos que Youtube dejará inevitablemente por el camino: y lo hizo en una biblioteca. Fue el pasado 27 de febrero en un Duelo entre youtubers en la Biblioteca Regional de Murcia que Loulogio y Bamf, un booktuber o más exactamente un comictuber, reflexionaron sobre el incierto futuro que les espera a muchos de los protagonistas del fenómeno. Es lógico, toda moda pasa, pero lo más interesante fue el vaticinio que hizo Loulogio: que el futuro de los youtubers puede que pase por los booktubers.

 

Loulogio y Berto Romero envueltos en la célebre batamanta en el programa de Buenafuente.

 

Adentrarse en la madurez grabando vídeos mientras se juega a videojuegos o se llevan a cabo desafíos tontos: no parece que tenga mucho futuro. Pero ejercer de prescriptores (de libros o de cualquier otra cosa)  no parece tan sujeto a las exigencias de la edad. ¿Es posible imaginar que los nuevos Jordi Costa, Carlos Boyero, Manuel Rodríguez Rivero, Estrella de Diego, Álvaro Pons (por mencionar a algunos de los críticos de referencia en diversas disciplinas) surjan de Youtube en vez de los medios más tradicionales? Tal y como evoluciona todo nada es descartable. Pero como señalaba el programa que Página Dos dedicó a los booktubers el pasado diciembre: “muchos booktubers aspiran a profesionalizarse” y las editoriales lo tienen claro van a por ellos. Pero ¿y las bibliotecas?

En Egobiblio: narcisismo y bibliotecas en la era del selfie ya lanzábamos a mediados de 2016 la pregunta de ¿para cuándo las bibliotecas de nuestro país iban a imitar a las algunos países de Sudamérica en los que los concursos de booktubers convocados por bibliotecas era ya una práctica cada vez más habitual? Cerca de dos años después ya se han dado los primeros pasos.

 

 

Desde junio de 2017 se ha puesto en marcha el canal BiblioTubers de la Red de Bibliotecas Públicas Municipales del Ayuntamiento de Madrid. Desde la Biblioteca de Portazgo en Puente Vallecas, la bibliotecaria Diana Mangas Pozo, anima a sus seis aprendices de booktubers que comentan los libros que previamente han leído en el club de lectura orientado para jóvenes de entre 11 a 14 años que organizan en su centro.

En mayo de 2017 la biblioteca de Ciudad Real lanzó su primer concurso para encontrar el mejor booktuber entre los jóvenes de los centros educativos de la provincia. La booktuber Esmeralda Verdú fue la encargada de impartir talleres sobre cómo recomendar lecturas a través de Youtube orientados a los menores interesados en participar. Y hace tan solo unos días se ha lanzado la II edición del concurso de Booktubers de Ciudad Real. En esta ocasión la booktuber encargada de impartir los conocimientos necesarios para convertirse en prescriptor, vía Yotube, será Yaiza Jara.

 

 

Las colaboraciones entre bibliotecas y booktubers se van afianzando cada vez más. En Hellín (Albacete) la Red de bibliotecas públicas municipales ya ha celebrado varios encuentros con booktubers dentro del proyecto Lectibe. Esmeralda Verdú, May Ayamonte y Yaiza Jara han participado hasta el momento con gran éxito de convocatoria.

 

 

Youtube ha venido para quedarse y las bibliotecas pueden ser el refugio ideal para esos jóvenes que llevados por sus pasiones se asomen a la ventana digital y quieran mantener su independencia pese a soñar con profesionalizarse. Los ardides para atraerlos dependerá de la habilidad de los profesionales de las bibliotecas; pero sobre todo de su falta de prejuicios y de la ausencia de paternalismos culturales. Bibliotecarios-vampiros en busca de sangre joven o bibliotecarios-esponja dispuestos a mantenerse al día incluso en asuntos que a priori no les interesan: que cada uno elija la figura con la que más se identifique pero que nadie se quede fuera del juego.

 

Menú del día para mujeres bibliotecarias

 

28 de febrero de 2018. 14:45 horas. Reserva a nombre de Biblioteca para cinco comensales en un restaurante del centro de una ciudad. 

Estas fueron las coordenadas espacio temporales en las que se desarrolló la conversación entre cinco mujeres bibliotecarias que, a continuación, se transcribe en un post ideado para publicarse previo a uno de los Días Internacionales de la Mujer más reivindicativos de los últimos años.

El encuentro, propiciado por Infobibliotecas, quería registrar las ideas, experiencias, anhelos, frustraciones y alegrías de cinco mujeres bibliotecarias. Se trataba de grabar sus vivencias sin tapujos, limitaciones, ni reservas. Hasta donde ellas quisieran contar y como ellas quisieran contarlo. Y paradójicamente, para eso, había que recurrir a las máscaras.

 

 

Hipatia, la científica y filósofa griega; Anne Tyler, la escritora y bibliotecaria estadounidense; María Moliner, una de figuras más insignes del gremio en nuestro país; Batgirl, cuyo alter ego, Barbara Gordon, ejercía como bibliotecaria en los cómics de Batman de los años 60; y Susana Estrada que, antes de convertirse en la figura más representativa del destape, ejerció como bibliotecaria en el Ateneo Jovellanos de Gijón.

Estas fueron las cinco identidades elegidas por las comensales de este banquete bibliotecario: no porque tuvieran nada que ocultar sino para poder sentirse libres de decir lo que quisieran y como quisieran. Y porque, de este modo, sus rasgos personales y profesionales no interfirieran en la empatía o desapego que sus opiniones y experiencias provocasen entre quienes quieran asistir, en diferido, a su conversación.

Pero dejémonos de tanta palabrería. Hipatia, María, Anne, Batgirl y Susana tienen mucho que decir y sobra tanta explicación. Que dé comienzo el banquete.

 

ENTRANTES: GAMBAS Y SARDINAS REBOZADAS

 

 

Batgirl: Lo mío fue casual. Venía de Historia y una amiga, que daba clases particulares de catalogación, me dijo: “vente”. Me fui liando y me enganché a las becas de la Universidad. Fui de beca en beca, de contrato en contrato y siempre me lo he pasado bien. Siempre me he divertido, he tenido alguna época mala, pero siempre me he divertido. Lo dijeron en las jornadas de bibliotecas del viernes pasado: hay que divertirse en el trabajo. Y eso hago. Hay rutina pero siempre hay algo que te saca de esa rutina.

Hipatia: Fíjate yo nunca veo rutina. No hay dos días iguales en una biblioteca.

Susana: Yo llevo 30 años y me considero una privilegiada. Y mira que, en el medio en que estamos, ha habido momentos malos, de sentirte poco considerada, de luchar y luchar y conseguir muy poco.

Anne: En algunos casos nos movemos en un medio hostil.

María: Más que sentirte considerada, o no, yo lo veo como indiferencia.

Susana: Llámalo como quieras, pero es que me da igual, termino pasando de su indiferencia u hostilidad y me centro en mi biblioteca, en la gente que tengo que es estupenda, y eso a mí me da vida. Porque si me paro a pensar en el concejal de turno que quiere hacer esto o lo otro y al final termina no dejando hacer uffffff…

Hipatia: La pesadilla del bibliotecario, desde luego, no son ni los usuarios, ni la falta de recursos, ni el trabajo en sí: la verdadera pesadilla es el político de turno que ni sabe ni quiere saber.

Susana: Sí. El mindundi que, de repente, te lo quita todo o te bloquea. Pero ya os digo que me niego a que todo eso me salpique. Es una profesión que me encanta y me da igual. Cuando tengo que ir, sin más remedio, a las altas esferas luego me echo la bronca a mi misma: “¿para qué vas alma de cántaro?” (Risas) Porque no quiero que nadie me quite lo bien que me lo paso con mi trabajo.

Hipatia: Totalmente de acuerdo. Yo iba para filósofa pero se me cruzaron las bibliotecas por el camino. Cuando terminé la carrera me preparé las oposiciones y entonces pensé: “si no entiendo a Hegel ¿cómo voy a explicar a Hegel?” Sería muy deshonesto. Y un día fui a ver a mi amiga del alma (señalando a María) que ya trabajaba en la biblioteca. No sé porqué fui, sería para contarle que no entendía a Hegel, y no iba a ser filósofa.

María: Tenía una crisis filosófica hegeliana.

Hipatia: El caso es que supongo que estaría aburrida ese día, y como es de las que habla hasta con las plantas, los libros y las paredes: me empezó a enseñar cómo iba todo y cuando terminó me dijo: “ahora sigue tú”. Y eso hice.

María: ¿Alguien se acuerda del Servicio Social? Yo lo hice en una biblioteca y ahí empezó todo. Ahí me enganché. Lo tuve clarísimo, echaba más horas que las que tenía que echar. Es más, hasta recuerdo la primera vez que me presté un libro, y lo emocionante que me pareció abrir un libro que habían leído otras personas. Fíjate, qué tonterías, pero me hacía feliz todo eso. Luego hice Hispánicas y terminé en la biblioteca en la que aún sigo. Y encantada. Es más, me quedan cuatro años para jubilarme, y me estoy planteando reengancharme. Porque mira que he tenido aguafiestas de esos de los que hablabas Susana, pero es que cuando estoy entre las estanterías, a veces pienso: “me quedaría aquí a dormir”. La sensación de estar arropada, el orden, me hace bien psicológicamente.

Hipatia: A mí muchas veces cuando van a visitarme antiguos compañeros de Filosofía, que ahora son docentes, me dicen que me envidian. Que les encanta mi trabajo.

Batgirl: Pero esos amigos te dicen: “¡Ay!, qué bien trabajar en bibliotecas“. Pero igual no saben realmente lo que es trabajar en bibliotecas.

Susana: Bueno en eso no se diferencian del resto pese a que sea gente con formación.

María: Pero incluso a gente, que igual no le gusta leer, les gusta la idea de trabajar en una biblioteca. Hay algo que les atrae.

 

 

PRIMER PLATO: ALCACHOFAS CON PIÑONES

 

 

Anne: Yo estudié en mi ciudad y luego me preparé oposiciones allá donde salieran. Cogía el tren y para Andalucía que me iba, y luego para Extremadura, y luego para Madrid. En un sitio aprobaba el primero, en otro llegaba al segundo. Hasta que saqué plaza donde estoy ahora. Empecé en la biblioteca de un pueblecito. Cuando trabajas en una biblioteca pequeña llegas a ser como una autoridad del pueblo. El maestro, el farmacéutico y la bibliotecaria. Esas pequeñas anécdotas de la bolsa de naranjas que te regalan, historias de biblioteca de mesa camilla.

Aquello se me quedaba pequeño así que pedí traslado a una biblioteca con más movimiento. Durante bastante tiempo he estado muy bien. Pero durante los últimos años la cosa ha ido a peor. Precisamente el día que me llamó Batgirl para preguntarme si me venía a la comida estaba en plena crisis. Ese día estaba pensando muy seriamente si dejaba mi profesión porque no aguanto más.

Hipatia: Pero ¿qué dices?

Susana: Es que estamos pasando una mala racha que dura demasiado. Es que está siendo muy jodido.

(Interrumpe el camarero para tomar nota de más bebidas)

Anne: Menos mal que hemos hecho este corte porque ya me estaba poniendo…

Hipatia: Pero es una mala racha profesional solo ¿no?

Anne: Sí, sí. Estaba buscando dónde irme, fuera donde fuera, pero dejar la biblioteca. También me planteaba: “sigo en bibliotecas pero vuelvo a mi ciudad”. Pero es muy complicado cambiar de administración. El caso es que me pilló la llamada para la comida en plena crisis. Dándome de plazo el fin de semana para tomar una decisión: si coger la mochila, liarme la manta a la cabeza, e irme a otro sitio.

Hipatia: Pero ¿ya se te ha pasado?

Anne: Pues sí porque yo estoy en bibliotecas vocacionalmente, estudié para esto, y no me veo en otra cosa. Además estoy harta de decirle a la gente que tenemos el mejor trabajo del mundo. Que la gente viene por ocio, por estudio, por lo que sea, pero nadie viene obligado. Todos los que trabajamos en bibliotecas tenemos mucha suerte. A muchos les encantaría tener el trabajo que tenemos. Y después de haberle repetido eso a tanta gente no iba a ser yo la que me contradijera a mí misma.

Hipatia: Yo opino como tú. Cuando paso una visita escolar siempre les hago énfasis a los niños en que los servicios públicos son gratuitos: cuando van al médico, cuando van a un colegio público, cuando vienen a la biblioteca. Siempre les digo que cuando juegas a uno de esos juegos en que se representa una ciudad siempre aparece: la iglesia, el colegio y la biblioteca. Han sido siempre los pilares para crear comunidad. Por eso estos años de crisis me han servido para valorar aún más el servicio que damos a la ciudadanía.

Susana: Yo he aprendido a pasar de ciertas cosas. Me he propuesto que ninguna de esas historias me impidan disfrutar de mi trabajo diario. Somos un servicio a la ciudadanía, estamos para servir a la gente del barrio, gente que necesita que les organices actividades, les ayudes, lo otro…

Batgirl: Los usuarios te salvan.

Susana: Siempre. Lo otro es esperar que cambien las cosas, y mientras, estoy en mi micromundo, en mi burbuja del día a día con los usuarios que es lo que satisface de verdad. Me niego a que me amarguen mi vida profesional.

Anne: Yo es que tengo la sensación de que estoy dejando pasar mis mejores años profesionales por unos malos gestores. Podría haber hecho maravillas. Porque a mí con poco que me motiven, soy una trabajadora nata, me implico al máximo.

Susana: Tan malo es que te acosen como que no te digan nada.

Batgirl: Es peor que no te digan nada. Porque a mi me ha pasado.

Hipatia: Pero Anne no puedes pensar eso.

María: Pero una cosa es lo que tú te sientes en potencia y lo que realmente puedes hacer. Pero la gracia, bueno gracia no que no tiene ninguna, pero el mérito es hacer cosas pese a las dificultades. Y cuando sacas algo, por pequeño que te pueda parecer, reconocerte a ti misma el mérito porque, pese a todo, lo que hay en contra lo has conseguido.

Hipatia: ¿Cuántos años (dirigiéndose a María) tuviste a un concejal nefasto y lo único que te mantuvo con ilusión fue el certamen literario que organizabas?

María: Y que también terminaron cargándoselo. Entonces podría haberme abonado a eso de “total si me van a pagar lo mismo”. Pero no era por eso por lo que lo hacía. No me valía ese argumento. Un pensamiento que siempre me ha dado buenos resultados, en esos momentos de bajón, es que el político de turno pasará. Ellos se irán: concejales, alcaldes y demás gerifaltes: pero yo seguiré porque no soy un cargo electo, ni de libre designación. Ellos se irán y yo seguiré. Y así ha sido. Hasta que me vaya. Pero será porque me jubile.

 

SEGUNDO PLATO: HUEVOS ROTOS CON JAMÓN Y TRUFA

 

 

Hipatia: Cambiando de tema: ¿os ha llegado la información sobre la huelga del Día de la Mujer? En nuestra biblioteca se ha pasado una circular informando. Tenemos una compañera muy sindicalista, muy feminista y todo lo que acaba en -ista que nos tiene muy informados.

María: Hablando desde el mundo laboral, nosotras si hiciéramos huelga, sería para apoyar al resto de mujeres. No somos un colectivo que haya sufrido la desigualdad en el trabajo. El machismo en la sociedad, eso ya, de un modo u otro, lo hemos vivido todas.

Batgirl: De todas formas, efectivamente en tema económico no, pero en nuestra biblioteca solo tenemos a dos chicos auxiliares, el resto somos chicas, y cuando hay que coger el coche, cargar cajas o cualquier trabajo manual: siempre terminamos dejándoselo a los chicos. Y me da mucha rabia. Es algo contra lo que lucho continuamente. He tenido que hacer muchos traslados y siempre me he puesto a cargar cajas o lo que hiciera falta. Es algo educacional y rancio.

María: Yo voy más allá: que lo hagan ellos. Discriminación positiva

Susana: Toma ya. Pero lo que dice Batgirl es un problema social no algo propio en sí del mundo bibliotecario

Anne: Y ¿en cuanto a jefaturas? Hay más jefes hombres que jefas en un ámbito mayoritariamente femenino. Eso sí es llamativo.

María: Y ¿en vuestros clubes de lectura hay también mayoría de mujeres?

Susana: Sin lugar a dudas. Esas señoras mayores que llenan cines, cafeterías y clubes de lectura de las que hablaba Elvira Lindo a cuenta del comentario de Álex de la Iglesia.

Hipatia: Tal vez sea por el pudor de expresar sentimientos que se considera algo propio de las mujeres. O un cierto tufillo desdeñoso hacia el hecho de leer narrativa frente a ensayo o libros de materias concretas.

María: Pero no deja de ser curioso, porque hay muchos hombres que leen y les gusta, pero no se apuntan.

Batgirl: Volviendo a los jefes. Yo he tenido un jefe que en las reuniones lo pasaba muy mal porque no conseguía entendernos. Él marcaba un orden del día, y luego nosotras, íbamos cambiando sobre la marcha. Siempre terminaba diciendo: “a mí me superáis”. Era jefe de archivos y bibliotecas. Por la mañana se reunía con los archiveros, la mayoría hombres…

Susana: Y además archiveros. Y hablo con conocimiento de causa.

Batgirl: ..y por la tarde con las bibliotecarias, todas mujeres. Y siempre terminaba diciendo: “es que me superáis, os vais por la tangente”.

Susana: Eso suena a topicazo de lo más rancio y además clasista en comparación al gremio con el que se reunía por la mañana, porque eran de archivo y la mayoría hombres. Por la tarde erais bibliotecarias, y encima mujeres, y le superabais. Vamos, machismo total.

Batgirl: Era un gestor muy bueno y yo trabajé muy bien con él, y sabía sacar lo mejor de cada uno, pero le superábamos las bibliotecarias.

Hipatia: ¿Y de dónde ese mirar por encima del hombro si venimos todos del mismo sitio? ¿acaso porque en las bibliotecas somos mayoría mujeres?

María: Oye ¿y con los usuarios?

Susana: Es el colectivo con el que sí lo noto. Hay usuarios que por el hecho de ser mujer te consideran menos. Me pasa a menudo con sudamericanos y marroquíes. Y otros que sin tratarte con desdén te dicen el “oye nena o el “oye guapísima. Eso a mí me repatea.

Batgirl: ¿Ves? yo en cambio trabajo en bibliotecas con mucha población marroquí y sudamericana y no me ha pasado eso. Y precisamente esta mañana un usuario que tenemos le ha preguntado a mi compañera si yo estaba casada.

Hipatia: Pero ¿el muchacho está bien?

Batgirl: Lo que está es más allá que pa’cá. No hace otra cosa que calibrar pectorales, es a lo único a lo que va a la biblioteca.

(Risas)

Anne: En mi biblioteca hemos trabajado muchos años con convenios de colaboración social. Y es curioso porque, cuando venían hombres, sí tuve problemas en alguna ocasión. Algunos eran empresarios venidos a menos que se habían quedado en el paro. Recuerdo a uno que cuando le mandaba hacer algo me decía que a él no le daba órdenes ninguna mujer. Me respondía: usted (porque me remarcaba mucho el usted) no me da órdenes”. Al final tenía que decírselo a un compañero, que había entonces, para que le dijera: “Anne ha dicho que hay que hacer tal cosa”.

(Risas)

María: Yo no puedo contar nada sobre esto porque no he tenido ninguna experiencia en ese sentido. Pero otra categoría interesante entre los usuarios: los grillados.

(¡¡Uhhhhh sí!!: asienten todas)

Anne: Es que además los psiquiatras les aconsejan ir a las bibliotecas.

Hipatia: ¿No decía Foucault que había que cerrar los manicomios?

María: Sí para que los sustituyeran las bibliotecas.

(Risas)

 

TERCER PLATO: MERLUZA A LA BRASA CON PIMIENTOS

 

 

Anne: Mirad hace dos años teníamos a una mujer, y además una mujer con estudios, y de buena familia, que se sentaba en la sala de adultos y empezaba a relinchar como los caballos: ¡¡¡HIIIIIIII, HIIIIIIIII!!!!!!. Luego pasó otra temporada, cuando varios de los atentados yihadistas, que venía con una gabardina y hacía como que llevaba una bomba. En alguna ocasión he llegado a llamar a la jefatura para preguntar: “oye ¿qué hacemos con este caso?” La decisión debía tomarla yo, pero en momentos de agobio me acuerdo de lo que me dijo una jefa de servicio: “a ti no te pagan por pensar”. Así que recurro a ello.

(Risas)

Batgirl: Ay! a mí también me han dicho eso. No me he hecho un tatuaje con esa frase por los pelos.

Susana: Y eso dicho por una mujer. A mí otra jefa me dijo haciendo un gesto de acariciarme la cabeza: “tu silogismo va muy rápido”. Eso es tremendo ¿eh? Mi jefa de servicio.

Anne: Antes hablábamos del machismo por parte de los hombres, pero ¿y el machismo por parte de las propias mujeres? Y encima en una profesión principalmente femenina. Eso es más sangrante.

Batgirl: Y lo que ha ayudado a que se perpetúe. Está claro.

Hipatia: Pues a mí nunca me han dicho algo parecido.

Batgirl: ¡Venga ya! Con el carácter que tú tienes: ¿nunca te han dicho nada tus jefes?

Hipatia: ¿A mí? Nunca

Anne: Pero a ver, broncas sí que habrás tenido.

Hipatia: Ah eso sí, pero faltarme al respeto nunca. No se lo hubiese permitido.

María: Acuérdate de cierto jefe que tuviste allá por los 90

Hipatia: Ah sí, ese sí. Pero afortunadamente se fue muy rápido. Pero si me dijeran algo así es posible que en el momento me callara, pero después iría al despacho y le diría cuatro cosas. Afortunadamente mi sueldo no depende del jefe de turno.

Batgirl: La valentía del que tiene las espaldas cubiertas. Yo después de que me dijera que a mí no me pagaban por pensar luego se lo expliqué: y aún se lo sigo recordando.

María: Pero bueno es que la frase de “no te pagan por pensar” se puso de moda y todos los mediocres que no tienen discurso propio la repetían como loros.

Anne: Tú lo has dicho: los mediocres con poder. Lo peor que te puede pasar. Pero acumulamos experiencia en todos los ámbitos.

María: Volviendo a las anécdotas. Es que me ha pasado hace muy poco. Tengo en mi biblioteca el libro: ETA nació en un seminario. Y un usuario publicó en Twitter que estábamos exaltando el terrorismo. Mi concejal que ve eso y me dice que retiremos el libro. Total que tuve que llevarle el libro para que lo viera y le enseñé la relación de bibliotecas en las que ese libro forma parte de sus colecciones. Pero es que el otro día va el exaltado en cuestión a la biblioteca y me monta un pollo porque tenemos un Diccionario islámico: que lo retirase, que nos iban a invadir, que son el enemigo. Tremendo. Obviamente le dijo que no. Y cuando se marcha me dice todo ofendido: “le va a sentar a usted muy bien el burka”.

(Risas)

María: Después le tendría que haber dicho: “Ay sí! porque así no tendré que depilarme el bigote”.

Susana: Tú por si acaso escóndele Sumisión de Houellebecq no vaya a leérselo. O igual ya lo leyó y de ahí su paranoia.

Batgirl: Los tiempos cada vez dan un poco más de miedo. Afortunadamente los fanáticos ignoran las bibliotecas, pero si les diera por ellas, nos tendríamos que echar a temblar.

Hipatia: Políticos miedosos y usuarios fanáticos. Menuda combinación.

María: Mi concejal ahora está con la obsesión de fomentar las donaciones, sea lo que sea, y que les hagamos fotos a las portadas para que pueda subirlas a sus redes como un logro. Yo le sigo la corriente, acepto toda la basura que la gente lleva cuando vacía los trasteros, y aprovecho por las tardes, cuando están mis compañeros, para que disimuladamente se deshagan de toda la morralla que tenemos que recoger.

Anne: La censura de los usuarios, eso también da para mucho. Me recuerda a la película de Bette Davis, en la que hacía de bibliotecaria, y se enfrentaba a políticos y fanáticos por defender que el Manifiesto Comunista estuviera en la biblioteca.

Batgirl: Pero es que a la gente hay que explicarle las cosas, no tenerles miedo, y no dejar de hacer cosas por eso. Que no las acepta, pues lo siento, pero es su punto de vista.

Susana: Bueno venga, vamos a brindar y a hacernos las fotos. Las bajas, sentadas, y las altas, que se pongan de pie. Coged las copas, espalda recta y pecho erguido. Que se note que somos bibliotecarias.

 

Batgirl, Susana, Anne, María e Hipatia brindando por las bibliotecas.

Infobibliotecas quiere agradecer la sinceridad, el arrojo, el sentido del humor y la pasión por su profesión de (por riguroso orden alfabético): Anne, Batgirl, Hipatia, María y Susana sin cuya generosidad, es obvio, que esto no habría sido posible.