Exorcismos de biblioteca (#bibliotecavstrolls)

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La familia Bergen al completo en los años 40.

 

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Una Candice ya adulta, dejando al aire el subconsciente con la forma en que “sujeta” a su hermano de madera.

La actriz Candice Bergen se congratulaba en sus memorias de ser una adulta razonablemente sana, mentalmente hablando. Su padre, Edgar Bergen, fue el ventrílocuo más célebre de los Estados Unidos durante décadas; y junto a su inseparable muñeco Charlie McCarthy, fustigó sin compasión a todo, y a todos. Al hacerse mayor, Candice fue consciente de que no era su hermano de madera, el que la odiaba; sino que era su progenitor, el que se burlaba de ella y la humillaba sin motivo. Tal era el poder que el muñeco ejercía sobre la personalidad del padre, que lo utilizaba como portavoz de su lado más oscuro, para regocijo de las masas, y martirio de su pequeña.

En los últimos años la ventriloquia no es que cotice muy al alza en la industria del espectáculo (tal vez una pena en casos como Doña Rogelia, pero nada que lamentar en el caso del “Toma Moreno” de Rockefeller), pero en cambio ese desdoblamiento de personalidad (objeto inanimado mediante), está más presente que nunca gracias a internet.

 

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¿Por qué estamos perdiendo internet por la cultura del odio?

 

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La bruja (2016) un excelente acercamiento, con tintes antropológicos, al tema de las posesiones diabólicas.

La última semana de agosto, la revista Time llevaba a su portada la cuestión del momento: ¿Por qué estamos perdiendo internet por la cultura del odio? El Doctor Jekyll y Mr. Hyde de las sociedades ha tenido diversas manifestaciones a lo largo de los siglos. Desde la Fiesta de los locos medieval, a los carnavales, las ejecuciones públicas o los campos de fútbol; pero la intimidad y la sensación de impunidad que proporciona una conexión wifi, no tiene parangón. Será por eso que proliferan últimamente ficciones sobre posesiones diabólicas. El género fantástico y de terror siempre ha sido el mejor para tomarle el pulso a cada época a través de sus fantasmas. En el remake de 2013 de la película de culto Posesión infernal, deberían haber sustituido la cabaña en el bosque, por un dispositivo con conexión a internet. Como toma de contacto con el Maligno, habría quedado mucho más actual.

 

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Posesión infernal (1981) de Sam Raimi

 

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Bibliotecario del siglo XXI llegando a su biblioteca

¿Será que las nuevas tecnologías nos están haciendo vudú? No es necesario recurrir a la Summa Daemoniaca del Padre Fortea (exorcista titulado) para ejercitarse en el manejo de estrategias para vencer al diablo versión 2.0. Si hay profesionales en la actualidad capaces de exorcizar a los demonios que se agazapan detrás de las pantallas, esos son los bibliotecarios. O al menos, eso es lo que espera su público de ellos.

Según el último informe sobre las expectativas que los norteamericanos tienen sobre las bibliotecas públicas, presentado por Lee Rainie, director del Pew Research Center (el oráculo en esto de investigar las últimas tendencias, problemáticas y actitudes que caracterizan a nuestro tiempo): un rotundo 78%, seguido de un 18%: consideran que uno de los papeles primordiales de las bibliotecas, es enseñar a los usuarios a proteger tanto su privacidad como su seguridad online.

 

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¿Deberían las bibliotecas ofrecer programas para aprender patrones sobre protección de la privacidad y seguridad online? 76% definitivamente deberían hacerlo – 18% quizás deberían de hacerlo – 4% definitivamente no deberían de hacerlo

 

También son mayoría los usuarios que creen que las bibliotecas deben impartir cursos sobre nuevas tecnologías; y al mismo tiempo, un alto porcentaje insiste en que deben preservar su identidad como lugares físicos seguros y tranquilos. A veces da la sensación de que a las bibliotecas se les exige que sean como el gato de Schrödinger: y estén y no estén al mismo tiempo en el siglo XXI. A la vanguardia, y en la tradición; en el ruido y en el silencio. Y así lo más probable, es que terminen siendo más como el gato de Cheshire de Lewis Carroll.

 

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“Estamos todos locos aquí”, un buen eslogan para las bibliotecas del XXI. El gato de Cheshire de la versión de Tim Burton de Alicia en el país de las maravillas

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El libro troll del youtuber más célebre, El Rubius, fue desaconsejado por las autoridades colombianas, por ser pernicioso para los menores. Mientras Google, recurre a los youtubers para impartir pautas de seguridad entre los jóvenes latinoamericanos.

 

Volviendo al aprendizaje para proteger la privacidad y defenderse de los trolls; nuestra compañera Carmen Rodríguez ya dedicó un interesante post en este mismo blog al Uso seguro de internet. En esa ocasión, más orientado a las buenas prácticas que, según la IFLA, servían para proteger a los menores Pero siempre se puede dar un paso más, en esto de combatir esta plaga troll desde las bibliotecas.

Se podría tomar nota de Google, que ha recurrido a los amados/aborrecidos youtubers para que aconsejen a la hora de proteger la seguridad en internet. El pasado julio, lanzó una campaña en Latinoamérica para que los influyentes youtubers aparquen las chorradas por un momento, y adoctrinen dando consejos para lograr un internet más seguro. Algo a tener en cuenta desde las bibliotecas, aunque también se podría añadir un algoritmo de amor en las redes wifi de las bibliotecas.

 

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Así vendía la idea Coca Cola durante la Super Bowl 2015: “En Twitter. Encuentra cualquier tuits que debería ser más feliz y replícale con #MakeItHappy. Nosotros responderemos convirtiéndolo en una pieza de arte”

 

Es lo que hizo la multinacional Coca Cola durante la Super Bowl del 2015, creando un algoritmo que se activaba al utilizar el hashtag #MakeItHappy (Hazlo feliz). Dicho algoritmo transformaba cualquier mensaje desagradable en las redes en dibujitos de color rosa. La idea era buena (si obviamos la edulcorada censura que podría incentivar), pero no tanto el resultado. Los trolls se saltaron el algoritmo, y fueron publicando un capítulo entero de Mein Kampf (Mi lucha) el ideario de Hitler, que hizo que la empresa terminara por clausurar la campaña.

Nuestra propuesta pasaría por un hashtag más propio, como #HazloLiteratura (o mejor aún #Bibliotecavstrolls), que transformara la bilis digital en citas literarias, que renovaran la esperanza en que internet no tiene porque ser otro gran invento desaprovechado por la estupidez humana. Como sostenía un tuit bibliotecario que seguía el Congreso Internacional de la IFLA celebrado este agosto: “las bibliotecas son la respuesta a los trolls de internet“:

 

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El bloguero iraní Hossein Derakhshan que estuvo seis años encarcelado por escribir en diversos blogs (uno de ellos bajo el título de Ketabkhan que significa el lector de libros) ; una vez liberado, y viendo la deriva que está tomando internet, declaraba en una reciente entrevista: “preferimos ver a leer, y es muchísimo más fácil manipular a la que gente que no lee“. Derakhshan defensor a ultranza de los blogs, del valor de la palabra escrita en digital frente a la dictadura de la imagen; mantiene que hemos pasado del Internet-Libros al Internet-Televisión:

“Vemos como los ‘emojis’, emoticonos, son la nueva forma de comunicarse. La gente se inclina más por ver que por leer y ¿no es esto una regresión a los tiempos anteriores a la invención del alfabeto, una regresión a cuando vivíamos en cuevas? ¿Cuáles serán las consecuencias de esto? Lo terminaremos viendo en las democracias, sobre todo en occidente. Es muchísimo más fácil manipular a la gente que no puede, que no sabe o no quiere leer. Donald Trump es un producto de la tele”

 

Una cuerda floja sobre la que tienen que hacer equilibrios de nuevo los bibliotecarios: entre asegurar el anonimato de los internautas (con la adscripción a la red Tor, por ejemplo); y ejercer como exorcistas de esas posesiones demoníacas digitales, que llenan la red de espumarajos y vómitos de odio.

 

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¿Está el líder de Massive Attack detrás de la identidad secreta de Banksy?

 

possession-663883271-largeY como la actualidad siempre viene al socorro de cuestiones tan cadentes como estas, nada mejor que cerrar con el fascinante Voodoo in my blood (Vudú en mi sangre) del grupo Massive Attack. Por una parte, porque la impactante noticia de que es posible que su líder Robert del Naja, sea la identidad secreta del célebre activista/artista Banksy: es el contrapunto perfecto hablando de anonimato y posicionamiento político ante la sociedad actual.

Por otro lado, porque en este homenaje que el grupo de Bristol hace a la brutal escena del túnel del desquiciado clásico de los 80, Possession de Andrzej Zulawski; no es ningún demonio el que posee a la actriz Rosamund Pike. Más bien parece el espíritu digital de una época que nos hace danzar a su ritmo sin darnos respiro, no vaya a ser que procesemos algo de la información que engullimos cada día, y lleguemos a formular una idea propia.

 

1 comentario en “Exorcismos de biblioteca (#bibliotecavstrolls)

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