Desmontando el 2016

 

Si Facebook intentara hacer uno de esos resúmenes de lo que ha sido 2016 en este blog (lo sentimos Mark Zuckerberg) pero no daría ni una. Probablemente lo único sobre lo que conseguiría dar una lejana pista es que la cosa va sobre cultura, así en general. Y es que a veces una (o cien) imágenes no alcanzan más que mil palabras, algo que una red que se llama Caralibro debería saber.

Probablemente el mejor resumen del blog en 2016 se condensa en la frase que lanzamos cual eslogan: Quien habla de bibliotecas termina hablando de todo. Y en ese todo debería acabarse la cosa. Pero como sabemos que lo propio es aprovechar el año nuevo para permitirse mirar 2 segundos atrás: no nos vamos a salir del redil. Bueno sólo un poco, lo justo para impartir un poco de justicia bloguera.

 

 

Y es que echar un vistazo al año que se fue (lo de reflexionar ya sería una excentricidad) te lleva forzosamente a celebrar los éxitos con rankings de los más visitados, de los posts más celebrados: en definitiva, de los best sellers del blog en el 2016, por entendernos rápido. Pero se supone que si algo pueden aportar las bibliotecas a esta época digital pasada de revoluciones: es el hecho de proteger lo minoritario, de mimar lo que la masa muchas veces ignora, de atender lo alternativo porque de ello puede surgir los mejores antídotos contra el pensamiento único.

“En estos tiempos, si queremos ser mayoritarios, debemos empezar por atender a las minorías”

destacábamos en el post (ganador) de Bibliotecas indies, bibliotecas mainstream, así que prediquemos con el ejemplo.

 

 

Los laureles (de momento) como post más visitado corresponden a La arruga es subversiva: bibliotecas para la tercera edad. No vamos a buscar razones del porqué unos posts lo petan y otros no; pero en este caso nos aventuramos a lanzar una: el impepinable hecho de que (más tarde más temprano y dando gracias) todos vamos a ser viejos. Y nosotros apostábamos por una vejez nada conformista con el estereotipo vigente.

 

 

Insolente, descarado, y nada discreto como correspondía al reto que planteábamos en el post: Biblioteca bizarra (#bibliobizarro) en poco más de una semana y pico ha trepado hasta el segundo puesto de lo más visitado. ¿Cómo puede ser que un post que reivindica lo kitsch, lo hortera, lo camp triunfe entre un gremio que guarda las esencias de la cultura en este mundo banalizado? Probablemente porque precisamente si algo aporta la cultura es la capacidad para apreciarlo todo y así disfrutar gracias al cúmulo de referencias y analogías que atesoras.

El ser disfrutones no implica en ningún caso perder de vista lo práctico. Por eso Tres herramientas para medir el impacto de la biblioteca se sitúa como el tercer post que completa el pódium de 2016. La vocación de confesionario/diván psicológico de este blog aupó a Trastorno bipolar bibliotecario en fase crítica a la categoría de blockbuster (así alternamos un poco los extranjerismos en la terminología del éxito: de la literatura al cine. Que en las bibliotecas del siglo XXI ya no se fomenta la lectura, se fomenta la cultura, así en general).

 

 

El abuso de la sinceridad para camuflar la simple mala educación es un signo de los tiempos que corren. Nada que ver con lo que hablábamos en Una verdad (bibliotecaria) incómoda, pero no podíamos más que plantear una cuestión que nos angustiaba: ¿y si las bibliotecas sí tienen futuro en esta nueva era, y son los bibliotecarios los que no lo tienen? Otro interrogante centraba también el asunto del siguiente post más visitado: ¿tiene sentido escribir un blog en una biblioteca a estas alturas? Para responderla nos tuvimos que poner experimentales y dejar un final abierto que aún sigue sin cerrarse en un…(post en obras).

El resto de best sellers/blockbusters o como quieran llamarse, se ocuparon de asuntos igualmente candentes: libertad de expresión en bibliotecas y de los bibliotecarios como los acróbatas del tejuelo, del deseo de un app para ligar “culturalmente” en la biblioteca, o de la relación entre amas de casa y bibliotecas como muestra de un feminismo que definíamos como de gran almacén.

 

 

Pero marginemos a todos estos acaparadores de éxitos estadísticos, y centrémonos en los sleepers (por seguir incordiando con anglicismos) que es como definen en el mundo del cine a aquellas películas a las que no se les dispensa una gran acogida en el momento de su estreno, pero que poco a poco, van creciendo y ganando adeptos. Los posts indies si se quiere, o simplemente los que poseen personalidad propia y no dependen de las masas, ni buscaban el aplauso fácil.

No se puede decir que Posverdades bibliotecarias fuera poco celebrado, no sería cierto. Fue algo oportunista (¿quién no lo es en el mundo digital?) a la hora de trasladar la palabra de moda al mundo bibliotecario, pero lo hizo con una buena intención: montar una crónica de lo más sui géneris sobre el VIII Congreso de Bibliotecas Públicas. Como sosteníamos en el post:

“A las bibliotecas les corresponde buscar la genealogía de nuestro presente […] la verdad os hará libres, la posverdad os hará esclavos”

 

 

Tal vez los post que quedaron más relegados fueron dos: Supermercados de la cultura: oferta del día en ideas propias, y Golpe de estado cultural en marcha. No son los que menos visitas acumulan, pero para los asuntos que trataban (las estrategias que las bibliotecas han copiado a las grandes superficies, y el germen de una revolución cultural en ciernes) partían con vocación de ser algo más mediáticos.

Léeme, soy community manager (DJ bibliotecarios en el filo) está injustamente dentro de este pelotón, porque fue de lo más visitados, pero los que vinieron detrás le fueron sobrepasando, y le hicieron pasarse a lo alternativo. En cambio otros que nacieron con vocación orgullosamente indie fue el que se centró en indagar en lo genuinamente typical spanish en el mundo de las bibliotecas (Biblioteca yé-yé) o el dedicado a personas transgénero que ejercen su activismo y su profesión desde bibliotecas; o Testosterona y bibliotecas, toda una reflexión sobre si el hecho de ser hombre dificulta el amor por la lectura en nuestros días; o el que bajo el título de Egobiblio, narcisismo y bibliotecas en la era selfie, abordábamos el fenómeno booktubers y la brecha generacional entre otros asuntos.

 

 

En definitiva, como decíamos en Rashomon bibliotecario: busque, compare y si encuentra algo mejor léalo. Que el resultado sea mainstream o minoritario no podemos saberlo. Lo seguro es que no vamos a formular ningún falso propósito de enmienda para 2017. Como le dice el escorpión a la rana que le estaba ayudando a cruzar el río mientras se ahogan: “no he tenido elección, es mi naturaleza“.

 

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