Cabaré bibliotecario

Willkommen! And bienvenue! Welcome! Si como cantaba Liza Minelli “Life is a cabaret” también podemos convenir que “Life is a library”. Y siguiendo el razonamiento, llegamos a la conclusión de que cabaré es igual a biblioteca.

Nos tenemos que hacer mirar este empeño de comparar a las bibliotecas con lo que se nos cruza por el camino. Pero es lo que tiene un mundo en permanente cambio (el bibliotecario) en el que el concepto está obligado a mutar para, tal vez, convertirse en otra cosa. Siguiendo fieles el eslogan que acuñamos aquí hace tiempo (“Quien habla de bibliotecas termina hablando de todo“) hay que escarbar poco para encontrar conexiones incluso en mundos, aparentemente, tan distantes como el cabaret y las bibliotecas.

En Monster show: una historia de la cultura del horror (Intempestivas): David J. Skal nos retrotrae a los orígenes del terror moderno con la invención de los espectáculos del Gran Guinol en el París previo a la Primera Guerra Mundial. Es allí donde se desarrolla la carrera de unos de esos bibliotecarios de trayectoria ejemplar que bien podría sumarse a los que ya recogíamos en Recortable bibliotecario: André de Lorde (1869-1942). Como escribe Skal en su ensayo:

“de día pacífico bibliotecario de la Bibliothèque de L’Arsenal gozó de una reputación nocturna como el “El Príncipe del Terror” de París gracias a más de cien obras sensacionales y horripilantes escritas entre 1901 y 1906  […] De Lorde era deliberadamente un técnico del terror, que gozó de muchas extravagantes comparaciones con Poe en la prensa y que en muchos aspectos prefiguró los métodos de Alfred Hitchcock”

 

Antepasados bibliotecarios ilustres: André de Lorde (1871-1942): Príncipe del Terror de París.

 

El teatro Grand Guignol de París, con sus espectáculos enfermizamente morbosos, directos a promover las más bajas pasiones del público: apelaban directamente al subconsciente de un momento histórico concreto. Coincidía con el esplendor del cabaré, el music-hall y las varietés. Espectáculos clave de la cultura popular más denostada por los representantes del buen gusto burgués. Con antecedentes bibliotecarios tan duchos en tomar el pulso a los gustos del público como André de Lorde: ¿cómo es que no ha tomado nota la ortodoxia bibliotecaria para venderse a su público? Puede que a principios del XX el binomio biblioteca-gustos populares fuera totalmente incompatible: pero en el siglo XXI: se hace imprescindible.

¿Recurrimos a la simulación de decapitaciones, torturas y numeritos gore? No parece lo más adecuado; aunque tendría su impacto, no cabe duda. Pero eso no quita para que disfrutemos de algunos de los carteles que la biblioteca digital francesa Gallica atesora sobre el Théatre du Grand Guignol:

 

 

¿Qué fue de Baby Jane? (1962) de Robert Aldrich o el Grand Guinol asentándose con fuerza en el Hollywood de los 60.

En ‘El ángel azul’ (1930) la cabaretera Lola Lola, una Dietrich prehollywoodense todo vulgaridad y desparpajo berlinés, arrastraba a la perdición al profesor Enmanuel Rath. Eso era a principios del  XX, un siglo después, las bibliotecas públicas, a diferencia del remilgado profesor, deben dejarse llevar gustosamente a la perdición para desasociarse de todo vestigio de ranciedad academicista. De hecho, la solución que algunas bibliotecas han buscado para sobrevivir ha sido la de convertirse en cabarés.

En plena crisis, allá por 2013, cuando el cierre de bibliotecas públicas en el país que las vio nacer, Reino Unido, era una auténtica sangría: en la ciudad de Sheffield andaban estudiando convertir las bibliotecas en bares. Tal cual. Como reza un dicho inglés: Wine makes a good book better (El vino hace mejor a un buen libro) y así lo estaban estudiando seriamente, en 2016, en la Biblioteca Walkley de dicha ciudad. A tenor de las últimas noticias que aparecen en su web, y del paseo virtual que permite, no parece que el acuerdo llegase a buen puerto: pero las autoridades lo veían como una manera adecuada para mantener unas bibliotecas que, además de estar siendo atendidas por voluntariado, ahora cederían sus espacios a empresas de hostelería.

 

Joshemari Larrañaga, un arquitecto jubilado, recrea en sus acuarelas algunos de los lugares de Barcelona. En uno de sus blogs dedicado a bares de la ciudad se recogía la Bodega Lo Pinyol. Esta bodega está regentada por la bibliotecaria Pau Raga y su marido. Pau fue la protagonista de una entrevista por parte de Carme Fenoll en su sección en la revista Infobibliotecas en el número 23 dedicado a gastronomía y bibliotecas. Conexiones bares-bibliotecas por todas partes.

 

Después de todo, si nos remontamos a los tiempos de la Revolución industrial en Inglaterra, los lugares donde los proletarios podían aliviar sus miserables vidas eran los bares y las bibliotecas parroquiales (el cabaré o el prostíbulo dependía de que pudieran permitírselo con sus exiguos salarios). De ahí viene el origen de las bibliotecas públicas, lo que hace que la evolución hasta este híbrido biblioteca-vinoteca, no deje de tener su lógica.

El vino también se cataloga por añadas, se conserva en las condiciones ópticas de temperatura y luz, y se ordena en las estanterías. Tal cual como los documentos de una biblioteca, y en su justa medida: vivifica el espíritu igual que un buen libro. Hasta ahí no suena mal. La historia se avinagra cuando no es más que una mera excusa para desentenderse de un servicio público que debería ser básico en toda sociedad avanzada. Es entonces cuando toda la historia parece producto de una mala cogorza.

 

 

Tal vez inspirados por este binomio bares-bibliotecas: los responsables del Centro de bibliotecas de Upper Norwood, en el sureste de Londres, se han decidido a dar un paso más y han solicitado permiso para reconvertir sus bibliotecas en cabarés.

Así dicho queda lo suficientemente sensacionalista para ser titular de ‘El HuffPost’, pero una vez lanzado el anzuelo, hay que entrar en detalles. La petición ha sido hasta cierto punto un subterfugio para poder ampliar el horario de las bibliotecas. Los horarios para locales, donde se sirve alcohol y realizan espectáculos nocturnos, tienen permiso para cerrar a las 23 h., e incluso, hasta la una de la madrugada los viernes y sábados.

 

 

Los argumentos esgrimidos por los responsables del servicio para convencer a las autoridades de que concedieran el estatus de cabaré a las bibliotecas (al menos en cuanto a horarios) es el festival de arte Attic Arts Club que organizaron para el pasado mes de junio. Cabarés, teatro, música en directo, espectáculos para toda la familia que tenían como espacios para desarrollarse a las bibliotecas de este área londinense.

En el local The Back Room de Chicago organizaban allá por 2013 burlesque bibliotecario con descuentos en el precio para bibliotecarios bajo el lema: Libros, alcohol y burlesque. Una combinación infalible.

Las bibliotecas están gestionadas por la empresa social Library Hub orientada a la promoción de actividades culturales. Por eso, para acceder al festival era necesario comprar tiques. Según aparece en su web Library Hub “ofrece una amplia gama de eventos, cursos, actividades y un programa de extensión que se ejecuta junto con un servicio de préstamo de biblioteca proporcionado por el consejo  de Lamberth”.

Resulta interesante observar como el préstamo bibliotecario (servicio estrella de cualquier biblioteca hasta hace nada) se menciona como un complemento a la oferta de actividades culturales que centran el protagonismo: no como un pilar fundamental del servicio bibliotecario.

Una noticia de ‘El País’ recogía la reconversión que algunos cines están llevando a cabo para ofrecer valores añadidos a la simple proyección de una película: asientos supercómodos, y una oferta gastronómica de lo más variada para poder cenar con los amigos mientras se ve una película (si las palomitas ya eran molestas no podemos imaginar qué nuevas torturas esperan a los cinéfilos más puristas). Los negocios de siempre reinventándose para poder seguir atrayendo al público.

 

Montaje collage con algunas de las figuras más relevantes del mítico Cabaret Voltaire de Zurich.

 

Referentes que legitiman este crossover bibliotecario entre biblioteca-cabaré no faltan. Fue en los cabarés donde iniciaron sus carreras cantautores como Georges Brassens, Serge Gainsbourg, Juliette Gréco o Edith Piaf. Estamos en buen momento para retomar los postulados de Hugo Ball y Emmy Hennings, cuando a principios del XX, inauguraron su Cabaret Voltaire como un espacio para el debate político y artístico que experimentara con las nuevas tendencias. Convertir a las bibliotecas en cabarés suena chocante pero no estaría de más ir añadiendo el marabú, los ligueros o los sombreros de copa al código de etiqueta de los bibliotecarios que, durante este verano, se ha popularizado bajo el hashtag #librarianfashion en Twitter a cuenta del próximo congreso de la IFLA.

 

Mientras tanto cerramos con una recomendación de esas que merece la pena guardar en Favoritos. No es exactamente un cabaré, más bien semeja una librería, el lugar dónde se graban todos los conciertos íntimos promovidos por el músico y promotor musical estadounidense Bob Boilen. Tiny Desk Concert se llaman estas exquisitas grabaciones de conciertos en vivo que, bajo el auspicio de la organización para la redifusión nacional NPR, están disponibles en Youtube.

Horas y horas de buena música en la que se pueden descubrir artistas que ofrecen fantásticas actuaciones entre estanterías llenas de libros que bien podrían ser las de una biblioteca. Escogemos un concierto al azar y dejamos al criterio de cada uno seguir indagando en este auténtico filón de música diferente en muchos casos. Como avisaba el título español de la película de Bob Fosse, que de esto sabía mucho, ‘All that jazz’ (1979): Empieza el espectáculo.

 

Nunca ‘Game over’ en la BRMU: crónica de la locura por los videojuegos en una biblioteca

 

Este post rompe lo que ha sido la tónica habitual en este blog desde que, hace dos años y medio, me hiciera cargo de él. Para empezar se apea del plural (mayestático o de modestia: que cada uno lo juzgue) usado hasta ahora para recurrir a la primera persona. Algo que me resulta algo incómodo, no por falsa modestia (algo que no soporto), sino por la costumbre a usarlo durante los años que llevo gestionando las redes sociales de la Biblioteca Regional de Murcia (BRMU). Me ha permitido siempre una cierta distancia saludable escudándome, primero, tras la institución, y ahora en este blog, tras la empresa Infobibliotecas. Pero aquí no procede.

 

 

Interesante estudio colectivo sobre historia y videojuegos. El videojuego como objeto de estudio académico a semejanza de, como en los 60, figuras como Umberto Eco se acercaron al cómic para analizarlo.

Contar lo que hemos montado en la BRMU del 9 al 12 de mayo en torno a los videojuegos requiere primera persona para transmitir mejor lo que ha supuesto empecinarse en que los videojuegos entrasen definitivamente en la BRMU.

Partimos Parto de que en ningún momento se cuestionó lo idóneo o no de que los videojuegos estuvieran en la biblioteca: simplemente tenían que estar. Dejamos aparte los debates sobre lo violento de los videojuegos, sobre si son arte o no, sobre si son cultura o no. Opiniones hay para todos los gustos. Pero después de 15 años al frente de la Comicteca de la BRMU sé lo que es empeñarse en que una manifestación cultural denostada por muchos (bibliotecarios incluidos), y durante mucho tiempo, empiece a evolucionar y a ser admitida/consentida por “el canon cultural respetable”.

Como sabiamente decía Antonio Resines en una película de los 90: “la televisión atonta a los que ya son tontos, y vuelve más inteligentes a los que ya son inteligentes“. Una máxima aplicable a la televisión tanto como a las redes sociales, los cómics (en los 50 los quemaban en EE.UU. por inducir al delito), el cine (una vulgar atracción de feria para los intelectuales decimonónicos), o en este caso, los videojuegos.

 

Quemas públicas de cómics en la década de los 50 en EE.UU. a raíz de las teorías del psiquiatra Fredric Wertham que sostenía la tesis de que los cómics impulsaban a la juventud a la delincuencia.

 

Salva Espín dibujante de la Marvel.

Si la Comicteca de la BRMU siempre la he vendido como una “línea de agitación cultural” que abriese a la biblioteca a todos los colectivos posibles: los videojuegos eran el siguiente ámbito a explorar. Y gracias a la coordinación con el dibujante murciano, Salva Espín, que trabaja para la Marvel (actualmente es uno de los dibujantes del superhéroe tan de moda: Deadpool): se empezó a gestar lo que iba a ser el empujón definitivo a los videojuegos en la BRMU.

Cuando la industria del videojuego factura más que la industria audiovisual, instituciones como el MoMA lo ha incluido en sus colecciones, el Museo del Prado organizó recientemente un taller  para la creación de un videojuego; y además tiene unas perspectivas de empleo muy prometedoras: la duda no era si debían, o no, estar: sino de qué manera iban a estarlo. Y de ahí surgió uno de los eventos más ambiciosos en el que se ha implicado la BRMU: el GameMaker 48h. + Expo Arcade rograma completo aquí].

 

 

El evento arrancó el día 9 de mayo con la inauguración de Expo Arcade (“Videojuegos históricos Arcace 80-90”): 10 máquinas recreativas con videojuegos clásicos de los 80 y 90 para jugar gratuitamente ubicadas en la sala de exposiciones del centro. Una sala de exposiciones convenientemente maqueada para recordar a uno de esos salones recreativos de los 80. Pósteres, imágenes y afiches que, a cualquiera que supere los 40, le remitían directamente a uno de esos recreativos o a un videoclub ochentero por la estética. En las vitrinas cintas de VHS, gadgets retrofuturistas, hardware de las máquinas, revistas, libros y cómics relacionados.

Ya de por sí disponer gratuitamente de un salón recreativo con diez máquinas de los años 80 en perfecto funcionamiento era un reclamo. Si la nostalgia vende, no íbamos a dejar de aprovecharnos. Pero la cosa se fue ampliando. La industria del videojuego en Murcia se está desarrollando y conseguir que la BRMU se convirtiera en su punto de referencia para relacionarse, promoverse y publicitarse ha sido un trabajo que está dando sus frutos.

 

Madres absortas en un mano a mano con los videojuegos de un infancia.

 

Cartel de uno de los torneos. Empresas murcianas aprovecharon para testar sus videojuegos en el GameMaker48h. instalando Playstation de manera totalmente gratuita.

Al evento se fueron sumando empresas, instituciones docentes, o comercios relacionados con el mundillo que, de repente, descubrieron que la biblioteca era un espacio idóneo para mostrar sus productos o promocionar sus programas educativos.

La BRMU busca su colaboración para venderse como centro cultural; y esos sectores, creadores o empresas, la descubren como la mejor valla publicitaria de sus productos, servicios y productos.

¿Algún problema porque el sector privado entre dentro de una institución pública? Ninguno. La única limitación es que aporten algo a cambio de usarla de escaparate (no como punto de venta) y que sus intereses y los de la biblioteca converjan. Y cuando se ha hecho coincidir, en el pasado, los intereses de centros de belleza y estética con el fomento de la cultura: ya casi cualquier sector puede convertirse en objetivo.

 

Pero dejo para otro momento batallitas del pasado y me centro en lo que estaba. En los eventos sobre videojuegos lo habitual es que el público sea mayoritariamente joven e infantil. Pero en la biblioteca estas empresas e instituciones llegaban a públicos de todas las edades. Los adultos atraídos por la nostalgia Arcade de los videojuegos de su juventud; los jóvenes y niños atraídos por los equipos instalados en la sala circular adyacente a la Expo Arcade.

Desde equipos para hacer torneos con eSports dispuestos por el Game Center de la UCAM (Universidad Católica de Murcia) que lleva apostando fuertemente por incluir el diseño y programación de videojuegos en su oferta educativa; hasta consolas Playstation para demostraciones de videojuegos desarrollados por empresas locales que así podían testarlo con público real; pasando por una empresa de sillones ergonómicos para gamers que proveyó el espacio con sus asientos representando así el presente y futuro del panorama de los videojuegos en un mismo espacio.

 

Detalle del espacio en el que se concentraban los videojuegos más actuales.

 

Pero lo realmente interesante más allá del lado lúdico del evento (que ya de por sí sería más que suficiente): fue la organización paralela de un Game Maker 48 h. O lo que es lo mismo: desarrollar en vivo y en directo, en el salón de actos anexo a la sala de exposiciones, un videojuego de inspiración bibliotecaria: “Palas, guardia del saber”.

 

Palas, guardia del saber en pleno proceso de creación por Juan Castaño.

 

El videojuego no podía ser muy complejo para poder desarrollarlo, en directo, en solo dos días. Pero era suficiente para mostrar a todo el que estuviera interesado el proceso de diseño, programación, animación, sonorización y acabado de un videojuego. Mientras en una pantalla al fondo del escenario se asistía a su desarrollo, cada hora, se impartía una conferencia sobre diversas temáticas: desde introducción a la programación, pasando por charlas sobre cómo ganarse la vida con los videojuegos, composición musical para videojuegos, introducción a la animación digital o una conferencia a cargo de ‘Hobby Consolas’ (la revista referente del sector) sobre la evolución de los videojuegos.

Este programa atrajo tanto a estudiantes de institutos como a jóvenes universitarios que querían conocer de primera mano las opciones que ofrece este mundo como salida laboral; además de profesionales del sector como a público en general. El GameMaker48 h. era el complemento cultural y formativo ideal a la diversión contigua que ofrecía el salón de videojuegos.

 

En pleno desarrollo, en vivo y directo, del malvado Lepisma enemigo de Palas, guardia del saber: ambos diseños de Juan Castaño.

 

La encantadora lechuza creada por el genio de los efectos especiales, Ray Harryhausen, para la primera versión de Furia de titanes (1981).

El videojuego resultante se podrá descargar en breve desde la cuenta de Google Play de la BRMU de forma gratuita. En su diseño y temática teníamos claro que el mundo bibliotecario tenía que estar presente.

El artista Juan Castaño fue el encargado de diseñar, con su estilo tan personal, al personaje protagonista del juego: Palas, guardia del saber, y a su enemigo: el Lepisma.

Palas, la lechuza robot se eligió por representar la sabiduría clásica que siempre se ha identificado con las bibliotecas por inspirarse en la lechuza que acompañaba a la diosa griega de la sabiduría: Palas Atenea. Y su condición de robot remite a la sabiduría más del presente y el futuro: la Inteligencia Artificial.

El mecanismo del juego es sencillo: Palas debe ir sorteando los obstáculos que le presenta el malvado de la función: un lepisma monstruoso. Desplazándose entre mesas, estanterías y documentos de la biblioteca: Palas caza monedas con los logotipos de varios de los servicios que ofrece la BRMU, para así, ganar los puntos suficientes (la sabiduría) que le llevará a ganar el juego.

 

Algunos de los logos de servicios de la BRMU que se convierten en las monedas que Palas debe atrapar en el videojuego para “alcanzar la sabiduría”.

 

Tras la intensa semana en que se desarrolló el GameMaker48h+Expo Arcade en la BRMU no sé si alcanzaremos la sabiduría como Palas pero sí que hemos podido comprobar que merecía la pena el esfuerzo. Cerca de 4.000 visitantes acudieron durante los cuatro días centrales del evento a la biblioteca. Estudiantes, profesionales, familias enteras, empresas, colegios, profesores, y lo más destacable, público que raramente ven a la biblioteca como una opción de ocio y formación más allá de sus obligaciones académicas.

Esto último es una de las consecuencias más gratificantes de montar eventos que intentan salirse de lo habitual: constatar que público no habitual acude a la biblioteca una vez han pasado. Que la redescubre (o descubre en algunos casos) tras acudir a una actividad que entra dentro de sus intereses.

 

 

Algún ejemplo cercano ha sido la mesa redonda: “Cómics más allá del género” que, días después, convirtió en usuarias habituales de la biblioteca a mujeres transexuales que se interesaban por las obras que la artista transexual Roberta Marrero citó en dicha charla.

También ha pasado con el concierto de rap que los artistas Piezas&Jayder dieron dentro del evento: “Comicteca en rap”: que evidenció las estrechas conexiones entre literatura y hip hop.

Y confío en que siga pasando con los aficionados/profesionales de los videojuegos, que de hecho, ya han manifestado su interés en futuras colaboraciones. Una primera anécdota que lo reafirma ha sido la llamada de dos personas interesadas en que les diéramos los contactos de las empresas que han participado en el evento para presentar su currículum.

 

Unas semanas antes del GameMaker48h. la asociación internacional Girls make games (cuyo objetivo es promover el interés de las niñas por dedicarse al sector de los videojuegos donde la presencia femenina es muy minoritaria): impartió un taller para niñas.

 

Hasta aquí el relato de un caso de éxito. Al hilo de contarlo en este post me ha venido a la  memoria el interesante artículo que Evelio Martínez publicó en su blog Sobre bibliotecas y los casos de éxito, hace unos meses, y el certero comentario que Rafael Ibáñez Fernández hacía sobre la imposibilidad de extrapolar determinados casos de éxito a ámbitos diferentes. Y como no quiero incurrir en eso que criticaba yo mismo hace poco en Biblioteca con subtítulos sobre leer blogs de temática bibliotecaria y que se parezca a leerse el ‘¡Hola!’ (bibliotecas ideales en una realidad muy alejada de la mayoría de bibliotecas): reconozco que no todas las bibliotecas pueden abordar un evento como el GameMaker48 h.+Expo Arcade.

Bien sea por cuestiones presupuestarias, de personal (aunque en nuestro caso, implicados a tiempo completo, solo hemos sido dos bibliotecarios), de espacios, equipamientos y recursos. Pero también es cierto que las bibliotecas, en general, “caen bien” (los bibliotecarios ya depende de cada uno). Por eso buscar alianzas en nuestro entorno más cercano casi siempre es factible.

 

 

Siempre hay talentos locales a los que intentar atraer. El valor más importante es el de ser escaparate, el de atender a un público heterogéneo y diverso, el de esa cierta “respetabilidad” (de la que tantas otras veces he abjurado en este blog) que persiste en el inconsciente colectivo. Valores que siempre es posible explotar de algún modo para dinamizar nuestros centros.

En definitiva la pregunta tópica que tanto repiten los entrevistadores: ¿qué es el éxito? Y la respuesta, que por repetida, no dejar ser cierta: dedicarse a algo que te motive en la medida de tus posibilidades.

 

 

Biblioteca millennial

 

Como con cada nueva generación: una retahíla de calificativos se van sumando para ayudar a que, suplementos de fin de semana y programas de televisión, aporten un retrato fidedigno de cómo son los jóvenes que dirigirán el mundo el día de mañana. Viene muy bien para publicistas y empresas que quieren explotar el target de los muy consumistas (eso rezan los titulares) millennials. Además explotar el aguzado instinto de pertenencia que suelen tener los jóvenes, es fácil, repitiendo machaconamente los supuestos rasgos que los caracterizan (a ver si así se lo creen y se ajustan a ellos).

Pero no vayamos de santurrones. Este blog se dirige a un gremio (el bibliotecario) al que le interesa tanto como a las empresas captar al público joven.

 

“Es mejor sentirse joven” reza el eslogan de esta campaña publicitaria de un suplemento vitamínico. Y si lo dice la publicidad: amén.

 

Si hay algo que suelen destacar en ese retrato robot que de los nacidos a partir de los 80 se suele hacer: es su falta de prejuicios respecto a generaciones previas a la hora de consumir cultura. Ya lo decíamos en El ángel exterminador bibliotecario IV: que ese ángel exterminase la falta de curiosidad de que pueden adolecer muchos jóvenes aquejados de alzheimer cultural para regocijo de multinacionales que les venden, una y otra vez, el mismo producto; y que de los maduros, borrasen los prejuicios a la hora de consumir cultura que, en cambio, no afectan tanto a las nuevas generaciones.

De hecho, hace unos meses, un estudio del prestigioso Centro de investigaciones estadounidense Pew Research (un oráculo moderno de lo que mueve al mundo de hoy día) calificaba a los denominados millennials como la generación que más uso hacen de las bibliotecas respecto de generaciones previas. Al menos en lo que a los Estados Unidos se refiere.

 

Es más que probable que, si finalmente, el proyecto de crear por ley bibliotecas escolares en Reino Unido sale adelante no todas serán como The Bedales Memorial Library: pero tampoco hace falta. Basta con que se haga realidad.

 

Ese amor puede perdurar, en el mundo anglosajón, si continúa adelante la campaña promovida por CILIP (Chartered Institute of Library Information Professionals) en Reino Unido. Esta asociación está uniendo a todas las asociaciones bibliotecarias del país para solicitar al gobierno inglés que las bibliotecas escolares sean obligatorias por ley y sean inspeccionadas por la agencia gubernamental para la educación (Ofsted): lo que aseguraría que cumplirían unos estándares entre los que se cuentan: ser gestionadas por bibliotecarios profesionales, y con suficientes fondos, recursos y equipos actualizados

Alison Tarrant, directora de la Asociación de Bibliotecas Escolares, ha declarado al respecto la frustración que supone que las bibliotecas tengan carácter estatutario en las cárceles y no en las escuelas. Confiemos que los británicos alcancen sus objetivos, sería un ejemplo a seguir por todos, y compensaría tantos cierres de bibliotecas públicas como se han dado en los últimos años en Reino Unido como consecuencia de la crisis económica.

 

 

¿Sucederá algún día algo así en nuestro país? ¿se podrían extrapolar el amor juvenil estadounidense por las bibliotecas a España? No tenemos un estudio como el de Pew Research que nos lo corrobore pero más allá del círculo, vicioso y viciado, de aquellos jóvenes que no son capaces de ver a las bibliotecas más allá que como salas de estudio: la juventud “ilustrada” de nuestro país sigue recurriendo a las bibliotecas cuando éstas se muestran dinámicas y dispuestas a abrirse a nuevas realidades. Lo hemos dicho alguna vez: el mayor acto de inconformismo pasa por visitar una biblioteca, por construirse un discurso propio.

 

Creadorxs es una serie documental, publicada en Youtube, de la agencia creativa audiovisual Neurads en la que presentan a algunas de las figuras más representativas de las nuevas generaciones de creadores.

 

Para ser un buen bibliotecario hay que tener las espaldas anchas (en sentido metafórico al menos): “Bibliotecario: la parte más dura de mi trabajo es ser amable con la gente que piensa que sabe hacer mi trabajo.” (traducción de la camiseta).

Suena bien ¿verdad? Repasemos la estrategia que hemos seguido: 1º. halagamos a los que quieren ser diferentes y únicos – 2º. hacemos aparecer a las bibliotecas como signo de distinción para esos que son únicos, y 3º, tenemos un eslogan idóneo, a imagen y semejanza, de cómo hacen esos medios, esas empresas, esos publicistas a los que antes mirábamos displicentes por querer estereotiparnos [aquí un emoji de guiño cómplice rebajaría tanto cinismo, pero tenemos emojis de sobra en las redes, ahorrémonoslos en el blog].

Cada generación cuelga con su etiqueta y solo el tiempo, como siempre, va poniendo cada cosa en su sitio. ¿Qué fue de la generación Nocilla? Han quedado aquellos nombres que, ajenos a etiquetas generacionales, han proseguido con sus carreras (Fernández Mallo, Fernández Porta, Gabi Martínez, Álvaro Colomer, etc). Y ¿qué quedará de la generación Alt lit? Hace tan solo dos años se hablaba mucho de este movimiento literario cuyo nombre proviene de la tecla Alt del teclado por ser su hábitat natural las redes sociales, los chats y cualquier otra forma de comunicación digital.

 

Wobble Palace (2018) de Eugene Kotlyarenko, la crónica de una relación de pareja millennial que describen con aires de literatura Alt lit.

El primer ensayo del máximo representante de lo que se dio en llamar literatura Alt lit: Tao Lin.

 

La Alt lit fue denostada desde el principio por aquellos que la tachaban de narcisista e insustancial, insoportablemente ombliguista; y amada por otros. Pero nacer en las redes acelera el proceso natural de envejecimiento por mil y, tan solo dos años después, la etiqueta Alt lit parece tener cada vez menos eco.

Recientemente en un artículo de ‘ABC’ ya se aglutinaba a los poetas de la generación millennial, incluyendo entre ellos al ganador de la última edición de un talent show de Telecinco como es César Brandon. Cada vez importa menos el pedigrí, el origen (sea OT, Got Talent, los fanzines o Instagram), la mancha de nacimiento para muchos de estos millennials que aceptan las nuevas voces que surgen en la cultura dependiendo de lo que ofrecen, no de las bendiciones de la crítica, o de los cenáculos intelectualoides de toda la vida. Y las bibliotecas, y los bibliotecarios, tomando nota.

 

Uno de los cuadros comentados por El Hematocrítico.

 

El periodista, crítico de cine, escritor y guionista Noel Ceballos, y el profesor de educación infantil gallego, Miguel Ángel López, más conocido, gracias a su faceta como humorista,  como El Hematocrítico: acaban de publicar conjuntamente una revisión de los míticos “Los Cinco” de Enid Blyton. En “Los cinco superdetectives (aquí no bebíamos cerveza de jengibre)” Ceballos y El Hematocrítico: convierten a los chicos de Blyton en niños detectives en la década de los 80 en la sierra madrileña, que ahora, tienen 40 años y se enfrentan a las desilusiones y problemas de la vida adulta. Una hábil manera de explotar la vena nostálgica que tan buenos dividendos está dando a las industrias del entretenimiento, pero dándole la vuelta, para ofrecer un retrato certero, ácido y divertido.

 

 

En una de las entrevista que han dado para promocionarla El Hematocrítico declaraba:

“Me gusta pensar que, aunque tengo 41 años, soy una persona de mi tiempo. Entonces, por lo general, no quiero criticar los nuevos fenómenos adolescentes, ni el reggaetón, ni el trap… Siempre procuro estar atento y buscar las cosas interesantes que salen de ahí. No menospreciar los demás”

No se podía expresar mejor la actitud necesaria para afrontar la siempre ardua tarea de hacer atractivas las bibliotecas a los jóvenes.

¿Puede que el relato, interesadamente inflado por el PSOE, de una España realmente moderna en los 80 se esté haciendo realidad, de verdad, no de simple chapa y pintura como fue entonces, en los tiempos del postureo? Paradojas de este continuo avance-retroceso en el que vivimos todos, independientemente, de la generación en la que quieran ubicarnos.

 

Arkano, el joven rapero que se ha atrevido a reivindicar los derechos LGTBI en un mundo tan tradicionalmente machirulo como el del hip hop.

 

La violencia de género, las agresiones homófobas, el bullying, el racismo, y tantas otras problemáticas sociales, ocupan titulares cada día. ¿Puede que alguna de estas lacras, en realidad, estén dando sus últimos coletazos rabiosos al sentir amenazada su pervivencia en el siglo XXI? Ojalá que así sea. De momento nos quedamos con un digno representante de estos tiempos millennial.

Portada del disco de Putochinomaricón.

Putochinomaricón es el nombre elegido por Chenta Tsai, un hijo de emigrante chinos que tras estudiar Arquitectura y música en el Conservatorio de Madrid, se ha convertido en estrella de Instagram gracias a sus temas y vídeos caseros. Tsai practica la apropiación, que el colectivo LGTBI lleva haciendo desde hace décadas, de los insultos con que los han atacado, desactivándolos, a partir del momento en que se los aplican a sí mismos. Putochinomaricón lo lleva al extremo al sumar su condición de emigrante.

Uno de los dramas más serios para un millennial daba nombre a unos de sus primeros vídeos: No tengo wifi. Un drama millennial, un drama bibliotecario que no nos podemos permitir: no tener conexión con los tiempos que corren.

 

Bibliotecas cazadoras de talentos

 

Kendrick Lamar se convirtió, hace unas semanas, en el primer rapero en ganar un Pulitzer. Hace 16 años la novela gráfica Maus de Art Spiegelman se convirtió en el primer cómic en ganar un Pulitzer. ¿Acudirán a partir de ahora usuarios, que en su vida han oído hip hop, a las bibliotecas solicitando discos de Lamar?

 

El disco de la década para muchos medios especializados: Damn (2017) de Kendrik Lamar.

 

Joaquín Sabina, cantautor siempre asociado a lo callejero, se ha acercado en varias ocasiones al rap. Con Manu Chao en concreto hizo un irónico tema bajo el título ‘No soporto el rap

La demanda de Maus por usuarios de bibliotecas que jamás leerían un cómic si no fuera porque lo vieron recomendado en su suplemento cultural de cabecera: es un hecho contrastado. Lo de Lamar es más difícil. No porque sea hip hop, ni porque el aura que pueda otorgar un Pulitzer haya perdido fuerza, más bien porque los préstamos de grabaciones sonoras en bibliotecas están en caída libre, y la música, se consume mayoritariamente en streaming.

Pero no estamos aquí para hablar (de nuevo) de prejuicios culturales. Que un premio prestigioso legitime formas de la cultura popular dejándoles la puerta de servicio entreabierta del canon de lo que hay que leer-escuchar-mirar-observar: es algo que la profesión bibliotecaria debería tener superado desde hace mucho. Pero no es así. Pese a ser profesionales de la cultura, los prejuicios, les afectan a los bibliotecarios como a todos. Tampoco vamos a obviar que la brecha generacional en muchos casos juegue a la contra.

 

Lola Flores, precursora del rap incluso antes de que se inventase.

 

El cómic, recién publicado en nuestro país, sobre la historia del hip hop: Hip hop family tree de Ed Piskor.

El hip hop nació callejero, ha ido mutando en garitos, salas de conciertos y periferias de las grandes ciudades. Y ahora, definitivamente, reivindica su lugar en las bibliotecas. Puede que los propios hiphoperos no sean consciente de ello: pero por eso deben serlo los bibliotecarios.

Y quien dice hip hop, dice rock, punk, electrónica, folk, clásica, jazz, pop o, ¿por qué no?, reguetón. Es lo que hace la Biblioteca del Condado de Hennepin en Minnesota a través de su plataforma MnSpin.

Minnesota cuenta con una rica escena musical, y la biblioteca, ha creado una plataforma para que los músicos locales puedan difundir su trabajo y llegue directamente al público.

En Bibliotecas indies, bibliotecas mainstream ya hablábamos de herramientas como Self-e de autoedición, que gracias a recurrir a las bibliotecas como vías de distribución, estaban consiguiendo que muchos escritores desconocidos fueran haciéndose con un público cada vez mayor. Con casos como el de Hugh Howey, autor de la serie Wood, que consiguió vender más de dos millones de libros gracias al apoyo inicial por parte de las bibliotecas.

 

 

MnSpin de la Biblioteca del Condado de Hennepin aspira a lograr algo similar con el talento local. En nuestro país tenemos antecedentes tan estupendos como la Biblioteca-Rockoteca de Peralta (Navarra) que lleva desde 2012 engrosando una de las colecciones más completas sobre rock, organizando conciertos y diversas actividades en torno a la música. El ejemplo de la biblioteca estadounidense es un paso más en este sentido que comparte con otras bibliotecas (las de Seattle, Portland y Nashville) al ofrecer la posibilidad de descargar gratuitamente, a todo el que tenga carné de biblioteca, la música de los artistas locales de cualquier estilo o tendencia.

Una vez al año, se abre el plazo para que nuevos artistas envíen su trabajo a la consideración del comité de expertos, que selecciona lo que va a subirse a MnSpin. Y no solo difunde, también se les ayuda con 200 dólares para que puedan producir sus grabaciones.

 

Shreya Preeti ha subido su álbum ‘Entrance’ a la plataforma MnSpin de la Biblioteca del Condado de Hennepin y ha conseguido difusión y financiación.

 

Bibliotecas-editoras, bibliotecas-discográficas, y ahora: Bibliotecas cazadoras de talentos. Suena demasiado ambicioso pero si el mercado barre a pequeñas editoriales y sellos de discos: ¿por qué no van a compensar las bibliotecas ayudando a proteger la libertad creativa de discursos que pueden ser inicialmente minoritarios?

El amado/odiado disco de C Tangana.

Es obvio que con Youtube y demás plataformas digitales muchos de los artistas actualmente super ventas tuvieron un estupendo trampolín (Ed Sheeran,  The Weeknd, o más cerca, Pablo Alborán).

Pero las bibliotecas pueden aportar un criterio a la hora de seleccionar y ofrecer esa confianza que tanto se alaba cuando se habla de comercios de proximidad versus grandes superficies comerciales.

 

El controvertido C Tangana, ídolo del hip hop patrio, que está empeñado en cuestionar el mundo musical a través de sus actitudes, campañas publicitarias y conciertos. ¿Verdad o timo? como suele plantear la web especializada Jenesaispop.

 

Pero si hay un género, junto al heavy, que moviliza a grandes sectores de juventud pero no recibe el apoyo de la industria: ese es el hip hop. Entre la invasión electro-latina y los clichés del indie parece como si no quedase espacio para más. Pero sí lo hay: las bibliotecas.

Los raperos son el equivalente a los cantautores de los 70 en nuestro país. Los cantautores bebían de la chanson francesa  y los raperos patrios puede que beban de los MC estadounidenses en música, actitudes y discursos: pero hablar de limusinas, pibas, dinero, pistolas y mansiones resulta un tanto impostado (por no decir ridículo). Por eso a la hora de rimar tiran más de referentes literarios y cinematográficos, que los separan de sus modelos yanquis, y los acercan a las bibliotecas.

 

En 2005 con motivo del centenario de la BNE el rapero Zenit participó en un espectáculo en las puertas de la Biblioteca con bailarines de breakdance en el que se rapeó El Quijote.

 

La aclamada trilogía de Virginie Despentes, en la que parte de la figura de un roquero en decadencia, para hacer una cruda crónica de la sociedad francesa actual, y por extensión, de la sociedad occidental.

El rock ha muerto, el punk ha muerto, el grunge ha muerto, el acid house ha muerto, el reguetón ha muerto…al igual que todo nombre de famoso si se busca en Google te sugiere que es gay: todo género musical tiene o ha tenido la coletilla “ha muerto” aplicada en numerosas ocasiones. Otro tanto dicen del hip hop (para así dejarle sitio al trap) pero no lo parece cuando figuras como C Tangana dominan las listas con su propuesta rapera cuestionando la fama mientras se va haciendo más y más famoso.

El hip hop se alimenta de rimas, y letras, letras muchas letras. “Los poetas olvidados” como denominaba a los raperos españoles un artículo de la revista cultural digital ‘Le Miau Noir’. Violadores del versoMala RodríguezSFDKZenit, la malograda Gata Cattana, Lechowski, Sharif Fernández, Los chicos del maíz, RapsuskleiPiezas, etc… son muchos los intérpretes de rap españoles cuyas letras son la poesía de más de una generación. Viene siendo un recurso habitual por parte de profesores de secundaria, explotar las concomitancias entre rap y poesía para atraer a sus alumnos hacia la lectura: ¿y las bibliotecas?

No hacía falta que le dieran un Pulitzer a Kendrick Lamar para que la conexión biblioteca-hip hop se formalizara. Tienen demasiados puntos en común como para no aprovecharlos. La biblioteca freestyle es la biblioteca del futuro, que es presente, la biblioteca que improvisa y no tiene miedo a equivocarse, a trastabillar y experimentar con las bases (de lo que es una biblioteca), ni con las rimas (porque –teca rima ya con todo: no solo con libros).

 

 

Piezas dedicó un tema a Holden Caulfield, el personaje que ha devenido en estereotipo del inconformismo juvenil, que protagoniza El guardián entre el centeno. Piezas trabaja de mozo de almacén en Barcelona entre semana, y los fines de semana, se convierte en una de las figuras mas respetadas en el circuito de hip hop junto al, productor y DJ, Jayder. Un rapero que titula un disco Melancholía (2015) por la película de Von Trier, dedica un tema al libro de Salinger, declara su amor a Nietzsche, e inspiró otro tema en la novela Tokio blues de Murakami. No le hacen falta más credenciales para cerrar este post refrendando todo lo dicho.

 

Tonto el que lo lea (postDíadelLibro)

 

Titular con una frase infantil un post relaja mucho. Nadie puede albergar grandes expectativas visto el arranque. Pero es que después de lo intenso que se pone el discurso cuando de celebrar el Día del Libro se trata: se agradece recurrir a la tontería

Este es el post postDíadelLibro2018 y como todos los años estamos de resaca. Resacosos de citas de escritores famosos, de recomendaciones de libros, de imágenes idealizadas de lectores y libros, de frases entrecomilladas sobre las bondades de la lectura, de mil y una noticias y especiales en todos los medios celebrando al libro y a la lectura. Y ¿hoy qué?, ¿se habrá incrementado el número de lectores por ello?, ¿se cerrarán menos librerías? , ¿se apuntará más gente a las bibliotecas?

 

 

Que no, que no, que no estamos en la última fase de la borrachera, y después del subidón, subidón, nos hemos instalado en el muermo. Que no estamos patéticamente llorosos, proclamando que queremos mucho a la cultura, que la lectura es maravillosa, que los libros son maravillosos, que el muuuuuundooooo es maravilloso. Que no, que no vamos de descreídos, todo lo contrario. El que exista un Día Internacional del Libro está muy bien.

Como mínimo las librerías habrán aumentado sus ventas y las bibliotecas han podido programar actividades para deleite de sus usuarios. Pero es que para promocionar la lectura no queremos un día, queremos todos los días del año. A veces esto de los Días Internacionales de…. es como los propósitos de año nuevo: lavan la conciencia a base de buenos propósitos y después se olvidan con la misma facilidad que se formularon.

 

 

En las bibliotecas el Día del Libro son 365 (porque ahora ya ni los festivos se salvan teniendo plataformas de lectura digital o contenidos audiovisuales a la carta), y no estaría mal que si de verdad se quiere fomentar la lectura, se apostase por las mayores redes de circulación y fomento de la lectura que son las bibliotecas. Pero en pleno día de resaca, no es cuestión de ponernos intensos, por eso hemos recurrido a algo liviano para engalanar el post: a algunas de las viñetas del delicioso cómic Los libros en The New Yorker.

Tal y como demuestran las jocosas viñetas que durante años ha ido publicando el prestigioso medio neoyorquino: el libro, en sus diversas formas, ha sido la piedra angular sobre la que ha girado la cultura desde que se inventó la escritura.

 

 

Los libros han sido la fuente predominante, y única hasta no hace tanto, para indagar en el ser humano. Pero eso siempre ha requerido de tiempo, perseverancia y entrenamiento. Ahora los únicos entrenamientos aceptados voluntariamente son los que imponen los monitores de gimnasio. Si los tiempos no se avienen al esfuerzo necesario para asimilar las páginas de un libro, en lugar de leer libros habrá que leer las mentes, directamente, sin intermediarios, ni filtros. Algo que la noticia postDíadelLibro de que España es el tercer país de la UE que menos gasta en la lectura: solo viene a refrendar. Tanto reality y programa del corazón tenían que dar sus frutos tarde o temprano: leer las mentes ya que no los libros.

El sueño de todo publicista, empresario, político y de cualquiera (padres, hijos, pareja) que aspire a manipularnos para bien o para mal.

 

 

El primer paso ya lo está dando la tecnología. Hace unos días saltaba la noticia de que el más puntero de los institutos tecnológicos del mundo, el de Massachusetts (MIT) ha creado un casco capaz de leer los pensamientos con el nombre de Alter ego. El casco, compuesto de electrodos, detecta las señales neuromusculares que intervienen en la comunicación hablada. De este modo el casco es capaz de interpretar la voz interior: un hábito que, según el artículo de ‘Tendencias 21′ que es donde hemos conocido el invento, es muy común entre los lectores. El soliloquio que constituye nuestra banda sonora interior (efectos sonoros de las tripas aparte) ahora con subtítulos incorporados.

Es una forma pedestre de contarlo porque en realidad lo que hace el casco es transcribirlos en cualquier pantalla o dispositivo con una eficacia del 92%. La noticia tranquiliza por un lado (no puede leer los pensamientos cerrados, es decir los que no están pensados para verbalizarse); e inquieta por otro (la seguridad del dispositivo no está desarrollada por lo que está expuesto al pirateo).

Pensamientos pirateados: un nuevo frente se abre para la legislación que protege los derechos de autor. Aunque antes de legislar habrá que comprobar si los pensamientos pirateados merecen protección. En cualquier caso, cual mantra, ante la posibilidad de intrusismo mental habrá que repetirse continuamente ‘tonto el que lo lea’ como quien  coloca un cartel falso de protección con alarma en la fachada de su domicilio.

 

Los sensores desarrollados por el MIT para detectar la actividad neuromuscular y así transmitir los pensamientos.

 

El relato de Philip K. Dick en que se basó la película de Spielberg.

Quizás porque todo sea cada vez más complejo: el pensamiento se está haciendo tan simple que leer las mentes no va a exigir de tecnologías demasiado sofisticadas. La Inteligencia Artificial en pos de la complejidad humana, y los humanos en pos de la simpleza binaria de lo digital. Era inevitable con tanto SMS, whatssap, emojis y memes. Nos gustaría pensar que más que una involución se trata de un paso intermedio hacia la telepatía. Una forma superior de comunicación, que si se acompaña de empatía, podría ser la solución definitiva para nuestra especie.

En un artículo publicado en ‘Library Journal’ el profesor universitario estadounidense Michael Stephens repasaba cómo se representaban hace dos años (eso en Internet es mucho tiempo pero en el asunto en cuestión la cosa no parece haber variado mucho) los asuntos referidos a libros, bibliotecas y bibliotecarios en el lenguaje de los emojis. Entonces se lamentaba de que no existiera ningún emoji para representar una biblioteca o a un bibliotecario: y dos años después seguimos igual.

 

La historia de Miley Cyrus en emojis.

 

En 2018 Unicode Consortium, que es la organización de publicar nuevos emojis, entre los 157 nuevos monigotes que ha estrenado ha dado cabida a pavos reales, loros, dientes, microbios, rollos de papel higiénico y hasta tiques de la compra. Es cierto que ya existen emojis para libros, lectura, escritura, e incluso algunos emojis de edificios que bien podrían pasar por una biblioteca: pero a ver si para 2019 se crea algún emoji que represente a las bibliotecas/carios inequívocamente. ¿O en realidad no será necesario crear un emoji para representar a la profesión bibliotecaria?

No, no, que no vamos en plan lastimero, todo lo contrario. Revisando los principales emojis que hasta la fecha se han creado para representar las distintas profesiones lo cierto es que prácticamente todos podrían ser bibliotecarios.

 

 

En casi todos emojis laborales hay rasgos bibliotecarios. Tal es el perfil de una profesión que, en los últimos tiempos, va acumulando más capas que una milhojas en cuanto a competencias. Todo le viene bien.

Que si la lupa de los detectives; que si la bata de los médicos; que si el gorro de operario o el mono de mecánico cuando se rompe algo, y aburridos de esperar a que vayan a arreglarlo, agarran la caja de herramientas casera; que si los pinceles en los talleres; y por supuesto, el rayo cruzado en la cara a lo Bowie, porque puestos a ser cool pueden ser los más cool; y no incluimos el gorro de los soldados de la guardia real inglesa porque no queremos enrollarnos, pero es más que probable, que encontrásemos alguna semejanza (si estuviéramos preDíadelLibro habríamos dicho que son como la guardia real de la cultura: pero estamos en pantuflas así que mejor nos ahorramos tales cursilerías).

 

Vida de un bibliotecario en emojis.

 

Pero mirándolo desde otro prisma: que te conviertan en emoji no resulta nada halagador. Casi cualquier historia de un taquillazo de Hollywood o de muchos best sellers (de los de usar y tirar) se podria resumir en emojis. De ahí que tantos espectadores que buscan relatos adultos se hayan volcado en las series. Después de todo que no te jibaricen el pensamiento, que no te transformen en monigote: es de lo mejor que te puede pasar. Manías de ‘letrasados’ que se empeñan en alcanzar la simplicidad sin incurrir en simplezas.

Y mientras se nos pasa la resaca ponemos algo de música. No muy alta. Róisín Murphy tampoco es fácil de estereotipar. Esta tipa, desde que empezara con Moloko en los 90, se ha empeñado en sacar los pies del tiesto una y otra vez. Daría para mil emojis a cual más estrafalario, y aún así, no alcanzarían a describirla por completo. ¡Bien por ella! Terminar con su vídeo Whatever (Lo que sea) es toda una declaración de principios. Lo que sea antes que previsibles, o dicho de otro modo más acorde con el título del post: antes muertos que sencillos.

 

Biblioteca apache

 

En ocasiones la actualidad te lleva de la mano. No hace mucho en El ángel exterminador bibliotecario nos recreábamos en la posibilidad de que grupos de usuarios quedasen enclaustrados en una biblioteca; y hace unas semanas, también nos hacíamos eco del vandalismo en una biblioteca parisina en Asalto a la biblioteca del distrito 18. En este arranque del mes de abril las líneas argumentales de estos dos posts se entrecruzan en esta Biblioteca apache.

 

El poder de los libros representado por el artista Mladen Penev.

 

El ensayo del sociólogo Denis Merklen: ¿Por qué se queman las bibliotecas?

El 5 de marzo la biblioteca pública del distrito de La Duchère, en Lyon, fue incendiada por unos delincuentes como represalia por el desmantelamiento de una red de tráfico de drogas que operaba en dicho distrito. Según el sociólogo Denis Merklen, autor del libro ¿Por qué se queman las bibliotecas?, se han registrado, al menos, 75 incendios intencionados de bibliotecas durante los últimos veinte años en Francia.

Merklen resalta el carácter simbólico que tiene el hecho de quemar bibliotecas como respuesta a problemáticas sociales latentes en la sociedad gala. La importancia y protección que en Francia se da a la cultura, es probable, que signifique a las bibliotecas como víctimas propiciatorias de ese ansia de destrucción contra los símbolos de una sociedad. En cambio, al otro lado de los Pirineos, podemos respirar tranquilos.

Como comentaba el periodista del área de cultura de ‘El diario vasco’, Alberto Moyano, a cuenta de lo que planteábamos en Asalto a la biblioteca del distrito 18:

 

 

Un tuit que nos gustó, en primer lugar, por expresar su discrepancia (el primer paso para enriquecerse en un diálogo amable en la red); además ese “disparar en demasiadas direcciones” nos encanta para un post que se llama Biblioteca apache; y, sobre todo, por incidir en ese poder perturbador, en esa hostilidad que aún pueden llegar a provocar los libros (y por ende las bibliotecas) como símbolos. Si algo incomoda es que sigue ejerciendo un poder hasta en los que se creen más ajenos a su influjo. Algo que, pese a estar al otro lado de los Pirineos, también encontramos fascinante.

 

 

Christian Slater ya contaba con unos precoces antecedentes bibliotecarios por su papel en El nombre de la rosa (1986).

Y cambiando de latitud y escenario pero no de temática: el Festival de Cine de Santa Barbara en los Estados Unidos se inauguró el pasado 31 de enero con la proyección de la película dirigida por Emilio Estevez: The public (2018). En el reparto, entre otros, aparte del propio Estevez, estrellas como Alec Baldwin o Christian Slater.

The public se centra en un grupo de vagabundos y personas en riesgo de exclusión; y en las relaciones que establecen con los trabajadores de una biblioteca del centro de Cincinnati.

Una noche, tal cual como en nuestro ángel exterminador bibliotecario, suena el aviso de cierre de la biblioteca y un grupo de sin techo se niega a abandonar la biblioteca. Los refugios de la ciudad están atestados por una cruda ola de frío y la única opción es pasar la noche a la intemperie. A partir de aquí, el conflicto se complica cuando los bibliotecarios deciden apoyar a los okupas, y se posicionan frente a políticos y medios sensacionalistas: planteándose un acto de desobediencia civil que sirve para exponer algunos de los problemas sociales más candentes de la sociedad estadounidense (y por extensión de las sociedades occidentales).

 

 

La película de Estevez, no tiene aún fecha de estreno en nuestro país, pero promete convertirse en un título de referencia en el mundo bibliotecario. Al igual que el incendio de bibliotecas en Francia denota las tensiones sociales que se viven en el país vecino: de la película norteamericana se pueden sacar varias lecturas, pero en este caso, positivas.

Independientemente de la calidad de The public (atendiendo al tráiler parece que la acostumbrada competencia estadounidense en los aspectos visuales e interpretativos está asegurada) el hecho de que una biblioteca se convierta en escenario protagonista de una producción, independiente, pero rodada con medios y con estrellas en su reparto: ya es una buena noticia. Pero la biblioteca en la película es mucho más que un simple decorado: es todo un concepto. La plasmación en imágenes (en líneas de diálogo) de una frase que se repite afortunadamente cada vez con más frecuencia: las bibliotecas públicas como último bastión de la democracia. Las bibliotecas públicas, como indica el título, como máxima representación de lo público.

 

Emilio Estevez como bibliotecario al frente de la desobediencia civil de un grupo de excluidos del sistema.

 

El hijo mayor de Martin Sheen perpetúa la tradición demócrata de ese Hollywood comprometido en causas sociales que su padre (récord absoluto de detenciones por implicarse en protestas sociales: 66) ha representado públicamente desde la década de los 70. Muy alejado de su hermano, Charlie Sheen, que en cambio tanto se ajusta al estereotipo hollywoodense hecho de alcohol, drogas y sexo. Era previsible que, tan célebres representantes del progresismo estadounidense, tuvieran algo que decir sobre la sociedad que ha quedado tras una década de crisis culminada con la presidencia de Trump.

Que Alec Baldwin forme parte del reparto tampoco es casual. Aparte de haber renovado su popularidad gracias a la exitosa parodia que del actual presidente de su país hace en el mítico show de humor televisivo Saturday Night Live: Baldwin tiene un largo recorrido como santo patrón bibliotecario, o en otras palabras, como mecenas de bibliotecas en su país.

 

Alec Baldwin junto a su mujer y el también actor Edward Burns en la Author’s night for the East Hampton Library de 2015: un evento que sirve para recaudar fondos para dicha biblioteca.

 

Baldwin, aunque ha sido nominado, no ha ganado nunca un Oscar, pero de crearse alguna vez el Tejuelo de oro, sin duda, se lo llevaría de pleno en la mayoría de categorías. En 2011 el lenguaraz intérprete que nunca se ha cortado un pelo (su pelambrera pectoral atestigua que lo metrosexual nunca ha ido con él) a la hora de dar sus opiniones: donó 10.000 dólares para impedir que se cerrase la Biblioteca Adams Memorial en Rhode Island. Otros 250.000 dólares fueron a parar a la biblioteca de East Hampton, a la cual destinó los ingresos que obtuvo por diversas campañas publicitarias que había protagonizado.

Pero no acaba aquí su labor probiblioteca, también fue cofundador de la Noche anual de recaudación de fondos para la Biblioteca de East Hampton. Además, desde 2015, a través de la fundación que lleva su nombre y el de su esposa, The Hilaria & Alec Baldwin Foundation, el matrimonio financia numerosas iniciativas en torno al arte, la cultura o la salud pública.

 

Alec e Hilary posando en su mansión de los Hamptons.

 

Un joven Alec Baldwin participando en la campaña de fomento de la lectura de los 80 que lanzaron desde las bibliotecas estadounidenses: READ.

Que la biblioteca en la que Baldwin centra su altruismo esté situada en Los Hamptons: no resta valor a sus esfuerzos.

Situados en la zona este de Long Island, los Hamptons, constituye una exclusiva zona de vacaciones para la clase alta de Nueva York. Scarlett Johansson, Sarah Jessica Parker, Richard Gere, Jennifer López, Steven Spielberg, Robert de Niro o, por supuesto, el propio Alec Baldwin: poseen lujosas fincas en la zona. Un territorio en el que también viven personas de clase media baja, pero cada vez menos, dado que el alto nivel de vida de Los Hamptons les ha obligado a mudarse.

En los Estados Unidos no hay problema en defender públicamente un discurso progresista y a favor de los derechos sociales de la población (como hace Baldwin participando en The public): y por otro lado, pertenecer a la élite económica y cultural de esa sociedad. En nuestro país la defensa de lo público, en cambio, pareciera exigir un compromiso lindante con el voto de pobreza. Combinar lo público con lo privado (salvo que hablemos de cotilleo y prensa del corazón) suena casi a blasfemia. Un discurso harto maniqueo que, tal vez, una buena ley de mecenazgo cultural ayudaría a mitigar.

En una reciente entrevista en ‘El País’ la oncóloga Ruth Vera, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica, señalaba la necesidad de incentivar la inversión privada a través de una ley de mecenazgo. Y declaraba no entender la polémica en torno a la donación que hizo Amancio Ortega para la lucha contra el cáncer. “¿Por qué tenemos que rechazar la inversión privada?” se preguntaba Vera.

 

Un fotograma de The public (2018): las fuerzas del orden irrumpiendo en la biblioteca (no se considera spoiler porque aparecen en el tráiler).

 

Disco de Jacques Brel en el que se incluía su satírica ‘La dame patronnesse‘ (Las damas de la beneficencia): título apropiado para la propuesta final de este post.

Hace un año se presentaron las 150 medidas que el actual Gobierno pretende poner en marcha durante esta legislatura y que se engloban dentro del Plan Cultura 2020. Entre ellas se incluía la reactivación de la postergada Ley de Mecenazgo Cultural. Un año después, Castilla-La Mancha ha anunciado la puesta en marcha de su propia Ley de Mecenazgo, mientras en el resto del país sigue la espera.

Entretanto las bibliotecas se convierten, o no, en objetos de deseo para mecenas con ganas de cuidar su imagen pública y aliviar su declaración de la renta, ya que hemos citado a la prensa del corazón, no estaría de más que nuestras celebrities patrias se quitaran complejos respecto a las estadounidenses apoyando eventos recaudatorios destinados a bibliotecas.

Antonio Banderas lleva varios años impulsando la Gala solidaria Starlite en Marbella cada verano. ¿Cabría esperar un séptimo de caballería proveniente del papel cuché? ¿Quién sabe? Igual a Isabel Preysler, Nati Abascal, Pitita Ridriduejo o a Carmen Lomana les da por lucirse con una excusa tan favorecedora y ponerlo de moda entre la beautiful people. Dejamos la pregunta envenenada para el final: ¿tendría escrúpulos el sector bibliotecario en aceptar este tipo de financiación?

Arrancamos viendo como quemaban bibliotecas en Francia y concluimos con acento francés gracias a las damas de la beneficencia de Brel. Otra cosa no, pero nadie nos podrá acusar de falta de coherencia.

 

Tamara Falcó entrevistando a Vargas Llosa en la biblioteca de la mansión de Isabel Preysler.

Mamá quiero ser youtuber…(de biblioteca)

 

Entre “Enamorado de la moda juvenil” de Radio Futura ” y “mala mujer, me han dejado cicatrices por todo mi cuerpo tus uñas de gel” de C. Tangana: distan 37 años. En muchos casos los mismos que separan a los potenciales usuarios jóvenes de las bibliotecas y un gran porcentaje de los profesionales que trabajan en ellas (aún más después de la falta de relevo generacional que ha provocado la crisis que estalló en 2008). Y esa brecha generacional pasa factura a la hora de idear proyectos y actividades que puedan despertar el interés de muchos de esos jóvenes que son incapaces de disociar biblioteca de sala de estudio.

 

 

El actor y humorista Berto Romero concedía una entrevista a cuenta del estreno de su serie ‘Mira lo que has hecho’ en ‘Fotogramas’. En ella Romero, de 43 años, hablaba de la ruptura que han supuesto los youtubers: “entre mis coetáneos puedes ver ecos de Faemino y Cansado, de los Monty Python […] y en los youtubers no hay influencias. Han inventado un lenguaje nuevo, y eso puede compararse con las relaciones paternofiliales“. Tal vez algo exagerado, pero no menos cierto, y más viniendo de un integrante de una de las generaciones culturales más abusonas que se recuerdan.

Buscando en el baúl de los recuerdos, una y otra vez, para seguir generando negocio a falta de ideas nuevas.

El crítico de cine Roberto Morato en la crítica que de la película que sobre la serie de anime de los 70, Mazinger Z, hacía en la revista ‘Dirigido’ definía perfectamente ese abuso cultural de los que nacieron entre las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado: “nostalgia capitalizada para una nueva generación que seguirá visitando las ruinas del pasado como museo de un presente que les debería pertenecer.” Esas generaciones que por ser las primeras amamantadas por la televisión, los primeros videojuegos y el cine de efectos especiales no paran de revisitar su adolescencia y de regurgitarla, una y otra vez, para consumo de sus herederos. Por eso, pese a que el fenómeno youtuber desconcierte a partir de los 35 en adelante, es algo propio de las nuevas camadas culturales y se les debe respetar. Y a continuación, bibliotecariamente hablando, explotar.

 

Beavis & Butthead, en los 9, o Jackass (ambos en la MTV) ya dieron el pistoletazo de salida a ese humor estúpido que ahora se perpetúa en tantos youtubers.

 

El libro Mamá, quiero ser youtuber, publicado en 2016,  que daba “todas las claves para entender el fenómeno que ha venido para quedarse” (según reza su subtítulo) no hablaba directamente de ElRubius, el más célebre de los youtubers de nuestro país, pero sí había sido escrito por dos de sus colaboradores, con lo cual su alargada sombra estaba más que presente. Puede que ElRubius ni sepa que el título del libro sea una apropiación del título de un musical de Concha Velasco. Los referentes del pasado más inmediato no son el fuerte de una generación que (como todas por otro lado) cree estar inventando el mundo. Pero al fin y al cabo a lo que aspiran estos jóvenes es a ser los chicos yé-yé de su tiempo.

Si en el 2000, la irrupción de los realities en televisión fue el primer paso: en 2005 con la llegada de Youtube la capacidad adivinatoria de Warhol respecto a la fama en los tiempos venideros quedaba fuera de todo duda. Pero como el artista neoyorquino también sabía: toda fama conlleva grandes servidumbres.

ElRubius, Auron Play, Vegetta777 o Andrea Compton, por citar a algunos de los que más seguidores acumulan, se acercan peligrosamente a la treintena. Los niños prodigio del cine del siglo XX (Shirley Temple, Macaulay Culkin, Marisol o Joselito) vieron languidecer el fulgor de sus estrellas conforme fueron creciendo; otros se adaptaron y consiguieron proseguir sus carreras (Liz Taylor, Rocío Durcal, Ana Belén, o más recientemente, Daniel Radcliffe): ¿sucederá algo similar con los youtubers?

Es un fenómeno demasiado nuevo para predecir su evolución. El alargamiento de la adolescencia y primera juventud en Occidente les ha permitido llegar peligrosamente cerca de la treintena: pero superada esa frontera ¿podrán seguir conectando haciendo el chorra en sus vídeos? ¿el ageism (discriminación por edad) no les sentenciará igual que sentencia a las estrellas del pop?

 

Si hasta la hermana Irene del convento carmelita de La Granja (Segovia) se ha hecho youtuber para atraer vocaciones: ¿pueden permitirse las bibliotecas el lujo de pasar de Youtube?

 

Loulogio de youtuber pionero en nuestro país a autor de cómics.

Loulogio, un pionero en nuestro país, ha anunciado recientemente que lo deja a los 34 años. Su éxito en los albores de Youtube haciendo doblajes chistosos de anuncios cutres de Teletienda le llevó a ser colaborador en programas de humor de Buenafuente o a convertirse en una estrella de los monólogos de humor. En su trayectoria como youtuber se apreciaba una evolución: de la Batamanta o el pajilleitor (que lo situaron en el mapa) a vídeos analizando la obra de artistas como Dalí, El Bosco o Miguel Ángel mucho antes de que ‘Playground’ diera una muestra de cómo gamificar nociones de arte e historia, conjuntamente, en su vídeo sobre Las Meninas a ritmo de trap.

Loulogio deja Youtube y los monólogos para volcarse en su gran pasión: los cómics. Pero en su marcha ha hecho una reflexión sobre los juguetes rotos que Youtube dejará inevitablemente por el camino: y lo hizo en una biblioteca. Fue el pasado 27 de febrero en un Duelo entre youtubers en la Biblioteca Regional de Murcia que Loulogio y Bamf, un booktuber o más exactamente un comictuber, reflexionaron sobre el incierto futuro que les espera a muchos de los protagonistas del fenómeno. Es lógico, toda moda pasa, pero lo más interesante fue el vaticinio que hizo Loulogio: que el futuro de los youtubers puede que pase por los booktubers.

 

Loulogio y Berto Romero envueltos en la célebre batamanta en el programa de Buenafuente.

 

Adentrarse en la madurez grabando vídeos mientras se juega a videojuegos o se llevan a cabo desafíos tontos: no parece que tenga mucho futuro. Pero ejercer de prescriptores (de libros o de cualquier otra cosa)  no parece tan sujeto a las exigencias de la edad. ¿Es posible imaginar que los nuevos Jordi Costa, Carlos Boyero, Manuel Rodríguez Rivero, Estrella de Diego, Álvaro Pons (por mencionar a algunos de los críticos de referencia en diversas disciplinas) surjan de Youtube en vez de los medios más tradicionales? Tal y como evoluciona todo nada es descartable. Pero como señalaba el programa que Página Dos dedicó a los booktubers el pasado diciembre: “muchos booktubers aspiran a profesionalizarse” y las editoriales lo tienen claro van a por ellos. Pero ¿y las bibliotecas?

En Egobiblio: narcisismo y bibliotecas en la era del selfie ya lanzábamos a mediados de 2016 la pregunta de ¿para cuándo las bibliotecas de nuestro país iban a imitar a las algunos países de Sudamérica en los que los concursos de booktubers convocados por bibliotecas era ya una práctica cada vez más habitual? Cerca de dos años después ya se han dado los primeros pasos.

 

 

Desde junio de 2017 se ha puesto en marcha el canal BiblioTubers de la Red de Bibliotecas Públicas Municipales del Ayuntamiento de Madrid. Desde la Biblioteca de Portazgo en Puente Vallecas, la bibliotecaria Diana Mangas Pozo, anima a sus seis aprendices de booktubers que comentan los libros que previamente han leído en el club de lectura orientado para jóvenes de entre 11 a 14 años que organizan en su centro.

En mayo de 2017 la biblioteca de Ciudad Real lanzó su primer concurso para encontrar el mejor booktuber entre los jóvenes de los centros educativos de la provincia. La booktuber Esmeralda Verdú fue la encargada de impartir talleres sobre cómo recomendar lecturas a través de Youtube orientados a los menores interesados en participar. Y hace tan solo unos días se ha lanzado la II edición del concurso de Booktubers de Ciudad Real. En esta ocasión la booktuber encargada de impartir los conocimientos necesarios para convertirse en prescriptor, vía Yotube, será Yaiza Jara.

 

 

Las colaboraciones entre bibliotecas y booktubers se van afianzando cada vez más. En Hellín (Albacete) la Red de bibliotecas públicas municipales ya ha celebrado varios encuentros con booktubers dentro del proyecto Lectibe. Esmeralda Verdú, May Ayamonte y Yaiza Jara han participado hasta el momento con gran éxito de convocatoria.

 

 

Youtube ha venido para quedarse y las bibliotecas pueden ser el refugio ideal para esos jóvenes que llevados por sus pasiones se asomen a la ventana digital y quieran mantener su independencia pese a soñar con profesionalizarse. Los ardides para atraerlos dependerá de la habilidad de los profesionales de las bibliotecas; pero sobre todo de su falta de prejuicios y de la ausencia de paternalismos culturales. Bibliotecarios-vampiros en busca de sangre joven o bibliotecarios-esponja dispuestos a mantenerse al día incluso en asuntos que a priori no les interesan: que cada uno elija la figura con la que más se identifique pero que nadie se quede fuera del juego.

 

Om namah shivaya: mantras de biblioteca

 

Antes de leer este post se recomienda escuchar el siguiente vídeo (perdón por dejar fuera la voz original de Max von Sydow pero no queríamos que el nivel de inglés de cada uno interfiriera en la hipnosis).

 

 

El póster de la película Europa (1991): la silueta de un hombre corriendo sobre un reloj. Pareciera más hablar de nuestro tiempo que de la posguerra alemana en que se sitúa la trama.

Llegados a 10 no sabemos si habremos logrado el efecto deseado. Esa Europa a la que nos llevaba el prólogo de la película del venerado/odiado Lars von Trier: no era un lugar físico, pese a estar ambientada en la Alemania post-nazi: era un estado mental. Una suerte de hipnosis a la que pretendía inducirnos el cineasta danés, un sueño, otra dimensión. Y eso pretende, muy desmedidamente, este post.

Que por unos minutos (los que se tarde en leerlo) consigas inhibirte del hecho de que estás en Internet. No tienes porqué hacer clic compulsivamente. Puedes quedarte un rato en este blog de posts taaaaan largos que, a veces, da la impresión de haberse quedado a vivir en ellos. Puedes tomarte tu tiempo, para leerlo o no, pero en todo caso para acompasar tus pulsaciones a un ritmo más pausado, a una cadencia impuesta por ti y no por esos algoritmos que contabilizan cada una de nuestras huellas en la red.

Hace unos meses dedicábamos dos posts consecutivos a relacionar el ejercicio físico y la lectura. Por un lado recomendábamos lecturas por grupos musculares, para después, reclamar la inclusión de clases de pilates literario, zumba poética o body book en las ofertas de los gimnasios. En busca de lo chocante se nos olvidó incluir una disciplina con larga trayectoria en los gimnasios. Afortunadamente ahí están al quite siempre los bibliotecarios estadounidenses para poner remedio.

No es la primera vez que se habla de yoga en bibliotecas. De hecho el yoga por su vertiente espiritual y proclive a la relajación y la concentración resulta de lo más afín para la reflexión que debería derivarse de todo consumo cultural provechoso. Y si es con niños aún mejor.

 

Ni método Ferber, ni Estivill: el yoga es lo mejor para inducir el sueño en los más pequeños.

 

El libro de la yogui bibliotecaria Katie Scherrer

La exbibliotecaria infantil y monitora de yoga Katie Scherrer ha unido ambos perfiles (el de bibliotecaria y yogui) en su recién publicado libro: “Historias, canciones y estiramientos: creando cuentos lúdicos con yoga y movimientos”.

Scherrer da diversas pautas de lo más interesantes para programar cuenta-cuentos con yoga en bibliotecas. Y para ello parte de una verdad incuestionable: el aprendizaje comienza con el cuerpo: por lo que combinar el aprendizaje de esos movimientos dentro de una sesión de cuenta cuentos puede ser un plan perfecto para asegurarse el interés de los más pequeños.

 

Entre las recomendaciones que da Scherrer:

 

  • Una hora de cuentos de yoga generalmente dura de 30 a 45 minutos
  • Los libros con personajes de animales son particularmente adecuados para su uso porque casi todos los animales imaginables se pueden expresar físicamente a través de una pose de yoga.
  • Los libros que celebran el mundo natural también son idóneos. Muchas posturas de yoga están inspiradas en accidentes geográficos, como la montaña y las posturas de los árboles.
  • Incluir unos minutos de relajación para su grupo es una manera maravillosa de finalizar su sesión de cuentos de yoga.

 

Si los grandes mandamases de Silicon Valley alejan a sus hijos del abuso de la tecnología y han abierto un debate sobre lo perjudicial que esta puede ser para la sociedad tal y como la entendíamos hasta ahora: el yoga parece una excelente opción para compensar el irrefrenable imán que las redes sociales ejercen sobre los más jóvenes. Una manera de que descubran su propio ritmo, el de su respiración, y de que inventen sus propios mantras sin que se los manufacturen los gurús de las multinacionales. Cada uno tiene sus propios mantras interiores practique, o no, el yoga y la meditación: solo se necesita alejarse un poco de tanta feria digital y escucharse a uno mismo para variar.

 

No, no, estamos en la India pero no confundamos las cosas. Bollywood con sus músicas chirriantes y sus bailes locos no pinta nada aquí: pero nuestra vena #bibliobizarra siempre nos pilla desprevenidos.

 

No vamos a imbuirlo del carácter espiritual y litúrgico que tiene el término en su origen: pero las bibliotecas (o los bibliotecarios, que en este caso, viene a ser lo mismo) también tienen sus mantras. Deseos, aspiraciones, plegarias, anhelos que repiten continuamente hasta desgastarlos. Más que para alcanzar el nirvana laboral: para intentar, a fuerza de repetirlos, que calen, convenzan e iluminen al resto de la sociedad sobre la realidad de las bibliotecas. ¿Qué otra cosa hacemos en este blog sino repetir visiones sobre lo que debería ser la biblioteca de nuestro tiempo? En plan fino diríamos que tal cual como en unas variaciones Goldberg sin piano, pero en realidad, se asemeja más bien a la estridencia machacona de los loros.

 

 

MANTRAS PARA LOS POLÍTICOS

 

  • las bibliotecas ganan votos porque pueden dar titulares a lo largo de toda la legislatura: no como esos macroproyectos que son titular para hoy y ruina para mañana, y cuyas facturas, la oposición blandirá en la próxima campaña.
  • lo del pan y circo puede que siga dando sus frutos: pero teniendo las redes sociales, el pueblo ya tiene circo diario, y por mucho que algunos se sigan viendo como César, los romanos hace tiempo que ya no se conforman con pan y quieren que rueden cabezas. Las bibliotecas, pese a los feos que les hacen, siguen teniendo buena prensa, incluso entre los que no las pisan.
  • las bibliotecas son las instituciones más democráticas que existen, los centros culturales de proximidad que pueden ayudar a vertebrar las comunidades y a paliar/compensar la falta de inversión en problemas sociales de integración, exclusión social, desempleo, dependencia, etc…
  • las bibliotecas necesitan bibliotecarios, especialistas, profesionales: igual que los colegios, profesores, y los hospitales, personal sanitario.
  • reforzar la red de bibliotecas no es ampliar los horarios para que sirvan como salas de estudio.

 

 

 

MANTRAS PARA LOS CIUDADANOS

 

  • las bibliotecas no son salas de estudio (el primer mantra dedicado al lobby estudiantil y que lo une, insospechadamente, con los políticos).
  • las bibliotecas son gratuitas, los centros comerciales no.
  • las bibliotecas no son gratuitas, las pagamos todos con nuestros impuestos, así que respeta los bienes públicos que contienen para que otros puedan disfrutarlos igual que tú.
  • Internet puede que te haga sentir autosuficiente para decidir lo que quieres leer, ver, escuchar, descubrir: pero no es cierto. Los algoritmos te están marcando el ritmo. Confía en el criterio de los bibliotecarios: te guste o no lo que te aconsejen, al menos su recomendación no viene patrocinada por ninguna multinacional.
  • el silencio está bien, y el ruido (puntual) también en la biblioteca del siglo XXI.
  • votar a políticos que invierten en bibliotecas es votar a políticos que van a hacer que te ahorres dinero en la educación de tus hijos.

 

 

MANTRAS PARA LOS BIBLIOTECARIOS

 

  • obsesionarte con los indicadores y los subcampos del MARC 21 es como dibujar una diana en tu biblioteca para que impacte el meteorito que extinguió a los dinosaurios.
  • si estás en los 60 “tu época” no fueron los 70, si estás en los 50 “tu época” no fueron los 80, si estás en los 40 “tu época” no fueron los 90… Tu época es el tiempo en el que estás vivo. La nostalgia es un pecado que un profesional de la cultura no se puede permitir (salvo que le saque réditos). Siempre hay nuevos horizontes culturales a los que abrirse. Solo así podrás cumplir tu función de consejero y espolear la curiosidad en tus usuarios.
  • la biblioteca pública tiene como función imperativa acoger todas las manifestaciones culturales minoritarias que la lógica del mercado empuja a los suburbios del mercado.
  • si padeces fobia social vete a terapia: ahora más que nunca la interacción con tus usuarios es básica para compensar el aislamiento al que nos abocan las pantallas.
  • los bibliotecarios no son médicos ni controladores aéreos: relájate, experimenta sin red, el tortazo no será tan grave.
  • vives con un pie en la galaxia Gutenberg y con el otro en la galaxia digital y esa perspectiva juega a tu favor frente a los que nacieron bajo el signo del byte.

 

 

MANTRAS PARA ESTE BLOG

 

  • hay que hacer los posts más cortos, hay que hacer los posts más cortos, hay que hacer los posts más cortos, hay que hacer los posts más cortos….Ommmmmm
  • hay que hacer más caso a las advertencias SEO de WordPress y a las recomendaciones de cómo hay que publicar en Internet

 

Sin desmerecer al resto: la mejor fusión rock occidental+música hindú.

 

Lo cierto es que la mayoría de mantras que hemos creado serían imposibles de convertir en un único sonido, en una palabra o en frases fáciles de repetir en bucle, tal y como se definen los mantras: pero lo que importa es el espíritu, no tanto la letra, y que cada uno las interiorice (si acaso quiere hacerlo) como mejor le venga en gana.

Pero terminemos volviendo al estado de paz y sosiego al que aspirábamos al principio. La fascinación por la espiritualidad hindú ha soplado sobre Occidente durante varios periodos históricos: pero no fue hasta la década de los 60, del pasado siglo, cuando cuajó gracias a los músicos occidentales que la hicieron suya en un acto que hoy día sería acusado de apropiacionismo cultural. En fin…(al hilo de esto un mantra que se nos olvidaba: huye de lo políticamente correcto, huye de lo políticamente correcto, huye, huye).

 

Nina Hagen en su época hindú dándolo todo como siempre.

 

The Beatles, The Byrds, The Kinks, The Rolling Stones, Ry Cooder, Nina Hagen o Tina Turner han sido algunos de los grupos o músicos que han caído bajo el influjo del sonido del sitar. Desde que el mítico Ravi Shankar se aliara con Georges Harrison, la India, pasó a formar parte de la cultura pop para siempre. Y los frutos de ese rico mestizaje, que el virtuoso Shankar promovió por todo el mundo, no se concretaron solo en la música. La cantante, compositora, pianista y actriz Norah Jones; y la, también cantante, compositora e intérprete de sitar Anoushka Shankar: son hijas, de diferentes madres, de Ravi Shankar. Fieles al legado paterno las dos hermanas se unieron para fundir al swing jazzístico de Nora con la profundidad mística del sitar de Anoushka en el tema con que cerramos.

No cabe mejor mantra musical para sentirse fuera del trasiego ansioso de la Red aún estando dentro de ella. Om namah shivaya: abre tus chakras a las bibliotecas.

 

Inventos de TBO para bibliotecas modernas

 

En este blog extraemos frases susceptibles de convertirse en memes como quien extrae muelas sin anestesia. Pero es lo que tienen los memes no cabe mucho margen para el matiz. El caso es que al post de la semana pasada le extrajimos la frase (en plan eslogan publicitario para venderlo) de: “El silencio en las salas de una biblioteca es algo a preservar; pero el silencio en las redes sociales es un páramo por el que nadie quiere transitar“. Y oportuna (y amablemente: que viniendo de las redes es algo a destacar) un comentario en Facebook nos puntualizó que estábamos bordeando uno de los tópicos más inmovilistas en torno a la idea de lo que debe ser una biblioteca: el silencio. Pero es que pese a la apuesta que desde este blog hacemos de una idea de biblioteca en constante mutación creemos que el silencio, pese a lo antiguo que pueda sonar, es algo a preservar. Y como aquí no estamos en un meme ahora podemos puntualizar.

 

 

Cuadro de la serie ‘Library 3’ de la pintora Zsofia Schweger en el que recrea la quietud de las bibliotecas.

Vaya por delante que si hay una frase respecto al asunto del silencio y las bibliotecas que nos defina por completo, ésta no es nuestra, es de la Biblioteca de Muskiz (una de nuestras musas) y luce en su muro de Twitter: “El silencio es un servicio que esta biblioteca ofrece pero no garantiza“. Una manera perfecta de decir que el silencio es algo que se puede encontrar pero que no condiciona la agenda de actividades que pueda promover la biblioteca como centro cultural vivo y abierto a los cambios.

En el ranking de países más ruidosos, España, tiene el dudoso honor de ocupar el segundo puesto después de Japón (curioso dato con lo calmados que parecen los nipones). En El País Semanal se dedicó un extenso dosier al ruido como enemigo sigiloso y sus efectos en la salud pública. De los muchos datos que aparecían en dicho estudio uno llamaba poderosamente la atención: los pájaros de ciudad pían mucho más alto que los pájaros de campo. Y es que a eso nos vemos abocados todos (animalitos del Señor incluidos) a hablar más fuerte, más alto, más estruendosamente, no para comunicarnos, sino tan solo para hacernos oír por encima del resto.

 

Cada vez que Marías habla sube el pan de los discursos políticamente correctos que le han convertido en diana. Con motivo del lanzamiento de su última novela tampoco se libró de alguna refriega en las redes.

 

En el 2012 el escritor y académico de la RAE, Javier Marías, declaraba que abandonaba Soria, la ciudad en la que se refugiaba para disfrutar del sosiego de una ciudad pequeña, por la continua verbena en que parecía haberse convertido la ciudad. Marías ya tenía fama de gruñón en el 2012. Seis años de redes sociales después: es atacado por quienes quieren erradicar el machismo forzando el uso del lenguaje o fiscalizando cualquier opinión que disienta de lo políticamente correcto. Ruido en las redes, ruido en los medios, ruidos en las calles, ruido a todas horas para que no dé tiempo a pensar en nada, ni a salirse del discurso más estruendoso.

En muchos municipios los propios ayuntamientos, por un lado, multan infracciones por exceso de decibelios, mientras que por otro, autorizan/organizan/invierten cada vez más en eventos que den vida a las ciudades: maratones, días de la infancia, los perros, la bicicleta, la diversidad…siempre bien acompañados de megafonía amenizando con los éxitos de ayer, hoy y siempre las actividades para martirio de los vecinos.

Las bibliotecas en el siglo XXI: entre verbenas y claustros.

Ante un panorama así ¿deben renunciar las bibliotecas a algo que ya tienen de serie por miedo a perpetuar ese aire de claustro monacal que les exigen estudiantes, jubilados y otras tipologías de usuarios reacios a un concepto de biblioteca más plural y dinámico? Es un debate tan manido que poco se puede aportar sin caer en lugares comunes. Por eso, una vez expresada la salomónica (por no decir cobarde) decisión de optar por una convivencia entre el silencio y el ruido controlado: preferimos fijarnos en soluciones imaginativas que hemos visto aquí y allá.

 

La recién inaugurada Biblioteca de Montserrat Abelló en Les Corts (Barcelona) Fotoo de Ricard Cugat. 

 

La reciente edición integral de Los Grandes Inventos del TBO del profesor Franz de Copenhague.

En la recién inaugurada Biblioteca Montserrat Abelló en el distrito barcelonés de Les Corts: se ha recuperado el magnífico edificio de la fábrica de tejidos de seda y puntas de hilo Benet Campabadal para convertirla en una biblioteca que da prioridad a la inclusión social a través de espacios para makers, de coworking, para trabajos en grupo: con mobiliario y módulos adaptables a cada momento y circunstancia. El objetivo a la hora de estructurar arquitectónicamente los espacios ha sido equilibrar el concepto de biblioteca en el que se preserva el silencio: sin que ello impida potenciar al centro como algo dinámico, lleno de vida y abierto a las interacciones colectivas y el trabajo en equipo.

Pero la mayoría de bibliotecas no tienen la opción de partir de cero en esto de adaptarse a los retos que exige a las bibliotecas la sociedad del nuevo siglo. Por eso, en nuestro empeño por facilitarle la vida a los profesionales aquí van algunas soluciones propias del doctor Franz de Copenhaguen que, desde nuestro gusto #bibliobizarro, nos encantaría ver puestas en práctica en más de una biblioteca.

 

El cono del silencio del Superagente 86: un clásico a recuperar en las bibliotecas de hoy día.

Versión del cono del silencio que permitiría deambular por entre las estanterías hablando animadamente sin perturbar al resto de usuarios.

Cabinas fabricadas como material bélico para aviones en la II Guerra Mundial: ahora perfectamente reciclables para bibliotecas modernas.

Diseño de Skylar Tibbits para Google para improvisar reuniones en grupo en espacios abiertos.

Almohada para aislarse y dar una cabezada en la biblioteca sin importunar a nadie.

Hay que llevar cuidado a la hora de fabricar mobiliario para procurar intimidad. La falta de perspectiva puede provocar geometrías desafortunadas como en este caso.

 

Ya se lo preguntaba León Felipe allá por los años 40 del siglo XX: ¿Por qué habla tan alto el español?Este tono levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica”. Felipe, encontraba la explicación rastreando en nuestra historia. Y no le faltaba razón, pero bien estrenado el nuevo siglo, seguimos vociferando, ahora además, en digital.

Por eso el invento del diseñador Govert Flint (un Franz de Copenhague de aire hipster) resulta ideal para las salas de una biblioteca. Se podría llamar una silla-ratón, aunque el nombre que su creador le ha dado es algo más científico: la silla biónica. Consiste en una silla o exoesqueleto (según cómo se observe) repleto de sensores que detectan los movimientos de nuestro cuerpo, y los traducen en los movimientos que efectuamos mientras trabajamos en el ordenador. Adiós al sedentario cibernético, bienvenida la danza frente a la pantalla del ordenador. Cazando moscas en la biblioteca:

Pero poniéndonos algo más realistas, ¿y serios?, recurrimos de nuevo a algunos de los modelos de mobiliario de procedencia nórdica (¿por qué los habitualmente respetuosos noruegos son los que más se preocupan de idear soluciones a la quietud ajena?) que más nos gustan para resolver ese serio problema que tenemos en este país con el ruido.

 

Igloo de los arquitectos Aart Architects fabricado en materiales que amortiguan los sonidos.

Modelos de mobiliario de la marca noruega Buzzihub.


 

Soluciones para todos los gustos: solo hace falta que las partidas presupuestarias vayan a juego. En todo caso reclamemos inventos, pero no de TBO, para resolver el problema de este exceso de decibelios. Reivindicar el silencio, en general, como estado propiciatorio para la reflexión, que no como sinónimo de cementerio, claustro o falta de vida. Y es que determinadas cosas nunca deberían decirse gritando, en todo caso, en susurros para que la falta de eco no nos hunda en la miseria.

 

Programa de lavado cultural

 

 

El concepto de biblioteca sin muros lleva décadas formulado en los manuales de Biblioteconomía. Podría pensarse que surgió al socaire del torrente digital que todo lo invade, pero no: de la biblioteca sin muros ya se hablaba en los años 90: mucho antes de que Internet la hiciera posible en virtual. Tal vez por ello la asignatura pendiente es convertirla en algo real: dejar de hablar de biblioteca sin muros y pasar a hablar de bibliokupaciones.

Para la bibliokupacion (“dícese de la ocupación de un espacio extraño al recinto habitual de una biblioteca por servicios bibliotecarios”) de la que nos hacemos eco en esta ocasión  no podíamos elegir imagen más ilustrativa que la portada del magnífica novela gráfica: El Nao de Brown. La cultura centrifugándote el cerebro. Y es que de lavanderías y cultura va la cosa.

 

Cartel de la Bibliothèque sans frontières para los campos de refugiados.

 

Una buena ocasión para recuperar esta estupenda película de un primerizo Stephen Frears.

La organización Bibliothèque sans Frontières es responsable de algunas de las iniciativas más estimulantes de los últimos años cuando se trata de llevar la oferta bibliotecaria a cualquier lugar y latitud. La Caja de ideas que el célebre diseñador Philippe Starck creó para que, en campos de refugiados o zonas de lo más recónditas del planeta, pudieran montarse bibliotecas: conoció gran difusión en blogs y medios profesionales hace unos años. Su último proyecto en su afán por “colonizar” lugares con prestaciones bibliotecarias, según nos informan en ActuaLitté les universes du livre, huele a suavizante y detergente.

Wash & Learn (Lava y aprende) bajo este nombre la organización desarrolló, durante el último verano en el neoyorquino barrio del Bronx, un programa para sobrellevar los tiempos de espera en las lavanderías mediante cultura. Se instalaron equipos informáticos que permiten el acceso a contenidos culturales y educativos. Precisamente las lavanderías son muy utilizadas por personas con recursos escasos o transeúntes sin domicilio fijo en claro riesgo de exclusión social. Tras el exitoso rodaje que supuso en una de las zonas más deprimidas de Nueva York: el Wash & Learn también se puso en marcha en la ciudad de Detroit.

Cronópolis, la novela de ciencia ficción de J. G. Ballard, sobre la degradación de una gran ciudad que pareciera la crónica de la muerte anunciada de la ciudad de Detroit.

Que Detroit se ha convertido en ciudad-símbolo de la decadencia capitalista e industrial: es un hecho reflejado en numerosos documentales, películas y libros. El Día Internacional del Trabajo resultó una buena elección para celebrar el “Día libre de lavandería”: lavados gratuitos, conciertos, aperitivos y talleres para niños. Mientras los “KoomBook”, que así se denomina la conexión WiFi para acceder a libros y contenidos educativo para todas las edades, se extienden por las lavanderías de la ciudad: la bibliokupación que lava más limpio va ganando más y más adeptos.

Aprovechar los tiempos de espera para introducir de rondón a las bibliotecas no es nada nuevo. Dos ejemplos no muy lejanos en el tiempo han sido: la máquina Shortédition, ideada por el editor Quentin Plepé, que permite imprimir más de 600 relatos y lleva dos años ayudando a sobrellevar las esperas en las salas de e¡spera de los hospitales y centros de salud de Grenoble; o el programa que pusieron en marcha las autoridades de Costa de Marfil para alfabetizar a las mujeres montando pequeñas bibliotecas en los salones de belleza. Los elaborados peinados africanos requieren de mucho tiempo: tiempo perfecto para que los motores económicos de sus comunidades (las mujeres) accedan a la cultura.

Pero no queda aquí el lavado programado para este post. El sector de las lavanderías y la lectura cuenta con otro episodio más allá del proyecto de la ONG francesa. En nuestro país la empresa de lavandería y servicios hoteleros Ilunion ya puso en marcha, en junio de 2015, una colaboración con la Biblioteca Marcel·lí Domingo de Tortosa (Tarragona), donde se ubica su sede, para montar una pequeña biblioteca en sus instalaciones y así fomentar el hábito de la lectura entre sus empleados.

 

El duo electrónico Matmos dedicó su disco Ultimate Care II a música experimental basada en sonidos de lavadoras. Sus conciertos resultan de lo más pulcros como puede verse en Youtube.

 

La promoción de la cultura en estos tiempos no entiende de remilgos: hay que arremangarse y no tener miedo a mancharse chapoteando en los vertederos culturales que cada día amenazan con sepultarnos. Pero eso no quita para que todos aspiremos a lucir de lo más pulcros. El affaire lavanderías-bibliotecas no entiende de lavados cortos.

Lo que resulta más extraño es que no haya surgido un eslogan a juego con la de juego que han dado los detergentes y las lavadoras en la publicidad. “Si no quieres que te laven el cerebro ven a la biblioteca”. Simplón pero, precisamente por eso, efectivo.

Que la biblioteca actúe contra los lavados, continuados y reincidentes, de cerebro con que nos asaltan a cada minuto: es obligado. Pero que mantenga limpios, hasta donde sea posible sin cargárselos, los libros también es de agradecer. Quedarse mirando la ropa dando vueltas en la lavadora es algo que todos hemos hecho alguna vez. Algo de esa fascinación hay en la contemplación del túnel de lavado para libros (Depulvera se llama) de la Biblioteca Pública de Boston. No sabemos si resultará tan desinfectante como la botella de alcohol y el trapo con que cuentan en más de un mostrador de préstamo de algunas bibliotecas: pero sí mucho más hipnótico.