Bibliotecas y bibliotecarios en el mundo hiperconectado

PortadaInforme APEIEstamos leyendo estos días con mucho atención el “Informe Apei sobre bibliotecas ante el siglo XXI: nuevos medios y caminos” elaborado por Julián Marquina, y casi desde el primer momento teníamos claro que el torrente de ideas y ejemplos que aporta este valioso trabajo merecían la pena una entrada en nuestro blog, aunque solo sea para destacar algunas de las propuestas que más nos han gustado/sorprendido, y que creemos que pueden dar lugar a un buen debate porque van directas a la cuestión de cómo adaptar las bibliotecas a un mundo y una ciudadanía hiperconectados. ¿Cómo afrontar esa revolución tecnológica y social acelerada que nos está arrastrando a lugares desconocidos y muy, muy estimulantes?

Las propuestas del informe se articulan en tres bloques: el primero sobre retos y perspectivas para las bibliotecas en el siglo XXI; un segundo más centrado en los medios sociales y las herramientas de comunicación vinculadas a los móviles; y el tercero dedicado en los “nuevos caminos” que están explorando las bibliotecas y en el perfil de los bibliotecarios y bibliotecarias como “desbrozadoras” de esas sendas. Es en este último bloque en el que nos vamos a centrar, porque realmente recoge ejemplos y propuestas de esos con los que se te cae la baba 😉

 

Acceso a la tecnología y el aprendizaje

Empezamos por los ejemplos. La evolución de las bibliotecas en este mundo revolucionado por la tecnología pasa por que los usuarios las perciban, en palabras de Marquina, como “el lugar idóneo para sus necesidades de creación, de búsqueda de información y de acceso a la tecnología y el aprendizaje”.

En esa línea, y teniendo muy clara la necesidad de escuchar a los usuarios a la hora de elaborar sus planes estratégicos, algunas bibliotecas, sobre todo estadounidenses, están poniendo a disposición de la ciudadanía espacios, tecnologías y servicios (como talleres formativos) con los que pueden dedicarse a la creación de música, vídeos y otros contenidos digitales.

Estas acciones, cuenta el informe, forman parte de lo que se conoce como movimiento Maker, y una de las bibliotecas pioneras en él es la Fayetteville Free Library de Nueva York. En la misma línea está el LibraryYou de la Biblioteca de Escondido, que tiene como objetivo recopilar y compartir conocimientos locales a través de vídeos y postcasts, y el Dream Lab de la DC Public Library de Washington, que funciona como espacio de trabajo colaborativo y de creación para pequeñas organizaciones, grupos o personas a título individual.

Todas estas iniciativas son capaces de cerrar la brecha digital entre bibliotecas y usuarios, y tienen el beneficio añadido de atraer a los más jóvenes en torno a servicios que promueven la innovación, y la creación (y no solo el consumo) de contenidos. Pero, además de formar y alfabetizar a los usuarios en estas tecnologías y facilitar el acceso a ellas, en este nuevo mundo las bibliotecas están, a su vez, muy bien posicionadas para convertirse en “pilares básicos” en la creación de contenidos de calidad, útiles para la comunidad.

El informe cita algunas vías abiertas en este sentido, como el proyecto de creación de contenidos para la Wikipedia que están llevando a cabo desde las Bibliotecas Públicas de Cataluña, y la creación de cursos MOOC (cursos masivos online, gratuitos, que ahora mismo impulsan principalmente las universidades, y entre cuyas plataformas más conocidas destacan Coursera en EE.UU y MiriadaX en Latinoamérica). Y explica además por qué las bibliotecas están especialmente bien situadas para impulsar estos MOOC, entre otras cosas por su capacidad para construir grandes comunidades, por su acceso a recursos físicos y virtuales y por estar habituadas a la formación y alfabetización de usuarios.

 

El papel de los profesionales

Para impulsar todos estos cambios, Marquina habla de la necesidad de que bibliotecarios y bibliotecarias sean emprendedores dentro de la propia biblioteca (“INprendedores”), es decir de superar “el miedo al fracaso y a lo desconocido, los sistemas rígidos y la burocracia organizacional, la falta de apoyo y oportunidades” para asumir riesgos y hacer posible el cambio. Y traza todo un perfil del “INprendedor” bibliotecario, que incluye, entre otras muchas cosas, tener alma de líder, conocer y estar altamente comprometido con la biblioteca, estar en formación permanente y experimentar, experimentar, experimentar.

De todas formas, y esto también lo deja claro, no es una tarea que pueda hacer uno solo, sino que es cosa de trabajar en equipo y de que la organización esté abierta al cambio… y lo apoye. Se trata de anticiparse a las necesidades de los usuarios y ofrecerles “soluciones relevantes y de calidad”, de buscar “oportunidades para transformar la escasez en abundancia” y de reconocer que el futuro (y cada vez más el presente) es digital.

Como decíamos al principio, estamos ante un nuevo escenario para crear, transformar, compartir y difundir la información y el conocimiento que es, de verdad, apasionante. ¿No os parece?

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