Bibliotecas para todos, aceras para peatones

 

Una de las noticias curiosas más recientes en torno a bibliotecas provenía, una vez más, de Canadá: concretamente de las bibliotecas de Montreal. Los pupitres con pedales con los que se puede leer al tiempo que se hace deporte parecieran un invento propio de la Teletienda, pero no, son una realidad en la red de bibliotecas canadienses.

A ver, mobiliario bonito para bibliotecas, no es.

Según la bibliotecaria de la Biblioteca Robert-Bourassa: el escritorio-bicicleta permite a los niños canalizar su energía pedaleando y así pueden concentrarse en la lectura. De algún modo habrá que compensar los espasmos del mono digital que puede provocar un rato de lectura sosegada, no solo en niños, sino en todas las edades.

El caso es que la lista de usuarios reservando pupitres con pedales se ha hecho enorme y, de paso, aporta otra nota curiosa sobre la idiosincrasia de las bibliotecas canadienses que tan buenos momentos nos están dando últimamente en la sección de noticias breves de cualquier foro bibliotecario.

 

 

Caída de bici el cómic de Étienne Davodeau.

Y como en la actualidad las noticias siempre se entrelazan: en la que fuera madre patria de los canadienses, Francia, el pasado 16 de noviembre se proyectó en una biblioteca parisina la película rodada sobre Angelle 2018. Con ese nombre (acrónimo de las localidades galas de Angers y La Rochelle) se resume el itinerario que llevaron a cabo más de 50 bibliotecarios del país que recorrieron dicho trayecto camino del Congreso de bibliotecarios que se celebraba en La Rochelle: a lomos de sus bicicletas. Cyclo-biblio, así se denomina esta iniciativa deportivo-cultural que ya va por su quinta edición.

Durante el recorrido los ciclistas-bibliotecarios visitan mediatecas y bibliotecas reforzando así el carácter reivindicativo de la acción. La vélorution des bibliothèques: algo así como la revolución a pedales de las bibliotecas. Dicho así no suena muy halagüeño: si la revolución de las bibliotecas va a pedales: apaga y vámonos. Pero nunca hay que quedarse en la literalidad de las traducciones, y menos aún, cuando se echa mano del Traductor de Google (ese cachondo).

 

 

Vélorution hace referencia a un movimiento internacional que busca promover formas de transporte no contaminantes. Partió de las movilizaciones de ciclistas que, más allá del proselitismo del deporte y la vida sana, comporta un activismo a favor del medio ambiente, las ciudades más amables en las que el coche pierda su hegemonía, y en conseguir un compromiso por parte de las autoridades en este sentido.

Según la Wikipedia (en ocasiones, al igual que el traductor de Google: otra cachonda) el término lo acuñó el filósofo libertario André Dupont cuando hizo una ‘no campaña electoral’ en 1974 sobre una bicicleta y declaró ser un ‘ciclodidacta’. El círculo se cerraba en forma de rueda de bicicleta anticipando esta vélorution des bibliothèques: activismo, ecología y la formación autodidacta que ofrecen las bibliotecas: tres en uno. Como el famoso aceite. Solo que, en ocasiones, la visión idílica de este continuo girar de ruedas: chirría.

 

La última edición de Criticona 2018 en León.

 

El movimiento francés por la vélorution se ha expandido por muchos países incluyendo a España. Bajo el nombre de ‘La Criticona’ (traducción de ‘masse critique‘ con que se denomina las concentraciones ciclistas alterglobalistas): en nuestro país se llevan celebrando desde el 2009 en distintas ciudades. Pero los bibliotecarios franceses deben tener mejor salud cardiovascular que sus colegas españoles porque, hasta el momento que sepamos, no se ha dado aún el cruce entre dicho movimiento y el mundo bibliotecario (actualización: afortunadamente nuestros lectores siempre vienen al rescate y Luis Miguel Cencerrado nos recuerda que los bibliotecarios universitarios de Valladolid participan en una ruta Bibliociclista como cuentan en este post). Y a una semana de que se celebre el IX Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas: no creemos que ir a Logroño en bicicleta sea una opción a considerar salvo por los profesionales más intrépidos de La Rioja.

 

El que fuera líder de los Talking Heads y sus diarios de bicicleta.

 

Los encomiables objetivos de La Criticona o la vélorution chirrían como decimos cuando se topan, al menos en nuestro país, con el disputado espacio público común. En Madrid ya se han generado en las redes sociales movimientos como la Liga de Defensa de las Aceras o ‘la liga de los apartinetes’ (denunciando el peligroso entorpecimiento que suponen los malos aparcamientos de los patinetes).

El ministro del Interior, Grande-Marlaska, se ha manifestado sobre la necesidad de regular los seguros de los conductores de estos nuevos artilugios que han invadido las aceras en caso de accidentes. Y se acumulan varias noticias en los últimos años de atropellos por parte de ciclistas, o ‘peatones con ruedas’ (sean patinetes, monociclos, patines o cualquier otro artilugio similar): el enfrentamiento peatones-sobre ruedas está servido.

 

No, la novela de Llucia Ramis pese a su título, no tiene nada que ver con la ‘guerra por las aceras’ pero como retrato generacional sí que podría tener algo que ver con lo que hablamos en este post.

 

La adaptación de Crash (1996), con la que Cronenberg provocó no pocas deserciones de los cines. Excitación sexual por los accidentes de tráfico.

Cuando se ha visitado o vivido en alguna ciudad centroeuropea, uno se termina habituando a los carriles bici, y a la convivencia más o menos fácil entre peatones y ciclistas (salvo en Ámsterdam, donde el gran número de bicicletas en algunas zonas lo hace algo estresante). Y no deja de ser curioso que la reivindicación de la bicicleta, y otros medios de transporte más ecológicos, entre en conflicto precisamente con los más débiles: los peatones.

Si en un primer momento, tras el nacimiento de la industria del automóvil, tener un coche era símbolo de clase social: es paradójico que el único medio de transporte al que podían aspirar las clases humildes (con el inolvidable Ladrón de bicicletas de Sica siempre en mente): sea ahora el que avasalle al más desprotegido del hábitat urbano.

 

Una guerra política, comercial, ciudadana, arquitectónica y social se desarrolla cada día en nuestras calles. La comercialización de las plazas públicas con la masificación de terrazas de comercios privados a las que, algunos ayuntamientos, han tenido que poner freno para, simplemente, permitir la libre circulación de los viandantes. La brecha ya no es digital, es física, mecánica. Si la tecnología nos monitoriza hasta las relaciones íntimas vía apps para ligar: se necesita un nuevo elogio del peatón, imitando al libro de Marc Augé, y llevarnos de los walking dead a los walking readers.

Porque ya no estamos hablando simplemente de ir a pie o sobre ruedas: estamos hablando de qué sociedad, de qué ciudades realmente queremos.

 

 

Que el algoritmo del traductor de Google se equivoque en las traducciones y nos echemos unas risas: pero que no traduzcamos mal los movimientos foráneos a nuestro país. Si la Criticona quiere promover un mundo más ecológico, unas ciudades más humanas, más saludables, etc… paralelamente habrá que promover un civismo, un respeto por el espacio común (y de paso por el bien común) imprescindible si de verdad se quiere conseguir algo. Y para esa revolución las bibliotecas públicas, con pedales o no, son imprescindibles.

Bibliobicivismo, palabreja rara donde las haya que resume bien de lo que hablamos: fomentar las bibliotecas para, a través de ellas, educar en civismo. Porque sólo desde la promoción de la cultura, en su concepto más amplio, es posible coger velocidad sin atropellar a nadie por el camino.

 

6 pensamientos en “Bibliotecas para todos, aceras para peatones

  1. Lo prometido es deuda, y aquí os dejo mis anotaciones como participante del Cyclobiblio en Francia durante las ediciones de 2016, 2017 y 2018:
    La proyección en Paris que mencionáis la organiza la actual presidenta de Cyclobiblio junto con el equipo directivo de la asociación en su lugar de trabajo: la Biblioteca de la Facultad de Ciencias del Deporte en la Universidad Paris Descartes. Es un evento divulgativo de la actividad principal: Cyclobiblio.
    Cyclobiblio http://www.cyclingforlibraries.org/cyclobiblio/ es un evento anual en el que no solamente hay franceses: ha habido bibliotecarios belgas, alemanes, suizos, suecos, ingleses… ¡y de España!
    A su vez, Cyclobiblio nació de Cycling for Libraries http://www.cyclingforlibraries.org/ , fundada en 2011 por unos bibliotecarios finlandeses, que quisieron intercambiar experiencias con otros colegas de la profesión, al mismo tiempo que visitaban bibliotecas, en una especie de no-congreso (unconference), usando la bicicleta como medio de transporte, por ser respetuosa con el medio ambiente y facilitar la comunicación mientras se pedalea, entre otras cosas.
    Desde 2011, ha habido otros países que han imitado la experiencia: Canadá, Bélgica, Rumanía y Francia, siendo este último, con Cyclobiblio, el más consolidado actualmente.
    La Asociación de Bibliotecarios Franceses patrocina el evento, por eso se ha hecho coincidir en varias ocasiones (no siempre) la llegada del último día con el primer día del congreso, pero no todos los bibliociclistas de Cyclobiblio participan después en el congreso.
    De momento no hay equivalente en España. Aunque, como ha señalado Luis Miguel Cencerrado, en Valladolid hemos hecho una pequeña actividad ciclista visitando algunas bibliotecas de nuestra ciudad, pero no es lo mismo.
    También se hizo una campaña en Pamplona, hace unos años, para promocionar el uso de la bici y de las bibliotecas. Se hicieron planos con rutas y otras actividades relacionadas.
    Os dejo el pequeño resumen que hice de mi 3ª edición en 2018: http://bibliotecabierta.blogs.uva.es/angelle-cyclobiblio-2018/

    Por cierto, la edición 2019 será entre Le Havre y Paris. Espero poder estar de nuevo allí.
    Si alguien quiere más información, solo tiene que ponerse en contacto conmigo.
    Saludos. Carmen de Miguel Murado

    • Impecable crónica Carmen. Un lujo que te agradecemos muchísimo. Vamos a publicitarlo bien las redes. Hay muchos amantes de las bibliotecas y las bicicletas que van a disfrutarla un montón. Y mucha envidia porque vayas a disfrutarla también el próximo año. Un fuerte abrazo y de nuevo mil gracias.

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