Bibliotecas indies, bibliotecas mainstream

Ya es mala suerte. Ahora que, después de décadas de estereotipadas imágenes de lo que se supone es un bibliotecario: la pátina rancia se había vuelto vintage; ahora que muchos jóvenes con gustos indies idealizaban a la profesión por permitir vivir de y con la cultura; y ahora que el look clásico bibliotecario puede ser fácilmente glamurizado vía hipster. Van los profetas de las tendencias, siempre dispuestos a aguarle la fiesta a alguien: y decretan la muerte de todo lo que huela a hipster.

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Ideograma de máximas sobre bibliotecarios hipsters (subtítulado en verde)

Aunque no es ninguna novedad, ya en el 2013, un artículo en el Library journal de Annoyed librarian (bibliotecario irritado) sentenciaba que los bibliotecarios no podían ser hipsters. Tras aversiones varias, el artículo concluía que los hipsters estaban desesperados por ser diferentes, y mirar por encima del hombro a la masa. Y eso, cualquiera puede comprenderlo: nunca puede ser un rasgo propio de un bibliotecario.

Visto lo cual, por mucha barba que se luzca o mucha falda rescatada de la abuela que se lleve: lo hipster, lo normcore, lo yuccie, o cualquier otra etiqueta diseñada en serie para resultar exclusivo: habrá que reservarla para la vida fuera de la biblioteca.

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Según aseguraba un tweet de la empresa líder en analítica web y marketing online Hubspot a finales del 2015: la personalización será una de las claves para diferenciarse de la competencia en el 2016. Y las bibliotecas como instituciones volcadas en lo digital, no quedan ajenas a esta predicción. Es positivo personalizarse, alejarse de lo estándar, pero por encima de todo hay que seguir siendo populares: así pues la decisión de Sophie bibliotecaria está servida (atención spoiler para quien no la recuerde: es la película en la que Meryl Streep tiene que elegir cual de sus hijos vivirá, y a cual sacrifica).

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El humor inclasificable de Noguera, un must para cualquier hipster (¿se puede decir de forma más in?)

Puestos en la tesitura de seleccionar ¿se compra el último libro de Miguel Noguera o más ejemplares del fenómeno tipo Cincuenta sombras de Grey del momento?, ¿añadimos a nuestra Mediateca la maravillosa Declaración de guerra de Valérie Dozelli o Fast and furious 5?

Por seguir con los clichés habituales en las industrias culturales: ¿se  potencia lo indie (entendido como lo minoritario con más calidad, lo cual no quiere decir ni mucho menos que todo lo que se etiqueta como indie tenga calidad) o se someten a las leyes del mercado mainstream (que tan lustrosas estadísticas de préstamos dan, y tantos argumentos de cara a los políticos?) ¿a qué público deben mimar para asegurarse su fidelidad: al que muestra inquietudes por una cultura de resistencia al pensamiento único, o al que se deja llevar por las corrientes?

Una diatriba contra el capitalismo salvaje de la industria musical, y el lavado de cerebro de las masas

Los más sensatos dirán que en el término medio está la virtud; pero con un 85% del presupuesto recortado (con suerte) el término medio se queda tan escaso, que algunas bibliotecas de ser como Meryl Streep, no tendrían ni que elegir: directamente sacrificarían a los dos hijos.

Hace unas semanas, en el post Dejando atrás el lado salvaje…,  a cuenta de la biblioteca como instrumento para la inclusión social ya se decía que (y perdón por la autocita, pero es lo que da coherencia a los discursos):

“En estos tiempos, si queremos ser mayoritarios, debemos empezar por atender a las minorías”

Como eslogan quedaba muy aparente, pero al llegar al asunto del dinero se acaba la poesía. Está claro que la biblioteca del siglo XXI debe luchar contra la estandarización de los gustos, fomentar alternativas al pensamiento único, ser reducto de disidencia intelectual que enriquezca el páramo cultural al que empujan las multinacionales del entretenimiento. Sin demonizar lo que de bueno hay también en el top de las listas de éxitos, por otra parte. Pero, ¿dónde se pone la linde?

 

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El totalitarismo de las tendencias con Hipster Hitler: “Yo supe del holocausto antes de que fuera mainstream”

Y este debate entre bibliotecas indies y mainstream: no es ningún invento de este blog. Hace unos días, ha sido el detonante de un encendido debate en The Inpress Festival of Publishing 2016, una de las ferias más importantes de editores independientes del Reino Unido.

Según el editor Nick Kent, las bibliotecas han traicionado por completo al sector. Las bibliotecas, según sostuvo, tienen el deber de apoyar a los editores independientes, y a los autores que buscan su lugar al sol sin el apoyo de los gigantes editoriales. Afortunadamente dentro del mismo festival, otras voces defendieron a las bibliotecas por la reducción drástica en los presupuestos que llevan sufriendo durante los últimos años.

El Festival también sirvió para reivindicar la labor que desarrollan las bibliotecas a largo plazo como semilleros para nuevos lectores; y el potencial que tienen como trampolín para los autores que optan por la autoedición.

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¿El último de Sufjan Stevens o el último de Bertín Osborne?: dura elección para un bibliotecario indie con conciencia profesional mainstream

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Cultura mainstrem: cómo nacen los fenómenos de masas de Frédéric Martel, ensayo de cabecera para saber cómo funcionan las industrias culturales

Precisamente a cuenta del boom de autores que recurren a la autoedición digital, en el artículo Conectando libros indies, bibliotecas y lectores del Library Journal, se aborda la autoedición a través de la herramienta Self-e: que permite fomentar la vocación literaria local, creando una auténtica comunidad en cuyo epicentro indie se encuentran las bibliotecas.

Como señala el artículo: “más del 50% de los usuarios de las bibliotecas que compran libros electrónicos, lo hacen de autores que descubrieron gracias a la biblioteca“. Los autores utilizan las herramientas para autoeditarse; y las bibliotecas se convierten en sus vías de distribución. La credibilidad del gremio a la hora de aconsejar a sus usuarios, se convierte en la mejor credencial para darse a conocer. Las bibliotecas serían la gaseosa para los experimentos de estos aspirantes a literatos, que si tienen talento (o suerte) pueden llegar a llamar la atención de editoriales comerciales.

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Imprenta para usuarios en la Biblioteca de Toronto

woolHugh Howey, autor de la serie Wool que ha vendido más de dos millones de libros, y cuyos derechos ya ha comprado la 20th Century Fox, remarca la trascendencia que ha tenido para el éxito de su obra, el marketing a través de las bibliotecas.

Howey se autopublicó a través de Kindle Direct Publishing de Amazon; en 2012 firmó un acuerdo con Simon and Schuster para distribuir su obra a librerías norteamericanas, conservando él todos los derechos; y ahora la llevan al cine en Hollywood.  Del indie al mainstream con las bibliotecas como aliadas.

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La teoría de conjuntos entre leñadores, bibliotecarios y hispters: después de todo no son tan diferentes

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“Todos se merecen una historia de amor” reza la frase publicitaria. Deberían añadir: “incluso los bibliotecarios”

Pero por concluir como empezamos. En breve, suponemos, se estrenará en nuestro país la película After words (si no se estrena tampoco pasaría nada, salvo por lo tocante a Óscar Jaenada que interviene en ella, y es un actor a reivindicar). La película cuenta la historia de Jane, una grisácea bibliotecaria neoyorquina que al ser despedida piensa en suicidarse. Un viaje a Costa Rica le hará descubrir el amor, la aventura y el sexo. Muy original todo.

Y tras comprobar una vez más, que el estereotipo de la bibliotecaria muermo, anodina, que hasta vestida en un chino de barrio tendría mejor aspecto, y con la vida sexual de una ameba se perpetúa: ¿es tan raro que los bibliotecarios aspiren a ser guays y molones (sic)?

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Indies, hipsters y gafapastas: crónica de una dominación cultural, ensayo en el que el periodista musical Victor Lenore ajusta cuentas con los guays del momento

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Manual de estilo para creerse original y único

El New Library Symposium de Australia, es la conferencia más hipster del mundo bibliotecario (de ella son los ideogramas que lucen en este post); en dicho simposio todos aspiran a cumplir las 9 reglas básicas de cualquier biblioteca hispter que recoge el blog Word revels. Por lo que mucho nos tememos, que por modas que pasen, por etiquetas que caduquen: lo indie/mainstream va a definir a las bibliotecas durante muchos más años. Y como el trasfondo de todo esto (aparte de postureo) es una cuestión de economía: concluímos con música y economía.

Si hay un género musical que ejemplifica a la perfección lo que hemos estado tratando hasta ahora, ese el hip hop. Nacido en el gueto para denunciar y combatir al sistema, ha pasado (salvo excepciones) a glorificar el capitalismo más hortera, machista y violento a base de piscinas llenas de pibas en bikini, limusinas y oro mucho oro. La capacidad del sistema capitalista para desactivar cualquier resistencia, más el fanatismo del converso en una combinación perfecta.

Y cual pelea de gallos hiphopera se presenta en este brillante vídeo: el enfrentamiento entre los dos economistas que han definido el tiempo en el que vivimos: Keynes versus Hayek. Una divertidísima y aclaratoria lección de lo que en realidad late tras todo este dilema entre bibliotecas indies, bibliotecas mainstream:

2 pensamientos en “Bibliotecas indies, bibliotecas mainstream

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