La arruga es subversiva: bibliotecas para la tercera edad

Dentro de unos 20 años la mayoría de la población encuadrada dentro del baby boom de las décadas de los 50 y 60 del pasado siglo (en el mundo anglosajón lo cifran hasta 1965, pero en nuestro país lo podríamos extender hasta los 70): pertenecerá a lo que se ha dado en denominar tercera edad. Si las bibliotecas (o como quieran llamarse) siguen existiendo para entonces: ¿qué van a hacer para satisfacer las necesidades culturales y de ocio de esa población? ¿Serán bibliotecas para la tercera edad?, ¿serán el nuevo hogar del pensionista del siglo XXI?

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Ensayo sobre el boom de las agencias de publicidad en los 60, y su glorificación de la juventud como valor supremo para vender

Los mayores de 60 serán el grupo más numeroso demográficamente, por encima de jóvenes y niños, cuyas cifras van en descenso en el mundo occidental desde hace años. En ese contexto, la arruga ya no será bella  como rezaba el eslogan de los 80, será directamente subversiva.

Desde que la juventud se convirtió en el estado a glorificar a través de la publicidad, la moda y las multinacionales del entretenimiento: el viejo de la tribu global ya no encarna la sabiduría, sólo una carga para los sistemas sanitarios y de pensiones del capitalismo salvaje. O en el mejor de los casos, un recurso con el que paliar los desastrosos efectos de las crisis en la economía de las familias.

“Son inconsecuentes, retrógados, mojigatos, votan a la derecha, ¡han destruido el planeta, matado de hambre al Tercer Mundo! ¡En ochenta años, han hecho desaparecer la práctica totalidad de las especies vivas, han esquilmado los recursos, ¡se han comido todos los peces! ¡Cada año se crían en batería cincuenta millones de pollos en todo el mundo y la gente se muere de hambre! Históricamente son… ¡la peor generación de la historia de la humanidad!”
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Contraportada del cómic Los viejos hornos, cuyos protagonistas son unos ancianos dispuestos a iniciar una revolución

Por eso no es extraño, que tal y como es posible borrar un archivo en un ereader, se intente borrar el paso del tiempo en los rostros y cuerpos. Una carrera sin fin mientras sigamos proviniendo de materiales orgánicos, como los libros impresos: esos que igual que sus lectores, envejecen y amarillean la pulpa de sus páginas denotando su uso. Ahora el frío y aséptico resplandor de las pantallas, hará juego con los rostros intervenidos, alisados y paralizados por el botox o cualquier nueva técnica cosmética.

Las arrugas y las canas van camino de convertirse en el nuevo punk. Puede que, como siempre, el mundo de la moda haya asumido astutamente este discurso promoviendo la presencia de maduras en pasarelas y revistas (saben bien quién tiene el dinero); y que las deliciosas protagonistas de la web Advanced style, nieguen la caducidad de la ilusión mientras se está vivo: pero arrugarse a partir de ahora, va camino de convertirse en toda una declaración de principios.

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Las fantásticas ancianas neoyorquinas del blog Advanced style, toda una filosofía de vida más allá de la moda

La arruga será lo que mejor restablezca la diferencia social, ahora que la democratización de la moda ha hecho que sea más difícil distinguir el estrato social del que se proviene. Por sus arrugas los conoceréis, o como cantaba Nacha Guevara allá por los 70: “así los pobres a misa de once irán, y con la gente no se confundirán” (Las damas de la beneficencia).

Como decía jocosamente el músico Nacho Canut recientemente en Tentaciones de El País:

“la vejez está mal vista. Tienes que hacerte el joven todo el rato […] dentro de poco los teenagers van a ser minoría y les harán bullying las Disco Sally” (Aclaración: Disco Sally es como se conoció a Sally Lippmann, una abogada neoyorquina que al enviudar, ya anciana, en la década de los 70, se lanzó a la fiesta más desatada en el mítico Studio 54, y según la leyenda pereció en la pista de baile)

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La mítica Disco Sally viviendo la noche loca setentera en Studio 54

No creemos que el hecho de haber vivido la época de la movida, haga que proliferen las Disco Sallys en los geriátricos; pero lo cierto es que los servicios bibliotecarios que hasta ahora han servido para atender, más o menos, a los ancianos tendrán que adaptarse. El dominó en el hogar del pensionista, la petanca o los viajes del Imserso ya no van a servir  para una generación que ha viajado, habla idiomas (o al menos lo ha intentado), ha vivido las relaciones de pareja y sexuales de manera totalmente diferentes a generaciones precedentes, que han fundado familias opuestas en muchos casos al modelo tradicional: y que en definitiva, representan ese cambio de mentalidad y costumbres en nuestro país que no ha parado de agudizarse desde los 80.

Haciendo un repaso a algunas de las programaciones de bibliotecas que se dirigen a los mayores de 60 años en la actualidad, nos encontramos una variedad limitada de opciones, aunque alguna imaginativa:

  • En Bristol, la biblioteca pública ayuda a los ancianos a resolver cuestiones relativas a
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    En la película israelí La fiesta de despedida, un grupo de ancianos practica la vejez activa creando una máquina para la eutanasia

    impuestos, contratos, petición de ayudas de dependencia, etc. Una línea de actuación que no dejará de ser útil dentro de 20 años, fuéramos fans de Antonio Machín o de Radio Futura, siempre será de agradecer el que te asesoren y ayuden; sobre todo con las continuas amenazas que se ciernen sobre el sistema público de pensiones.

  • En Virginia, la Biblioteca Jefferson tiene una campaña de recogida de productos de aseo y cuidado personal, de bisutería o libros para colorear, con los que formar bolsas de regalo por San Valentín para los ancianos de la comunidad. Trasladándonos a nuestro país, para las generaciones que vivieron la Guerra Civil o la posguerra lo de recibir algo gratis suele ser motivo de emoción; en los criados en el consumismo y el culto a las marcas, no sabemos hasta qué punto serían apreciadas estas bolsas-regalo.
  • En la ciudad canadiense de Wasaga Beach (Ontario), la biblioteca pública ofrece un amplio abanico de ofertas para la tercera edad. Desde clásicos como las visitas guiadas a monumentos, museos o teatros; pasando por cursos de primeros auxilios; y un filón como es aprender a buscar datos sobre sus antepasados, y escribir sus memorias. Todas estas ofertas seguirán siendo válidas para los ancianos dentro de veinte años. Sólo hay que repasar la cantidad de iniciativas que los últimos años se promueven desde bibliotecas y archivos para recuperar la memoria local, y que quedaron patentes en el VI Congreso de bibliotecas públicas celebrado en Burgos en el 2012.

Series_3_dvdOtra actividad que desarrollará la Biblioteca Pública de Wasaga Beach este mes de febrero orientada a la tercera edad, será la celebración de la última temporada de la serie de televisión Downton Abbey. La fiesta en cuestión consistirá en acudir a la biblioteca ataviados con ropa propia de la época en que discurre dicha serie, y tomar té, refrescos mientras se participa en juegos de salón. Esta actividad tal vez sea la que mejor puedan heredar los nacidos en el baby boom, una fiesta temática siempre tendrá tirón. Aunque es probable que hubiera que optar por otro tipo de ficción: por ejemplo por proyectar The Rocky Horror Picture Show, y su consiguiente fiesta temática, para los ancianos más alternativos.

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Shirley e Hinda son las protagonistas del documental: Dos abuelas cabreadas, en el que se relata como estas dos convencionales amas de casa, dejaron sus hogares para viajar a Wall Street y preguntar directamente a los banqueros y ejecutivos sobre la crisis. Detenidas numerosas veces, ya casi nonagenarias, persistieron hasta conseguir su objetivo.

En las Directrices para bibliotecas y servicios de información dirigidos a la tercera edad de la ALA, entre las muchas propuestas que se plantean: se incluye la de promover el empleo de mayores como apoyo del personal bibliotecario. Esta práctica aconsejada para promover una vejez activa, se ha concretado a través del voluntariado. Pero hemos visto en este tiempo de recortes e incertidumbres profesionales, como el voluntariado en ocasiones despierta recelos.

Algunos políticos en Reino Unido especialmente (pero algún conato hubo también en nuestro país), han visto en este voluntariado la ocasión para dejar de contratar personal cualificado. Los jubilados pasan a convertirse en voluntarios que terminan por quitarle puestos de trabajo a los jóvenes; eliminando profesiones (a ser posible relacionadas con la cultura) y entretanto, se promueven enfrentamientos intergeneracionales, que hacen perder fuerza de contestación contra quienes adoptan estas prácticas con la excusa de la crisis. Una jugada maestra o ¿estamos incurriendo en paranoias? En cualquier caso, dentro de 20 años, sin duda, sabremos a qué atenernos a este respecto.

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¿Qué anciano de aquí a 20 años necesitará un navegador adaptado?

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Justino, un asesino de la tercera edad: otra forma de plantearse una vejez activa.

Veinte años no son nada, así pues será muy interesante asistir a la evolución que los servicios bibliotecarios adoptan de cara a este público. Unos ancianos que no habrá que alfabetizar  en nuevas tecnologías, porque aunque no sean nativos digitales, se han actualizado a marchas forzadas. Ya no serán necesarias adaptaciones como el navegador Eldy, creado pensando en facilitar la navegación a los mayores. Habrá diferencias claves respecto a la generación de mayores de la actualidad, que ahora se pueden contrastar gracias a la recién publicada encuesta: “Las bibliotecas públicas también son para los mayores: resultados de una encuesta realizada a profesionales bibliotecarios españoles“, y que se ha publicado en el último número de la Revista General de Información y Documentación de la Complutense de Madrid.

La nueva tercera edad, que será la mayoritaria a mediados de este siglo, tendrá mayor capacidad crítica (confiemos en ello), no le atenazarán los miedos que traumatizaron a generaciones previas, estarán acostumbrados a desenvolverse en un mundo mucho más complejo, y se supone que tendrán una mayor conciencia cívica y ciudadana. En el mundo resultante de estos tiempos de incertidumbres que estamos viviendo, las bibliotecas harán bien en no centrarse en exclusiva en captar a las nuevas generaciones; desatendiendo al público que más peso demográfico tendrá a medio-largo plazo.