Mapas en carne viva

 

Quienes hayan leído la novela de Michel Houllebecq El mapa y el territorio sabrán que su protagonista es un artista que logra consagrarse gracias a sus fotos de mapas, y que la interesantísima trama da un giro sorprendente con un macabro suceso, que tiene mucho que ver con el título de este post.

Y la reciente noticia de que la British Library acaba de digitalizar más de un millón de páginas de contenido erótico de libros de sus colecciones: nos ha hecho recordar esta magnífica novela.

Por un lado porque dicha biblioteca cuenta con una de las mayores colecciones cartográficas del mundo: y por otro lado, porque si de piel hablamos: los mapas que aquí rescatamos arrojan no pocas lecturas sobre otro tipo de erótica: la del poder. Ese potente afrodisíaco por el que, estos días, luchan nuestros políticos recorriendo esa piel de toro que supuestamente representa el mapa de nuestro país.

Se trata de mapas en los que los países adoptan contornos antropomorfos, que ironizan y critican los momentos políticos del momento histórico en que se crearon. Como el mapa con que abrimos el post: en el que Reino Unido adopta la forma de John Bull, que literalmente defeca sobre Francia a cuenta de la guerra contra Napoleón, que terminaría en la famosa batalla de Waterloo.

 

 

En este otro mapa, todos los países europeos tienen una representación pictórica. El panorama que se dibuja es el correspondiente a 1877: cuando los temores británicos hacia las ambiciones expansionistas de Rusia se convertían en una de las mayores amenazas a la hegemonía del Imperio Británico.

 

 

En 1900, Rusia era un pulpo que extendía sus tentáculos por toda Europa, el centro del continente era una amalgama de intereses, luchas y convulsiones que sacudían a todos los países. España colgando del continente, si en el anterior mapa se definía por un torero, ahora se hace carne y volantes en el cuerpo de una bailaora (como puede comprobarse los tópicos triunfan desde siempre) amedrentada ante el ímpetu de la revolucionaria Marianne gabacha.

 

 

En 1870, la Revolución Industrial había trastocado Europa: mientras Rusia se fragmentaba, Alemania se hacía fuerte, y España… como casi siempre es mujer, y en esta ocasión, la mujer más perezosa de Europa. Una auténtica antepasada de la mismísima Sara Montiel: para la que la Península Ibérica es toda ella una chaisse longue, sobre la que fumando espera, no sabemos exactamente a quien, o a qué.

En el siguiente mapa, fechado en 1882, Europa ya no se hace carne humana, sino animal. Y así, Rusia es un amenazante lobo, Francia un orgulloso gallo, y España, como no, un toro con txapela. Un conflictivo arca de Noé en el que todos luchan por la supervivencia y, como nos enseñan los documentales de la 2, terminan devorando a sus vecinos.

 

 

El último que escogemos, presenta a Europa tal como si fuera un mapa de la Tierra Media de El señor de los anillos. El liberalismo y el nacionalismo se extendían por Europa, los ideales de la Ilustración calaban en los regímenes políticos que se iban instaurando; y en España un nuevo correlato con el momento que estamos viviendo estos días: el nacionalismo catalán destacaba como una apuesta fuerte y contundente por un Estado federal.

 

 

Hasta aquí este breve repaso cartográfico-humorístico-histórico. De dibujar un mapa de la Europa actual: ¿cuál sería la representación adecuada?, ¿con qué figuras se podría representar un continente que sufre unas convulsiones que oscurecen nuestro futuro a cada nuevo telediario?

Quizá es que Europa como concepto siempre ha sido una utopía, un ideal, un estado mental al que sólo se  puede llegar a través de la hipnosis, del inconsciente colectivo que tantos siglos de historia compartida han ido conformando. Tal y como hacía Lars von Trier en su película pro-dogma: Europa.

 

 

Bibliotecarios en el ranking de lo cool

 

El rebranding es una práctica de riesgo en marketing que, en ocasiones, se convierte en un triunfo. No viene a ser otra cosa que cambiar de nombre a una marca. En el caso de Airtel, Amena o Telefónica (ahora Vodafone, Orange y Movistar): fue un éxito. En otros casos, el cambio no tuvo tanto que ver con una estrategia de seducción publicitaria como con una necesidad: es el caso del todoterreno japonés Mitsubishi Pajero que se rebautizó como Mitsubishi Montera al lanzarse al mercado hispanohablante.

 

El caso de rebranding en el mundo de la música más extremo que se recuerda: cuando Prince pasó a denominarse con un símbolo impronunciable.

 

En cambio, practicar el rebranding con la ‘marca’ biblioteca: no es tan seguro que fuera positivo a la hora de alcanzar un auténtico cambio de mentalidad respecto a lo que son las bibliotecas en el siglo XXI. Se perdería ese difuso afecto popular que, supuestamente, se siente hacia las bibliotecas: incluso por parte de quienes no las pisan. Puede ser que lo que hubiera que cambiar fuera lo de bibliotecario. Por mucho que cierto romanticismo hipster haya recreado lo maravilloso que es pasarse la vida rodeado de libros: una vez amortizado lo hipster, y en pleno apogeo reguetonero, se hace más difícil encajar el estereotipo.

 

Mujeres esperando a que las saquen a bailar en la década de los 50.

 

Aquí hemos defendido alguna vez que los bibliotecarios son profesionales de la cultura. Que viene a ser algo así como decir que los cirujanos se dedican a la medicina. Una perogrullada. Pero lo cierto es que pocas veces se incluye a los bibliotecarios dentro de los agentes activos en lo que se ha dado en denominar industrias culturales y creativas. El concepto de bibliotecario parece deslucir frente a conceptos mucho más deslumbrantes como gestor cultural, community manager, dinamizador socio-cultural, asesor cultural, consultor, emprendedor cultural, etc…

En la mayoría de programas de los másteres que surgen, aquí y allá, para formarse con ese perfil innovador, moderno, novedoso de gestor cultural, entre las salidas profesionales: se repiten galerías, centros culturales, museos, productoras de eventos, discográficas, industrias creativas…, pero nunca: bibliotecas. Cuando curiosamente, las bibliotecas, coinciden en no pocos aspectos con lo que se hace en los espacios culturales mencionados. Pero es que, digámoslo claramente, los bibliotecarios no cotizan al alza en el ranking de lo cool. De hecho ni se les contempla.

 

Hace unos días se celebró el c de c 2019: el congreso de creativos publicitarios más importante del país. La campaña que se alzó con el primer premio fue la ideada para la marca de ropa Adolfo Domínguez bajo el eslogan: ‘Sé más viejo’. El orgullo de estar por encima de las modas: ¿hace falta subrayar las lecturas que se pueden sacar desde ‘lo bibliotecario’?

 

Si se le plantea a un millennial, recién licenciado en una carrera de humanidades: ¿qué futuro laboral escogería?: gestor cultural o bibliotecario. Acostumbrado como está a las eufemísticas denominaciones de muchas de las asignaturas que ha cursado durante sus estudios: lo más probable es que opte por lo de gestor cultural. Lo de bibliotecario queda, como mucho, entrañable. Ya puestos, hasta un poco exótico por aquello de lo vintage, pero poco más.

Pero puestos a vindicarnos siempre podemos tirar del último estudio que mejor se avenga a nuestro discurso. Y en este caso nos llega desde California, concretamente, de una profesora de la Universidad de Pepperdine. El estudio, publicado en ‘Journal of Positive Psychology’, sostiene que la humildad intelectual denota una mente abierta, audaz e íntegra intelectualmente hablando. Una persona que no presume de sus conocimientos, ni inteligencia, es más propicia a ideas nuevas y a seguir aprendiendo frente a quienes alardean de sus capacidades y conocimientos.

Cela y Sampedro: dos figuras de intelectual del pasado con imágenes muy diferentes.

Leer algo así es un bálsamo ante la avalancha de fatuos que alardean de conocimientos, opiniones o gustos de manera excluyente. E inevitablemente regala los oídos al gremio bibliotecario.

¿Estará ahí la razón por la cual los bibliotecarios no son detectados por el radar de lo cooltural?

La convivencia diaria con lo que han escrito las mentes más brillantes de cualquier generación muscula la humildad casi sin pretenderlo. Y ante la inmensidad del mar: cualquiera se siente pequeño. Pero antes de comprar la moto de cualquier estudio, por mucho que nos guste como suena, siempre hay que fijarse en el kilometraje.

 

El nuevo libro del periodista y sociólogo Frédéric Martel promete remover aún más los cimientos de la Iglesia católica.

 

La Universidad de Pepperdine es una institución independiente y privada afiliada a las Iglesias de Cristo. Y un estudio que eleva a la humildad a virtud intelectual se aviene a la perfección a los valores religiosos. Por eso por compensar, y sin querer sospechar para nada de su rigor, recordemos las palabras sobre los bibliotecarios de alguien como el documentalista-activista Michael Moore, muy dado también a impartir sermones, aunque desde un talante que poco tiene que ver con la humildad:

“muchos los ven como ratoncitos maniáticos obsesionados con el silencio, pero en realidad, es porque están concentrados tramando la revolución.”

También es cierto que, una vez masajeado el magullado ego bibliotecario, sería necesario prevenir de los peligros de un exceso de humildad. Ya se sabe que la falsa modestia es tan pecaminosa como la soberbia: por eso nunca está de más ejercer la autocrítica.

Si se hiciera una encuesta entre el gremio bibliotecario sobre hábitos de lectura: igual nos llevábamos alguna sorpresa. Así como hay médicos que fuman, dietistas con sobrepeso o pasteleros que prefieren lo salado: más de un bibliotecario habrá que no lea. ¿Es imprescindible para dar una buen servicio bibliotecario? O incluso cuando leen: ¿será una falta de ambición cultural la que hace que la figura bibliotecaria no resulte tan guay como la de un “gestor cultural” (con bien de comillas a falta de focos)?

 

¿Por qué será que la canción de Boris Vian viene a la cabeza al escribir este post? Esa que decía: “Soy snob. Terriblemente snob. Todos mis amigos lo son, porque ser snob es un amor.”

 

Pues a tenor del post que Héctor G. Barnes publica en su blog de ‘El Confidencial’ no parece que esta sea tampoco la razón. “Los nuevos paletos o la gente culta a la que la cultura le da asco” así se titula, y por si el título no fuera suficientemente orientativo, basta un fragmento para terminar de cerciorar lo que se intuye:

“Estoy aburrido de ver a escritores que no leen, músicos que no escuchan música, críticos estrella de cine que no ven más películas que las que les toca cubrir […] Quizá se deba a que la cultura ha sido sustituida por la industria cultural, donde el valor estético y social, como espacio común entre individuos, ha sido sustituido por su valor de cambio en el mercado global de vanidades.”

Confiemos en que, dado que en el ranking de lo cool, lo bibliotecario no cotiza al alza: al menos no sumemos los errores de estos neopaletos de los que habla Barnes. Como sentenciaba un vídeo de los #bibliotecariosgrafiteros protagonizado por un abuelo y su nieto: “Bibliotecario sin curiosidad…”.

 

“Con solo temer a la mediocridad ya se está a salvo.” Sigmund Freud

Bibliotecas del nuevo mundo

 

En principio, y así en frío, que Rosalía haya sacado un tema de reguetón y que el culebrón del brexit esté pareciéndose cada vez más al guión de una comedia de la gloriosa productora Ealing: no parecen asuntos de los que sacar nada en claro sobre el futuro de bibliotecas y bibliotecarios. Y en cambio no pueden estar más conectados.

 

Pasaporte a Pimlico (1949) una de las deliciosas comedias de la productora Ealing, cuya trama, hoy resulta de lo más actual: un barrio de Londres reclama la independencia de Gran Bretaña.

 

No vamos a entrar en la jugada maestra de una estrella emergente que, tras haber acallado voces discrepantes sobre su valía con una contundente actuación en los Goya: va y se lanza al denostado, por los puritanos musicales, género del reguetón. Ni a calibrar las repercusiones de la salida del Reino Unido de la Unión Europea por las buenas o por las malas. Aquí lo que nos interesa es lo que dicen ambos hechos del futuro de las bibliotecas. Y es mucho.

‘Con altura’: el reguetón de Rosalía.

Rosalía, digna representante de lo positivo de su generación, asume sin prejuicios un genero que lleva más de una década partiendo la pana en lo que a la industria musical se refiere.

Lo que la Coca-Cola, Hollywood, Disney y el rock hicieron para aupar a los Estados Unidos a primera potencia mundial tras la II Guerra Mundial: los ritmos latinos lo hacen para acompañar a una cultura, la latina, que a golpe demográfico se está imponiendo y arraigando en todo tipo de climas y territorios. Por su parte, la debacle del estirado imperio británico a golpe de separatismo en plena era global: es el síntoma más evidente de la herida por la que se debilita el ya baqueteado continente europeo.

Confiemos en que el proyecto europeo sobreviva a los peores enemigos que puede tener un territorio: sus propios habitantes. Pero a nuestro país sujeto, como el resto, a lo que acontezca: le puede salvar, y mucho, el comodín de lo latino. Cuando allá por los 70 en programas como el vetusto 300 millones se repetía de manera relamida lo de la ‘madre patria’; o había que elegir entre el festival de la OTI y el de Eurovisión: los acomplejados españoles lo tuvieron claro apostando por el de Eurovisión. El de la OTI era de segunda, básicamente, porque se entendía lo que hablaban. Y eso resultaba, y resulta, taaaaan poco cool.

 

Marisol en el Festival de la OTI de 1972.

 

Ahora que el nivel medio del inglés se ha incrementado entre las nuevas generaciones, curiosamente, el castellano con acento latino, lo peta. Según una noticia aparecida en ‘El Mundo’ la demanda de profesores de castellano en Reino Unido se ha incrementado de manera impresionante tras el brexit. La pujanza del castellano a nivel global parece imparable. Puestos a elegir entre la falta de prejuicios culturales representada en figuras como Rosalía o la nostalgia trasnochada de los fastos del antiguo y avejentado imperio británico: no hace falta mucha clarividencia para aventurar el futuro. Por eso iniciativas como la de ‘Desiderata 2019’, puesta en marcha por Acción Cultural Española, bajo el comisariado de Carme Fenoll: parece una respuesta correcta a esa apuesta de futuro.

 

 

#Desiderata nace como un programa para propiciar intercambio profesional entre los distintos agentes de la cadena del libro, y lógicamente, no podía dejar fuera de esa cadena al gremio bibliotecario. Para ello va a promover la presencia de bibliotecarios españoles en las principales ferias del libro iberoamericanas. Una manera de fomentar la bibliodiversidad de las bibliotecas y el intercambio de experiencias. Su primera edición tendrá lugar con motivo de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires los días 3, 4 y 5 de mayo.

Este programa de Acción Cultural Española es un añadido a sumar a la labor que llevan desarrollando otras instituciones para fortalecer esos vínculos profesionales bibliotecarios entre los países latinoamericanos. El programa Iberbibliotecas, sustentando por el CERLALC, ha venido a reforzar la labor que el Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe ha desplegado durante las últimas décadas. Se acaba de lanzar la 7ª convocatoria de ayudas 2019 cuyo plazo para el envío de propuestas llega hasta el 4 de mayo. En esta convocatoria se evaluarán proyectos dentro de tres categorías:

  1. Proyectos para fortalecer redes y sistemas de bibliotecas nacionales, regionales o de ciudades.
  2. Proyectos de planificación y desarrollo de servicios de extensión bibliotecaria.
  3. Proyectos desarrollados en bibliotecas públicas vinculados con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relativos a educación inclusiva, igualdad de género, crecimiento económico sostenido, reducción de la desigualdad y promover sociedades justas y pacíficas.

 

La biblioteconomía siempre ha tenido su foco puesto en el mundo anglosajón, o en su defecto, en los avanzados países nórdicos. Si algunas voces han achacado, en parte, la proliferación del euro escepticismo al hecho de haber cifrado todo en la economía, y no tanto en la cultura y los valores comunes de los europeos: España ya tiene la lección aprendida: aunque se duerma en los laureles como advertía hace poco, Pepa Roma, en una entrevista en ‘El País’.

En ocasiones no hay nada como cruzar al otro lado del Atlántico para constatar lo europeos, que pese a todo, somos los españoles. Pero precisamente en esas diferencias está el potencial para enriquecernos a través de las bibliotecas. Las bibliotecas latinoamericanas siguen siendo instituciones vertebradoras en unas sociedades sujetas a múltiples tensiones. Nada como visitar y compartir experiencias con bibliotecarios colombianos, mexicanos, argentinos o cubanos para recuperar la importancia práctica de la biblioteca como centros de atención primaria en sus comunidades.

El juego fácil del título, hablando de bibliotecas del nuevo mundo, adquiere otro sentido a la luz del momento que estamos viviendo. No se refiere a ese nuevo mundo descubierto en 1492, y sí, al nuevo mundo al que estamos abocados tras esta revolución biotecnológica. Y en el mapa geopolítico bibliotecario que perfilábamos no hace mucho en este blog, lo latino, puede y tiene, que jugar un papel determinante.

 

 

Y para cerrar, y dado que antes recordábamos a ese intento de hermanamiento musical transatlántico que fue el programa 300 millones: nada mejor que cerrar con música.

Muchos de los cantantes melódicos y folclóricas que amenizaban los convulsos años 70 españoles: prosiguen manteniendo su estatus de estrellas en países sudamericanos. Nuestro país siempre ha sido más ingrato en ese sentido.Y así, figuras como el canario José Velez, sigue congregando multitudes en sus conciertos en Colombia, por ejemplo. Por otro lado, no es casualidad, que Rosalía haya empezado su gira en Argentina; o que cada vez más, los nuevos músicos de países de la zona, vayan ganando adeptos en nuestro país más allá del reguetón.

Es el caso del chileno Alex Anwandter, cuyo último trabajo Latinoamericana, no puede resultar más idóneo para cerrar este post sobre bibliotecas del nuevo mundo.

 

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [4]: Constanza Mas

 

Hemos pillado a Constanza Mas en uno de los momentos más dulces en que se puede pillar a una creadora: cuando el esfuerzo y trabajo de muchos años dan sus frutos. Y a lo grande.

Desde que, en septiembre de 2017, presentara su colección ‘Purgatorio’: todo se ha ido acelerando. Inició 2018 desfilando en la Fashionology Summit de Bangladesh, después pasó por Berlín, para terminar desfilando en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid (donde fue premiada en el Samsug EGO Innovation Project: donde presentó un desfile que puede verse aquí). Y el 2019 ha continuado in crescendo siendo la única diseñadora española invitada a desfilar en la Fashioninnovation de la Semana de la moda de Nueva York.

Su marca constanza+Lab es pionera en nuestro país a la hora de conjugar tecnología con diseño de moda. Sus prendas inteligentes, o ropa con superpoderes como le gusta decir: combinan la sostenibilidad, el consumo responsable, y la artesanía tradicional con la tecnología: en una combinación que va más allá de la moda para plantear cuestiones apasionantes sobre el momento que estamos viviendo.

 

CONSTANZA MAS

 

Constanza Mas. Fotografía de Nacho García.

 

Tus creaciones provienen de reflexiones y de muchas lecturas que reflejan tus ideas sobre el mundo en el que vivimos y que expresas a través de tus diseños. ¿Qué autores, títulos o creadores han conformado el armazón conceptual de tu propuesta?

Mi propuesta tiene una estructura conceptual latente basada en el pensamiento crítico, la simplificación y la innovación. Como diseñadora me gusta explorar las posibilidades de la tecnología para hacer la vida más fácil y más divertida a las personas. 

Autores como Gilles Lipovestsky, Zigmunt Bauman, Roland Barthes… me hacen profundizar en la sociedad de consumo y en los fenómenos que subyacen en la realidad social. El diagnóstico sociológico de nuestro tiempo, el paso de la posmodernidad a la hipermodernidad o a la sociedad líquida. La conmoción y la adaptación del individuo a la velocidad y a la urgencia del siglo XXI. La utilización de los objetos (la moda) como búsqueda de la propia identidad y de la identidad social. 

La literatura es una fuente de inspiración para los infinitos escenarios posibles en los que desarrollar la creatividad y el pensamiento divergente. Por ejemplo, Purgatorio, nuestra primera colección fashiontech, está inspirada en La Divina Comedia del poeta italiano Dante Alighieri.

 

Desfile presentación de la colección Purgatorio.

 

En su obra, Dante profundiza en la naturaleza humana y en la búsqueda del sentido de la vida, centrándose en las claves que definen la identidad individual y en las decisiones que orientan nuestra vida.

Purgatorio es el lugar donde suceden los cambios, donde los individuos se enfrentan a las disyuntivas entre el bien y el mal, la evolución en si. La colección refleja la sombra y la luz en la utilización de dos colores puros: el negro y el blanco. La elección de cada material, tejido o textura nos remite a la encrucijada vital en la que Dante se encuentra, perdido en el bosque oscuro o bajo los rayos de luz de la bóveda celeste.

Cartel de la reciente adaptación a la televisión de la novela de Philip Dick: Electric dreams.

En esta colección (Purgatorio) todas las prendas o son programables o incorporan sensores: movimiento, sonido, proximidad… El purismo estructural, la desnudez ornamental, las líneas horizontales y verticales se funden con la luz como un nuevo material que añade códigos de comunicación inexplorados.

La literatura de ciencia ficción me gusta especialmente, y Philip K Dick es uno de mis autores de referencia. Los superhéroes de Marvel y DC también son un buen punto de partida para cuestionar el futuro del superindividuo y cómo la tecnología va a potenciar nuestros sentidos.

De Murcia a Nueva York, pasando antes, por Berlín, Madrid y Bangladesh. En los últimos dos años parece que todo se estuviera acelerando y el proyecto, al que te has entregado con pasión durante mucho tiempo, esté dando sus frutos. Hasta ahora has sabido administrar los tiempos y no someterte al ritmo frenético que exige la industria. ¿Crees que este éxito pueda cambiar esto?

La idea es seguir contracorriente, ir construyendo a mi medida, con independencia de criterio y de acción.

Detalle del desfile de la colección ‘Quantum’ de Constanza Mas en la Fashioninnovation de Nueva York.

Frente a los recelos que despiertan las nuevas tecnologías: tú disipas temores apostando por humanizar la tecnología. No puede sonar más interesante para las bibliotecas, inmersas como todos, en la revolución digital pero siempre al servicio del usuario. ¿Podrías explicar un poco la filosofía que hay detrás del mundo de la fashiontech?

La moda es un reflejo de nuestro tiempo y de todo lo que sucede en la sociedad en su conjunto. El diseño de moda es un motor de cambio y una excusa para generar ideas que cuestionen la manera de vivir hoy.

Nuestra propuesta es ROPA CON SUPERPODERES: el mundo virtual y el mundo real interseccionan en la fashiontech. Trabajamos con el convencimiento de que la fusión de moda y tecnología va a hacer posible que las prendas y complementos se conviertan en una nueva capa de piel, una envoltura orgánica e inteligente que nos permita expandir nuestros sentidos, nuestro cuerpo y nuestra mente: convirtiéndose en una interfaz flexible para navegar por el mundo, interaccionar, comunicarnos, experimentar, divertirnos, e incluso, entendernos a nosotros mismos a otro nivel.

Ropa sencilla para gente compleja‘ es el nombre de una de tus colecciones. Y como sostenías en el texto de presentación: “las soluciones simples son fruto de un elaborado proceso intelectual”. Pero ese proceso, en ocasiones, se hace muy difícil con todo el ruido de fondo que nos rodea. ¿Tienes alguna fórmula para aislarte y poder reflexionar sin perder la conexión con lo que te rodea? Porque si tienes alguna nos la apuntamos de inmediato.

La fórmula es sencilla, son tres etapas que suelo recorrer de una forma orgánica y natural. Primero hay un proceso de investigación exhaustivo,  para mi es muy estimulante tener una visión 360º. 

Constanza Mas en la Mercedes Fashion Week de Madrid.

El siguiente paso es un proceso mental. Después de la avalancha informativa tengo que dejar que toda la información se pose en mi cabeza. Tener tiempo de reflexión es muy importante. Un papel para hacer croquis o una herramienta de mind-map es muy útil para ordenar todas las posibilidades que proliferan en mi cabeza.

El último paso es la focalización y es muy importante la introspección, la respuesta ya está en mi interior, solo tengo que concentrarme y encontrarla. Es una parte muy interesante porque es una especie de meditación: como una revelación. Es la parte emocional del proceso.

Ah! y la música… todos mis procesos creativos tienen una banda sonora. 

 

Piezas de la colección ‘Ropa sencilla para gente compleja’ expuestas en la Biblioteca Regional de Murcia.

 

Y una pregunta que en tu caso es casi obligada: ¿eres de lectura en papel o en digital?

Jajajajaja yo soy una mezcla analógica y digital. Digamos que las lecturas por placer son siempre en papel y las de estudio e investigación en digital.

El papel es un lujo heredado del pasado y hay que valorarlo y disfrutarlo, tiene unas características sensoriales que complementan la experiencia de la lectura: la suavidad y la textura del papel, el aroma de la tinta, el tamaño o el peso, la encuadernación…

Y hablando de analógico y digital. En una de tus primeras colecciones recurriste al encaje de bolillos: y esto conecta con uno de los objetivos de las bibliotecas: actualizarse continuamente sin perder de vista la tradición. ¿Crees que parte de la buena acogida de tus propuestas tiene que ver con esa naturalidad con que entremezclas tecnología con artesanía sin renunciar a nada?

La artesanía es una parte muy importante de los seres humanos porque está relacionada con el trabajo manual, y nos conecta con la tradición, y con nuestra herencia cultural. 

En la colección “Madera tejida” experimenté con la fusión de conceptos y materiales, la imbricación de lo artesanal y lo industrial, de la artesanía con la moda. Fue finalista en la Mostra do Encaixe de Camariñas en el año 2012.  ¿Te imaginas una prenda musical?: quería reflejar la música de la madera cuando los bolillos chocan entre sí en la realización del encaje. La ropa no solo hay que verla en movimiento hay que escucharla: las prendas tienen una dimensión sonora. 

El diseño está siempre en movimiento, nunca es estático: activa la curiosidad y el intercambio abierto de ideas y sentimientos. 

constanza+LAB es un pequeño laboratotorio de moda del siglo XXI en el que desarrollamos tecnología “vestible”, diseño interactivo y prendas inteligentes. Un centro de desarrollo en el que se combinan con total naturalidad los patrones, las mesas de corte, las máquinas de coser, la fabricación digital y la electrónica.

En las bibliotecas cada vez proliferan más los markerspaces y los lab. El propio nombre de tu marca ya incluye el Lab. ¿Cuál es tu implicación con la emergente cultura maker?

La Asociación Makers of Murcia organizó un Hackathon FashionTech y el equipo en el que yo participaba ganó el primer premio, fue muy emocionante, en seis horas desarrollamos  el “vestido que detecta el estrés”. Así que mi primera prenda fashiontech la hicimos en la I Feria Maker de Murcia! 

Lo que más me gusta del mundo maker es la pregunta “¿Qué quieres hacer?”: y compartir el conocimiento y la experiencia para hacerlo realidad.

 

Constanza cuando formaba parte de la banda de rock Eléctrica.

 

El rock ha sido otra de tus grandes pasiones. Tu marido, Pepe Jara, publicó en 2017 un disco estupendo basado en el clásico ‘En el camino’ de Kerouac, y tu hija también acaba de lanzarse como cantante. ¿Lo vuestro es un domicilio familiar o una residencia de artistas camuflada? Lo digo porque en las bibliotecas siempre estamos inventado formas para fomentar la cultura entre los jóvenes. ¿Cómo habéis estimulado el gusto por la cultura entre vuestros hijos?

Pues mira, ahora que lo dices me haces dudar… yo creía que era una casa familiar, jajajaja. Una cosa super importante es darse cuenta de que la vida no es lineal, que es corta pero puede ser muy ancha, y el día da para mucho XD. 

Lo del ejemplo en estos casos funciona, tanto mi marido como yo somos polifacéticos y muy creativos.  Llevamos vida de hiperactivos sin serlo, jajajaja… Debemos estar enganchados a la creación, pasar del mundo de las ideas a la acción es muy divertido y en casa se respira un ambiente muy productivo. Fomentamos el intercambio de ideas, la libertad de expresión, la sensibilidad artística y la autoconfianza. Tenemos muchos instrumentos musicales, muchos lápices y pinturas, muchos libros y espacios muy flexibles. Es una casa abierta para los de dentro y para los de fuera.  

Las bibliotecas públicas están intentando promoverse como espacios seguros dentro de las redes. #BibliotecasvsHaters es un hashtag que hemos usado en este blog.  En tu última colección, a través de una aplicación en el móvil, se pueden modificar los colores de tus prendas para expresar estados de ánimo. ¿Crees que la tecnología facilita o dificulta una mayor empatía a la hora de comunicarnos?

Tengo una visión de la tecnología muy positiva, la veo como facilitadora. Es cierto que las formas de comunicación han cambiado, los emoticonos son el traductor popular de las emociones  y se van a convertir en la base de la comunicación humana. Estamos en un momento de transición en el que vivimos muy pendientes de las pantallas del móvil y nos miramos poco a los ojos… Es un asunto que no me preocupa. Estoy convencida de que los dispositivos móviles, tal y como los conocemos hoy en día, van a desaparecer y estarán embebidos en nuestra ropa. La tecnología nos rodeará de una manera no invasiva: estará en nuestro entorno de forma totalmente natural. 

 

Modelos en el backstage del desfile de la colección Purgatorio.

La ultrafuturista biblioteca china de Tianjin Binhai.

Y ahora vamos a por la pregunta en forma de dilema. Imagínate (ojalá) que te encargan diseñar los uniformes del personal de una de estas dos bibliotecas: la Pública de Nueva York (mítica biblioteca con modernos servicios, pero de aspecto clásico) o la recién inaugurada y futurista biblioteca china de Tianjin Binhai. ¿Cuál elegirías?

Vale, va a a ser un trabajo apasionante modernizar los uniformes de la Public Library de Nueva York!

Y por último, ¿alguna idea (por loca que sea) de cómo te gustaría que fueran las bibliotecas en este siglo?

Pues sí. Las bibliotecas públicas serán unos espacios en los que el mundo virtual y el real convivirán de una forma totalmente natural. Pasearemos por las estanterías  y unos bonitos hologramas de los personajes nos invitarán a “degustar” los preciosos volúmenes de la literatura de siglos pasados. ¿Quién dijo que solo había cinco sentidos? Las nuevas bibliotecas expandirán nuestra mente.

 

 

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [3]: Raquel Sastre

 

Raquel Sastre. Fotografía de Miriam Alegría.

En el caso de Raquel Sastre estamos haciendo un poco de trampa al incluirla en esta serie de Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias. En realidad, Raquel, tiene una plaza en propiedad en la plantilla de bibliotecas de la Universidad de Murcia. Pero su pasión por la escritura humorística y los monólogos: le llevó a pedir la excedencia y a volcarse en su carrera como humorista, monologuista, guionista y actricista: que así se define en su perfil de Instagram.

Una decisión acertada que la ha llevado a codearse con algunos de los grandes del humor en nuestro país: colaborando, o escribiendo guiones, para programas y medios que van desde Andreu Buenafuente a El Hormiguero, Paramount Comedy, La que se avecina, La hora de José Mota, Yu, no te pierdas nada, Hoy por hoy, Ilustres ignorantes o el último programa del gran Forges en TVE: Pecadores impequeibols, entre otros. Actualmente forma parte de la nueva temporada (recién estrenada esta misma semana en la 2) del espacio de divulgación científica: Órbita Laika.

La apuesta humorística de Raquel por el humor negro, o cabrón como le gusta definirlo, no es algo fácil en estos tiempos de exacerbada corrección política y censura ejercida desde el anonimato a través de las redes. Pero ella ha demostrado una asombrosa habilidad (¿tendrá algo que ver el entrenamiento que supone el día a día en una biblioteca?) para manejarse en el siempre incendiario Twitter y salir indemne. Franca y directa, Raquel, convierte al humor más sincero y directo en un aliado al servicio de la concienciación en torno a enfermedades como el TEA o el síndrome de Phelan-McDermid que padece su hija. Su propuesta rompe estereotipos en torno a la figura de mujer humorista habitual por estos lares: al incitar a la risa a través de un humor basado en la palabra y la provocación. Pero dejémonos de preámbulos. Señoras y señores con todos ustedes:

 

RAQUEL SASTRE

 

El colaborador de diversos programas de Telecinco, Rafa Mora, publicó un tuit ofreciéndose como entrenador particular de Rihanna. Raquel, siempre al quite, le respondió en un tuit que se hizo viral.

 

El que terminaras estudiando para trabajar en una biblioteca ¿fue una decisión que tenías clara desde el principio o fue tu afición por la escritura la que te hizo decantarte por este mundo?

Con 18 años vi que todos iban a la universidad y yo quería hacer algo de escritura, probablemente monólogos, y pensé: mejor me saco una oposición que aquí va a haber mucho licenciado e igual no hay trabajo para todos. Y de ahí mi deriva hacia la Biblioteconomía, aunque logré la plaza pero no llegue a terminar la carrera, ahora voy a terminar Criminología

Y al descubrir el mundo bibliotecario ¿te gustó, te dejó indiferente o te disgustó?

Pues descubrí un montón de cosas. Un mundo mucho más rico del que intuyes cuando las frecuentas como simple usuaria. Disfruté con los fondos antiguos, la digitalización, los archivos. Me resultó un mundo mucho más variado y rico.

Y el hecho de que eligieras por el humor negro, el humor cabrón, tuvo algo ver con alguna experiencia vivida en tu etapa como bibliotecaria? ¿Algún trauma entre tejuelos?

No, no tiene nada que ver. Ese tipo de humor lo he hecho siempre. Aunque sí recuerdo que algunas veces me ponían a hacer las visitas de los estudiantes a la biblioteca, y ahí, aprovechaba para meter chistes y comentarios en plan coña que terminaban enganchándoles. Me solían preguntar: “tú estás haciendo prácticas ¿no?” Eran jóvenes de unos 17 años y yo tenía 22: así que no había mucha diferencia.

 

Raquel de marciana en el primer programa de Órbita Laika 2019.

 

Andrés Barba en su ensayo de La risa canibal dice “Cada vez que un hombre abre la boca para reír está devorando a otro hombre”. El humor que cultivas no es un humor de medias tintas. ¿Te gusta producir cierto grado de incomodidad en el público? ¿es una forma de provocar la reflexión más allá de la simple carcajada?

Con el humor pasa como con todas las ficciones. Puedes hacer una película que es un drama, o una película con mensaje social, y que la gente recapacite. El humor se puede usar para concienciar, o no, yo a veces lo hago, pero otras veces, solo aspiro a entretener.

Lo que sí me gusta dejar claro es que la función del humor es principalmente entretener. Porque hay una corriente ahora que dice que el humor está para señalar a los poderosos, a los privilegiados, y que no puedes hacer chistes con la gente oprimida. Algo que me revienta porque ahí estás incidiendo en que hay unos superiores a otros. Es algo que intento evitar.

Esa corriente del humor como arma contra el poderoso me parece algo insignificante.  ¡Anda!, que no se hacen chistes con políticos. Por ejemplo, ahora con Vox, con Ciudadanos o el PP: y ahí sigue la derecha con mucha fuerza en el voto. Entonces me parece un error, y sobre todo peligroso, porque cuando a una actuación la estás utilizando para que tenga una dirección, una finalidad, que no sea la de simplemente entretener: ya estás instrumentalizándola como un arma. Y por otro lado, señalas a las personas que no piensan como tú, como malas personas. Cuando eres tú quien está utilizando el humor para hacer daño.

Según el tipo de humorista que seas puedes hacer humor reivindicativo o ficción de entretenimiento. Pasa igual con todo. Hay directores que se dedican a hacer cine social. Pero no tiene nada de malo que se hagan películas tipo Batman; o no tiene porque ser malo una saga de terror como Saw. Y mira que en Saw muere gente inocente y nadie se lleva las manos a la cabeza con: “Oh!! Dios mío, están matando gente inocente en vez de matar a los malos”. Pues con el humor lo mismo. Hace falta, como en todo, tener sensatez.

 

Raquel invitada en el último programa que Forges dirigió en TVE: ‘Pecadores impequeibols’. Junto a José Luis Cuerda, Forges, Juan Carlos Ortega y Soledad Mallol.

 

Actualmente hay toda una nueva generación de cómicos en nuestro país que cultivan un humor diferente, con un punto inquietante, me viene a la cabeza Miguel Noguera y sus Ultrashows, por ejemplo. ¿Crees que ha habido una ruptura con generaciones previas de humoristas: o que hay un hilo que une el humor de un Gila, unos Tip y Coll o unos Martes y Trece con lo que se está haciendo ahora? 

Ha habido una evolución en el humor como en tantas otras cosas. Algunos dicen que ahora no se haría un sketch como el de Martes y Trece sobre “mi marido me pega”. Pero no es porque esté mal hacer chistes sobre el maltrato, porque insisto, cuando alguien hace humor es una ficción y puedes tratar cualquier asunto. No hay interés por reírse de la mujer maltratada, ni por ridiculizarla, simplemente estás cogiendo un tema para hacer una ficción humorística. ¿Por qué no se haría hoy un sketch así? Porque se ha quedado antiguo, como las películas de destape, porque ya nos aburren. Pero tú ahora te coges un buen sketch sobre el maltrato a la mujer, y puede ser que la gente se ría, igual que se coge un buen sketch sobre el racismo: y la gente se ríe.

Y algunos dicen y ¿cómo puedes reírte con un tema como el racismo? Pero luego ves series como Arrested development: en la que una mujer blanca, de clase alta de unos sesenta y tantos, ha ido a una entrega de premios a actores latinos, porque su nuera es una actriz latina, y claro, la ceremonia está llena de latinos. Ella no para de levantar la mano cada vez que ve pasar a un actor mexicano con esmoquin y contrariada le dice a su hijo: “es la primera vez que estoy en una fiesta y ningún camarero me hace caso”. ¿Es racista? Sí, pero te ríes. El tema es ese, el humor ha evolucionado, y se puede crear ficción humorística con cualquier cosa. Tienes que crear ficción que sorprenda, si el humor no sorprende no te ríes.

 

 

Raquel Sastre entrevistada en ‘Jot Down’.

El feminismo está más de actualidad que nunca. ¿Crees que por el hecho de ser mujer se acepta mejor que hagas humor negro con él que si lo hace un hombre? ¿o todo depende de la intencionalidad del humor, de la ideología latente que pueda haber tras la broma?

Depende de la calidad y depende de los temas. Si por ejemplo yo hago un chiste sobre pederastia, me pongo como protagonista, y digo: “luego me pasas el teléfono de tu hijo de siete años”: la gente se lo toma mejor si lo hago yo que si lo hace un chico. Pero, en general, el humor negro tiene mala acogida para el público que no le gusta. Es como la ficción, vuelvo a la película de Saw, si coges al público convencional y le pones Saw la mitad de la sala sale despavorida porque no le gusta. Yo soy la primera a la que no le gustan ese tipo de películas. Pero en cambio a mi chico le gustan y por eso no pienso que sea un psicópata. Lo pienso por otras cosas, como porque escuche a Melendi, pero no en general.

El humor negro tiene su público y eso no quiere decir que al público que le gusta el humor negro sean malas personas. Y es más, hay estudios científicos que han demostrado que la gente que tiene preferencia por el humor negro son menos agresivas, tienen menos problemas de cambios de humor, y son más inteligentes que las personas que se enfadan con los chistes. Hay que tener inteligencia para diferenciar la ficción de la realidad, y para entender el chiste y pensar que no es más que un chiste. Y claro, siempre depende del momento que estés viviendo. Si acabas de sufrir un accidente de coche en el que han muerto tus seres queridos: no es el momento más oportuno para que alguien cuente un chiste al respecto. O a lo mejor sí, pero depende del estado de ánimo y la forma que tiene de encarar la vida esa persona.

Te invitan a congresos médicos, científicos y de todo tipo. ¿Cómo es posible que no te hayan llamado para el congreso de bibliotecas públicas? Desde aquí vamos a abrir una campaña. ¿Te gustaría? ¿le darías caña al gremio?

A lo mejor no me han llevado porque tengo un monólogo en Paramount Comedy en el que hablo de ser bibliotecaria, y claro, lo hago con humor negro. Puede que no me hayan llevado porque lo han visto.

 

 

¡Qué pena! Igual servía para combatir los estereotipos que siguen recayendo sobre la profesión.

Yo cojo la idea de que los bibliotecarios sólo prestan libros y lo llevo al extremo. Pero eso no tiene porque ver con la realidad del trabajo de los bibliotecarios: que es muchísimo más rica. Es que el humor tampoco sirve para acabar con estereotipos. El humor se basa en los tópicos que la gente tiene en su cabeza. Y no es que la gente crea esos tópicos a ciencia cierta. Tú vas, por ejemplo, a Cataluña, y no esperas que la gente vaya a ser roñosa contigo, o vas a Andalucía, y no vas a una tienda más tarde del horario de apertura porque crees que abrirán más tarde. Sabes que el humor y los chistes que tachan de roñosos a los catalanes, y de vagos a los andaluces: son tópicos basados en la exageración. Quien se crea un monólogo a pie juntillas debería hacérselo ver.

Dentro de tus referentes culturales pesan más los libros, el cine, los cómics, la música u otro tipo de disciplinas?

Hay varios libros de comedia que están muy bien. El Step by step to Stand-up Comedy de Greg Dean por ejemplo. Pero sobre todo lo que he hecho ha sido ver muchos monólogos. Y mis favoritos, a los que no les llego ni a la altura de los zapatos, son por ejemplo nombres como: Doug Stanhope, que me parece maravilloso, Bill Hicks, Jim Jefferies, Joan Rivers, George Carlin, Tina Fey, Sarah Silverman. Luego hay escritores satíricos como Jonathan Swift que tiene unos textos geniales. También hay un libro que recomiendo mucho: Antología del humor negro de André Bretón. Una antología en la que descubres a muchos autores que escribían un humor negro maravilloso.

Formas parte del equipo de la nueva temporada del programa de divulgación científica de la 2: Órbita Laika ¿Tu perfil bibliotecario crees que te hará más fácil desenvolverte en ese ámbito?

Sí, es posible. Lo cierto es que siempre me ha gustado mucho la ciencia, y además mi chico es médico y está muy implicado en combatir las seudoterapias. Además tengo la gran suerte de ser amiga de muchos de los grandes divulgadores científicos de este país. Siempre que puedo intento ayudar al máximo y divulgar. Afortunadamente cada vez hay más interés por la divulgación por parte del público, como yo, que no hemos estudiado carreras de ciencias pero que sentimos cada vez más interés por la ciencia. Llevo una temporada que cuando me piden dar alguna charla en congresos de ciencias sobre, por ejemplo, los límites del humor: acudo y los apoyo siempre. He hecho monólogos clausurando congresos, charlas divulgativas humorísticas, por ejemplo en Granada, hice mi primera charla científica como divulgadora sobre Criminología. Bueno, aunque sean Ciencias sociales, que parece que no sean tan ciencias, que son las “casi ciencias” de la universidad.

Suena muy Sheldon Cooper lo que estás diciendo.

Sí, me temo que sí. El caso es que la divulgación me parece muy necesaria sobre todo ante los casos que se dan de fraudes por el uso de seudoterapias. Precisamente hace poco un amigo mío, que es profesor en un instituto, me contaba el caso de una madre que acudió a él porque quería dar una charla en el centro sobre el peligro del wifi. Y la mujer fue a pedirle que le dejara dar la charla: ¡¡¡fumando!!! Pero “¡¡Si la que está poniendo en peligro a tus hijos fumando en tu casa eres tú!!!”. Eso sí que está demostrado que daña a los niños y no el wifi. Por eso es tan importante la divulgación de la ciencia: que la gente aprenda a distinguir la fiabilidad de los estudios que aparecen en los medios.

 

De este modo abrió un hilo Raquel en Twitter para denunciar la falta de apoyos por parte de algunas administraciones para los niños afectados por Trastornos del Espectro Autista. El humor como terapia, el humor como denuncia y el humor como una puerta abierta al debate.

 

Y por último, por mucho que nos duela, y te quisiéramos de vuelta en la profesión: no queremos perderte como humorista y lo que venga. Pero por si acaso algún día vuelves al mundo bibliotecario de manera profesional: ¿en qué te gustaría que se hubieran convertido las bibliotecas? ¿qué sacudida les darías para que realmente sigan siendo relevantes en el siglo XXI?

No solo creo que las bibliotecas tienen futuro sino que creo que, si tienen la vista puesta en las nuevas tecnologías, van a tener más importancia que nunca. Antes las bibliotecas eran sitios donde sacabas libros y estudiabas, luego poco a poco, fueron añadiendo nuevos servicios. Hoy día encontrar información en Google es muy sencillo; lo difícil es saber diferenciar lo que es realidad de lo que es ficción. Creo que las bibliotecas deberían especializarse en esa dirección, que den un servicio para saber diferenciar cuál es la información buena de la mala, también sería necesario asesorar a los estudiantes en cuáles son las fuentes fiables y cuáles no. Especializarse en ayudar al usuario para encontrar información de calidad.

Y luego las bibliotecas deben organizar muchas actividades: ciclos de cine, clubes de lectura, videojuegos, juegos de rol, etc… Internet está aislando a la gente fisicamente, y por eso, se necesitan sitios públicos que les sirvan para reunirse e interactuar entre ellos. Se necesitan espacios para la reunión, para juntarse alrededor de la cultura. Por eso creo que las bibliotecas sí que tienen futuro, son incluso más necesarias que nunca. Y es muy probable que surjan nuevas utilidades para las bibliotecas que ahora mismo no somos ni capaces de imaginar. ¿Quién te iba a decir a ti que las bibliotecas iban a tener espacios para hacer experimentos?

Pues no podías termina mejor la entrevista. Veo que no hay manera de que hagas algo de sangre con las bibliotecas.

No, no, para nada. Las bibliotecas me han dado algunos de los mejores años de mi vida y no descarto volver algún día. Pero hay aspectos que lo ponen difícil. Volver a lo que ganaba en la biblioteca frente a lo que gano como humorista, por un lado; pero sobre todo el horario. Mi plaza es de tarde y como soy la que menos puntos tiene lo tendría muy difícil para cambiar al horario de mañana.

No, mejor sigue de cómica. Bibliotecarias hay muchas, pero humoristas con perfil bibliotecario, no tantas.

Hombre, yo lo espero. Espero seguir de cómica, pero eso sí, sin perder de vista nunca a las bibliotecas.

 

 

Raquel en el programa de divulgación científica de TVE Órbita Laika.

Cuarta entrega de Mujeres que nos gustaría como bibliotecarias con Constanza Mas.

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [2]: María Martinón-Torres

 

La infancia de la actual directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), María Martinón-Torres, y sus seis hermanos: está esperando a que alguien la convierta en cuento infantil.

Su título: Los siete hermanos que se criaron con 20.000 libros actuaría de reclamo inmediato para bibliotecarios obsesionados con combatir el síndrome de nido vacío bibliotecario que se produce a partir de ciertas edades. Y es que así tituló, con muy buen tino, ‘El País’, un artículo que dedicó en 2016 a los hermanos Martinón-Torres. Una estupenda crónica de una familia que se desarrolló al calor de los libros, y que han destacado, en los diversos campos profesionales a los que se han terminado dedicando.

La tercera de esos niños es una de esas mujeres que nos gustarían como bibliotecarias. #BibliotecariasenPotencia. Pero el que se haya convertido en una de las principales expertas en evolución humana del mundo nos viene infinitamente mejor.

Tal vez al comprender un poco más de dónde venimos podremos aventurar un poco hacia donde nos dirigimos. Las posibilidades que tienen las bibliotecas de los sapiens en un mundo hipertecnologizado. Y es que cuando la curiosidad se confunde con la impaciencia por saber qué sucederá en el episodio siguiente: toparse con alguien como María Martinón-Torres calma la ansiedad. Nos recuerda que tenemos la capacidad de ser espectadores de nuestro propia evolución. Y ese, sin duda, es el mayor de nuestros privilegios como especie.

 

MARÍA MARTINÓN-TORRES

 

Fotografia de Juan Manuel Serrano Arce.

 

Habiendo crecido entre 20.000 libros, como rezaba el titular del artículo de ‘El País’, está claro que una de las posibilidades era que hubieses terminado como bibliotecaria. ¿Has continuado esa tradición familiar de crear una gran biblioteca propia o la lectura digital ha sido un alivio para solventar problemas de espacio?

Confieso que todavía no he sucumbido a la lectura digital y que me parece difícil que lo haga. Un libro digital es una solución práctica, pero jamás tendrá la personalidad de un libro impreso, con sus páginas, su lomo, su cubierta. Los libros, como la gente. ¿Quién sustituiría un encuentro en persona con alguien a quien quieres por una conversación por WhatsApp? Con un libro de papel se establece otra intimidad.

Según el último Baremo de Hábitos de lectura en nuestro país la ‘deserción’ de lectores a los 15 años es abrumadora. ¿Cómo fomentaban tus padres el amor por los libros entre sus siete hijos? ¿Había alguna estrategia o surgía por simple imitación del modelo paterno y materno? Queremos tomar nota a ver si es aplicable para ese síndrome de nido vacío bibliotecario que se da en nuestras secciones juveniles.

Yo creo que el ejemplo es fundamental. Las nuevas generaciones crecen viendo a adultos mirando pantallas de móviles y ordenadores. Otra razón más para defender el libro impreso. Además, hay gente que jamás ha ido a una biblioteca.  A las bibliotecas hay que ir como un naturalista va al campo, con los ojos abiertos para poder descubrir cosas. No hay mayor deleite que pasear por las estanterías de una biblioteca. 

 

María Martinón-Torres en el yacimiento de Gran Dolina: uno de los yacimientos de la sierra de Atapuerca. En 1998, María, se integró en el equipo de investigación de Atapuerca.

 

Crecer entre 20.000 libros tiene sus consecuencias. En 1990, el proyecto de científica que era María Martinón-Torres en su colegio de Orense, ganó el primer premio en castellano del 3º Concurso de Cuentos Repsol. De la literatura a la ciencia sin solución de continuidad.

En el ensayo de Yuval Noah Harari, Sapiens, se sostiene que una ventaja del Homo sapiens frente al Neandertal se cifra en su capacidad para construir historias que organizasen el mundo, inventar dioses y relatos. ¿Se podría decir que la invención de la imprenta y la creación de las bibliotecas ha jugado un papel importante en nuestra evolución; o en realidad, sería algo irrelevante en el conjunto de factores que hacen que una especie evolucione?

Los seres humanos somos contadores de historias, y es así como funciona nuestra capacidad de abstracción. Cuando tratamos de resolver un problema, por ejemplo, lo que hacemos es imaginariamente reconstruir la secuencia de lo que pasaría si optásemos por una opción o por otra, discurrimos caminos, inventamos destinos y después escogemos. La empatía es también otra forma de contar historias, nos ponemos en el lugar del otro, e imaginamos qué sucedería o cómo nos sentiríamos si viviésemos la situación desde otro lugar. La formulación de una hipótesis en ciencia, es otra historia, arrancas de una premisa e imaginas los posibles finales de una secuencia que luego habrás de comprobar. 

La aparición de la escritura fue una de las grandes revoluciones del hombre. Permitió el crecimiento exponencial, la recapitulación de la historia, la transmisión de información, los viajes en el tiempo. Nadie vuelve a inventar la rueda, nadie empieza de cero, todos construimos a partir del lugar donde lo dejaron otros. 

Uno de los últimos libros en los que ha participado María Martinón-Torres.

Últimamente se insiste en la necesidad de adquirir un conocimiento transversal, que se eliminen los compartimentos estancos del conocimiento que desdeñaban cualquier contacto entre las artes y o las letras y las ciencias. ¿Crees que el conocimiento más completo y rico sólo se puede alcanzar partiendo de los menores prejuicios posibles?

El conocimiento de verdad requiere ciencia y humanidades, la una sin la otra siempre estará coja. A mis alumnos les doy siempre el “mal consejo” de que “pierdan” el tiempo leyendo y haciendo cosas que no tengan que ver con lo suyo: es de la conexión de campos diferentes de donde surge la creatividad y la innovación. Hasta el propio Darwin lamentó no haber dedicado más tiempo a leer poesía y escuchar música, pues creía que la pérdida de esos hábitos, podían ser perjudiciales para el intelecto y la felicidad al debilitar el lado emotivo de nuestra naturaleza. 

 

 

En el relato de Jack London La ley de la vida se describe la dureza de la vida de una tribu cazadora y el abandono del anciano de la tribu en pos de la supervivencia del grupo. Los avances médicos están permitiendo alargar la vida humana hasta límites hasta ahora no conocidos ¿Esta mayor convivencia intergeneracional podría llegar a alterar lo que ha sido la evolución hasta ahora?

Más que alterar la evolución ha sido un factor fundamental para el éxito de nuestra especie. El hombre es “útil” para su grupo más allá de su capacidad reproductora, y precisamente la gente de edad: supone uno de los mayores reservorios de conocimiento y experiencia de los que disponemos hoy en día. Teorías como la de la abuela, destacan el papel fundamental que han jugado las abuelas en garantizar la supervivencia de los nietos, de manera que la menopausia en nuestra especie puede haber sido incluso una “estrategia” para reconducir el rol de las hembras del grupo que, primero aportan su propia descendencia, y después: garantizan la supervivencia de sus genes contribuyendo al cuidado activo de sus nietos. 

¿Se puede decir que en el mundo científico lo que prima es el talento y la meritocracia y que las diferencias entre hombres y mujeres, que se sienten en otros ámbitos, no se dan con tanta frecuencia? 

Ese es el ideal. Y quiero creer que avanzamos en esa línea. 

Y por último, según hemos leído sentías debilidad por las novelas de Sherlock Holmes y Julio Verne. Por eso, desde tu experiencia como lectora y científica, ¿tienes alguna idea de cómo podrían ser las bibliotecas en el siglo XXI?  ¿acaso un gabinete tipo Holmes o una biblioteca submarina como la del capitán Nemo? Cualquier idea por disparatada y fantástica que sea nos viene bien.

Yo querría la Biblioteca de Babel de Borges, donde la propia biblioteca, no solo su contenido, son parte del misterio y la aventura. Esa biblioteca en la que “basta con que un libro sea posible, para que exista” .

 

Tercera entrega de Mujeres que nos gustaría como bibliotecarias con Raquel Sastre.

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [1]: Roberta Marrero

 

Esta semana del 8-M iniciamos una serie que abarcará todo el mes de marzo. Cuatro entrevistas, una por semana, con cuatro mujeres que, de haberse decantado por la profesión bibliotecaria, estamos seguros que habrían sido referentes. La profesión bibliotecaria ha sido una profesión eminentemente femenina. Son, y han sido, muchas las profesionales que hacen que las bibliotecas sigan vigentes y renovándose continuamente. Por eso queremos entrecruzar el mundo bibliotecario con otros sectores en los que, las protagonistas de esta serie, destacan por sus logros.

#BibliotecariasenPotencia un hashtag idóneo para cuatro mujeres, que desde ámbitos muy distintos, combinan: curiosidad, innovación, inconformismo, imaginación y creatividad.

Desde las artes plásticas: Roberta Marrero; desde la investigación sobre la evolución humana: María Martinón-Torres; desde el humor y el espectáculo: Raquel Sastre; y desde el diseño de moda y la tecnología: Constanza Mas. Si tanto se habla de la necesaria transversalidad de los conocimientos, estos cruces con el mundo bibliotecario, prometen interesantes reflexiones e inspiraciones.

 

ROBERTA MARRERO

 

Con Roberta Marrero se constata lo importante que son los gustos culturales para conformar una identidad. Pistas sobre sus afinidades, ideas y luchas se podían intuir fácilmente siguiendo su obra como artista plástica. Una trayectoria que le ha llevado a exponer sus obras en la Biblioteca Nacional de Francia o en el Victoria and Albert Museum de Londres. Pero fue cuando se decidió a unir su talento para la ilustración y el collage con la escritura: cuando su perfil de ‘artivista’ se reveló con más fuerza que nunca apoyándose en lo biográfico.

En los Estados Unidos, una bibliotecaria como Debra Davis, lleva décadas luchando por los derechos de las personas transgénero y del colectivo LGTBIQ, en general. Y en el caso de Roberta sólo hay que leer con detalle los palimpsestos en que convierte sus ilustraciones, repletos de capas y capas de mensajes, para captar su posicionamiento vital.

En El bebé verde. Infancia, transexualidad y héroes del pop (Lunwerg), Roberta volvió a sus orígenes y su relato se convierte en, además de un libro precioso como objeto, en un espejo en el que mirarnos cada uno, independientemente de cual sea nuestro género, para reconocer esas diferencias que nos separan, y al mismo tiempo, nos unen por afinidades, gustos y experiencias. Si buscamos un ejemplo de los beneficios prácticos, vitales, que tiene la cultura para construirse como persona: ese es el caso de Roberta.

 

 

Si acaso alguien se preguntase por las razones por las que consideramos que serías una estupenda bibliotecaria: solo tendrían que leer un fragmento de tu novela gráfica autobiográfica El bebé verde para entenderlo. Es cuando hablas de los cinco pasos para vivir una vida rara con éxito, y los encabezas con este consejo: “lee, lee y lee”. ¿Qué ha supuesto la lectura en la construcción de tu identidad?

Ha supuesto un escapismo de la realidad que no me gustaba por un lado, accediendo a otros lugares a través de los libros. Y por otra parte aprender mucho leyendo ensayos y biografías. Es increíble que puedas acceder al conocimiento que un escritor o escritora ha tardado años en acumular leyendo unas cuantas horas. Es casi mágico!

En este blog siempre defendemos que las bibliotecas no promocionan la lectura, promocionan la cultura, en general. Libros aparte ¿qué otras disciplinas artísticas son las que más te influyen?

Yo estoy muy influida por la cultura en general, por los artefactos culturales que me llegan y me tocan, me da igual que sea un libro, una película, una serie, un cuadro o una canción. Creo que lo importante son las ideas, cómo se expresen, el medio, es más bien secundario.

En un libro que sabemos que te gusta mucho, Monster show, una historia cultural del horror de David J. Skal, se glosa la figura del bibliotecario francés André de Lorde. A principios del siglo XX fue el creador de las piezas teatrales del teatro del Grand Guinol. En tu universo creativo, y en tu propia estética personal, hay una gran influencia de lo gótico. ¿Es simplemente un gusto estético por esa imaginería o también un modo de transmitir un mensaje sobre lo alternativo, lo diferente?

Es una filia que tengo desde que soy muy pequeña y que le debo a mi educación católica y la imaginería religiosa cristiana que es muy siniestra. No creo que lo estético y lo ético estén tan diferenciados, toda imagen despierta siempre emociones, la estética por la estética para mí no existe.

El tono entre naif y gótico al que recurres en El bebé verde para contar tu infancia lo hace un libro más que recomendable en bibliotecas juveniles y colegios para trabajar con los niños el respeto a la diferencia. ¿Ese tono pedagógico fue algo que tenías en mente cuando lo escribiste/dibujaste o simplemente surgió espontáneamente?

Como todo lo que hago surgió espontáneamente. Yo no pienso mucho cuando creo, me dejo llevar por el instinto y por mi inconsciente que es muy rico y muy complejo, por eso me salen esas mezclas que pueden resultar extrañas para el lector o quien observa una de mis obras, pero que luego funcionan porque vienen desde un punto de verdad.

 

 

En El bebé verde te escribió el prólogo la escritora y feminista francesa Virginie Despentes (autora del mítico ensayo Teoría King Kong); y en tu último libro We can be heroes lo hace el filósofo queer Paul B. Preciado. Ambos representan un feminismo nada ortodoxo ni dogmático. Como feminista y ‘artivista’ ¿hay aspectos de esta tercera ola feminista que no te terminan de gustar o con los que no coincides?

Yo coincido con la idea esencial del feminismo que es luchar contra todo tipo de opresión, las de género, clase, raza, etc. Para mí el feminismo es eso, todo lo otro: como las “feministas” que están en contra de las personas trans o que no quieren escuchar a las trabajadoras sexuales es otra cosa, pero no feminismo.

 

 

Precisamente en We can be heroes y, en tu obra plástica en general, recurres a grandes figuras del cine y la música. Actrices como Mae West, Marlene Dietrich, Bette Davis, Joan Crawford, etc…aún representando en ocasiones las fantasías eróticas masculinas ¿consideras que son feministas sin ni siquiera haberlo pretendido?

Todas eran mujeres fuertes que se hicieron sus propias carreras en un mundo tan machista como el de Hollywood. Mae West escribía sus propias obras de teatro y guiones, y la Dietrich, jugó como nadie con la noción de lo masculino y de lo femenino. Quizá llamarlas feministas es una licencia a tomarnos muy grande desde nuestro punto de vista actual: pero sin duda fueron modelos de conducta.

En tu obra plástica recurres en numerosas ocasiones al collage. ¿Qué piensas de todo el debate que se ha movido en torno al apropiacionismo cultural?

La verdad es que no he pensado mucho en el tema. Lo que yo hago a través del collage es crear algo nuevo con partes que ya existían a priori que no es lo mismo que una paya cante flamenco, que tampoco lo estoy condenando ni aprobando; simplemente no tengo una idea clara al respecto.

No sabemos si has sido o eres usuaria de bibliotecas. Actualmente las bibliotecas, como casi todo, están inmersas en un proceso de reinvención que las haga evolucionar e incluso convertirse en algo muy diferente a lo que hasta ahora se ha asociado con una biblioteca. ¿Tienes alguna idea, por disparatada que sea, de cómo te gustaría que fueran las bibliotecas en este siglo XXI?

Me parece que ese proceso de modernización de las bibliotecas incluyendo textos feministas y queer, por poner dos ejemplos, es ya una idea muy siglo XXI. También está bien incluir en las bibliotecas todo lo que se edite en papel, desde flyers de fiestas a fanzines, cómics o revistas.

Y por último, has sido DJ, actriz, cantante, y es en las artes plásticas y la escritura, donde tu discurso creativo se está desarrollando con más largo recorrido. Ya puesta ¿te verías de bibliotecaria? Porque es posible que tras esta entrevista alguna biblioteca quiera ficharte.

Yo si que me veo como bibliotecaria totalmente. Sería muy feliz.

 

 

Segunda entrega de Mujeres que nos gustaría como bibliotecarias con María Martinón-Torres.

 

Biblioteca cuqui

 

Las etiquetas generacionales, hace años, servían para aglutinar a grupos de escritores, músicos o cineastas. Generación del 98, del 27, boom latinoamericano, generación Nocilla, Alt-Lit, Nuevo Hollywood, Nouvelle Vague, etc… En cambio en otros campos: el etiquetado no era tan evidente. Hasta que llegó la generación millennial, y dicho calificativo, sirve para todo.

 

 

A la psicóloga Jara A. Pérez López la han etiquetado como la psicóloga millennial. Esperemos que la etiqueta no restrinja su potencial clientela. El resto de generaciones están tan, o más, necesitadas de terapia que los ya caducos millennials. De hecho ya está la generación Z (o ‘copo de nieve’) empujando. Es lo que tiene tanta obsolescencia programada.

El caso es que Pérez López declaraba en una reciente entrevista en ‘eldiario.es‘:

“No hay sitio para nosotros en la dictadura de lo cuqui, el ser humano como ser completo no cabe dentro de ese molde. Es perverso hacernos encajar dentro de estos límites por ello invito a todo aquel que pueda a que haga visible su fango, sus oscuridades.”

No es de extrañar, por ello, que cuando surge alguien como Soy una pringada, en medio, de tanta cuenta de Instagram que hacen del ‘life in plastic is fantastic‘ una profecía huxleyana cumplida: surjan admiraciones intergeneracionales. Sin ir más lejos la del periodista Federico Jiménez Losantos, muy probablemente, enternecido por el hábil manejo del desprecio de la youtuber.

 

“Soy Una Pringada, ídola de la derecha española“: esta ha sido la respuesta en redes de la youtuber, y ahora actriz, al piropo de Federico Jiménez Losantos.

 

Mala leche aparte, la dictadura de lo cuqui, muestra su cara más siniestra cuando se extiende hasta instituciones tan ajenas, en principio, a los tonos pastel mentales que deberían ser las bibliotecas

El psicologo Jonathan Haidt junto con Greg Lukianoff llevan tiempo denunciando en artículos y, sobre todo, en su libro: The coodling of American Mind (La mimada mente americana): el papanatismo creciente que se da entre las nuevas generaciones gracias al papanatismo paralelo que aqueja a padres y docentes. En ‘Jot Down’, Iker Zabala, lo resumía muy certeramente: 

“el surgimiento de una generación de osos amorosos hipersensibles con, paradójicamente, un gusto voraz por la censura”

Como decía Morticia Adams, en la segunda parte de La Familia Adams, a la psicópata asesina interpretada por Joan Cusak: te puedo perdonar todo salvo esos tonos pastel. Y es que los tonos pastel han terminando calando profundamente en el imaginario colectivo de muchos jóvenes, y adultos, a fuerza de tanto filtro de Instagram. No es de extrañar que el grupo danés Aqua, de cuyo superhit en los 90: Barbie girl, citábamos antes el estribillo, esté pensando en reunirse de nuevo. La profecía implícita en su letra da escalofríos.

 

La biblioteca de Barbie recreada en el universo de la famosa muñeca que, la marca de juguetes Mattel, reprodujo cual parque de atracciones para públicos de todas las edades en una gran superficie de Minnesota. 


En la biblioteca canadiense de Hamilton se está celebrando, como cada año desde 1978, la Semana de la Libertad para Leer. Y la actividad elegida para celebrar este evento es justo el reverso de los luminosos mensajes de, sin señalar a nadie, Mr. Wonderful. No porque busquen lo depresivo, ni lo siniestro de por sí, sino porque su color predominante es precisamente el negro.

La biblioteca promueve lo que se conoce como ‘blackout poetry’ o poesía del apagón. Una forma de arte visual e intelectual que parte de las páginas de algunas de las obras que han sido objeto de censura en el pasado. Los usuarios que participan en dicha actividad, intervienen los textos tachándolos, y dejando sólo unas pocas palabras escogidas con las que enviar un mensaje.

 

Poesía del apagón resultante de tachar libros censurados en su día: “Todo lo que pensaba al final del día es cómo sería ser un robot”

Sabrina de Nick Drnaso una sobrecogedora crónica del momento actual. Manipulación informativa, redes sociales, medios y vacío existencial en una novela gráfica impresionante.


Lectores que ejercen de censores. Pero no a la manera de cómo lo hacen esos mal llamados ‘lectores sensibles‘ que ajustician textos del pasado según los parámetros del discurso políticamente correcto del presente. No. En este caso se trata de lectores que precisamente tachando las páginas de, por ejemplo, las novelas de Salinger, Steinbeck o Twain: reivindican justamente lo contrario: la libertad para que cada uno lea, y vea, lo que quiera.


Vivimos en una época de extremos. Polariza y vencerás. El término medio no es virtud: lo cuqui y lo grosero se retroalimentan entre sí. De Mr. Wonderful a Trump no queda espacio alguno para la serenidad que requiere el pensamiento. Ya se encargan las redes y la tecnología de que lo no haya. Y por la parte que nos toca: si reivindicamos a las bibliotecas como espacios antiposverdad: reivindiquémoslas también como espacios anticuqui. 

 

¿Cuánto del éxito de los personajes que crea Santiago Lorenzo no se debe a la reacción en contra que despierta esa dictadura de lo cuqui?

 

La fotógrafa británica Nadia Lee Cohen, especializada en mundos de inquietante artificialidad, que acaba de inaugurar exposición en La Térmica de Málaga.

Y aquí no queda nadie a salvo de tachaduras como las de la ‘blackout poetry’. Del recurrente discurso buenista en defensa de las bibliotecas habría que tachar, antes de que sea demasiado tarde, expresiones tipo: templo del saber, casa de la imaginación, refugio de la sabiduría Y tantas otras que vuelven como oscuras, siniestras golondrinas, cada vez que alguien (que igual ni las frecuenta demasiado): las utiliza para defenderlas, cuando lo que realmente le mueve, es atacar políticamente a la oposición política en materia cultural; o para convencer a los no lectores sobre su importancia.

Cada vez que alguien vuelve a decir lo de ‘templo del saber’: una posibilidad de regeneración del concepto biblioteca muere.

En definitiva, la dictadura de lo cuqui, a la que hacía referencia al principio Jara A. Pérez López, se consuma tan rápido, como la dictadura de lo siniestro. Son las dos caras de una misma moneda: de una infantilización de la sociedad a ritmo de tuit y foto en IG. Y como bien dejaron claro William Golding, con su novela El señor de las moscas; o Alexander MacKendrick con su película Viento en las velas: nada más cruel y despiadado que los tiernos niños desatados.

 

 

Tal vez por eso últimamente hay un revival de cintas de terror con niños protagonistas (The prodigy; la nueva versión de It; o Hereditary). Aunque nada hay comparable a la realidad, y la moda de los baby reborn (esos muñecos hiperrealistas que los adultos cuidan como si de bebés reales se tratase): superan las lecturas más inquietantes que cualquier guionista pueda hacer de nuestro presente.

Pero no queremos juzgar a nada, ni nadie (demasiado tarde): por lo que dejamos al criterio de cada uno las opiniones que despierte el vídeo con el que cerramos este post tan cuqui. Babies reborn en bibliotecas. ¿Una idea a adoptar en nuestro país?

 

Bibliotecas con colorete (o de la biblioteca como factoría cultural)

 

Los libros para colorear, dirigidos a público adulto, llevan varias temporadas copando los primeros puestos en las listas de los más vendidos. La escocesa Johanna Basford lleva años tuteando a los superventas, con los 21 millones de copias que ha vendido en más de 40 países, de sus libros para colorear. Y desde el pasado 4 de febrero, esta moda colorista, prosigue su expansión incluso en las colecciones de las bibliotecas.

 

Nada más desagradable que toparse con un libro de biblioteca pintarrajeado o subrayado. Pero con la campaña lanzada bajo el hashtag #ColorOurCollections: no se corre ningún peligro en ese sentido. En 2016, la Academia de Medicina de Nueva York, actuó como pionera en este proyecto para popularizar  fondos bibliográficos. La idea es simple: ofrecer una selección de ilustraciones de sus colecciones, en formato PDF, para que los internautas puedan descargárselas y colorearlas libremente.

Hasta un total de 114 instituciones han respondido al reto #ColorOurCollections en este 2019. Y de este modo: desde la Biblioteca Pública de Nueva York, pasando por la Biblioteca Nacional de Francia, Europeana, o en nuestro país, el Museo de Bellas Artes de A Coruña o la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza forman, o han formado parte, de este proyecto. 

 

El maravilloso libro sobre mujeres en la Historia que Europeana ha ofrecido en la campaña #ColorOurCollections para que quien quiera se lo descargue y empiece a darle a los colores.


Sacarle los colores al pasado, siempre que no tenga que ver con ajusticiar a esas creaciones según parámetros ideológicos del presente: puede resultar un ejercicio de lo más estimulante. En los albores de la fotografía, el coloreado manual de las mismas, era un postizo que hoy las recubre de anacrónico encanto. En cambio, otras formas de coloreado del pasado, no tenían en su momento ni un poco de encanto, ni lo han conseguido con el paso del tiempo.

¿Qué fue de las películas coloreadas? Siempre resulta curioso recordar supuestas modernidades que el tiempo caducó incluso antes de que llegasen a cuajar entre el público. El intento de explotar los clásicos cinematográficos, rodados en glorioso blanco y negro, pintarrajeándolos electrónicamente: fue una moda que igual que vino, se desvaneció, para alivio de cualquier cinéfilo de pro. 

 

 

¿César Augusto o una drag queen en el desfile del Orgullo?

En los 80 las emisiones por televisión de títulos míticos como: Objetivo Birmania, El sueño eterno o Casablanca: sumaron nutridas audiencias que hicieron pensar a los responsables de tales dislates, que el invento tendría futuro. Quienes vieran algunas de aquellas herejías cinematográficas, recordarán los saturados tonos pastel que ensuciaban la expresividad de Humphrey Bogart o Ingrid Bergman, apoyados en la barra del Rick’s Café: y que quitaban las ganas de pedirle a Sam que la tocase otra vez.

Y es que sacarle los colores a los clásicos puede depararnos desagradables sorpresas. El traje de Humphrey Bogart, en la famosa escena con Ingrid Bergman en el Rick’s Cafe, era de color rosa. Una  manera de que, al fotografiarlo en blanco y negro, simulase un blanco resplandeciente.

Si se recuperase el color original de las pirámides egipcias, su solemnidad secular, quedaría en entredicho ante la mezcla de colores originales con que se edificaron; o las esculturas de la Grecia o la Roma antiguas: nos parecerían auténticos ninots falleros al resucitar con su policromía original. 

 

Escultura antigua pintada con los colores que se supone la cubrían originalmente.

El cómic de Daniel Clowes del que tomamos prestado uno de los mejores títulos que somos capaces de recordar.


“Hay que ser absolutamente moderno” que proclamó insolente Rimbaud. Pero para los tiempos que corren, la manera de ser más rabiosamente moderno empieza por reivindicarse orgullosamente clásico. Una lección que las bibliotecas pueden enfundarse  como un guante de seda forjado en hierro.

Por mucho que la foto fija que algunos se empeñan en preservar de las bibliotecas sea un daguerrotipo que, ni las acuarelas de Ouka Lele conseguirían hacer brillar: lo cierto es que las bibliotecas son lo más parecido a la Factoría de Warhol en el siglo XXI. Y si alguien sigue resultando, guste o no, absolutamente moderno por lo que predijo de nuestro tiempo: ése es Warhol. 

Warhol dándole consejos artísticos a Keith Haring.

 

En la, monumental y apabullantemente brillante, novela gráfica del holandés Typex sobre la vida y milagros de Andy Warhol (‘Andy, una fábula real‘): se recogen las diferentes etapas por las que pasó el artista  pop durante la creación de su entramado artístico-empresarial a través de su celebérrima The Factory. No vamos a decir que haya que pintar de color plata las paredes de las bibliotecas (aunque tendría su punto) para hacerlas absolutamente modernas. Pero basta una cierta mirada para constatar, hasta qué punto, las bibliotecas públicas ejercen como auténticas factorías culturales en la actualidad.

En el Nueva York de los 60, en que se desarrolló la primera The Factory, el vampiro de la peluca blanca y la cámara de fotos en ristre, congregó a todo tipo de personajes, mezclando aleatoriamente, cualquier estamento social, orientación sexual, modos de vida y procedencias. Desde las estrellas de Hollywood a los chaperos, desde las princesas del papel cuché a las transexuales más provocativas: poblaron y provocaron esas sinergias que tanto gusta mentar ahora y de las que tan buen provecho comercial y artístico, supo sacar el anfitrión. 

 

“En el futuro, todos querrán ser anónimos durante 15 minutos”: Warhol siendo vigente hasta para llevarle la contraria.


Exceptuando a las celebrities: ¿qué otro espacio congrega en la actualidad a una parroquia tan heterogénea sin atender a pedrigís? Puede que a los más escépticos les cueste encontrar alguna analogía entre esas orgías repletas de sexo y drogas de The Factory y las bibliotecas en la actualidad. Pero, sin decir nombres, podemos asegurar que en épocas primaverales, en los aseos de alguna que otra biblioteca, han quedado evidencias de encuentros sexuales furtivos. Y respecto a las drogas, solo hay que recordar la formación que en los Estados Unidos se les ha impartido a los bibliotecarios (por ejemplo en la biblioteca de McPherson Square en Filadelfia): para administrar naloxona ante las numerosas sobredosis que han tenido lugar en las inmediaciones de algunas bibliotecas. 

Pero no hablamos tanto del tándem sexo-drogas como del tándem diversidad-creatividad. Si hay un vivero fecundo para que germinen esas dichosas sinergias, se establezcan vínculos insospechados, y se promueva la renovación de ideas, conceptos y creaciones: ese vivero es la biblioteca. Y si además se establecen vínculos con otras instituciones culturales, de esas en las que cuelgan las obras de Warhol, entonces el potencial de lo público en la cultura puede alcanzar cotas insospechadas.

 

Entre las semblanzas que de Karl Lagerfeld se están haciendo a raíz de su fallecimiento se ha incidido en su marcado perfil bibliófilo. Precisamente su musa, Claudia Schiffer, ha declarado: “lo que Warhol hizo en el arte, él lo hizo en la moda”.


Es lo que están haciendo en la biblioteca donostiarra Koldo Mitxelena, que en otoño cerrará sus puertas no para recubrirse de plata warholiana, pero sí, para remodelarse por completo y transmutarse en lo que aspira a ser el siguiente paso evolutivo en cuanto a bibliotecas se refiere. Empeño ambicioso donde los haya que, como todo cambio, conlleva dudas, expectativas y preguntas: pero del que no queremos perdernos nada. Y mientras llega ese futuro (como dice otro de nuestros bibliotecarios vascos de referencia): han montado una exposición bajo el nombre de “Todas las bibliotecas del mañana”. 

Según detallan en ‘El País‘: se trata de una exposición colectiva de 14 artistas que actúa como “una llamada a la creación de museos y bibliotecas que superen la distancia con sus públicos hasta convertirlos en partícipes“. Y con este objetivo se exponen obras que van desde la enciclopedia de madera de Ignasi Aballí, El capital de Marx reconvertido en objeto de lujo bajo la mirada de Milena Bonilla o el búnker de lecturas prohibidas de Alicia Framis, entre otros.

 

La bellísima fachada de la Koldo Mitxelena en Donostia.

 

Expectantes estaremos de los puntos calientes de esta reinvención de bibliotecas y los centros culturales que se está produciendo aquí y allá. Nos va en ello la supervivencia. Y no, en este punto, no nos estamos refiriendo a la supervivencia de bibliotecas y museos.

Y para cerrar este post, que aspira a lo rabiosamente moderno reivindicando orgullosamente lo clásico: nada más propio que acabar en glorioso blanco y negro. No sabemos si Melody Gardot llegará a ser una clásica, pero su elegante (y pulcro) vídeo para su tema Baby, I’m a fool, evoca esa mirada a lo antiguo que no compromete en nada nuestro compromiso con el futuro.

 

Dale una oportunidad a la estupidez

 

La fórmula musical del dúo británico Pet Shop Boys siempre ha combinado hábilmente los ritmos más bailables con unas letras, unas veces, melancólicas, y otras, críticas pero sin proclamas. Todo envuelto con esa ironía con que los británicos (algunos) suelen dar en la diana del comentario inteligente.

Hace unas semanas, como anticipo de su próximo disco, han lanzado a las redes su tema: “Give stupidity a chance” (Dale una oportunidad a la estupidez). En principio parece inspirado por el temido Brexit, pero lo cierto, es que podría aplicarse a tantísimas cosas de la actualidad: que cualquiera podría apropiársela desde muy diferentes perspectivas.

Si tras millones de años del homo sapiens en el planeta el supuesto jefe de todo esto, Donald Trump, declara que nunca lee libros porque no tiene tiempo: puede que ya no sea necesario dar ninguna oportunidad: campa a sus anchas. Siempre se podrá argüir que cualquier tiempo pasado fue más estúpido si admiramos los avances a los que hemos llegado. Pero precisamente por ello, cuando más avanzados estamos, más flagrante resulta la supervivencia de la estupidez. Y ni las bibliotecas quedan a salvo.

 

 

Entre 2009 y 2011 se emitió el programa de entretenimiento en la televisión estadounidense bajo el nombre de Silent library. Siguiendo la estela del éxito de la MTV en los 90, Jackass, que por si alguno no lo recuerda: se trataba de un programa que puso de moda las bromas pesadas a las que se sometían, voluntariamente, un grupo de descerebraos orgullosos de serlo y mostrarlo.

Pero dejemos para otro día la cronología evolutiva de la estupidez, en los tiempos modernos: y volvamos a Silent library. En este programa, los retos, a cuál más idiota, los llevaban a cabo un grupo de maromos en la sala de una biblioteca. La idea era infligirse voluntariamente diversas torturas, pero siempre respetando el silencio de la biblioteca. Al menos en eso eran respetuosos.

 

 

Y no sabemos si inspirados por ese programa, en 2001, unos universitarios de Tennessee decidieron emularlos. Una noche en que la biblioteca estaba abierta para servir como sala de estudio (más argumentos contra las bibliotecas como salas de estudio): el joven de diecinueve años, Wesley “Crusher”, pensó en lo divertido que sería lanzarse por la tolva (el tobogán, muy propio de los edificios estadounidenses, que conecta los pisos de un edificio con la lavandería o el contenedor de la basura que se ubican en los sótanos) que se abría en una de las paredes de la biblioteca. Lo malo es que en las bibliotecas no tiene ningún sentido que haya una tolva para la ropa sucia…

¿Qué bonitas historias de aplastamientos no habría imaginado el entrañable (por lo de entrañas) bibliotecario André de Lorde de haber existido los compactos en su época?

En realidad el divertido tobogán no iba directo a una montaña de ropa sucia: sino a una prensa de libros y despojos para reciclar. Finalmente el pobre Wesley terminó de la manera más gráfica imaginable: triturado junto con los libros que los bibliotecarios habían ido expurgando y arrojando por la tolva.

Una historia, por otra parte, que habría hecho las delicias de André de Lorde, bibliotecario y creador del teatro parisino del Gran Guinol, que en sus obras teatrales recreaba las más elaboradas formas de torturar y masacrar.

 

 

En 2006 los Premios Darwin dieron pie para una comedia protagonizada por Joseph Fiennes y Winona Ryder.

El caso es que a título póstumo, claro está, el joven Wesley “Crusher” (nombre por cierto de un personaje de Star Trek) se alzó con uno de los premios Darwin que se entregan a aquellos individuos que fallecen en trágicas circunstancias por hacer el imbécil.

Un premio creado en los 80 para reconocer el mérito de aquellos sujetos que mejoran el acervo genético de la especie al extinguirse. Una forma de agradecerles que, dada su estupidez, desaparezcan del mapa sin dejar su huella genética.

Los Premios Darwin propician una sospecha que los tiempos no hacen más que apuntalar: ¿qué es lo más característico del ser humano: la inteligencia o la estupidez? Si nos atuviéramos a lo que más prolifera sin duda tendríamos la respuesta. Y algo así es lo que está experimentando hasta la propia Inteligencia Artificial.

Según publicaba el semanario ‘Newsweek’: científicos de la Universidad de la Sorbona y de Louisville aseguran que la manera de controlar a la Inteligencia artificial para que no termine superan al “limitadito” sapiens: pasa por ‘enseñarle’ a ser estúpida. De acuerdo, es un titular de lo más sensacionalista, pero hablando de estupidez siempre resulta más ilustrativo predicar con el ejemplo.

Según los especialistas Michaël Trazzi y Roman Yampolskiy: “la IA se hace artificialmente estúpida cuando se introducen deliberadamente limitaciones que coincidan con la capacidad de un humano al realizar una misma tarea.”

 

 

Peter Farrelly ha aparcado a su hermano, Bob, y ha filmado una película sobre dos tipos que, por una vez, no hacen gala de una estupidez supina.

El escritor Luisgé Martín, en su ensayo “El mundo feliz: una apología de una vida falsa”, aboga por la mentira y el engaño que proporciona esa Inteligencia Artificial para huir de lo absurdo e inútil de la existencia humana. Y lo cierto es que pareciera que llevamos entrenándonos para ello desde hace mucho.

Según sostiene Martín dando pie a suculentas reflexiones:

“no hay más imbéciles que en el siglo XII o XVIII, pero ahora la mayor parte de ellos creen que no lo son. La causa está en el prestigio social de la tolerancia, en la democratización de la inteligencia y en la exaltación del respeto a los gustos y opiniones de todos.”

 

Pero volviendo a esos años 90 de la MTV de los que hablábamos antes, en esa misma cadena, unos personajes como Beavis and Butt-Head explotaban el humor más cafre en sus intervenciones. Fueron los años en que Homer Simpson se convirtió en un icono cultural; y las películas de los hermanos Farrelly [Dos tontos muy tontos (1994), Vaya par de idiotas (1996)…] llenaban los cines. Y precisamente, como un diamante en bruto, a mitad de los 90: nacía Internet. Una genealogía de la estupidez contemporánea que alguien tenía que registrar.

 

 

Preservar las señales de nuestro tiempo para que, en un futuro, se pueda datar cuándo fue el momento en donde se inicio esta deriva hacia la estupidez: resulta de lo más interesante. De ahí el empeño de algunas bibliotecas y bibliotecarios por conservar una de las expresiones más sintéticas y definitorias de nuestra época: el meme.

Know your meme, la web más conocida que se dedica a la investigación de memes y documentos de Internet que se vuelven virales.

En inglés meme proviene de esa información mínima que va pasando de una generación a otra conformando conductas y construcciones culturales, según formuló Dawkins en su célebre ensayo ‘El gen egoísta’. En cambio, su deriva en la red tiene que ver con esas imágenes (estáticas o en movimiento) de carácter jocoso en las que se proclama alguna obviedad u opinión chocante sobre algún asunto. Y frente al esquematismo del inglés, nuestro mucho más rico castellano, hace que tenga una gran similitud con un término tan expresivo de nuestro idioma como es el de ‘memez’.

 

La estadounidense Amanda Brennan cursó estudios de Biblioteconomía en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey. Tuvo claro, desde el principio, que su campo de acción sería Internet. Lleva años recolectando memes y muchos otros objetos digitales de los que pululan por la Red.

 

El pasado julio una entrevista en ‘eldiario.es’ con Mar Pérez Morillo, responsable de las redes sociales y de la preservación de webs en la Biblioteca Nacional se redujo (los clics mandan) a que la institución bibliotecaria más importante de nuestro país estaba guardando memes. Algo que es cierto, pero como casi todo en la red algo reducido, ya que la labor de la BNE en ese sentido va mucho más allá. Como bien declaraba Pérez Morillo sobre la misión de preservación que deben jugar las bibliotecas: “cuanto más seamos capaces de guardar más fidedigna será la imagen que podamos ofrecer en el futuro de cómo era nuestro mundo de hoy“. Eso sí, se debería advertir en alguna cláusula: que se exime de cualquier responsabilidad a las bibliotecas recolectoras por lo poco favorable que pueda resultar esa imagen futura.

 

En enero de 2017 una protesta anti-Trump irrumpió en la Biblioteca de la Universidad de Washington. Un estudiante (o bibliotecario no está muy claro) les llamó la atención y fue grabado. El vídeo se hizo viral en pocas horas y dio lugar a muchos memes y remixes en Youtube. 

 

En el relato de Jack London, La ley de la vida, el anciano de la tribu es dejado atrás por su comunidad de cazadores nómadas que no pueden cargar con él por pura supervivencia. Lejos del anciano, que se resigna a su destino igual que lo hicieran sus antepasados, las bibliotecas (que hablando de cultura son las veteranas): no parecen estar muy dispuestas a que las dejen atrás. Y siguen cazando y recolectando allá donde sea necesario para no dejar de ser parte de la tribu.

Si la evolución premia ante todo la supervivencia, el seguir adelante como sea: ¿será la estupidez el siguiente paso evolutivo? ¿quién asegura a los que defienden a bibliotecas, librerías y a la cultura en general: que están en el bando correcto? ¿no deberían aparcar un poco los libros y dedicarnos más al sexo (con fines reproductivos, claro está)? En cualquier caso seguiremos expectantes el desarrollo de los acontecimientos.